El maestro del veneno en el clan Tang Sichuan - Capítulo 372
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- Capítulo 372 - Piedra (1)
—Joven Maestro So, ¿podría mostrárnosla una vez más?
—Sí, por favor. Nomás una vez más. Ayer casi ni alcanzamos a verla.
—Por favor, Joven Maestro.
Apenas amaneció, en cuanto abrí los ojos, las mujeres de los Colmillos del Dragón y mi cuñada se me metieron al cuarto de golpe, suplicándome que les enseñara otra vez a Baekbaek.
Ayer se las mostré tantito, pero al parecer eso no fue ni de chiste suficiente.
Baekbaek es una cría de pangolín blanco puro.
Aferrada con todas sus fuerzas a la cola de su mamá, con los ojitos cerrados… estaba tan adorable que esas mujeres estaban actuando como si les diera síndrome de abstinencia.
Cada que aparece una criatura nueva capaz de jalonearle el corazón a las mujeres, era obvio que iba a pasar algo así. Pero esta vez sí era un problema.
No era solo que yo ni siquiera estaba bien despierto: si quería presumirlas, tenía que abrir el cuarto congelador, y eso iba a dejar escapar el aire frío y alterar la temperatura.
Un cambio brusco de temperatura no le haría bien ni a la madre ni a la cría.
‘Apenas se recuperaron del cansancio. Un cambio repentino de ambiente no les va a hacer ningún favor.’
La madre pudo decir que estaba bien, pero las dos todavía no llevaban mucho de haberse recuperado.
Si la temperatura cambiaba, la madre tendría que gastar más energía, así que lo mejor era evitar abrir la puerta si se podía.
‘¿Les digo que se las enseño después? De todos modos tengo que ir a revisar a las pequeñas… No, eso es distinto. Yo entrar solo no es lo mismo.’
Iba a decirles que luego las revisaría porque de todos modos iba a entrar, pero me arrepentí.
Eso sería yo metiéndome rápido, yo solo.
Si fueran una o dos personas, bueno. Pero si había muchas mironas, tendría que mantener la puerta abierta.
—Perdón. Si abro la puerta, se va a escapar el aire frío y la madre va a tener que gastar su fuerza. Apenas se recuperaron del agotamiento…
—Escuché que estaban enfermas… entonces sí era cierto…
—Ay, yo de verdad quería verla otra vez.
—Bueno, ni modo. Enséñanos cuando ya se sientan mejor.
Las rechacé con cara de “lo siento” y se fueron con cara de decepción, incluida mi cuñada.
Parecía que el alboroto ya se había calmado… pero eso apenas era el inicio.
En cuanto ellas salieron, la hermana Seol entró como si estuvieran cambiando turno.
Asomó la cabeza por la puerta que yo ni siquiera había alcanzado a cerrar y me saludó.
—So-ryong, ¿dormiste bien?
—¿Tú dormiste bien también, hermana Seol?
—Sí, dormí bien. ¿Desayunamos juntos hoy en la mañana?
—Claro.
Casi diario desayunábamos juntos, pero por alguna razón hoy me lo estaba “invitando” de manera formal.
Algo no me cuadraba… y al pensarlo, me di cuenta de que la energía de la hermana Seol hoy era distinta.
Normalmente tenía una frescura como indomable, pero hoy se veía más contenida.
Y cuando alguien se contiene así, es porque claramente vino a decir otra cosa.
Como que quería ver a Baekbaek.
Ya llevábamos tanto tiempo juntos que con solo verle la cara yo sabía qué quería decir.
Seguro vio cómo a las demás las rechacé hace rato y, como la que mejor sabía el estado de las criaturas, se le hizo difícil sacarlo.
Como entendía lo mucho que necesitaban descansar tras recuperarse del agotamiento, probablemente le daba pena pedirlo como las otras.
‘Podría decirlo sin problema. Que quiere verlas.’
Y tampoco es una extraña. Si es la hermana Seol, ¿no podría entrar conmigo cuando yo vaya a revisarlas?
Mientras pensaba que no era propio de ella andar tan indecisa, de pronto salió corriendo… y regresó poco después con Hwa-eun y comida.
El desayuno parecía ser arroz caliente y pescado frito.
El aroma sabrosísimo del arroz y del pescado frito se colaba al cuarto desde los platos.
