El Manual Definitivo de inversiones de un genio de Wall Street - Capítulo 293

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  4. Capítulo 293 - Historia Extra, Jessie (2)
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“¿Qué tal el viaje?”

Pero la expresión de Jessie se endureció antes de que se diera cuenta.

Porque, en contra de lo que esperaba, Rachel venía sola.

“¿Y Sean?”

“Dijo que tenía demasiado trabajo que atender de inmediato, así que se regresó primero a Nueva York.”

“Ah……”

La decepción le subió sola.

Después de todo, eso significaba que la foto grupal con playeras iguales quedaba descartada.

Su brillante plan de quitarle ese traje insípido y tomarle una foto a Ha Si-heon con una playera de “Cancun Hangover Champion”—para imprimirla y pegarla en el refri—se evaporó antes de que siquiera pudiera intentarlo.

Por un momento se sintió desinflada.

Pero pronto, una nueva esperanza se encendió dentro de Jessie.

‘Tal vez… ¿se fue temprano porque le dio pena?’

Quizá hubo cierta química sutil entre él y Rachel.

Tal vez quedarse solos fue incómodo.

O quizá se apuró a irse por si David y ella notaban algún cambio entre ellos.

Si eso era cierto, entonces su ausencia era, en realidad, una señal de avance.

Pero cuando Jessie le echó un vistazo de reojo al rostro de Rachel, estaba completamente tranquila.

Si insistía con el tema ahora, solo iba a agriar el ambiente.

‘…Está bien. ¡Yo misma lo voy a comprobar!’

Jessie empezó a recorrer la casa buscando rastros de las trampas románticas que había dejado.

Primera parada: el comedor.

A propósito, había quitado dos de los tres focos.

Nada pone ambiente como una luz suave, tenue.

Pero…

“…¿?”

Los tres focos estaban de vuelta, brillando con fuerza.

“Oh, faltaban unos focos, así que compré nuevos y los puse.”

“…De verdad no tenías que hacer eso.”

“Sean dijo que estaba demasiado oscuro y que había que arreglarlo…”

Claro.

Ha Si-heon no era el tipo de persona que ignora ni la incomodidad más pequeña.

Y menos todavía el tipo que lo pospone por flojera.

‘Pinche perfeccionista inútil.’

Jessie ocultó su decepción y movió la mirada hacia la botella de vino en la barra de la cocina.

Incluso había dejado una nota—“¡Ustedes dos se merecen relajarse!”—invitándolos a disfrutarla.

Pero el vino seguía ahí, intacto.

Ni siquiera habían movido el corcho.

“¿No se tomaron el vino?”

“Pues… como estamos de guardia… no se sentía bien tomar.”

Tenía sentido: siempre estaban en alerta.

En cualquier momento, si llegaba una llamada urgente por algún paciente de Castleman, tenían que salir corriendo.

‘Esta… fue mi error.’

Desde el inicio, ellos nunca estuvieron en posición de tomarse un vino juntos.

Jessie había ido tan rápido preparando el viaje que ni lo pensó.

Claramente fue un descuido suyo.

Pero entonces—

“…¡!”

Su cara se iluminó al ver la vela aromática en medio de la mesa.

Antes del viaje, a propósito había sacado una vela carísima que llevaba guardando, esperando que ayudara a que su relación avanzara.

Luz tenue y velas—romance básico 101.

“¡¡¡Sí usaron la vela!!!”

“¿Eh? Ah, sí… bueno, como me lo pediste…”

Cierto.

Jessie les había pedido específicamente que la prendieran todas las noches, diciendo: “La cocina huele raro.”

‘Pero igual, si la prendieron… ¿algo de ambiente habrá creado, no?’

Tenía curiosidad, pero preguntar de frente podía salirle mal.

Así que Jessie lo intentó por la ruta indirecta.

“Huele rico, ¿verdad? Es de mis favoritas… ¿Qué dijo Sean?”

Ante eso, Rachel se vio un poco incómoda.

“Pues… la verdad, Sean tiene el olfato bien sensible. Dijo que el olor estaba muy fuerte. Pero como tú lo pediste, ¡solo la prendí cuando Sean ya estaba dormido!”

Entonces eso quería decir…

Mientras Ha Si-heon dormía, Rachel se sentaba completamente sola en el comedor, quemando la vela en silencio.

