¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 89

  1. Home
  2. All novels
  3. ¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?!
  4. Capítulo 89
Prev
Next
Novel Info

La información que Boram había descubierto no se limitaba a que Ketron se hubiera establecido en un solo lugar.

Al investigar sobre él, cualquiera que viviera cerca de la plaza central podía aportar datos.

Pero, para quienes conocían a Ketron, aquellas averiguaciones siempre venían acompañadas de una extraña historia de amor.

Decían que Eddie, el posadero, tenía un amante.

Que Eddie era un noble fugitivo y que había escapado para vivir con su amante.

Que aquel amante era tan apuesto y gallardo que no resultaba extraño que el posadero estuviera perdidamente enamorado de él.

Que, a su vez, el amante estaba tan fascinado por Eddie que no sabía qué hacer consigo mismo.

Rumores así.

A Boram le costaba creerlos.

Por supuesto, a Arthur, que conocía bien a Ketron, también.

—¿No serán solo tonterías?

Eso fue lo primero que dijo Arthur cuando se enteró.

—Quizá sea alguien con el mismo nombre.

—Por desgracia, ese nombre no es común, y un espadachín con esas cualidades lo es todavía menos.

Era «ese» Ketron.

El espadachín tan taciturno y silencioso que a veces uno se preguntaba si realmente tenía emociones.

El que era tan implacable que, de no haber sentido el deber de salvar a la humanidad como Héroe, uno podía llegar a preguntarse qué estaría cortando.

El que, pese a ser tan joven, era tan despiadado que incluso Arthur chasqueaba la lengua en ocasiones.

¿Ese hombre tenía a alguien a quien amaba?

Era difícil de creer.

Sin embargo, como correspondía a la capital imperial, el rumor se había extendido de forma amplia y profunda por toda la inmensa Irena, casi tanto como la fama de la posada.

Fuera falso o verdadero, ese día podrían comprobarlo.

Boram había dudado durante un tiempo sobre si detener a Arthur.

Pero al final comprendió que sería inútil y decidió acompañarlo para impedir que actuara impulsivamente.

Ninguno de los dos pronunció una sola palabra durante el trayecto en carruaje.

Finalmente, cuando llegaron al lugar donde se reunían los carruajes en la plaza central, Arthur apartó la cortina que cubría la ventana.

La Posada de Eddie se veía con claridad desde allí.

La distancia era adecuada.

Por muy agudos que fueran los sentidos de alguien, sería difícil notar su presencia desde tan lejos.

Además, antes de llegar a la plaza central, Boram había lanzado hechicería con anticipación.

Era un hechizo que borraba su presencia al máximo.

Tan elaborado y de tan alto nivel que ni siquiera Ketron sería capaz de percibir la presencia de Boram y Arthur.

—Dijiste que era plebeyo, ¿verdad?

Boram asintió.

Seguramente preguntaba por la condición social de Eddie.

Sin embargo, aquel edificio limpio de dos pisos, situado en el mejor lugar de la plaza central, ocupaba una ubicación tan privilegiada que incluso a un noble adinerado le costaría conseguirla.

Además, relucía como si acabara de ser construido.

—¿Averiguaste a qué se dedica?

—No. No hay rastro de su pasado. Por ahora, sin duda figura como plebeyo.

—¿Eso es posible? Si realmente fuera plebeyo, no podría comprar un lugar así a menos que perteneciera a una familia de comerciantes bastante acomodada o fuera alguien importante de alguna región.

—Más que eso, el problema es que no existe ningún rastro de su pasado.

Boram golpeó suavemente su rodilla con un dedo.

—Es como si alguien lo hubiera borrado deliberadamente.

En realidad, Boram se había esforzado mucho por investigar al dueño de la posada donde se alojaba Ketron.

Pero el resultado había sido «inexistente».

A menos que una persona brotara de la tierra, deberían existir registros del lugar donde nació y creció.

Sin embargo, el dueño de aquella posada no tenía rastro alguno.

