El Manual Definitivo de inversiones de un genio de Wall Street - Capítulo 266

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Sede de Atlas Meridian Capital.

Había una pesada sensación de tensión y ansiedad en los rostros de las personas reunidas en la sala de juntas.

Esa misma mañana, el Instituto de Investigación Delphi había publicado un memo que prácticamente dejaba al descubierto su estrategia sobre Argentina.

—¿Quién iba a pensar que incluso se atreverían a ir por “Atlas”…?

“Atlas”.

El gigante de la mitología griega que sostiene el mundo.

También era el apodo que su CEO, Alvarado, se había ganado en Wall Street.

Como su nombre lo sugería, al CEO de Atlas lo consideraban un titán que cargaba sobre los hombros el eje del mercado macro.

¿Y ahora alguien estaba apuntando contra un Atlas así?

—Podría ser coincidencia, ¿no?

—Si fuera coincidencia, ya no habría dos víctimas…

Ha Si-heon ya había tumbado a dos miembros del Triangle Club.

Primero White Shark, luego Ackman.

Y ahora estaba echándole agua al caldo de la estrategia de otro miembro del club: Atlas.

Esto era claramente un movimiento deliberado.

—Dicen que en Oriente hay una tradición llamada “romper dojos”…

—Eso es Japón.

—Estás exagerando. Y aunque sus movimientos se empalmen con los nuestros, ¿y qué? Por muy bueno que sea Ha Si-heon, no va a operar en escala China cada vez.

—Podría hacer algo todavía más grande. Ese tipo sigue la Ley de Moore, al final.

“La Ley de Moore”.

La teoría de que el rendimiento de los circuitos integrados semiconductores se duplica cada dos años, usada a menudo para describir una expansión exponencial.

Los movimientos de Ha Si-heon encajaban perfecto con eso.

Cuando atacó a White Shark, movilizó a los “Black People”; cuando se enfrentó a Ackman, unió a los inversionistas retail de todo el país.

Más recientemente, consolidó a las “hormigas globales” e incluso hizo hincar la rodilla a China.

—¿No terminó ahí? La Ley de Moore no va a seguir funcionando para siempre.

—Bueno… si escala todavía más, lo único que queda es una guerra mundial…

Por un momento, un silencio pesado se tragó la sala.

Al final, se habían reunido para hablar de “Argentina”.

Si Ha Si-heon apuntaba a una “guerra mundial”, no había mejor objetivo.

Justo entonces—

¡Bang!

La puerta se abrió y Atlas entró.

—Primero, evaluemos el daño.

Ahora que Ha Si-heon había expuesto por completo su estrategia, lo más urgente era deshacer posiciones del fondo.

—¿Qué pasó con el arbitraje de doble listado?

—Lo dimos por neutralizado y ya lo cerramos.

Arbitraje de doble listado.

Es una estrategia para explotar diferencias de precio entre dos bolsas, pero en el momento en que esa información se vuelve “propiedad pública”, pierde todo su valor.

Atlas asintió breve.

—Está bien. Eso era solo el postre, de todos modos.

Los macro funds, una vez que capturan cierto flujo, apilan múltiples capas de inversión encima.

Como un menú completo con guarniciones que acompañan el plato fuerte.

La posición que acaban de borrar era prescindible.

—Lo importante es el plato fuerte. ¿Qué tal los bonos municipales y el sector EPC?

Si Argentina lograba captar capital, el primer lugar al que entraría dinero sería infraestructura.

Ellos habían estado comprando agresivamente bonos de proyectos de gobiernos locales y acciones de constructoras en previsión.

Sin embargo—

—De hecho, no hay un daño grande. La reacción del mercado ha sido positiva. Las expectativas de entrada de liquidez crecieron…

Y ahí estaba el problema.

El reporte de Ha Si-heon en realidad estaba beneficiando su estrategia principal.

Pero no había manera de que esa fuera su verdadera intención.

