El Manual Definitivo de inversiones de un genio de Wall Street - Capítulo 298
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- Capítulo 298 - Historia Extra, Los Marquis (4)
“¡Te dije… que no te acercaras a ese tipo!”
Gerard casi alzó todavía más la voz, pero apretó los labios y se contuvo.
Las palabras que no dijo se le amontonaron al fondo de la garganta como una montaña.
Los regaños que había repetido cientos de veces.
Ha Si-heon es peligroso.
Escoge bien a tus amigos.
Quien tengas a tu lado puede cambiarte la vida.
Y aun así, ninguna de esas palabras había llegado a Rachel.
Al final, pasó este desastre.
‘¡Rachel… recurriendo a amenazas!’
Rachel, que siempre había sido más pura que nadie.
Pero Ha Si-heon, poco a poco, ya le estaba manchando hasta el alma.
Gerard se mordió el labio con fuerza.
Ahorita no se necesitaban sermones ni regaños.
Y menos en un momento como este: tenía que guiar a Rachel para que abriera los ojos por sí misma.
Gerard respiró hondo y habló lo más suave que pudo.
“Piénsalo. Forzar a alguien así… eso no se parece a ti para nada. Esta es justo la táctica que él usa siempre.”
“No me digas… ¿otra vez Sean?”
¡Claro que él! ¿Quién más?
Le daban ganas de contestarle así, pero en vez de eso, Gerard se aclaró la garganta y habló con cuidado.
“Sí, lo admito: tiene talento. Tiene muchas cualidades impresionantes. Pero… eso no significa que no tenga defectos. Lo que me preocupa es que estás tan cegada por las fortalezas de Ha Si-heon, que ya estás empezando a copiar sus debilidades peligrosas. Sobre todo esto de intimidar… eso es algo que nunca deberías aprender.”
“¿Intimidación? ¿Sean?”
Rachel ladeó la cabeza como si Gerard estuviera equivocado, y luego sonrió quedito.
“Eso es un malentendido. Sí, Sean a veces es audaz y empuja hacia adelante, pero intimidación… no.”
Gerard sintió que se iba a volver loco.
¿De verdad tenía idea de qué clase de persona era Ha Si-heon?
No solo intimidaba: si alguien se le atravesaba, lo destruía por completo—sin importar quién fuera.
Era, literal, un desastre natural caminando.
Y aun así Rachel podía decir “Sean jamás amenazaría a nadie”.
Era igualito a un dueño de perro riéndose y diciendo: “Mi perro no muerde”, mientras la bestia enseña los colmillos.
Gerard soltó un suspiro solo por dentro, y luego habló con calma.
“Como sea, es peligroso. ¿No fue suficiente con tumbar a China y Grecia? Hasta provocó una guerra de IA que puso a Estados Unidos y China en choque frontal.”
Este era un hombre que trataba derrocar países como si fuera un hobby.
Seguro, ahora sí, Rachel iba a admitir lo peligroso que era.
Rachel vaciló un momento, y luego contestó:
“Eso se salió muchísimo de lo que él quería. Pero sí empezó con buenas intenciones. Sean… tiene buen corazón.”
A Gerard se le torció la cara sin querer.
¿Buen corazón? ¿Ha Si-heon?
“Sí, sus métodos son bruscos y se prestan a malentendidos, pero al final, todo lo que hace Sean es por los débiles.”
Ya estaba a punto de explotar.
¿Qué demonios había hecho Ha Si-heon para que Rachel le creyera sin una sola duda?
¿Y decir que todo lo que hace es por los débiles?
¿Quién en su sano juicio glorificaría a alguien como Ha Si-heon así? Gerard no lo entendía.
Normalmente Rachel era lista, ¿por qué se volvía ciega en cuanto se trataba de él?
La respuesta salió sola.
Rachel bajó la mirada y sonrió con amargura.
“No lo entiendes porque tú nunca lo has visto. Si lo hubieras visto tratar a los pacientes con tanta calidez, ni una sola vez podrías dudar de su sinceridad.”
Ahí estaba.
La razón por la que Rachel confiaba en Ha Si-heon a ojos cerrados.
Porque lo había visto dedicarse a la Fundación Castleman.
Pero a estas alturas, él ya no tenía por qué seguir actuando.
Al principio, Gerard pensó que Ha Si-heon solo se acercó a Rachel por su dinero o sus conexiones.
Pensó que trabajar en la Fundación Castleman era solo un pretexto para acercarse.
Pero no.
Ha Si-heon seguía ayudando de verdad con el trabajo de la fundación.
Incluso ahora, cuando ya tenía riqueza, fama y todo lo demás.
Claro, eso no significaba que fuera buena persona.
