El veterinario número uno del Imperio - Capítulo 78

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  4. Capítulo 78 - Día 78 del registro del doctor Pei
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—Doctor Pei, ¿hay algo extraño?

Al notar el cambio en la expresión de Pei Zhou, Osmon arqueó una ceja y preguntó en voz baja.

—El olor de este zorro no es el correcto… —Pei Zhou se enderezó y volvió la mirada hacia él con un dejo de sospecha—. Mengmeng siempre ha tenido una fragancia limpia y agradable. ¿Cómo es que ahora huele tanto a leche?

—¿Oh? ¿De verdad?

Un destello cruzó las pupilas de zorro de Osmon. Se remangó y se inclinó ligeramente para recoger a su primo.

—Ni siquiera sabía que los hombres bestia del clan zorro tuviéramos un olor así.

—Claro que lo tienen…

Pei Zhou apenas había terminado de asentir cuando, al inclinarse Osmon, levantó una ligera corriente de aire.

Una familiar y peculiar fragancia llegó directamente a la nariz de Pei Zhou.

—¡No te muevas!

Pei Zhou agarró de repente la manga de Osmon y gritó, sobresaltándolo. El cuerpo del hombre se quedó completamente inmóvil.

Sus alargados ojos de zorro parpadearon varias veces. Sus pupilas centelleaban hermosamente, ocultando el fugaz pánico que había pasado por ellas.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Osmon en voz baja, bajando la mirada hacia los dedos bien definidos de Pei Zhou, que sujetaban con fuerza su brazo.

Pei Zhou no respondió.

Tiró de él para hacerlo inclinarse aún más, acercó suavemente el rostro a su cuello y aspiró un par de veces por la nariz, como si estuviera intentando identificar algún olor.

Al ver lo que hacía, los ojos de Osmon se oscurecieron y su nuez se movió ligeramente.

En ese momento, la distancia entre ambos era demasiado pequeña. Sumado a las acciones de Pei Zhou, una extraña ambigüedad comenzó a impregnar el ambiente.

Después de olfatearlo atentamente durante un rato, Pei Zhou pareció darse cuenta también de lo peculiar de la situación.

Retrocedió un poco y examinó a Osmon con una mirada extraña.

—General Osmon, el olor de tu cuerpo… se parece mucho al de Mengmeng.

Mientras hablaba, mantuvo los ojos clavados en el rostro de Osmon, como si intentara encontrar alguna pista en su expresión.

Sin embargo, para su decepción, el semblante de Osmon no cambió en absoluto.

Una sonrisa brilló en sus ojos.

—¿Ah, sí? Entonces dime, ¿a qué huelo?

Pei Zhou se detuvo e intentó encontrar palabras para describir aquella peculiar fragancia.

—Mmm… Es fresca, pero al mismo tiempo bastante intensa. No se parece a ningún perfume… Aunque tampoco sé exactamente cómo describirla.

—Entonces… ¿te gusta olerme?

Al escuchar que Osmon bajaba deliberadamente la voz, Pei Zhou se estremeció.

Osmon se inclinó de repente hacia él. Sus hermosos ojos de zorro, brillantes y sonrientes, lo contemplaban con una expresión ligeramente juguetona.

Pei Zhou abrió un poco los ojos y se apresuró a retroceder. Recogió al zorrito del suelo y lo estrechó contra su pecho, casi como si quisiera utilizarlo de escudo.

—¿Q-qué tiene que ver esto con que me guste o no?

Se acomodó las gafas y procuró hablar con serenidad.

—Solo siento que el olor de Mengmeng no es el correcto.

Al ver a Pei Zhou abrazando al zorro como si estuviera preparado para enfrentarse a un gran enemigo, Osmon dejó escapar una risa ahogada.

—No pienses demasiado. Los miembros de nuestro clan zorro tenemos olores bastante parecidos. El olor a leche de mi primo se debe a que mi tía no sabe preparar demasiados tipos de comida y le da leche todos los días. Con el tiempo se le quitará.

—¿Por beber leche…? —murmuró Pei Zhou.

Osmon continuó:

—Además, cada hombre bestia del clan zorro está acostumbrado a una marca diferente de champú para el pelaje. Mi tía siempre usa productos especiales para cachorros con él. Yo prefiero Dihuazhixiu. Si te gusta mi olor, también te recomiendo esa marca.

—¿Eh?

Pei Zhou recordó inmediatamente que el champú que había utilizado anteriormente para bañar a Mengmeng también era de la marca Dihuazhixiu.

¿De verdad podía tratarse simplemente de una coincidencia?

—Está bien, entiendo…

Aunque asintió, todavía conservaba ciertas dudas.

