¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 148
Eddie apartó instintivamente el cuerpo de Ketron. Ketron, que nunca hacía alarde de su fuerza salvo cuando se trataba de Eddie, retrocedió de inmediato.
—Señor Augustine.
—Bueno, señor Paki. Ha pasado tiempo.
Eddie no tenía idea de cuánto tiempo llevaba allí, pero Augustine lo saludó con absoluta serenidad. Era un hombre bastante silencioso para alguien de constitución tan corpulenta.
Ketron, que había estado sonriendo ampliamente, comprendió que Augustine era la razón por la que Eddie lo había apartado. Miró con desagrado a su amigo y habló en tono burlón.
—Conque era eso. Una mañana desapareciste sin hacer ruido y después regresaste. Recuerdo que dijiste que habías salido a caminar.
—…
—Cuando te pregunté adónde habías ido, dijiste que a caminar, ¿verdad? ¿Desde cuándo infiltrarse en el Palacio Imperial cuenta como un paseo?
—Cállate.
—Es una excelente noticia que estés saludable como hombre, pero…
—Augustine.
—Te dije que aguantaras un poco más hasta la ceremonia de bienvenida, pero no pudiste resistirte, me ignoraste y viniste hasta aquí. ¿Por qué no regresaste al Palacio Imperial aquel día y te quedaste allí?
El rostro con el que preguntó «¿Eh?» estaba claramente lleno de picardía, pero sus palabras no tenían nada de juguetonas. Llevaban una evidente mordacidad.
Al darse cuenta de que Augustine había escuchado toda la conversación desde el principio, la visión de Eddie se volvió borrosa. Entonces contempló a Ketron con una expresión de absoluta conmoción ante lo que acababa de oír.
—Ket, tú…
Ketron evitó la mirada de Eddie.
Conque no había podido esperar hasta la ceremonia de bienvenida, había atravesado por su cuenta la estricta seguridad del Palacio Imperial para verlo y aquel día había vuelto a recorrer solo toda aquella distancia sin asistir siquiera a ninguna ceremonia.
Era lógico que hubieran informado a Eddie si el Héroe hubiera llegado. Sin embargo, Ketron había acudido a verlo a solas, sin levantar ningún revuelo a su alrededor, y había terminado provocando semejante incidente.
—Por favor, no se preocupe demasiado. Hice correr la versión de que el Grupo del Héroe había cedido su papel protagonista a los soldados durante la ceremonia de bienvenida. A estas alturas, ya deben estar preparando una ceremonia para las fuerzas de subyugación.
En efecto, Augustine era un experto en controlar los daños. En la novela, siempre se encontraba ocupado arreglando los problemas ocasionados por la Espada Sagrada, su portador o Arthur. Incluso ahora actuaba con rapidez para reducir los daños al mínimo.
—Ah, señor Paki.
Después de tranquilizar a Eddie, Augustine pareció recordar algo de repente y lo miró directamente.
—Escuché que ya se decidió qué ocurrirá con esas personas. No me informaron de los detalles, así que ¿podría explicármelos brevemente?
«Esas personas».
Aunque no lo dijo de manera explícita, todos los presentes en aquella habitación sabían a quiénes se refería.
Se trataba de Arthur y Boram. De lo que ocurriría con ellos.
La decisión definitiva sobre su destino se había tomado el día de la audiencia, que para Eddie había sido casi como un interrogatorio, por lo que estaba al tanto del resultado.
Además, tanto Augustine como Ketron merecían conocer los detalles de aquella resolución. Eddie abrió lentamente la boca.
—Arthur… por motivos desconocidos, al parecer su estado mental se ha deteriorado considerablemente. Evitó la ejecución, pero permanecerá encarcelado durante mucho tiempo. En cuanto a Boram, escuché que servirá en el ejército sin rango. Ella misma lo desea.
Era cierto que ambos habían cometido delitos, pero, al final, en los acontecimientos relacionados con Eddie, únicamente habían sido utilizados por los planes del Rey Demonio. Ninguno de los dos había cometido un asesinato directamente.
