El Manual Definitivo de inversiones de un genio de Wall Street - Capítulo 294
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- Capítulo 294 - Historia Extra, Jessie (3)
‘Sin duda… ¡Rachel siente algo por Sean!’
Jessie estaba segura.
Aunque Rachel nunca había dicho algo así directamente—no, ni siquiera hacía falta. Cada vez que esos dos estaban juntos, el aire entre ellos siempre se volvía raro… como “rosita”.
Y aun así, Rachel se esforzaba muchísimo por ocultar sus sentimientos.
La razón era obvia.
‘Tiene miedo de que si sale mal, hasta su relación actual se rompa.’
Era el tipo de preocupación que te encuentras en cualquier guía de citas.
Cuando empiezan a brotar sentimientos entre amigos o colegas, todos terminan pensando lo mismo.
¿Y si sale mal y luego todo se vuelve incómodo?
¿Y si pierdo una amistad por nada?
Pero.
Jessie ya tenía una respuesta simple y clarísima.
‘Si ya te estás preocupando por eso, entonces ya no son “solo amigos”.’
Al final, una relación así estaba destinada a cruzar la línea algún día.
La verdadera pregunta era cuándo.
Jessie decidió adelantar un poquito ese “cuándo”.
“Rachel, ¿qué tal si hoy hacemos noche de películas?”
“¿Ahorita? Seguro todavía estás cansada…”
“¿Cansada de qué? Ni siquiera fue viaje de trabajo, fue una escapadita. Además, de repente me dieron unas ganas de maratonear mis pelis favoritas hoy… ¿cómo ves?”
“¡Sí, me encantaría!”
Cuando Rachel aceptó sin pensarlo, a Jessie se le iluminaron los ojos.
La lista ya estaba perfectamente preparada.
Por supuesto, ¡el género era comedia romántica!
Y todas, todas las historias eran lo mismo.
Todas eran parte de la serie “de amigos a pareja”.
Después de poner tres películas de esas seguidas, Jessie miró a David de reojo justo en el momento perfecto y soltó, como quien no quiere la cosa:
“¿Te acuerdas? Nosotros éramos exactamente así al principio, ¿verdad?”
“¿Ustedes dos?”
“Sí. Yo era súper unida con cinco amigas del dormitorio, y David era uno de ellos. Yo me preocupaba un chorro. Que si empezábamos algo y luego se ponía raro, se arruinaba el ambiente del grupo. Hasta podía perder a un buen amigo.”
“Ah…”
Los ojos de Rachel vacilaron.
Empatizaba, pero su expresión también decía: “¿Y luego qué pasó?”
Jessie sonrió por dentro, satisfecha.
Claro que le iba a dar curiosidad.
“Entonces, en ese momento, hice una especie de ‘prueba de amigos’.”
“¿Prueba de amigos?”
“Ya sabes, esos tests mensos de revista. Los que según esto revisan si alguien es solo amigo o si hay algo más. Seguro ahorita los buscas y salen un montón.”
Jessie sacó su celular y empezó a buscar.
Como era de esperarse, internet estaba repleto.
Le dio clic al artículo que se veía más amarillista.
<¡Ya basta de fingir que son “solo amigos”! ¡El test definitivo para revelar la verdad de su relación!>
“¿Qué tal si hacemos este? ¡Tú y Sean!”
“Eh… pero nosotros no somos ese tipo de relación…”
“¡Pues justo eso va a decir el resultado! No te preocupes, es nomás por diversión, ¿no?”
Con una sonrisota, Jessie abrió el enlace.
Por dentro, ya estaba prediciendo el resultado.
‘Mínimo va a salir “aquí hay algo”… o con tantita suerte, “definitivamente son pareja”.’
Pero.
En cuanto leyó la primera pregunta, la sonrisa de Jessie desapareció.
¡Chequeo de nivel de contacto! ¿Con qué frecuencia esa persona te toca?
Tocar, ¿qué es eso? Yo no soy pantalla táctil.