La fragancia de Mengmeng era demasiado particular.

¿De verdad podía deberse al champú Dihuazhixiu?

No parecía muy convincente.

Con esa idea en mente, Pei Zhou se volvió todavía más meticuloso mientras acariciaba al pequeño zorro.

Observó cuidadosamente cada parte de su cuerpo y después estudió con atención las expresiones de su cara. Pero tenía que admitir que, tratándose de zorros, realmente no conseguía detectar ninguna diferencia evidente.

Quizá… de verdad estaba pensando demasiado.

Pei Zhou exhaló y acarició distraídamente el suave vientre que el pequeño zorro mantenía expuesto, preparándose para darle otra sesión de masaje.

Sin embargo, mientras deslizaba la mano por su pelaje, accidentalmente rozó los testículos del zorrito.

Sí, estaban perfectamente rasurados y muy limpios, pero la sensación al tacto…

No era la correcta.

—¿Eh?

Pei Zhou volvió a emitir un sonido de sorpresa.

Tomó al pequeño zorro, que seguía retorciéndose mimosamente entre sus brazos, y lo puso boca arriba. Se inclinó, se acomodó las gafas y examinó una de sus partes vitales con una mirada académica y completamente profesional.

Al ver lo que hacía, a Osmon volvió a temblarle una ceja.

Entonces escuchó murmurar a Pei Zhou:

—Parece que… se hicieron más pequeños.

El hermoso rostro de Osmon se quedó rígido.

De pie detrás de Pei Zhou, contempló a su primo tumbado boca arriba, mostrando el vientre y sus pequeñas bolitas mientras lo miraba con absoluta inocencia.

Aquella expresión tonta y adorable…

Osmon echó un vistazo a los pequeños testículos perfectamente rasurados de su primo y, de repente, comprendió qué estaba desconcertando a Pei Zhou.

Las comisuras de sus labios se crisparon y una expresión extraña pasó por sus pupilas.

¿En serio?

¿Incluso eso podía descubrirlo?

Tsk. Todo era culpa de su inútil primo.

¡Mira nada más! Parecían dos pequeñas campanitas. No había forma de compararlas con las suyas…

Los pensamientos de Osmon comenzaron a desviarse sin control, haciendo que su expresión cambiara de maneras cada vez más peculiares.

Temiendo que Pei Zhou notara algo, levantó rápidamente un puño para cubrirse la boca.

Pei Zhou pareció percibir que algo ocurría detrás de él.

Giró lentamente la cabeza y miró a Osmon con una mezcla de desconcierto y sospecha.

—¿Qué estás haciendo?

No entendía por qué Osmon había comenzado de repente a comportarse de manera tan extraña.

—Ejem, ejem…

Después de conseguir controlar finalmente las comisuras de sus labios, Osmon bajó la mano y adoptó una expresión seria para disimular.

—Perdón, me picaba un poco la garganta. Doctor Pei, ¿qué sucede?

Al contemplar sus claras pupilas, Pei Zhou dudó un instante antes de hablar.

—General Osmon, siento que este Mengmeng tiene algo extraño.

—¿Qué tiene de extraño? —preguntó Osmon, fingiendo no saber nada.

Pei Zhou acarició con cierta incomodidad la espalda peluda del pequeño zorro y murmuró:

—No sé si estaré equivocado, pero… parece que los testículos de Mengmeng se hicieron más pequeños.

Osmon tosió dos veces.

Una sonrisa floreció en su apuesto rostro, y hasta su voz quedó impregnada de diversión.

—Doctor Pei, ¿no fuiste tú quien le rasuró el pelo a Mengmeng? Sin pelaje, naturalmente parecen más pequeños…

Los labios de Pei Zhou se movieron ligeramente.

Al final, no supo qué responder.

—Olvídalo, olvídalo…

Agitó una mano. Como por el momento era incapaz de encontrar una explicación, decidió dejar el asunto a un lado y comenzó directamente una sesión completa de masaje para el pequeño zorro.

Lo masajeó hasta que todo su pelaje se erizó y el pobre animal comenzó a soltar una sucesión de lastimeros aullidos.

Prácticamente se había convertido en un erizo blanco.

…

Diez minutos después, el primo zorro parecía tener todos los huesos completamente desmontados.

Yacía desparramado en el suelo como una estola de piel de zorro, incluso con la pequeña lengua rosada colgando de la boca.

【¡Ding! Tu técnica de masaje ha resultado sumamente efectiva. El adorable y tontorrón cachorro de zorro que tienes delante siente todo el cuerpo relajado. Valor de potencial +5.】

Pei Zhou detuvo sus movimientos y, al percibir la respuesta de su poder mental, se mostró bastante sorprendido.

