El maestro del veneno en el clan Tang Sichuan - Capítulo 366
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- Capítulo 366 - Hielo y Remolino (6)
Para cuando regresamos al bosque cerca del barco anclado después de recopilar información en el poblado, ya no podíamos ver absolutamente nada frente a nosotros.
La advertencia de Ji-ryong se había cumplido.
La neblina que empezó a seguirnos desde el pueblo por fin nos alcanzó y nos tragó por completo.
Entre las nubes derramándose desde la cintura de la montaña y la bruma subiendo del Lago Poyang, el lugar ahora parecía como si hubiéramos entrado a un mar de nubes esponjosas.
—¿Es por aquí? ¡Uwaaah!
Mientras tanteábamos el camino hacia el barco, el suelo bajo mis pies cedió de repente y mi cuerpo fue jalado hacia abajo en un instante.
—¡Splash!
—¡So-ryong!
Escuché el sonido de rocas y tierra cayendo al agua allá abajo.
—¡Splash, splash!
Justo cuando pensé que me iba a ir directo al agua junto con las piedras, sentí un jalón repentino en la manga.
Era Hwa-eun—me había agarrado justo a tiempo, todavía aferrada a mi manga como antes, para no separarnos en la niebla.
Cuando miré hacia abajo, vi un brillo difuso de agua bajo la bruma arremolinada.
Eso debía ser el Lago Poyang.
Hwa-eun me jaló hacia ella y dijo:
—So-ryong, no te muevas tanto. De verdad no se ve nada adelante. Tenemos que tener cuidado.
—Entendido. Gracias, Hwa-eun.
Me jaló de regreso hacia un parche de pasto y, mientras me limpiaba el sudor frío de la frente…
De pronto sentí el calor de su cuerpo junto al mío.
Y luego su aroma dulce, espeso en la niebla, se enroscó a mi alrededor.
Hwa-eun se había acercado y ahora estaba sentada pegadita a mi costado.
Tan cerca que podía sentir su calor a través de la ropa.
—E-em… es que de verdad no veo nada… pensé que no debíamos… s-separarnos…
Se adelantó a explicarse antes de que yo dijera algo.
Qué tierna, ¿no? Aprovechando la situación así.
Esa es nuestra Hwa-eun—no deja pasar ni una oportunidad.
‘Chale… ahora que lo pienso, ¿ya tenía rato que no nos besábamos o nos abrazábamos, verdad?’
Pensándolo bien, ya tenía bastante que Hwa-eun y yo no teníamos nada de piel con piel. Últimamente los niños nos traían ocupados todo el tiempo.
Mientras eso se me cruzaba por la cabeza, Hwa-eun se pegó todavía más.
Tan cerca que ya no solo sentía su calor, sino hasta su pulso.
Parecía que traía una Deficiencia Aguda de So-ryong.
Sí. Ocupaba recargarse.
¿Y recarga de qué tipo?
Pues recarga de So-ryong, obvio.
Si no habíamos tenido nada de cariño últimamente, tenía todo el sentido que sus niveles de So-ryong estuvieran peligrosamente bajos. La única solución era una recarga.
‘Exactamente.’
Pero no pude evitar preguntarme por qué le pegó justo hoy. Ayer estaba normal. Entonces recordé.
‘Ah… cierto, ayer Ji-ryong y Eumbong…’
Aunque Hwa-eun normalmente no se fijaba mucho en esas cosas, verlos seguro la hizo pensar.
Tal vez digas: “¿De verdad ver a otros hace que tú también quieras?”
Pero no es una idea tan jalada.
Toma al huaung, por ejemplo.
Huaung es uno de los muchos nombres en las Llanuras Centrales para un panda—significa “oso flor.” En mi vida pasada, los pandas estaban al borde de la extinción.
La pérdida de hábitat, la contaminación y la caza excesiva habían contribuido a la crisis.
La gente estaba desesperada por ayudarlos a reproducirse—después de todo, animales como el delfín del Yangtsé y la tortuga caparazón blando gigante ya estaban desapareciendo.
Pero los pandas no lo ponían fácil.
No tenían interés en reproducirse. Incluso en temporada de celo, se negaban a aparearse.
