¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 82
Habían pasado unos meses desde que ocupó aquel cuerpo.
En ese tiempo habían ocurrido tantas cosas que parecía que hubieran transcurrido años, pero, en realidad, apenas había pasado medio año.
Durante esos meses, Eddie había vivido experiencias que un «personaje normal» difícilmente atravesaría.
Conoció al Héroe.
Encontró bajo tierra la tienda de conveniencia que había administrado en su vida anterior.
Empezó a cuestionarse la identidad de Eddie.
Y descubrió la existencia de la segunda parte de la historia.
Siempre había una pregunta rondando por el fondo de su mente.
¿Quién era Eddie en realidad?
Cada mañana, al mirarse al espejo, encontraba aquel cabello plateado y brillante y un rostro de una belleza deslumbrante que, la primera vez que lo vio, le hizo pensar que podría ganar millones si se convirtiera en actor.
Era un rostro completamente distinto al de Lee Jeong-hoon, con el que había vivido durante casi treinta años.
El rostro de un completo desconocido.
Pertenecía a alguien que había vivido en un tiempo y un espacio completamente diferentes.
No poseía ninguno de sus recuerdos, y el único beneficio que había recibido al ocupar aquel cuerpo era la tienda de conveniencia.
Claro que Eddie reconocía que la tienda era una ventaja muchísimo mejor que unos cuantos recuerdos insignificantes.
Gracias a ella, la posada había crecido enormemente.
Pero, conforme pasó el tiempo y comprendió que el personaje llamado «Eddie» no era una persona corriente, empezó a sentir cierta inquietud.
¿Qué ocurrirá si Gerold descubre que expulsé al Eddie original y me apoderé de su cuerpo?
Al principio, temía no comportarse como el verdadero Eddie.
Por alguna extraña razón, Gerold nunca hizo ningún comentario al respecto.
Eddie llegó a preguntarse si se debía a su lealtad absoluta…
Aunque no terminaba de comprenderlo, decidió dejarlo pasar porque no encontraba otra explicación.
Pero la inquietud nunca desapareció.
Muchas veces había pensado en preguntarle directamente a Gerold quién era Eddie.
Sin embargo, cada vez terminaba tragándose las palabras.
Porque la lealtad absoluta de Gerold estaba dirigida a «Eddie».
No a Lee Jeong-hoon, que había entrado en su cuerpo.
Era una verdad amarga.
La idea de estar engañándolo pesaba sobre su corazón.
Incluso cuando todo marchaba bien, a veces un escalofrío le recorría la espalda.
Si Gerold descubría que alguien se había introducido en el cuerpo de su amo…
¿No intentaría expulsarlo de inmediato, considerando su personalidad?
Todavía recordaba con claridad cómo había imaginado talismanes pegados por toda su frente mientras el chamán Gerold realizaba un exorcismo.
Cada vez que lo pensaba, soltaba un profundo suspiro.
Aun con todos esos temores, había seguido aguantando.
Se repetía que no debía impacientarse y arruinarlo todo.
Se aferraba a la débil esperanza de que algún día descubriría la verdad de manera natural.
Pero Ebon…
Incluso antes de escuchar aquel nombre, en el mismo instante en que Eddie comprendió que sabía cómo se llamaba E, una pregunta surgió involuntariamente en su mente.
¿Por qué?
¿Por qué E se llamaba Ebon?
¿Por qué precisamente ese nombre?
¿Podía tratarse de una simple coincidencia?
No era un nombre único.
Tampoco era especialmente raro.
Quizá no debería resultar tan sorprendente.
Pero los instintos de Eddie gritaban que aquello no podía ser una mera casualidad.
Por alguna razón, sentía que si examinaba el misterioso regalo de Ebon encontraría la respuesta.
Así que subió apresuradamente las escaleras.
En ese momento, comprobar el contenido de la caja le parecía más importante que cualquier otro problema que lo atormentara.
—…
Una vez solo en su habitación, Eddie respiró lenta y profundamente y sacó la caja cuadrada que llevaba apretada contra el pecho.
Se apoyó contra la pared, exhaló y abrió la caja.
