La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo - Capítulo 123

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  4. Capítulo 123 - Este es el Beetle
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—Señor, tiene muy buen gusto. Este es el único coche bien fundamentado. Nuestro jefe se esforzó muchísimo para encontrar el exterior de este auto en un archivo de la antigua Tierra y producirlo según ese diseño. Se dice que, miles de años atrás, en la antigua Tierra, a la gente le gustaba mucho este tipo de coche y muchas familias tenían uno —explicó con una sonrisa cada vez más cálida la guía.

—¿Este es un coche que conducía la gente de la antigüedad? —Los miembros de la Bestia Divina, que un momento antes despreciaban el aspecto del vehículo, cambiaron de opinión en cuanto oyeron que era un diseño auténtico basado en materiales históricos.

—Sí, es el único modelo con documentación rastreable. Además, tiene un nombre bonito: Beetle (pronunciado ke en chino), porque su prototipo es un insecto hermoso llamado “escarabajo” —continuó la guía.

Los turistas que venían aquí solían ser curiosos y estaban deseosos de conocer todo sobre la antigua Tierra, así que la guía nunca se cansaba de resolver sus dudas.

—No es ke, sino qiao —corrigió con seriedad Yu Jinli—.

A él le había gustado mucho el Beetle, porque su forma hacía honor al nombre: se parecía al insecto y se veía muy lindo.

Quizá porque Yu Jinli era una bestia espiritual y no un humano, amaba a todos los animales y plantas.

—¿Eh? —La guía quedó un poco confundida por la corrección de Yu Jinli.

“Beetle” se pronunciaba ke. Así lo decía el jefe. ¿Cómo podía estar mal?

—Pequeño amigo, ke significa “cáscara”. Me pregunto, ¿cómo se escribe qiao? —sonó una voz canosa detrás de ellos.

Todos miraron hacia la voz y vieron a un anciano con un traje Tang que observaba a Yu Jinli con expresión afable.

En cuanto Yu Jinli lo vio, quedó atraído por la ropa que llevaba. Era la primera vez que veía a alguien en este mundo vestido así. Aunque los detalles diferían un poco de un traje Tang auténtico, se parecían mucho.

Yu Jinli se emocionó. Si la antigua Tierra de este mundo tenía trajes Tang como ese, ¿no significaba que probablemente la antigua Tierra era la misma en la que él había vivido, y que simplemente había viajado miles de años hacia el futuro?

—Abuelo, ¿lo que lleva puesto es un traje Tang? —preguntó con cautela, temiendo que todo fuese imaginación suya.

Para su sorpresa, al oír la pregunta, los ojos del anciano brillaron aún más, y la forma en que miró a Yu Jinli se volvió más fervorosa, como si el resto de presentes no existiera.

—Sí, pequeño. ¿También conoces algo sobre los trajes Tang? —preguntó el anciano, Huang Tai, con emoción.

Había decidido pasear por el estacionamiento por un impulso, y se topó con un joven que señaló un error en la pronunciación del nombre del coche. Movido por la curiosidad, se acercó a unirse a la conversación.

Había pensado que el muchacho corregía porque no sabía que ke significaba “cáscara”, pero, inesperadamente, también reconoció que lo que él llevaba era un traje Tang.

Los trajes Tang eran prendas que usaron los humanos de la remota antigüedad en la Tierra. Se decía que se remontaban a más de mil años antes de la desaparición del planeta. Cuando consiguió ese documento por primera vez, no pudo esperar para hacerse uno y ponérselo con alegría.

Pero hasta entonces, la gente solo había dicho que era un traje bonito; nadie pudo decir su nombre. Por eso el anciano jamás imaginó encontrarse con un joven que lo identificara de inmediato. Además, el muchacho apenas parecía haber llegado a la adultez.

Si conocía los trajes Tang, quizá… su observación sobre qiao tampoco era infundada.

Pensando en esto, Huang Tai se emocionó aún más y solo quería invitar a Yu Jinli a su casa para charlar a fondo sobre la antigua Tierra.

—Conozco un poco —respondió modestamente Yu Jinli.

En tiempos de la dinastía Tang, él apenas era una carpa koi antes de transformarse en humano. Aunque sabía mucho más que otras koi, no podía decir que conociera a la perfección esa dinastía.

—Entonces, ¿cómo se escribe qiao? —preguntó Huang Tai, con expectativa en los ojos.

—Qiao y ke se escriben con el mismo carácter, pero es un polifónico. Cuando se pronuncia ke, significa “cáscara dura”; aquí debería pronunciarse qiao, y se refiere al “escarabajo” —explicó pacientemente Yu Jinli.

Si este resort tenía como tema la antigua Tierra, todo debía basarse en la realidad de la Tierra, incluida la pronunciación. De lo contrario, ¿no estarían confundiendo a los turistas interesados pero poco informados?

—Ya veo. En efecto, en la antigua Tierra había muchos caracteres polifónicos. Me pregunto si querrías venir a mi casa a tomar té. Podemos compartir más sobre la Tierra —invitó Huang Tai, dando el primer paso.

