¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 147
¿Estoy oyendo cosas?
Sin embargo, la calidez del gran cuerpo que lo estrechaba, el aliento sobre su cuello y aquella voz demasiado familiar se sentían demasiado reales.
Eddie volvió lentamente la cabeza.
Cuando sus ojos se encontraron con aquellos ojos oscuros que lo observaban fijamente, finalmente comprendió que aquello no era un sueño, sino la realidad.
—¿Ket?
Eddie pronunció su nombre con cierta confusión.
—Sí.
Recibió una respuesta serena. Como siempre.
No se había equivocado.
Ketron realmente había regresado.
Eddie se apartó de él. Danny no aparecía por ninguna parte y allí solo estaba Ketron.
—Ket…
La sonrisa de Eddie, que se había iluminado de alegría al contemplarlo, se tensó. No lo había notado antes, pero en la comisura del ojo derecho de Ketron se extendía una cicatriz tan prominente que casi lo volvía irreconocible.
Ketron, consciente de dónde estaba fija la mirada de Eddie, esbozó una sonrisa amarga.
—Ya sanó.
—La cicatriz…
La herida había sanado, pero había dejado una cicatriz profunda. Debía de haber sido una lesión mortal cuando se la provocaron.
—Estoy bien. Puedo ver perfectamente. Tardará un poco, pero terminará sanando por completo.
Ketron parecía saber exactamente qué le preocupaba a Eddie y respondió de antemano las preguntas que este estaba a punto de formular.
Sin embargo, aun sabiéndolo, Eddie sintió una punzada de tristeza al ver que aquella cicatriz estropeaba el rostro perfecto que tanto amaba.
Extendió una mano hacia la marca ya curada. La áspera cicatriz parecía difícil de sanar por completo en circunstancias normales, pero en aquel mundo existían la hechicería y los sacerdotes, así que quizá no fuera del todo imposible borrarla.
Pero, más allá de eso, lo afligía el hecho de que Ketron hubiera sufrido una herida tan grave que ni siquiera hubiera podido ocultarla durante el largo tiempo que le había tomado regresar a su lado.
—¿Te dolió mucho?
El Ketron de antes habría negado con la cabeza y dicho que no.
—…Un poco.
Sin embargo, en vez de fingir que no había sido así, Ketron decidió quejarse ante su amante. Quizá aquel fuera uno de los pequeños cambios ocurridos entre Eddie y Ketron.
No fingir. Ser sinceros el uno con el otro.
Como si quisiera recompensar aquella sinceridad, Eddie rozó suavemente con los labios la cicatriz cercana a su ojo.
Después de recibir varios besos breves que le provocaban cosquillas, Ketron, incapaz de soportarlo por más tiempo, atrajo a Eddie hacia sí y lo estrechó con fuerza.
Envuelto por aquel cuerpo firme, Eddie comprendió tardíamente que el corazón le latía con violencia.
Ah, ha vuelto.
Ketron había regresado. Había vuelto con vida al lado de Eddie tras completar su largo viaje. Tal como se lo había prometido.
—Ket.
—Sí, Eddie.
—…Bienvenido a casa.
Eddie finalmente le dio la bienvenida.
Extendió una mano y acarició el rostro de Ketron. Como siempre que Eddie lo tocaba, Ketron aceptó pasivamente sus caricias. Mientras cerraba los ojos con docilidad, la mano de Eddie recorrió su terso rostro, descendió de manera natural por su cuello y rozó ligeramente la parte superior de su cuerpo, cubierta apenas por una fina capa de ropa a pesar del frío.
Entonces sintió que los músculos ya firmes de Ketron se tensaban. Ketron dejó escapar un suspiro.
—Eddie, si me tocas de esa manera, no podré contenerme.
Había permanecido involuntariamente en abstinencia durante meses. Eddie sabía mejor que nadie que los sentimientos entre ellos no eran puramente platónicos, pero su contacto de ahora poseía un significado diferente.
…Siento como si hubiera tocado un cuerpo parecido hace apenas unos días. Cuando creí que estaba soñando.
Con razón le había resultado tan extrañamente familiar.
Eddie se mordió con fuerza el labio. Por alguna razón, después de tanto tiempo, sintió que una ligera irritación comenzaba a invadirlo. La ternura que le había llenado el pecho apenas unos instantes antes se evaporó en un segundo. Mientras se tocaba la nuca, que comenzaba a hormiguearle, habló.
—Hace unos días tuve una experiencia que parecía un sueño.
En realidad, no había dejado de pensar en aquello desde que despertó.
¿De verdad había sido un sueño?
La calidez que persistía en su cuerpo, las marcas y aquel dolor sordo… Por más que lo pensara, se sentía como la mañana posterior a una noche de intimidad, lo cual era extraño.
—Apareciste… y te subiste encima de mí mientras estaba acostado.
—…
—Me atormentaste durante toda la noche, pero, cuando desperté, habías desaparecido como si nada. Además, no había noticias del regreso del Héroe por ninguna parte, así que naturalmente pensé que había sido un sueño. Pero me dolía la espalda y también la parte inferior del cuerpo, por lo que me pareció extraño.
Le había resultado tan extraño que Eddie incluso le había preguntado a Danny:
—Danny, ¿hay alguna noticia sobre las fuerzas de subyugación?
—Me disculpo. No hay ninguna noticia en particular.
No, no tienes por qué disculparte…
Mientras decía aquello, Eddie se sintió avergonzado y pensó que, en efecto, todo había sido producto de su imaginación. Incluso se reprendió a sí mismo, preguntándose qué clase de delirio había tenido.
