El Manual Definitivo de inversiones de un genio de Wall Street - Capítulo 287
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- Capítulo 287 - Síntomas (1)
—¡Sean! ¡Llegaste!
En la entrada de Quantum Genome, el CEO me estaba esperando.
Tenía la cara demasiado radiante.
‘Bueno, supongo que tiene sentido.’
Después de todo, gracias a mi financiamiento pudieron adquirir la startup puntera de Suecia y traer a la realidad una tecnología que antes solo existía en teoría.
Eso lo entendía.
Pero detrás del CEO vi una fila larga de investigadores con batas blancas impecables.
—¿Y toda esta gente…?
—Ah, son nuestros investigadores. Querían conocerte en persona. Son… ¡fans!
En ese momento, uno de los investigadores dio un paso al frente de golpe.
—¡Sean, de verdad eres nuestro salvador! Antes, aunque nos aventáramos una semana entera intentando fusionar datos de secuenciación de RNA por spots con coordenadas del tejido, lo mejor que lográbamos era t-SNE o PCA…
—¡Pero ahora podemos meter datos multimodales directo, aprender las redes de conexión entre spots y mapear los patrones exactos de interacción célula a célula!
Mientras veía a ese investigador salirse de la fila, sentí algo raro.
No era extraño que me reconocieran y me saludaran con cariño.
Pero esos “fans” casi siempre eran pequeños inversionistas o gente común que seguía a figuras famosas.
Ahora, los que me saludaban con tanta pasión eran científicos.
Y su entusiasmo se sentía distinto.
—En nuestro Slack interno, Sean es como una figura mítica. A los días antes y después de que llegaras a Bolton les decimos “Antes de Sean” y “Después de Sean”. Incluso le pusimos a uno de nuestros clústers “Después de Sean”. Entonces… ¿me podrías dar un autógrafo?
Lo que el investigador me estaba extendiendo no era otra cosa que una copia del paper de Attention.
Había firmado muchas cosas en mi vida, pero era la primera vez que me pedían firmar un artículo académico.
Pero entonces noté algo.
Miré alrededor y me di cuenta de que todos traían algo en las manos.
Al parecer, todos querían autógrafos.
Bajé la mirada a la obra de arte en mi muñeca.
—Lo siento, pero no tengo mucho tiempo. ¿Qué tal si mejor nos tomamos una foto grupal en vez de autógrafos?
—Ah… ¡sí, también sirve!
Así que la foto sustituyó los autógrafos.
Después, volví a checar la hora.
—De verdad vengo con el tiempo contado.
—¡Por supuesto! ¡Vámonos! ¡Te vamos a enseñar el mundo que hiciste posible gracias a tu inversión! Primero, el wet lab.
Un wet lab es un laboratorio donde se hacen experimentos con reactivos líquidos o muestras biológicas.
Naturalmente, yo no tenía ningún interés en andar de tour por el laboratorio y estaba a punto de negarme.
Pero—
—No hace falta el tour. Quiero revisar los datos en cuanto—
—¡No se puede! ¡Todo esto cambió por tu inversión! ¡No nos tardamos! Además, queda de pasada, ¡vamos de camino!
No me estaban escuchando para nada.
Y así, nos detuvimos en un laboratorio de paso.
La pared completa era de vidrio, y a través de ella se veía gente manipulando equipos.
—¡Metimos máquinas de síntesis automatizada y los sistemas de imagen más nuevos! La velocidad y la calidad del procesamiento de muestras se duplicaron—
Justo cuando iba a cortarle el rollo interminable al CEO—
—Lo que se está analizando ahorita es el tejido del ganglio linfático de Milo.
En el instante en que mencionó las muestras de Milo, me tragué mis palabras.
—Aquí le pegamos sondas fluorescentes al RNA objetivo y cuantificamos la expresión génica en cada ubicación. Empezamos enfocándonos en genes relacionados con el sistema inmune, y con los datos recolectados ya identificamos varios patrones de expresión anormalmente alta.
Expresión anormalmente alta.
Patrones que no se veían en individuos sanos, pero que sí aparecían en Milo, un paciente de Castleman.
En otras palabras, un candidato para el “Interruptor de Locura”.
—Claro, los resultados completos todavía no están listos. Los escaneos ya terminaron, pero el modelo de IA necesita más tiempo para aprender los patrones cruzados…
—Quiero ver todos los datos disponibles hasta ahora.
—Sí, claro. Entonces vámonos directo al dry lab. ¡Por aquí!
El dry lab era la sala de análisis.
Adentro había una pantalla gigante y decenas de monitores.
En el primer monitor que señaló el CEO, vi un patrón que parecía un panal.
Cada hexágono estaba coloreado, como un mapa de calor.
—Esta es una visualización de los datos de expresión génica que obtuvimos del tejido del ganglio linfático de Milo. Ahorita está mostrando la expresión de PI3K delta: mientras más oscuro, mayor expresión.
‘PI3K delta, eh…’
PI3K delta regula rutas de señalización intracelular en células inmunes, y juega un papel especialmente importante en células B y células T.