A veces una palmadita en el hombro—nivel compañero de trabajo.
¿Espacio personal? Nunca escuché eso. Ya somos prácticamente uno.
Jessie se quedó congelada.
Ni siquiera necesitaba pensarlo.
La respuesta era la A.
A abrumadora.
“¿Jessie?”
Rachel la miró confundida mientras Jessie se quedaba viendo la pantalla sin parpadear.
Jessie fingió calma de inmediato.
“Ay, espérame tantito. El internet está lento… todavía está cargando.”
Murmurando algo de que el Wi-Fi otra vez andaba fallando, se deslizó hacia abajo.
A lo mejor venía una pregunta mejor.
A medianoche le mandas mensaje: “No puedo dormir…” ¿Qué hace él?
Responde a las 7 a. m.: “Espero que hayas dormido bien” (lo leyó 7 horas después).
Lo lee al instante: “¿Otra vez demasiado café?”
Llama en 3 segundos: “¿Qué pasó? ¿Quieres que vaya?”
Esta vez, Jessie bajó la cabeza.
El problema era muchísimo peor que antes.
¿Mandarle mensaje a Sean a medianoche?
¿Y algo tan personal como “no puedo dormir”?
Era más fácil mandarle eso a la Casa Blanca.
Claro, Sean nunca había declarado oficialmente una regla de “no mensajes personales”…
Pero era una regla tácita que todo mundo conocía.
‘¡¿Por qué todas las preguntas están así?!’
Apretando los dientes, Jessie siguió bajando.
Pero.
¿Cómo reacciona cuando alguien más muestra interés en ti?
¿Qué pose hace cuando se toma selfies contigo?
¿Qué hace en tu cumpleaños?
Mientras más bajaba, más se le iba endureciendo la cara.
Cada pregunta confirmaba la distancia y los muros entre ellos.
Pero a estas alturas, tampoco podía decir: “Ay no, está bien chafa, mejor hagamos otra cosa”.
Rachel estaba ahí, con los ojos brillantes, esperando a que “cargara”.
Entonces Jessie vio la última pregunta.
La última vez que estuvieron solos, ¿qué vibra había?
Súper de trabajo. Compartes un Excel, dices “buen trabajo” y te vas.
Algo fue diferente. El contacto visual te hizo apartar la mirada.
Si fuera película, 100% escena de beso. El corazón como solo de batería.
Jessie se animó de golpe y la leyó en voz alta, exagerando con dramatismo juguetón.
“Ah, mira—por fin cargó. ¡Pregunta! La última vez que ustedes dos estuvieron solos, ¿qué vibra había?”
Pero entonces… ¿por qué?
En cuanto leyó la pregunta y las opciones…
Rachel se quedó tiesa, y luego bajó un poquito la cabeza.
Y Jessie lo notó.
Las puntitas de sus orejas se habían puesto rojas, rojas como jitomate.
“… …”
Rachel dudó, incapaz de hablar.
Jessie sonrió con una satisfacción profunda.
Eso, por sí solo, ya era respuesta suficiente.
“Ay, no te preocupes si te da pena contestar. Es nomás por diversión.”
Jessie guardó el celular con toda naturalidad.
Bloqueó el resto de ese “test desastroso” antes de que Rachel pudiera ver más, y por dentro estaba furiosa.
‘¡¿Qué clase de detector de amor es este?! ¡Puro fraude!’
¡Cualquiera podía ver los fuegos artificiales rositas explotando entre Rachel y Sean!
Fuera de la última pregunta, lo demás era basura.
Pero aun así…
Hasta ese test ridículo tuvo su utilidad.
Porque gracias a él, Jessie se topó con un insight inesperado.
Por fin había identificado el verdadero obstáculo que bloqueaba su relación.
‘El problema es Sean.’
Incluso para la gente normal, pasar de amigos a pareja siempre trae presión.
Cruzar esa línea nunca es tan fácil como suena.
Pero en el caso de Sean… el nivel era otro por completo.
