El maestro del veneno en el clan Tang Sichuan - Capítulo 380
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- Capítulo 380 - Remolino (6)
Habíamos navegado a toda velocidad por el tramo largo de norte a sur del Dongting Oriental, y ahora estábamos entrando a la cuenca más amplia —de este a oeste— del Dongting del Sur, continuando el viaje por un buen rato.
Mientras miraba el agua, Sagong Won, el jefe barquero de las Dieciocho Barcas de Dongting, señaló hacia un punto y habló:
—Eso de allá, Sir So-ryong, marca el inicio del Dongting Oriental.
—¿Desde ahí?
—Sí. Ese islote chiquito de carrizos suele usarse como punto divisorio entre el Dongting Oriental y el Dongting del Sur. Claro, no es una frontera estrictamente definida, así que hay opiniones distintas.
Explicó que algunos dicen que es Dongting Oriental solo después de rodear el islote, y otros afirman que empieza justo ahí.
Lo que señalaba era un islote pequeño cubierto de carrizos, saliendo como un letrerito desde los pantanos del lado izquierdo. Y, efectivamente, al ver alrededor, ya no había lanchas de pesca por ningún lado.
Hasta ahorita habíamos pasado junto a montones de barcos pescadores levantando redes y embarcaciones lujosas llevando gente por el Dongting Occidental y el Dongting del Sur… pero aquí, nada. Ni una sola vela a la vista.
—¿Entonces descansamos hasta que anochezca y salimos como lo planeamos?
—Sí, señor. Entendido.
No nos metimos al Dongting Oriental de inmediato.
No se veían barcos de patrulla, pero mejor prevenir que lamentar.
—Geumdo, por ahora vámonos hacia ese islote de carrizos.
—Brrrmm.
La zona alrededor del “vientre” de Dongting cambiaba entre ser lago en temporada de lluvias y volver a ser pantano, así que estaba llena de carrizo grueso.
Había racimos de islitas pegadas unas con otras, así que hice que Geumdo se acercara hacia allá.
Detrás de nosotros venían los piratas en sus barquitas.
Parecían seguir obedientes sin dar lata… pero solo porque estaban amarrados entre sí y Geumdo los venía remolcando.
Habían aceptado cooperar, sí, pero por sus caras amargadas yo tomé la precaución de amarrarlos.
—E-entonces nosotros remamos y lo seguimos atrás…
—¿Para qué? Si amarramos sus barcos a Geumdo, los jalamos y ya.
—E-está bien, de verdad…
—No, no. Van a necesitar fuerzas si van a remar hacia el lago en la noche. Ah, y por si se revienta alguna cuerda o se suelta una barca, mi hija va a ir cerrando la fila.
—¿S-su hija nos va a seguir?
—Sí, mi hija. ¿Cho-ya?
—Ssrrrr…
—…
Después de acomodar a Geumdo entre las islitas de carrizos, le di una orden directa a Sagong Won.
—Entonces descansamos hasta el atardecer y nos movemos en cuanto se esconda el sol.
—¡Entendido, Sir So-ryong! ¡Todos, descansen en los barcos hasta que baje el sol!
—S-sí, jefe…
—Ya…
Los piratas respondieron con poquita energía y empezaron a arrimar sus barcos junto al islote para descansar.
Viendo que se acomodaban, decidí que ya tocaba preparar un “traje” para nadar.
Si de verdad iba a tener que nadar para buscar una bestia espiritual, estas túnicas sueltas de Zhongyuan no servían ni tantito.
‘Voy a tener que copiar algo de lo que usan los piratas.’
Los pantalones normales aquí eran muy holgados, pero los piratas solían usar solo pantalón corto hasta la rodilla, muchas veces sin camisa.
Además eran más ajustados… seguro porque seguido se metían al agua. La neta, no se veía mal.
—Parece que voy a tener que encontrar a Unmirang.
Unmirang había trabajado en el palacio, administrando y ajustando prendas… o sea, era una doncella de palacio, básicamente.
Decidí pedirle ayuda para esto.
—¿Alguien ha visto a Unmirang?
—Yo no, Sir So-ryong.
—Va, gracias. ¿Dónde estará? ¿En la cabina, tal vez?
Busqué en la cocina y abajo, en sus cuartos, pero no había rastro de ella.
