El maestro del veneno en el clan Tang Sichuan - Capítulo 490
- Home
- All novels
- El maestro del veneno en el clan Tang Sichuan
- Capítulo 490 - Azur (11)
«Estos bastardos… Permitirles morir rápidamente sería un castigo demasiado leve. Necesito algo más severo. Algo que garantice que hasta sus almas sufran después de morir.»
Consumido por la furia, me devanaba los sesos pensando en cómo castigarlos.
La muerte me parecía una sentencia demasiado misericordiosa.
Era cierto que asesinar brutalmente a una bestia espiritual ya constituía un crimen merecedor de la pena de muerte, pero habían cometido una ofensa todavía peor: aquella basura había interferido con mi colección de los Veinticuatro Venenos.
El combustible que me mantenía con vida en este mundo era la búsqueda de las Diez Grandes Criaturas Venenosas y los Veinticuatro Venenos. Interferir con ella era un delito capital absolutamente imperdonable.
«Incluso en mi vida anterior, cada vez que estaba cerca de completar una colección, algo salía mal y lo arruinaba todo. Maldita suerte.»
De las Diez Grandes Criaturas Venenosas de las Llanuras Centrales, ya había reunido siete:
Cho, el Ciempiés Volador.
Yo-hwa, a quien habían confundido con la Araña de Rostro Humano, pero que en realidad era la Reina Araña de Rostro Dorado.
Hwayang, el Sapo de Magma de Fuego Azur.
La señorita Cheong-yu, la Reina Serpiente de Corona Dorada.
Jeokwol, la Mariposa de Ilusiones Oníricas de Flor Sangrienta.
Moji y Soji, las Polillas de Seda Plateadas.
Cheong-wol, el Escorpión Acorazado de Piedra de Diez Mil Años.
De las tres restantes:
Hoja, el Cachorro de Tigre Chillón, se encontraba en manos de la Secta de los Cinco Venenos.
Zimjo, el ave venenosa, había dejado rastros en Hainan, aunque no sabía si solo había pasado por allí o si realmente habitaba la región.
Y solo quedaba una criatura cuya ubicación era completamente desconocida. Estaba tan cerca de completar la colección que ya había elaborado un plan.
Una vez que encontrara a la desconocida, recuperaría a Hoja de la Secta de los Cinco Venenos. Con eso tendría nueve. Finalmente, iría tras Zimjo para completar el conjunto.
Una conclusión circular perfecta.
Como Zimjo había sido quien me reveló la existencia de las Diez Grandes Criaturas Venenosas, ¿no era apropiado que también fuera la última?
«Todo auténtico coleccionista sabe que debes comenzar y terminar con la misma carta. Esa es la regla.»
Sin embargo, los cielos, quizá convencidos de que diez no eran suficientes, me habían entregado una misión secundaria: los Veinticuatro Venenos.
El concepto era similar al de las doce horas zodiacales de las Llanuras Centrales. Así como cada hora se asociaba con un animal, el Clan Tang había designado veinticuatro criaturas venenosas que, aunque no eran tan poderosas como las Diez Grandes, seguían siendo extremadamente peligrosas.
Estaban divididas en veinticuatro «posiciones» simbólicas:
Cielo–Tierra–Misterio–Amarillo
Sol–Luna–Estrella–Trueno
Nube–Lluvia–Nieve–Granizo
Oro–Plata–Agua–Fuego
Rojo–Azul–Blanco–Negro
Flor–Árbol–Hierba–Fruto
Las que ya había conseguido eran:
De Cielo–Tierra–Misterio–Amarillo:
Cielo: Yeondu, la Serpiente Divina Voladora.
Tierra: Orange, la Serpiente Divina Nadadora de Tierra.
Misterio: Bini, el Ciempiés Fantasma Negro como la Tinta.
Amarillo: Geumdo, la Tortuga Dorada Milenaria.
De Rojo–Azul–Blanco–Negro:
Rojo: Hongdan, la Tijereta Roja de Pinzas Negras.
Azul: la Hormiga Inmortal de Acero Azur.
Blanco: Baekhwa, la Serpiente Blanca Milenaria.
Negro: Heukhwa, la Serpiente Negra Milenaria.
De Flor–Árbol–Hierba–Fruto:
Flor: Sandan, la Mantis Orquídea Gemela.
Árbol: Changcheon, el Rey Langosta de Madera Negra.