En el caso de Milo, la sobreexpresión del gen significaba que la enzima se estaba produciendo en cantidades excesivas.
—Claro, esto podría ser solo un “síntoma”, no la “causa”. Primero tenemos que identificar todos los genes sobreexpresados, y luego descifrar las relaciones causales.
—¿Qué otros candidatos han salido hasta ahora?
—Ah, por acá…
En otro monitor que señaló el CEO, se veía una tabla de hojas de datos.
—Hasta ahora, la sobreexpresión más marcada es PI3K, seguida de AKT1 y AKT2. También estamos detectando señales relacionadas con citocinas: IL6, STAT3, JAK1…
Parte de esto ya lo sabía, y otra parte era nueva para mí.
IL-6, por ejemplo, ya está bien documentada.
Se sabe que pacientes con Castleman muestran sobreexpresión de IL-6.
Por eso el tratamiento más común es administrar inhibidores de IL-6.
Pero por desgracia, para pacientes como Milo y como yo, los inhibidores de IL-6 no detienen las convulsiones.
En otras palabras, en casos como los nuestros, la sobreexpresión de IL-6 es solo un “síntoma”, no la “causa” subyacente de la enfermedad.
—Hasta ahora, identificamos nueve patrones de sobreexpresión.
Los nueve eran candidatos para el “Interruptor de Locura”.
El reto ahora era separar los que solo eran síntomas de los que eran la raíz real de la enfermedad.
—Pero el análisis sigue en curso. Hay muchas posibilidades de que salgan más.
—Hay más sobreexpresiones de las que esperaba.
—La única razón por la que llegamos tan lejos es porque la muestra viene de un niño. El genoma estaba relativamente poco dañado, con menos ruido por envejecimiento o exposición ambiental. Si hubiera sido una muestra de adulto, nos habríamos tardado decenas de veces más. Tuvimos suerte.
En otras palabras, si hubiera sido data de adulto, habría tanto ruido que filtrar candidatos con sentido habría sido casi imposible.
Esto era información que solo podían sacar porque Milo era un niño.
Pero aun así…
Que lo llamara “suerte” no me cayó bien.
—¿Cuánto falta para que estén listos los resultados finales?
—Es difícil decirlo con exactitud. Casi no hay investigación ni literatura sobre la etiología de Castleman, así que no sabemos qué gen es el responsable. La única opción es revisar todo el transcriptoma uno por uno e interpretarlo. Es como intentar dibujar un mapa de una tierra desconocida sin conocer el terreno.
—¿Ni una estimación?
—No. Podrían ser tres días, tres semanas, o incluso varios meses.
—Varios meses…
Claro que yo no pensaba esperar tanto.
—¿No hay forma de acelerar esto? Yo pongo apoyo adicional.
—Eso… está difícil. Ya tenemos los datos, pero hay que distinguir entre lo causado por la enfermedad y lo que solo es ruido. Eso requiere interpretación clínica; es decir, un humano tiene que tomar esa decisión.
—¿Entonces por qué no contratan más gente para hacerlo?
—Haa… tenemos vacantes publicadas desde hace rato, pero no es fácil encontrar gente calificada.
—¿Ni aunque les duplicaras el sueldo?
Eso…
El CEO se detuvo, luego habló con cara incómoda.
—Bueno… poner sueldos demasiado altos causaría problemas en la operación y la rentabilidad de la empresa.
Tenía sentido.
Si el personal actual se quedaba con su sueldo mientras que los nuevos ganaban el doble, por supuesto que habría resentimiento entre los investigadores.
Incluso los inversionistas podrían criticar al CEO: “¿por qué estás tirando el dinero?”
Pero yo tenía una solución.
—¿Y si yo cubro los sueldos para financiar esas contrataciones? Así no afecta el presupuesto de la empresa.
—Mmm, eso no tiene precedente…
—¿Y si yo los contrato directo y los asigno temporalmente con ustedes? Si hacemos eso, ¿cuánto tiempo ahorramos?
—Se aceleraría, pero…
—¿Cuánto?
El CEO respondió con expresión atormentada.
—Bueno… no creo que se tarde más de tres meses.
Después de eso, ya que estaba en California, pasé por otras cuatro startups en las que había invertido.
Para cuando terminé de andar corriendo de un lado a otro, ya era noche.
Hora de irme otra vez.
El siguiente destino era Filadelfia.
Iba a ver a David.
—Listos para despegar.
Me hundí en el asiento del jet privado, y las luces se atenuaron solas hasta un resplandor suave.
Era el nuevo “sistema de iluminación optimizado para meditación” que acababan de instalar.
Normalmente, el cambio de luz me habría calmado rápido.
Pero esta noche no funcionó.
—Tres meses…
Como máximo, tres meses.
Ese era el plazo en el que saldría la pista clave del “Interruptor de Locura”.
En términos de tiempo, era relativamente generoso.
—Si logro identificar el problema, todavía quedan siete años para encontrar una solución.
Era, sin duda, un avance enorme.
Y aun así…
¿Por qué seguía intranquilo?
