El exjefe de una banda criminal transmigra como ama de llaves en una novela +19 - Capítulo 6
—¡Comida!
—Ya está todo listo. Ven a comer.
—…Oh, hoy hay salchichas salteadas.
Ya había pasado una semana entera desde que había entrado en este cuerpo. Lo que al principio me había resultado incómodo, a estas alturas ya se había vuelto familiar. Todos los días transcurrían más o menos igual que el primero.
Preparaba el desayuno de Jung Hwangyu, comía con él y después enviaba a Jung Hwangyeong al jardín de niños. Luego me ocupaba de las tareas domésticas y el tiempo se me pasaba volando.
El menor, Jung Hwangyeong, tenía siete años, pero pedía tan poco que costaba creer que tuviera esa edad; era conveniente hasta el extremo.
El tercero, Jung Hwangyu, había sido bastante ruidoso al principio, pero ahora que se había acostumbrado a mí, se comportaba con bastante docilidad siempre y cuando sus comidas estuvieran listas a tiempo. Aunque su forma de hablar seguía siendo brusca.
Observé a Jung Hwangyu devorar la comida a una velocidad aterradora y luego levanté la mirada hacia el piso de arriba.
Jung Hwangseo también está tranquilo.
Por suerte, desde aquel día no me había vuelto a encontrar con Jung Hwangseo. Cada vez que percibía su presencia, simplemente evitaba esa zona.
No era difícil.
Si percibía su aroma, me iba a otro lado.
Eso solo era posible porque Jung Hwangseo no se molestaba en ocultar sus feromonas cuando estaba en casa y dejaba que se propagaran libremente.
Tampoco parecía tener ningún interés en el ama de llaves; nunca venía a buscarme. Al parecer, de verdad creía que todo lo ocurrido durante su ciclo de rut había sido un sueño.
Entonces mi plan funcionó.
Incluso si no hubiera sido así, jamás sospecharía de mí.
No había ninguna posibilidad de que imaginara que el ama de llaves a quien apenas prestaba atención se había colado en su habitación durante su rut y le había dado una paliza como a un perro.
—¡Gracias por la comida! Cada vez cocinas mejor. Está jodidamente delicioso.
—Me alegra que te haya gustado. ¿Quieres algo más?
—La próxima vez haz arroz frito con kimchi. Ponle un montón de carne.
—Claro.
Como de costumbre, Jung Hwangyu dejó el plato completamente limpio y se levantó.
Después de despedirlo, lavé los platos y me dirigí a la habitación de Jung Hwangyeong. Una vez que me ocupara de él, habría terminado con mis tareas de la mañana.
Llamé a la puerta y entré.
Jung Hwangyeong estaba tan silencioso como siempre. Me lanzó una breve mirada hostil y luego se levantó sin decir una palabra.
—Joven amo, ¿le gustaría desayunar?
Como de costumbre, mantuvo la boca firmemente cerrada y negó con la cabeza.
Observé a Jung Hwangyeong.
Tenía un cuerpo ligeramente más pequeño que el de otros niños de su edad y sus mejillas estaban cada vez más delgadas.
Nunca comía en casa. ¿Estaría comiendo bien en el jardín de niños?
Había supuesto que pediría comida si tenía hambre, así que no había querido presionarlo, pero por mucho que esperara, nunca decía nada.
No irá a desmayarse por desnutrición o algo así, ¿verdad?
Eso sería un problema.
Después de ver alejarse el auto que llevaba a Jung Hwangyeong, regresé a la casa.
Recordaba claramente que, al principio de la novela, la protagonista se ocupaba de las comidas de Jung Hwangyeong para llamar la atención de sus hermanos mayores…
Ah, cierto. ¡Gachas de calabaza dulce!
Eso era lo único que Jung Hwangyeong comía.
Me apresuré hacia la cocina.
Había de sobra de todo lo demás, pero no quedaba calabaza dulce.
Parece que tendría que salir a comprar…
La persona encargada de abastecer la cocina venía al amanecer, una vez cada tres días, y reponía únicamente lo que faltaba. Ya había venido tres días atrás, lo que significaba que aún faltaban otros tres días para su próxima visita.
