Esposo, ¿me dejas tocar tus abdominales? - Capítulo 25

  1. Home
  2. All novels
  3. Esposo, ¿me dejas tocar tus abdominales?
  4. Capítulo 25
Prev
Next
Novel Info

A la mañana siguiente, lo primero que hizo Lu Yao al despertarse fue revisar el tofu.

Retiró la tabla de madera y dejó al descubierto unos bloques de tofu perfectamente cuadrados, casi idénticos a los que se vendían en los supermercados de su vida anterior. Tomó una espátula, cortó un trozo para dejarlo en casa y otro para llevárselo a la abuela Zhao, aprovechando para pedirle prestada una balanza.

Después surgió otro problema: ¿cómo iba a transportar todo ese tofu?

Había preparado cerca de sesenta jin y era imposible que él solo pudiera cargar semejante peso para salir a venderlo.

Justo cuando estaba frunciendo el ceño sin saber qué hacer, Zhao Beichuan apareció empujando un pequeño carro de madera.

—Lo pedí prestado a la familia Qin, la del patio trasero. No sabía si te serviría.

Los ojos de Lu Yao se iluminaron.

—¡Claro que sirve! ¡Eres increíble!

El rostro de Zhao Beichuan se sonrojó hasta la base del cuello. Sin decir una palabra más, pasó apresuradamente el tofu al carrito y salió casi huyendo.

Lu Yao se echó a reír hasta que le dolió el estómago.

Era demasiado divertido molestar a ese grandulón.

El pequeño carro avanzaba tambaleándose y le costó un rato encontrar el equilibrio adecuado.

Una vez dominado, salió decidido a vender tofu por toda la aldea.

En la universidad, él y varios compañeros habían puesto pequeños puestos en mercados nocturnos para vender peluches y baratijas.

En aquella época era demasiado tímido para acercarse a los clientes.

Pero ahora…

Después de vivir dos vidas, ya no le importaba guardar las apariencias.

Lo importante era sobrevivir.

¿De qué servía la reputación? ¿Acaso podía comerse?

Apenas salió del patio, comenzó a gritar con todas sus fuerzas:

—¡Tofuuuu! ¡Tofu recién hechooo!

Al oírlo, Zhao Xiaonian y Zhao Xiaodou salieron corriendo de la casa de la abuela Zhao y empezaron a seguirlo.

—¡Tofuuu! ¡Estamos vendiendo tofu!

La primera clienta apareció enseguida.

Era la cuñada Tian Er, la vecina de al lado.

El día anterior Lu Yao le había regalado un jin de tofu, pero en su casa no había alcanzado para todos. Ese día quería comprar más para llevarles a sus padres y que también lo probaran.

—¿Vienes a comprar tofu, cuñada?

—¡Sí! Ayer hice sopa de tofu como me enseñaste y quedó deliciosa, suave y tierna. Quiero llevarles un poco a mis padres.

—Claro.

Lu Yao tomó el cuenco de frijoles que ella llevaba, vació los granos en un saco y le sirvió un gran trozo de tofu.

Ni siquiera hizo falta pesarlo.

Solo con sostenerlo ya sabía que pesaba más que los frijoles que ella había llevado.

La cuñada Tian sonrió de oreja a oreja.

—Con un tofu tan bueno, seguro que venderás muchísimo.

Se marchó feliz con el cuenco entre las manos.

Lu Yao siguió empujando el carrito hacia el interior de la aldea.

Al pasar frente a la casa de Song Changshun, levantó deliberadamente la voz.

—¡Tofuuuu! ¡Tofu fresco y tierno!

No tardó en salir un joven ge’er corpulento.

Era Lin Daman, el esposo de Song Changshun.

Era alto y de aspecto robusto. De no ser por el pequeño lunar bermellón que tenía en la mejilla, habría sido difícil distinguirlo de un hombre.

—¿Qué vendes?

Lu Yao detuvo el carrito.

—Tofu hecho con frijoles de soya. Prueba un poco.

Cortó un pequeño pedazo y se lo ofreció.

—Puedes cambiar un jin de frijoles por un jin de tofu. Si no tienes frijoles, también lo vendo a seis wen el jin.

—Espérame. Voy por unos frijoles.

Apenas Lin Daman se alejó, Zhao Xiaonian murmuró:

—Cuñada, ¿por qué le vendes a él? Su esposo es el que está confabulado con la madre de Song Ping para perjudicarte.

Lu Yao llevó un dedo a los labios.

—Shhh… El enemigo de mi enemigo es mi amigo. Recuerda eso. Él está de nuestro lado.

En ese momento salió Song Changshun.