No, más que eso: sentía que la ansiedad se me estaba intensificando.
Mi mirada se fue sola a la obra de arte en mi muñeca.
11:58 p. m.
El aviso de muerte llegaría en cualquier momento.
Y entonces—
【Hora de muerte: 11 de marzo de 2023】
【Tiempo restante: 2,287 días】
【Tasa de supervivencia: 35.6% (+0.4%p)】
Al ver los números, no pude evitar fruncir el ceño.
—¿Lo de hoy no contó bien?
Después de la muerte de Milo, mi tasa de supervivencia había brincado casi 5.5%.
Pero ahora…
Aunque conseguí confirmación de que los candidatos al Interruptor de Locura saldrían en tres meses, la tasa solo subió 0.4%.
Era un poquito mejor que los aumentos lentos de 0.1% diarios que había visto en el pico de las guerras de IA.
Pero ni de cerca era el salto explosivo que yo esperaba.
No se veía como una buena señal.
—¿Se disparará en serio cuando identifiquemos al candidato decisivo…?
Al menos estaba subiendo, lo que significaba que todavía iba por el camino correcto.
Quizá los números no se reflejarían del todo hasta que el análisis de la muestra se terminara por completo.
Si era así, solo me quedaba esperar.
—Solo me queda esperar… sí.
Tres meses no sonaban mucho en papel.
Pero para un hombre al que solo le quedaban siete años de vida, tres meses no eran nada cortos.
En ese momento—
Bzzzzzt.
Llegó un mensaje.
El remitente era Rachel.
<Nomás revisando… Sean, ¿sí te acordaste de llevar regalo de boda, verdad? Jesse como que lo estaba esperando con ganas.>
—Regalo de boda, ¿eh?
La verdad, la razón de este viaje a Filadelfia era asistir a la boda de David y Jesse.
La ceremonia originalmente estaba planeada para el año pasado, pero se pospuso cuatro veces por el asunto de Castleman y varios enredos de negocio.
Por fin, al fin, se iba a hacer.
<Jesse dice que el calendario cambió cuatro veces por ti, Sean, así que espera que le eches ganitas extra al regalo…>
Eso sí dolió tantito.
Jesse me llamaba cada que podía, diciendo cosas como: “La fecha ahora sí es fija, así que por favor no programes nada ese fin de semana.”
Pero no creo que yo haya cumplido esa petición ni una sola vez.
El resultado fue la boda retrasada.
Como sea.
—Un regalo… supongo que sí debería.
Pero yo nunca he sido bueno para escoger regalos.
Pensé en opciones seguras como ropa o joyería, pero David y Jesse no son el tipo de personas que disfruten lujos.
Y los diseños que yo elegiría, seguro no irían con sus gustos.
Así que cuando le pedí consejo a Rachel, ella me respondió esto.
<No creo poder escogerte un regalo. Lo que más importa es tu corazón. Dale a la otra persona lo que tú más quisieras recibir. Ese es el mejor regalo, ¿no?>
—“Lo que yo más quisiera recibir”…
Después de pensarlo, abrí mi laptop.
Sí se me ocurrió una idea.
<Cámara criogénica.>
También conocida como cámara de crioterapia.
Es un dispositivo que crea un ambiente por debajo de -100 °C usando nitrógeno líquido o gases especiales de enfriamiento.
Te metes a la cabina—que parece máquina de bronceado—por dos o tres minutos, y luego sales.
Aumenta el metabolismo, reduce inflamación y sirve muchísimo para recuperarte de la fatiga.
Ahora solo la usan unos cuantos atletas, pero en siete años será indispensable para cualquier estrella de Hollywood y ejecutivo.
—Para la fatiga, no hay nada mejor que esto… ¿no?
Como yo le he exigido bastante a David todos estos años, esto sería un regalo práctico y simbólico.
Elegí el modelo que necesitaba y justo iba a darle clic a comprar.
Me estremecí.
—¿…?
De pronto, las yemas de mis dedos se enfriaron.
Como si… toda la sangre se me hubiera ido del cuerpo.
Un cosquilleo se extendió por las palmas, y un frío ajeno me corrió por la espina dorsal.
—Esta sensación…
Era algo conocido.
De mi vida pasada.
Y…
Una sensación que jamás quería volver a experimentar.
—No, quizá no es nada.
Podía ser mi imaginación, así que decidí probar otra vez.
Abrí otra página, metí al carrito algo que traía en la mira y le di comprar.
Me estremecí.
Esta vez, la señal fue muchísimo más fuerte.
Sentí como si por dentro se me retorciera y tronara todo—no, como si me arrancaran los órganos.
—Huuuh…
Hasta se me agitó la respiración.
El corazón me martillaba.
Cada nervio estaba en alerta, la parte de atrás del cerebro me zumbaba con un cosquilleo filoso, y una ola de terror me jaló hacia abajo, como si el suelo me tragara.
No había duda.
Era exactamente el mismo síntoma que sufrí en mi vida pasada.
Ese miedo raro y ese dolor que me daban cada vez que gastaba dinero.
Había… regresado.