El exjefe de una banda criminal transmigra como ama de llaves en una novela +19 - Capítulo 27

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  4. Capítulo 27
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—Oh, esto está bueno. Oye, enano, tú también deberías probarlo.

—¡No soy un enano!

—Claro que sí. Un enano.

—¡Dije que no!

Jung Hwangyu y Jung Hwangyeong discutían mientras cenaban juntos y, aun así, de alguna manera se veían perfectamente armoniosos.

Últimamente, desayunaban y cenaban juntos sin falta. Probablemente esa era la forma que tenía Jung Hwangyu de cuidar de Jung Hwangyeong.

Y Jung Hwangyeong parecía entender las intenciones de su hermano. Aunque por fuera refunfuñaba, su expresión se había vuelto notablemente más alegre.

—Ah, ahora que lo pienso, tú también vas a ir, ¿verdad?

—¿Ir adónde?

Estaba apoyando la barbilla en una mano, contemplando satisfecho a los hermanos mientras comían, cuando Jung Hwangyu de repente me lanzó una pregunta que no entendí. Incliné la cabeza, confundido.

Al ver mi reacción, Jung Hwangyu habló con irritación.

—Viste el aviso.

—¡Sí! ¡Hyung! ¡Dijo que va a ir!

Jung Hwangyeong respondió en mi lugar.

Ah. Debía de estar hablando del aviso del día deportivo de antes.

Al final, bajo el ataque de los ojos llorosos de Jung Hwangyeong, no había podido hacer otra cosa que asentir como si estuviera hechizado.

¿Cómo se suponía que iba a negarme?

Me lo estaba suplicando con una cara que parecía a punto de romper a llorar en cualquier momento, pidiéndome que fuera con él…

Me preocupaba un poco que Jung Hwanhui y Jung Hwangseo también fueran a asistir, pero no dejaba de ser un día deportivo cualquiera.

Yo no iba a tomar de la mano a Jung Hwanhui y ponerme nervioso como Park Hana en aquel episodio, así que no debería pasar nada porque asistiera.

Además, la última vez que habíamos comido juntos, ni Jung Hwangseo ni Jung Hwanhui parecieron reconocerme como Kim Hanyul. Si tenía cuidado como entonces, todo debería estar bien.

Y, más que nada, la idea de ver a Jung Hwangyeong correr feliz durante el día deportivo sonaba bastante bien.

—Bien. Entonces después podemos volver a comer fuera todos juntos, como la otra vez. Enano, ¿hay algún lugar al que quieras ir?

—…¿Yo?

—Sí. Piénsalo. Ese día te llevaré.

—¿De verdad?

—Sí.

Ante las palabras de Jung Hwangyu, Jung Hwangyeong mostró una sonrisa radiante.

Al parecer, ni siquiera había escuchado que lo llamara enano. Su rostro estaba lleno de ilusión mientras pensaba seriamente adónde quería ir.

Qué adorable.

Jung Hwangyu y yo intercambiamos una sonrisa sin decir nada, ambos enternecidos por la escena.

—…Entonces yo también voy, ¿verdad?

Como si no pudiera mantenerse al margen, la señora encargada de la casa se acercó a la mesa después de escuchar nuestra conversación y se entrometió.

—No.

—¡De ninguna manera!

Jung Hwangyu y Jung Hwangyeong respondieron al mismo tiempo.

—¿Qué? Entonces, ¿qué se supone que voy a hacer yo sola en esta casa tan grande…? De verdad, ustedes son demasiado.

Quizá avergonzada por haber sido rechazada de una manera tan directa, la señora murmuró entre dientes y regresó hacia el sofá.

Al verla dirigirse al sofá con toda naturalidad incluso cuando había gente presente, chasqueé la lengua mentalmente.

Jung Hwangyu frunció profundamente el ceño al verla.

—En serio, no la soporto. Hyung vendrá pronto, ¿verdad?

—…Sí. Probablemente. Digámoselo entonces.

Le susurré a Jung Hwangyu.

Si él intervenía, el asunto se resolvería limpiamente. Yo había pensado decir algo personalmente, pero, siendo sincero, sería mejor que Jung Hwangyu hablara directamente.

Si era posible, quería resolver esto dentro de la semana. De esa manera, Park Hana también podría asistir al día deportivo.