Al ver a Lu Yao, abrió tanto los ojos que casi se le salieron de las órbitas.

¿Quién era ese ge’er tan hermoso?

—¿Qué tanto estás mirando?

La voz de Lin Daman sonó detrás de él.

Song Changshun dio un respingo y regresó de inmediato al interior de la casa.

Lin Daman había notado perfectamente cómo su marido miraba a Lu Yao, y su expresión se ensombreció.

A Lu Yao no le importó.

Aquel día su objetivo era ganarse la confianza de Lin Daman.

—Tus frijoles pesan un jin y ocho liang. Te daré dos jin bien llenos. Si te gusta, vuelve cuando quieras.

Lin Daman asintió y se marchó con la batea.

Lu Yao siguió recorriendo la aldea hasta detenerse bajo un árbol para descansar.

Empujar el carrito resultaba agotador.

Las ruedas no tenían goma y el camino era muy irregular.

Tenía miedo de que el tofu se rompiera con los baches y terminó empapado en sudor.

Zhao Xiaonian y Zhao Xiaodou aprovecharon para seguir pregonando.

—¡Tofuuu! ¡Tofu recién hecho! ¡Suave, delicioso y barato!

Como era temporada de poco trabajo en el campo, enseguida se reunió un grupo de curiosos alrededor del carrito.

—¿A cuánto vendes el tofu?

—Un jin de frijoles por un jin de tofu. O seis wen si pagan con monedas.

El precio les pareció razonable, pero nadie conocía el sabor.

Lu Yao cortó varios trocitos y comenzó a repartirlos.

—Pruébenlo primero. Les aseguro que no se arrepentirán.

Un anciano casi desdentado fue el primero en probarlo.

Sus ojos se iluminaron.

—¡Está delicioso! ¿De qué está hecho?

Su textura tierna era perfecta para alguien con pocos dientes.

En cuanto lo probó, quedó encantado.

Zhao Xiaonian aprovechó enseguida.

Con una sonrisa brillante dijo:

—Está hecho con frijoles. Abuelo, si le gustó, ¿por qué no compra un poco?

—¡Claro que sí! Espera, voy a traer frijoles de casa. ¡Guárdame un pedazo!

El anciano salió prácticamente corriendo, temiendo que se agotara.

—No se preocupe, abuelo. Le guardaré.

Quienes iban probándolo coincidían en que el sabor era excelente.

Como el tofu costaba prácticamente lo mismo que los frijoles, pero sabía muchísimo mejor, todos empezaron a correr a sus casas para traer frijoles y cambiarlos.

Cada vez llegaba más gente.

El corazón de Lu Yao terminó por tranquilizarse.

Al principio había temido haber preparado demasiado.

Ahora parecía que incluso se había quedado corto.

En el campo la alimentación era muy limitada.

Pocos podían permitirse carne o pescado con frecuencia.

Todos estaban cansados de comer verduras y cereales todos los días.

La aparición de un alimento sabroso, barato y abundante era suficiente para despertar el entusiasmo de toda la aldea.

En menos de un cuarto de hora ya había vendido casi todo el tofu, mientras aún había personas que seguían regresando con frijoles.

Lu Yao recordó entonces a la mujer que el día anterior le había comprado tofu.

—Xiaodou, ve a casa de la familia Ding y pregúntales si todavía quieren comprar.

—¡Sí!

El niño salió corriendo y poco después regresó acompañado de la tía Ding, que llevaba una gran batea de barro.

Compró cinco jin de tofu de una sola vez.

—Tía, con este calor el tofu se echa a perder con facilidad. Si no lo terminan, se arruinará.

Ella sonrió.

—No importa. En casa somos muchos. Con esto apenas alcanzará.

Cuando se marchó, Zhao Xiaonian explicó en voz baja:

—Cuñada, esa es la esposa del carpintero Ding, el que está trabajando en nuestra casa. Tienen cinco hijos y toda la familia sigue viviendo junta. Son más de diez personas.

Ahora Lu Yao entendía por qué había comprado tanto.

Cuando vendió el último trozo de tofu aún no era mediodía.

Ató el saco lleno de frijoles, empujó el carrito y regresó a casa junto con los dos niños.

Apenas cruzaron el patio, Zhao Beichuan salió enseguida para ayudarlo a entrar el carro.

—¿Cómo te fue?

Lu Yao dio una palmada al saco lleno de frijoles y sonrió con orgullo.

—¡Se vendió absolutamente todo!

Los dos niños comenzaron a hablar al mismo tiempo.

—¡Hermano mayor, no sabes lo bien que se vendió!