Hierba: Yeongryeon, la Musaraña de Pelaje Verde y Ojos Sangrientos.
Fruto: Yeoncheon y Yeonji, los Caracoles Arpón de Veneno Carmesí.
Por lo tanto, solo me faltaban seis:
Trueno, de Sol–Luna–Estrella–Trueno.
Lluvia y Granizo, de Nube–Lluvia–Nieve–Granizo.
Oro y Plata, de Oro–Plata–Agua–Fuego.
Y, por último…
Agua, que supuestamente correspondía al Escarabajo Acuático de Jade Explosivo.
¿Y ahora?
Lo había encontrado muerto.
Un observador casual podría decir: «Simplemente encuentra otro».
Pero esas personas no lo entendían. En la cultura del coleccionismo, perder algo justo antes de conseguirlo maldecía todo el esfuerzo.
Lo mismo me había ocurrido en mi vida anterior. Justo cuando estaba a punto de conseguir una pieza poco común, siempre sucedía algo: la mascota moría de repente o el vendedor se echaba atrás.
Y esas eran precisamente las piezas que jamás conseguía reemplazar.
Si de alguna manera lograba reunir a las Diez Grandes y al resto de los Veinticuatro Venenos, pero me faltaba aquel único escarabajo…
Jamás podría descansar.
Ni siquiera después de morir.
¿Cómo no iba a ser eso un delito capital?
«Es evidente.»
¿Saben cuándo pierde más la razón un coleccionista?
Cuando solo le falta una pieza.
Esa única pieza es la que te vuelve loco. Solo necesitas una más y todo será perfecto, pero se niega a aparecer.
Es como los adictos a la lotería que obtienen el segundo premio. Se obsesionan porque, con un número más, lo habrían ganado todo.
Era la misma clase de locura.
«Dios. Ya siento que estoy perdiendo la razón.»
Justo cuando el torbellino de furia y dolor estaba a punto de alcanzar su punto culminante, en algún lugar entre doce ejecuciones y la implosión espiritual, Geombong y el comandante de la Unidad de Eliminación de Venenos hablaron a mi lado.
—So-ryong, ¿sabes por casualidad el nombre de esta bestia espiritual?
—J-Joven Héroe, ¿cómo deberíamos llamar a esta criatura?
Probablemente sentían curiosidad por saber qué era exactamente.
Respiré hondo y se lo expliqué.
—Lo más probable es que sea uno de los Veinticuatro Venenos: el Escarabajo Acuático de Jade Explosivo.
—¿Escarabajo Acuático de Jade Explosivo?
—¿Escarabajo Acuático de Jade Explosivo?
Ambos volvieron a contemplar a la bestia muerta.
Geombong parecía pensativa, pero el comandante de la Unidad de Eliminación de Venenos tenía la expresión de alguien que escuchaba aquel nombre por primera vez.
—¿Tampoco había oído hablar de él, comandante?
—No, So-ryong. He formado parte de la Unidad de Eliminación de Venenos desde que ingresé al Clan Tang. Nunca me he especializado en criaturas venenosas.
Maldición. ¿Hasta qué punto debía de ser una máquina de matar para que lo asignaran a la Unidad de Eliminación de Venenos desde el primer día y jamás saliera de ella?
Apartando aquel pensamiento, volví a mirarlo.
—En cualquier caso, comencemos a atar a quienes Hwa-eun capturó y preparemos el interrogatorio. Parece que pronto amanecerá.
—¡Oh! ¡Sí, So-ryong! ¿Tiene alguna otra orden?
El comandante sonrió, entusiasmado ante la idea de interrogar a alguien.
Ante su pregunta, miré a los dos hombres que estaban detrás de él y les di una orden.
—Ustedes dos, vayan al barco y traigan una tinaja de baijiu fuerte.
—¿Baijiu, señor?
—Sí. Una tinaja entera.
—¡Entendido, So-ryong!
Salieron disparados como flechas.
Una vez que se marcharon, el comandante inclinó la cabeza con curiosidad.
—So-ryong, si me permite preguntar… ¿por qué necesita baijiu de repente?
Baijiu, un fuerte licor destilado.
Era comprensible que estuviera confundido por mi repentina petición.
Para aclararlo, señalé el cadáver del Escarabajo Acuático de Jade Explosivo.
—Necesito conservar el cuerpo. De lo contrario, se pudrirá.