Así que toqué la puerta de Tang Hwa-eun para preguntarle si la había visto.
—¿Has visto a Unmirang por ahí, Hwa-eun?
—La vi entrando a tu cabina hace rato.
—¿Sí? Gracias, Hwa-eun.
Después de andar buscándola un buen rato, resultó que seguramente estaba limpiando mi cuarto.
Unmirang se tomaba el aseo bien en serio.
‘Me anduve correteando a lo tonto.’
Justo cuando iba a abrir la puerta de mi cabina…
escuché voces bajitas desde adentro.
—Señorita Bini, ¿escuché que le preguntó a la señorita Hwa-eun cómo se hacen los bebés?
—Ssrr. 『Sí. Pero mamá dijo que me lo va a decir cuando sea más grande. Pero Bini ya está bastante grande.』
—Jeje. ¿Entonces se lo enseño yo? Allá en el palacio recibí instrucción apropiada, ¿sabe?
—Srrt? 『¿Neta?』
—Se lo enseño en secreto, sin que la señorita Hwa-eun se entere.
Por lo visto se habían vuelto bien cercanas. Aunque Unmirang no entendía el idioma de Bini, contestaba como si sí.
Y se notaba que estaba a punto de pasarle “conocimiento prohibido” a Bini.
Y por un momento… dudé.
¿La detenía?
Bini apenas tenía un año.
Se sentía demasiado temprano para esto. Pero si Unmirang le enseñaba algo, igual nos ahorraba escenas incómodas después…
En ese instante, mi pie rozó la puerta por accidente.
—Tap.
—Srrt! 『¡Hay alguien afuera!』
—¿Te gusta eso?
—¡No! 『¡Dije que hay alguien afuera!』
—Está bien, está bien, se lo digo rápido. Entonces, un hombre y una mujer— ¡mmph!
Aunque Bini le avisó que había alguien afuera, Unmirang siguió de largo…
hasta que abrí la puerta.
Lo que vi fue a Bini enrollada con todo y ganas en la cara de Unmirang.
Los ojos de Unmirang se le salían y se le hundían entre los “brazos” de Bini, y en cuanto Bini se desenrolló, Unmirang retrocedió de golpe.
—¡Oh! ¡Usted quería decir que esta parte necesitaba limpieza! ¡Sir So-ryong!
—Ssrr. 『S-sí. Eh… ¿papá?』
Las dos estaban intentando cambiar el tema con todo el descaro del mundo.
Se sentía demasiado incómodo señalarlo, así que decidí hacerme el menso y redirigir la conversación.
Si lo mencionaba, capaz que terminaban pidiéndome a mí la explicación…
—Unmirang, ¿así que estabas aquí?
—¿E-estaba buscándome?
Como me hice el que no vio nada, las dos se veían claramente aliviadas.
Asentí a la pregunta de Unmirang.
—Sí. Escuché que eres buena con la aguja, así que quería pedirte un favor.
—¿Ah, costura? ¡Claro! En temas de bordado y aguja, nadie le gana a esta Unmirang. ¿Qué necesita? ¿Se rompió algo?
Revolví una caja dentro de la cabina y saqué un pantalón viejo.
—No, no está roto. Quería que lo convirtieras en esos pantalones cortos que usan los piratas.
—¿Estos?
—Sí. Creo que esta noche voy a tener que nadar para buscar la bestia espiritual, así que…
Cuando le expliqué por qué necesitaba los shorts, los revisó y preguntó:
—Ah, entonces los necesita rápido, ¿verdad?
—Ajá. ¿Crees que queden pronto?
—Dijo que saldrían después de que se ponga el sol, ¿sí?
—Sí.
—Entonces con una o dos horas sobra. Sin problema. Démelos.
Los levantó a la altura de mi cintura para medir más o menos, luego salió y regresó con una canasta de herramientas de costura.
Y así empezó la cosida.
Como una hora después, Tang Hwa-eun se asomó a la cabina, vio a Unmirang y ladeó la cabeza con curiosidad.
—¿Qué estás haciendo, Unmirang?
—Oh, Sir So-ryong me pidió que convirtiera estos en pantalones cortos como los que usan los piratas.
—¿P-pantalones cortos?
—Sí. Creo que piensa meterse al agua con estos.