—¡Había tanta gente que algunos hasta discutían por comprar tofu!

Zhao Beichuan escuchó el relato y luego miró a Lu Yao con sincera admiración.

No era alguien muy elocuente, pero pensó para sí mismo que su pequeño esposo era realmente extraordinario.

Había conseguido ganar cincuenta jin de frijoles en una sola mañana.

Al notar aquella mirada, Lu Yao sintió que el rostro se le calentaba.

—Voy a preparar la comida. Xiaonian, ven a ayudarme con el fuego.

—¡Ya voy!

Los dos niños siguieron a Lu Yao, mientras los demás rodeaban a Zhao Beichuan.

—Tu esposo sí que es extraordinario. Cocina bien y además sabe ganar dinero.

Zhao Beichuan asintió, incapaz de ocultar la sonrisa en sus ojos.

Sí…

Lu Yao era realmente maravilloso.

Ya en la cocina, Lu Yao llamó a Xiaonian aparte y le susurró:

—Durante estos días tú y Xiaodou sigan vigilándolos. Si notan cualquier cosa extraña, vuelvan enseguida a avisarme.

Al recibir una misión tan importante, Zhao Xiaonian respondió con absoluta seriedad.

—Cuñada, no te preocupes. Los vigilaré muy bien.

En la casa de la familia Song, la anciana Song estaba dándole agua a Song Ping.

Desde que el niño enfermó de repente, llevaba tres días con fiebre alta.

Ese día incluso había empezado a toser.

Al verlo cada vez más delgado, la anciana lo abrazaba con expresión angustiada.

Por la mañana, el viudo Song volvió a pedir dinero para comprar medicina.

La anciana frunció el ceño.

—¿Cómo es posible que el niño no mejore? ¿No estarás comprando la medicina equivocada?

El viudo Song se sobresaltó y enseguida comenzó a secarse las lágrimas.

—Es culpa mía… hice sufrir a Ping’er.

Al verlo tan lamentable, la anciana no tuvo corazón para seguir regañándolo.

Sacó con pesar trescientas monedas del cofre y se las entregó.

—Esta vez compra buena medicina. Si al niño le quedan secuelas, será demasiado tarde para lamentarse.

—No se preocupe, madre. Ping’er es mi propio hijo. ¿Cómo podría hacerle daño?

—Ni siquiera eres capaz de cuidar bien de un niño. ¡Ve y vuelve pronto! No retrases el almuerzo.

Con las monedas en el bolsillo, el viudo Song salió alegremente hacia el pueblo.

En aquellos pocos días ya había conseguido sacarle más de setecientas monedas a la anciana.

Después de descontar las doscientas que realmente había gastado en medicina, todavía conservaba quinientas.

Aquel dinero le quemaba el bolsillo.

Así que fue directamente a buscar a Song Changshun para arreglar definitivamente el asunto.

Después de comprar la medicina, pasó por delante de la casa de Song Changshun.

Miró discretamente a ambos lados, rompió una rama de sauce y la lanzó al patio.

Era la señal secreta entre ambos.

Song Changshun comprendió inmediatamente el mensaje.

Lo que ninguno de los dos sabía era que, detrás de un montón de paja, dos pequeñas cabezas los observaban atentamente.

—Hermana, ¿por qué lanzó una rama al patio?

—No lo sé. Sigamos mirando.

Media hora después, Song Changshun regresó a casa.

Apenas vio la rama de sauce, la recogió, silbó alegremente y volvió a salir, esta vez en dirección al río.

Los dos niños lo siguieron en silencio y se escondieron en el mismo lugar donde habían espiado la vez anterior.

Después de esperar un cuarto de hora, el viudo Song apareció por fin.

—¿Por qué tardaste tanto? Pensé que ya no vendrías.

Song Changshun esperaba impaciente.

—Song Ping está enfermo y mi suegra no deja de vigilarme. Tuve que inventar una excusa para salir diciendo que iba al retrete. Tengo que regresar enseguida.

—Ven, déjame abrazarte.

Song Changshun lo atrajo hacia sí y comenzó a besarle el cuello.

—Deja de hacer tonterías. Primero hablemos de lo importante.

El viudo Song sacó un pequeño paquete de entre la ropa.

—Aquí tienes quinientas monedas. Ve al pueblo y termina de arreglar el asunto con ese erudito. Cuando todo esté hecho, te daré el resto.

Song Changshun recibió la bolsa sorprendido.

—¿De dónde sacaste tanto dinero?

—¿No está enfermo Song Ping? Mi suegra me dio dinero para comprar medicina. Solo me quedé con el cambio.

Song Changshun soltó una carcajada.

