¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 7

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  4. Capítulo 7
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El desfile había terminado, pero el festival apenas comenzaba.

La plaza estaba cubierta de flores y papeles que la gente había arrojado, pero nadie se quejaba.

Algunas personas recorrían el suelo con los ojos bien abiertos, buscando alguna moneda de plata que se les hubiera escapado, mientras otras chocaban sus vasos con entusiasmo hasta bien entrada la noche, tanto en las posadas como en las tabernas.

Pedían aperitivos costosos sin vacilar.

Quizá se debía al ambiente festivo, pero el hecho de que hubieran repartido monedas de plata con tanta generosidad a plena luz del día sin duda había contribuido a que gastaran más.

La ciudad se encontraba sumida en un frenesí de emoción, muy parecido al que se había desatado cuando llegó por primera vez la noticia de la derrota del Rey Demonio.

Como resultado, la Posada de Eddie estaba abarrotada de turistas que habían llegado para disfrutar del festival.

Y eso significaba que todavía más Fire Chicken Noodle estaban desapareciendo en las bocas de la gente.

Al principio, no muchos se atrevían a pedirlo porque era un platillo desconocido.

Sin embargo, algunos clientes que buscaban algo para comer se animaron y ordenaron:

—¿Noodle? ¿Es un plato de fideos? ¡Dame uno!

Así fue como comenzó todo.

—¡Kuaaagh!

—¡Me arden los labios!

—¡Veneno! ¡Es veneno! ¡Tiene que ser veneno!

—¡Leche!

Las reacciones extremas que aparecían inmediatamente después de probarlo despertaron la curiosidad de los demás.

Antes de que se dieran cuenta, todo el mundo quería probarlo y el Fire Chicken Noodle comenzó a venderse como pan caliente.

La leche también se vendía muy bien como parte del menú combinado.

Por primera vez desde su fundación, frente al baño de la Posada de Eddie se formó una larga fila de personas que cruzaban las piernas con desesperación.

Eddie observó con una sonrisa satisfecha cómo algunos, incapaces de soportarlo más, salían en busca de baños en otros edificios.

—Bien, bien.

Su sonrisa demoníaca había evolucionado todavía más.

En los negocios, todo dependía del momento adecuado.

Ahora que había conseguido atraer la atención de la gente con el sabor picante, Eddie pensó que había llegado el momento de presentar algo más.

Contempló con satisfacción a los clientes que llenaban la taberna del primer piso.

Antes de que llegara la multitud, Eddie había preparado una habitación para Ketron en el segundo piso de la posada.

Estaba junto a la habitación de Eddie.

Y como ni siquiera Gerold había disfrutado de semejante privilegio, preguntó con auténtico desconcierto e incredulidad:

—¿Qué tiene ese mendigo para que llegues tan lejos por él, Eddie?

Su expresión se parecía a la de alguien que veía cómo un recién llegado desplazaba a un residente de toda la vida.

Para ser exactos, Gerold no era un residente de toda la vida ni había sido desplazado, pero la sensación era similar.

Eddie no podía darle una explicación detallada.

¿Cómo iba a decirle:

«Este mundo pertenece a una novela, y ese mendigo del que hablas es en realidad el protagonista y el verdadero héroe que fue traicionado»?

—Solo es un muchacho y me da lástima.

Eddie ofreció aquella débil excusa, a pesar de que no existía una diferencia de edad tan grande entre ambos.

En realidad, a los ojos de Eddie, Ketron parecía muy joven.

Él había muerto a los veintiocho años.

Desde su perspectiva, veinte años era una edad realmente temprana.

Prácticamente era un bebé cubierto de suave pelusa.

¿Cómo no iba a sentir lástima por un muchacho así, que había atravesado toda clase de sufrimientos y ahora se encontraba frente a él, herido?

Además, en ese momento quedaban muy pocas personas que siquiera recordaran las terribles experiencias que había vivido.

