¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 109

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  4. Capítulo 109
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Eddie, que se había bañado primero y por eso ya estaba acostado en la cama, pensó por un momento en fingir que estaba dormido.

Pero, por mucho que su cuerpo estuviera agotado, quizá porque habían sucedido demasiadas cosas ese día, le era imposible conciliar el sueño.

Y la persona con la que compartía la habitación era Ketron.

Quizá el hombre más fuerte del mundo.

Y, en muchos sentidos, alguien extraordinariamente perceptivo.

Era imposible que confundiera a un Eddie completamente despierto con alguien dormido.

Al final, Eddie solo pudo permanecer acostado, mirando fijamente el desconocido techo mientras se perdía en sus pensamientos.

Un mundo donde los recuerdos habían regresado.

El Rey Demonio.

La posada destruida.

Boram.

Augustine.

La tienda de conveniencia.

Arthur.

El Palacio Imperial…

Crac… crac… crac…

—Ugh…

Eddie frunció el ceño, como si unos engranajes chirriaran ensordecedoramente justo al lado de su oído.

Aunque el sonido había cesado por el momento, Eddie no era tan ingenuo como para creer que había desaparecido porque todos los problemas se hubieran resuelto.

El silencio actual se parecía más a la calma que precede a una tormenta.

Un breve respiro antes de que estallara un enorme vendaval.

Aquella tranquilidad era, precisamente, lo que más miedo le daba.

Porque no sabía qué iba a ocurrir.

Afortunadamente… o quizá por desgracia, a diferencia de lo sucedido durante el Torneo, la historia no había torcido por la fuerza su curso para corregir el mundo.

O tal vez…

No era que no lo hubiera hecho.

Sino que no podía hacerlo.

Por mucho que lo pensara, el Rey Demonio era una existencia que jamás debía haber aparecido en la segunda parte.

Quizá todo lo relacionado con él constituía una anomalía.

Algo que ni siquiera la historia de la segunda parte era capaz de controlar.

Entonces…

¿Qué debería hacer yo?

No solo la inesperada resurrección del Rey Demonio.

Eddie, que había cambiado a Ketron, estaba ahora más cerca de convertirse en el culpable que arruinaba al protagonista que en un simple personaje secundario dispuesto a ayudar durante la segunda parte.

No era una conclusión descabellada.

De hecho, llevaba bastante tiempo pensando en ello.

Si simplemente hubiera seguido siendo un buen apoyo para Ketron, tal como había planeado al principio…

Si solo lo hubiera salvado y le hubiera ofrecido un lugar donde quedarse…

Quizá Eddie habría tenido un sitio en el desenlace de la segunda parte.

Pero el final que había visto aquel día…

No tenía lugar para Eddie.

Por un instante llegó a pensar que quizá seguía existiendo cuando terminaba la historia, aunque simplemente no apareciera en escena.

Como un personaje secundario cualquiera.

Alguien cuya existencia no se mencionaba, pero que seguía viviendo tranquilamente en algún rincón del mundo.

Después de todo, muchas novelas ni siquiera explicaban qué ocurría con personajes tan poco importantes.

Sin embargo…

Eddie tenía el presentimiento de que, cuando llegara el final de la historia, él ya no existiría.

Porque, para Ketron, Eddie había dejado de ser un simple personaje secundario.

Por eso no podía evitar sentirse inquieto.

Temía que la historia decidiera borrar su existencia antes de que llegara el final de la segunda parte.

No podía fingir que no lo sabía.

En algún momento, aquella historia había comenzado a mostrar una hostilidad evidente hacia Eddie.

Como si fuera un insecto repugnante que estropeaba al protagonista.

—¿En qué estás pensando?

Mientras Eddie seguía mirando el techo, incapaz de dormir porque sus pensamientos no dejaban de multiplicarse, Ketron salió del baño con el torso desnudo.

En cuanto aquella parte superior del cuerpo, todavía húmeda y perfectamente definida, entró en su campo de visión, Eddie apartó rápidamente la mirada.