—Eres increíble. Arriesgas la vida de tu propio hijo por Zhao Beichuan.

—¿Y de qué sirve que me lo reproches? Si tú te hubieras casado conmigo, no tendría que correr tantos riesgos.

—Está bien, solo bromeaba. No te enfades. Mañana mismo iré al pueblo a buscar a ese erudito. Cuando todo termine, no olvides recompensarme.

—Por supuesto.

Los dos siguieron abrazándose y coqueteando un buen rato antes de que el viudo Song regresara apresuradamente a casa.

Ese día la estructura principal de la casa estaba prácticamente terminada.

Solo quedaban los trabajos de carpintería.

Como al día siguiente los albañiles ya no trabajarían, Zhao Beichuan compró un pollo para agradecerles todo el esfuerzo.

Lu Yao seguía sin atreverse a matarlo.

Así que Zhao Beichuan le pidió que sostuviera un cuenco para recoger la sangre.

Con un movimiento rápido del cuchillo, la sangre brotó de inmediato.

Lu Yao acercó el cuenco apresuradamente.

En ese instante, sus brazos se rozaron.

Ambos llevaban las mangas remangadas.

La muñeca blanca y delicada de Lu Yao rozó el brazo bronceado de Zhao Beichuan.

El contraste de colores y el calor de aquel contacto hicieron que a los dos se les acelerara el corazón.

La garganta de Lu Yao se secó.

No podía apartar la vista del brazo de Zhao Beichuan.

Su imaginación empezó a desbocarse.

Qué firmes estaban esos músculos…

Recordó con facilidad cómo Zhao Beichuan lo había levantado en brazos la otra noche.

¿Sería capaz de sostenerlo así también mientras…?

Solo pensarlo hacía que la sangre le hirviera.

Por su parte, Zhao Beichuan fingía indiferencia mirando hacia otro lado.

Sin embargo, todo su cuerpo permanecía rígido por los nervios.

Lu Yao no pudo resistirse.

Con el codo le dio un pequeño empujón.

—Ya terminó de salir la sangre. ¿No te cansan los brazos de sostenerlo tanto tiempo?

Las orejas de Zhao Beichuan se pusieron completamente rojas.

Apartó rápidamente el pollo y se alejó varios pasos.

Lu Yao lo encontró divertidísimo.

—Ya estamos casados. Nadie va a decir nada.

Zhao Beichuan apretó los labios sin responder y prácticamente salió huyendo hacia el patio delantero.

Se apoyó contra la pared recién levantada, sujetándose el pecho mientras intentaba calmar los latidos desbocados de su corazón.

Aunque era muy maduro para muchas cosas, en cuestiones amorosas seguía siendo un muchacho completamente inexperto.

Después de todo solo tenía dieciocho años.

Con sus padres fallecidos desde hacía tiempo, nunca nadie le había enseñado esas cosas.

Ni siquiera sabía cómo debía consumarse un matrimonio.

Esperaré un poco más…

Cuando la casa esté terminada…

—¡Hermano mayor! ¿Dónde está cuñada?

Xiaonian y Xiaodou entraron corriendo desde el exterior.

Zhao Beichuan volvió en sí.

—Está atrás, preparando la comida.

Los dos niños fueron directamente a la cocina y comenzaron a susurrarle algo a Lu Yao.

—¿De verdad?

Los ojos de Lu Yao se abrieron con sorpresa.

—¡Es verdad! ¡La madre de Song Ping lo dijo con sus propias palabras! ¡Está usando el dinero destinado a la medicina de Song Ping para hacerte daño!

Al principio, Lu Yao solo había querido que Xiaonian vigilara la forma en que ambos se comunicaban.

No esperaba obtener una información tan valiosa.

—No vuelvan a involucrarse en este asunto ni los espíen otra vez. Si los descubren, será peligroso. ¿Entendido?

Los dos niños asintieron.

—Vayan a lavarse las manos. Ya casi está lista la comida.

Lu Yao no pudo evitar suspirar.

El viudo Song era realmente despiadado.

Era capaz de poner en peligro hasta la salud de su propio hijo solo para perjudicarlo.

Lo más urgente ahora era impedir que Song Changshun encontrara a Xu Dengke y comenzara a difundir rumores por la aldea.

Después de cenar, Lu Yao le explicó la situación a Zhao Beichuan y salió apresuradamente hacia el pueblo.

Al llegar, fue directamente a la librería.

Gracias a los recuerdos del antiguo Lu Yao, sabía que Xu Dengke copiaba libros allí para ganarse unas monedas.

Apenas llegó a la puerta, el dependiente sonrió.

