¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 108

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  4. Capítulo 108
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Eddie contempló con el rostro pálido a Ketron y Augustine, que estaban abrazados. Ketron no dejaba de decirle que no pasaba nada a Augustine, quien se disculpaba una y otra vez.

Eddie sabía perfectamente por qué se disculpaba.

Sus recuerdos habían regresado.

Y no solo los de Augustine, sino los de todas las personas de este mundo.

—Gerold, ¿sabes quién es Ketron?

Eddie se lo preguntó a Gerold, que se encontraba detrás de él. Gerold miró de reojo a Ketron y asintió.

—Sí. Era real.

Era una suerte que Gerold fuera tan indiferente. De lo contrario, descubrir que el hombre con quien discutía constantemente era el verdadero Héroe habría resultado impactante.

Sebastian, que estaba detrás de Gerold, tenía la boca abierta de par en par. Ebon, en cambio, se limitaba a mirar con cierta decepción el lugar donde se encontraba la tienda de conveniencia.

—Haa…

Con el regreso del nombre del Héroe, no resultaba extraño que las personas recuperaran los recuerdos que habían perdido sobre él, especialmente porque el Rey Demonio, cuya existencia había desaparecido junto con la del Héroe, había resucitado.

Debería haberse alegrado.

Debería haberse sentido simplemente feliz de que Ketron hubiera recuperado aquello que le habían arrebatado.

Chirrrr…

Pero el sonido discordante de engranajes rechinando, que llevaba un rato resonando en sus oídos, era demasiado fuerte, y Eddie no podía sentir una alegría pura.

No era que no lo supiera.

Comprendía perfectamente por qué la historia emitía aquel estridente sonido que gritaba que algo estaba «mal».

Aquella lluvia negra y la resurrección del Rey Demonio no formaban parte del curso que la historia tenía previsto.

La resurrección del Rey Demonio no pertenecía a la trama de la segunda parte.

El final de la segunda parte que Eddie había confirmado era…

El Héroe partiendo de viaje junto con sus nuevos compañeros para «exterminar a los demonios restantes».

En aquella historia, el Rey Demonio, tanto entonces como ahora, no existía. Ya había desaparecido de este mundo.

No debería haber resucitado de aquella manera.

Chirrrr…

Sin embargo, aquella existencia había vuelto a la vida.

Y lo había hecho de una forma que contradecía por completo el final establecido para la segunda parte.

Como si la historia fuera incapaz de tolerarlo, sus engranajes continuaban rechinando de manera discordante, como si todo se hubiera desviado por completo.

Tal vez la visita del Rey Demonio a Eddie no había provocado grandes problemas porque se trataba de una «resurrección incompleta» y, por lo tanto, no había afectado la historia.

Pero ahora había resucitado por completo y trastocado totalmente el curso del relato.

¿Qué ocurriría ahora con una historia tan retorcida?

La historia deseaba un final perfecto.

Y, para conseguirlo, no dudaba en alterar por la fuerza su propio desarrollo.

Seguramente Ketron estaba destinado a recuperar su gloria de una forma u otra en algún momento de la segunda parte.

Pero no de esta manera.

¿Acaso la historia recibiría con agrado a seres como el Rey Demonio o Eddie, que estaban desviando el relato hacia un rumbo no previsto?

No.

Por supuesto que no.

Entonces, ¿por qué la historia no convertía la resurrección del Rey Demonio en un hecho borrado?

Quizá alterar la historia a la fuerza, como había ocurrido durante el Torneo, no era tan sencillo como Eddie había supuesto.

Todo eran meras conjeturas sin una conclusión clara.

Solo conseguían provocarle dolor de cabeza.

Eddie se cubrió el rostro con ambas manos y suspiró.

Aun así, el chirrido discordante que solo él podía escuchar continuó resonando sin detenerse.

Poco después, Boram fue llevada por el Cuerpo de Magos bajo el mando directo del Palacio Imperial. Llevaba puesto un dispositivo de restricción de maná.

Con el marqués Rivalt, responsable del Cuerpo de Magos del Palacio Imperial, interviniendo personalmente, el destino de Boram no sería favorable bajo ningún concepto.