El baijiu posee un alto contenido de alcohol. Era la manera más sencilla de conseguir alcohol para desinfectar en aquella época.
Como ya habían diseccionado a la criatura, seguramente comenzaría a descomponerse pronto. Tendría que esterilizarla y secarla.
En mi vida anterior, conservar escarabajos rinoceronte o ciervos volantes era algo normal. Los convertías en especímenes para recordarlos, pues no podías establecer un vínculo emocional con los insectos.
¿Pero ahora?
Ahora criaba criaturas como Hongdan, Cho, Hyang y Bini.
No había forma de que pudiera convertir a una criatura de su misma especie en un espécimen sin vida.
Por respeto hacia ellos, no conservaría a esta para exhibirla.
Sin embargo, los restos de las bestias espirituales se utilizaban a menudo como materiales para fabricar armaduras o armas. Aquel era un recurso raro y sumamente valioso.
Por lo tanto, enterrarla tampoco era una opción.
Después de todo, yo formaba parte del Clan Tang.
—Todo lo que pertenece al Clan Tang es mío, pero lo contrario también es cierto: lo que me pertenece a mí también es del Clan Tang.
Por eso necesitaba llevarla de regreso y consultarlo primero con los ancianos.
—Entonces, ¿por qué no la conserva en sal? También la cabeza. Normalmente se utiliza sal para conservarla, ¿verdad?
Después de escuchar mi explicación, el comandante de la Unidad de Eliminación de Venenos ofreció aquella sugerencia como si fuera la idea perfecta.
¿Por qué no conservarla simplemente en sal?
—No. La acidez de la sal podría dañar el caparazón. El baijiu es mejor.
—¿Hay algo en lo que pueda ayudarlo?
—No, creo que no necesitaré mucha ayuda.
—Entiendo. Entonces, como usted se encargará de esto, ¡yo continuaré con los preparativos del interrogatorio!
—Lo dejaré en sus manos.
—¡Sí, So-ryong!
Me sorprendió un poco descubrir que la gente solía conservar las cabezas en sal.
Mientras vigilaba al Escarabajo Acuático de Jade Explosivo muerto, el comandante regresó y me informó que los preparativos para el interrogatorio habían concluido.
—¡So-ryong! ¡Todo está listo!
—Entendido.
Como el baijiu todavía no había llegado, salí del edificio. Frente a él había varios cautivos, todos arrodillados.
Claramente habían eliminado de sus cuerpos el veneno paralizante de Hwa-eun, pues ahora estaban conscientes.
Eso significaba que Hwa-eun debía de haber purgado personalmente el veneno. Se decía que solo un maestro del Reino del Fuego podía neutralizar una toxina semejante.
—Kgh…
—P-Por favor, perdónennos…
De pie frente al edificio, contemplé a los prisioneros, ahora completamente derrotados. Algunos incluso lloraban.
Debían de haber dado por sentado que estaban muertos desde el instante en que el Clan Tang los capturó.
«¿De verdad no lo vieron venir?»
Si fabricaban medicinas falsificadas del Clan Tang, aquellas consecuencias no deberían haberlos sorprendido.
Si no hubieran matado a la bestia espiritual, quizá habría sentido una pizca de compasión. Pero, desde el instante en que interfirieron con mi colección, toda mi misericordia se evaporó.
Me planté ante ellos con una expresión fría.
—Ejem.
En ese momento, Hwa-eun se acercó y me entregó discretamente algo.
—So-ryong, toma esto. Escóndelo para que los niños no lo vean.
—¿Qué es?
Me entregó una perla azul, irregular como una perla natural deformada.
Después de dármela, habló en voz baja.
—La encontramos dentro del cuerpo de la mujer. Parece ser el Neidan de la bestia espiritual.
Así que eso era: el núcleo interno de la bestia espiritual muerta.
«Esos bastardos no se limitaron a matarla. La despojaron de todo.»
Habían extraído su veneno para fabricar medicinas e incluso se habían apoderado de su Neidan. Mi furia volvió a intensificarse.
La contuve en mi interior y comencé a interrogarlos.
—Bien, empecemos con las presentaciones. Tú, el de allí.
Señalé a uno de los últimos hombres que habíamos capturado. Miró a su alrededor y luego respondió con vacilación.
—¿Y-Yo?