—¿Vienes a buscar al hermano Xu? Está adentro.

Lu Yao asintió y entró con naturalidad.

Las librerías antiguas eran muy diferentes a las modernas.

En aquella época el papel seguía siendo un artículo costoso.

Los libros permanecían colocados sobre estanterías elevadas.

Los clientes solo podían solicitar el ejemplar que deseaban y el dependiente se los entregaba.

No estaba permitido tocar los demás libros ni hojearlos libremente.

El antiguo Lu Yao había pensado alguna vez en aprender a leer.

Pero cuando descubrió que un simple ejemplar del Clásico de los Mil Caracteres costaba doscientas monedas, renunció inmediatamente a la idea.

Al fondo de la librería había un pequeño cuarto independiente.

Xu Dengke estaba allí copiando libros.

Copiar un libro completo permitía ganar unas cincuenta monedas.

Aunque parecía una buena suma, mantener los estudios resultaba carísimo.

Solo los pinceles, la tinta, el papel y la piedra de tinta ya consumían buena parte del dinero.

—Ejem.

Lu Yao carraspeó suavemente.

—Espera un momento, ya termino…

Xu Dengke levantó la vista.

Al descubrir quién era, se puso inmediatamente de pie.

—A Yao, ¿qué haces aquí?

—Necesito hablar contigo.

Xu Dengke terminó de escribir la última línea, alisó cuidadosamente el papel, dejó el pincel y entregó el manuscrito al dependiente.

Luego ambos salieron por la puerta trasera de la librería.

Después de atravesar un pequeño bosque llegaron a la orilla de un río.

En el pasado aquel había sido el lugar donde el antiguo Lu Yao y Xu Dengke solían verse.

Pensando en el viudo Song y en Song Changshun, Lu Yao no pudo evitar quejarse para sus adentros.

¿Por qué a toda esa gente le gustaba tanto encontrarse junto al río? ¿Acaso no les molestaban los mosquitos?

Ya junto al agua, Xu Dengke guardó silencio durante un largo rato.

Luego suspiró profundamente mientras lo miraba con expresión melancólica.

A Lu Yao se le erizó la piel.

Con aquella cara parecía más una rana triste que un protagonista romántico.

—¿Por qué suspiras?

—A Yao… Sé que todavía sientes algo por mí. Pero ya estás casado. Si tu esposo descubre que nos vemos, seguramente se enfadará.

Con las manos a la espalda, Xu Dengke contempló el río y empezó a recitar versos lastimeros.

—»A orillas del río Zishui, sobre la colina Wanqiu… aunque exista el amor, ya no queda esperanza…»

A Lu Yao empezó a dolerle la cabeza.

Lo interrumpió enseguida.

—Basta, basta. No vine por eso.

Xu Dengke suspiró otra vez.

—¿Será que quieres divorciarte para volver conmigo? Mi madre jamás aceptaría que me casara con alguien divorciado. Será mejor que abandones esa idea.

¿Qué demonios estaba diciendo?

Lu Yao lo miró igual que un abuelo mirando desconcertado la pantalla del teléfono en el metro.

Con esa cara…

Ni aunque me pagaras volvería contigo.

Mucho menos teniendo en casa a un hombre tan atractivo como Zhao Beichuan.

—¡Cállate! ¡He venido por un asunto serio!

Entonces resumió rápidamente toda la situación.

Le explicó que el viudo Song estaba obsesionado con Zhao Beichuan y que, al no conseguir acercarse a él, pretendía destruir su reputación.

Después lo miró fijamente.

—Mañana alguien irá a buscarte con dinero para pedirte que vengas a la aldea a difamarme. ¿Qué piensas hacer?

Xu Dengke tragó saliva.

—¿Cuánto dinero ofrecerán?

Lu Yao entrecerró los ojos.

—No importa cuánto sea. Yo jamás haría algo tan inmoral. Hemos sido amigos durante tantos años. ¿Cómo podría arruinar tu reputación por un poco de dinero?

Lu Yao soltó una fría carcajada por dentro.

Eso es porque todavía no te ofrecen suficiente.

Si te dieran cien o doscientos taeles, hasta inventarías historias escandalosas sobre tu propia madre.

Por supuesto, no dijo eso en voz alta.

Solo lo observó con indiferencia.

—Puedes aceptar el dinero. Pero no vengas a la aldea a difundir rumores. De lo contrario…

Hizo una pequeña pausa.

—Lo de la chuleta escondida en tu cabello durante el examen del distrito…

El rostro de Xu Dengke palideció al instante.

—A Yao, tranquilo. Mantendré la boca completamente cerrada. No le diré una sola palabra a nadie.

