Hasta una ardilla solitaria tiene un hogar - Capítulo 139
Incluso dormido, todo su cuerpo le dolía como si lo hubieran golpeado de pies a cabeza. Garam frunció el ceño inconscientemente.
Pero, por alguna razón, no quería despertar.
A medida que su mente se iba despejando poco a poco, mantuvo los ojos cerrados e intentó ordenar sus pensamientos.
Antes de quedarse dormido… ¿qué estaba haciendo?
Se esforzó por recordarlo, pero los recuerdos justo antes de perder el conocimiento estaban cubiertos por una espesa niebla.
Aun así, Garam no se rindió y comenzó a seguir lentamente los fragmentos que aún conservaba.
Entonces… lo último que recordaba era haber besado a Sa Muheon.
Ese era su último recuerdo: robarle un beso a Sa Muheon mientras cocinaba en la cocina y salir corriendo como un ladrón.
¿Y qué pensaba hacer después?
Garam hizo un esfuerzo por recordar lo ocurrido a continuación.
Recordó que llevaba un par de guantes en la mano y corría hacia la puerta principal.
Solo entonces recuperó por fin el recuerdo de lo que había querido hacer antes de perder el conocimiento.
El muñeco de nieve que había construido junto a Sa Muheon.
Quería ponerle los guantes y tomarle una fotografía.
Por eso le había dicho a Sa Muheon, que estaba preparando la cena, que volvería enseguida antes de salir.
¿Y después qué había pasado?
De repente, un dolor punzante atravesó su cabeza.
—Ugh…
Un gemido escapó involuntariamente de sus labios.
Y, en ese instante, todos los recuerdos que había olvidado regresaron de golpe.
Garam contuvo bruscamente la respiración al recordar la última imagen que vio antes de desmayarse.
Ryu Beomju.
Aquel hombre había aparecido frente a él.
Aunque había adoptado la forma de un tigre, Garam lo reconoció al instante.
En el momento en que lo vio, el miedo se apoderó de todo su cuerpo.
Incluso un ser humano corriente sentiría terror al encontrarse cara a cara con un tigre, pero Garam era un hombre bestia ardilla.
El instinto inevitable de una presa dominó por completo su cuerpo.
Además, ¿acaso Sa Muheon no había resultado gravemente herido por culpa de ese hombre poco tiempo atrás?
Todos habían dicho que había sido un milagro que sobreviviera.
Así que, en cuanto reconoció a Ryu Beomju, Garam creyó que su corta vida terminaría allí mismo.
Ni siquiera se le pasó por la cabeza pedir ayuda.
Instintivamente pensó que, si llamaba a Sa Muheon, solo conseguiría que hubiera dos víctimas en lugar de una.
Cuando, temblando de miedo, retrocedió sin darse cuenta, el tigre se abalanzó sobre él.
La sangre comenzó a brotar de su muslo, pero Garam ni siquiera fue capaz de gritar.
El tigre no parecía tener intención de matarlo en ese momento.
Solo lo hirió lo suficiente para impedir que escapara y luego retrocedió.
Pero eso no significaba que la herida fuera superficial.
Al final, Garam no pudo soportar el intenso dolor y volvió a su forma original.
Sintió la nieve helada cubriendo todo su cuerpo.
Su suave pelaje se empapó enseguida con el frío, mientras su conciencia comenzaba a desvanecerse.
Lo último que vio antes de perder completamente el conocimiento fue al tigre acercándose lentamente.
Gulp.
Después de recordarlo todo, Garam tragó saliva con dificultad.
Estaba convencido de que iba a morir.
Pero la vívida sensación que recorría ahora todo su cuerpo le decía claramente que seguía con vida.
Movió ligeramente una de sus patas.
Por la sensación que percibió, comprendió que seguía en su forma de ardilla.
Solo entonces un olor extraño llegó hasta su nariz.
Era una mezcla de tierra húmeda y el aire rancio característico de un edificio abandonado.
Definitivamente no era la villa donde había estado con Sa Muheon.
Y tampoco era un hospital.
Solo entonces abrió lentamente los ojos.
—Ja. Pensé que se me iban a caer los ojos de tanto esperar a que despertaras.
Apenas abrió los ojos, una voz burlona lo recibió, como si hubiera estado aguardando ese momento.
Garam erizó inmediatamente todo el pelaje y miró al dueño de aquella voz con total cautela.
Era Ryu Beomju.
Ryu Beomju soltó una risa despectiva.
Le divertía que una ardilla tan diminuta intentara intimidarlo erizando el pelo.
—Tenía curiosidad por saber cuándo despertaría esta ratita, pero eres tan condenadamente pequeño que casi ni podía verte.
—…
—Estabas despierto desde hacía rato, pero seguías con los ojos cerrados. Empecé a preguntarme si te pasaba algo.
Al parecer, Ryu Beomju había estado observándolo desde el mismo instante en que recuperó la conciencia.
—Entonces, ¿estabas pensando en cómo escapar?
Garam lo fulminó con la mirada con toda la fuerza que pudo reunir.
Pero Ryu Beomju no se sintió intimidado en lo más mínimo.
Por mucho que una diminuta ardilla, lo bastante pequeña para caber en la palma de una mano, erizara el pelo y lo mirara con hostilidad, no había forma de que resultara aterradora.