Eso resultaba todavía más artificial.

Una cosa sería que existiera información falsa sobre su nacimiento y crianza.

Pero que todo hubiera sido eliminado por completo y de manera tan evidente sugería demasiadas cosas.

Esta persona no es alguien ordinario y posee la capacidad de manipular información, así que no investiguen demasiado.

La ausencia de datos era, en sí misma, una advertencia.

Como una persona no podía surgir realmente de la tierra, lo más razonable era pensar que alguien había borrado artificialmente sus huellas.

Y si ni siquiera Boram, después de proponérselo en serio, podía encontrar restos de aquel pasado eliminado, entonces lo correcto era no tocar a alguien que poseía semejante capacidad.

Eso significaba…

—Ese hombre tampoco es alguien común, ¿verdad?

El posadero que había acogido a Ketron no era, bajo ningún concepto, un humano corriente.

—¿Es cierto el rumor de que él y Ketron tienen esa clase de relación?

—No lo sé. Los rumores están por todas partes, pero… también podrían no tener ningún fundamento.

—Parecen demasiado específicos y llevan demasiado tiempo circulando para ser simples rumores. Además, hablamos de Ketron.

¿No era Ketron tan rígido que Arthur a veces se preguntaba para qué vivía?

¿Y ese hombre estaba enamorado?

Desde la perspectiva de Arthur, que alguna vez había bromeado con Augustine sobre si Ketron era impotente, resultaba especialmente sorprendente.

A esas alturas, sin importar si el rumor era cierto o falso, sintió curiosidad por el hombre que, según decían, había cautivado por completo al tipo que trataba a las personas como si fueran piedras.

Se llamaba Eddie, un nombre muy común.

Era un plebeyo de pasado incierto que administraba una posada situada en un lugar sospechosamente privilegiado.

La imagen de Eddie se formó naturalmente en la mente de Arthur.

Un hombre de rostro sonriente, pero con un interior completamente distinto.

Alguien de dos caras.

Quizá un gran estratega.

Incluso llegó a preguntarse si su relación con Ketron había sido deliberada.

—¿Fue intencional?

—¿Lo de Ketron? Imposible. El mundo lo olvidó.

—Entonces, ¿todo esto es una simple coincidencia?

—Bueno, quizá lo acogió porque pensó que podría servirle como mercenario o guardaespaldas.

Arthur no pudo aceptar fácilmente las palabras de Boram.

Ketron era demasiado perspicaz como para no detectar a alguien que intentara utilizarlo.

Y, después de comprender la traición de Arthur y Boram, no habría aceptado con facilidad a otras personas.

No sabía cómo, pero, según los rumores, aquel hombre había logrado ablandar a Ketron.

¿De verdad podía ser una coincidencia el encuentro entre un posadero que había borrado su existencia del mundo y un Héroe a quien el mundo había olvidado?

Arthur no lo creía.

—Si no fue una coincidencia, entonces tuvo que ser el destino.

En cuanto Arthur murmuró aquellas palabras, una persona salió de la posada que observaban, como si hubiera sido convocada.

La amplia sonrisa de Arthur desapareció de inmediato, como si hasta ese momento hubiera estado pensando en algo divertido.

Era un hombre de cabello rubio plateado y reluciente, y ojos púrpuras semejantes a joyas.

Brillaba tanto que parecía que Dios hubiera esculpido personalmente cada uno de sus rasgos.

No hacía falta ninguna explicación para saberlo.

Ese hombre era él.

El dueño de aquella posada.

Quien había acogido a Ketron y lo había domesticado.

La persona a quien Ketron apreciaba.

Ciertamente poseía una apariencia sumamente llamativa.

Incluso Arthur, cuyo sentido estético se había elevado hasta las nubes porque, mientras vivía en el Palacio Imperial, había visto con frecuencia a personas apuestas, hermosas y adornadas con lujo, se sintió impresionado.

Arthur no tenía ningún interés en los hombres.

