Hasta una ardilla solitaria tiene un hogar - Capítulo 94

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De pie frente a la puerta, Garam no podía ocultar su nerviosismo.

Todo lo que tenía que hacer era abrirla y salir.

Y, sin embargo, ese gesto tan simple le resultaba inexplicablemente difícil aquel día.

En realidad, conocía perfectamente la razón.

Precisamente porque la conocía demasiado bien era que tenía ese problema.

Bzzz—.

La vibración del teléfono en su mano le impidió seguir dando vueltas frente a la puerta.

Era un mensaje de Jang Seokgyu.

Normalmente, él salía antes para esperarlo, pero ese día había permanecido demasiado tiempo dudando frente a la puerta y ya iba tarde.

—Haa…

Le preocupaba que la otra persona ya estuviera esperándolo afuera, pero tampoco podía hacer esperar eternamente a Jang Seokgyu.

Si seguía faltando a clases, sin duda tendría que volver a cursar la materia.

Simplemente no podía faltar a la universidad.

Al final, Garam respiró hondo frente a la puerta.

Incluso mientras sujetaba el picaporte y la abría, sentía el corazón latiéndole con fuerza.

Después de abrirla, salió con cautela.

La casa estaba en silencio.

No se oía ningún ruido proveniente de la cocina y la puerta del dormitorio de Sa Muheon seguía firmemente cerrada.

Como había pasado toda la noche despierto y no había escuchado abrirse la puerta principal, era evidente que Sa Muheon todavía no había salido de su habitación.

Al no ver a la persona de la que más intentaba mantenerse alejado en ese momento, Garam caminó rápidamente hacia la entrada.

Estaba poniéndose los zapatos apresuradamente cuando una voz sonó detrás de él.

—¿Ya te vas?

—¡Ah…!

Del susto, sintió que el corazón casi se le salía del pecho.

Al mismo tiempo, sus orejas y su cola aparecieron de golpe.

Levantó ambas manos para cubrirse las orejas, que se habían erguido tanto que incluso el suave pelaje estaba completamente erizado, y se giró lentamente.

—Perdón. ¿Te asusté?

La puerta del estudio estaba abierta y Sa Muheon permanecía apoyado contra el marco.

Aunque se disculpaba con palabras, en su rostro no había el menor rastro de arrepentimiento.

Al contrario.

Sonreía con más brillo que de costumbre.

Ante una expresión así, cualquier intención de enfadarse desaparecía por sí sola.

Garam jugueteó nerviosamente con las manos, sin saber qué responder.

Antes siquiera de encontrar las palabras adecuadas, Sa Muheon comenzó a acercarse con toda tranquilidad.

—Pensabas irte sin despedirte de mí, ¿verdad?

—Ah…

Cualquiera podía darse cuenta de que había intentado escabullirse para evitarlo.

No tenía ninguna excusa.

Al ver que Garam vacilaba, Sa Muheon adoptó una expresión herida y volvió a hablar.

—Eso duele, ¿sabes?

—Bueno… yo…

—No dormí en toda la noche.

¿Debería disculparse?

Garam dudó torpemente mientras Sa Muheon acortaba todavía más la distancia entre ambos.

Instintivamente intentó retroceder.

Pero la puerta principal bloqueó cualquier vía de escape.

Una intensa sensación de déjà vu lo invadió.

Había vivido exactamente la misma situación apenas unas horas antes.

Sa Muheon soltó una suave risa y levantó una mano.

Sus dedos avanzaron lentamente hasta rozar los labios de Garam.

Era un contacto completamente distinto al de los suaves labios que habían tocado los suyos la noche anterior.

Pero la forma en que los presionó ligeramente antes de retirarlos hizo que Garam recordara inevitablemente aquel beso.

Un intenso rubor cubrió todo su rostro.

Su corazón latía con tanta fuerza que sentía que iba a estallar.

