El Favorito del Cielo - Capítulo 3

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  4. Capítulo 3 - Los dos pequeños bollitos
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“¿Papá, estás despierto?”

Ling Wu estaba recostado sobre la cama, con sus grandes ojos brillantes como longanes pelados, mirando fijamente a Ling Jingxuan. Los ojos del hombre se movieron ligeramente, pero no dijo nada; fingió seguir medio dormido, sin el menor remordimiento.

“Papá, despierta. Despierta ya. Escuché que Wen le dijo a la abuela que ya no eres tonto. ¿Podrás ganar mucho dinero como el papá de Tiewa? No te preocupes, papá, yo te ayudaré a ganar dinero. Ya puedo ir a recoger hierbas silvestres. Cuando crezca un poquito más, iré a pescar con Tiewa y los demás. ¡Atraparé los peces más grandes y gordos para ti! No, para nosotros. Nunca he comido pescado todavía.”

El pequeño Ling Wu balbuceaba junto a la cama de su padre. A veces pronunciaba con dificultad las palabras, pero eso no le impedía dibujar con ilusión un futuro brillante para él.

Ling Jingxuan, tendido en silencio, juraría haber oído el sonido de alguien tragando saliva cuando el niño mencionó el “pescado”. No sabía si era un recuerdo del dueño original del cuerpo o si él mismo se había contagiado de la emoción, pero los ojos se le humedecieron y el pecho se le apretó.

Un niño menor de cinco años tan sensato, y aún no ha probado el pescado… Pensó con amargura. En el siglo XXI, algo así sería inconcebible.

“Xiaowu…”

“¿Papá, estás despierto? Levántate a comer algo. Ya calenté la papilla de harina que hizo la abuela.”

Ling Wen entró con un tazón tosco, agrietado en varios lugares. Al ver a su padre despierto, su carita sucia se puso tensa y nerviosa. Colocó el tazón sobre el viejo baúl al pie de la cama y salió corriendo. Un momento después regresó con otro tazón igual, sosteniéndolo con sumo cuidado.

Desde la cama, Ling Jingxuan alcanzó a ver que, además de la papilla oscura, había algo blanco dentro: ¿camote hervido? El pequeño debió haber dejado su porción para él, pensando que aún no despertaba, y solo la trajo cuando lo vio abrir los ojos.

“Papá, levántate y come algo. Has dormido muchos días.”

En su tercer viaje, Ling Wen traía también un par de palillos. Estaba sin aliento, pero no se detuvo ni un segundo; se acercó cargando el tazón de camotes. Sus grandes ojos redondos reflejaban una mezcla de curiosidad y esperanza. Sabía, aunque confusamente, que su papá ya no era un tonto, pero no podía imaginar en qué se convertiría. De todas formas, sería mejor que antes.

Uno era un pequeño parlanchín lleno de energía; el otro, un niño serio y maduro para su edad. Pero ambos eran delgados y pequeños, con ropas parchadas colgándoles del cuerpo. Excepto por el brillo de sus ojos, todo en ellos era amarillo y sucio, con esas manitas flacas como “garras de pollo”.

Ling Jingxuan no se movió. Le dolía el corazón. No era que sus hijos tuvieran la piel amarilla; estaban cubiertos de tierra. Quién sabía cuánto tiempo llevaban sin bañarse.

Como padre… realmente era un fracaso.

Aun así, pensó, tal vez no sea tan malo tener dos hijos así.

“Ponlo allí. Me levantaré a comer con ustedes.”

Por fin habló. Su voz era ronca, áspera como un gong quebrado.

Apenas escucharon sus palabras, los dos pequeños se pusieron rígidos y los ojos se les llenaron de lágrimas. Ling Jingxuan, mientras intentaba incorporarse, no pudo evitar pensar: ¿Qué les pasa?

“¡Waaah! ¡Papá, por fin puedes hablar! ¡Papá es increíble!”

A diferencia del reservado Ling Wen, Ling Wu no pudo contener la emoción. Corrió hacia la cama, tomó las manos de su padre y lloró de alegría.