Lu Yao sonrió.

Después del palo, tocaba la zanahoria.

—Al fin y al cabo, nos conocemos desde hace muchos años. Yo tampoco iré contando lo tuyo.

Xu Dengke sonrió emocionado.

—Sabía que en el fondo todavía te importo.

Al verlo prepararse para otro discurso sentimental, Lu Yao lo interrumpió de inmediato.

—Muy bien, ya terminamos. Me voy.

De regreso al pueblo, pasó frente a la casa de Song Changshun.

Vio a Lin Daman sentado en el patio limpiando cebollines.

—Hermano Daman, ¿ocupado?

Durante aquellos días, gracias al tofu, ambos se habían vuelto bastante cercanos.

Lu Yao se había esforzado deliberadamente por ganarse su confianza.

Con su aspecto agradable y su conversación amable, Lin Daman naturalmente le había tomado cariño.

—¿De dónde vienes?

—Fui al pueblo a comprar unas cosas.

—Si hubiera sabido que ibas, te habría pedido que me trajeras algo. El clima ya empieza a refrescar por las mañanas y las noches. Quiero comprar tela para hacerles ropa a los niños.

La mente de Lu Yao se movió rápidamente.

—Yo también pensaba comprar tela. ¿Qué te parece si mañana vamos juntos?

Lin Daman sonrió.

—Perfecto. Cuando termines de vender el tofu, ven a buscarme.

A la mañana siguiente, Lu Yao detuvo a Zhao Beichuan.

—Hoy tengo que ir otra vez al pueblo por un asunto. ¿Podrías vender tú el tofu?

—Sí.

—¿Ni siquiera vas a preguntarme para qué voy?

Lo decía solo para provocarlo.

—¿Tiene que ver con el viudo Song?

—Solo espera. Muy pronto voy a devolverles el golpe.

Mientras hablaba, agitó el puño un par de veces en el aire.

Zhao Beichuan no pudo evitar sonreír.

—¡Eh! Cuando sonríes te ves muy bien.

Zhao Beichuan volvió a apretar los labios y entró rápidamente en la casa.

Lu Yao se echó a reír.

Aquel hombre tan callado era, en realidad, bastante adorable.

Cuando llegó a casa de Song Changshun, Lin Daman acababa de terminar de alimentar a las gallinas.

Tenía dos hijos.

El mayor tenía seis años y el menor cuatro.

Como ese día pensaba ir al pueblo, los había dejado con su suegra.

—Pensé que no podrías salir hasta después del mediodía.

—Hoy Da Chuan venderá el tofu por mí. Me tomé el día libre.

—¿Ya casi terminan tu casa?

—Casi. Dentro de unos días colocaremos la viga principal. Los ancianos de la aldea eligieron la fecha. Será el veintiocho del séptimo mes.

Lin Daman habló con cierta envidia.

—Pasé por allí hace unos días. La casa nueva es enorme. En el futuro podrían caber perfectamente cinco o seis niños.

Lu Yao fingió avergonzarse.

—No será tan fácil. Ya era mayor cuando me casé. Quizá me cueste tener hijos.

Como padre de dos niños, Lin Daman tenía experiencia.

Lo tomó del brazo y le dio un consejo.

—Cuando estés con tu esposo, ponte una almohada debajo de la cintura. Así seguro quedas embarazado.

Esta vez Lu Yao sí se sonrojó de verdad.

Él y Zhao Beichuan todavía ni siquiera habían llegado a esa etapa.

—No seas tímido. Aprovecha mientras eres joven. Ten uno o dos hijos y tendrás quien cuide de ti cuando seas viejo.

Lu Yao asintió apresuradamente y cambió de tema.

—Hermano Daman… ¿qué opinas del viudo Song?

Lin Daman resopló.

—¿Por qué lo preguntas?

—Hace poco discutimos con su familia. Desde entonces anda difundiendo rumores sobre mí.

—Siempre ha sido un chismoso malintencionado. Cuando aún vivíamos todos juntos, no dejaba de sembrar discordia entre mi suegra y yo. No lo soporto.

Las dos ramas de la familia Song se habían separado hacía varios años.

En aquel entonces el hermano mayor de Song Changshun seguía vivo.

Tras una disputa por unas tierras dividieron la familia, y Song Changshun terminó mudándose a la vieja casa de al lado.

Cuando el hermano mayor murió, la suegra quiso reunir otra vez a las dos familias.

Pero Lin Daman se negó rotundamente.

No quería volver a convivir con ellos.

Al comprobar su actitud, Lu Yao se sintió más tranquilo.