—También está herido. Voy a cuidar de él hasta que se recupere por completo.

—…

Gerold mostró una expresión complicada, pero no dijo nada más.

Se limitó a suspirar profundamente, pinchando la débil conciencia de Eddie.

Parecía un hermano menor observando a otro que había recogido despreocupadamente a un perro callejero.

—¿De verdad sanarán esas heridas? Se niega a recibir tratamiento.

—Mmm.

Eddie había fracasado al intentar atender las heridas de Ketron.

No porque fuera torpe, sino porque Ketron no le permitía examinarlas.

Sin importar que los medicamentos provinieran del Este, Ketron rechazaba el contacto de los desconocidos como un gato tímido.

Bueno, tampoco era algo demasiado sorprendente, así que Eddie no se preocupó especialmente.

Sería extraño que alguien traicionado por los compañeros en quienes más confiaba no desconfiara de los extraños.

Eddie se conformaba con que Ketron no hubiera caído en la oscuridad y se hubiera instalado dentro de su posada.

La novela no describía qué ocurriría después de su caída, pero, teniendo en cuenta las inquietantes pistas y la personalidad de Ketron, quien era justo pero también bastante implacable, era poco probable que el futuro hubiera sido luminoso.

Creo que he evitado otra vez el fin del mundo.

Mientras pensaba eso, Eddie le guiñó un ojo a Gerold.

—Intentaré tranquilizarlo. Y haré que coma.

La escena resultaba lamentable, como la de un niño que prometía a sus padres que cuidaría muy bien del perro callejero que acababa de recoger.

Sin embargo, al final, Gerold retrocedió ante aquella promesa.

Con un profundo suspiro.

—Ugh.

Eddie se detuvo frente a la habitación de Ketron y miró los objetos rechazados que estaban en el suelo.

La sopa y la leche de plátano que había llevado para que Ketron comiera no habían conseguido atraer su atención.

Ketron no había salido de la habitación del segundo piso desde que entró en ella.

Eddie había dejado frente a la puerta los medicamentos, la comida y la leche de plátano rechazados, pero Ketron ni siquiera había abierto.

Era como si estuviera declarando su separación del mundo.

En ocasiones, lo correcto era dejar a una persona sola.

Sin embargo, Ketron ya había pasado suficiente tiempo en soledad durante el último mes.

Eddie consideraba que aquel era el momento en que necesitaba que alguien se acercara a él.

Tomó una botella fría de leche de plátano y una pajilla del refrigerador situado junto a la entrada del establecimiento y se dirigió a la habitación de Ketron.

Se detuvo un instante al ver la sopa fría, la leche de plátano tibia y los medicamentos frente a la puerta.

Luego recogió cuidadosamente los medicamentos rechazados y llamó.

Ketron permanecía sentado en silencio junto a la cama.

La Espada Sagrada Albatross, envuelta de manera rudimentaria en una tela gruesa, descansaba apoyada contra la cama a su lado.

「¿Piensas quedarte aquí para siempre?」

La Espada Sagrada Albatross susurró con voz enfurecida.

Era una voz que solo Ketron, el dueño de la Espada Sagrada, podía escuchar.

「Hasta una marioneta con los hilos cortados tiene más fuerza y espíritu que tú. ¿Dónde quedó el Ketron que yo conocía?」

—…

「Destruye el mundo de una vez. Si dices que lo harás, te prestaré mi poder con mucho gusto.」

La Espada Sagrada Albatross.

Por lo general, al pensar en una Espada Sagrada, uno imaginaba un arma que encarnaba únicamente la justicia y guiaba la rectitud del héroe.

Sin embargo, Albatross no era así.

Poseía emociones más intensas que las de los seres humanos.

Era orgulloso.

Y arrogante.

Aquella espada, que no permitía que nadie la levantara a menos que ella misma lo reconociera, estaba más furiosa por la situación de Ketron que el propio Ketron.

