El granjero del apocalipsis - Capítulo 1
Con el paso de los años, a medida que los rastros de la humanidad desaparecían y los animales y plantas sufrían mutaciones desenfrenadas, las ciudades que antaño habían sido construidas con cemento y acero quedaron irreconocibles. Las raíces, tallos y hojas de innumerables plantas mutantes habían desgarrado el concreto, sepultando los muros derruidos y las ruinas bajo una exuberante marea verde. En algunos rincones, huesos blancos grotescamente deformados quedaban expuestos bajo el sol abrasador, mudos testimonios de la brutal amenaza que acechaba por doquier.
De pronto, el sonido de unos pasos apresurados resonó entre las ruinas de un edificio donde la luz del sol era incapaz de penetrar, acompañado por el extraño roce de ramas y hojas contra el suelo.
Una figura subió corriendo desesperadamente hasta el balcón del segundo piso. Acosado por una amenaza invisible a sus espaldas, saltó sin vacilar.
Sin embargo, antes de que su cuerpo terminara de caer, una enredadera fantasmal se enroscó alrededor de su tobillo y tiró violentamente de él hacia atrás, estrellándolo contra la fría pared.
El pecho de Jiang Le se sacudió con violencia y una espuma sanguinolenta escapó irremediablemente por la comisura de sus labios. Soportando el intenso dolor, sacó la daga que llevaba consigo, cortó la enredadera y rodó por el suelo al caer.
Pero antes de que pudiera afirmarse sobre sus pies, otra enredadera atravesó el aire como una lanza venenosa y le perforó el pecho.
La tremenda fuerza del impacto lo lanzó por los aires antes de hacerlo caer pesadamente contra el suelo.
Aquello no era más que un juego del gato y el ratón en el que la diferencia de poder era abrumadora. Por más intenso que fuera su deseo de sobrevivir, no había forma de cambiar el desenlace.
El mundo comenzó a darle vueltas y su conciencia se desvaneció.
La enredadera que había penetrado en su cuerpo parecía una criatura viva. De ella brotaron incontables ramificaciones diminutas que se introdujeron con avidez en cada uno de los vasos sanguíneos de Jiang Le.
Un dolor agudo desgarró cada centímetro de su carne, arrebatándole hasta la última posibilidad de resistirse. Solo los espasmos involuntarios de su cuerpo demostraban que la vida todavía no lo había abandonado por completo.
Varias personas se acercaron y se detuvieron a su alrededor.
Uno de ellos le propinó una patada brutal.
—¿Para qué huiste? Si hubieras entregado obedientemente tu habilidad, al menos habrías salvado la vida.
Alguien se agachó y examinó durante unos instantes el cuerpo ensangrentado y destrozado de Jiang Le. Su voz sonó desconcertada.
—Oye, hermano Xiang, este tipo… ¿no será realmente una persona común y corriente?
—¡Tonterías! ¡Estoy seguro de que percibí en él fluctuaciones de energía del mismo origen que las del meteorito!
El hombre al que llamaban hermano Xiang estaba retrayendo sus enredaderas con impaciencia. Al escuchar aquello, dirigió una mirada casual al cuerpo tendido en el suelo.
Estaba empapado en sangre, completamente indefenso y era tan ordinario como cualquier persona común.
—¿Del mismo origen, dices? Una mierda. Mis enredaderas no detectaron ni una pizca de energía. Es solo un inútil. Me hizo perder el tiempo para nada.
Levantó el pie y lo apoyó despreocupadamente sobre la cabeza de Jiang Le, que todavía conservaba algo de calor. Ignorando su débil respiración, ejerció fuerza de repente.
Paf.
La cabeza bajo su pie se convirtió al instante en una masa sanguinolenta.
——
Jiang Le se incorporó bruscamente en la cama.
El intenso dolor que había sentido antes de morir, la aterradora sensación de su cráneo siendo aplastado y aquella desesperación que parecía haberse grabado hasta en sus huesos continuaban dominando su mente con una claridad espantosa, como si jamás hubieran desaparecido.
El sudor frío le había empapado la ropa. Incluso parecía conservar en sus vasos sanguíneos el dolor fantasma de las enredaderas atravesándolos, haciendo que su cuerpo temblara ligeramente de manera incontrolable.
Pasó mucho tiempo antes de que los violentos latidos de su corazón comenzaran a calmarse.
Solo entonces advirtió que algo no encajaba con el lugar donde se encontraba.
La tenue luz amarillenta de las farolas se filtraba por la ventana y delineaba los contornos de la habitación.
Aquella era, sin lugar a dudas, la pequeña habitación que había alquilado en Haishi cuando trabajaba allí antes del apocalipsis.
¿Cómo era posible?
El corazón de Jiang Le comenzó a latir desbocado.
Buscó a tientas el interruptor de la lámpara junto a la cama, la encendió y corrió descalzo hasta la ventana.
Era de madrugada y, ocasionalmente, algún automóvil pasaba por la calle. Los puestos de comida nocturnos de la calle vecina todavía no habían cerrado; a lo lejos podían escucharse las conversaciones y risas de los clientes, y el aroma especiado de la carne asándose sobre el carbón llegaba débilmente hasta él.
