¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 22
Eddie tardó en darse cuenta de que justo frente a la posada se escuchaban los vítores de una multitud.
Se acercó rápidamente a la ventana.
Afuera, alguien se enfrentaba a Ketron. Aunque no eran más que palos de madera chocando entre sí, a su alrededor resonaban ruidos salvajes, como si algo estuviera siendo destrozado.
Uno de ellos era Ketron.
El otro era un hombre al que Eddie jamás había visto.
Sin embargo, cualquier lector empedernido de El Héroe que No Sabe Ocultar Muy Bien su Poder habría podido reconocerlo al instante.
Ropa blanca que recordaba a la de un sacerdote, cabello rubio, frescos ojos verdes y un cuerpo bien entrenado que blandía un báculo de madera como arma.
Sin duda era Augustine del Poder Divino, uno de los compañeros del héroe: un clérigo y guerrero con una personalidad muy particular.
Mientras los demás vitoreaban cada vez que ambos chocaban y exclamaban lo impresionantes que eran, Eddie solo podía ver a Ketron.
A su protagonista, que parecía inestable y angustiado.
Eddie no vaciló. Abrió la puerta de golpe y salió.
—¡Uoooooh!
La gente vitoreaba.
Varios estruendos y golpes ensordecedores resonaron en el lugar. Aunque Eddie ya había aceptado hacía tiempo que se encontraba en un mundo de fantasía, todavía no lograba acostumbrarse a la idea de que el choque entre dos personas pudiera producir semejantes sonidos.
—¡Con permiso!
Eddie, que se había estado mordiendo los labios con nerviosismo, se abrió paso entre la multitud.
«Eddie» era alto y tenía una complexión decente. Sin embargo, había tanta gente que, incluso con su tamaño, no le resultaba fácil atravesar a los incontables espectadores para llegar hasta Ketron.
Exagerando solo un poco, parecía que toda la plaza central se había reunido para presenciar aquel acontecimiento.
Cuando por fin logró abrirse paso entre la multitud entusiasmada, Ketron ya había perdido por completo el espíritu de lucha y había dejado caer los brazos.
Tenía los ojos llenos de lágrimas.
Al contemplar aquella escena tan dolorosa, Eddie sintió que la ira se le subía a la cabeza.
—¡¿Qué estás haciendo?!
Se acercó furioso a Ketron y lo abrazó.
Fue una acción instintiva.
Al sentirse envuelto entre sus brazos, las lágrimas terminaron por desbordarse de los ojos de Ketron. La mano que ya parecía haber perdido toda voluntad de luchar todavía aferraba el palo de madera con tanta fuerza que sus nudillos se habían vuelto blancos.
—Ket.
Al oír la voz de Eddie, Ketron levantó lentamente la cabeza.
La imagen de las lágrimas deslizándose desde sus ojos negros se superpuso con la de su primer encuentro.
Era igual que el día en que comprendió que sus compañeros lo habían traicionado.
Eddie, sin saber qué hacer, comenzó a sudar nerviosamente frente a él.
Primero tenía que consolarlo.
—Shh, está bien. No llores. Mírame, ¿sí?
Eddie abrazó a Ketron.
Como Ketron era más alto y tenía los hombros mucho más anchos, resultaba difícil envolverlo por completo, así que Eddie rodeó su cintura con los brazos y le dio unas suaves palmadas en la espalda.
Aunque su tono era el de alguien que consolaba a un niño, abrazarlo y acariciarlo no resultaba ni remotamente tan fácil como hacerlo con uno.
Como resultado, la cabeza de Eddie quedó naturalmente enterrada contra el pecho ancho y firme de Ketron, pero él continuó dándole palmaditas en la espalda con tenacidad.
—Shhh, está bien. No llores. Mírame. ¿Sí?
—…Eddie.
—Sí.
El rostro de Ketron, cubierto de lágrimas como si pronunciar su nombre hubiera agotado todas sus fuerzas, fue limpiado con suavidad usando la manga de Eddie.
Ojalá hubiera traído un pañuelo.
Sumido en aquel arrepentimiento, Eddie no se dio cuenta de que Ketron acababa de pronunciar correctamente su nombre por primera vez.
Al contemplar aquel rostro todavía juvenil y suave, nuevamente manchado de lágrimas pese a todos sus esfuerzos por hacerlo ganar peso y borrar las sombras que lo cubrían, Eddie sintió que una ira ardiente comenzaba a arder en su interior.
