¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 39

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—¡…!

Ketron levantó la cabeza de golpe.

El corazón de Eddie, en cuyos latidos había estado concentrado desde que entraron en la biblioteca, de pronto comenzó a acelerarse.

Latía con fuerza, como si algo lo hubiera sobresaltado.

Tum, tum, tum.

Sin vacilar, Ketron dejó a un lado el libro que sostenía y caminó hacia los estantes donde se encontraba Eddie.

Eddie permanecía inmóvil entre los libreros, con un libro en las manos.

Ketron podía escuchar cómo su corazón golpeaba violentamente.

Tum, tum, tum.

Como si acabara de recibir una impresión muy fuerte.

Ketron sabía qué debía hacer.

Sin dudarlo, atrajo a Eddie hacia sus brazos.

Aunque Eddie era bastante alto y tenía una buena complexión, encajó cómodamente en el amplio abrazo de Ketron, cuyo cuerpo había sido moldeado desde su nacimiento para blandir una espada.

—…!

Eddie forcejeó brevemente, quizá sorprendido por el abrazo repentino, pero en cuanto comprendió que se trataba de Ketron, se relajó.

—Eddie, ¿qué ocurrió?

Desde lejos, probablemente solo Ketron habría podido escucharlo.

Pero a esa distancia, el estruendo de los latidos era ensordecedor.

El silencio de la biblioteca hacía que el sonido de su corazón resultara todavía más evidente.

Después de permanecer un rato en silencio entre los brazos de Ketron, Eddie pronunció su nombre con voz quebrada.

—…Ket.

—Sí.

—¿La sección de historia también estaba así de llena antes?

Ketron levantó ligeramente la cabeza.

Eddie se encontraba entre los estantes marcados con la palabra «Historia».

¿Le estaba preguntando si siempre había estado tan llena?

Ketron inclinó la cabeza, confundido.

—Sí. Es la sección de historia, después de todo.

Libros sobre la historia del Imperio, la historia del continente y toda clase de mitos y leyendas regionales.

Era natural que la sección de historia estuviera repleta.

Siempre había sido así.

Tanto antes como ahora.

—Ya veo.

La respuesta carecía por completo de energía.

Sonaba tan agotado que la mirada de Ketron se llenó de desconcierto.

Podía ver la nuca de Eddie empapada de sudor frío.

Además, su cuerpo temblaba ligeramente, incluso dentro de su abrazo.

Eddie se apartó con suavidad.

¿Pensaba salir de sus brazos?

Ketron frunció un poco el ceño, molesto.

Pero entonces Eddie se volvió hacia él y volvió a refugiarse en su pecho, esta vez de frente.

Durante un instante, Ketron perdió la compostura.

No se lo esperaba.

Claro que tampoco fue una sensación desagradable.

Rodeó con cuidado a la persona que acababa de regresar a sus brazos.

Podía sentir cómo el cuerpo tembloroso recuperaba poco a poco la calma dentro de su abrazo.

Por un momento, la imagen de Eddie que había recordado anteriormente en el baño, aquella con la que incluso había alcanzado el clímax, cruzó por su mente.

Pero enseguida intentó borrarla.

…Pensé en Eddie en aquel momento porque el rostro lloroso que acababa de ver me causó una impresión muy fuerte.

De lo contrario, ¿por qué habría involucrado a esa persona en la satisfacción de sus deseos vulgares?

Y, sobre todo, ¿por qué recordaría algo así en un momento como ese?

Ketron apartó conscientemente esos pensamientos.

Por fortuna, la preocupación que sentía por la persona que sostenía facilitó la tarea.

Acarició el cabello plateado que se acurrucaba contra su pecho.

La sensación de aquellos finos mechones deslizándose entre sus dedos era agradable.

…Así sí te pareces más a un gato.

El cuerpo que se aferraba desesperadamente a él resultaba bastante satisfactorio.

Ketron no sabía por qué.

Tampoco se molestó en preguntarle a Eddie qué le ocurría.

Aquel hombre parecía firme, pero en ocasiones podía mostrarse infinitamente inestable.

Daba la impresión de ser un adulto confiable, pero a veces era tan vulnerable como un niño abandonado junto a la orilla de un río.

Ketron ya lo sabía.

—Ejem, ejem.

Se escuchó a alguien carraspear.

Al mirar hacia un lado, Ketron descubrió que varias personas de la biblioteca dirigían discretamente la mirada hacia ellos.

Quien había carraspeado era el bibliotecario.

Aquello no era apropiado para ese lugar.

Ketron chasqueó la lengua y dijo:

—…¿Regresamos?

Regresar.

Expresarse como si volver a aquella posada fuera lo más natural del mundo todavía le resultaba un poco extraño.

Pero no era una sensación desagradable.

Eddie asintió varias veces sin sacar la cabeza del pecho de Ketron.

Al sentir que el suave movimiento de su cabello contra él tampoco estaba mal, Ketron le acarició la espalda con delicadeza.

Luego tomó cuidadosamente su mano y lo guio fuera de allí.

Después de regresar de su salida, Eddie se tumbó en la cama de su habitación y dejó escapar un gemido.

No le dolía nada en particular.

Pero tenía la cabeza hecha un desastre.

Quizá no debí ir a la biblioteca.

Al final, llegó a esa conclusión.

No debería haber ido nunca.

Tal vez habría sido mejor no enterarse.

De cosas como aquella.

