¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 91

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  4. Capítulo 91
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—Eddie.

Eddie salía de la tienda de conveniencia con un montón de cosas en los brazos cuando alzó la cabeza de golpe al escuchar la voz de Ketron.

Ketron estaba esperando en las escaleras que llevaban al sótano de la posada, de camino hacia la tienda. Parecía haber aguardado a que Eddie saliera.

Desde que descubrió que existía un sótano al que solo Eddie podía entrar, Ketron nunca había pasado de la entrada. Esta vez tampoco entró; esperó pacientemente en las escaleras y solo se acercó cuando Eddie salió.

—Ah…

Mientras Eddie seguía con expresión distraída, Ketron le quitó la cesta de las manos. Aunque estaba bastante pesada, en las manos de Ketron parecía no pesar absolutamente nada.

—¡Ah, no, de verdad, está bien!

Eddie reaccionó demasiado tarde e intentó detenerlo, pero Ketron ya había subido las escaleras de un salto. Eddie se apresuró a seguirlo mientras el otro dejaba la cesta con naturalidad sobre la mesa de la cocina.

Por casualidad, Gerold no estaba en la cocina.

¡Tampoco Ebon, ni Sebastian!

¿Por qué últimamente tenían tantas oportunidades de quedarse los dos solos?

Después de aquella confesión tan desesperada, Eddie no podía evitar sentirse incómodo.

Había dicho que no quería separarse del lado de Ketron, pero eso no significaba que fuera a aceptar sus sentimientos. Ketron era plenamente consciente de que el corazón de Eddie empezaba a inclinarse hacia él, y eso ya era bastante embarazoso.

¡Y, sobre todo!

Más que nada… últimamente Ketron se había vuelto difícil de manejar para Eddie por otro motivo.

—G-gracias.

Eddie le dio las gracias sin atreverse a mirarlo.

—Pero podía cargar esto yo solo… Claro que agradezco que me ayudaras, pero no hacía falta que perdieras el tiempo esperándome.

Mientras Eddie divagaba torpemente, Ketron se acercó con total naturalidad.

Después de lo ocurrido durante los últimos días, Eddie pudo adivinar enseguida qué pretendía hacer.

—Ket…

Antes siquiera de que pudiera decir «espera», sus labios ya se habían encontrado.

En un instante, Eddie quedó atrapado entre los brazos de Ketron y la mesa. No tenía dónde apoyarse, así que solo pudo aferrarse con fuerza a aquellos brazos firmes como una roca.

—Mmh…

Un leve gemido escapó involuntariamente de entre sus labios. Sus respiraciones se mezclaron, ardientes, y sus lenguas se enredaron de inmediato en un beso húmedo y pegajoso.

—Espera… aquí no…

Eddie protestó en cuanto sus labios se separaron un instante, pero Ketron pareció no oírlo y volvió a besarlo. Los vergonzosos sonidos húmedos resonaban sin descanso junto a sus oídos.

Ese era el problema.

Desde aquella confesión, Ketron se lanzaba sobre él con decisión, como si hubiera eliminado todas las restricciones que antes se imponía.

Especialmente cuando estaban solos, aprovechaba cualquier oportunidad para besarlo. Eddie ya había aprendido por experiencia que quedarse a solas con Ketron significaba que, inevitablemente, terminarían así.

Gracias a eso, la habilidad de Ketron para besar mejoraba día tras día.

¿Será eso de que el alumno supera al maestro?

Él había sido quien le enseñó, pero ahora Ketron besaba mucho mejor que él. Le habría gustado ser un maestro orgulloso del talento de su alumno, pero, por desgracia, eso era imposible.

El joven que le había confesado sus sentimientos solo sabía avanzar.

Parecía que en su diccionario no existían palabras como retroceder o dar marcha atrás.

Al día siguiente de aquella confesión… o, mejor dicho, de aquella no confesión, Eddie ni siquiera había sido consciente de que Ketron realmente se le había declarado.

Aquello había estado muy lejos de parecer una confesión; si acaso, había sido una discusión… o algo parecido a una pequeña pelea.

Claro que Ketron le había revelado sus sentimientos, pero Eddie nunca los aceptó. Por eso dio por hecho, por su cuenta, que nada cambiaría entre ellos.

Incluso terminó la conversación quedándose dormido entre sus brazos, así que pensó que debía disculparse con él cuando volvieran a verse.

Sin embargo, cuando fue a pedirle perdón…

Ketron lo miró con una expresión entre incrédula y exasperada.

Y, por primera vez desde aquel día, lo besó.

—Ya que pareces empeñado en seguir fingiendo que no entiendes…

gruñó Ketron mientras le absorbía los labios, dejando a Eddie completamente desconcertado.

—…no me queda más remedio que hacer imposible que sigas fingiendo.

Solo entonces Eddie comprendió, con todo su cuerpo, que aquel intercambio emocional al que él había restado importancia había sido, para Ketron, una confesión desesperada.

No era que hubiera menospreciado sus sentimientos.

Simplemente había dejado claro que no podía aceptarlos tan fácilmente y, por eso, había supuesto vagamente que su relación seguiría igual que antes.

El problema era que esa forma de pensar disgustaba profundamente a Ketron.

Así comenzó la rebelión del «maldito Ket».

Por mucho que Eddie dijera que no, aquel gato obediente que antes se detenía de inmediato con solo oír un «no», ahora no le hacía caso en absoluto en situaciones como esta.

No.

Más bien fingía que ni siquiera lo escuchaba.

Su dócil gatito se había convertido en un auténtico «maldito Ket» imposible de controlar.