¿Debería salir un momento ahora?
De pronto me di cuenta de que prácticamente no había salido ni una sola vez desde que entré en este libro.
Claro, había salido brevemente para acompañar a Jung Hwangyeong, pero eso apenas contaba.
No estaría mal salir de verdad esta vez.
Una vez tomada la decisión, fui a mi habitación, agarré la cartera y una chaqueta y me dirigí directamente a la puerta principal.
Mi primera salida…
Era un poco emocionante…
La casa era tan grande que nunca llegaba a sentirse agobiante, pero pensar en salir hizo que el corazón me latiera con cierta emoción.
Abrí la puerta principal y salí.
La luz del sol cayendo sobre mí se sentía agradable.
Caminé por la calle perfectamente cuidada que se extendía frente al portón.
El cálido sol primaveral me puso de buen humor. Por un instante, lamenté no haber salido antes.
Fue entonces cuando escuché unas voces fuertes.
Giré la cabeza y me quedé paralizado.
—Cariño, prueba esto. ¡Aaah~!
—Mmm, está rico.
—¿Verdad? Dame un poco de tu helado también. Aaah~.
Eran las voces empalagosas de una pareja coqueteando.
El problema era que…
Eran dos hombres.
Ahora que miraba a mi alrededor, tampoco eran los únicos. Aquí y allá también había parejas formadas por dos mujeres.
Había leído que, en el mundo del omegaverse, el género no importaba; Alfas y Omegas formaban parejas independientemente de su sexo.
Pero verlo en persona seguía resultando desconcertante.
No, más que desconcertante.
Voy a tardar bastante en acostumbrarme a esto…
Pasé junto a ellos procurando deliberadamente no mirar.
Incluso tratándose de un mundo ficticio, el autor realmente no tenía ningún prejuicio.
Bien… ¿Dónde estaba el mercado?
Ah, ahí está.
En cuanto salí de la zona residencial, apareció ante mis ojos un gran mercado acompañado de un bullicioso distrito comercial.
Mientras recorría las calles, vi a una anciana que vendía calabazas dulces y le compré una.
Parecía fresca.
Justo como me gustaban.
Después de todo, los puestos callejeros siempre tenían las cosas más sabrosas. Ya no hacía falta ir hasta el mercado.
Pensando que quizá necesitaría alguna otra cosa, seguí dando vueltas un poco más.
Cada vez que veía algún bocadillo que parecía bueno, compraba uno.
Antes de darme cuenta, tenía ambas manos llenas.
Bien, terminé las compras. Hora de regresar.
Ya no podía cargar nada más, así que me di la vuelta para marcharme cuando escuché un alboroto proveniente de algún lugar.
—¡Maldito bastardo! ¿Ya terminaste de hablar?
—¿Qué? ¿Acaso dije algo que no fuera cierto? ¿Te remuerde la conciencia?
—¡Hijo de puta!
Hombres de rostros amenazantes vestidos con camisas llamativas.
Todos sacaban pecho, claramente orgullosos de su tamaño.
Me bastó una sola mirada a sus ojos y al ambiente que desprendían para comprenderlo.
Esos tipos no eran civiles.
Gánsteres.
Uno siempre reconoce a los suyos.
No sentía ninguna necesidad de involucrarme y estaba a punto de marcharme, pero mis pies se negaron a moverse.
La voz que gritaba mientras estaba rodeada por unos cinco gánsteres me resultaba familiar.
No puede ser…
Me invadió un mal presentimiento.
—¡Ven con nosotros, mocoso de mierda! ¡Maldito arrogante! ¡Voy a enseñarte una lección!
—Ja. Como si algo así fuera a asustarme.
Ah, claro…
Entre aquellos hombres corpulentos destacaba una cabeza de cabello amarillo brillante.
Jung Hwangyu.
¿Por qué estaba rodeado de gánsteres en un lugar como este?
Verlo responderles a gritos y seguirlos sin mostrar ni una pizca de miedo, a pesar de que todos eran mucho más corpulentos que él, me dejó sin palabras.
