Hasta una ardilla solitaria tiene un hogar - Capítulo 76

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—Hmm…

Acostado boca arriba, con las manos entrelazadas sobre el pecho, Garam dejó escapar un pequeño suspiro.

Había dormitado a ratos, pero ahora estaba completamente despierto. Con cada minuto que pasaba, su mente se despejaba un poco más.

Al final, renunció a la idea de obligarse a dormir. Suspiró en voz baja y se giró para quedar de lado.

En el silencio absoluto de la noche, rodeado por una oscuridad total, innumerables pensamientos comenzaron a invadir su mente. La mayoría giraban en torno a Sa Muheon.

¿Por qué Sa Muheon estaba manteniendo las distancias con él? ¿Por qué ya no le sonreía con aquella calidez de antes?

Un pensamiento llevó a otro, hasta que todos terminaron convergiendo en una única pregunta.

Si lo pensaba con sinceridad, Sa Muheon no tenía ninguna obligación de sonreírle con tanta calidez.

Cuando Garam vivía en su forma original, aquello era algo natural. Sa Muheon debía procurar no estresarlo demasiado y, además, como encontraba adorable su apariencia de ardilla, seguramente no le resultaba difícil tratarlo con tanto cariño.

Pero ahora era diferente.

Aunque nadie sabía cuándo Garam podría volver a su forma original debido a un estrés extremo, por el momento ese peligro no existía. Y tampoco tenía sentido que siguieran consintiéndolo como a un niño cuando ya era un adulto.

De hecho, el propio Garam se sorprendía de sí mismo por haber dado por sentado el afecto de Sa Muheon.

El cariño que Sa Muheon le había brindado nunca fue algo que Garam pudiera exigir. Aunque, técnicamente, era su tutor, no compartían ningún vínculo de sangre, y antes de conocerse prácticamente eran dos completos desconocidos. En circunstancias normales, jamás se habrían cruzado.

Por eso, Garam debería sentirse agradecido por toda la amabilidad y el afecto que Sa Muheon le había demostrado.

Y, aun así…

—Ha…

En la oscuridad, su profundo suspiro se desvaneció en el aire. Se dio otra vuelta sobre la cama y quedó mirando hacia el lado contrario.

Cuando Garam estaba en forma de ardilla, Sa Muheon siempre le sonreía con facilidad. No… quizá sería más correcto decir que casi siempre llevaba una expresión apacible y afectuosa.

Sin embargo, desde que Garam había recuperado su forma humana, Sa Muheon dejó de sonreírle de esa manera.

Más bien, su expresión se había vuelto algo rígida y la forma en que lo trataba era casi formal.

Cada vez que lo veía así, sentía como si una pequeña espina se clavara en su corazón.

Y, sin darse cuenta, deseaba volver a ver aquella sonrisa.

No fue hasta ese día que Garam comprendió algo importante.

¿Por qué quiero verlo sonreír?

Aquella pregunta lo golpeó como un rayo.

Sentir que le dolía el corazón solo porque alguien ya no le sonreía… era como…

Garam interrumpió de golpe el curso de sus pensamientos y se cubrió la cabeza con la manta.

Oculto bajo las sábanas, su rostro ardía intensamente.

Sentía que ya conocía la respuesta.

Pero, al mismo tiempo, deseaba con todas sus fuerzas que esa respuesta no fuera la correcta.

Su corazón vacilaba una y otra vez, alternando entre el frío y el calor.

Sin embargo, los rápidos latidos que resonaban en su pecho no dejaban de inquietarlo.

Cuando el sonido de la alarma lo despertó, ya era de mañana.

No tenía idea de en qué momento se había quedado dormido.

Sus ojos se dirigieron de manera natural hacia la puerta del dormitorio de Sa Muheon.

Sentía curiosidad por saber si había regresado sano y salvo.

Se levantó rápidamente, se pasó una mano por el cabello despeinado para acomodarlo un poco y salió de su habitación.

Al oír el ruido de los platos proveniente de la cocina, caminó hacia allí, pero quien se giró para recibirlo con una alegre sonrisa fue un hombre corpulento.

—¿Ya despertaste?

—Ah… sí…

Era Jang Seokgyu.

Garam abrió mucho los ojos, sorprendido de encontrarlo en la cocina tan temprano.

Mientras miraba alrededor como si buscara a alguien, movía la cabeza de un lado a otro.

Al notar aquello, Seokgyu sonrió con picardía y señaló con la barbilla hacia la habitación de Sa Muheon.

—Volvió muy tarde. Todavía está dormido.

—Ah…

Al darse cuenta de que había sido demasiado evidente, las mejillas de Garam se tiñeron ligeramente de rojo.

Pero Seokgyu pareció no notarlo y desvió la mirada.

—Me pidió que me asegurara de que desayunaras, así que estoy preparando algo adecuado para ti.

—No hacía falta…

—Fue una orden del director, jajaja.

Seokgyu soltó una carcajada despreocupada y le dijo que fuera a arreglarse antes de desayunar.

También añadió que aún tardaría un poco en terminar de preparar la comida.

Garam asintió y regresó a su habitación.

Mientras caminaba por el pasillo, lanzó una mirada a la puerta cerrada del dormitorio de Sa Muheon.

Pero no había señales de que fuera a abrirse.

Durante el trayecto hacia la escuela, Garam no dejaba de lanzar miradas furtivas a Seokgyu, que iba conduciendo.

Finalmente, incapaz de soportar por más tiempo aquella insistente mirada, Seokgyu habló primero.

—¿Hay algo que quieras decirme…?