Tenía que hacer entrar en razón a ese gato ejemplar que, de la noche a la mañana, se había transformado en el alborotador del siglo y convencerlo de que aquello no estaba bien.

—Mmh…

El problema era que, una vez rota la presa, Eddie también se estaba volviendo loco.

La lengua que se abría paso entre sus labios era ardiente.

Aquella sensación húmeda y enredada era embriagadora.

No debía dejarse llevar.

Todavía no sabía nada con certeza.

Si seguía cediendo porque se dejaba arrastrar por esos momentos… y al final terminaba hiriendo a Ketron contra su propia voluntad…

Si algún día dejaba de poder existir en este mundo y volvía a hacerle daño…

Era evidente que Ketron jamás volvería a levantarse.

Por eso, en lugar de involucrarse precipitadamente con él, probablemente lo mejor sería mantener cierta distancia hasta llegar al final, cuando la influencia de este mundo se debilitara, hasta alcanzar el desenlace de la segunda parte.

El problema era que, cada vez que ocurría algo así…

Se olvidaba por completo de todos esos pensamientos.

Y era incapaz de apartar a Ketron.

Ketron lo abrazaba como si quisiera encerrarlo entre sus brazos; a veces le mordía los labios, incapaz de contenerse, con una intensidad casi salvaje, como si quisiera devorarlo por completo.

Pero en cuanto Eddie forcejeaba, enseguida le lamía los labios con delicadeza para consolarlo.

¿Quién podría rechazar un afecto que se manifestaba de una forma tan evidente?

Nadie sería capaz de apartarlo y odiarlo.

Además…

Había algo emocionante en hacerlo a escondidas, lejos de la vista de los demás…

—¡Ah!

Mientras se dejaba llevar por aquellos pensamientos un tanto indecentes entre los brazos de Ketron, Eddie soltó un grito cuando la gran mano del otro, que había ido descendiendo lentamente, le apretó una nalga con fuerza, como si fuera a hacerla estallar.

—Ah…

Parecía haber sido más un acto instintivo que deliberado por parte de Ketron, porque él también abrió mucho los ojos y se apartó de inmediato.

Retiró enseguida la mano que le había estado apretando el trasero, como si acabara de quemarse.

Solo entonces Eddie sintió como si le hubieran arrojado un balde de agua helada encima.

—…

—…

El silencio se instaló entre ambos.

Eddie se quedó petrificado al darse cuenta de que estaba sentado sobre la mesa de la cocina y de que el cuerpo de Ketron se había deslizado entre sus piernas, obligándolo a abrirlas de par en par.

¡Santos gatos…!

¿Cuándo demonios había terminado sentado encima de la mesa?

Y no solo Ketron había subido.

Él también lo había hecho… y, para colmo, sin oponer la menor resistencia.

Eddie alzó la vista hacia Ketron con expresión aturdida.

Pero en cuanto vio aquellos labios hinchados por el roce constante, de un rojo intenso y brillantes por la humedad…

Apartó la mirada una vez más.

Estás perdido, Eddie. De verdad estás perdido.

Ya le preocupaba descubrir que le gustaban los besos expertos de Ketron, que disfrutaba viendo cómo utilizaba con tanta dedicación todo lo que él mismo le había enseñado y que aquella expresión tan sensual que aparecía en su rostro al besarlo, tan distinta de su habitual semblante impasible, le resultaba increíblemente atractiva.

Pero el mayor problema era otro.

La persona a la que siempre había considerado simplemente adorable ahora lo besaba cada vez que tenía ocasión.

Y, poco a poco…

Le estaba resultando imposible dejar de verlo como un hombre.

Si ese era el objetivo de Ketron, había que admitir que estaba siendo escandalosamente efectivo.

—Yo…

Eddie abrió la boca por puro reflejo.

Pero no sabía qué decir.

Se tragó las palabras apresuradamente.

—Eh… tengo que ir al baño.

Después de soltar aquella excusa absurda, empujó a Ketron para apartarlo.

Vio cómo aquel hombre que jamás habría retrocedido si Eddie hubiera intentado resistirse de verdad daba un paso atrás con expresión desconcertada.

Y Eddie aprovechó para escapar a toda prisa.

Ah, me estoy volviendo loco. De verdad me estoy volviendo loco.

Naturalmente, aquello del baño era solo una excusa.

En lugar de dirigirse allí, subió directamente a su habitación del segundo piso.

Casi nunca he salido con hombres más jóvenes, así que no lo sé… ¿Todos son tan agresivos? No… olvídalo. Nunca había hecho algo así con otro hombre. ¿De verdad esto es lo normal?

Nadie podía responder a esas preguntas que murmuraba para sí mismo.

En cuanto entró en la habitación, apoyó la espalda contra la pared y se dejó caer hasta quedar sentado en el suelo.

Su corazón latía desenfrenadamente.

Al verse en el espejo, descubrió que tenía la cara tan roja que no habría sido extraño que un tomate lo llamara «hermano».

—Me estoy volviendo loco…

Y realmente lo estaba.

Últimamente ya ni siquiera podía pensar en el destino del mundo ni en nada parecido.

Toda su mente estaba ocupada por aquel gato suyo, que atravesaba una terrible adolescencia.

No.

Sería más exacto decir que ya no podía seguir viéndolo simplemente como un gatito adorable.

Eddie dejó escapar un gemido y enterró el rostro entre las manos.

Sin que ninguno de los dos lo supiera…

Un «invitado muy bien recibido» estaba a punto de llegar, después de terminar con todos sus asuntos pendientes.

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