La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo - Capítulo 124

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—¿Te es familiar la Tierra? —Jiang Mosheng no pudo evitar preguntar.

No había tenido intención de indagar sobre el origen del Pequeño Castaña, porque sabía que él tenía muchos secretos que no podían decirse.

Pero con el tiempo, y a medida que el vínculo entre ellos se estrechaba, Jiang Mosheng sentía que estaba a punto de perder el autocontrol: quería saberlo todo de Yu Jinli, ¡todo!

Era una sensación terrible darse cuenta de que había cosas del pasado de su pequeño de las que no sabía nada.

—Bueno… —Yu Jinli estuvo a punto de asentir cuando, de pronto, se le ocurrió que, dada la gran brecha cultural y documental entre este mundo y la Tierra, si se mostraba como “el que lo sabe todo”, podrían sospechar que no era de este mundo y acabar atrapándolo para diseccionarlo en un laboratorio.

Sin embargo, no quería mentirle a Ah Sheng. No sabía por qué, simplemente no quería hacerlo.

—Ah Sheng, ¿puedo contártelo más adelante? —pidió Yu Jinli, mirándolo con una expresión suplicante.

Más tarde, cuando Ah Sheng se recuperará por completo y él pudiera volver a transformarse, le contaría todo.

—Está bien —Jiang Mosheng contuvo el impulso que le hervía en el pecho, aunque deseaba conocer en ese mismo instante cada detalle del pasado de Yu Jinli. Aun así, si su pequeño tenía sus razones, lo esperaría, hasta que él mismo quisiera contárselo todo.

El pequeño no le había mentido; le había dicho que algún día se lo diría. Entonces, esperaría a que llegara ese día.

—Ah Sheng, eres tan bueno. En el futuro, te contaré absolutamente todo —Yu Jinli volvió a entregarle una “tarjeta de buen chico”, tan conmovido que lo abrazó con fuerza.

El coche ya avanzaba lentamente dentro del Resort. Había gente por todas partes, solos o en grupo, paseando y exclamando ante cada rincón.

Los edificios del Resort eran totalmente distintos a los de la Era Interestelar: lo más evidente era que eran bastante bajos.

En la Era del Gran Estallido de los interestrales, existían muchas estrellas y planetas habitables, pero aun así la tierra era escasa; por eso la mayoría de las construcciones eran rascacielos, e incluso, en algunos planetas, edificadas en el aire.

Al ver en el Resort estas construcciones bajas levantadas sobre el suelo —la más alta apenas de una docena de pisos—, los turistas quedaron de inmediato cautivados por ese estilo singular.

—¿Así eran las viviendas humanas en la antigua Tierra? Son bastante especiales, solo que un poco bajas —comentó un turista.

—Sí, no son altas, pero parece agradable vivir ahí. No como lo nuestro, tan monótono. Los antiguos debían de ser más felices que nosotros —observó otro.

—Este Resort está muy bien. Hasta ahora es el mejor del estilo que he visto. Algunos se anuncian con la temática de la antigua Tierra, pero en realidad tienen los mismos edificios de hoy en día. ¿Para qué pagar por lo que puedo ver en cualquier parte? —se quejó el primero.

—Dicen que, aunque los antiguos tenían tecnologías menos avanzadas, sobresalían en muchas cosas, especialmente en la comida. Se cuenta que su cocina era deliciosísima. Ojalá pudiera probarla. Me pregunto si aquí la sirven —dijo el otro, anhelante. Esperaba que el Resort no solo hubiera copiado las construcciones antiguas, sino también la gastronomía. Eso sería perfecto.

Yu Jinli escuchó la conversación y no pudo evitar enderezar los hombros con orgullo.

Él era un koi que había vivido en la antigua Tierra y había experimentado muchas cosas fuera del conocimiento e imaginación de la gente de esta era, sobre todo la comida china y su sabor celestial. Temía que, incluso con varios miles de años más de desarrollo, la cocina de este mundo difícilmente superara a la china.

Toda esta arquitectura resultaba singular para los interestrales, que no podían distinguir si realmente había existido en la antigüedad, pero Yu Jinli sí podía.

Miró en derredor los distintos tipos de edificios y sonrió con amargura en silencio.

Estas construcciones, que parecían únicas y bien hechas, en realidad estaban llenas de fallos a los ojos de Yu Jinli.

En ninguna dinastía se mezclarían edificios antiguos y modernos al azar. Incluso en la era moderna, podía preservarse arquitectura histórica, pero nunca se vería una torre antigua típica junto a un rascacielos moderno, ni un estilo del norte pegado a uno del sur. Para Yu Jinli, las edificaciones del Resort no eran más que un conjunto de casas mezcladas sin orden y sin armonía.

Aun así, lo comprendía. Al fin y al cabo, quedaban pocos registros sobre la Tierra, y los diseñadores del Resort debieron esforzarse mucho en recopilar documentos.