En el Idea Dinner reciente, él había apuntado sin descanso contra Atlas, y apenas días después publicó un memo de Argentina.

Era claramente una trampa astuta.

El problema era que no podían descifrar cómo funcionaba.

—¿Hay alguna posibilidad de que de repente se convierta en un shock negativo?

—Bueno, incluso corriendo varios modelos, no vemos ese escenario.

—¿Y si se meten los inversionistas retail?

A Ha Si-heon siempre lo seguía un grupo fanático, casi al nivel de la locura.

Y nunca dudaba en usar esa locura como arma.

En el Idea Dinner incluso había amenazado descaradamente al grupo Quant, insinuando que soltaría a los retail si las cosas no salían como él quería.

Era obvio que intentaría lo mismo ahora…

—Sería imposible. Los bonos municipales argentinos solo se pueden operar con brokers locales, y los inversionistas de EE. UU. no pueden comprarlos directamente. Si los retail quisieran entrar, lo máximo que podrían hacer sería comprar ETFs, y eso no tendría impacto real…

—Sí… probablemente no. Igual que con China.

La sala se congeló en un instante.

Cuando Ha Si-heon hizo su jugada contra China, una conversación parecida había ocurrido al principio.

En aquel momento, el personal dijo con seguridad que no había forma de que Ha Si-heon pudiera tumbar al gobierno chino movilizando simples inversionistas retail.

¿Y el resultado?

China terminó arrodillándose ante Ha Si-heon, y la volatilidad masiva resultante obligó a Atlas a comerse pérdidas enormes en posiciones de miles de millones de dólares.

Atlas apretó el puño.

No podían repetir ese error.

—¿Existe la posibilidad de que tengamos que liquidar posiciones otra vez por volatilidad esta vez?

—Por supuesto, también contemplamos a fondo esa posibilidad… pero como dije: los retail solo pueden tocar ETFs. El impacto es prácticamente nulo.

—¿Crees que te estoy preguntando porque no sé eso?

Con su voz pesada, todos empezaron a exprimirse la cabeza desesperadamente buscando una idea.

—Si él empujó esto como una narrativa alcista… ¿podría ser que Ha Si-heon hizo las mismas inversiones que nosotros?

—No. Checamos con brokers locales y lo negaron tajantemente.

—Entonces, ¿qué demonios está planeando…?

Ha Si-heon no les había madrugado la información, ni había difundido malas noticias para dañarlos.

Al contrario: había difundido noticias alcistas sin invertir él mismo.

—¿Y si esto no tiene nada que ver con nosotros?

—No. Definitivamente es una trampa.

De eso estaban seguros.

El problema era que no tenían idea de cuándo ni cómo iba a golpear.

¿Solo está… provocándonos?

Incluso eso se les cruzó por la mente.

Cuando se había enfrentado a Ha Si-heon en el Idea Dinner, daba la impresión de que se divertía provocando gente por puro gusto.

Pero rascar a alguien con palabras cara a cara y gastar tiempo y dinero en publicar un reporte son cosas completamente distintas.

Si lo hacía “sin razón”… entonces sería simplemente un demente.

Y entonces—

Bzzz.

Atlas vio al que llamaba en la pantalla y frunció el ceño.

Era nada menos que White Shark.

De mala gana, apretó el botón.

—[¡Acabo de ver el reporte de Argentina! Quería aprender de esa “visión legendaria” tuya, así que te marqué. ¿Qué fue lo que dijiste? ¿Que podías ver a través del truco de un novato como Ha Si-heon en dos segundos? A estas alturas, ya debes estar viendo miles de trampas que puso… pero yo soy demasiado menso como para ver siquiera una. ¿Por qué no me iluminas?]

Como era de esperarse.

White Shark llamaba para regresarle la misma burla que una vez recibió.

Sin embargo, aun sabiéndolo, Atlas tenía una razón para contestar.

White Shark era alguien que ya se había enfrentado a Ha Si-heon.