Jiang Le se volvió.
El viejo aire acondicionado emitía un zumbido grave. El ventilador del techo, que llevaba mucho tiempo sin utilizarse, estaba ligeramente inclinado y cubierto de polvo. El armario, la estantería y el sillón puf ocupaban cada uno su lugar dentro de aquella habitación de dimensiones reducidas…
Hasta el último detalle coincidía perfectamente con aquel pequeño hogar enterrado en lo más profundo de sus recuerdos, donde había vivido tres tranquilos años y que, durante el apocalipsis, había añorado incontables veces.
Todo era tan cotidiano que parecía un día laboral cualquiera en el que Jiang Le simplemente se hubiera quedado dormido mientras miraba su teléfono.
Pero el apocalipsis había ocurrido.
De eso no había ninguna duda.
El origen del apocalipsis había sido una lluvia de meteoritos que barrió el planeta entero.
Al principio, la curiosidad de las personas había superado con creces al miedo. Sin embargo, pronto descubrieron que, tomando los meteoritos como epicentro, todo tipo de organismos —incluidos los seres humanos— comenzaron a sufrir mutaciones rápidas e irreversibles.
Solo entonces el pánico se propagó como una epidemia.
Pero cuando las mutaciones visibles a simple vista ya se habían extendido como un incendio forestal, cualquier intento de remediar la situación llegó demasiado tarde.
Una reacción en cadena de colapsos aplastó todo rastro de orden.
La humanidad dejó de ser la favorita de la creación y cayó del pedestal de la noche a la mañana, incapaz de adaptarse.
Bajo la influencia de los meteoritos, la mayoría de los humanos degeneraron hasta convertirse en zombis semejantes a cadáveres ambulantes. Un reducido número de afortunados despertó y se convirtió en usuarios de habilidades con toda clase de poderes extraordinarios.
Los restantes, aquellos que no habían degenerado pero tampoco habían despertado ninguna habilidad, se convirtieron en las personas comunes que ocupaban el estrato más bajo del mundo apocalíptico.
A ojos de ambos tipos de humanos mutados, no eran más que corderos esperando ser sacrificados. Solo podían depender de las bases establecidas por los usuarios de habilidades y luchar por sobrevivir entre las grietas.
En su vida anterior, Jiang Le había sido precisamente uno de aquellos incontables humanos comunes.
La única excepción ocurrió un año después del inicio del apocalipsis, cuando obtuvo accidentalmente un «Sistema de Granja» del cuerpo de un zombi.
Gracias a la pequeña cantidad de suministros producidos por el sistema, consiguió sobrevivir durante más tiempo que la mayoría de las personas comunes.
Por desgracia, aquella insignificante ventaja tampoco logró cambiar su destino final: acabar aplastado sin posibilidad de defenderse.
Y ahora…
Jiang Le tomó el teléfono que estaba sobre la mesa.
La pantalla se iluminó y la fecha apareció claramente ante sus ojos.
Faltaban tres meses para que cayera la lluvia de meteoritos que lo cambiaría todo.
Y todavía quedaban seis meses para que el apocalipsis levantara oficialmente su sangriento telón.
Por un instante, Jiang Le quedó aturdido.
Ya no sabía si los años que había pasado en el apocalipsis y su brutal asesinato habían sido una pesadilla, o si la tranquilidad que lo rodeaba en ese momento era la verdadera ilusión.
Pero jamás podría olvidar el hambre, el miedo, la desesperación y el dolor que había sufrido durante el apocalipsis.
Aquellas sensaciones se habían grabado profundamente en sus huesos.
Un pensamiento increíble y, al mismo tiempo, extremadamente claro explotó en su mente.
¿Después de morir… había renacido seis meses antes del comienzo del apocalipsis?
¡Bang!
De repente, arriba se escuchó el estruendo de un objeto pesado cayendo al suelo. Inmediatamente después llegó el ruido de un banco siendo arrastrado, mezclado de vez en cuando con las maldiciones de alguien mientras jugaba un videojuego.
El joven inquilino del piso superior, que trabajaba como streamer, había vuelto a hacer de las suyas.
Sin embargo, aquel ruido nocturno que en el pasado había irritado enormemente a Jiang Le sonó ahora como música celestial.
Arrancó de golpe su conciencia de aquella sensación de irrealidad y lo devolvió a ese pasado increíblemente tangible.
Aun así, para confirmar definitivamente que aquello no era una alucinación producida en sus últimos instantes antes de morir, Jiang Le tomó sin vacilar el cúter que estaba sobre el escritorio y se hizo un corte firme en el dorso de la muñeca.
Un dolor agudo lo atravesó.
La piel se abrió y pequeñas gotas de sangre escarlata comenzaron a brotar lentamente.
Aquella sensación de dolor tan real hizo que Jiang Le mostrara su primera sonrisa desde que había renacido.
Una gota de sangre descendió por el dorso de su muñeca hasta llegar a la parte interna. Jiang Le extendió la mano para limpiarla, pero inesperadamente sintió allí un pequeño relieve.