—So-ryong, ¿dormiste bien?
—Sí, Hwa-eun. Pasa. Huele bien rico.
—Los barqueros atraparon un montón de carpas grandes anoche. El desayuno es arroz y carpa frita.
—Arroz y carpa después de tanto… suena delicioso. Y la carpa tiene bastante carne…
Ya estaba harto de harina todos los días; el arroz sonaba como una bendición.
Sonriendo, les quité los tazones de las manos y los puse sobre la mesa.
Empezamos a comer y a platicar de todo un poco. Yo ya iba como a la mitad del arroz cuando la hermana Seol empezó a picarle a los granos con los palillos y preguntó:
—So-ryong, ¿cómo va Baekbaek?
Seguramente esperaba que yo dijera algo como: “No he revisado, pero ahorita voy. ¿Quieres venir conmigo?”
Pero me hice el menso y contesté como si nada.
—Pues… seguramente ahí adentro está perfecta, ¿no?
—Ah… e-entiendo… ¿Cuándo piensas revisar?
La hermana Seol titubeó con las palabras.
A un lado, Hwa-eun me mandó un mensaje sin voz.
[¿Por qué la estás molestando así, So-ryong?]
Me estaba reclamando por contestar así cuando yo sabía perfectamente lo que quería la hermana Seol.
¿Pero qué podía hacer? Era la primera vez que la veía tan apenada y reservada. No pude resistirme.
Con la cara bien seria, seguí:
—No creo abrir la puerta en unos días. El viaje seguramente le pegó a Baekbaek, así que quiero que descanse bien por ahora.
—¿Qué? ¿Por qué? Digo… ¿ni siquiera tienes que revisar si está bien?
[So-ryong…]
La hermana Seol se veía toda sacada de onda, y Hwa-eun me mandó otro regaño mental para que ya le parara.
En ese momento, la voz de Unmirang llegó desde afuera de la puerta.
—So-ryong, el taoísta dice que en poco vamos a atracar en Wuhan.
—Entendido.
Me acabé el tazón rápido y dejé a la hermana Seol ahí para subir a la cubierta.
Íbamos a hacer una parada breve en Wuhan.
El camino hasta el Clan Tang todavía tenía un montón de obstáculos.
Primero tenía que revisar los remolinos del lago Dongting, luego pasar por el refugio de Lee Tae para que Geumdo tomara el sol.
También tenía que darme una vuelta por la Alianza Marcial para ver cómo iba el asunto entre la Secta de los Cinco Venenos y el Culto de la Sangre.
En la Secta del Mendigo, en Yeongcheon, me habían dado un resumen, pero pensé que sería mejor enterarme bien directo con la Alianza Marcial.
Claro que no pensaba entrar yo mismo.
Solo quería darme una vuelta por el mercado cerca del puerto de Wuhan.
¿La razón por la que evitaba la Alianza Marcial en Wuhan?
El Líder de la Alianza me había dado una técnica marcial tremenda, y yo casi ni la había practicado.
Si se enteraban de que estaba en la ciudad, seguro me jalaban para preguntarme cómo iba el entrenamiento.
Él decía que no aceptaba discípulos, pero seamos sinceros: si le pasas tu técnica a alguien, ¿no quieres saber hasta dónde llegó?
¿Y si la persona casi ni entrenó?
“Entonces, ¿qué tanto dominaste mi técnica?”
“Ehh… apenas pasé lo básico.”
“¿¡Qué!?”
Sí. Sería súper incómodo.
Claro, apenas sobreviví al ataque de las arañas camello en Qinghai gracias a esa técnica.
Pero siendo honestos… desde entonces no la había usado ni una sola vez.
‘O sea, una técnica que imita insectos… ¿quién demonios quiere dominar una que te deja la piel escamosa…?’
La neta: este Fabre bien picante ya tiene una técnica que le queda perfecta. ¿Para qué iba a querer una que me deja todo reseco y con pellejo?
Eso me pasa solo si no me baño, de todos modos.
Mientras Wuhan se acercaba a lo lejos, empecé a sentirme inquieto.
Cuando pisé la cubierta, vi a los Colmillos del Dragón en grupitos, platicando emocionados por la llegada a Wuhan.
Se veían felices con la idea de ver caras conocidas otra vez.