Temiendo que de verdad pudiera salírsele del pecho, apoyó una mano sobre él intentando calmarlo.

Aunque no dijo nada, Sa Muheon parecía leer con facilidad todo lo que pasaba por su cabeza.

Con una leve sonrisa, volvió a acercarse.

—¿P-por qué…?

Con la distancia reduciéndose cada vez más, Garam apenas consiguió formular aquella pregunta.

Sa Muheon simplemente sonrió.

Ya no sabía si su corazón se aceleraba por el atractivo rostro de Sa Muheon, por la cercanía entre ambos o por el recuerdo de la noche anterior.

Estaban tan cerca que Garam empezó a temer que Sa Muheon pudiera escuchar los violentos latidos de su corazón.

Incapaz de soportarlo más, desvió la mirada.

Pero, a diferencia de la noche anterior, Sa Muheon no intentó obligarlo a mirarlo.

Simplemente le dio dos suaves palmadas sobre la cabeza antes de dar un paso atrás.

Aquel gesto, tan inesperadamente natural, dejó a Garam aún más desconcertado.

Un momento antes había parecido tan dominante como la noche anterior.

Y ahora actuaba como un auténtico caballero.

Garam levantó la vista, completamente confundido.

Sa Muheon dejó escapar una risita.

—Iba a dejarte ir sin más… pero con esa forma de mirarme es imposible contenerme.

Sobresaltado, Garam se cubrió rápidamente la boca con una mano.

Pero Sa Muheon soltó otra risa y apartó con delicadeza aquella mano.

Convencido de saber lo que iba a ocurrir, Garam cerró los ojos con fuerza.

Sin embargo…

El momento para el que se había preparado nunca llegó.

Chup.

En lugar de eso, sintió un contacto suave sobre la palma de su mano, acompañado de un sonido tan evidente como vergonzoso.

Cuando abrió lentamente los ojos, encontró a Sa Muheon sonriendo muy cerca de él.

—¿Esperabas otra cosa?

—¡Ugh…!

Con el rostro tan rojo que parecía a punto de explotar, Garam apartó bruscamente la mano que Sa Muheon sujetaba con suavidad.

Enseguida abrió la puerta principal y salió apresuradamente.

Si volvía a quedarse atrapado allí, no tenía idea de qué clase de cosas podrían salir de su boca.

Sin volver la vista atrás, salió corriendo desde la entrada.

A sus espaldas podía escuchar la risa de Sa Muheon.

La diversión…

Y el inconfundible afecto que contenía aquella risa hicieron que el rostro de Garam ardiera todavía más, sin mostrar el menor signo de enfriarse.

—¡Que tengas un buen día!

Cuando la risa cesó, la voz de Sa Muheon volvió a resonar.

Garam, que caminaba a toda prisa, vaciló por instinto durante un instante.

Pero enseguida aceleró de nuevo el paso y corrió hacia el garaje.

El viento arrastró hasta él la baja risa de Sa Muheon.

Sin embargo, Garam no volvió la cabeza ni una sola vez.

Mantuvo la vista fija al frente.

Al llegar al garaje, subió apresuradamente al asiento del copiloto.

—Ya lle… ¿eh?

Jang Seokgyu, que lo estaba esperando, iba a saludarlo como de costumbre.

Pero sus palabras quedaron a medias al ver el intenso color rojo del rostro de Garam.

—¿Pasó algo?

Preguntó con preocupación.

Pero Garam fue incapaz de responder.

Simplemente negó con la cabeza, manteniendo los labios firmemente cerrados.

Al verlo así, Jang Seokgyu le lanzó una mirada preocupada, aunque finalmente puso el coche en marcha sin seguir insistiendo.

Garam, sintiendo el calor que aún desprendía su rostro, comenzó a abanicarlo ligeramente con la mano mientras dirigía la vista hacia la ventana.

La noche anterior, después de aquel beso juguetón, había permanecido despierto hasta el amanecer.