‘Esto no es una línea, es un muro… no, ni siquiera un muro. Es básicamente el Himalaya.’
El aura que Sean imponía solo podía describirse como una montaña enorme, cubierta de nieve, con un letrero gigantesco:
“Área restringida – Prohibido el paso a personal no autorizado”.
Y para colmo, Rachel tampoco era precisamente la indicada para lidiar con una barrera así.
Tenía los puntos de consideración al máximo, y no era el tipo de persona temeraria que se avienta a escalar un acantilado a mano limpia.
‘Esa montaña… ella nunca la va a escalar sola.’
Lo que significaba que solo había una respuesta.
‘¡Yo voy a tener que ser la sherpa!’
Hasta el Everest empieza con campamento base.
Por ahora, la tarea más urgente era esta:
‘¡Que pueda mandarle mensajes casuales, fuera del trabajo!’
Tenía que llegar al punto donde pudiera escribirle a Sean un mensajito rápido sin razón particular.
Esa era la prioridad número uno.
Pero aunque sonaba sencillo…
En realidad, era una misión ultra difícil.
Jessie lo sabía demasiado bien por experiencia propia.
Cada vez que le texteaba a Sean por su proyecto de “hazlo sentir familia”, escribía, borraba, volvía a escribir, volvía a borrar… una y otra vez.
‘No hay forma de que Rachel dé el primer paso.’
Era demasiado considerada, y quería preservar la relación actual que tenía con él.
Pero si dejaban a esos dos solos así, no cambiaría nada hasta la siguiente era glaciar.
Así que se necesitaba un empujoncito.
Por suerte, el método era sorprendentemente simple.
“Rachel, ¿no dijiste que lo que cocina Sean estaba bien rico? Me muero por saber… ¿me lo podrías hacer algún día?”
“¿Qué? Pero yo no sé cocinar nada…”
“Dijiste que él solo siguió una receta, ¿no? Entonces tú solo sigue la receta otra vez. ¡Yo te ayudo!”
“Ah, em…”
Una incomodidad fugaz cruzó el rostro de Rachel.
Jessie celebró por dentro.
‘¡Lo sabía! ¡Sean tiene la receta!’
Eso significaba que Rachel tendría que contactarlo para hacer el platillo.
No por trabajo. No por temas de Castleman. ¡Sino por una receta!
Normalmente, Rachel ni lo intentaría.
…
“¿Ándale? De verdad, de verdad me da curiosidad.”
Rachel, tan buena como era, no pudo resistirse a una petición tan sincera.
“…Está bien, le pregunto.”
Tal como Jessie esperaba, Rachel sacó el celular con cuidado y mandó el mensaje.
Y entonces—
¡Ding!
La respuesta llegó casi al instante, como si hubiera estado esperando.
Aquí está. (link)
Seco, mínimo, solo con la información necesaria.
Pero Jessie no estaba enfocada en el contenido frío.
Lo importante era la rapidez.
Una respuesta en apenas diez segundos…
‘Más rápido de lo que pensé.’
Eso significaba que no había dudado ni tantito en contestar.
Era una señal clara y positiva.
‘Cuando era conmigo, nunca contestaba tan rápido.’
Era injusto y daba coraje, pero ahorita eso no importaba.
Jessie apenas podía contener la emoción.
‘¡Es ahora!’
Como dicen: ¡hay que aprovechar el momento!
“¿Le puedes preguntar si siguió la receta exactita? O sea—¿la leche era entera, deslactosada o light? Y la mantequilla—¿con sal o sin sal…?”
“¿Qué? ¿T-tan específico?”
Rachel se puso nerviosa ante lo quisquilloso de esas preguntas.
Pero al final, no pudo resistirse a los ojitos suplicantes de Jessie y mandó otra ronda de preguntas a Sean.
“¿No lo estamos molestando demasiado…?”
Rachel se veía inquieta, pero Jessie por dentro estaba aplaudiendo.
‘¡Perfecto! ¡Lo importante es dar el primer paso!’
La primera vez siempre es la más difícil.