Me acerqué como si nada y dije:
—¿Todos se ven contentos de volver a Wuhan?
‘Se nota que están emocionados. Menos yo.’
—Pues claro. Ya tenía muchísimo.
—Hace siglos que no vemos al tío, al fin y al cabo.
—Nomás pensar en echarte un baño caliente en uno de los alojamientos de la secta en Wuhan… ¿no emociona?
Sí, estaban encantados.
Asentí y les pedí un favor a todos.
—Entonces… tengo una petición. Por favor, no le digan a nadie que llegué aquí.
Con lo de traer a las criaturas, no había tenido chance de decirlo antes.
—¿Un secreto?
—¿Quieres que sea secreto?
Todos parpadearon sorprendidos cuando les pedí que ocultaran mi llegada a la Alianza Marcial.
Entre ellos, mi hermano mayor frunció el ceño y preguntó:
—¿Y eso por qué? En la Alianza Marcial hay un montón de gente que estaría feliz de verte. Nomás el estratega de la Alianza—el tío de Ji-ryong—se pondría bien contento. Tú le salvaste la vida a su sobrino, ¿no?
—Eso es cierto, Joven Maestro So.
—Sí, es verdad.
Ji-ryong y Eunbong asintieron a lo que dijo mi hermano.
Él siguió:
—¿Y el Líder de la Alianza? Los importantes ya saben que heredaste sus artes marciales. Sus asistentes cercanos te recibirían con los brazos abiertos.
—El Líder de la Alianza es un hombre respetado, pero siempre hubo lástima porque no tenía sucesor. Si tú heredaste sus habilidades, obvio te van a recibir bien. Entonces, ¿por qué?
Originalmente, se suponía que era secreto que yo heredé las artes marciales del Líder de la Alianza.
Pero después de lo de Qinghai, todos en este barco ya sabían que sobreviví gracias a esa técnica.
En cuanto mi hermano lo mencionó, todos asintieron.
—Tiene razón, So-ryong. ¿De verdad hay una razón para ocultar que estás aquí?
—Neta. Después de fabricar un veneno para pelear contra el Culto de la Sangre, deberían tratarte como héroe.
—Hasta podrías quedarte en el ala de invitados distinguidos de la Alianza. ¿Para qué evitar eso?
Geom-ryong y Kwon-ryong también me miraron, confundidos.
Me rasqué la cabeza y contesté:
—Es por la técnica marcial.
—¿La técnica del Líder de la Alianza?
—Sí. La verdad es que… casi no he avanzado en ella…
Todos se quedaron tensos con mi respuesta.
Por un momento, parecía que el tiempo se congeló.
Y luego empezaron a hablar a la manera de las Llanuras Centrales… o sea, indirectamente.
—Ahora que lo pienso, que te llamen “héroe del mundo marcial” a lo mejor se vuelve algo fastidioso…
—Mm… los ancianos de la Alianza Marcial definitivamente no lo dejarían pasar así nomás.
—Ajá. Entonces… bueno, mejor fingimos que no sabemos nada de la llegada del Joven Maestro So. No queremos que se… incomode. O sea, que se… apene.
En las Llanuras Centrales, contestarle a alguien de frente o exhibirlo se considera una pérdida de cara muy seria—hasta puede terminar en espadas desenvainadas. Por eso la gente prefiere el sarcasmo suave o los golpes “codificados”.
Por ejemplo, en Corea a veces insultan directo a la mamá de alguien. Pero en las Llanuras Centrales dirían algo como: “Parece que tienes dos padres.” Así me estaban mostrando preocupación sin decirlo de forma directa.
Sí… yo tenía razón. Descuidar esa técnica sin duda pondría al Líder de la Alianza… incómodo.
Después de dejar rápido a los Colmillos del Dragón en el muelle de la Alianza Marcial en Wuhan, atracamos discretamente en otro embarcadero cercano, como si anduviéramos escapándonos.
—Entonces iremos por lo que falta y cargamos provisiones.
—Adelante.
—Señorita, yo también saldré. Necesito comprar tablas y cosas. Me acabé toda la madera haciendo el refugio para el pangolín de concha blanca.
—Entendido. Mira, ¿esto alcanza?
—Más que suficiente, señorita. Gracias.
—Entonces, con lo que sobre, tómate un trago y descansa.
—¡Oh! Gracias, señorita.