Sa Muheon había insistido en que, aunque había bebido, estaba completamente consciente.

Pero, siendo sincero, Garam no había podido creerle del todo.

Después de todo…

Los borrachos siempre decían que estaban perfectamente.

Por eso no se había tomado demasiado en serio sus palabras.

Sin embargo, al mismo tiempo…

Una parte de él no podía evitar preguntarse:

¿Y si Sa Muheon realmente hablaba en serio?

Acostado en la cama, Garam había pasado horas intentando calmar el caos de su corazón.

Y cada vez que recordaba el roce de sus labios…

Volvía a sentirse terriblemente avergonzado.

En el instante en que Sa Muheon lo besó, comprendió que aquel recuerdo de la vez que él mismo, borracho, había besado a Sa Muheon no había sido una fantasía absurda nacida del alcohol.

Las palabras que Sa Muheon pronunció después lo dejaron completamente claro.

Después de todo…

Había sido él quien, estando ebrio, besó a Sa Muheon y luego lo olvidó por completo.

Así que era perfectamente posible que, al despertar, Sa Muheon también olvidara lo ocurrido la noche anterior.

Pero, recordara o no…

Garam no tenía la menor idea de cómo debía mirarlo a la cara.

Por eso había intentado evitarlo esa mañana.

De hecho, si hubiera podido, pensaba mantenerse alejado durante unos días.

Al menos hasta ordenar sus sentimientos y descubrir cómo comportarse delante de él.

Pero Sa Muheon había aparecido frente a él como si ignorara por completo el torbellino que agitaba su corazón.

Y no solo recordaba perfectamente todo lo ocurrido la noche anterior, tal como había dicho…

—Ugh…

Cuando por fin empezaba a tranquilizarse, sus mejillas volvieron a arder.

Además, de repente se dio cuenta de que la mano sobre la que había estado apoyando la barbilla era precisamente la misma cuya palma Sa Muheon había besado hacía unos momentos.

Sentía la palma ardiendo.

—…¿De verdad estás bien?

Jang Seokgyu, que no había dejado de observarlo de reojo, preguntó con cautela.

Al darse cuenta de lo inquieto que había estado actuando, Garam se apresuró a disculparse.

—Sí, sí. Estoy bien. Perdón… Debo de estar distrayéndote mientras conduces.

Pero Jang Seokgyu simplemente negó con la cabeza.

—No pasa nada. Solo me preocupaba que hubiera ocurrido algo.

—Ah…

Al escuchar la sinceridad en su voz, Garam dejó escapar una pequeña sonrisa.

Durante un breve instante, Sa Muheon desapareció de sus pensamientos.

En su lugar quedó la cálida sensación de saber que había alguien preocupado por él.

Pero no podía contarle toda la verdad a Jang Seokgyu.

No solo desconocía cuál sería su reacción.

Tampoco tenía deseos de compartir algo tan personal con otra persona.

Garam volvió a mirar por la ventana, perdido en sus pensamientos.

Si era completamente honesto…

Sí se había sorprendido.

Pero no le había disgustado.

Además, había sido él quien, estando borracho, besó primero a Sa Muheon.

Así que ambos podrían simplemente atribuirlo a un error cometido bajo los efectos del alcohol.

Pero Garam no quería hacerlo.

Y, por suerte…

Parecía que Sa Muheon tampoco.

A Garam le gustaba Sa Muheon.

Pero…

¿Sa Muheon sentía lo mismo por él?

Recordó los prejuicios contra los hombres bestia serpiente de los que Sa Muheon le había hablado tiempo atrás.

Y junto con ellos aparecieron también aquellos rumores.

Que los hombres bestia serpiente no se conformaban con una sola pareja.

Que llevaban una vida promiscua, rodeados de múltiples amantes.

¿Y si… simplemente se estaba tomando todo esto a la ligera?

La expresión de Garam se ensombreció al instante.

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