¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 150

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Ketron tenía una expresión tensa. En aquellos momentos, Eddie probablemente era la única persona en el mundo capaz de poner nervioso a ese hombre.

Después de permanecer en silencio durante tanto tiempo que Ketron comenzó a inquietarse, Eddie habló con el rostro completamente enternecido.

—Yo también pensaba proponerte matrimonio.

El día en que había escuchado la propuesta de Ketron, Eddie pensó que probablemente nunca recibiría de él una propuesta elegante, así que se había dicho que podía volver a pedírselo más adelante de una manera genial.

Por supuesto, jamás imaginó que Ketron prepararía un anillo tan maravilloso y semejante propuesta durante el viaje de regreso.

—De hecho, quiero ser yo quien lo diga. Ket, ¿vivirías conmigo en la casa que preparé? Quizá prefieras vivir tranquilamente en una casa más grande y mejor, pero soy una persona extraña hecha para trabajar por cuenta propia.

Ketron, que no parecía haber esperado recibir una propuesta a cambio, contempló a Eddie durante unos instantes. Después sonrió ampliamente y respondió:

—No, Eddie. No me importaría que el cielo fuera nuestro techo mientras esté a tu lado.

…Pero, por mucho que dijera eso, ¿no sería difícil dormir a la intemperie?

Un pensamiento nada romántico apareció en su mente. Sin embargo, considerando cómo se sentía en aquel momento, Eddie asintió, pues de verdad creía que sería capaz de dormir al aire libre con Ketron.

Ketron extendió los brazos y lo abrazó. Acurrucado entre ellos, Eddie cerró los ojos y se apoyó en el reconfortante abrazo de la persona que jamás se apartaría de su lado durante el resto de su vida.

—Eddie, ¿hay algo más que quieras hacer?

—Yo quería preguntarte lo mismo. ¿Hay algo que tú quieras hacer?

—Lo que tú quieras hacer es lo que yo quiero hacer.

Sería bueno que Ketron tuviera otros pasatiempos, pero resultaría difícil decirle de repente que buscara uno a alguien que solo sabía blandir una espada y luchar.

Podría descubrir poco a poco qué deseaba hacer durante el tiempo que pasaran juntos. Por eso, cuando le preguntó qué quería hacer, Eddie reflexionó durante unos instantes.

Sin embargo, no tardó en llegar a una conclusión.

El final original de 〈El Héroe no oculta demasiado su poder, Parte 2〉 relataba cómo los amigos de Eddie emprendían una aventura como Grupo del Héroe para eliminar a los remanentes de la raza demoníaca.

Por supuesto, Eddie no aparecía en aquella historia.

Cuando había visto ese final, temió no seguir con vida para entonces y, al mismo tiempo, se sintió decepcionado.

¿Por qué no me incluyeron?

Por primera vez, Eddie expresó en voz alta aquel deseo que había guardado en secreto dentro de su corazón.

—Quiero… ir de viaje.

—¿De viaje?

—Cuando la posada se estabilice y podamos marcharnos, o incluso ahora mismo. En cualquier momento. Quiero recorrer este mundo.

Cuando Eddie había visitado Sandern por primera vez para asistir al Torneo, había contemplado por primera vez una parte de aquel mundo y se había maravillado como un niño.

Desde entonces, había atesorado en secreto el deseo de recorrerlo. Por supuesto, después de conocer los secretos de aquel mundo, comprendió que no podía permitírselo y había comenzado a renunciar en silencio a esa ilusión.

Pero ahora ya no tenía ningún motivo para hacerlo.

—De acuerdo.

Porque a su lado tenía un amante capaz de hacer realidad cualquier cosa que Eddie deseara.

El final de la Parte 2, que había desaparecido sin llegar a completarse, no mostraría a Ketron partiendo de aventura sin Eddie, sino a ambos emprendiendo juntos aquella aventura.

Y sin duda sería un final feliz.

—Un viaje… ¿Nos marchamos mañana?

Ketron preguntó con entusiasmo, como si quisiera aprovechar el impulso del momento. Eddie abrió mucho los ojos.

—¿Podemos hacer eso? Creo que mi hermano se volverá loco intentando conseguirnos una escolta a toda costa.

—¿De verdad supone un problema cuando yo estoy contigo? Además, tienes el anillo. Y aunque yo no quiera, tú llevarás contigo a tus subordinados.

Sin duda, cuantos más integrantes tuviera el grupo de viaje, mejor. Lo que Eddie deseaba era que todos viajaran juntos, así que, si Gerold o Ebon los acompañaban, sería mucho más eficiente que contar con cientos de escoltas para protegerlo. Y, por supuesto, también lo haría sentirse más seguro.

—¿Y la posada?

—De todos modos, todavía ni siquiera la han inaugurado, ¿verdad? Además, Eddie ya no será el dueño. Esta vez podemos visitar ese país, regresar para ocuparnos de la posada y después viajar a otro la próxima vez. Lo que tú quieras.

Por una vez, Ketron se mostró inusualmente elocuente.

Además, sus palabras parecían bastante razonables. Eddie vaciló durante unos instantes, pero al final se dejó seducir por completo por la idea de salir de viaje y asintió enseguida.