Una idea cruzó fugazmente por su mente.
Giró rápidamente la muñeca y la levantó frente a sus ojos.
Bajo la cálida luz de la lámpara, la mirada de Jiang Le quedó clavada en su muñeca izquierda.
Allí había una marca que todavía no debería existir en ese momento.
Una pequeña cicatriz pálida, ligeramente elevada y con forma de brote.
¡La marca del Sistema de Granja!
Jiang Le extendió incrédulo la mano derecha. Con las yemas de los dedos ligeramente temblorosas, tocó dos veces la cicatriz con forma de brote.
¡Swoosh!
Su figura desapareció instantáneamente de la pequeña habitación alquilada.
Un destello de luces y sombras pasó ante sus ojos y, cuando volvió a parpadear, Jiang Le ya se encontraba dentro del espacio inicial del Sistema de Granja que tan bien conocía.
Ante él se extendía tranquilamente una parcela de tierra negra de tamaño modesto.
A un lado había una sencilla caseta para herramientas y, junto a ella, un contenedor de compostaje.
Detrás de la caseta se alzaba un almacén del tamaño aproximado de un pequeño quiosco.
Más allá de la puerta del almacén, una cerca separaba dos áreas.
Una era una zona para criar aves de corral, equipada con comederos y un espacio de descanso.
La otra era un pequeño estanque de unos cuatro metros cuadrados destinado a la cría de peces.
Jiang Le recorrió toda la zona y confirmó que cada rincón estaba vacío y conservaba el aspecto intacto de un lugar que jamás había sido alterado por fuerzas externas.
Solo entonces estuvo completamente seguro.
No solo había renacido seis meses antes del comienzo del apocalipsis.
El Sistema de Granja, que en su vida anterior había sido su único apoyo, también había regresado con él.
Y esta vez incluso se había vinculado a Jiang Le con anticipación.
Con un simple movimiento de su conciencia, su figura reapareció en la habitación alquilada.
Su mirada permaneció firmemente clavada en la marca con forma de brote de su muñeca.
Una llama de esperanza como nunca antes había sentido se encendió violentamente en lo más profundo de su pecho.
Si únicamente hubiera renacido y todo lo demás siguiera igual, lo único que Jiang Le habría podido hacer sería encontrar un lugar oculto, almacenar tantos suministros como pudiera y buscar cualquier manera posible de sobrevivir unos días más durante el apocalipsis.
Pero poseer suministros nunca había sido una buena mano en aquel mundo.
Sin capacidad para protegerse, la oscuridad que acechaba desde todas partes podía devorarlo en cualquier momento sin dejar siquiera los huesos.
Sin embargo, ahora que había obtenido el Sistema de Granja antes de tiempo, todo era completamente diferente.
El funcionamiento del Sistema de Granja abarcaba numerosos aspectos, desde el cultivo hasta la cría de animales.
Cada organismo de la naturaleza era clasificado por el sistema en diferentes niveles según múltiples factores, entre ellos su capacidad defensiva y ofensiva.
El propietario del sistema podía obtener beneficios y acumular experiencia cultivando plantas y criando animales cuyo nivel fuera inferior al suyo. Durante ese proceso, tanto él como el sistema podían subir de nivel.
Al aumentar el nivel del sistema, se ampliaban el tamaño y las funciones de la granja.
Por su parte, cuando aumentaba el nivel del propietario, mejoraban diversos aspectos de su condición física.
Por lo tanto, aunque Jiang Le no despertara ninguna habilidad, siempre que utilizara correctamente el sistema tendría un potencial de crecimiento incluso mayor que el de los usuarios de habilidades.
Por desgracia, en su vida anterior había obtenido el Sistema de Granja demasiado tarde.
Un año después del comienzo del apocalipsis, Jiang Le seguía siendo una persona común y, según la evaluación del sistema, apenas estaba en el nivel 1.
Para entonces, las plantas y animales mutantes del mundo exterior eran, como mínimo, de nivel 3.
Ya no tenía ningún lugar donde encontrar suficientes animales y plantas apropiados para cumplir los requisitos iniciales de la granja.
Lo único digno de celebración era que el almacén incorporado en la granja podía considerarse una especie de espacio portátil.
Aunque no podía almacenar seres vivos, cualquier objeto guardado en su interior conservaba permanentemente el estado exacto en el que se encontraba al momento de ser introducido.
Gracias a eso, Jiang Le había podido almacenar suministros a escondidas y evitar morir de hambre cuando ya no podía soportarla.
Pero ahora había regresado a una época en la que nada había sucedido todavía.
Esta vez, Jiang Le contaba con una ventana de tiempo increíblemente valiosa.
Podía reunir suficientes suministros para sobrevivir y, más importante aún, tendría la oportunidad de explotar todo el potencial del Sistema de Granja y cambiar su destino.
De pie frente al espejo del baño, Jiang Le recordó todo lo sucedido en su vida anterior.
Observó el tenue indicador de nivel 1 que parpadeaba sobre su frente, el mismo que jamás había conseguido cambiar en su vida anterior.
Poco a poco, cerró los puños.