La segunda sería mucho más fácil.
Ahora que ya existía un precedente, los mensajes casuales iban a dar mucho menos miedo en el futuro.
Claro, con esto no bastaba para conquistar el Everest.
A lo mucho, apenas habían salido del campamento base.
La siguiente meta era el campamento intermedio.
‘¡Necesitan excusas regulares para verse! No por Castleman, sino por cosas personales…’
Por supuesto, Rachel jamás estaría fastidiando a Sean por cosas personales.
¿Pero y si… era por Jessie?
“Rachel, la verdad tengo un problema serio. ¿Puedo hablar contigo?”
Así comenzó la sesión de “consejería”.
“La verdad es que quiero ser como familia con Sean. Pero siento que me está evitando… hasta rechazó mi invitación de Navidad. ¿Estoy siendo demasiado intensa con él?”
Si Jessie le pedía a Rachel que hiciera de intermediaria para mejorar su relación con Sean…
Entonces cada vez que saliera algo, Rachel se metería.
Lo que significaba más oportunidades de “encuentros privados”.
En realidad, no era más que “consejería diseñada para programar reuniones”.
Pero Rachel terminó dando un consejo sorprendentemente acertado.
“Hmm… tal vez es una diferencia cultural. Para los americanos, días como el Día de la Independencia o Navidad son importantes. Sean se mudó a Estados Unidos en secundaria, ¿verdad? A lo mejor deberías celebrar festividades coreanas.”
Y entonces—Rachel soltó la verdadera bomba.
“Por ejemplo, Chuseok—es como el Acción de Gracias coreano. Sean una vez me dijo que siempre le recordaba las comidas con sus papás. ¿Cómo se llamaba el platillo…? Ah, ¡bibimbap! Y las tortitas coreanas…”
A Jessie se le abrieron los ojos.
“¡Espera! ¿Me estás diciendo que Sean de verdad… te habló de comida ligada a recuerdos familiares?”
“Eh… sí. Incluso una vez fuimos juntos, porque no quería comer solo.”
“¡¿Cuándo fue eso?!”
“Su primer Thanksgiving después de entrar a Goldman.”
Increíble.
Jessie estaba en shock.
Sean, que levantaba muros de acero con solo escuchar la palabra “familia”…
Había abierto la boca y compartido esos recuerdos personales con toda naturalidad—con Rachel.
Ya no había duda. Para Sean, Rachel era alguien especial.
Pero eso ni siquiera era todo.
“Creo que Sean está más acostumbrado a dar ayuda que a recibirla.”
“…¿Sean?”
“¡Sí! Si de verdad quieres acercarte a él… ¿por qué no vas directo con Sean y le pides consejo? Por ejemplo, ¿no andas preocupada por la maestría últimamente?”
“Pues… no creo que le guste mucho… Además, aunque Sean sea bueno en muchas cosas, la consejería como tal no es—”
Pero Rachel negó con firmeza.
“No. Sean solo suena frío cuando habla, pero en realidad es muy bueno para dar este tipo de consejos.”
“…¿Sean es… bueno para aconsejar?”
“Sí. De hecho, la razón por la que yo siquiera soñé con trabajar en una galería fue gracias a él.”
“¡¿Qué?!”
Jessie nunca había escuchado eso.
“Sí. El arte era mi sueño de niña, pero lo dejé porque sentía que no tenía talento. Cuando Sean se enteró, me dijo que buscara algo conectado con mi sueño que todavía pudiera hacer… y fue cuando me recomendó trabajar en una galería.”
Y las revelaciones no pararon.
“Y además, Sean me ayudó con mi hermano.”
“¿Tu hermano… Gerard?”
“Sí. Gerard estaba metido en un problema por asuntos familiares.”
Rachel compartió con cuidado una historia sobre la familia Marquis.
Omitió detalles finos, pero fue suficiente para que Jessie entendiera el contexto general.
Y lo que escuchó dejó a Jessie helada.