Esos condenados pandas nomás querían estar tragando bambú y echándose la siesta todo el día.
Entonces bajó la población, y la reproducción se estancó.
Hasta que a alguien se le ocurrió una idea brillante.
“¡Vamos a ponerles porno!”
La lógica era: si les ponías un video erótico, tal vez por fin se animaban.
Sonaba absurdo… pero funcionó.
Cuando empezaron a ponerles videos de apareamiento de pandas, los pandas sí empezaron a reproducirse y tener crías.
El “porno”, claro, era material de pandas, no de humanos.
En fin, si Hwa-eun necesitaba una recarga de So-ryong, lo correcto era cumplir.
Le pasé el brazo suavemente por los hombros y la jalé un poquito más cerca.
—¿Q-qué pasa, So-ryong?
Obviamente había estado esperando eso y aun así fingía sorpresa.
Le respondí con una voz baja y romántica.
—Me acabo de dar cuenta de que últimamente no hemos podido estar a solas por los niños. Perdón, Hwa-eun.
—So-ryong…
Mientras yo calentaba el ambiente, Hwa-eun recargó la cabeza en mi hombro.
Nomás con girar tantito la cara podríamos empezar un beso—la forma más eficiente de recarga So-ryong.
El corazón se me aceleró; ya tenía rato.
Giré la cabeza despacio.
Y entonces—¡fiuu! Algo oscuro se metió entre los dos.
—Ugh.
—¡Kyaa!
Nos asustamos y caímos cada quien para un lado… y una voz muy familiar sonó fuerte.
—Tsrururuu. 『¡Papá! ¡Mamá!』
La intrusa, claro, no era otra que Bini.
『—A-ah, B-Bini! ¿Cómo nos encontraste con tanta niebla?』
—Tsrut. (La Tía Seol dijo que la niebla está demasiado espesa y me mandó a buscarlos. Agarré unas vibraciones conocidas, así que vine. Cuando está oscuro y no se ve, solo Bini, la Hermana Ranghyang y el Tío Orange pueden ubicar quién anda cerca, ¿te acuerdas?)
Pensándolo bien, Bini, Ranghyang y Orange, la Serpiente Ji-yeong, eran de tipo excavador.
Podían sentir vibraciones a través del suelo.
Igual que los submarinos usan sonar para detectar enemigos, estos podían “leer” movimientos y posiciones con vibraciones de la tierra.
Así que Bini nos rastreó así.
Se agradece, pero… el timing estuvo de la fregada.
Papá también quería un beso, ¿sabes?
¡Gyaaah!
『—¿N-nuestra hija vino a buscar a mamá y papá~?』
—S-sí. Qué linda, Bini.
—Tsrururu. (Entonces… ¿qué estaban haciendo ustedes dos?)
—N-nada…
—Solo estábamos, em… esperando a que se aclarara la niebla.
—Tsrut. (Va. Regresemos, papá, mamá.)
Bini tomó con dos de sus muchas patitas una mano de cada uno.
Así que, con sonrisas forzadas, Hwa-eun y yo la seguimos entre la neblina de vuelta al barco.
[Ya encontraremos otra oportunidad cuando subamos la montaña más tarde.]
[¡Va!]
Nos susurramos en secreto mientras caminábamos.
Criar niños mientras intentas robarte cariños se sentía como una operación encubierta completa.
Regresamos al barco y de inmediato armamos un equipo de búsqueda.
El hecho de que no se viera nada por la neblina también significaba que nuestros niños podían moverse cómodos dentro de ella.
Por lo que escuchamos, la neblina normal solía empezar justo por encima de la ladera media.
Eso significaba que no habría gente subiendo hasta ahí—entonces nuestros niños podían explorar libremente las laderas altas también.
—¿Confirmaste la ubicación?
Era Ji-ryong, preguntando mientras nos preparábamos para ascender.
—Sí. Dijeron que la boca de la roca que parece un dragón volador en el Pico del Dragón Volador es una cueva, y que ahí se formó hielo.
Originalmente, de las diecisiete cuevas, las seis cerca de la cima del Monte Yeo empezaron a congelarse una por una como si el hielo estuviera migrando. Ahora, dicen, la boca de la roca con forma de dragón en el Pico del Dragón Volador está congelada.
