Hasta una ardilla solitaria tiene un hogar - Capítulo 141
Al escuchar las palabras de Ryu Beomju, el recuerdo del día en que recibió la noticia de que Sa Muheon había resultado herido volvió a su mente.
Aquella vez había sobrevivido por pura suerte, pero nadie podía asegurar que la fortuna volviera a sonreírle una segunda vez.
Convencido de que Garam seguía profundamente dormido, Ryu Beomju no prestó la menor atención a sus movimientos y continuó hablando por teléfono.
—Ah, cierto. Añadí una condición. El dinero tiene que entregarlo personalmente el Director Sa. Y, por supuesto, tendrá que venir solo, sin ninguno de sus perros falderos. Nunca se sabe, ¿verdad? Si resulta que están escondidos cerca esperando una oportunidad para atacarme, sería un verdadero problema.
El corazón de Garam comenzó a latir con fuerza.
Quería girar un poco la cabeza para ver la expresión de Ryu Beomju, pero la habitación estaba demasiado oscura y apenas podía distinguir su rostro.
—Por ahora observaré cómo se desarrollan las cosas… aunque dejarlo vivo me resulta bastante molesto. Dependiendo de la situación, quizá sea mejor matarlo de una vez.
Ryu Beomju soltó una carcajada, como si acabara de contar el chiste más gracioso del mundo.
Pero en cuanto Garam escuchó aquellas palabras, un escalofrío recorrió todo su cuerpo.
Cualquiera que hubiera oído aquello habría comprendido que no era ninguna broma.
Garam tragó saliva con dificultad.
En ese momento, la mirada de Ryu Beomju se dirigió hacia él.
Pero Garam exhaló tan despacio como pudo y continuó fingiendo estar profundamente dormido.
Por suerte, fuera cual fuera la respuesta de la persona al otro lado de la llamada, Ryu Beomju soltó una risa y salió de la habitación.
Solo cuando estuvo completamente seguro de que se había marchado, Garam dejó escapar el aire que había estado conteniendo.
—Uf…
Había estado tan tenso que el pelaje de la cola que abrazaba estaba completamente erizado.
Garam se dejó caer sobre el montón de ropa.
Con una expresión inusualmente seria para una pequeña ardilla, continuó pensando.
Por lo que acababa de escuchar, Ryu Beomju pretendía eliminar a Sa Muheon si encontraba la oportunidad.
Además, como había sido Sa Muheon quien anteriormente había intentado acabar con él, Ryu Beomju no ocultaba en absoluto el odio que le profesaba.
Sa Muheon había sobrevivido únicamente gracias a la suerte.
Pero, para Ryu Beomju, aquella suerte no había sido más que una desgracia.
Porque Sa Muheon seguía con vida, él ya no podía volver a poner un pie en Corea.
Eso, sin embargo, no justificaba en absoluto que hubiera intentado asesinarlo.
Y, además…
Sa Muheon era la persona que Garam amaba.
Era quien había permanecido a su lado cuando más solo se sintió.
Precisamente por eso tenía aún más miedo.
Temía que Sa Muheon volviera a arriesgar su vida para salvarlo.
Garam se apresuró a volver bajo el montón de ropa.
Sa Muheon le había dicho que apagara el teléfono por si acaso, y él le había obedecido.
Pero ahora no había tiempo que perder.
Tenía que advertirle del peligro cuanto antes.
Sin embargo, por más veces que presionó el botón de encendido, la pantalla permaneció completamente negra.
La batería ya estaba casi agotada antes.
Ahora debía de haberse descargado por completo.
Garam dejó caer la cabeza con impotencia.
Sentía como si la oscuridad lo envolviera por todos lados.
A ese paso, no tendría más remedio que quedarse de brazos cruzados viendo cómo Sa Muheon volvía a resultar herido.
—…Ppi.
Tras permanecer un buen rato inmóvil, Garam se puso lentamente de pie.
La pequeña ardilla comenzó a mover cuidadosamente las patas.
El dolor de la pierna herida era mucho menor que antes.
Cuando apoyó lentamente el peso sobre ella, una leve punzada recorrió su pata.
Pero parecía que todavía podía caminar despacio.
Su mirada se dirigió hacia la ventana.
Estaba colocada bastante alta.
Si estuviera en forma humana, probablemente quedaría aproximadamente a la altura de los ojos.
Sin embargo, era una ventana muy pequeña, construida claramente con algún propósito específico.
Una persona adulta jamás podría escapar por allí.
Pero…
—Ppi.
Garam bajó la vista hacia su pequeño cuerpo y asintió.
Una diminuta ardilla como él podía atravesarla sin ningún problema.
La conclusión a la que llegó era muy sencilla.
Si Sa Muheon hubiera estado allí para escuchar su plan, sin duda habría intentado detenerlo diciendo que era demasiado peligroso.
Pero Sa Muheon no estaba allí.
Garam sabía perfectamente que era una locura.
Aun así…
Para proteger a la persona que amaba, no tenía otra opción que arriesgarse.
Así como Sa Muheon siempre lo había protegido…
Ahora le tocaba a él proteger a Sa Muheon.
Pero antes debía superar aquella pared.
Garam levantó la vista hacia el alto muro.
Con el estado en que se encontraba, lo máximo que podía hacer era correr hacia la pared donde estaba la ventana y escapar por allí.
La otra posibilidad era esperar a que Ryu Beomju lo sacara por voluntad propia.
Pero, en circunstancias normales, eso jamás ocurriría.
Entonces…
Tendría que obligarlo a hacerlo.
La pequeña ardilla comenzó a pensar frenéticamente.
Pasó toda la noche despierto.