—En realidad no quería decir nada… pero…

Lin Daman se detuvo.

—¿Qué pasa?

—Hermano Daman, si fuera cualquier otra persona me callaría para siempre. Pero como me caes muy bien, siento que debo decírtelo.

Bajó un poco la voz.

—¿Sabías que el viudo Song está seduciendo a tu esposo?

Aunque Lin Daman tenía mal carácter, no era ningún tonto.

Se quedó observándolo un momento.

—¿Quién te contó eso?

—No te alteres todavía. Si no lo hubiera visto con mis propios ojos, jamás me atrevería a decir algo así.

Lu Yao omitió por completo a los niños.

Presentó la historia como si él mismo hubiera sido testigo casual.

—Ese día, cuando regresaba de vender tofu, vi al viudo Song pasar frente a tu casa y lanzar una rama de sauce al patio. En ese momento no le di importancia.

«Horas después fui al río a lavar las telas del tofu. Ya estaba oscureciendo cuando vi al viudo Song dirigirse hacia el bosque. Me pareció extraño y lo seguí a cierta distancia.

«¿Y sabes qué vi?

«En cuanto se encontró con tu esposo, se abrazaron, empezaron a quitarse la ropa y enseguida quedaron completamente absortos el uno en el otro…»

—¡Esos desgraciados!

Lin Daman rugió furioso y se dio media vuelta para regresar a casa.

Lu Yao lo sujetó rápidamente.

—Si vas ahora mismo a enfrentarlos, lo negarán todo. Incluso podrían acusarte de calumniarlos.

—¿Entonces qué hago?

Los ojos de Lin Daman estaban completamente enrojecidos por la rabia.

Respiraba con violencia.

—Atrapar a un ladrón requiere sorprenderlo robando. Atrapar a dos adúlteros requiere sorprenderlos en plena faena. Solo si los descubres juntos no podrán negarlo.

En realidad, Lin Daman llevaba mucho tiempo sospechando de la relación entre su esposo y el viudo Song.

Simplemente nunca había tenido pruebas.

Ahora que Lu Yao se lo confirmaba, tenía ganas de despedazarlos a los dos.

Desde la muerte del hermano mayor, Song Changshun visitaba constantemente la casa del viudo Song con la excusa de ayudar a la viuda.

Quién habría imaginado que aquella ayuda llegaba hasta la cama.

Lin Daman agarró la mano de Lu Yao.

—Buen hermano, sé que eres inteligente. Tienes que ayudarme.

—Puedo ayudarte, pero esto no es poca cosa. Hermano Daman, dime una cosa.

Hizo una breve pausa.

—¿Quieres seguir viviendo tranquilamente o quieres que esos dos paguen por lo que hicieron?

—¡No pienso dejarlos salirse con la suya! ¡Aunque tenga que divorciarme, sacaré a esos dos adúlteros a la luz para que toda la aldea vea la clase de personas que son!

Los ojos de Lu Yao brillaron.

—Entonces escucha atentamente…

Al anochecer, Song Changshun regresó del pueblo.

Durante el día había encontrado al erudito Xu.

Le habló del asunto y, para su sorpresa, Xu aceptó enseguida el dinero y prometió ir a la aldea en un par de días para sembrar rumores contra Lu Yao.

De las quinientas monedas que le había dado el viudo Song, Song Changshun solo entregó trescientas a Xu Dengke.

Las otras doscientas se las quedó.

Con ellas se dio un buen banquete en una fonda.

Comió medio pollo asado y bebió dos tazones de vino amarillo.

Tarareando una canción, llegó al patio de su casa.

Allí encontró otra rama de sauce rota.

Se acarició la barbilla y murmuró entre dientes:

—Esa pequeña zorra… no puede pasar ni un día sin buscarme. Esta noche voy a darle una buena atención.

—¿Ya regresaste?

La voz de Lin Daman sonó detrás de él.

Song Changshun dio un salto del susto.

—Daman… ¿qué haces aquí?

Lin Daman fingió no notar nada.

—Acabo de volver del río de lavar la ropa. Entremos.

La comida ya estaba preparada.

Aunque Song Changshun no tenía hambre después de haberse dado un festín en el pueblo, al ver el tofu servido sobre la mesa empezó a pensar en otra cosa.

Recordó el día en que había visto a Lu Yao vendiendo tofu frente a su casa.

Su belleza lo había dejado completamente atónito.

Ahora entendía perfectamente por qué el viudo Song estaba tan desesperado.

Sin duda temía que Zhao Beichuan terminara enamorándose de un ge’er tan hermoso.

Y si Zhao Beichuan realmente se divorciaba…

Quizá él también podría probar suerte.