—Sí, de acuerdo. Entonces mañana.

—De acuerdo. Mañana.

Ambos acababan de decir con toda naturalidad algo que haría que Gerold, Danny e incluso el Emperador se llevaran las manos al cuello y los regañaran por decir semejantes tonterías.

Los dos, que en un futuro no muy lejano causarían precisamente esa reacción entre quienes los rodeaban, disfrutaron durante un rato de un momento de tranquilidad bajo el cerezo en flor. Eddie contempló satisfecho el anillo de compromiso que llevaba en la mano y después hundió la cabeza contra el firme pecho de Ketron.

Ketron bajó la mirada hacia aquella cabeza redonda que se restregaba contra su pecho, inclinó el rostro y besó el cabello de Eddie.

Él, que en otro tiempo había creído que jamás sería capaz de hacer cosas tan empalagosas, se había convertido en un hombre bastante acostumbrado a estrechar a su amante entre sus brazos.

—¿Sabes? En el mundo del que vengo, los libros solían terminar con una historia feliz. Tanto los infantiles como los escritos para adultos.

—Ya veo.

—Por supuesto, algunos no terminaban así, pero la mayoría sí. La gente desea finales felices. Quiere que las historias que siguen sean felices y que los personajes por los que siente cariño también lo sean.

Eddie también lo deseaba.

Por eso se había enfadado al leer 〈El Héroe no oculta demasiado su poder〉.

Porque el protagonista no había alcanzado la felicidad.

—Ket, ¿ahora eres feliz?

Al escuchar aquellas palabras, Ketron ya no pudo contenerse. Sujetó las mejillas de Eddie y lo besó.

No existía una respuesta afirmativa más perfecta que aquella.

Esa noche, después de provocar que muchas personas se llevaran las manos al cuello con el anuncio explosivo de que saldrían de viaje de inmediato, ambos se durmieron en su nuevo hogar.

Por supuesto, no se limitaron a dormir, así que Eddie terminó prácticamente inconsciente. Ketron cerró los ojos en silencio mientras lo sostenía con fuerza entre sus brazos.

Entonces, una neblina roja comenzó a formarse lentamente en la habitación.

Cuando esta llenó por completo el lugar, un hombre de rostro pálido asomó la cabeza desde el techo.

Era Lilzhir, el estratega del Rey Demonio.

Como sus movimientos no contenían ninguna amenaza ni poder mágico, el Héroe no podría percibirlo a menos que interfiriera directamente con sus sueños.

Por supuesto, si se acercaba con malicia al humano que sostenía entre sus brazos, el Héroe o su Espada Sagrada reaccionarían de inmediato… Sin embargo, Lilzhir no había acudido con malas intenciones aquella noche.

No. Lejos de actuar con malicia, más bien…

«Tengo una orden para ti».

Había acudido con intenciones que incluso podrían considerarse de pura buena voluntad, pues deseaba cumplir la última orden del Rey Demonio.

Lilzhir introdujo un sueño en el humano que tenía frente a él. Por supuesto, no se trataba de un sueño cualquiera, de modo que incluso él, un poderoso miembro de la raza demoníaca, tendría que soportar un considerable esfuerzo…

Sin embargo, no podía desatender la última petición del Rey Demonio, a quien había servido durante toda su vida.

Lilzhir dejó escapar un leve suspiro. Su figura se volvió borrosa poco a poco y, muy pronto, su consciencia fue absorbida por el inconsciente del humano que tenía delante.

Eddie vagaba por un sueño.

Ah, esto es un sueño.

Era un sueño lúcido, uno en el que sabía que estaba soñando desde el mismo instante en que comenzaba. Eddie, que a menudo había tenido sueños lúcidos pero no recordaba haber soñado nada particularmente extraordinario por ello, experimentó una extraña sensación y continuó avanzando.

Adelante, siempre adelante.

Se encontraba en un espacio vacío y completamente oscuro. Sin embargo, una luz continuaba brillando ante él como si le indicara el camino, así que Eddie caminó y caminó sin vacilar.

Era como si una pequeña hada de un videojuego guiara a un principiante exclamando: «¡Es por aquí!».

Creo que ya he caminado bastante.

Cuando llevaba avanzando el tiempo suficiente como para pensar aquello, Eddie escuchó un llanto procedente de algún lugar.

¿Quién es?

El sonido provenía de la misma dirección que señalaba la luz, así que Eddie aceleró el paso mientras una inexplicable ansiedad se apoderaba de él. Aquel llanto en medio de la oscuridad resultaba inquietante, pero, desde el instante en que lo escuchó, Eddie sintió una angustia desconocida en lugar de miedo.

Finalmente, cuando llegó al final del sendero de luz, vio a una mujer sentada en el suelo mientras lloraba.

La parte posterior de su cabeza le resultaba tan familiar que Eddie contuvo el aliento por un instante.

Sin saber desde cuándo llevaba allí ni qué podía hacerla sentir tan triste e injustamente tratada, la mujer lloraba con tal desconsuelo que partía el corazón de cualquiera que la escuchara.

Eddie sabía quién era aquella mujer.

Era imposible que no la reconociera.

Sin vacilar, la llamó.

—¿Mamá?

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