La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo - Capítulo 107
- Home
- All novels
- La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo
- Capítulo 107 - Tres segundos de entusiasmo
Xiao Weilin y An Yizhe eran distintos. An Yizhe podía pasar toda una clase charlando de forma amena y hacerse amigo de los estudiantes. En cambio, la clase de Xiao Weilin era formal: rara vez se desviaba del tema. Como erudito con un profundo entendimiento de la fabricación de cartas, citaba obras de autoridad al explicar el libro de texto, haciendo vívido un contenido que de otro modo sería aburrido y logrando que incluso los alumnos a los que no les gustaban las lecciones prestaran atención y absorbieran mucha información sin darse cuenta.
Aunque sus personalidades diferían, tanto An Yizhe como Xiao Weilin conquistaron a la Clase F con su fuerte carisma. Los estudiantes quedaron con una excelente impresión de los dos nuevos profesores.
Además, teniendo en cuenta que todos eran débiles en los fundamentos porque no habían escuchado con atención las clases anteriores, An Yizhe y Xiao Weilin comenzaron desde el principio del programa, lo que hizo sus lecciones más fáciles de entender.
Tras dos periodos, los alumnos estaban más dispuestos a estudiar.
—Resulta que las clases también pueden ser divertidas. La forma en que explica Ah Zhe es increíble. Aprendí sin darme cuenta. Si nuestros profesores anteriores fueran tan buenos como él, definitivamente no perderíamos frente a la Clase A —exclamó Gao Ziqi, sintiendo al mismo tiempo que los últimos dos meses habían sido un desperdicio. Hubiera sido genial conocer a Ah Zhe antes.
—Yo creo que la clase del profesor Xiao también está muy bien. Sabe muchísimo. Además, es la primera vez que me entero de que existen tantos tipos de cartas de energía, cada una con funciones y potencias diferentes. ¡Ya quiero aprender más sobre ellas! —no pudo evitar exclamar Yang Feiyu.
Ella era una de las dos únicas chicas de la Clase F. Aunque no era tan traviesa como los chicos, le costaba escuchar las aburridas lecciones de antes. Esta vez, con los nuevos profesores, ni siquiera se distrajo y aprendió mucho. Incluso llegó a interesarse por la fabricación de cartas.
Para otros, podía parecer envidiable que los estudiantes de la Clase F se convirtieran en forjadores de cartas en la Escuela de Forjadores de Cartas de la Primera Academia Militar, pero para ellos no era necesariamente así. Algunos ni siquiera aspiraban de verdad a ser forjadores; los habían enviado allí solo porque tenían enfoque interno.
Sin embargo, los mandaron sin que nadie los guiara con paciencia, y quedaron a su suerte, por lo que tenían sentimientos encontrados respecto a la fabricación de cartas.
Por suerte, después de hoy, esa contradicción desapareció. Incluso empezaron a tomarle cariño.
—Sería genial que Ah Zhe y el profesor Xiao nos dieran todas las clases a partir de ahora —dijo Yang Zhehao con expectación.
—Tenemos muchas materias. Me pregunto si también tendremos nuevos profesores para las demás. ¿Serán como Ah Zhe y el profesor Xiao? —se le ocurrió de pronto a Gao Ziqi, muy ilusionado con la idea.
No obstante, Du Jingxuan no fue tan optimista. La situación actual no terminaba de cuadrarle.
Como clase abandonada, en el pasado todos los profesores asignados a la Clase F eran los menos cualificados y con menos experiencia. Aunque los estudiantes trataron de estudiar en serio y fueron a disculparse con sus maestros, aquellos no mostraron señales de aceptarles.
Había una gran probabilidad de que su plan de estudio fracasara.
Pero no fue así. No solo no se vino abajo, sino que llegaron nuevos maestros a enseñarles y a guiarlos.
Aunque solo habían dado dos clases, Du Jingxuan sabía que ambos profesores eran buenos. Incluso podría decirse que estaban entre los mejores de toda la escuela. Se preguntó por qué maestros como An Yizhe y Xiao Weilin no estaban asignados a la Clase A. ¿Por qué habían venido a la Clase F? Alguien debía estar ayudándoles en la sombra, y ¿quién podría ser?
—¿En qué piensas, Ah Xuan? Ni siquiera me respondes cuando te llamo —Gao Ziqi le dio un codazo, sacándolo de sus pensamientos.
—¿Eh? ¿Qué dijiste? —preguntó Du Jingxuan, con gesto desconcertado. No tenía intención de contarles a Gao Ziqi y a los demás que sospechaba de una mano amiga detrás de la Clase F. Primero, porque no tenía pruebas; segundo, porque no creía que esa persona tuviera otras intenciones con ellos. Al fin y al cabo, no tenían nada que valiera la pena.
—Como tenemos nuevos profesores que nos enseñan desde el principio, queremos esforzarnos para ponernos al día lo antes posible. Falta menos de una semana para los parciales, así que no llegaremos para entonces, pero al menos podremos alcanzar el ritmo para los finales. Cuando llegue el momento, les daremos una lección a esos mocosos de la Clase A, con la nariz por las nubes. Lo mejor sería superarlos. Se van a morir de rabia —cuanto más hablaba Gao Ziqi, más se emocionaba, como si ya viera sus notas por encima de las de esos orgullosos estudiantes de la Clase A, con sus caras llenas de frustración.
—Buena idea, Ah Qi. Pero tú no puedes estarte quieto ni tres minutos. ¿Seguro que vas a ponerte al día con las materias? —alzó ligeramente las cejas Du Jingxuan, provocándolo.