Como yo ya había decidido ir, eso no cambiaría aunque Park Hana apareciera, pero, si ella también iba, la historia original al menos avanzaría de alguna manera.

—Parece que a ti tampoco te agrada.

Jung Hwangyu me miró de reojo y susurró.

Me encogí de hombros.

—¿Por qué habría de agradarme?

Ante mi respuesta, Jung Hwangyu sonrió ampliamente.

Pensando en Park Hana, añadí como si nada:

—…Volvamos a contratar a alguien que parezca amable y que de verdad sea bueno en su trabajo.

—Aunque yo solo te necesito a ti.

Alguien podría malinterpretar seriamente eso.

Borré la sonrisa de mi rostro y fulminé a Jung Hwangyu con la mirada.

Él simplemente se rio y apartó la vista.

Ahora que lo pensaba, Jung Hwangyu también había cambiado mucho.

Al principio se había comportado como un perro salvaje, gruñendo y siempre a la defensiva, pero ahora se parecía más a uno domesticado, acostumbrado al contacto humano.

A veces sus bromas y la familiaridad con la que me trataba todavía me resultaban un poco extrañas, pero su manera de comportarse conmigo me recordaba a mis hombres de la organización y, sin darme cuenta, había empezado a tomarle cariño.

Aunque soy alguien que terminará marchándose… No debería encariñarme demasiado.

Justo entonces, Jung Hwangyeong, que había estado escuchándonos tranquilamente a un lado, levantó de repente la mano.

—¡Hyung encargado de la casa! ¡Yo también!

Qué adorable.

—…Gracias, joven amo.

Ante aquellos halagos tan afectuosos que hasta resultaban un poco vergonzosos, me encogí de hombros y volví a llenar de carne sus platos vacíos.

Los dos hermanos vitorearon y enseguida volvieron a concentrarse en comer.

De verdad son idénticos en momentos como este.

—¡Me voy!

—¡Volveré luego!

Despedí a Jung Hwangyu y Jung Hwangyeong.

Otra mañana que comenzaba exactamente igual que siempre.

Tenía que ocuparme de las tareas de la casa y después ir al hospital. Tras estirarme un poco, me puse en movimiento.

Me dediqué a mis tareas de un lado a otro, ignorando a la señora encargada de la casa, que ya estaba recostada en el sofá, cambiando perezosamente de canal.

Ocupado. Muy ocupado.

Para cuando terminé de correr de un lado a otro sin descanso durante toda la mañana, ya era la hora del almuerzo.

Después de comer apresuradamente, salí a mi hora habitual.

Ya debería estar apareciendo por aquí…

Había algo diferente aquel día en el camino hacia el hospital.

Al principio no conseguí identificar qué era, pero después me di cuenta de lo que faltaba.

Park Hana no estaba allí.

Siempre rondaba aquel callejón, pero hoy no había ni rastro de ella.

En su lugar, había tres hombres de aspecto rudo, fumando mientras apoyaban el peso del cuerpo sobre una pierna.

¿Parece que por fin se rindió?

—Oye.

—Oye.

—¡Oye!

—Tú.

—…¿Yo?

Absorto en mis pensamientos, había pasado junto a ellos con toda naturalidad cuando varias voces fuertes resonaron una tras otra.

Giré rápidamente la cabeza, preguntándome si me estarían llamando a mí.

No había nadie más alrededor.

Era yo.

Me detuve y pregunté:

—¿Qué pasa?

El que me había llamado era un hombre corpulento con una cicatriz de cuchillo cruzándole el rostro.

Oh, qué ambiente tan nostálgico.

Había tenido a unos cuantos tipos así en mi organización.

Una cara perfecta para usarlo como fuerza de choque. Recordaba haber utilizado bastante a hombres con ese aspecto.

Aun así, le falta un poco. Si tuviera otra cicatriz cerca de los labios, se vería más intimidante.

Mientras lo observaba sumido en mis recuerdos, la expresión del hombre se deformó.

—¿Qué? ¿«Qué pasa»? Mocoso arrogante, ¿estás sordo?

—Oye, no seas tan duro con él, jefe. Vas a hacer llorar al chico.

—Mírale la cara, ya está pálido. No te pases.

¿Qué están haciendo?

¿De verdad esto va dirigido a mí?

Los hombres se rieron entre ellos y empezaron a acercarse.