Como descubrir de repente que ese mundo existía dentro de una novela.

—Haa…

Eddie suspiró.

En ocasiones pensaba lo siguiente:

Quizá ese mundo no fuera realmente una novela, sino otro mundo modelado a partir del contenido de una obra.

Seguramente no se había limitado a caer dentro de un libro como el protagonista de alguna animación.

No.

Quizá sí.

No sabía absolutamente nada acerca de aquella transmigración.

Y después de transmigrar de forma fantástica a una novela de fantasía, ya nada de lo que ocurriera podía considerarse extraño.

Tumbado boca abajo, con la nariz hundida en la almohada, Eddie dejó escapar otro largo suspiro.

Sabía que lo mejor sería olvidarlo cuanto antes.

Pero no era tan fácil.

Cuando sintió que ya había suspirado por centésima vez, alguien llamó a la puerta.

Toc, toc.

—Sí, pasa.

Eddie supuso que sería Gerold.

Sin embargo, cuando la puerta se abrió tras un breve silencio, tuvo que abrir mucho los ojos al ver al inesperado visitante.

—¿Ket?

Era Ketron.

Parecía como si ni él mismo hubiera esperado entrar formalmente de aquella manera en la habitación de Eddie.

Asomó la cabeza con cierta vacilación y examinó discretamente su expresión.

De verdad parece un gato.

Ketron no dijo nada.

Pero aunque Eddie no fuera especialmente perspicaz, no podía ignorar la razón de su visita.

Está preocupado por mí.

Durante toda la visita a la biblioteca, la expresión de Eddie no había sido precisamente alegre.

Y desde que regresaron se había encerrado en su habitación.

Con el buen oído que tenía Ketron, seguramente también había escuchado todos sus suspiros.

Quizá hice que se preocupara.

—Ket, ven aquí.

Eddie invitó a Ketron, que seguía inmóvil en el umbral.

Como si hubiera estado esperando esas palabras, Ketron cerró la puerta de inmediato y entró.

Quizá porque la habitación de Eddie estaba decorada en tonos claros, la figura de Ketron, vestido completamente de negro de pies a cabeza, destacaba de manera llamativa.

Aunque había entrado, continuó de pie junto a la puerta como si fuera tímido, sin hacer ningún intento por acercarse.

—Te dije que vinieras.

Solo cuando Eddie repitió la invitación, Ketron se aproximó lentamente a la cama.

Al mirarlo desde su posición recostada, Eddie volvió a darse cuenta de lo grande que era Ketron en todos los sentidos.

Mmm… Tal vez quepamos por poco.

Eddie se recorrió hacia la ventana y dio unas palmadas en el espacio que había a su lado.

Ketron puso una expresión complicada.

Había comprendido perfectamente el significado del gesto.

Aunque ya había sido rechazado una vez, Eddie sonrió.

Como si supiera que esta vez Ketron no se negaría.

La cama era lo bastante amplia para un hombre adulto.

Tendrían que apretarse un poco, pero tampoco era tan pequeña como para que dos personas no pudieran acostarse.

Sin embargo, Ketron se mantuvo firme y no se movió.

Al final, Eddie utilizó su técnica especial.

—Estoy un poco deprimido.

Era cierto que todos aquellos pensamientos lo tenían algo desanimado.

Pero una sonrisa innegable jugaba en sus labios mientras pronunciaba esas palabras.

—…

—¿Mmm?

Eddie estiró las piernas para demostrar que quedaba espacio suficiente.

A sus ojos, realmente lo había.

Ketron no sabía cómo vencer a Eddie.

Contempló su rostro confiado y dejó escapar un tenue suspiro.

Luego se acercó a la cama.

Eddie rodeó felizmente con los brazos la firme cintura que tenía delante.

Si Ketron se lo hubiera propuesto, habría permanecido completamente inmóvil, sin importar cuánto tirara Eddie de él.

Pero cedió con facilidad a la fuerza con la que lo atraía.

Ketron vaciló por la falta de espacio.

Sin embargo, finalmente se acomodó lentamente junto a Eddie y se tumbó.

—Uf.

Una vez que encontró su sitio, dejó escapar un pequeño suspiro.

Era incómodo.

En general, las camas de la Posada de Eddie eran amplias.

Pero para Ketron resultaban algo estrechas incluso cuando dormía solo.

Era natural que con Eddie allí estuvieran apretados.

Claro que la incomodidad física era independiente de cualquier incomodidad provocada por la persona con la que compartía la cama.

No.

¿Quizá sí se sentía un poco incómodo?

Por alguna razón, Ketron notaba que su corazón latía más rápido de lo normal.

No sabía por qué.

Eddie, por su parte, estaba mucho más cómodo.

Aunque sus cuerpos se encontraban estrechamente pegados, no le resultaba especialmente molesto.

Al contrario.

Con un lado del colchón hundiéndose bajo el peso de Ketron, su espalda apoyada contra la pared y el cuerpo de Ketron cubriéndolo por delante, sentía como si estuviera refugiado dentro de un nido seguro.

No era una sensación desagradable.

Eddie se removió un poco hasta apoyar cómodamente la cabeza contra el pecho de Ketron.

Durante un buen rato, ninguno de los dos se movió.

La diferencia era que Eddie se sentía completamente tranquilo, mientras todo el cuerpo de Ketron permanecía rígido por la tensión.

Aun así…

Fue un momento pacífico a su manera.

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