Por supuesto, el marqués Evans no parecía la clase de padre despiadado que abandonaría a su hija en prisión, así que era difícil saber qué ocurriría después. Sin embargo, con tantos testigos, no podría evitar ser detenida de inmediato.

—Ketron.

Justo antes de que se la llevaran, Boram se dirigió por primera vez en mucho tiempo al compañero al que había traicionado.

Augustine había visitado a Ketron en varias ocasiones incluso mientras había perdido la memoria, pero, en el caso de Boram, aquella era prácticamente la primera conversación que mantenían desde la derrota del Rey Demonio.

Ketron la miró con el rostro inexpresivo.

Tras dudar durante un momento, Boram contempló su expresión fría y le advirtió:

—Eres lo bastante perspicaz para saberlo, pero el encarcelamiento de Arthur fue obra del Rey Demonio. Y también mi ataque contra ti.

—No estás intentando excusarte, así que ¿qué quieres decir?

—Ten cuidado.

—…

—Parece decidido a vengarse de todos nosotros. Tú conoces sus métodos mejor que nadie, ¿no?

Boram dirigió brevemente la mirada hacia Augustine, como si la advertencia fuera para ambos, y después permitió dócilmente que el Cuerpo de Magos se la llevara.

No era que hubiera experimentado un repentino cambio de opinión y estuviera buscando el perdón de los dos.

Pero tampoco era la clase de persona que mentiría en un momento como aquel.

Augustine dijo que debía dirigirse al templo, que sin duda estaría sumido en el caos, y se marchó tras prometer que volvería a visitarlos pronto.

Eddie contempló al marqués Rivalt, cuyo rostro parecía haber envejecido varios años en apenas unos instantes, y preguntó:

—¿Qué le ocurrirá?

—Extraoficialmente, se considerará un intento de asesinato contra un miembro de la familia imperial, así que tampoco será fácil para el marqués Evans.

Quizá porque Eddie estaba implicado, el marqués Rivalt había acudido personalmente al lugar del incidente, la Posada de Eddie.

No solo Eddie, que era miembro de la familia imperial, sino también el propio hermano menor del marqués se había quedado sin un lugar donde alojarse.

—Pueden quedarse aquí durante un tiempo.

El marqués Rivalt condujo a Eddie hasta una mansión situada no muy lejos de la plaza central.

Según le explicó, se trataba de una propiedad personal del hermano mayor de Eddie, el emperador Ricarius.

—…¿El Palacio Imperial también está sumido en el caos?

Eddie se sentía incómodo manteniendo una conversación directa con el marqués Rivalt, así que vaciló durante un instante. Sin embargo, al final decidió hablarle para satisfacer su curiosidad.

Supuso que utilizar un lenguaje formal resultaría todavía más incómodo, así que se expresó de manera informal para que sonara natural. El marqués Rivalt asintió.

—El Palacio Imperial y la capital están sumidos en el caos. Probablemente todos los países se encuentren en una situación similar. Todo el mundo intenta comprender lo ocurrido.

—Mi hermano debe de estar muy ocupado.

—Estar ocupado es su estado habitual.

—¿No tienes nada concreto que preguntarme?

—Hmm…

Probablemente tenía muchas preguntas.

Si Eddie sabía que Ketron era el Héroe y lo había estado ocultando, o si realmente no tenía conocimiento de ello.

Qué pretendía Ketron al permanecer junto a Eddie.

Sin embargo, el marqués Rivalt negó con la cabeza.

—No creo que ese sea el asunto más importante en este momento.

Poner orden en la situación del Imperio, que había sido sumido en el caos por la resurrección del Rey Demonio, era mucho más urgente que esclarecer la relación entre Eddie y Ketron.

Por supuesto, no era una situación que pudiera resolverse fácilmente por el simple hecho de desearlo.

Era como si un monstruo al que todos creían desaparecido hubiera resucitado o, quizá, nunca hubiera muerto de verdad.

Y el Héroe al que habían amado creyendo que era el verdadero resultaba ser un impostor.

Ese impostor había cometido un crimen grave al asesinar a un noble imperial, y una de las compañeras del Héroe había atacado el lugar donde se alojaba el verdadero Héroe.

El caos era inimaginable.