Así que solo quedaba una conclusión.
Él sentía algo por Rachel.
Tenía sentido.
Rachel era impecable, una hermana perfecta.
Su único defecto era ser demasiado buena y demasiado pura.
No era raro que hasta alguien como Ha Si-heon se sintiera atraído por ella.
Pero aun así…
¿Un hombre sin un gramo de conciencia?
¿Un hombre tan oscuro por dentro que hasta el diablo se echaría para atrás?
¿Y se atrevía a desear a Rachel?
Era como echar lodo en agua de manantial cristalina.
Pero no había duda.
¿Si no, por qué seguiría entregándose a la fundación?
Solo estaba actuando como santo perfecto para ganarse el corazón de Rachel.
Y Rachel, tan inocente, había caído completita en esa actuación de tercera.
“Y eso de que yo estoy actuando por consejo de Sean… es un malentendido total. Sean no sabe nada de mi galería. Ni siquiera sabe qué es la plataforma de Art Nest.”
“No puede ser…”
“Es verdad.”
Gerard le observó con cuidado los labios.
Cada que Rachel mentía, tenía el hábito inconsciente de morderse por dentro la mejilla, dejando un hoyuelo pequeño.
Pero esta vez, no estaba.
Estaba diciendo la verdad.
De verdad no le había contado a Ha Si-heon de este asunto.
“¿Por qué no?”
“Porque Sean está muy ocupado… y esta vez quería intentar resolverlo con mi propia fuerza. Claro, si lo hubiera consultado, probablemente Sean me habría sugerido una forma mejor.”
“¿U-una… forma mejor?”
A Gerard se le fue la mente a blanco.
Ha Si-heon una vez volteó de cabeza a toda China solo para darle a Gerard el puesto de CEO.
Y eso fue solo porque quería impresionar a Rachel.
Entonces, ¿qué pasaría si esta vez Rachel se lo pidiera directo?
¿Hasta dónde llegaría?
¿Con destruir sería suficiente?
En el peor de los casos, Marquis podría quedar completamente pulverizada.
¡Todo porque no aprobaron una lista de invitados para un evento benéfico!
‘No, cálmate. Eso es exagerar. Por muy imprudente que sea, ni él llegaría tan lejos… ¿verdad?’
No.
Pensándolo bien, si se trataba de Ha Si-heon, sí lo haría.
“…Mis tíos ni me van a tomar en serio. Solo quiero que tú lo menciones por mí. Pero si es mucha molestia, no tienes que forzarte. Puedo intentar encontrar otra manera…”
¿Otra manera?
A Gerard le regresaron como flash las palabras anteriores de Rachel.
—Claro, si lo hubiera consultado, probablemente Sean me habría sugerido una forma mejor…
“¡Espera—alto!”
Le salió un sonido casi como grito.
Rachel se sobresaltó, y Gerard pegó una sonrisa forzada y se apresuró a recomponerse.
“Lo que quiero decir es que… ejem. Claro que voy a ayudar a mi hermana. Creo que sí puedo encontrar una manera.”
“¿De verdad?”
“Sí. Ya se me está formando un plan. Así que…”
En los ojos de Gerard brillaba la desesperación.
“¡Nunca, nunca! Ni se te ocurra pedirle ayuda a ese tipo.”
Cuando Rachel se fue, Gerard se puso a caminar de un lado a otro, ordenando sus ideas.
‘¡Antes de que ese hombre se mueva, tengo que resolver esto primero…!’
No podía permitir que Ha Si-heon se metiera en este asunto.
Si pasaba… ¡Gerard podría terminar siendo el “último” CEO de la familia Marquis!
Por lo menos, ya le sacó a Rachel la promesa de no contarle nada a Ha Si-heon.
Pero no podía bajar la guardia.
Es normal que alguien revise de vez en cuando cómo está la mujer que le importa.
¿Y si Ha Si-heon notaba este problema algún día?
¿Y si se enteraba de que Rachel había estado sufriendo sola…?
Ese resultado había que evitarlo como fuera.
Todos los problemas debían resolverse antes, y bien cerrados.
En otras palabras, el problema de Rachel —lograr que los tíos aceptaran, de buena gana, incluir “plebeyos” en la lista de invitados del evento benéfico— tenía que arreglarse.
Claro, no es que no hubiera opciones.
Estaba el método que Rachel propuso.
La táctica que le gustaba a Ha Si-heon.
O sea: “intimidación”.
“Si no aprueban, vamos a etiquetar a la familia Marquis como una aristocracia cerrada”, y presionar a los tíos.
Era una amenaza fuerte.
Viendo costo-beneficio, sí podía convencer al consejo familiar.
Pero a Gerard algo no le cuadraba.