Ling Jingxuan quedó perplejo. Fragmentos de memoria inundaron su mente. El antiguo dueño de ese cuerpo había permanecido en un estado de estupidez y confusión desde que fue expulsado tras quedar embarazado de los dos niños. En los últimos años, su mente estuvo prácticamente vacía.

Alzando la vista, vio a Ling Wen con los labios apretados, y sus ojos en forma de fénix se entrecerraron suavemente. Extendió los brazos y abrazó al mayor con ternura.

“Papá siempre supo hablar, solo que lo olvidó por un tiempo. Pero esta vez, después de la gran enfermedad, parece que papá ya sanó. Te prometo que no volveré a olvidarlo, ¿sí? Así que no llores más, mis pequeños bollitos.”

Su voz seguía ronca y desagradable, pero el tono era tan cálido que las palabras parecían un bálsamo.

Desde ese instante, Ling Jingxuan tomó una decisión. Había aceptado este cuerpo, y con él, a los dos adorables niños. Desde hoy, serían sus verdaderos hijos.

Los criaría, los alimentaría bien, y los convertiría en buenos muchachos.

“¡Papá! ¡No me digas bollito, soy Xiaowu!”

El niño frunció el ceño, inflando las mejillas con aire de protesta.

Ling Jingxuan no pudo evitar reír. Extendió la mano y le pellizcó la mejilla, pero el niño estaba tan flaco que solo pudo tomar un pliegue de piel. La tristeza volvió a apretar su pecho.

Acariciándole la carita, sonrió y dijo:
“¿No te gusta? A papá le encantan los bollitos, sobre todo los blancos y gorditos rellenos de carne.”

“¿De verdad? Pero yo no soy ni blanco ni gordito.”

El pequeño levantó la vista con ojos relucientes, tan adorable que la sonrisa de Ling Jingxuan se ensanchó.

“Te cuidaré bien. No te preocupes. Papá trabajará duro y los convertirá a los dos en grandes bollitos rellenos.”

“¡Mm-hmm!”

No sabía si el niño realmente lo entendía o solo fingía hacerlo, pero Ling Wu asintió, con los ojos brillando de alegría.

¡Qué criatura tan encantadora!

“Papá…”

Ling Wen, que había estado callado y algo apartado, por fin movió los labios. Sus ojos negros carecían de la inocencia que debía tener un niño de cinco años. En su lugar, mostraban preocupación, miedo, esperanza y expectación.

Ling Jingxuan sabía que no era tan fácil de consolar como su hermano, así que no dijo nada. Se levantó despacio, lo acercó a su lado y lo abrazó con el otro brazo.

“Papá, ¿de verdad te has recuperado?”

Los tres se sentaron alrededor del viejo baúl de madera. Ling Wen dudó un momento, pero no pudo contener la pregunta que más lo angustiaba. Aunque era maduro para su edad, seguía siendo un niño pequeño, incapaz de ocultar sus emociones.

Al mirar esos ojos llenos de miedo, Ling Jingxuan sintió un nudo en el pecho. Luego sonrió con suavidad.

“Sí. Papá va a cuidar de nuestra familia y los protegerá.”

El pequeño hablador despertaba en él ganas de jugar, pero el mayor necesitaba promesas serias.

“Papá…”

“¿Hmm?”

El niño mayor se lanzó a sus brazos, tan de golpe que Ling Jingxuan soltó un leve quejido de dolor. Sintió la humedad de las lágrimas en su pecho, pero no se apartó; simplemente lo abrazó con una mano y le acarició la espalda.

A su lado, el pequeño Ling Wu los miraba, con los labios temblando, a punto de llorar también. Ling Jingxuan sonrió y lo atrajo hacia sí con el otro brazo.

“Uuuh…”

Los dos niños se refugiaron en su abrazo, llorando con fuerza.

Y Ling Jingxuan, al sentir sus pequeños cuerpos temblar entre sollozos, comprendió por fin algo:

No importaba lo maduros o encantadores que fueran… seguían siendo solo niños de menos de cinco años.

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