Los observé tranquilamente.

Quizá porque ahora mi cuerpo era más bajo, aquellos hombres, cada uno de unos ciento ochenta centímetros, se alzaban sobre mí y me obligaban a levantar la mirada.

Ah… Esto es bastante novedoso.

En otros tiempos, unos don nadie como estos ni siquiera se habrían atrevido a mirarme, mucho menos a buscarme pelea.

Qué adorables.

De verdad, qué adorables.

Después de haber vivido rodeado de gánsteres que parecían al menos dos veces más peligrosos que estos tipos, su provocación resultaba novedosa e incluso entretenida dentro de mi monótona rutina.

Sentía verdadera curiosidad por saber hasta dónde pensaban llegar.

Así que decidí limitarme a observarlos tranquilamente.

Tal vez interpretaron mi silencio como que estaba paralizado de miedo, porque empezaron a parlotear entre ellos otra vez.

—No tengas tanto miedo. No somos tan malos como parecemos. Si haces lo que te decimos, esto puede terminar tranquilamente.

Qué cliché.

Los gánsteres de hoy en día no hablan así.

Una frase como esa solo aparece en las novelas.

Ah, cierto.

Esto es una novela.

—Andamos un poco cortos de dinero para cigarrillos. Si llevas algo encima, entrégalo.

Guau.

¿En serio?

¿Eso es todo?

Un cachorro que no conoce el miedo…

Lo absurdo de la situación hizo que soltara una risa antes de poder contenerme.

Las cejas de los hombres se crisparon.

—¿Qué demonios le pasa a este tipo? ¿Acabas de reírte? ¿Te estás riendo de nosotros?

Mierda. Quería disfrutar esto un poco más…

Pensando que me estaba burlando de ellos, los hombres endurecieron sus expresiones.

Me encogí de hombros.

—No, es solo que… la forma en que actúan es adorable.

—¿Qué? ¡¿Estás loco?!

Lo había dicho sinceramente, pero claramente lo interpretaron como una burla.

Se acercaron con grandes zancadas y uno me agarró del cuello de la camisa.

Como ellos me habían puesto las manos encima primero, no había razón para sentirme culpable.

Justo cuando cerré el puño, pensando que hacía tiempo que no soltaba un poco el cuerpo y estaba a punto de golpear al tipo en la cara…

—¡Park Gyumin!

Resonó una voz conocida.

Esta voz…

Giré hacia el lugar de donde provenía.

Park Hana nos miraba a los hombres y a mí con expresión de sorpresa. Luego se apresuró hacia nosotros, apartó de un empujón al hombre que me sujetaba del cuello y se colocó delante de mí.

Pensé que hoy no iba a aparecer, pero aquí está.

—¡¿Qué creen que están haciendo con nuestro Gyumin?!

¿Nuestro Gyumin?

Esa forma de decirlo es un poco extraña.

Olvidándome por un momento de golpear a los hombres, me quedé mirando la nuca de Park Hana.

—Oh, señorita. Qué bonita eres.

—¿Qué? ¿Quieres divertirte con nosotros?

Los hombres, aparentemente olvidándose de que yo existía, empezaron a coquetear con Park Hana.

Entonces uno de ellos extendió una mano hacia ella.

Observé en silencio y, justo antes de que pudiera tocarle el rostro, agarré a Park Hana por la nuca y tiré bruscamente de ella hacia atrás.

Tomada por sorpresa y con el aire escapándosele de los pulmones, Park Hana trastabilló y me miró con los ojos muy abiertos.

—¡Ugh! ¿G-Gyumin?

Por lo que recordaba, Park Hana era del tipo calculador, no del tipo físico.

¿Por qué se metió…? Tch.

Sin responderle, atrapé en el aire la mano del hombre y se la retorcí con fuerza detrás de la espalda.

—¡Aaagh! ¡Suéltame! ¡Suéltame!

—¡Jefe!

—¡Oye! ¡Suéltalo!

Mientras le doblaba el brazo hacia atrás, los hombres me miraron alarmados.

De verdad parecen un montón de don nadie…

Ya que me han proporcionado un poco de novedad después de tanto tiempo, quizá juegue un poco con ellos.

Solo un poco.

Lancé el puñetazo que antes no había podido dar directamente contra el rostro del hombre que estaba frente a mí.

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