El marqués Rivalt observó a Eddie durante unos instantes antes de preguntar:

—Solo hay una cosa que deseo confirmar.

—¿Qué es?

—¿Él es el verdadero?

Después de haber sido engañado una vez, no resultaba extraño que mantuviera una actitud cautelosa, incluso tras recuperar sus recuerdos.

Eddie respondió con un suspiro:

—Es el verdadero.

—…Entiendo.

Tal vez considerando que preguntar cómo podía estar tan seguro sería una falta de respeto, el marqués Rivalt asintió sin continuar interrogándolo.

—¿Podrá reconstruirse la posada?

—Sinceramente, quedó destruida de una manera tan completa que sería más rápido construir una nueva.

Era cierto.

Había sido aniquilada por completo, sin dejar siquiera un solo pilar en pie.

Eddie había conservado la esperanza de que existiera alguna posibilidad de restaurarla, pero incluso para el gran marqués Rivalt parecía difícil reconstruir un edificio reducido prácticamente a polvo.

—Por ahora parece complicado reabrir la posada, así que quédense aquí. La situación en el Palacio Imperial también es difícil, por lo que este lugar será más conveniente. Por supuesto, si lo deseas, puedes acudir al Palacio Imperial en cualquier momento.

—Prefiero no hacerlo.

Si un hijo ilegítimo del Emperador, cuya existencia la mayoría de las personas ni siquiera conocía, aparecía de pronto en un Palacio Imperial que ya debía de encontrarse sumido en el desorden, el caos sería inimaginable.

Además, Eddie no tenía ninguna intención de entrar voluntariamente en un lugar que le resultaba completamente ajeno.

El marqués Rivalt se marchó después de pedirle encarecidamente que se pusiera en contacto con él a través de Gerold si ocurría cualquier cosa.

Resultaba sorprendente que, siendo la mano derecha del Emperador, hubiera dedicado tanto tiempo a aquel asunto.

La mansión proporcionada por el marqués Rivalt era bastante espaciosa y estaba bien cuidada.

Francamente, era un edificio mucho más majestuoso que la Posada de Eddie, que después de todo no era más que un establecimiento de hospedaje.

¿Cuántas mansiones de aquel nivel tendría el Emperador en la capital?

Quizá incluso hubiera algunas registradas a nombre de Eddie.

Aunque lo comprendía intelectualmente, Eddie no poseía prácticamente ninguna conciencia de ser miembro de la realeza, por lo que volvió a recordar lo ricos que eran tanto él como su hermano mayor.

Aunque la mansión era amplia según los estándares de Eddie, parecía que la habían preparado apresuradamente como alojamiento temporal.

Una de sus cinco habitaciones estaba siendo utilizada como almacén, por lo que solo quedaban cuatro disponibles.

Eso significaba que dos de las cinco personas tendrían que compartir habitación.

Y, por casualidad, Eddie y Ketron terminaron juntos.

—Ebon y yo…

En circunstancias normales, Gerold habría compartido habitación con Ebon de manera natural.

—No.

Sin embargo, quien lo detuvo inesperadamente fue Sebastian.

—No compartamos habitación.

Ante aquella afirmación repentina y sin ninguna explicación, Gerold frunció el ceño y miró a Sebastian.

Pero Sebastian sostuvo su mirada con una expresión resuelta que Gerold jamás había visto antes.

Ebon, incapaz de entender lo que ocurría, dejó escapar un confundido:

—¿Eh?

Después miró alternativamente a Gerold y a Sebastian.

Ketron, por su parte, parecía indiferente, como si el asunto no le importara.

Al final, Eddie tuvo que intervenir.

—Eh… yo compartiré habitación con Ket.

¿Así quedaba resuelto?

En realidad, nada había sido resuelto, pero parecía una solución razonable.

Una decisión con la que nadie estaba satisfecho, pero que tampoco desagradaba realmente a nadie.

Sin embargo, aquella elección, que Eddie había considerado una solución razonable, comenzó a parecerle una pésima idea esa misma noche.

Cuando se acostó en la cama con el cuerpo agotado por todo lo ocurrido, tomó plena conciencia de que tendría que compartirla con el joven Héroe.

Un Héroe al que, a aquellas alturas, ya podía llamar sin ninguna exageración el demonio de los besos.

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