La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo - Capítulo 112
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- Capítulo 112 - Examen de Medio Término 2
Queridos lectores, lamento que las actualizaciones de esta novela hayan caído de repente. Tengo algo urgente que atender en mi vida diaria y no puedo usar la laptop tan seguido como antes. Y también pido disculpas porque, durante las próximas semanas, las actualizaciones se mantendrán alrededor de 4 capítulos por semana. Prometo que volveré lo antes posible e intentaré actualizar a diario.
Muchas gracias por su comprensión.
Lxs quiero.
—No te pelees con ellos, o tirarás por la borda todo lo que has logrado estos días —aconsejó en voz baja Du Jingxuan.
—¡Mira su actitud! No lo aguanto —gruñó Gao Ziqi, con la rabia ardiéndole por dentro.
—Entonces esfuérzate al máximo. Si quieres contraatacar con clase, tienes que estudiar más y usar tus notas para callarles la boca —la mirada de Du Jingxuan se volvió más profunda a la vez que su determinación se afirmaba.
Les darían una cachetada a todos los que despreciaban a la Clase F con su mejora y su esfuerzo.
—Es hora del examen. Silencio. Si alguien dice una palabra más, consideraré que está copiando —dijo el profesor a cargo de la Clase A. Luego fue al atril electrónico, tecleó algo y los alumnos recibieron el examen electrónico.
El dispositivo bloqueaba los libros de texto electrónicos que los estudiantes usaban en clase, pero no los exámenes.
En la prueba teórica, los alumnos solo tenían que completar el examen electrónico, pulsar “finalizar” y la prueba se enviaría directamente al profesor para su corrección.
Los estudiantes de la Clase F trataron de ignorar el malestar que les causaban los dos docentes y centraron su mente y su atención en el examen.
Esa semana habían estudiado con muchas ganas y habían aprendido bastante. Aunque no tenían mucha confianza, sentían que al menos podrían sacar algunos puntos más que antes.
Sin embargo, al ver claramente las preguntas en la pantalla, se sintieron un poco desamparados. Sí, entendían cada palabra, pero el problema era que, juntas, no tenían ningún sentido para ellos. Vaya “Libro Celestial” de verdad.
Con el ánimo algo pesado, primero respondieron lo que sabían y luego repasaron el resto del examen, llegando a una conclusión frustrante: el 80% de la prueba les era ajeno. Ya era dudoso que alcanzaran la nota mínima, no digamos la de aprobación. Otra vez quedarían al final.
El humor en la Clase F decayó. Pensaban que el estudio de aquella semana, al menos, traería alguna mejora. Y, al final, no se veía una diferencia significativa.
¿Serían realmente unos inútiles? ¿No sabían nada y, aunque se esforzaran al máximo, no podrían lograr nada?
Li Yiyi y el otro profesor supervisor soltaron sendas risitas al ver las caras largas de los estudiantes.
—No entiendo por qué la academia montó una Clase F. Es una gran humillación para la escuela, y un completo desperdicio de recursos y de nuestro tiempo —se burló Li Yiyi.
—Bueno, todos vienen de familias influyentes —respondió el otro docente con un deje de envidia.
—Sí, exacto. Es lo único en lo que pueden apoyarse. Si no, serían un desperdicio para este planeta —continuó con sus pullas Li Yiyi, jugueteando con las uñas sin dignarse a mirar a los alumnos, como si una sola mirada pudiera “ensuciarle” los ojos.
Sus palabras encendieron a todos los estudiantes, pero tuvieron que tragarse el coraje. Estaban en medio del examen, y cualquier pelea o discusión no solo anularía sus resultados, sino que arrastraría a sus compañeros. Entonces sí que no podrían darles en la cara a quienes los despreciaban.
Todos lanzaron miradas feroces a los dos profesores, esforzándose por contener la ira y guardando la humillación del día muy adentro. Algún día, se la devolverían con creces.
Las dos horas del examen pasaron en un suspiro y estaba a punto de terminar.
—Paren y entreguen —ordenó Li Yiyi con voz áspera—. Total, ni saben las respuestas. No sirve fingir. Eso no les va a sumar puntos. Mejor entreguen en blanco.
Esta vez, a nadie le importaron sus palabras. Los alumnos la tomaron como el ladrido de un perro a un lado; se enfocaron en su examen y no lo entregaron hasta el último segundo.
Era la primera vez que los estudiantes a los que ella consideraba “basura” la ignoraban, y Li Yiyi, furiosa, apretó los puños hasta casi clavarse las uñas en las palmas, con los ojos llenos de malicia.
Luego ojeó los exámenes entregados y, al ver respuestas equivocadas, una sonrisa desdeñosa le torció las comisuras.
—Tal como se esperaba, ¡unos buenos para nada! Ni siquiera pueden con preguntas tan sencillas. Será mejor que se larguen cuanto antes. —Dicho esto, se marchó del aula con el otro profesor, la cabeza bien alta.
—¡Maldición! ¿Y esa se dice maestra? Yo no golpeo mujeres, que si no le sacaba los dientes. Voy a presentar una queja al director —Gao Ziqi ya no pudo contenerse y soltó una retahíla.
