La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo - Capítulo 113
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- Capítulo 113 - Examen de Medio Término (3)
—¿Yu Jinli, por qué estás aquí?
Una voz chillona, cargada de repugnancia, se elevó con sorpresa y atrajo la atención de todos.
Yu Jinli miró hacia la fuente de la voz y vio un rostro que le resultaba apenas familiar, pero no recordaba de dónde lo conocía.
Al ver que Yu Jinli lo miraba como a un extraño, Yu Jinsheng se encolerizó aún más.
Pensó que Yu Jinli viviría una vida de tristeza como viudo después de casarse con Jiang Mosheng en su lugar. Nunca se le ocurrió que Jiang Mosheng se recuperaría.
Aun así, aunque Jiang Mosheng se hubiera recuperado, con su núcleo de energía roto seguiría siendo una persona normal, lo cual aplacó un poco los celos crecientes de Yu Jinsheng.
Un mutante sin núcleo de energía y un bueno-para-nada sin foco interno eran la pareja perfecta. Yu Jinsheng sabía que había hecho bien en no casarse con Jiang Mosheng.
Hace un tiempo suspendió los estudios para resolver su compromiso con Jiang Mosheng. Se habría saltado el examen de medio término si su resultado no contara para la nota final. De haber sido así, no habría sabido que Yu Jinli también había ingresado en la academia. ¿Cómo era posible?
Yu Jinli era un inútil sin foco interno. ¿Cómo había sido admitido en la Primera Academia Militar y en la Escuela de Forja de Cartas, famosa por el foco interno de sus alumnos? Algo debía de estar mal.
—¿Lo conoces, Castañita? —Liu Xingye se acercó y bloqueó la mirada maliciosa de Yu Jinsheng.
Yu Jinli hurgó en la memoria de su anfitrión y por fin recordó a Yu Jinsheng, el medio hermano de su anfitrión, quien lo había maltratado en la infancia y la razón por la que su anfitrión se casó con Jiang Mosheng.
Aunque Yu Jinli tenía la memoria del anfitrión, rara vez la tocaba porque no era agradable. Por eso no reconoció a Yu Jinsheng al principio. Lo más “memorable” sobre él eran las escenas de abuso. Además, el anfitrión había intentado olvidar a quien le causó tanto daño, como mecanismo de protección.
—No lo conozco —negó Yu Jinli con la cabeza.
El anfitrión había querido huir de la Familia Yu toda su vida. Ahora que Yu Jinli la había dejado en su lugar, no quería tener nada que ver con Yu Jinsheng.
—¿Cómo te atreves a decir que no me conoces? Yu Jinli, no creas que puedes hacer lo que quieras solo porque te fuiste de casa —impactado por la respuesta, Yu Jinsheng se enfureció tanto que quiso abalanzarse para arañarle la cara hasta hacerle sangre.
¿Cómo no se había dado cuenta antes de que Yu Jinli era tan guapo? Si lo hubiera sabido, lo habría desfigurado antes de ir a la Familia Jiang.
Al mirar el rostro blanco y hermoso de Yu Jinli, a Yu Jinsheng le costó contener el impulso asesino.
Como si percibiera la intención maligna de Yu Jinsheng, Liu Xingye apretó el cerco en torno a Yu Jinli, frunciendo el ceño y fulminando a Yu Jinsheng con la mirada.
Los demás estudiantes de la Clase F se reunieron alrededor de Yu Jinli para protegerlo.
Eso avivó aún más los celos de Yu Jinsheng. Ahora ni siquiera podía verlo y casi se volvió loco.
—Muy bien, Yu Jinli. ¿Cómo te atreves a ignorarme? ¿Crees que ya eres libre solo porque dejaste la casa? Escúchame: papá no te va a dejar en paz.
Ya había atraído la atención de todos. A la gente le encantaban los chismes. Sin embargo, antes de que pudiera seguir hablando, llegó el director. Todos se apresuraron a volver a formarse para la prueba práctica.
Aunque a disgusto, Yu Jinsheng no tuvo más remedio que regresar con sus compañeros, mientras maquinaba cómo expulsar a Yu Jinli de la academia. No permitiría que estuviera allí, ¡ni siquiera en una clase de perdedores!
—Hagan el examen según el orden establecido. Salas 1 a la 6 para la Clase A, 7 a la 12 para la Clase B… de la 25 a la 30, Clase F —anunció el supervisor.
—Señor, en la Clase F no hay forjadores de cartas. Darles seis salas es un desperdicio. Creo que con una les basta. Es mejor ceder el resto a las Clases A y B para que todas terminen más o menos al mismo tiempo —objetó un estudiante levantando la mano.
Era sabido que fabricar una carta de energía tomaba más tiempo que fallar al intentarlo. Entre los de primer año, solo las Clases A y B tenían alumnos capaces de fabricar cartas de energía.