「No puedo creer que ese idiota que siempre quería tocarme y poseerme haya terminado ocupando tu lugar.」

Ketron no reaccionó ante las críticas de Albatross hacia Arthur.

No tenía nada que decir.

Tal como había afirmado Albatross, se encontraba en un estado aún más desprovisto de motivación que una marioneta con los hilos cortados.

¿Qué debo hacer?

¿Qué soy ahora?

No encontraba respuesta alguna.

Si Albatross no lo hubiera recordado ni hubiera hablado con él, probablemente habría perdido la razón antes de llegar siquiera al Imperio.

Justo cuando creyó haber alcanzado la cima, cayó hasta el fondo.

Y ahora se encontraba en un lugar donde ya no existía nada que escalar.

Había quedado completamente solo en un espacio vacío, sin nada.

No tenía opciones.

Simplemente existía.

Como un don nadie.

Como alguien a quien nadie recordaba.

…No.

Había personas que sí lo recordarían.

Arthur.

Y Boram, quien había lanzado la magia.

¿Debería vengarme?

¿Qué cambiaría si lo hiciera?

¿Qué quedaría después de desahogar toda esta frustración?

Todo el mundo lo había olvidado.

Incluso si afirmara que él era el verdadero héroe, ¿alguien le creería?

Como antiguo compañero de Arthur, Ketron lo conocía bien.

Era una persona mucho más hábil improvisando que utilizando su cuerpo.

Su antiguo compañero era rápido de mente.

Seguramente estás haciendo todo tipo de preparativos.

Elaborando planes para consolidar tu posición como héroe.

Por si el héroe al que abandonaste intenta hacerte daño consumido por la venganza.

Después de todo, habían pasado mucho tiempo juntos.

Arthur lo conocía bien.

—…

Ketron no respondió y cerró lentamente sus cansados ojos.

Odiaba las cosas complicadas y ruidosas.

Había decidido permanecer en esa posada porque le parecía preferible a llamar la atención de la gente, pero no tenía intención de echar raíces allí.

Solo se quedaba porque todavía no había decidido adónde ir ni qué hacer.

「Haa.」

Albatross dejó escapar un profundo suspiro y finalmente guardó silencio.

Albatross era un espíritu que habitaba dentro de la espada.

Había contemplado a innumerables seres humanos a lo largo de mucho tiempo, por lo que comprendía la existencia humana.

Sin embargo, al mismo tiempo, tampoco llegaba a comprenderla por completo.

Ni siquiera la Espada Sagrada podía entender la mente de Ketron, que en ese momento probablemente era más complicada que la de cualquier otra persona en el mundo.

Cuando todo quedó en silencio, Ketron cerró los ojos.

El silencio era agradable.

Lo prefería al ruido.

Hasta ese momento había pasado, sin desearlo, largas épocas rodeado de muchas personas y de constante bullicio.

Sin embargo, aquella tranquilidad era lo que Ketron siempre había deseado.

Una vez más, comenzó a hundirse solo en las profundidades del océano.

En aquel lugar terriblemente oscuro y frío.

Toc, toc.

Sin embargo, antes de que pudiera sumergirse por completo en aquellas aguas profundas, el silencio se hizo pedazos.

—Oye, ¿puedo entrar?

Era una pregunta, pero la otra persona no esperó la respuesta de Ketron.

No.

Actuó como si supiera que Ketron no iba a contestar.

Él tampoco tenía intención de hacerlo, así que no se sintió particularmente ofendido.

La puerta se abrió y apareció el dueño de la posada.

Lo primero que llamó su atención fue su brillante cabello plateado.

Luego, aquel hermoso rostro que combinaba con su luminosidad le guiñó un ojo a Ketron en cuanto lo vio.

—Vaya, no estás llorando y pareces estar bien.

Ante aquellas palabras, Ketron no pudo evitar mostrar una expresión incrédula.

…¿Acaba de llamarme llorón?

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