Podría haber una pista escondida en sus palabras.

—En aquel entonces, con Epicura, dijiste que Ha Si-heon era “alguien que rompe moldes predeterminados”. ¿No lo notaste al principio?

—[Oh, qué honor que te interese lo que piensa un tonto como yo. Sí… algo se sentía raro. Se sentía como que todo iba demasiado suave, ¿sabes?]

—¿Cuándo empezó a cambiar eso?

—[Jajaja. ¿Y yo cómo voy a saber? Yo nomás soy una reliquia vieja a la que pronto van a sacar del club. Por cierto, ¿no crees que tu duelo va a ser mucho más espectacular que el mío? ¿Te molesta si lo transmito en vivo? Da la casualidad de que ahorita conozco a alguien en los medios…]

Click.

Atlas colgó sin más y frunció el ceño con profundidad.

La pista de White Shark le molestó.

Se sentía como que todo iba demasiado suave…

Esa sucesión sospechosamente favorable de eventos que le había llegado a Atlas ahora se sentía exactamente así.

Era una trampa, sin duda.

El problema era que el verdadero cuerpo de esa trampa seguía escondido en la niebla.

Normalmente, él no le tendría miedo a una trampa cuyo mecanismo ni siquiera podía identificar.

Sin embargo—

El tamaño de esta posición en Argentina… es demasiado grande.

Era el resultado de una inversión algo agresiva para compensar las pérdidas del año pasado en China.

La información parecía sólida y rentable, así que apostaron fuerte… y justo ahora Ha Si-heon la estaba apuntando.

Esto no puede seguir.

No podía exponer su posición más grande a ese riesgo.

Al final, la solución más segura era bloquear el riesgo desde la fuente.

—La mejor defensa es un buen ataque.

—¿Señor?

—Tenemos que asegurarnos de que ni siquiera tenga tiempo de meter mano en Argentina.

En otras palabras, tenían que ocupar por completo su atención para que no tuviera capacidad de hacer nada más.

Por suerte, Atlas ya sabía dónde estaba el enfoque de Ha Si-heon…

—Ha Si-heon cree que Stark se va a meter a la IA, y eso va a llevar a una especie de Guerra Fría tecnológica.

—Bueno…

—¿Eh…?

El personal se quedó confundido.

Para que pasara algo así, haría falta un catalizador enorme; al final, en 2016 la IA todavía era un campo emergente.

Seguía siendo, en gran medida, teórico.

Ni siquiera existía un mercado lo bastante feroz como para justificar una competencia tan intensa.

Atlas sonrió con malicia.

—No importa la viabilidad. Lo que importa es que él lo cree, y con eso basta. Si ese escenario se derrumba, se va a desesperar por arreglarlo, pase lo que pase.

La guerra de IA que Ha Si-heon visualizaba era un escenario donde dos potencias hegemónicas competirían sin freno en tecnología.

—¿Romper eso? No está tan difícil, ¿o sí?

—Mmm…

Me quedé viendo el tablero de ajedrez frente a mí, perdido en mis pensamientos.

Era un set de ajedrez de J. Grahl que había comprado recientemente como “herramienta de visualización estratégica”.

Las piezas medievales en plata y oro estaban tan finamente hechas que parecían caballeros cargando sobre un campo de batalla real.

Hoy, solo estaban en el tablero las piezas clave, pero ninguna se había movido todavía.

Naturalmente: la guerra aún no comenzaba.

¿Cuándo caerá la primera ficha…?

Las tácticas ya estaban perfectamente ordenadas en mi cabeza: una “estrategia dominó” que se desplegaría en cinco fases.

El problema era que, una vez que cayera el primer bloque, yo podía tumbar los demás uno tras otro… pero ese primer bloque ni se movía.

Ese primer bloque era Stark.

“Sin preparación adecuada, no puedo saltar a la guerra”, insistía con firmeza.

Pero como alguien con el tiempo contado, yo no podía quedarme sentado esperando.