Aun así, durante un instante pensó que no sería extraño que Ketron se enamorara de él, aunque fuera un hombre, si tenía semejante aspecto.

Pero enseguida su fría razón lo llevó a exclamar:

—¿Esa es la cara de un plebeyo?

¿Era extraño que un plebeyo fuera apuesto o hermoso?

Hasta cierto punto, sí.

A los nobles les gustaban las cosas bonitas, atractivas, relucientes y valiosas.

Quienes poseían poder tendían a apropiarse de ellas.

Y la razón por la que el aspecto de los nobles mejoraba con cada generación era que las personas de apariencia valiosa seguían incorporándose a las familias aristocráticas.

¿O acaso no era así?

Yo tengo poder y dinero.

No existiría ningún noble que no hiciera algo si pudiera tomar a un hombre tan hermoso como esposo.

Además, ¿acaso aquel color tan inusual no era también una de esas «cosas valiosas» que tanto agradaban a los nobles?

Algo que querrían incorporar incluso a las generaciones futuras.

A esas alturas, sería más extraño no darse cuenta.

Aquel edificio situado en una ubicación increíblemente privilegiada.

Ese pasado sospechosamente limpio.

Ese rostro y aquella apariencia de colores tan llamativos que los nobles jamás dejarían tranquilos si pertenecieran a un plebeyo común.

Como nada en él era ordinario, aquel hombre debía ser, como mínimo, un noble o alguien de una posición equivalente.

Y si partía de esa suposición, tenía todavía menos sentido pensar que todo aquello fuera una coincidencia.

Aunque se tratara del destino, ¿no era una casualidad demasiado perfecta?

—¿Podría ser…?

Arthur dejó escapar la hipótesis que acababa de surgir en su mente.

—¿Podría ser que ese hombre conserve recuerdos de Ketron o algo parecido?

—Imposible.

Boram respondió con total seguridad.

—Sé que tienes mucha imaginación, pero tú lo sabes. Fue una hechicería a gran escala que consumió más de la mitad del maná que había acumulado en ese momento, y hasta utilicé el artefacto que recibí de la Reina de las Hadas. Ni siquiera Augustine pudo evitarla. Todo el mundo lo olvidó, así que ¿qué tendría de especial ese hombre para recordarlo?

—Ah, ya lo sé. No te enfades. Sé que tu hechicería es extraordinaria. Solo digo que parece demasiado extraño para ser algo ocurrido por casualidad. Ellos no se conocían de antes, ¿verdad?

—Consideré esa posibilidad, pero, al combinar varias pistas, parece muy poco probable.

Los dos dejaron de hablar al mismo tiempo.

El hombre que había aparecido brevemente afuera parecía conversar con un vecino mientras sonreía.

Luego comenzó a barrer la entrada con una escoba.

Parecía que regresaría al interior en cuanto terminara.

Por alguna razón, Arthur sintió un impulso que le secó la boca.

Se humedeció los labios sin ningún motivo y abrió la boca de manera impulsiva.

—¿Vamos a saludarlo?

Ahora que lo había dicho, parecía una idea bastante buena.

—Para agradecerle que haya cuidado de nuestro Ketron.

—Arthur.

—Ja, ja. Solo estaba bromeando.

Por supuesto, era una broma.

Si se trataba de alguien que había cuidado bien de Ketron, Arthur debía expresarle arrepentimiento, no darle las gracias.

Pero no podía negar que el impulso que había sentido por un instante resultaba bastante tentador.

Quería saludarlo aunque fuera una vez.

Quería verlo sonreír y recibirlo sin saber que Arthur era un antiguo compañero que había traicionado a su amante.

O incluso…

Delante de Ketron…

¿Qué ocurriría si lo matara?

Pero, en el preciso instante en que Arthur pensó eso, Ketron salió de la posada como si también hubiera sido convocado.

La sonrisa que hasta entonces se había extendido por el rostro de Arthur desapareció por completo.

Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first