Con un pequeño clic, la tapa se levantó.
Eddie sacó el objeto que había en su interior.
Era otra pequeña caja de madera.
A primera vista parecía un simple adorno.
Pero Eddie no tardó en darse cuenta de que era una caja musical.
Parecía ser del tipo en que las figuras del interior giraban mientras sonaba una melodía al abrir la tapa.
Sin vacilar, Eddie la abrió.
Entonces comenzó a sonar una melodía extremadamente familiar y el interior de la caja musical quedó al descubierto.
—…¿?
Los ojos de Eddie se abrieron poco a poco.
En el centro había una adorable figura de un niño de cabello plateado y ojos violetas, aparentemente inspirada en Eddie durante su infancia, sonriendo dulcemente.
A su alrededor, varios objetos giraban mientras la melodía continuaba sonando.
El regalo en sí era encantador.
Nadie podría molestarse al recibir algo así.
Sin embargo…
Aquella melodía.
Aquella música.
Y las figuras que giraban alrededor de Eddie.
Eran cosas que conocía perfectamente.
No.
Para ser exactos, no las conocía Eddie.
Las conocía Lee Jeong-hoon.
—…Ah.
La mano con la que sostenía la caja musical comenzó a temblar.
Temiendo que se le cayera si continuaba sujetándola, Eddie la dejó en el suelo.
Una vez apoyada sobre una superficie firme, la caja dejó de temblar y siguió girando al ritmo de la música.
Pero la mente de Eddie también daba vueltas.
Sus pensamientos se mezclaban hasta convertirse en un caos.
—Cariño, Jeong-hoon está viendo eso otra vez en lugar de comer.
De niño, Jeong-hoon, como todos los demás niños de su edad, adoraba las caricaturas que transmitían por televisión abierta a las seis de la tarde.
A menudo coincidían con la hora de la cena.
Cuando su madre y su padre lo llamaban para comer, tenía que correr hasta la mesa.
Pero el pequeño Jeong-hoon sufría por dentro.
¡En ese preciso momento estaban transmitiendo su amado Pocket Monster!
Tanto Jeong-hoon como su hermano mayor, Jeong-han, adoraban aquella caricatura.
Su padre incluso renunciaba a ver las noticias durante ese horario para poner el programa que tanto les gustaba a sus dos hijos.
Sin embargo, Jeong-hoon solía olvidarse de masticar mientras contemplaba embobado las aventuras de sus personajes favoritos.
Por eso sus padres lo regañaban a menudo.
Sí.
Y no solo le gustaba aquel programa.
Cuando creció un poco, también se aficionó a las caricaturas de robots y a las que trataban sobre Monstruos Digitales.
En las series de escuadrones de acción, su favorito siempre era el integrante negro.
Conforme fue creciendo, su interés fue disminuyendo.
Pero, durante su infancia, aquellos programas de televisión habían sido lo que más amaba.
Y ahora…
Todas las figuras que giraban alrededor del niño parecido a Eddie eran precisamente las cosas que Jeong-hoon había adorado de pequeño.
La Rata Eléctrica Amarilla.
El integrante Negro del Escuadrón de Acción.
La Guardiana Lunar, Heroína de Marte…
Todas estaban repletas de recuerdos de Jeong-hoon.
Por una coincidencia imposible, eran idénticas a las muñecas y modelos que había guardado en su caja de recuerdos incluso después de convertirse en adulto.
Cada vez que su madre intentaba tirarlos, él la detenía desesperadamente.
—¡Eso jamás!
Y así había logrado conservarlos hasta finales de sus veinte años.
Había soportado tercamente la mirada desaprobatoria de su madre, que siempre le decía:
—¿Cuándo piensas madurar?
Y consiguió conservarlos hasta el final.
Si Lee Jeong-hoon hubiera recibido un regalo como aquel, se habría alegrado sinceramente y habría exclamado:
«¡Vaya, te acordaste de esto!»
Pero ahora el corazón de Eddie latía con tanta fuerza que le dolía.
Y, por supuesto, la emoción que sentía estaba muy lejos de ser felicidad.
«Ebon fue al lugar donde viviste de pequeño para hacer esto.»