Cuando le expliqué lo que escuché del recolector de hierbas, él asintió, con una expresión sospechosa.
—Definitivamente hay algo raro aquí.
—¿Verdad?
—Se siente como si algo se estuviera moviendo de un lugar a otro.
—Eso pensé yo también.
Solo conocía una razón para que una cueva se congelara así.
En mi vida pasada, había un lugar llamado Valle de Hielo en Miryang, donde el aire se enfriaba al pasar por capas de roca dentro de una montaña, causando condensación y expansión en grietas que formaban hielo.
Fuera de eso, no tenía sentido que se formara hielo en un otoño relativamente cálido.
¿Y que el hielo apareciera alternándose en distintas cuevas?
Más absurdo todavía.
Esas cuevas probablemente ni estaban conectadas.
Lo cual dejaba una conclusión: cerca de la cima, algo seguramente se había estado moviendo entre esas siete cuevas.
Después de hablar con Ji-ryong, Hwa-eun llegó con un bulto de comida. La Hermana Seol, ya acostumbrada a esta vida, traía dos cobijas delgadas enrolladas como mochila de soldado de la Segunda Guerra, colgadas al hombro.
—Por ahora… Cho, Yeondu, Jeokwol-nim, ¿vamos juntos? La niebla está algo pesada. ¿Estarán bien?
—¡Chii!
Aburrida, Jeokwol-nim bajó revoloteando y se posó en mi hombro. Detrás de ella, Cho y Yeondu se acercaron.
—Hyang se queda con papá. Seol, Bing y Dong, ustedes también vienen. No sabemos si el objetivo vaya a atacar con hielo.
Si el oponente era una bestia espiritual de atributo hielo, entonces los que tenían poderes similares serían los mejores para defender.
Y Hyang, con habilidades de fuego, sería el counter perfecto.
Esa alineación servía por ahora.
—Perdón a los demás. Con esta niebla está difícil ver, así que tendremos que volar… y no puedo llevarlos a todos. Regresamos rápido.
—Tsrurur. 『Siempre soy a la que dejan.』
—Kisit.
Bini se quejó y Yo-hwa hizo sonar las campanitas de sus patas, pero ya estaban acostumbrados. No armaron un gran drama.
Así que despegamos directo desde la cubierta.
La bruma y la niebla se mezclaban arriba del barco, y parecía que estábamos subiendo hacia nubes de algodón.
—Todos, vuelen hacia arriba hasta que salgamos de la niebla. ¿Entendido? Jeokwol-nim, tú también.
—Chii.
—Tsrurur.
—Shaaa.
El aire se sentía pesado y húmedo mientras subíamos.
Se me taparon los oídos por la altura, pero al final la niebla se adelgazó, y empezó a colarse luz brillante.
—¡Ya salimos!
La voz de Seol-nui, todavía envuelta alrededor de Cho, llegó justo a mi lado—seguro venía al parejo.
Tal como dijo el recolector, solo como un tercio de los picos sobresalían por encima de la neblina.
Como la montaña era amplia, picos y formaciones rocosas asomaban como islas dispersas sobre un mar de niebla.
—A ver… las cinco rocas grandes con forma de ancianos son los Picos de los Cinco Ancianos. Ah, ¿esa parte que brilla es agua? Entonces es el Estanque del Cielo Grande.
Pasando los Cinco Ancianos y el Estanque del Cielo Grande, ese estanque más pequeño en la misma dirección es el Estanque del Cielo Pequeño…
Por allá, todos. Cho, Yeondu, por acá. Jeokwol-nim, síganme.
—Chii.
Cuando pasamos los Cinco Ancianos, sus rocas con forma de viejitos se juntaban como un biombo, y un gran pantano apareció a la vista.
Desde arriba se veía espectacular.
La luz del sol se reflejaba como espejo en la superficie.
—Wow… está precioso.
—Anoche no veíamos nada. Pero este lugar… está increíble.
—Dicen que mucha gente viene por el paisaje.
Mientras platicábamos, volando más allá del Estanque del Cielo Grande rumbo al Pequeño, vi una cueva oscura cerca de un saliente rocoso.