“Espera, entonces… ¿me estás diciendo que esa ‘guerra de divisas’ que Sean hizo en China… en realidad pasó mientras ayudaba a tu hermano Gerard?”
Jessie se quedó sin palabras.
Ese incidente sacudió al mundo entero.
Un enfrentamiento contra nada menos que la potencia gigantesca de China… ¡y todo se detonó simplemente para ayudar a la familia de Rachel!
‘Sean… ¡¿qué tan en serio ibas?!’
Jessie reflexionó en silencio.
Ella andaba metiéndose, pensando que esos dos estaban estancadísimos, cuando en realidad nunca hubo necesidad.
Hasta le dio pena.
Resultó que Sean y Rachel ya llevaban muchísimo tiempo construyendo entre ellos una confianza y un afecto fuera de lo normal.
¿Cómo iba a saberlo ella?
Pero era verdad.
Sean, que no hablaba de su familia con nadie, con Rachel sí lo hacía.
Escuchaba sus preocupaciones de vida con seriedad y le daba valor.
Incluso se había arriesgado a peligros enormes por la familia de ella.
Y Rachel entendía la sinceridad de Sean mejor que nadie, siempre agradecida y dependiendo profundamente de él.
¿No era eso ya suficiente?
Dos personas que habían creado un vínculo tan profundo no necesitaban que los empujaran.
Iban a acercarse por sí solos, naturalmente.
Eso significaba que el trabajo de Jessie era simple.
‘Solo tengo que crear más excusas para que se vean.’
“Entonces… ¿qué tal si el próximo festivo coreano lo celebramos a la coreana? Lo busqué y dice que en Año Nuevo comen sopa de pastel de arroz. ¡Vamos a hacerla juntos!”
“¡Va!”
Pero cuando Rachel vio el calendario, su expresión se apagó de golpe.
“Eh… creo que no puedo. Tengo una reunión familiar ese día.”
“¿No puedes decir que es importante y saltártela? ¿No entenderían si es por Sean?”
“No, es que…”
Rachel confesó con cuidado, viéndose preocupada.
“Podría salir peor. Mi familia… en realidad no le gusta que yo vea a Sean.”
“¿Qué? ¿Por qué no?”
Tomando en cuenta que Sean había arriesgado todo por ayudar a Gerard, no debía haber ninguna razón para que su familia lo odiara.
¡¿Dónde encuentras un candidato a yerno así?!
Pero pronto Jessie tuvo que asentir.
‘Ah, claro. Sí tiene sentido.’
La familia de Rachel siempre había sido un poco… extrema.
‘Sobre todo su papá y su hermano…’
Cuando Rachel empezó a quedarse en casa de Jessie mientras viajaba a Filadelfia por lo del Castleman, su familia una vez apareció diciendo que “tenían que verlo con sus propios ojos”, y básicamente le hicieron una especie de “entrevista”.
Incluso en ese entonces, la forma en que miraron a David no fue nada normal.
Pero no era por desconfianza.
Era pura sobreprotección exagerada hacia Rachel.
‘Si con David, que está casado, se pusieron así… imagínate cómo se pondrían frente a Sean, que está soltero.’
En ese momento, Jessie entendió algo.
El mayor obstáculo entre Sean y Rachel… quizá no era Sean.
Quizá tampoco Rachel.
Podría ser la familia Marquis.
Pero bueno—
‘Así es la familia.’
Fastidiosa, inconveniente, complicada, y metiche sin razón.
La familia Marquis sin duda iba a intentar cualquier cosa para meterse en la vida amorosa de Rachel.
Y aun así, curiosamente… Jessie sonrió.
‘Ojo por ojo, diente por diente. ¡Metiche contra metiche!’
Si la familia iba a estorbar, entonces ella les iba a pelear como familia.
Por suerte, ahora Sean tenía una familia nueva que lo respaldaba—David y Jessie.
‘Va, pues. ¡A ver de qué se trata!’
La determinación de Jessie ardió.
No le preocupaba.
Si se trataba de una guerra de metiches, ¡no había forma de que ella perdiera!