Después de comer unos pocos bocados de arroz, inventó una excusa y volvió a salir.

Apenas cruzó la puerta, Lin Daman acostó a los niños y salió silenciosamente detrás de él.

Sin embargo, no fue directamente al bosque junto al río.

Primero pasó por la casa de su suegra.

Cuando entró, la anciana estaba dando medicina a Song Ping.

En apenas cuatro o cinco días el niño había quedado postrado en cama.

Su cuerpecito estaba completamente hundido entre las mantas.

Las mejillas se habían afinado y de vez en cuando tosía débilmente.

—¿Qué haces aquí?

preguntó la anciana con mal humor.

—Escuché que Ping’er está enfermo, así que vine a verlo. ¿Dónde está el viudo Song? No lo he visto.

La anciana resopló.

—Ese holgazán dijo que le dolía el estómago. Seguro que volvió a escabullirse para no trabajar.

El corazón de Lin Daman se hundió.

Aunque ya creía las palabras de Lu Yao, todavía conservaba una mínima esperanza de haberse equivocado.

Ahora ya no quedaban dudas.

Respiró hondo.

—Madre… el viudo Song no fue al retrete. Lo vi dirigirse al bosque con un hombre.

La anciana abrió los ojos de par en par.

—¿Qué has dicho? ¿Estás seguro?

—Completamente seguro. Si no lo hubiera visto con mis propios ojos, jamás me habría atrevido a venir a decírtelo.

La anciana golpeó con fuerza el cuenco de medicina sobre la cama, se calzó los zapatos y salió hecha una furia.

Lin Daman la siguió de cerca.

La vio tomar una azada y no pudo evitar sonreír con frialdad.

No bastaba con darles una paliza.

Quería destruir completamente la reputación del viudo Song y de Song Changshun.

—Madre, está completamente oscuro. Nosotros dos solos no podremos impedir que escapen.

La anciana estaba fuera de sí.

—¡Esa desvergonzada! Cuando murió mi hijo se negó a volver con su familia. ¡Y ahora ni siquiera es capaz de guardar luto como es debido!

—Si él no tiene vergüenza, yo tampoco tendré piedad. Ve a llamar al tío y a la tía del patio delantero. También a las familias de Song Dehai y Song Dezhu. ¡Vamos a atraparlos!

Lin Daman salió corriendo.

En menos del tiempo que tarda en beberse una taza de té reunió a todos.

Al enterarse de que iban a sorprender a dos adúlteros, nadie necesitó más explicaciones.

Todos agarraron azadas y palas y se dirigieron en grupo hacia el río.

Mientras tanto, el viudo Song y Song Changshun seguían completamente ajenos al peligro.

Acurrucados uno contra otro, intercambiaban palabras melosas.

—¿Ya arreglaste todo?

—No te preocupes. ¿Cuándo te he fallado? Aceptó el dinero y prometió venir a la aldea en un par de días para sembrar el escándalo. Entonces, aunque Zhao Beichuan no quiera, tendrá que echar de casa a ese esposo descarado.

El viudo Song sonrió satisfecho y se acomodó entre sus brazos.

—Si te hubieras casado conmigo desde el principio, no habríamos tenido que pasar por todo esto.

Song Changshun pensó para sí que, con lo promiscuo que era, seguramente estaría engañándolo igualmente aunque se hubiera casado con él.

—Ahora que lo pienso… el día que te comprometieron con mi hermano, mi madre en realidad quería que fuera yo quien se casara contigo. Pero ese día me dolía el estómago y no fui. Así terminé casándome con Lin Daman.

El viudo Song suspiró.

—Simplemente no estábamos destinados. Pero ya casi terminamos con todo esto.

Song Changshun sonrió.

—Eso dices ahora. Pero me temo que, cuando consigas a Zhao Beichuan, te olvidarás de este viejo amante.

El viudo Song se sonrojó y le dio un suave golpe en el pecho.

—¿Cómo podría? Las flores de casa jamás serán tan fragantes como las flores silvestres. Seguiré viniendo a buscarte…

—Pequeña zorra… deja que te quiera como es debido.

Song Changshun lo empujó al suelo y volvió a abrazarlo.

En ese instante comenzaron a oírse pasos aproximándose desde la distancia.

El viudo Song se sobresaltó.

—¡Viene alguien!

—No te preocupes. Ya es muy tarde. Seguro que solo es alguien que pasa por aquí. No hagas ruido. Terminaré enseguida.

Y, aun así, Song Changshun no se detuvo.

El viudo Song solo pudo morderse los labios, temblando de miedo.

Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first