¿De verdad funcionaría?
Al principio lo vio como una amenaza al estilo Ha Si-heon… pero ahora le parecía rara.
Se parecía al método de ese hombre, pero le faltaba algo clave.
Esto era una amenaza típica: “Si no haces lo que te pido, habrá consecuencias”.
Pero, estrictamente hablando, el estilo de Ha Si-heon era distinto.
Su verdadera “firma” estaba en otro lado.
—¿Amenazas? ¿Yo? ¿Cómo puedes decir eso… me lastimas.
Primero, casi siempre le agregaba un teatro asquerosamente ofendido.
Arrinconaba a alguien y luego se hacía el indignado—diciendo que jamás quiso hacer daño y que lo estaban malinterpretando.
Pero la amenaza de Rachel no tenía esa hipocresía tan propia de Ha Si-heon.
Segundo, y más importante: él nunca usaba solo el palo—siempre ofrecía la zanahoria también.
Ese era el método de Ha Si-heon.
Así no habría represalias.
Aunque después el amenazado se quejara, todo podía resumirse elegantemente: “¿Y qué? Tú también saliste ganando, ¿no?”
Y una vez que eso pasaba, ya nadie escuchaba a la “víctima”.
Ese hombre era meticuloso.
Pensándolo como sea… era peligroso.
Rachel tenía que mantenerse lejos.
No debía aprender esas cosas.
Aun así, otra voz le susurraba insistente en la cabeza a Gerard.
Tal vez una vez… tomar prestada la táctica no estaría tan mal. Es innegablemente efectiva.
Era un pensamiento peligrosísimo.
Significaba contaminarse con el método de Ha Si-heon.
Pero Gerard no era como Rachel.
Él ya sabía, a golpes, lo peligroso que era Ha Si-heon.
Si mantenía la vigilancia…
¿Podría tomar prestadas por un momento las estrategias útiles de ese hombre sin contaminarse?
Si solo “simulaba” su método por un instante…
Tenía que pulir la amenaza cruda de Rachel para volverla elegante.
Como estaba, solo tenía el palo.
Tenía que agregarle la zanahoria a fuerzas.
Tenía que amarrar “la vergüenza si rechazas mi exigencia” con “los beneficios si accedes”.
Pero no se le ocurría una zanahoria adecuada.
Y no era raro — sus tíos eran la cabeza de la familia Marquis.
Ya tenían dinero, honor y poder.
Lo que de verdad deseaban, por encima de todo, era el derecho a designar al sucesor de Marquis.
No había otra carnada que los tentara.
Por más que se quebrara la cabeza, no veía salida.
¿Ese hombre—Ha Si-heon—habría visto otra solución?
Su pensamiento se deslizó, sin querer, hacia: ¿Qué haría Ha Si-heon?, pero Gerard se sacudió con fuerza.
‘¡Reacciona! ¡Nunca te vuelvas como él! Solo toma su método, no dejes que te corrompa la cabeza completa.’
Justo cuando se aferraba a sí mismo contra esa tentación mareadora, entró la secretaria.
“Director, el director del centro ya llegó.”
“Y… el presidente Rupert también vino.”
La reunión que siguió era para presentar el “nuevo producto” que Gerard le había ordenado desarrollar al director de I+D.
“¿Ya está listo el prototipo?”
“Aquí está.”
Los objetos sobre la mesa eran ingeniosos.
Globos que se volvían humo al reventarlos, dulces brillantes hechos con ingredientes vitamínicos, y cosas así.
Dulces “mágicos” usando técnicas de gastronomía molecular.
Gerard los revisó con bastante satisfacción, cuando…
“Esto es un jueguito.”
Una voz claramente disgustada escupió esas palabras.
Era el tío abuelo Rupert.
Desde que Gerard empezó a moverse solo pese a que al principio lo habían nombrado heredero títere, Rupert estaba desesperado por recuperar control.
Su método era ir a las juntas y criticar todo.
Como ahora.
Con los brazos cruzados, burlón, soltó: “¿Crees que algo creativo se va a vender? Tsk tsk, ni siquiera has visto los casos pasados.”
Se estaba burlando de los intentos “creativos” previos de la familia Marquis.
Una vez, Marquis sacó dulces sabor menta, barras de chocolate con brillantina dirigidas a mujeres, incluso wasabi N&N—productos raros.
Pero los resultados fueron un desastre.
Después de una racha de fracasos, Marquis se fue de lleno a una estrategia de puros clásicos.
Y ahora Gerard estaba otra vez experimentando con cosas raras.
La burla de Rupert iba directo a eso.
Gerard contestó con confianza.