¿Quién demonios había vuelto a lastimar a su chico?
¡A un muchacho tan joven y sensible!
El culpable era evidente.
—Ket, espera aquí un momento.
Después de darle unas palmadas en el hombro, Eddie se volvió hacia el hombre que los observaba con una expresión desconcertada.
Augustine.
—¿Qué le hiciste a mi chico?
Mi chico.
Ante aquella osada elección de palabras, Augustine quedó todavía más sorprendido y, genuinamente desconcertado, comenzó a tartamudear.
—Eh, no, yo…
—¡Un adulto hecho y derecho metiéndose con un niño!
¡Paf!
Los ojos de Augustine se abrieron de par en par.
Solo entonces comprendió algo.
Acababan de darle una palmada en la espalda por primera vez en su vida.
Augustine estaba desconcertado.
Tanto por su adversario, que de pronto había dejado de moverse y se había echado a llorar, como por el hombre que surgió de entre la multitud gritando con furia.
El hombre de radiante cabello plateado y ojos violetas poseía una apariencia capaz de impresionar incluso a Augustine, quien había visto a numerosas bellezas durante sus viajes.
Para ser más precisos, era exactamente su tipo.
Su ideal.
El problema era que ese ideal estaba furioso con él.
—¡¿Qué haces peleando contra alguien que está herido?!
—Ah, no…
—¡¿Cómo que no?!
¿Herido?
No se había dado cuenta de que el hombre estaba lastimado.
Pero, si aquellas lágrimas se debían a una herida, todo tendría sentido.
Además, la forma en que el hombre frente a él le secaba las lágrimas y abrazaba a Ketron era tan tierna que debían de ser familia o amantes profundamente enamorados.
Era natural que alguien así no viera con buenos ojos a quien había retado a duelo a su ser querido herido.
Eddie volvió a golpear varias veces la espalda de Augustine.
Sinceramente, las palmadas no le dolían.
Solo resultaban un poco vergonzosas y humillantes.
El orgullo de Augustine como Héroe llamado a salvar a la humanidad arriesgando su propia vida parecía desmoronarse bajo las pequeñas palmas de aquel hombre más bajo que él.
Era como si lo estuvieran regañando como a un niño.
Algo que jamás había experimentado.
Y, para colmo, la otra persona era exactamente su tipo ideal.
Augustine se sintió tratado injustamente, pero no fue capaz de discutir con aquel hombre enfurecido.
Después de desahogar su ira durante un rato, el hombre se dio la vuelta y llevó de regreso a la posada a Ketron, que todavía tenía el rostro manchado de lágrimas.
Los espectadores, privados de pronto de su entretenimiento, comenzaron a murmurar entre ellos mientras dirigían sus miradas hacia Augustine, pero él no podía hacer demasiado al respecto.
El combate había terminado.
Y acababan de golpearle la espalda de una forma bastante vergonzosa.
—Ah, bueno.
Extendió los brazos con una sonrisa impotente.
—Parece que esto termina aquí.
Tras decir aquello, volvió a cargar sobre el hombro el báculo de madera que había dejado caer descuidadamente al suelo.
Cuando comprendieron que el emocionante espectáculo había terminado, las personas soltaron exclamaciones de decepción, pero poco a poco comenzaron a dispersarse.
Como era habitual, ese tipo de espectáculos improvisados dejaban de atraer la atención del público en cuanto mostraban señales de haber terminado.
Aun así…
Augustine ladeó la cabeza al recordar al hombre al que había desafiado y al deslumbrante propietario de cabello plateado, que era exactamente su tipo ideal.
Qué extraño.
Estaba seguro de no haber visto nunca ninguno de esos rostros.
El hombre de cabello y ojos negros, cuyo nombre ni siquiera había preguntado, le resultaba familiar.
Pero, por alguna razón, el cabello plateado también le parecía conocido.
Y, aun así, estaba seguro de que jamás había visto aquellos rostros.
Sentía como si los hubiera visto en algún lugar.
Después de reflexionar durante bastante tiempo, Augustine, fiel a su costumbre de no desperdiciar energía en asuntos que no se resolverían por mucho que pensara, descartó rápidamente la idea.
Tendría que regresar a aquel lugar más tarde.
Con ese pensamiento, se frotó la espalda, que le dolía ligeramente, y se dio la vuelta para marcharse.
Aunque todavía se sentía algo aturdido, su cuerpo estaba bastante ligero después de haberse ejercitado por primera vez en mucho tiempo.