Ebon había ido al lugar donde Eddie vivió durante su infancia para fabricar aquella caja.
Seguramente porque allí había objetos idénticos a esas figuras.
Para hacerle un regalo que le gustara, había decidido crear una caja musical con todas las cosas que Eddie había amado de niño.
Pero…
¿Por qué estaban esos objetos en el lugar donde Eddie había vivido?
Esas eran las cosas que le gustaban a él.
¿Por qué Eddie y él habían amado exactamente lo mismo?
No.
Ese ni siquiera era el verdadero problema.
¿Cómo podían existir aquellos objetos en el lugar donde Eddie había crecido?
¡Este era un maldito mundo de fantasía!
El Héroe no oculta demasiado bien su poder era una novela de fantasía clásica y tradicional.
No existían ventanas de estado.
Ni posesiones.
Ni regresiones.
No había ningún elemento que permitiera la intervención de una persona moderna.
Entonces…
¿Por qué había allí una Rata Eléctrica Amarilla?
¿Tenía algún sentido?
¿Por qué existía el integrante Negro del Escuadrón de Acción?
Y Ebon…
¿Por qué la persona que le había entregado aquel regalo llevaba precisamente ese nombre?
Porque ese nombre era…
El nombre de un personaje que Eddie…
No.
Que Lee Jeong-hoon había inventado cuando era niño.
Un ladrón capaz de resolverlo todo en secreto sin que nadie lograra atraparlo.
—¡Hyung, dibujé otra vez a un ladrón! ¡Esta vez también tiene shurikens!
Cuando le mostró a Jeong-han el personaje que había dibujado en una hoja, su hermano lo observó durante unos segundos y sonrió.
—Te quedó muy bien. ¿Esta vez también se llama Ebon?
Jeong-hoon asintió con una enorme sonrisa.
—¡Sí! Es muy amable, pero cuando sale de misión se vuelve aterrador.
—Claro, claro. Y también es muy justo.
—¡Por supuesto! Ebon es superpoderoso. ¡Y los enemigos nunca consiguen atraparlo!
Jeong-hoon contempló orgulloso el dibujo de Ebon.
Era un personaje formado por una mezcla de todas las características de los ladrones que había visto en caricaturas y videojuegos, lanzando shurikens en una pose de acción exagerada.
El dibujo era rudimentario.
Pero tenía rasgos lo bastante distintivos como para reconocerlo fácilmente.
Ojos negros.
Cabello negro.
Una máscara cubriéndole el rostro.
Y muchos otros detalles similares.
—¡Ebon me protegerá pase lo que pase!
—Pero Ebon tiene que permanecer oculto. ¿No sería mejor que normalmente te protegiera alguien más? Alguien que pudiera estar siempre a tu lado.
—Ah… ¿tú crees?
—Sí.
Jeong-hoon pensó que las palabras de Jeong-han tenían bastante sentido y se quedó reflexionando.
Al ver a su hermano menor debatiéndose con tanta seriedad, Jeong-han sonrió y sugirió:
—¿Qué tal un espadachín?
—Son demasiado comunes y aburridos.
En aquella época, Jeong-hoon estaba obsesionado con los escuadrones de acción, así que no le interesaban demasiado los personajes que usaban espadas.
Al ver su reacción poco entusiasta, Jeong-han pensó durante unos instantes antes de hacer otra sugerencia.
—Entonces, ¿qué tal un hechicero?
Eddie se apartó el flequillo, empapado de sudor frío.
Los mechones plateados que había echado hacia atrás volvieron a caer y cubrieron parcialmente su visión.
Cuando miró el espejo de cuerpo entero que tenía al lado, vio el rostro de Eddie.
El mismo rostro que había admirado cada vez que lo veía, desde el primer día hasta ese momento.
Ahora estaba pálido.
Sin una gota de sangre.
Empapado de miedo y dudas.
Incluso en ese instante, cuando sentía que el corazón estaba a punto de estallarle…
La caja musical que Ebon le había regalado continuaba girando.
La canción principal de la caricatura que Lee Jeong-hoon había amado de niño seguía sonando una y otra vez.