Como si hubiera estado esperando precisamente esa oportunidad, Garam abrió enseguida la boca.

—Bueno… se trata de un amigo mío… alguien a quien conozco bastante bien.

Seokgyu tuvo que contener la risa.

¿De verdad Garam no se daba cuenta de que empezar con una frase así dejaba en evidencia que estaba hablando de sí mismo? ¿O era que aquella preocupación era tan grande que ni siquiera podía pensar con claridad?

Para evitar reírse, Seokgyu hizo un esfuerzo por recordar algún recuerdo triste y, tras recomponerse, carraspeó.

—Ejem… adelante.

Animado por la respuesta, Garam continuó sin atreverse a mirarlo a los ojos.

—Hay alguien que ayuda muchísimo a mi amigo. Pero últimamente… mi amigo se siente extraño con esa persona… Dice que no entiende bien lo que siente.

—…

Aunque Seokgyu no respondió, el silencio pareció darle valor para seguir hablando.

—Se pregunta si solo siente gratitud porque esa persona siempre lo ha protegido… o si realmente siente algo más por ella. Últimamente también le preocupa que esa persona ya no le sonría…

—Mmm…

Seokgyu comprendió que la respuesta que diera en ese momento sería importante.

Sabía perfectamente que el «amigo» del que hablaba Garam era el propio Garam y que la persona en cuestión era Sa Muheon.

Precisamente por eso, debía responder con mucho cuidado.

—Mmmm…

Como Seokgyu tardaba demasiado en hablar, Garam empezó a ponerse cada vez más nervioso y tragó saliva.

¿Se habrá dado cuenta de que estoy hablando de mí? Precisamente por eso lo planteé como si fuera la historia de otra persona…

Miró de reojo a Jang Seokgyu, pero su expresión no revelaba absolutamente nada.

Esperó con ansiedad a que hablara.

Después de meditar cuidadosamente sus palabras, Jang Seokgyu finalmente abrió la boca.

Si seguía tardando, el chico sentado a su lado acabaría desmayándose de la tensión.

—No conozco todos los detalles de la situación, pero…

—Sí, sí.

Garam respondió como un empleado novato siendo interrogado por su jefe.

—Por ahora, es posible que lo que tu amigo siente por esa persona sea simplemente cariño o afecto hacia alguien que lo protege… algo parecido al afecto que uno siente por sus padres o por su familia.

—Ah…

Al notar el ligero destello de decepción en el rostro de Garam, Seokgyu volvió a contener una sonrisa.

—Ejem. Esa es una posibilidad. Pero si solo fuera eso, entonces no habría motivo para que estuviera tan preocupado, ¿no crees?

—¿Eh?

—Quiero decir… no habría razón para que le afectara tanto que esa persona ya no le sonría.

Observando cómo Garam parpadeaba en silencio, Jang Seokgyu suavizó todavía más el tono.

—Ahora mismo, tu amigo siente curiosidad por saber qué piensa esa persona de él… y qué pasa por su cabeza. ¿No es así?

—¡Ah! Sí, eso es.

Garam asintió con tanta fuerza que casi parecía que se le iba a caer la cabeza, y luego añadió torpemente:

—E-eso fue lo que dijo.

—…Ya veo. En cualquier caso, eso parece ir más allá de un simple agradecimiento hacia alguien que lo protege.

—Oh…

La afirmación tan segura de Seokgyu hizo que la expresión de Garam se volviera aún más complicada.

Parecía haber querido que alguien confirmara sus sentimientos, pero escuchar esa confirmación solo terminó por enredar aún más sus emociones.

Tras descifrar con facilidad lo que pasaba por la mente del muchacho, Jang Seokgyu optó por guardar silencio y no añadir nada más.

Garam también permaneció callado, contemplando el paisaje por la ventana hasta que estuvieron cerca de la escuela.

Fuera lo que fuera que estuviera pensando, era imposible saberlo.

Aun así, Seokgyu esperaba sinceramente que sus palabras le hubieran servido de ayuda.

Cuando atravesaron la entrada de la escuela, volvió a hablar.

Quería darle un pequeño empujón más a aquel joven tan absorto en sus pensamientos.

—Y sobre esa persona que lo protege…

—¿Sí?… Ah, sí…

Perdido en sus pensamientos, Garam dio un pequeño respingo y volvió la cabeza hacia él.

—Como seguramente tu amigo ya sabe, cuidar de alguien nunca es una tarea fácil. Incluso entre familiares puede llegar a ser muy complicado.

La expresión de Garam se ensombreció por un instante.

Recordó cómo, después de la muerte de sus padres, sus familiares habían intentado pasarse unos a otros la responsabilidad de hacerse cargo de él.

Bajó la cabeza y asintió lentamente.

—Bueno, dejando eso de lado…

Al ver que el rostro de Garam se apagaba con tanta rapidez, Jang Seokgyu cambió enseguida de tema.

—En cualquier caso… como esa persona lo ha ayudado de una manera extraordinaria, es probable que tu amigo sienta que el nivel de atención que recibe supera con creces lo que normalmente haría alguien por otra persona.

—Ah…

—También existe la posibilidad de que esa persona no vea a tu amigo simplemente como alguien de quien debe hacerse cargo.

Los ojos de Garam se abrieron de par en par.

Seokgyu sintió que ya había dicho todo lo que podía decir.

Justo cuando la conversación llegaba a su fin, el automóvil se detuvo.

—Espero que tu amigo se tome el tiempo para pensarlo con calma.

—…Sí. Muchas gracias.

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