Ella me miró, luego miró los shorts… y se le subió el color a las mejillas.
Con voz dudosa, preguntó:
—So-ryong… ¿vas a usar solo… eso?
—Sí. Seguramente voy a tener que perseguir a Cho en el agua. Y si traigo túnicas largas como estas, se empapan y no puedo nadar.
—Y-ya veo…
Asintió, todavía algo sonrojada, y luego volteó con determinación hacia Unmirang.
—Va. ¿En qué ayudo?
Se veía bien dispuesta a cooperar.
Cuando el sol se escondió, me cambié a los shorts que Unmirang me hizo.
Eran hasta la rodilla, con la cintura bien asegurada para que no se fueran a bajar aunque Cho nadara como bala y me jalara.
En cuanto salí de la cabina con esos pantalones cortos, los ojos de la hermana Seol brillaron como diciendo: “¡Aaaaah, mira nomás!”
—So-ryong, sí te has puesto fuerte, ¿eh? Al principio te veías como cualquier civil normalito.
—Pues lo era. Apenas estaba empezando a entrenar artes marciales.
Ahora que había llegado a Samhwa Chwijung, mi energía interna era más fuerte, y con eso mi cuerpo también cambió. Ya no era el mismo.
Me hice más sólido, más “compacto”, y la neta sí me sentía seguro… pero la hermana Seol volteó con Hwa-eun, buscando confirmación.
—Hwa-eun, ¿a poco no se ve increíble So-ryong?
Con eso, Hwa-eun, escondida detrás del hombro de la hermana Seol, se puso roja y asintió rapidísimo.
Le daba pena que yo estuviera sin camisa, pero se notaba que de verdad estaba impresionada… demasiado como para decir algo.
‘Sí… creo que sí me he puesto más galán.’
—Bueno pues. ¿Nos vamos?
Cuando salí a cubierta usando solo los shorts, Sagong Won, el líder de las Dieciocho Barcas de Dongting, abrió los ojos grandotes y preguntó:
—Sir So-ryong… ¿esa apariencia…?
—Ah, pensé que era mejor estar cómodo para nadar. La ropa que usan sus hombres se ve ideal para nadar, así que quise intentarlo.
—Eso es cierto. La ropa pesada se empapa y estorba para nadar. Por eso visten así.
—¿Entonces empezamos?
—¿Qué tal si dice unas palabras antes de partir?
—Ah.
Entendí que quería que yo les hablara a “las tropas”, así que caminé hasta la proa. Frente a mí estaban las barquitas piratas, alineadas y esperando.
Traían cara de “no quiero, pero me obligan”… pero ¿qué más podían hacer?
En vez de levantarles la moral con gritos de guerra, decidí bajarles el miedo.
—Veo que algunos están preocupados por voltearse en el remolino, pero no hace falta. Mi hija y mi hermana menor van a estar pendientes para ayudar a cualquier barco que se voltee.
—¿Hija?
—¿Hermana menor?
Los piratas parpadearon, confundidos por lo de hija y hermana.
Justo a tiempo, Cho y Yeondu asomaron la cabeza por ambos lados de mí, mirando por encima de la baranda.
—Esta es mi hija. Y esta es mi hermana menor.
—Ssrrrr. 『Yo soy la hija.』
—Shaaaa. 『Yo soy la hermana menor. Pero… pensándolo bien, So-ryong, tal vez yo sí sea más grande…』
En cuanto la presenté, Yeondu empezó a cuestionar por qué ella era la “menor”.
Seguramente oyó en algún lado que el “menor” es el que tiene menos edad.
‘Es solo para que los piratas lo entiendan. Y la neta, Yeondu, tú sí me das vibra de hermana chiquita.’
—Shaaa… 『¿Un hermano que le roba el neidan a su hermanita, eh…?』
‘Y-ya, Yeondu… olvidemos eso. Ya te pedí perdón, ¿sí? Y… y los hermanos humanos a veces hacen eso… se roban cosas… es, eh… una señal de confianza. De cercanía. De hermanos de verdad, ya sabes.’
Como era de esperarse, no lo había soltado del todo. Todavía sacaba ese incidente.
Mientras yo trataba de consolarla, los piratas preguntaron:
—¿L-las bestias espirituales nos van a ayudar?
—¿Una bestia espiritual?