Parece bastante confiado… ¿De verdad necesita que lo ayude?
Aunque no fuera el protagonista masculino principal, Jung Hwangyu seguía siendo uno de los protagonistas masculinos.
Y además era Alfa.
No había manera de que perdiera contra unos gánsteres cualquiera…
¿Verdad?
Aun así, después de haber compartido tantas comidas con él, no podía evitar preocuparme.
Entonces reparé en una mujer que permanecía donde ellos habían estado, temblando de miedo.
Parecía ser la causa de todo aquello.
Era bonita y tenía un aspecto frágil.
—¿Está bien?
—S-sí… Estoy bien. Pero… por mi culpa, ese hombre…
Un transeúnte se acercó a la mujer temblorosa.
Ella explicó, todavía estremeciéndose, que era una Omega y que, debido a un asunto urgente, había tenido que salir durante su ciclo de celo después de tomar supresores, pero unos gánsteres Alfa la habían descubierto.
Jung Hwangyu había intervenido para ayudarla.
El transeúnte intentó tranquilizarla y dijo que llamarían a la policía.
Pero ¿cuánto tardaría realmente la policía en llegar?
Solté un suspiro y empecé a caminar en la dirección por la que se habían llevado a Jung Hwangyu.
…Pensaba marcharme sin más, pero el mocoso hizo algo más decente de lo que esperaba.
Había pensado que era un caso perdido, pero quizá no fuera tan malo después de todo.
Probablemente no corría demasiado peligro, pero…
Por si acaso, echaría un vistazo.
Pensando que mi salida terminaría prolongándose más de lo previsto, seguí discretamente a Jung Hwangyu y a los gánsteres.
—Ja… Malditos cobardes…
Ese día, Jung Hwangyu se había saltado las clases de la universidad porque, por una vez, quería ir a un cibercafé, así que había ido al concurrido distrito comercial.
Fue entonces cuando percibió un aroma extraño en la calle.
Una fragancia peculiar que provenía de una mujer.
Como Alfa, lo supo instintivamente.
Está en celo.
¿Salir a caminar durante un ciclo de celo?
¿Acaso estaba loca?
Inquieto, decidió vigilarla y, tal como esperaba, los gánsteres que fumaban frente a un club se fijaron en ella.
Con sonrisas lascivas, comenzaron a seguirla.
Su hermano mayor le había advertido que no causara problemas, pero, si no intervenía, aquellos tipos serían una vergüenza para todos los hombres del mundo.
Al final, se metió.
¿Por qué demonios son tantos?
Lo llevaron hasta un terreno amplio que parecía una especie de desguace.
Claramente era su escondite.
Había más de diez gánsteres sentados por allí, fumando. Algunos intercambiaron miradas, evidentemente conocidos entre sí.
En total eran quince.
Maldición. Debí haber acabado con esto allí mismo…
Por mucho que desde pequeño hubiera peleado como si nada, aquello era demasiado.
Su maldita confianza excesiva había terminado jugándole una mala pasada.
—¿Y qué? ¿Ahora sí tienes miedo, maldito arrogante?
Un gánster especialmente feo se burló de él.
…Aunque no pueda acabar con todos ustedes, a ti definitivamente te voy a matar.
—Ja. ¿Quién tiene miedo? Tú eres el que está asustado. Como no te atreves a pelear uno contra uno, trajiste a toda tu manada. El cobarde eres tú.
—¡Mocoso de mierda!
En cuanto lo provocó, el estúpido gánster se abalanzó sobre él.
Jung Hwangyu le hundió el puño en el plexo solar y después le soltó una patada en aquella cara horrible, mandándolo a un lado.
—¡Maldito mocoso!
Como si hubieran estado esperando ese momento, los demás se lanzaron sobre él.
Jung Hwangyu enseñó los dientes como un perro rabioso y gritó:
—Sí. ¡A la mierda! ¡Vamos a ver si muero yo o mueren ustedes! ¡Aunque sea me llevaré a uno conmigo, hijos de puta!