—El examen estaba malditamente difícil. No sabía las respuestas. Todo lo de esta semana fue en vano. A lo mejor no sirvo para estudiar —dijo Yang Zhehao, desanimado. Y no era el único; muchos estaban de capa caída, algunos incluso comenzaron a dudar de sí mismos. La prueba había sido un golpe duro.
—¿No era esto lo esperable? Solo llevamos una semana estudiando. ¿Cómo vamos a resolver lo que otros han visto durante meses? Ahora hay que recomponerse y esforzarse más para lograr mejores resultados al final del trimestre —los consoló Cao Quyang.
—Sí, es cierto. Yo sí puse varias respuestas —añadió en voz muy baja, desde atrás, el tímido Cao Quming.
Los dos eran gemelos idénticos en apariencia, pero con personalidades opuestas. El mayor, Cao Quyang, era prudente y sereno; el menor, Cao Quming, tímido, hablaba poco y casi pasaba desapercibido. Si no fuera porque tenían la misma cara, quizá muchos ya lo habrían olvidado.
Yu Jinli nunca había visto gemelos y se sorprendió al ver a dos personas con el mismo rostro. Al principio pensó que eran dos personalidades de una misma persona.
Aunque era fácil distinguirlos por su carácter, los extraños seguían confundiéndolos.
—Como mucho 10 puntos, igual que antes. No avancé nada —dijo, frustrado, uno de los alumnos.
—¿Y cómo conseguías esos puntos antes? —preguntó Cao Quyang.
—Adivinando —respondió con honestidad.
—Entonces, ¿en los exámenes anteriores no sabías ninguna respuesta? —continuó Cao Quyang.
Aunque confundidos por el interrogatorio, varios asintieron.
Cao Quyang no se detuvo y preguntó de nuevo:
—Entonces, ¿cómo sabes que esta vez también sacarás poco más de 10 puntos? ¿Estás seguro?
—De eso sí —contestó el estudiante—, porque lo leí en el libro.
Cao Quyang sonrió:
—Ahí está la mejora. Antes los puntos venían de adivinar; esta vez esos 10 puntos son fruto del esfuerzo de esta semana. Con esos 10 asegurados y sumando lo que salga por adivinar, como antes, ¡el resultado de este examen será mejor!
Las palabras de Cao Quyang les abrieron los ojos a todos.
Tenía sentido. En exámenes anteriores querían entregar en blanco porque no sabían nada. Pero esta vez sí hubo preguntas que sí sabían responder. Era progreso, una prueba de que el trabajo de la semana había rendido.
Los estudiantes, antes abatidos, se animaron de inmediato. Si trabajaban un poco más, memorizaban un poco más y se esforzaban un poco más, podrían sumar más puntos en el examen final, además de los que salieran por “azar”.
El examen teórico se programó por la mañana en sus propias aulas, mientras que la evaluación de habilidades prácticas sería por la tarde, cuando todos los estudiantes de la Escuela de Forja de Cartas debían reunirse en el mismo lugar para sortear el orden de la prueba.
Como solo unos pocos de primer año podían fabricar con éxito una carta de energía, se esperaba que la evaluación terminara en medio día.
Por la tarde, llevaron a los estudiantes de la Clase F al laboratorio de forja de cartas, donde harían el examen.
El laboratorio era el lugar donde los forjadores practicaban, y cualquiera de la Escuela de Forja de Cartas podía alquilar una sala para entrenar.
El proceso de fabricar una carta de energía requería un entorno silencioso. Por lo tanto, cada sala estaba muy bien insonorizada y garantizaba una privacidad absoluta.
Dado que había muchos participantes, abrieron 30 laboratorios para ahorrar tiempo; es decir, cada turno examinaría a 30 estudiantes a la vez.
En cuanto el estudiante en el laboratorio fracasara en forjar la carta, su examen terminaba y entraba el siguiente.
Cuando la Clase F llegó, los alumnos de otras clases ya estaban esperando. Al verlos, muchos mostraron desdén. Sin embargo, pocos buscaron pelea, porque el examen estaba por comenzar y nadie quería problemas. Aun así, siempre había quien no desaprovechaba la oportunidad de causar líos, y Yang Jin era uno de ellos.
Al ver a Yu Jinli acercarse con la Clase F, Yang Jin condujo a sus seguidores con arrogancia.
—Yu Jinli, supongo que no has olvidado nuestra apuesta, ¿verdad? Si pierdes, te largas de esta academia —fue directo al grano.
Los demás, al oírlo, recordaron el rumor y miraron a la Clase F con desprecio, regodeo y lástima, como si fueran idiotas por haber hecho una apuesta así.
¿Un inútil de la Clase F desafiando a un genio de la Clase A? Audaz, sí, pero estúpido.
Yu Jinli parpadeó sus grandes ojos y miró a Yang Jin un buen rato antes de recordar quién era y de qué hablaba. Con tono indiferente dijo:
—Oh.
La actitud displicente de Yu Jinli provocó a Yang Jin, que se sintió menospreciado y estuvo a punto de darle una lección. Pero, al notar la presencia de tantos profesores, se contuvo. Le lanzó a Yu Jinli una mirada viperina, decidido a expulsarlo usando sus habilidades de forja.
—Yu Jinli, ¿por qué estás aquí? —se oyó de pronto.