El futuro incierto ya era bastante preocupante.

Pero la situación actual tampoco era precisamente sencilla.

La posada había sido destruida.

Naturalmente, toda la ropa que Ketron había guardado con tanto cuidado, al igual que la de Eddie, había desaparecido.

También se habían perdido todas las pequeñas pertenencias que había dentro de la posada.

Por ejemplo…

La caja de música que Ebon le había regalado.

Solo de pensarlo, se deprimía.

Eddie dejó escapar un profundo suspiro.

Aunque aquella mansión pertenecía al Palacio Imperial, no era una residencia habitada de forma habitual, por lo que no había ropa de repuesto.

Gerold había limpiado mediante Hechicería las prendas manchadas por la lluvia negra, pero ese día solo disponían de la ropa que llevaban puesta.

Parecía que, a partir del día siguiente, tendrían que salir a comprar ropa nueva.

Aunque…

Con el Rey Demonio resucitado, ni siquiera estaba seguro de que hubiera comerciantes abiertos.

—Bueno… supongo que lo primero será comprar ropa.

—¿Te sientes incómodo?

—Al menos estaría bien tener algo cómodo para cambiarse, ¿no? A menos que pienses pasearte desnudo.

Eddie nunca había sido especialmente exigente.

Pero estaba convencido de que no había nada mejor que ropa cómoda para dormir.

Lo lógico habría sido quitarse aquella ropa incómoda antes de acostarse.

Sin embargo, Eddie, que normalmente dormía con pijama o, si no tenía, completamente desnudo…

Ahora estaba totalmente vestido.

¿La razón?

Ahora sabía perfectamente que mostrarse demasiado ligero de ropa delante de Ketron equivalía prácticamente a invitarlo a devorarlo.

Pero, a diferencia de Eddie, que vivía preocupado por esa posibilidad…

Ketron no tenía ese problema.

O, mejor dicho, si Eddie se lanzaba sobre él para devorarlo, probablemente lo recibiría con los brazos abiertos.

Así que exhibía sin el menor pudor aquel magnífico cuerpo, sin importarle si Eddie lo miraba o no.

No…

A esas alturas, ya no era una cuestión de si lo miraba.

Más bien parecía decirle:

«Mírame todo lo que quieras».

Y, ciertamente…

Su cuerpo era impresionante.

No.

Más que impresionante.

Era evidente que un físico así no podía conseguirse simplemente entrenando durante uno o dos años.

Mientras Eddie se quedaba embobado contemplándolo…

Sus miradas se encontraron.

Sin saber dónde posar los ojos, Eddie los hizo vagar de un lado a otro hasta terminar fijándolos en un punto cualquiera del aire.

—Puedes mirar un poco más, si quieres.

—¿Mirar qué…?

Eddie murmuró la negación.

Ketron, que obviamente había notado su mirada, no señaló aquella mentira tan torpe.

Solo dijo:

—De todas formas, es tuyo.

Sacudiéndose el cabello todavía húmedo, Ketron se sentó con total naturalidad sobre la cama donde Eddie estaba acostado.

El colchón se hundió ligeramente bajo su peso.

Solo entonces Eddie volvió a mirarlo.

Ketron extendió una mano y acarició con naturalidad la mejilla de Eddie.

Aquel contacto ya le resultaba extrañamente familiar.

¿En qué estaba pensando?

Las palabras de Ketron habían borrado por completo todas las preocupaciones que llenaban la cabeza de Eddie.

Parpadeó varias veces.

Ah, cierto.

Estaba pensando en cosas bastante importantes.

Había muchas preguntas que quería hacerle a Ketron.

Aunque no lograra recordarlas todas debido a la confusión del momento.

¿Cómo te sientes ahora que el mundo por fin te recuerda?

¿Estás bien?

¿Y qué piensas hacer ahora que el Rey Demonio ha resucitado?

Muchas preguntas acudieron a su mente.

Pero, al final, lo único que dijo fue:

—Ket… ¿qué quieres hacer a partir de ahora?