—Aterricemos y revisemos esa. Yeondu, bájanos ahí.
—Shaaa. 『Entendido, So-ryong-nim.』
Se suponía que había siete cuevas como a un setenta por ciento de altura y otras diez más abajo—esta era una de esas siete.
Una cueva que ya se había congelado antes.
Cuando aterrizamos y revisamos alrededor, estaba claro que esa cueva sí se había congelado.
La mayoría de la vegetación cercana estaba muerta.
Seguramente daño por helada por el frío repentino.
Incluso había rastros de gente cerca de la entrada.
—Entonces esta sí fue una de las cuevas congeladas, ¿eh?
—Sí, parece que sí. Jeokwol-nim, ¿puedes hacer que tus alas brillen? Quiero revisar adentro.
—Chii.
Con Jeokwol-nim en mi hombro, revisé adentro con cautela.
Claro, íbamos a confirmar pronto la del Dragón Volador, pero quería asegurarme de que las cuevas no estuvieran conectadas de alguna forma… o si había una razón para que se formara hielo aquí.
No era muy profunda, y el fondo estaba tapado.
Con eso bastaba para confirmar que el hielo se había formado de manera artificial.
Ya iba a salir otra vez cuando—
—¡Chiiiii!
Me giré hacia ella. Estaba señalando con sus antenitas.
Miré hacia donde apuntaba y vi una roca apoyada contra la pared… con tres marcas largas como de garras, bien clavadas en la superficie.
Claramente las había hecho algo filoso y sólido, como uñas.
No era lobo ni zorro. Ni oso, leopardo o tigre.
Yo había aprendido lo básico para leer rastros con la Hermana Seol por ser del Palacio de Bestias.
Pero esto… jamás lo había visto ni oído.
Se veía como sacado de una película de mi vida pasada—como cuando un protagonista “corta” con garras que salen por encima del puño.
Llamé a Seol-nui para preguntar.
—Yo nunca he visto algo así. Si esto son garras, tenemos que tener cuidado.
Eso es casi como una daga. Con un solo zarpazo te puede abrir el pecho.
Todavía no sabía qué criatura dejó esas marcas… pero tenía el presentimiento de que pronto lo descubriríamos.
Hora de reagruparnos e ir al Pico del Dragón Volador.
—Vámonos.
Después de volar un rato, la cresta de una montaña rocosa apareció frente a nosotros.
Se retorcía y se curvaba como un dragón volador entre las nubes.
Ese debía ser el Pico del Dragón Volador.
—¡Ahí está!
En el extremo lejano de la cresta.
La cabeza del dragón apuntaba hacia la cuenca de abajo, y tal como dijo el recolector, la boca de una cueva estaba justo donde quedarían sus fauces abiertas.
—Drip. Drip drip.
El agua goteaba desde la “boca” rocosa como si fuera baba.
—De verdad parece que está babeando.
—Da cosita…
Aterrizamos un poco lejos de la entrada y nos acercamos con cuidado.
Lo que vimos dentro de la cueva era… rarísimo.
Apenas a cinco metros, todo el pasaje estaba sellado con hielo sólido.
Aunque afuera goteaba agua sin parar, el tapón grueso de hielo por dentro estaba completamente intacto.
Cuando me asomé más hacia la entrada—
La luz que entraba me dejó ver algo a través del hielo opaco.
—¡Espera, ¿qué es eso?!
De golpe, la mente se me quedó en blanco.
Dentro de la cueva oscura, más allá del hielo, algo blanco estaba tirado, colapsado.
No podía distinguirlo bien por la pared de hielo turbia, pero había algo rojo cerca de lo que parecía su boca.
¿Una lengua?
Si tenía la lengua medio colgando así, estaba en condición crítica.
—¡Bang! ¡Crash!
Golpeé el hielo con puño y palma, pero no se movió ni tantito.
Grité de inmediato:
—¡Cho! ¡Ve por Bini!
No sabía qué era… pero sí sabía una cosa:
Teníamos que salvarlo.
El cuerpo subía y bajaba como si estuviera jadeando… pero no despertaba.
La situación estaba crítica.