Ni la Clase C ni la D ni la F tenían forjadores, lo que significaba que gastarían un tiempo similar en el examen; aun así, el estudiante proponía recortar salas solo a la Clase F y no a C o D. Era evidente que quería humillar a la Clase F.
Los estudiantes de la Clase F y Xu Ling palidecieron. Eran conscientes de la humillación, pero ningún alumno o profesor dio un paso al frente por la Clase F.
—Señor director… —Xu Ling estaba a punto de hablar en defensa de sus alumnos cuando vio que Yu Jinli, el recién llegado, daba un paso al frente.
—¿Cómo sabes que no hay forjadores de cartas entre nosotros? Tú no eres de nuestra clase —dijo Yu Jinli, mirando al chico que había objetado.
—Je, no tengo que ser de su clase para saber que la Clase F no tiene forjadores. Hasta los tontos lo saben. Si tienen un forjador, ¡escribiré mi nombre al revés! —alzó un poco la barbilla, rebosante de soberbia.
Se llamaba Li Da, estudiante de la Clase C. Se había presentado con esa objeción para avergonzar a la Clase F por un lado y congraciarse con las Clases A y B por el otro. Sabía que nadie simpatizaba con la Clase F.
Apenas terminó de hablar, vio que Yu Jinli lo miraba con una mezcla de confusión y lástima, lo que lo irritó.
—¿Por qué me miras así?
—Tienes razón. Los tontos no saben que hay un forjador entre nosotros —replicó Yu Jinli con calma.
Nunca había oído a alguien llamarse tonto a sí mismo. Le pareció que aquel estudiante debía tener algo mal en la cabeza; si no, ¿cómo se insultaba solo?
Aunque los alumnos de otras clases no entendieron del todo a qué se refería Yu Jinli, los de la Clase F soltaron una carcajada.
—Los tontos contagian su tontería. No les hagas caso, o se te pega, Castañita —dijo Gao Ziqi, jalando a Yu Jinli con una sonrisa enorme.
Los ojos de Yu Jinli se abrieron de par en par, como asustado:
—¿De verdad? ¿La estupidez es contagiosa? No quiero volverme tonto.
—Entonces no les hables. Si no, te contagias —añadió, divertido, Liu Xingye.
Los alumnos de las otras clases por fin captaron que la Clase F los estaba llamando tontos, y miraron con más desprecio aún hacia ellos.
—Señor director, estos estudiantes están alterando el orden. Deberían ser sancionados, ¿no cree? —intervino en ese momento Li Yiyi.
—Fue Li Da quien nos provocó primero —los de la Clase F se indignaron más.
Li Yiyi no pensaba dejar pasar la oportunidad de castigar a la Clase F. Li Da no era de su clase, así que no le importaba.
—No importa quién empezó. Falta poco para el examen y ustedes siguen jugueteando e ignorando las reglas, así que deben ser sancionados —dijo Li Yiyi con falsa “imparcialidad”.
—Hipócrita. Solo quiere hacernos la vida imposible —murmuró Yang Haozhe.
—Señor, Li Da cuestionó que en mi clase hubiera forjadores y propuso asignar nuestras salas a otras clases. Como alumnos de la Clase F, no creo que esté mal —ni que debamos ser castigados— por defender nuestros intereses —dijo Cao Quyang, dando un paso al frente sin una pizca de timidez.
En valor, nadie superaba a los de la Clase F.
—Señor, sin importar cómo les vaya, si lo que les corresponde se lo dan a otros, es normal que se indignen. Solo están defendiéndose. Creo que, si le pasara a la Clase B, también responderían —apoyó Xu Ling.
Aunque los demás no sabían que Yu Jinli podía fabricar cartas de energía, ella sí: lo había visto el día del examen de admisión, por lo que tenía plena confianza.
Li Yiyi también lo sabía; por eso quería buscarle tres pies al gato a la Clase F antes de que empezara la prueba. Si Yu Jinli forjaba una carta durante el examen, cambiaría la percepción de todos sobre la Clase F.
Y eso era lo que ella no quería.
—Yo solo digo la verdad —insistió Li Da, reacio a ceder.
—No, no la dices. En nuestra clase sí hay un forjador —replicó Yu Jinli.
Aquello llamó la atención del supervisor. Miró a Yu Jinli con incredulidad. Si lo hubiera dicho alguien de la Clase A o B, quizá lo creería, pero ¿un alumno de la Clase F? ¿Podía ser cierto que entre ellos hubiera un forjador?
—¿Tienen un forjador? ¿Quién? ¿Tú? —soltó Li Da, lleno de sarcasmo. Claramente no se lo creía.
—Sí, yo. Sé fabricar cartas de energía —dijo Yu Jinli con orgullo, sacando pecho.