‘No está fácil, ¿eh…?’

Pero la determinación de Jessie no se rompió.

¡Todavía quedaban más trampas escondidas por toda la casa!

Jessie volteó hacia una caja que había dejado en la sala.

Juegos de mesa.

“¿Sí probaron estos? Los traje por si se ponía raro después de una semana juntos… son buenos para romper el hielo.”

Uno era Twister.

El clásico juego “romántico” donde el contacto físico es inevitable.

El otro era un juego de “¿Qué prefieres?”

Una manera de conocerse mejor eligiendo entre dos opciones.

‘¡Seguro lo usaron! Después de una semana juntos, a fuerza se acaban los temas de conversación.’

Pero en vez de emoción, la respuesta de Rachel vino llena de pena.

“Pues… perdón. Queríamos, pero estuvimos demasiado ocupados…”

“…¿Ocupados?”

“Diciembre es el mes más pesado para los hedge funds. Sean tenía muchísimas videoconferencias hasta tarde… y yo también tenía trabajo de preparación.”

“…O sea que básicamente, ¿los dos solo trabajaron?”

“Sí, la mayor parte.”

…

Y al parecer, ni siquiera trabajaron en el mismo espacio.

“Sean usó el comedor y yo usé la sala.”

Rachel, de tan considerada, había separado sus zonas de trabajo para no molestar al sensible Ha Si-heon.

Una amabilidad así.

Como para que a Jessie le dieran ganas de llorar.

Por dentro, estaba hirviendo.

‘¡¡Ahí es cuando tienes que quedarte cerca, aunque sea incómodo!!’

Como todas las trampas anteriores habían fallado de forma espectacular, esperar que las demás funcionaran ya sonaba a ilusión.

Medio resignada, medio por costumbre, Jessie entró al baño.

Y ahí, vio algo inesperado.

Las sales de baño de lujo que había dejado junto a la tina se habían acabado por completo.

“¿Tú… usaste estas?”

En realidad, eso era algo que había preparado por si el “mejor escenario” que se imaginaba sucedía.

Si los dos terminaban bañándose juntos en medio de una química secreta, eso habría sido un milagro.

Y ahora, ¿enterarse de que las sales se usaron?

La cara de Jessie se iluminó un segundo, llena de esperanza.

Pero—

“Sí, a Sean le gusta bañarse. Las usó una vez al día, y hasta anotó el nombre del producto porque le gustó el aroma.”

¡El producto caro que Jessie guardó para que lo disfrutaran juntos, se lo había disfrutado solamente Ha Si-heon!

“Todos los días en la tina… ¿eh?”

Curiosamente, Jessie se encontró asintiendo.

Después de todo, Ha Si-heon era una persona inusualmente limpia, alguien que siempre olía fresco.

Pero—

‘¿Así de limpio… hasta ese nivel?’

Su obsesión por la limpieza no se quedaba ahí.

“Sean lavó las sábanas todos los días.”

“¿Todos los días…?”

A Jessie se le cayó el corazón.

A propósito, había dejado solo un juego de sábanas, esperando que de manera natural tuvieran la oportunidad de compartir el calor y los rastros del otro.

Pero sin pensarlo, Ha Si-heon las lavaba cada mañana, borrando cualquier huella.

‘¿Esto no es… básicamente una enfermedad?’

En cierto sentido, realmente era una “enfermedad”.

Ese lavado tan frecuente venía de sudores nocturnos, un síntoma característico del Castleman.

Pero Jessie, sin saberlo, solo podía verlo como el colmo de una limpieza obsesiva.

‘Si mostró este tipo de vida todo el tiempo… ¿no sería más probable que Rachel saliera corriendo?’

La idea esperanzadora de que se acercaran, de que quizá naciera una chispa, se fue transformando poco a poco en un presentimiento inquietante.

Pero entonces, justo cuando su ánimo se estaba hundiendo, Rachel soltó un comentario inesperado.

“Oh, casi siempre cocinamos en casa.”

“¿Cocinaron en casa?”

Ha Si-heon… y comida casera.

Esas dos cosas simplemente no encajaban.

“Sí, Sean cocinó para mí.”

Jessie se quedó en blanco.

¿Ha Si-heon… cocinó?

¿Ese Ha Si-heon?