Sin embargo, solo entonces se dio cuenta de algo.
—Ah, mis fideos de pollo picante…
Se había dejado llevar tanto por el duelo y la emoción que ni siquiera había logrado pedir la comida por la que había ido.
Eddie llevó a Ketron a su habitación, tomó un plato de la cocina y bajó rápidamente al sótano.
—¡Gerold! ¿Podrías prepararme una toalla caliente, por favor?
Después de pedírsela, Eddie entró en la tienda de conveniencia.
Se dirigió hacia el refrigerador y no tardó en encontrar lo que buscaba. Abrió rápidamente el empaque y metió el contenido en el microondas.
Observó el aparato con ansiedad, moviendo inquietamente los pies, y, cuando terminó con un suave ding, pasó enseguida la comida al plato.
—Ay, quema.
Todo esto está muy bien, pero siempre temo quemarme las manos.
Mientras refunfuñaba, Eddie subió a toda prisa con el plato.
Recibió la toalla caliente del eficiente Gerold con un «gracias» y luego subió al segundo piso llevando ambas cosas.
—Ket, voy a entrar.
Sin esperar siquiera por cortesía, Eddie abrió de inmediato la puerta y entró en la habitación de Ketron.
Ketron estaba sentado en el borde de la cama.
Las cortinas permanecían cerradas, por lo que la habitación estaba en penumbra a pesar de ser pleno día.
Además, mientras permanecía allí sentado, emanaba una atmósfera profundamente pesada.
Eddie dejó el plato sobre la mesita junto a la cama y se acercó a Ketron con la toalla tibia.
La presionó suavemente contra sus ojos enrojecidos e hinchados.
—Ket, ¿estás bien?
—…
—¿Tienes hambre?
Ketron no mostró ninguna reacción en particular.
Incluso mientras Eddie le pasaba la toalla por todo el rostro, como si estuviera decidido a limpiárselo por completo, él permaneció en silencio durante mucho tiempo, sin responder.
Las lágrimas parecían haberse detenido, pero su ánimo se encontraba por los suelos.
¿Qué voy a hacer con él?
Mientras Eddie se mordía el labio, desconcertado, Ketron extendió repentinamente los brazos y lo atrajo con fuerza contra su pecho.
Vaya.
Eddie no se lo esperaba.
Mostró una expresión confundida al quedar atrapado contra el firme pecho de Ketron, pero pronto relajó el cuerpo.
Sí, sí.
En momentos como ese, lo que uno necesitaba era el calor de otra persona.
El problema era que, como Ketron estaba sentado en el borde de la cama, Eddie, al ser atraído profundamente hacia su abrazo, acabó en una postura que parecía como si estuviera sentado sobre su regazo.
Eddie también era bastante alto, aunque no tanto como Ketron.
Como no tenía un lugar adecuado donde colocar las piernas, se removió incómodo en aquella posición tan extraña.
—Ket, espera, solo un momento…
Eddie forcejeó un poco, pero Ketron no parecía dispuesto a soltarlo.
Al contrario, apretó todavía más el abrazo.
Al final, Eddie se rindió y relajó por completo el cuerpo.
El estado actual de Ketron claramente no era normal.
Está bien, úsame como si fuera un muñeco de consuelo… Pero, se mire como se mire, esta postura es un poco…
Aunque la posición resultaba bastante incómoda, Eddie no fue capaz de apartar a la persona que había hundido el rostro en su hombro y permanecía en silencio, sintiendo su calor.
Por eso, se limitó a darle suaves palmadas en la espalda.
No soy más que un cuerpo masculino rígido y aburrido, pero durante un rato puedo servir como sustituto de un muñeco de consuelo.
Atrapado en aquella postura incómoda, Eddie esperó a que Ketron se calmara y luego se removió para encontrar una posición más cómoda dentro de su abrazo.
Los brazos de Ketron eran lo bastante amplios como para acomodar el cuerpo de Eddie sin demasiada dificultad, así que no fue complicado.
Mientras se movía de un lado a otro, Eddie descubrió sin querer un dato que en realidad no necesitaba conocer.
Nuestro Ket parece cargar hacia la izquierda…
Al darse cuenta de pronto de la dirección en la que sentía aquel peso bajo las nalgas, Eddie mostró por un instante una expresión desconcertada.
Sin embargo, al final no abandonó el abrazo.
En lugar de escapar, continuó dándole suaves palmadas en la ancha espalda.
Si esto logra consolarlo aunque sea un poco, ¿qué importa?