Por supuesto, su fraude para engañar al mundo entero constituía un delito grave, y recibieron un castigo acorde con ello.
Ambos fueron despojados de sus títulos nobiliarios de manera permanente.
En cuanto a Arthur, nadie sabía qué le había ocurrido, pero abundaban los rumores sobre su reciente inestabilidad. Al final, se esperaba que recibiera una larga condena en prisión. Por otra parte, a Boram se le había ordenado servir en el ejército sin ostentar rango alguno, con el propósito de aprovechar sus habilidades.
Aunque hubieran sido utilizados, la víctima era un miembro de la realeza. Un atentado contra la vida de alguien perteneciente a la familia imperial debía castigarse con la pena más severa sin importar las circunstancias. Sin embargo, Eddie había desempeñado un papel importante para que recibieran condenas relativamente indulgentes.
No lo había hecho porque los hubiera perdonado, sino por Ketron y Augustine.
Había juzgado que, si el destino final de los compañeros con quienes ambos habían afrontado la muerte era la pena máxima, no podrían vivir en paz sin importar las circunstancias.
Después de reflexionar durante mucho tiempo sobre las palabras de Eddie, Augustine dejó escapar un leve suspiro.
—Ya veo. Gracias por decírmelo.
Ketron no dijo nada en particular. Durante toda la explicación de Eddie, se había limitado a comprobar su estado. Cuando Eddie articuló silenciosamente «¿Por qué?», Ketron negó con la cabeza como si no ocurriera nada.
Augustine, que había permanecido pensativo durante unos instantes mientras se acariciaba el mentón, abrió lentamente la boca.
—Señor Paki.
—Sí.
—Poco después de mi regreso, Su Majestad el Emperador me convocó en secreto y me dio una orden.
—¿Mi hermano?
—Sí. Vigilar a Arthur.
Aunque Augustine pertenecía al templo, desempeñaba el papel de mediador entre este y el Emperador, cuya relación era tensa.
Gracias a sus singulares habilidades diplomáticas, en lugar de ser considerado una rata que se aferraba al Emperador pese a pertenecer al templo, había asumido el papel de una deidad guardiana que mediaba en el conflicto entre las dos facciones. Y la orden que había recibido del Emperador era precisamente aquella.
Vigilar a Arthur.
Ese era uno de los motivos por los que el Emperador lo había convocado en varias ocasiones.
Después de su regreso, aunque Augustine encontraba desconocido a Arthur, había buscado tiempo para visitarlo varias veces únicamente debido a aquella orden.
Por supuesto, pese a que se trataba de vigilancia, Augustine no sospechaba, a diferencia del Emperador, que Arthur fuera un Héroe falso. Solo se sentía incómodo ante lo mucho que había cambiado su compañero y no había intentado vigilarlo de manera activa.
Más adelante, aquello se convirtió en una fuente de arrepentimiento para él.
—Debí tomármelo más en serio en aquel momento.
De haberlo hecho, quizá habría podido evitar muchas cosas.
Lo único que quedaba era el arrepentimiento. Aunque él también había perdido sus recuerdos, si le hubiera prestado más atención a Arthur y hubiera detenido sus vanas ilusiones, quizá este no habría empeorado y Eddie no habría resultado tan gravemente herido.
Al vislumbrar el arrepentimiento reflejado en aquella sonrisa amarga, Eddie negó con la cabeza con firmeza.
—Augustine.
—Sí.
—No hiciste nada malo.
Augustine había hecho todo cuanto estaba a su alcance en cada momento. Simplemente se trataba de una corriente que no había podido detener.
Todo lo sucedido.
Augustine se limitó a sonreír ante sus palabras.
Siendo una persona más fuerte de lo que Eddie pensaba, recuperó rápidamente la compostura. Como si aquella sonrisa amarga nunca hubiera aparecido en su rostro, habló con jovialidad.
—En cualquier caso, aunque su reencuentro sea maravilloso, primero tengo que presentar mi informe. Bajaré ahora. Los demás no tardarán en llegar, así que no se encierren en sus habitaciones y bajen dentro de poco.