—¡No me subestimes! Te voy a demostrar que sí puedo. Hagamos una apuesta: si me va bien en el final, me das tu modelo de armadura —aprovechó Gao Ziqi, que llevaba tiempo codiciando el último modelo que tenía Du Jingxuan.
Du Jingxuan asintió y respondió:
—Hecho. Te lo doy si en el examen final superas a tres estudiantes de la Clase A.
—¡Trato hecho! —temiendo que Du Jingxuan se retractara, Gao Ziqi regresó de inmediato a su asiento, abrió un libro de texto y se puso a leer en cuanto cerraron el trato.
Pasó un segundo. Dos segundos. Tres segundos.
Diez segundos después, Gao Ziqi fruncía el ceño, con las mejillas infladas como un gran bollo, y una pizca de impaciencia e irritación en la mirada.
Conocía todas las palabras del libro, pero cuando estaban juntas no entendía nada, cosa más rara e ininteligible.
—¡Maldita sea! ¡No entiendo nada! —tras tres segundos más de esfuerzo, se rindió.
Liu Xingye y Du Jingxuan, que lo conocían bien y lo habían estado observando, se encogieron de hombros con expresión de “era de esperarse”.
Liu Yuansu no se burló de él; tomó el libro y empezó a explicarle con detalle desde la primera página. Aparte de Yu Jinli, él era el más aplicado de la Clase F y el que más sabía. Cuando los demás no prestaban atención, él sí lo hacía y tomaba apuntes. Aunque había muchas partes que no comprendía, estudiaba con constancia. Tal vez en otras clases sería de los últimos, pero en la Clase F se consideraba un alumno destacado. Al menos podía explicarle conocimientos básicos a Gao Ziqi.
Al ver esto, otros estudiantes también se reunieron a su alrededor para escuchar, aprovechando la oportunidad para estudiar.
Vagos del estudio como ellos, de pronto, se enamoraron de estudiar, algo que hasta a ellos mismos los asombró.
Pero con tal de vencer —y sorprender— a los arrogantes de la Clase A, estaban decididos a luchar hasta el final.
En las clases siguientes, tal como esperaban, también hubo profesores nuevos. Aunque su forma de enseñar no era tan buena como la de An Yizhe y Xiao Weilin, eran mucho mejores que los anteriores, lo que alegró a todos, especialmente a Yu Jinli.
Quizá los demás no sabían qué pasaba con los nuevos profesores, pero él sí.
Ah Sheng cumplió su promesa y resolvió el problema de su clase en tan poco tiempo. Yu Jinli estaba tan feliz que no podía esperar para correr a los brazos de su amuleto dorado, darle un abrazo y un beso de agradecimiento.
Al terminar las clases, mientras Yu Jinli guardaba sus cosas, escuchó afuera la voz excitada —y algo burlona— de Gao Ziqi.
—¡Buenas noticias, buenas noticias! —apareció en el aula radiante, un poco sin aliento de tanto correr, aunque eso no afectaba su buen humor.
—¿Qué buenas noticias? —todos se volvieron hacia él.
—Jeje… el hombre propone y Dios dispone. La retribución llega tarde o temprano —dijo Gao Ziqi con aires de misterio, aumentando aún más la curiosidad de todos, que lo apremiaron para que siguiera.
—Es Wu Yong, el tutor de la Clase A. ¿No es ese el que siempre nos busca defectos y al mediodía nos acusó de intimidar a los profesores? Pues bien, ¡no pasó ni una tarde y ya terminó en el hospital! —anunció con júbilo. La noticia le permitió desahogar su agravio.
—¿Al hospital? ¿Qué le pasó? —preguntó Du Jingxuan.
—Seguramente por hacer demasiadas malas acciones. Oí que iba caminando y alguien lo vio caerse con fuerza. Y no fue un tropezón cualquiera: se dejó la cara morada y se fracturó un muslo. Después, unos estudiantes fueron a ver dónde se cayó y no encontraron nada. No había armas trampa, y el camino estaba liso. Si eso no es merecido, ¿qué es? —compartió Gao Ziqi, exultante.
—¡Y hay más! Al principio, con una cápsula de tratamiento se le habría arreglado la pierna. Pero justo hoy la del hospital escolar falló, así que tuvieron que trasladarlo a un hospital fuera del campus. La cara de Wu Yong debe de haber sido un espectáculo. Lástima que no pude verla —añadió con fingida pena.
Al oírlo, los estudiantes sintieron que, por fin, se habían quitado un peso de encima.
Como era de esperar, el mal recibe su castigo. Una persona como Wu Yong merecía sufrir más.
—Bien. Ojalá también se averíe la cápsula de tratamiento del hospital al que lo llevaron, para que sufra un poco y nos fastidie menos —intervino otro alumno.
—Escuché que también le pasó algo al señor Li, aunque no fue tan grave como lo de Wu Yong —agregó Gao Ziqi, frunciendo los labios.
Los estudiantes tampoco tenían buena impresión del hombre que había ayudado a Wu Yong a tenderles una trampa.
—¡Bien merecido! Fuimos a disculparnos con él, y aun así insistió en que lo habíamos acosado. Menos mal que estaban las grabaciones; de lo contrario, nos habrían difamado —todavía había quien se sentía molesto por lo ocurrido al mediodía. Al fin y al cabo, rara vez tomaban la iniciativa de acercarse a los profesores; y a cualquiera le frustra que lo acusen injustamente.