Comprendiendo que no tenía sentido desperdiciar energías en alguien que ni siquiera lo consideraba una amenaza, Garam dejó de mirarlo y comenzó a examinar discretamente el lugar.
Parecía un edificio abandonado desde hacía muchos años.
En una de las paredes había una pequeña ventana, situada bastante arriba, con el cristal roto.
A través de ella solo podía verse el cielo azul.
El suelo estaba cubierto de piedras rotas, muebles viejos destrozados y una gruesa capa de polvo, lo que hacía difícil desplazarse descalzo.
Y, además…
—Ni se te ocurra pensar en escapar. Tomé algunas precauciones. Después de todo, no puedo permitir que mi rehén se largue después de todo el esfuerzo que hice para atraparlo.
—…Ppi.
Tal como había dicho, Garam estaba encerrado dentro de una especie de jaula transparente.
La sensación era parecida a la de la jaula para hámster donde había entrado por primera vez en casa de Sa Muheon.
La diferencia era que las paredes de esta eran muchísimo más altas.
Garam levantó la vista hacia aquellos muros que parecían interminables y suspiró sin darse cuenta.
Aunque alguien le dijera que simplemente los escalara, las superficies eran tan lisas que ni siquiera sus garras parecían capaces de aferrarse.
Además, la pierna herida por Ryu Beomju seguía palpitando de dolor.
Escapar trepando resultaba prácticamente imposible.
—Como puedes ver, solo te lo advierto para que no gastes energías inútilmente. Después de todo, somos familia.
—¡Ppi!
Al escuchar la palabra «familia», Garam lanzó un chillido amenazante.
Aunque Ryu Beomju fuera hijo de la abuela que lo había criado, Garam jamás lo había considerado parte de su familia.
Y, probablemente, Ryu Beomju tampoco lo veía así.
Por eso le resultaba todavía más repugnante que ahora sacara a relucir ese supuesto vínculo familiar.
—Para ser una cosita tan pequeña, tienes buenos pulmones.
Fingiendo que el ruido le molestaba, Ryu Beomju se tapó los oídos y dio un paso atrás.
—En cualquier caso, aunque consiguieras salir de aquí, afuera solo hay montañas. A menos que quieras aparecer congelado en medio del bosque en pleno invierno, será mejor que te quedes tranquilo. Mientras te portes bien, te dejaré vivir.
La rabia hacía que la respiración de Garam se agitara, pero de momento no podía hacer absolutamente nada.
Como Garam no respondió, Ryu Beomju simplemente se encogió de hombros y se marchó.
¡Bang!
Aquella habitación debía encontrarse en lo más profundo del edificio abandonado, porque, después de salir, el sonido de sus pasos fue alejándose poco a poco.
Garam asimiló toda aquella nueva información y comenzó a observar cuidadosamente el lugar donde estaba encerrado.
Aunque las cuatro paredes eran muy altas, el espacio no era demasiado grande.
Si pudiera recuperar su forma humana, quizá se le ocurriría alguna forma de escapar.
Pero, en un sitio tan estrecho, transformarse era imposible.
—Ppi…
Después de dar varias vueltas inquieto por el reducido espacio, Garam terminó dejándose caer con un suspiro sobre el montón de ropa amontonado en una esquina.
Se devanó los sesos una y otra vez.
Pero no encontraba ninguna salida.
A ese paso, lo único que podía hacer era esperar a que Ryu Beomju decidiera liberarlo por voluntad propia.
Entonces sintió algo duro debajo de su pequeño cuerpo.
—¿Ppi?
Inclinando la cabeza con curiosidad, se levantó y comenzó a rebuscar entre la ropa amontonada.
Allí encontró un teléfono móvil con la pantalla agrietada.
—¡Ppi…!
Garam levantó inmediatamente la cabeza y miró a su alrededor.
Sabía que Ryu Beomju se había marchado, pero aun así comprobó por instinto que nadie lo estuviera observando.
Cuando confirmó que estaba solo, golpeó la pantalla con una de sus pequeñas patas delanteras.
Pero el teléfono no reaccionó.
—Ppi… ppi…
¿Se habría estropeado al caer?
La desesperación lo invadió y comenzó a emitir pequeños chillidos sin darse cuenta.
Fue entonces cuando sintió que alguien se acercaba.
Era, sin duda, Ryu Beomju.
Garam se apresuró a contener las lágrimas y salió rápidamente del montón de ropa.
Escondió bien el teléfono debajo de las prendas y volvió a sentarse encima justo cuando la puerta se abrió violentamente y Ryu Beomju apareció.
¡Bang!
—A partir de ahora, hasta que yo te diga que hables, mantén esa maldita boca cerrada.
—Ppi…
Garam asintió obedientemente.
No sabía qué pretendía hacer Ryu Beomju, pero tenía claro que, por ahora, lo más importante era no provocarlo.
Al ver lo dócil que se mostraba, Ryu Beomju pareció satisfecho.
Sonrió y tomó asiento en una vieja silla cercana.
Creeek…
La silla emitió un desagradable chirrido bajo su pesado cuerpo, pero él ni siquiera le prestó atención.
Mientras manipulaba el teléfono que sostenía en la mano, hizo una llamada.
Una sonrisa siniestra apareció lentamente en sus labios.
—Director Sa… Parece que has estado viviendo bastante bien, ¿eh?