La guía, que estaba a su lado con respeto, quedó completamente atónita. Era la primera vez que veía al anciano invitar a alguien a su casa. Había muchos que esperaban en fila por una invitación y, al final, los dejaban a la puerta.

Sin embargo, lo que ocurrió a continuación fue aún más sorprendente.

Al oír la invitación, Yu Jinli miró a Jiang Mosheng y dijo:

—Gracias por la invitación, abuelo, pero… Si tenemos oportunidad, con gusto lo visitaré en otra ocasión.

¡Rechazó! ¡Aquel joven realmente rechazó!

La guía casi creyó que sus ojos le jugaban una mala pasada. También era la primera vez que veía a alguien rechazar una invitación del anciano, y hacerlo en persona.

¿Acaso ese joven sabía quién era el anciano al que le estaba hablando?

—Maestro Huang, vinimos de improvisto y estaremos poco tiempo. La próxima vez, sin falta llevaré al Pequeño Castaña a visitarlo y le llevaremos un obsequio —dijo Jiang Mosheng, firme y cortés, situándose junto a Yu Jinli.

Solo entonces Huang Tai miró con atención a la persona a su lado y le pareció cada vez más familiar, hasta que cayó en cuenta:

—Ah, eres tú, muchacho. ¿Cómo te das tiempo para pasear por aquí? Nunca aceptaste mis invitaciones.

Al reconocer a Jiang Mosheng, Huang Tai se relajó. Parecía que se conocían.

—Esta vez el Pequeño Castaña está de vacaciones, así que lo traje a pasear unos días —respondió Jiang Mosheng.

Huang Tai miró a Jiang Mosheng y luego a Yu Jinli; una chispa de comprensión cruzó sus ojos. Entonces dejó de insistir en llevarlos. Sacó de su bolsillo una tarjeta VIP y se la entregó a Yu Jinli.

—Esta es una tarjeta VIP del resort. Úsala para lo que quieras. Y si encuentras algo incorrecto, házmelo saber. Asegúrate de visitar a este abuelo para tomar té conmigo en otra ocasión.

—Claro, abuelo —aceptó Yu Jinli con alegría. Hacia los mayores, Yu Jinli siempre mostraba mucho respeto; eso, en la cultura china, era una virtud. Como koi chino, por supuesto debía mantenerla.

—Muy bien. Entonces, este viejo no interrumpirá más su paseo —dijo Huang Tai con una sonrisa antes de marcharse.

Después de eso, la guía atendió al grupo con aún más respeto y, gracias a la tarjeta VIP, que otorgaba descuento en cada consumo, se apresuró a devolverles el exceso cobrado en el alquiler.

A Jiang Mosheng no le importaba lo del alquiler. Una vez completados los trámites, llevó a Yu Jinli al llamado coche.

—El fabricante realmente hizo un gran trabajo de restauración —dijo Yu Jinli, sentado en el auto. Tocó aquí y allá, y descubrió que los dispositivos integrados, como el retrovisor, eran muy parecidos a los de los tiempos modernos de la Tierra, aunque con materiales mejores y más seguros, lo que hacía que conducir resultara más cómodo.

Un Beetle como este, en los tiempos modernos de la Tierra, sería comparable a marcas célebres como Rolls-Royce. Si el paisaje natural de antes ya le había dado a Yu Jinli una sensación de familiaridad con la Tierra, ahora sentía una ilusión de haber viajado atrás en el tiempo, como si toda su experiencia de viajar y vivir en este mundo fuera un sueño.

Yu Jinli se pellizcó con fuerza y no pudo evitar soltar un quejido, prueba de que lo que veía no era una ilusión.

—¿Por qué te pellizcaste? —preguntó Jiang Mosheng con ternura, mirando la marca en el brazo de Yu Jinli.

El brazo de Yu Jinli era terso y blanco, y el pellizco dejó enseguida una marca. Al verla, Jiang Mosheng le tomó el brazo y sopló suavemente, queriendo aliviarle el dolor.

Pero Yu Jinli no estaba para fijarse en la molestia. Con entusiasmo le dijo a Jiang Mosheng:

—Ah Sheng, el entorno aquí se parece muchísimo al de la Tierra. Por un momento creí que había regresado.

—Aunque te sorprendas, no debes pellizcarte. Si tienes que hacerlo, pellízcame a mí —replicó Jiang Mosheng, aún dolido por ello.

Él tenía la piel más gruesa, y con la fuerza suave de Yu Jinli no le haría daño. Pero cuando Yu Jinli se pellizcaba a sí mismo, con apenas presionar ya quedaba una marca en su brazo, y eso a Jiang Mosheng le dolía más que si lo pellizcaran a él.

—Jaja. No lo volveré a hacer. Y tampoco te pellizcaré —dijo Yu Jinli con una sonrisa, mientras una corriente de dulzura le recorría el corazón. ¿Por qué era todo tan dulce si no estaba comiendo azúcar?

Al ver que la marca en el brazo de Yu Jinli desaparecía pronto gracias al pequeño dispositivo terapéutico portátil que llevaba, Jiang Mosheng finalmente reparó en lo que el chico había dicho.

—¿Te es familiar la Tierra? —preguntó.

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