Tras pronunciar aquella habitual pulla juguetona, agitó la mano y descendió del tercer piso sin vacilar.
Aunque Augustine lograra suavizar la situación hasta cierto punto, muchas cosas no podrían llevarse a cabo sin Ketron, el Héroe. Eddie lo instó a bajar cuanto antes.
—Eddie.
Sin embargo, en cuanto la presencia de Augustine desapareció, como si hubiera estado esperando aquel momento, Ketron pronunció su nombre y se aferró a él con su corpulento cuerpo, como si le rogara cariño. ¿Cómo iba Eddie a apartarlo?
Eddie parpadeó con expresión aturdida al pensar que aquel gato, que había permanecido tranquilo sin ocasionar ningún problema, había causado semejante incidente. Al final, rodeó con los brazos su ancha espalda.
Después de todo, Augustine debía de haber previsto perfectamente que los dos no bajarían de inmediato como niños obedientes. Quizá no pasaría nada si se retrasaban un poco.
Al pensarlo bien, el incidente provocado por Ketron se debía a que había deseado ver a Eddie cuanto antes. Eddie tampoco quería reprenderlo una y otra vez por lo mismo.
Finalmente, incapaz de oponerse a su corazón, que siempre se ablandaba sin remedio cuando se trataba de su gato, Eddie estrechó con fuerza la cintura de Ketron, relativamente delgada en comparación con su torso firme.
Convenciéndose de que retrasar un poco más la resolución del problema no supondría una gran diferencia, considerando que el incidente ya había ocurrido, Eddie mantuvo a Ketron entre sus brazos durante mucho tiempo.
Por fin se habían reencontrado.
La afirmación de Augustine de que todas las fuerzas de subyugación serían las protagonistas de la ceremonia de bienvenida resultó ser cierta.
Al parecer, no se celebró ningún desfile porque Ketron se había negado, pero sí organizaron una grandiosa ceremonia para recibir a las fuerzas de subyugación después de todos sus esfuerzos, y el Emperador abrió generosamente las arcas imperiales para recompensarlas.
Incluso sin desfile, por orden del Emperador se esparcieron flores y monedas de plata por las calles, tal como la vez anterior.
Se prometieron grandes recompensas tanto para los supervivientes como para los caídos. Aquel día, todos los habitantes del Imperio parecían felices.
—…A mi hermano de verdad le gustan las flores y las monedas de plata.
Eddie rio mientras contemplaba las calles festivas desde la ventana y después cerró las cortinas.
Por fortuna, no experimentó la misma amargura que había sentido al presenciar el primer desfile.
En aquel entonces, lo habían invadido emociones complejas al contemplar cómo la gente celebraba sin saber que el verdadero Héroe, a quien todos habían olvidado, yacía frente a su casa. Sin embargo, ahora sabía dónde estaba el Héroe y lo había visto con sus propios ojos recorrer el sendero de la gloria.
Augustine, que se había encargado de resolver el problema, y Gerold, que había arreglado diligentemente el desastre causado por la desaparición de Ketron, lucían agotados. En cuanto se encontró con Ketron, Ebon comenzó a gruñirle.
Sin embargo, sus interacciones parecían más cercanas que antes de la partida de las fuerzas de subyugación.
Eddie, convencido de que la convivencia entre los gatos había sido un éxito, comentó algo como «Me alegra que ahora se lleven bien», solo para ver cómo Ebon se levantaba de un salto para protestar.
Poco después, Sebastian, que había corrido hasta la posada al enterarse del regreso de las fuerzas de subyugación, abrazó a Gerold con tanta fuerza que este, desconcertado, lo lanzó por los aires con magia. Fue un incidente menor, pero aquella misma noche todos terminaron reunidos de manera natural en el primer piso de la posada.
Como el establecimiento aún no contaba con instalaciones para preparar comida, le pidieron a Danny que llevara alimentos y bebidas directamente desde el Palacio Imperial, convirtiendo de manera espontánea aquella reunión en su propia pequeña fiesta.
En cierto modo, aquella era su propia ceremonia de bienvenida y su propio desfile.