Sin embargo, ahora que se reencontraba con Ketron después de tanto tiempo, tocaba aquel cuerpo familiar y percibía su aroma particular, finalmente comprendió la verdad.
Ah, entonces aquello no fue un sueño.
—¿Cuándo… cuándo llegaste a la capital?
Al escuchar la pregunta, Ketron evitó sutilmente la mirada de Eddie. Por supuesto, al percatarse de ello, Eddie obtuvo la certeza que necesitaba.
Bajo la mirada penetrante de Eddie, Ketron abrió la boca con vacilación.
—El trayecto a caballo tomaría unos tres días, así que me impacienté. Si utilizaba todo mi maná para viajar solo, podría verte en una o dos horas… Pero no podía traer conmigo a semejantes cargas. Ya estábamos casi aquí, pero todos insistieron en que no podíamos entrar precipitadamente, que debíamos avisar con anticipación y celebrar una ceremonia de bienvenida. Repetí muchas veces que no necesitaba ningún desfile ni ceremonia, pero se opusieron enérgicamente. Dijeron que también debía hacerse por el ejército que había hecho sonar las campanas de la victoria, así que no pude marcharme. Nada salía como yo quería.
Probablemente, aquella era la frase más larga que Ketron había pronunciado jamás siendo él mismo.
Lo que había detenido a Ketron en aquellas circunstancias quizá fuera la expresión «una ceremonia de bienvenida para el ejército que había hecho sonar las campanas de la victoria».
Por supuesto, Ketron era el protagonista principal, pero las fuerzas de subyugación también eran protagonistas de aquella victoria.
Además, Eddie había oído que no habían sido pocos quienes se sacrificaron. Un desfile en su honor era indispensable, por lo que Ketron no podía haber actuado de manera imprudente.
—Me estaba volviendo loco por no poder llegar hasta ti durante meses, pero me preocupaba que, si simplemente entraba y acudía directamente a verte, pudiera causarte problemas.
Por eso vine en secreto…
Mientras continuaba justificándose, el rostro desconcertado de Eddie se tiñó rápidamente de rojo intenso.
Incapaz de contenerse por más tiempo, Eddie golpeó el hombro de Ketron. Este dejó escapar una exclamación y se estremeció, pero era imposible que el hombre que había salvado al mundo dos veces y se había enfrentado solo al Rey Demonio sintiera verdadero dolor por el golpe de Eddie, un simple mortal.
—Aun así, ¿irrumpiste en el Palacio Imperial y atacaste a una persona mientras dormía? ¿Eres una bestia?
—Eddie…
Ketron lo miró con una expresión bastante lastimera.
—¿Ya no te duele? Tenía prisa y no pude ser considerado contigo…
—¡Cállate!
¡Con razón me dolía el trasero a pesar de que supuestamente solo había sido un sueño!
¡El gato callado había sido el primero en subirse al fogón!
Eddie sabía que Ketron era bueno en todo lo que implicara acciones físicas y que aprendía con rapidez. Sobre todo en aquel aspecto, su destreza había progresado tan vertiginosamente como si su talento hubiera florecido de repente, hasta el punto de hacer pensar a Eddie que algún día lo devoraría en un instante.
¡Pero, aun así, había aparecido sin hacer ruido y lo había devorado con tanto gusto mientras dormía!
—¡Con razón me dolía todo el cuerpo por algo que creí que solo había sido un sueño! ¿Eh? Cuando estaba despertando, me mantuviste dormido deliberadamente, ¿verdad?
—Estrictamente hablando, yo no debía estar allí. Eddie, espera un momento. Por favor, no te enfades.
—¿Lo sabías y aun así lo hiciste? ¿Eh? ¡Cómo quieres que no me enfade! Y por fortuna nadie te descubrió, pero ¿qué habría ocurrido si te hubieran atrapado infiltrándote en el Palacio Imperial? ¿Quieres que te castiguen?
—Estaba seguro de que no me descubrirían… No, lo siento. Eddie, me equivoqué. Por favor, no te enfades.
Ketron, con absoluto descaro, miró lastimeramente al enfadado Eddie y luego le dio un beso en la mejilla.
Sabía perfectamente que, si se comportaba de manera adorable, Eddie dejaría pasar casi cualquier cosa, y se estaba aprovechando de ello.
Eddie pensó que su táctica era demasiado evidente, pero se dio cuenta de que poco a poco estaba cayendo en ella.
Dio unas cuantas palmaditas al gran cuerpo que lo atraía hacia sí, pero sus manos pronto optaron por rodear aquella espalda ancha.
Lo había extrañado durante demasiado tiempo como para limitarse a guardarle rencor. Apenas habían comenzado a salir oficialmente cuando se vieron separados por la fuerza y, además, Ketron había arriesgado la vida para proteger aquel mundo y había regresado.
—Te extrañé, Eddie.
Las palabras que Ketron había pronunciado al reencontrarse con él volvieron a salir de sus labios.
Eddie estrechó con más fuerza al hombre que tenía entre sus brazos. Apretó su ancha espalda con tal intensidad que las venas de sus brazos se marcaron.
—Sí. Me alegra que hayas regresado sano y salvo.
Le dolía ver una cicatriz sobre aquel rostro tan apuesto, pero Ketron había dicho que sanaría por completo…
Con ese pensamiento, Eddie quiso estrecharlo todavía más entre sus brazos y aumentó la fuerza de su abrazo. Sin embargo, en aquel instante, sus ojos se encontraron con un rostro sonriente que asomaba por detrás de la espalda de Ketron.
Era Augustine.