El taoísta les pasó dinero de Hwa-eun a los barqueros para comprar suministros, y el carpintero naval también tomó algo para comprar madera.
Como los Colmillos del Dragón ya se habían ido a la Alianza Marcial, el barco se sentía vacío.
—Toc, toc.
—Hermana Seol, ¿no vas a salir?
—No… quiero pasar un poquito más de tiempo con ella.
Le permití a la hermana Seol entrar al cuarto congelador porque me sentí mal por molestarla hace rato, pero desde entonces no había salido.
Al principio me preguntó si podía quedarse con Baekbaek o con Sunbaek, pero yo no le respondí.
Le dije que hablábamos después del tratamiento.
Así que supongo que ahora está “preparando el terreno”—dejándose ver y todo eso.
Dejando a la hermana Seol ahí, me fui al mercado de Wuhan solo con Hwa-eun y Unmirang.
—¿Entonces esto es Wuhan?
preguntó Unmirang con curiosidad en cuanto entramos al mercado.
—Lo viste desde el barco, ¿no? Eso de allá es la sede de la Alianza Marcial.
—Ahí vive la persona con el rango más alto del mundo marcial, ¿verdad? Me encantaría verlo aunque sea de lejos. Si logro ver al más grande del mundo marcial y al emperador… ¿no sería algo que solo este Unmirang habría hecho?
—S-sí. Ojalá se te cumpla.
Unmirang claramente quería ver al Líder de la Alianza, pero… eso era un problema.
Porque entonces yo estaría frito.
—¿Qué verdura es esta?
—So-ryong, ¿esto me queda bien?
Explicarle cosas a Unmirang, que nunca había ido a un mercado, y seguir a Hwa-eun en sus compras, era cansadito.
El sol ya estaba bajando y yo tenía hambre, así que le dije a Hwa-eun:
—Hwa-eun, ¿agarramos algo de comer y descansamos tantito?
—Ah, sí. Vamos por algo bueno, ya que traemos a Unmirang con nosotros.
Miró alrededor y señaló un lugar.
—Oh, So-ryong, ese lugar se ve bien.
Señaló un edificio de tres pisos con cuatro guerreros custodiando la entrada.
Con solo ver a los guardias, se notaba que era un lugar fino.
Cuando nos acercamos, dos guerreros se plantaron al frente para bloquearnos.
—¿Es solo con reservación?
Iba a decir algo cuando uno de los guardias de repente se iluminó al reconocerme y preguntó:
—¿No es usted el Joven Maestro So del Clan Tang?
Hwa-eun volteó hacia mí con los ojos bien abiertos.
¿Mi apodo, “el Fabre picante de todas las criaturas venenosas”, ya había llegado hasta Wuhan?
Asentí ligeramente, por dentro bien complacido.
A lo mejor no era famoso en todas partes, pero al menos aquí, entre artistas marciales, mi nombre ya se había regado.
Eso me infló un poco el pecho frente a Hwa-eun.
‘Bien. Eso me suma puntos con mi futura esposa.’
—Así es.
Entonces los guardias sonrieron y se inclinaron saludando.
—Por favor suba al tercer piso. Es más, permítame acompañarlo.
Había otros dos guardias adentro, y pasamos junto a ellos subiendo las escaleras.
Justo antes de llegar al tercer piso, el guardia que nos escoltaba habló emocionado:
—Usted debió pasar por la Alianza Marcial y luego vino aquí, ¿verdad?
—¿La Alianza Marcial? No… la verdad no.
—Ah, entonces quizá le dijeron que viniera aquí si el Líder de la Alianza no estaba disponible…
—No es muy conocido, pero cuando el Líder de la Alianza extraña su tierra natal, viene aquí a comer algo de su pueblo y tomar unos tragos.
‘¿¡Qué!? ¿Quién!?’
Me quedé helado con esas palabras, se me abrieron los ojos… justo cuando mi pie pisó el tercer piso.
Ahí, en un extremo del piso superior vacío, estaba un anciano con un sombrero de bambú, sonriéndome.
Una cara familiar.
Hoy, claramente, era el día en que el deseo de Unmirang se haría realidad.
¿Para mí? Era un desastre total.
‘Maldición. Claro que mi suerte para encontrar criaturas raras me tenía que meter en problemas justo ahorita…’