Aunque fuese una mezcla de estilos, el lugar seguía haciéndolo sentir relajado y cómodo, y le daba la sensación de haber regresado a la Tierra.

Además de la arquitectura, el Resort contaba con zonas de entretenimiento para que los turistas se divirtieran. Los coches avanzaban despacio —comparado con la velocidad de los autos voladores, claro.

Tras atravesar el área de edificios, apareció ante sus ojos una vasta extensión de campos… y una multitud de gente.

Si en la zona de construcciones había mucha gente, aquí había aún más.

Los campos estaban divididos en dos partes: una para “experiencia de cultivo” y otra para “recolección”. Ambos lados rebosaban de turistas, casi rodeando por completo las parcelas.

Sin embargo, aunque junto a los surcos había montones de visitantes, pocos se ponían realmente a trabajar. Si no, aquellas plantas lozanas ya habrían sido destruidas por tanto pisoteo.

A pesar de todo, esos campos atrajeron profundamente a Yu Jinli.

Jiang Mosheng, que no le quitaba ojo de encima, notó enseguida el interés del pequeño y pidió al conductor que se detuviera junto al camino.

Durante el recorrido, los turistas podían parar los autos de alquiler en cualquier momento para disfrutar del paisaje o de alguna actividad.

Al detenerse el coche de Jiang Mosheng, los de la Bestia Divina, naturalmente, tampoco siguieron.

—Tsk, tsk. ¡Qué diseño tan costoso! Reservar tanta tierra para plantar alimentos naturales y que los turistas vengan a recolectar… El dueño del Resort es riquísimo —exclamó Tigre Blanco.

Para los interestrales, la comida natural era preciosa y escasa. La cultivaban profesionales, y la cosecha apenas alcanzaba para las grandes familias. A un común le costaría una fortuna comer algo natural.

Incluso los miembros de la Bestia Divina solo probaban comida natural de vez en cuando.

Cultivar un terreno tan grande como este costaría una suma astronómica, una cifra que la gente común ni siquiera se atrevería a imaginar.

Además, no bastaba con dinero para obtener una parcela de tierra. Y, aun así, aquí se usaba para que los turistas experimentaran la siembra y la recolección.

Había que admitir que el dueño del Resort era realmente generoso.

—La comida natural atrae mucho. Con una extensión así, seguro vendrán montones de turistas —dijo Dragón Azul.

La mayoría de la gente, incluso los descendientes de grandes familias, rara vez tenía acceso a campos de cultivo, y mucho menos a experimentar el placer de sembrar y recoger. Por eso, cuando el Resort ofrecía ese servicio, los jóvenes de buena cuna no podían resistirse y venían a menudo.

De este modo, solo con las entradas y las tarifas de experiencia ya reunirían una suma importante. Los ingresos, por supuesto, serían tan considerables como el atractivo del lugar.

En resumen, el dueño del Resort era, en realidad, un experto en hacer dinero.

—Este jefe es muy listo —comentó Tigre Blanco al oírlo.

Yu Jinli escuchaba su charla, pero su mirada se posaba en la tierra. Pensó que, para la gente de este mundo, debía de ser difícil imaginar que, miles de años atrás, cuando la humanidad aún no había abandonado la Tierra, el cultivo había sido una actividad común que cualquiera podía realizar si lo deseaba.

Sin embargo, bastaron unos pocos milenios para que la agricultura se convirtiera en un lujo al alcance solo de los hijos de nobles.

¡Qué efímeras eran las cosas!

—Dragón Azul —llamó Jiang Mosheng.

Dragón Azul entendió al instante la intención de Jiang Mosheng y fue a buscar al encargado; pagó y consiguió la entrada a los campos. Tal como esperaba, la tarifa no era baja; de ahí que hubiese tanta gente mirando y tan pocos entrando a la experiencia. Para la gente común, era un gasto alto e innecesario.

—Pequeño Castaña, ¿a qué parcela quieres ir? —preguntó Jiang Mosheng.

Yu Jinli miró a los que estaban afanados en la experiencia de cultivo y luego a los árboles cargados de frutos del otro lado. Señaló enseguida el área de recolección:

—Vamos a recolectar.

Así podría ver qué alimentos había en esa zona y si encontraba alguno que no hubiera visto antes, para tener más ingredientes con los que cocinar en el futuro.

—En el área de recolección se puede recoger cualquier cultivo, pero, si queremos llevárnoslo, hay que pagar una tarifa adicional. Si no, debemos entregarlo al encargado —repitió Dragón Azul lo que les había dicho el responsable.

—Menudo jefe más interesante: hace que los turistas le paguen mientras trabajan para él —frunció los labios Tigre Blanco.

Además, la mayoría de los que venían a esta experiencia eran gente pudiente, que sin duda se llevaría lo que recogiera. Entonces, gastarían una cantidad nada despreciable de créditos en la comida.

Efectivamente, todo empresario es astuto. ¡Sin astucia no se llega a empresario!

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