Antes el agotamiento y el dolor le habían provocado sueño.
Pero la idea de tener que proteger a Sa Muheon no le permitió cerrar los ojos.
Solo volvió a ser consciente del paso del tiempo cuando la oscuridad comenzó a aclararse tenuemente.
Levantó la cabeza hacia la ventana abierta.
La tenue luz del amanecer empezaba a disipar la oscuridad.
Después de confirmar que el sol estaba saliendo, volvió a tumbarse sobre el montón de ropa.
Ya había enviado su ubicación.
Sa Muheon seguramente estaría buscándolo.
Pero no podía quedarse quieto esperando.
Para conservar fuerzas, se acurrucó abrazando su cola.
A simple vista parecía profundamente dormido.
Pero mantenía la lengua apretada entre los dientes para no quedarse dormido de verdad.
No sabía cuánto tiempo había pasado.
De pronto, sus orejas se levantaron.
Los fuertes pasos que resonaban por el edificio vacío pertenecían, sin duda alguna, a Ryu Beomju.
Parecía estar hablando con alguien.
Sin embargo, la voz llegaba demasiado lejana para distinguir las palabras.
Por el sonido de los pasos, parecía que venía solo.
Probablemente seguía hablando por teléfono.
Garam respiró profundamente varias veces para calmar los latidos desbocados de su corazón.
Aquella era su única oportunidad.
No podía volver a confiar en la suerte frente a Ryu Beomju.
¡Bang!
—Esta será la última vez. ¿Entendido, Director Sa? Si vuelves a molestarme, no sé qué podría hacerle a esta ratita.
—Los dos estamos ocupados, así que ve al grano.
Al escuchar aquella voz tan familiar, las orejas de Garam se alzaron de inmediato.
Era Sa Muheon.
Como la llamada estaba en altavoz, su voz se escuchaba con total claridad.
Solo oírlo hizo que los ojos de Garam se llenaran de lágrimas.
Sentía que iba a romper a llorar.
Pero todavía no podía hacerlo.
Con todas sus fuerzas, consiguió contenerlas.
Por suerte, Ryu Beomju no pareció notar el leve movimiento de sus orejas y murmuró mientras se acercaba.
—Este mocoso sigue dormido.
—¿Qué?
—Ah, espera. Como estabas tan ansioso por verlo, míralo tú mismo.
Dicho eso, Ryu Beomju se detuvo frente a la jaula transparente donde Garam permanecía encerrado.
Por la conversación, parecía que Sa Muheon había pedido comprobar con sus propios ojos que Garam seguía con vida.
—¿Ves? Está perfectamente.
—…¿Está dormido? A estas alturas ya debería haber despertado.
—Ja…
Aunque Ryu Beomju hacía bastante ruido a tan poca distancia, Garam permaneció completamente inmóvil.
Eso hizo que Sa Muheon empezara a sospechar que algo no estaba bien.
Dejando escapar un suspiro de fastidio, Ryu Beomju extendió la mano hacia Garam, que seguía hecho un ovillo.
Lo levantó y acercó la cámara del teléfono.
—Mira. Ya te dije que está bien. Hasta respira.
En el momento en que los ojos de Ryu Beomju se desviaron hacia la pantalla del teléfono, Garam, que observaba por una mínima rendija entre sus párpados, aprovechó la oportunidad.
¡Crunch!
—¡Aaagh! ¡Maldita rata! ¡¿Cómo te atreves?!
Garam retorció el cuerpo.
Podía ver claramente la mano que lo sujetaba.
Apuntó al espacio blando entre los dedos de Ryu Beomju.
Como si estuviera rompiendo la cáscara de una nuez, clavó los dientes con todas sus fuerzas en aquella parte blanda.
Ryu Beomju lanzó un alarido cargado de insultos.
El dolor hizo que aflojara el agarre.
Garam aprovechó ese brevísimo instante para retorcer el cuerpo y escapar de su mano.
—¡Eh!
Al darse cuenta de que la pequeña ardilla se le escapaba, Ryu Beomju intentó volver a sujetarla.
Pero Garam ya había resbalado fuera de su alcance.
La caída desde aquella altura hizo que sintiera todo el cuerpo estremecerse.
Aun así, en cuanto tocó el suelo, echó a correr hacia su objetivo.
—¡Maldita rata!
El grito furioso de Ryu Beomju cayó sobre él desde arriba.
El diminuto corazón de Garam latía con tanta fuerza que parecía a punto de estallar.
Pero no miró atrás ni una sola vez.
Sin detenerse, corrió hasta la pared donde estaba la ventana y saltó hacia ella.
Por suerte, el viejo muro estaba parcialmente derrumbado y dejaba los ladrillos al descubierto.
Para Garam, que había pasado parte de su vida trepando árboles en el parque, escalar una pared como aquella no suponía gran dificultad.
Si hubiera sido completamente lisa y sin ningún apoyo, habría resultado imposible.
Pero aquellos ladrillos sobresalientes eran prácticamente escalones.
Garam trepó con rapidez hasta la ventana y saltó al otro lado.
Había temido que Ryu Beomju lo hubiera encerrado en un piso superior.
Por fortuna, la habitación donde lo mantenía cautivo estaba en la planta baja.
—¡Eh! ¡Kang Garam, maldito mocoso!
Solo después de aterrizar sano y salvo sobre el suelo volvió la cabeza.
A través de la pequeña ventana distinguió el rostro desencajado de Ryu Beomju.
Garam apenas le dedicó una mirada.
Y, acto seguido, volvió a echar a correr.
La pequeña ardilla desapareció entre los espesos árboles en un abrir y cerrar de ojos.