La verdad era que, de no ser por aquel chirrido de engranajes, Eddie no se habría sentido tan confundido por la situación actual.

Después de todo, nunca había vivido en aquel mundo durante la época en que el Rey Demonio gobernaba.

Su resurrección no le resultaba algo verdaderamente tangible.

Pero Ketron…

Él sí era una de las víctimas de aquella época.

Y también quien había derrotado personalmente al Rey Demonio.

Debía de albergar sentimientos muy complejos.

—Bueno…

Sin embargo, Ketron no parecía tan confundido como Eddie esperaba.

—Lo que tengo que hacer sigue siendo lo mismo que antes. Derrotar al Rey Demonio. No hay mucho más en lo que pensar.

El joven que antaño perseguía la gloria parecía haber perdido cualquier interés por ella.

Habló de su deber con absoluta serenidad.

Después apagó la lámpara mágica que iluminaba la habitación.

Ketron se acostó con total naturalidad junto a Eddie.

El intenso aroma de su piel lo envolvió enseguida.

La habitación era individual.

La cama tampoco era muy grande.

Así que ambos quedaron pegados el uno al otro, exactamente igual que cuando compartían cama en la Posada de Eddie.

Era normal sentirse incómodos.

Ni Ketron ni Eddie eran precisamente personas de complexión pequeña.

Y, aun así…

Ninguno parecía molesto.

Ya se habían acostumbrado bastante a aquella situación.

Y ambos sabían lo agradable que resultaba el calor del otro cuando sus cuerpos permanecían pegados.

A esas alturas, Eddie podía comprenderlo con solo cruzar una mirada.

Cuánto lo quería Ketron.

Cuánto espacio ocupaba él en su corazón.

Y cuánto estaba conteniéndose.

Aquel joven, que apenas acababa de vivir su vigésimo invierno, parecía adquirir cada día más paciencia.

Acostado frente a Eddie, Ketron acercó lentamente los labios a los suyos.

Y, en cuanto sus bocas se tocaron, Eddie abrió los labios de manera completamente natural.

La lengua que se deslizó dentro de su boca era cálida y firme.

Se movía con total libertad, como si aquella boca fuera su propio territorio.

Era tan hábil que costaba creer que perteneciera al mismo hombre que, durante su primer beso, se había mostrado tan rígido.

Aquello solo complicaba aún más los sentimientos de Eddie.

Se había convertido en todo un adicto a los besos.

Como besar era lo único que Eddie le había permitido hacer, era lógico que toda su habilidad hubiera mejorado únicamente a base de besarlo una y otra vez.

Además, tal como había prometido, Ketron era bueno en cualquier cosa que implicara usar el cuerpo.

Su técnica al besar había mejorado en un abrir y cerrar de ojos.

Probablemente ocurriría lo mismo con cualquier otra cosa.

Una vez superada la torpeza inicial, aprendería enseguida.

Aquella noche también…

Al principio sus movimientos de cadera habían sido algo torpes.

Pero enseguida se había acostumbrado.

Y prácticamente había jugado con Eddie a su antojo.

Cuando aquellos recuerdos, que había conseguido apartar durante un tiempo, volvieron de golpe a su mente…

El rostro de Eddie se calentó de inmediato.

Sentía que había terminado cayendo en su propia trampa.

Había intervenido para salvar a Gerold, que parecía desconcertado…

Aunque, siendo sinceros, la expresión de Gerold había parecido decir más bien:

«¿Qué demonios está haciendo este tipo?»

Así que ni siquiera estaba seguro de que realmente hubiera estado avergonzado.

Ketron, comprendiendo de algún modo la expresión alterada de Eddie y el modo en que sus ojos iban de un lado a otro, siguió mordisqueando y besando sus labios durante largo rato.

Después soltó un suspiro y dijo:

—No lo haré. Tú no tienes intención de acostarte conmigo, ¿verdad?

Aquello, por supuesto…

Era un malentendido completamente absurdo.

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