“Esos productos solo se apoyaban en ‘ser raros’ y se evaluaban de forma subjetiva por ‘sabor’. Yo soy diferente. Este nuevo producto está centrado en el espectáculo visual. En esta era, es una estrategia de contenido ligada a la viralidad en redes. En otras palabras, el consumidor ya no va a tratar el dulce como solo comida, sino como una experiencia de entretenimiento.”
“Entonces… ¿lo vas a empujar a fuerza?”
“Como mínimo, hay que intentarlo. Y no me estoy aventando sin datos. Vamos a hacer investigación de mercado y validación de concepto a fondo.”
Las palabras serenas de Gerard hicieron que la cara de Rupert se pusiera roja.
De hecho, Rupert había sido responsable de varios de esos lanzamientos fallidos.
En aquel entonces, él se movía sin verificar nada.
“¿Me estás hablando a mí ahorita…?”
Gerard abrió los ojos adrede y, sonriendo, se apuntó a sí mismo.
“¿Yo? No, solo hablaba en general.”
Hasta esa mañana, sus tíos habían parecido una pared infranqueable para su control administrativo.
Pero cuando te cae una calamidad real como Ha Si-heon, la terquedad de Rupert se veía ridícula.
“Si pretende oponerse a mi estrategia, argumentos subjetivos como ‘así fue antes’ o ‘tengo un mal presentimiento’ no van a convencer. Si quiere refutar, por favor presente contraargumentos racionales basados en datos. Y también…”
Soltó un suspiro corto y añadió:
“Por favor, no actúe de forma unilateral sin consultarme antes. No como durante la última elección presidencial.”
Con esas palabras, la cara del tío abuelo se puso todavía más roja.
El “incidente de la elección presidencial” se refería a cuando decidieron a qué candidato apoyar antes de la elección de presidente en Estados Unidos.
Para Marquis, elegir candidato era algo importantísimo.
Esta vez Gerard tenía que representar a Marquis y tomar la decisión.
En aquel entonces, había insistido en apoyar a Trenton por consejo de Ha Si-heon.
Una locura.
La mayoría de predicciones y la prensa se inclinaban por la victoria de Helena Clayton, así que la postura de Gerard era un riesgo enorme.
Pero no tuvo el valor de oponerse a Ha Si-heon, cerró los ojos y apostó todo.
Casi lo corren por eso.
Tanto el tío abuelo como el tío lo regañaron brutalmente por su mal juicio.
El tío abuelo incluso apoyó en secreto a Helena “por si ganaba”.
Y aun así, el resultado…
“Al final, ¿no tuve yo la razón?”
Contra todas las expectativas, Trenton ganó.
A Gerard se le escapó una risa por la nariz.
Recordó clarito las caras pálidas de sus dos tíos.
Pero rápido borró la sonrisa, negó con la cabeza y suspiró.
“Eso casi nos causa un problemón hace poco.”
Gerard había apoyado a Trenton desde el inicio.
Pero por las acciones unilaterales del tío abuelo, Marquis terminó viéndose como si coqueteara con ambos candidatos, algo vergonzoso.
“Tuve que inventar mil excusas para arreglarlo.”
“¡E-eso…!”
La cara del tío abuelo ya era un ladrillo rojo.
La “excusa” de Gerard había sido medio excéntrica.
—Mi tío abuelo ya está grande… la memoria ya no le funciona igual, y a veces hace cosas raras sin consultar…
En pocas palabras, enterró el asunto como “nuestro tío abuelo senil hizo una tontería”, dejando a Rupert con imagen de viejito medio ido ante el equipo de Trenton.
Como resultado, cada que se veían oficialmente, Trenton se mostraba especialmente cortés—preguntando por la salud de Rupert y cosas así.
En esos momentos, el tío abuelo tenía que actuar el papel del anciano senil con lágrimas en los ojos.
Se tardaba a propósito al hablar y contestaba torpe.
“Por favor, esta vez no actúe de forma unilateral sin consultarme. Puede ganarse una imagen poco afortunada si vuelve a salirse del carril.”
Ahora ni siquiera el tío abuelo pudo burlarse.
En cosas ligadas directamente al presidente, nadie discutía el punto de Gerard.
Era natural.
Hasta las familias de abolengo más viejas agachan la cabeza ante el presidente.
Y eso era igual para las demás familias de “viejo dinero”.
Fue en ese momento cuando un relámpago le cruzó la cabeza.
‘¡Espera…!’
Un problema que no le había dado ni una pista pese a romperse la cabeza hace rato, de pronto encajó con claridad.
La zanahoria que podría tentar incluso a sus tíos tomó forma, clarísima, en un instante.
Le latía el corazón y se le encendió la mente.
Sí, es esto.
Lo encontró.
Una carnada perfecta que todos codiciarían.