Tengo una carta para momentos como este.

La forma más primitiva de provocar una pelea.

Eso era “sembrar discordia”.

—Ya debería ser hora de que muerdan el anzuelo…

Justo cuando estaba jugueteando con una torre,

¡Ding!

Saltó una alerta de última hora en el monitor de mi escritorio.

Era de Bloomberg News.

<Fondo Atlas invierte en una canasta de acciones de IA, incluyendo Gooble>

Por fin se movieron.

En ese momento, la puerta de la oficina se abrió de golpe y Dobby entró corriendo, jadeando.

—¡Sean! ¡Tienes que ver este correo!

Dobby me extendió una tablet.

Era un email enviado a la cuenta de la empresa.

El remitente era Atlas Capital; el asunto…

<Memo interno: Reporte de estrategia de preinversión en IA>

—¿Un memo interno?

—¡Exacto!

Normalmente, un memo interno era un documento que solo se compartía con personal o con clientes institucionales grandes.

En otras palabras, debía ser un correo de esos de “solo para ti”.

Pero ahora también había llegado a Pareto.

No puede ser un error… ¿esto es guerra psicológica?

Cualquiera que fuera su intención, desde mi perspectiva era conveniente obtener información sin tener que escarbar de más.

Leí el contenido por encima a toda velocidad.

Y lo que más resaltaba era…

—“Debido a costos computacionales elevados, requerimientos vastos de datos y competencia feroz por talento, la estructura intensiva en capital se está profundizando, limitando las probabilidades de supervivencia de empresas pequeñas.”

Estrategia de inversión:

Comprar canasta de acciones de IA centrada en big tech

Poner en corto el ETF ARKK y el ETF BOTZ

En pocas palabras: “Si quieres invertir en IA, invierte en big tech.”

O sea: invierte en Gooble.

Como era de esperarse de un macro fund.

Los macro funds siempre buscaban mover el tablero completo, y esta vez no era distinto.

Una Guerra Fría solo se forma cuando dos poderes igualados compiten.

Pero ellos estaban intentando canalizar el capital hacia Gooble.

Gooble ya era más grande que Stark; si absorbía todavía más capital, ya no sería competencia… sería aplastamiento.

Y eso no era todo.

Además, estaban desalentando abiertamente invertir en Stark.

Claro, no lo decían tal cual, pero el empaque en “lenguaje de negocios” dejaba el mensaje clarísimo.

—“Algunas startups tienden a justificar su valuación más por la narrativa del fundador, sus ideales, filosofía y popularidad casi de culto que por su desempeño real.”

Esto podría ser un buen ejemplo del romanticismo del mercado, pero “contar bien una historia” no garantiza viabilidad.

Traducción: eres CEO, no novelista.

—“Asimismo, se observan frecuentes preanuncios vía redes sociales del fundador. Si bien la ‘descentralización de información’ puede contribuir a la transparencia, también expone la estrategia de gestión al riesgo de un desplome en 140 caracteres.”

Traducción: deja de tuitear tanto.

—“Narrativas megalómanas como migración planetaria y progreso humano sí elevan el atractivo ético. Sin embargo, a menos que se reflejen en el estado de resultados, permanecen dentro del marco de valuación emocional.”

Traducción: salvar al mundo está padrísimo, pero primero salva tu empresa de su mar de números rojos.

…Esto no está nada mal.

Cuando lo vi en el Idea Dinner pensé que Atlas era un tipo seco y aburrido.

Atlas…

Sorprendentemente, tenía un toque bastante literario.

¿Para qué guardar esto para después?

Gracias a eso, mi trabajo se volvió más fácil.

Reenvié el correo directamente a Stark.

Y exactamente cinco minutos después—

Bzzz.

Sonó el teléfono.

Del otro lado, la voz de Stark estalló mezclando emoción y furia.

—[¡¿Qué demonios es esto?!]

Ahora sí empieza.

Ronda 1, pelea.

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