“Cocinó bastante bien. Yo soy un desastre en la cocina, así que… pero la forma en que seguía las recetas al pie de la letra, usando taza y cucharita medidora, era tan de Sean. Aun así, sabía muy rico.”

“Bueno… eso sí suena a él.”

Hasta su estilo de cocinar traía su meticulosidad de siempre.

‘…No, espérate.’

Lo imposible era que hubiera cocinado, punto.

“¿Sean, el hombre que nunca perdería tiempo, que preferiría subcontratar cualquier cosa que huela a trabajo y mejor comer fuera… cocinó para Rachel?”

“Sí, pues… Sean perdió su cartera.”

“…¿?”

El cerebro de Jessie se congeló.

“¿Sean… perdió su cartera?”

Que ese hombre obsesionado con el dinero perdiera su cartera era como decir que una tortuga perdió el caparazón.

“Sí, se le perdió la cartera y ahí traía todas sus tarjetas…”

“Pues puede pedir reposición.”

“Bueno, también traía su identificación…”

“Entonces que reponga eso también…”

“Es que… el DMV le pidió comprobante de domicilio, y él no tenía nada de eso.”

“Pero alguien como Sean, VIP en el banco, seguro puede arreglarlo sin identificación.”

“Tal vez… pero creo que estaba demasiado ocupado como para atenderlo.”

Mientras más escuchaba Jessie, menos sentido tenía.

¿Ha Si-heon tolerando la incomodidad de quedarse sin dinero… toda una semana?

Rachel lo explicaba sin sospechar nada, pero para Jessie sonaba tan absurdo como que un leopardo sobreviviera comiendo hojas durante una semana porque no encontró carne.

Y esa no era la única rareza.

“¿No podía manejar… Sean?”

“No es que no pudiera manejar—es que no sabía manejar estándar.”

“¿Sean? ¿No sabía manejar estándar?”

Era ridículo.

Ha Si-heon, la personificación del perfeccionismo, atorado frente a una transmisión manual.

La frase “Eso no tiene sentido” parpadeó en la mente de Jessie.

Pero entonces—

“Sí, así que terminé llevándolo a todos lados. Por suerte, yo aprendí desde chica, porque en mi familia tenemos muchos coches clásicos…”

Y así, de golpe, todas las piezas encajaron.

‘Ya entendí… ¡esto fue el plan de Sean!’

Perder la cartera, no poder manejar—

Eso significaba que no tenía opción: tenía que quedarse pegado a Rachel, hicieran lo que hicieran.

Era la excusa más racional, el pretexto perfecto para pasar más tiempo juntos.

En otras palabras, Ha Si-heon había llegado al punto de mentir, montando ese acto torpe a propósito.

‘¿Y lo de cocinar también? Eso solo significa… que quería compartir esa vida cálida y cotidiana con Rachel, ¿no?’

Era evidente que incluso en el corazón de Ha Si-heon había un deseo naciente de compartir con ella la comodidad de una familia y pequeñas felicidades.

‘Sean, de verdad… ¡te esforzaste un chingo!’

Ese hombre normalmente distante, dejando de lado el lujo y la formalidad durante toda una semana para hacer comida casera, inventando mentiras incómodas solo para intentarlo—

Eso era, literal, una revolución en la vida de Ha Si-heon.

Prueba de que se había esforzado hasta dar ganas de llorar.

El problema era—

“Sean sí tiene un lado medio torpe. ¡Me sorprendió un poco!”

Esa frase inocente, dicha por Rachel.

Ella se había tragado sus mentiras completitas.

‘Bueno… al menos su reacción no fue mala.’

Ver una torpeza inesperada en alguien que parecía perfecto solo lo había vuelto más entrañable.

Incluso su lado quisquilloso ya no se sentía molesto.

Al contrario, su racha torpe se convirtió en un tipo de encanto, incluso despertando en Rachel el impulso de cuidarlo.

Pero—

Eso por sí solo no bastaba.

Lo más importante era hacer que Rachel se diera cuenta, aunque fuera un poquito, de cuánto esfuerzo estaba haciendo Sean.

Jessie apretó el puño.

‘¡No te preocupes, Sean! ¡Esta vez sí te voy a ayudar de verdad!’

En ese momento, decidió echarles todo el apoyo que pudiera.

A Rachel todavía le quedaban dos días más de estancia.

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