‘¿Qué, me están dudando?’
Claramente no creían que mi hija y mi hermana de verdad fueran a ayudarlos.
Así que, para quitarles la duda, decidí demostrarlo.
—Cho, voltea esa barca.
—Ssrrrr! 『¡Sí, papá!』
Al pedírselo, Cho se lanzó y volteó una de las barcas cercanas sin pensarlo.
—¡Aaaaghhh!
—¡Wey, wey, wey!
—¡Piedad, por favor!
Los otros piratas entraron en pánico, y los que cayeron al agua manotearon bien espantados.
Entonces le di otra orden a Cho.
—Vuélvela a voltear y saca a los hombres. Regrésalos a la barca.
—Ssst! 『¡Va!』
Se metió por debajo, y se oyó un chapuzón enorme cuando la regresó a su posición.
—¡Splash!
Luego Cho se lanzó hacia un tipo que se agarraba con todas sus fuerzas de otra barca. Como perrita cargando cachorros por la nuca, empezó a ir sacando piratas uno por uno y dejándolos de forma segura en su barca.
—¡Aaaargh! ¡Me voy a morir! ¡Me muero! ¡Ayuda!
—¡Aieee! ¡Ya valí!
Cada que los agarraba del cuello, pataleaban y gritaban exageradísimo… pero en cuanto los sentaba en la barca, se tocaban la nuca y se veían como si de golpe se les hubieran borrado diez años de vida.
Sonriendo, dije:
—Si alguien se cae o se voltea su barca, los ayudamos de inmediato… así que no se preocupen. ¿Entendido?
—¡S-sí, señor! ¡No nos vamos a caer, se lo juro!
—¡Sí, sí! ¡Lo prometo, no me caigo!
A ver, espérate… ¿por qué estaban tan empeñados en NO caerse si yo justo dije que los íbamos a rescatar?
Bueno, por lo menos ahora se veían más motivados. Con eso me bastaba.
—¡Va! ¡Nos movemos!
Con mi orden, las barcas piratas empezaron a deslizarse rumbo al Dongting Oriental.
La luz de la luna pintó el agua, iluminando las barquitas mientras se dispersaban por el lago.
—So-ryong, sabes que no vas a hacer ninguna tontería, ¿verdad? Ten cuidado.
—Claro. Esta vez sí puedes confiar en mí.
—Hmph. Siempre dices eso.
—Hermana Seol…
—Ya, ya. Nomás cumple tu promesa.
—¡Sí, señora!
Mientras las barcas se abrían por el Dongting Oriental, me despedí de Hwa-eun y de la hermana Seol, y luego subí rápido al cielo con Yeondu y Cho.
Desde arriba, revisamos las barcas extendiéndose por el lago.
Les había dicho que no se abrieran demasiado… y, efectivamente, mantenían un radio de búsqueda de unos cuantos cientos de metros.
Seguimos hacia el norte, esperando que apareciera un remolino…
Pero pasó toda la noche, y ni una sola señal.
—Yaaawn.
El tiempo corrió, y el cielo empezó a aclarar.
A lo lejos, la primera luz del amanecer ya brillaba sobre el horizonte.
Pensé en ordenar retirada… pero antes de que pudiera, los piratas de abajo ya estaban dándose la vuelta y regresando al Dongting del Sur por su cuenta.
En eso, la voz de Hwa-eun sonó en mi mente.
『So-ryong, ¿todavía nada?』
—No. Parece que hoy no pegó. ¿Intentamos mañana? Ya viene la luz… mejor regresamos.
Yo ya daba por hecho que mañana tocaría buscar en otra zona.
Pero entonces Hwa-eun agregó algo.
『So-ryong, regresar al amanecer está bien… pero ahorita es cuando debes estar más atento.
Mi abuelo pescaba mucho, y siempre decía: en cuanto empieza a romper la luz, los peces se activan.
Si es una bestia espiritual tipo pez… tal vez empiece a moverse justo ahora.』
Y justo en ese momento…
Yeondu gritó alarmada.
—Shaaa! 『¡So-ryong! ¡Allá abajo!』
Clavé la mirada hacia abajo, y vi que el agua detrás de las barcas piratas que se estaban retirando empezó a levantarse y girar de golpe.
¡Aquí está!
Algo… había mordido la carnada.