—Sí, tú. Una organización tan grande debe de tener un nombre. ¿Por qué no me dices quiénes son?
¿La mujer ocupaba un rango superior?
En lugar de responder, miró hacia ella mientras tartamudeaba.
—N-Nosotros somos…
Sin embargo, la mujer parecía haber perdido la razón, probablemente porque el líder de su secta había muerto a mis manos.
Mientras el silencio se prolongaba, el comandante se remangó y dio un paso al frente, provocando que el hombre hablara apresuradamente.
—¿Me están obligando a intervenir?
—S-Somos de la Secta del Veneno Oscuro.
—¿La Secta del Veneno Oscuro?
Nunca había oído hablar de ella, pero, a juzgar por las reacciones de los demás, era el único que no la conocía. Todos parecían sorprendidos.
Hwa-eun, quien permanecía a mi lado, preguntó con los ojos entrecerrados:
—¿Por qué la Secta del Veneno Oscuro fabricaría y vendería medicinas falsificadas del Clan Tang? Conocen las leyes del mundo marcial.
Como no respondieron, me volví hacia el comandante.
—¿Qué clase de organización es la Secta del Veneno Oscuro?
—Es una facción menor que forma parte de la Senda No Ortodoxa. Utilizan las toxinas de criaturas venenosas para elaborar medicinas o impregnar armas. En ciertos aspectos son similares a nosotros, pero definitivamente son más pequeños y tienen una reputación mucho peor.
La Senda No Ortodoxa: aquellos dispuestos a hacer cualquier cosa para obtener poder. No eran precisamente apreciados en el mundo marcial.
Así que, básicamente, eran una versión inferior del Clan Tang.
Molesto por su obstinado silencio, hablé con frialdad.
—Mataron a una bestia espiritual, uno de los tesoros más raros de las Llanuras Centrales, y utilizaron su veneno para imitar mi fórmula del Jidamhwan. Es un delito grave. ¿Y aun así se niegan a cooperar? Quizá debería comenzar cortando dos cabezas.
El comandante hizo crujir los nudillos.
—Excelente idea. ¡Saquen a dos de ellos!
—¡Sí, comandante!
Cuando sus subordinados comenzaron a moverse, el hombre le gritó repentinamente a la mujer:
—¡Hermana mayor! ¡Digámosles la verdad! Nuestro maestro está muerto. ¡Si no hablamos, nosotros también moriremos!
Entonces se volvió hacia nosotros y gritó:
—¡E-Está bien! ¡Hablaré! ¡Se lo contaré todo!
—¡Hermano menor!
La mujer gritó, pero el comandante ya había golpeado uno de sus puntos de presión.
Claramente pensó que intentaría silenciar al hombre si permanecía consciente.
En cuanto se desplomó, di un paso al frente.
—Bien. Ahora explícanos todo lo que queremos saber. ¿Dónde encontraron a la bestia espiritual? ¿Y por qué utilizaron su veneno para fabricar Jidamhwan falsificado?
El hombre asintió y respondió:
—Entendido. Pero… nosotros no capturamos a la bestia espiritual.
—¿No lo hicieron?
—No. La encontramos cuando ya estaba agonizando.
—¿La encontraron?
Ante sus palabras, miré hacia el edificio donde se encontraba el cadáver.
Solo existen tres razones por las que un insecto completamente desarrollado estaría agonizando.
La primera: vejez.
Pero el ejemplar que habíamos encontrado no era viejo. Los escarabajos que se aproximaban al final de su vida por su avanzada edad mostraban señales evidentes: les faltaban segmentos de las patas y los vellos de su cuerpo estaban desgastados. Sin embargo, aquel estaba intacto.
La segunda: enfermedad.
Pero tampoco presentaba señales de padecer ninguna. Su caparazón estaba limpio y sus órganos, intactos.
Era cierto que su color se había desvanecido un poco, pero, aparte de eso, parecía estar en buenas condiciones.
Eso solo dejaba la tercera posibilidad: la etapa posterior a la reproducción.
La criatura podría haber puesto sus huevos poco antes de morir.
Y, en cuanto se me ocurrió aquel pensamiento…
—¡Esperen…! ¡No puede ser!
—¡So-ryong!
—¡¿So-ryong?!
Corrí hacia el edificio abandonado donde se encontraba el cadáver del Escarabajo Acuático de Jade Explosivo.
Aquella tercera posibilidad parecía la más probable.