—No esperaba que esta vez incluso aumentara el potencial de Mengmeng.

—Ah, entonces muchas gracias.

Osmon se inclinó rápidamente, recogió al pequeño zorro y lo sostuvo entre sus brazos. Después miró a Pei Zhou con una sonrisa.

—Doctor Pei, ya terminaste con la orientación del poder mental, ¿verdad? Entonces, ¿me llevo a mi primo a casa?

Tenía que marcharse.

Si permitía que su primo siguiera allí, tarde o temprano acabaría descubriéndose toda la farsa.

—Ah, sí. Ya terminé.

Pei Zhou miró a Osmon preparándose para llevarse al pequeño zorro y sus ojos se llenaron de desgana.

Pero Mengmeng ya tenía a su propia familia, así que tampoco podía encontrar una razón para retenerlo.

Solo pudo murmurar:

—Está bien… Llévatelo.

Osmon percibió claramente cuánto le costaba separarse de él, pero no se atrevía a dejar allí a su primo. Sonrió.

—Sé que el doctor Pei y mi primo tienen una relación muy estrecha. No te preocupes. ¡Lo traeré a menudo para que pueda verte!

—Mm.

Con aquella promesa de Osmon, Pei Zhou se sintió mucho mejor.

Mantuvo la mirada sobre el pequeño zorro. Su enorme y esponjosa cola blanca colgaba blandamente sobre el brazo de Osmon y se balanceaba con suavidad, como un pequeño plumero.

Al final, Pei Zhou no pudo contenerse.

Extendió una mano y acarició con desgana aquella pequeña cola.

Suspiró interiormente.

Mengmeng ya pertenecía a otra familia. De ahora en adelante no podría acariciarlo cuando quisiera.

Sin embargo, al ver cuánto cariño mostraba Pei Zhou hacia su primo, Osmon comenzó a sentir celos.

No dejó que se reflejara lo más mínimo en su rostro. Por el contrario, sonrió.

—¿Qué tal se siente?

Pei Zhou se quedó desconcertado y levantó la mirada hacia él.

Respondió sinceramente:

—¡Es suave y se siente increíble!

Al escuchar aquello, Osmon levantó ligeramente la barbilla y lo miró de reojo con sus alargados ojos.

Por alguna razón, Pei Zhou consiguió distinguir en aquel diminuto cambio de expresión una mezcla de descontento y orgullo.

El gesto de levantar la barbilla y aquella mirada que había dejado escapar inconscientemente…

Le resultaban tremendamente familiares.

De verdad se parecía muchísimo a Mengmeng…

Hasta esa forma tan humana de expresarse era prácticamente idéntica.

Mientras Pei Zhou seguía distraído, una misteriosa sonrisa apareció lentamente en el rostro de Osmon.

Con voz tentadora, dijo:

—Mi primo solo es un cachorro. Aunque su pelaje es suave, después de todo es bastante pequeño, así que tampoco es gran cosa acariciarlo… Si hablamos de sensación al tacto, la gran cola de un zorro adulto es mucho mejor. ¿Quieres probar?

Pei Zhou se quedó paralizado.

Antes de poder contenerse, ya había asentido.

Entonces escuchó un suave «puf».

Detrás de Osmon apareció una enorme cola de zorro de un blanco inmaculado.

Se balanceó suavemente un par de veces antes de extenderse frente a Pei Zhou. Cada hebra de su blanco y esponjoso pelaje parecía erguirse por separado, envuelta bajo la luz en un cálido resplandor casi sagrado.

—Gulp…

Pei Zhou tragó saliva con dificultad.

Sus ojos quedaron completamente clavados en ella.

—¿D-de verdad puedo tocarla?

Osmon soltó una risita y respondió con suavidad:

—Si acaricias mi cola, la próxima vez que venga a hacerme una orientación del poder mental tendrás que hacerme un veinte por ciento de descuento, ¿de acuerdo?

—¡Sí, sí! ¡Por supuesto!

Pei Zhou aceptó inmediatamente.

Los ojos detrás de sus gafas brillaron de emoción mientras extendía ambas manos hacia aquella enorme y esponjosa cola.

—Entonces no seré cortés… Je, je.

La cola era tan grande y voluminosa que Pei Zhou ni siquiera podía acariciarla con una sola mano.

Tuvo que rodearla con ambos brazos y estrecharla contra su pecho antes de deslizar las manos vigorosamente por todo su pelaje.

La traviesa punta de la cola le rozó la barbilla, provocándole un delicioso cosquilleo.

Pei Zhou cerró los ojos de pura felicidad y no pudo evitar frotar la mejilla contra aquel suave pelaje.

«Guau… ¡Esto se siente demasiado bien!»

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