¡El erudito carne de cañón de una novela de exámenes imperiales ha renacido! - Capítulo 10

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  4. Capítulo 10 - El dragón oculto en las profundidades
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—¿Q-qué quieres que haga por ti?

Qiao Yujing se secó las lágrimas entre sollozos.

Después de todo, la residencia del conde de Yongchang les había hecho mucho daño tanto a él como a su padre biológico. Si aquel hombre quería hacer algo para perjudicar a la familia del conde, estaría más que dispuesto a ayudarlo.

En cualquier caso, ¡no podía morir allí aquel día!

—Cuando llegue el momento, iré a buscarte y te diré lo que necesito.

Xie Wenyan no reveló inmediatamente sus intenciones.

Todavía tenía muchos asuntos que preparar.

Por ahora, bastaba con colocar una pieza de su confianza dentro de la residencia del conde de Yongchang. Cuando llegara el momento oportuno, podría apoderarse de aquella fuente de riqueza.

Y Qiao Yujing, una pieza que moriría dentro de dos años, resultaba perfecto para sus propósitos.

¿En cuanto a cambiar el destino de otra persona?

Había tantas personas desafortunadas en el mundo… ¿Acaso podía salvarlas a todas?

Además, él tampoco era una buena persona.

Tras pensar aquello, Xie Wenyan extendió la mano hacia el pequeño ge’er que seguía atrapado en la trampa.

—¿No habías dicho que querías entregarme un objeto personal como garantía? Dámelo.

Su tono no contenía el menor rastro de compasión.

Qiao Yujing tenía los ojos enrojecidos por las amenazas, y las lágrimas seguían cayendo por sus mejillas.

Sin embargo, cuando uno estaba a merced de otro, no tenía más remedio que ceder.

Al final, se secó las lágrimas, se quitó el colgante personal que llevaba grabado su nombre y lo arrojó hacia arriba.

—Joven señor, ¿esto será suficiente?

Su voz estaba llena de resentimiento.

Xie Wenyan permaneció impasible.

Examinó cuidadosamente el colgante y, después de comprobar que no había ningún problema, finalmente se dispuso a rescatarlo.

Pero entonces se escuchó un grito.

—¡Ah! ¡Pervertido! ¡¿Qué estás haciendo?!

Qiao Yujing se puso completamente rojo y se cubrió los ojos.

Resultó que Xie Wenyan había comenzado a desatarse el cinturón de los pantalones.

Xie Wenyan lo miró tranquilamente desde arriba y continuó desatándose el cinturón sin mostrar la menor conciencia de estar haciendo algo indecente.

—Esta trampa está diseñada específicamente para atrapar jabalíes. Es muy profunda y no tengo ninguna cuerda. Si no utilizo mi cinturón para sacarte, ¿qué pretendes? ¿Que salte ahí abajo para acompañarte mientras esperamos la muerte?

—Tranquilo, llevo ropa debajo. No vas a ver nada. Y aunque vieras algo, con lo apuesto que soy, un hombre de rostro tan hermoso como el jade y tan atractivo como Pan An, tampoco saldrías perdiendo.

Qiao Yujing: «…».

¿Acaso las cosas podían razonarse de aquella manera?

¡Él era un ge’er que todavía no se había casado!

Al ver que el muchacho seguía sin moverse, Xie Wenyan arrojó uno de los extremos del cinturón al fondo de la trampa y dijo con impaciencia:

—Contaré hasta tres. Si no subes, me marcharé.

—Uno… Dos…

Aquel hombre era verdaderamente despiadado y no sentía la menor consideración por la belleza.

¿Qué podía hacer Qiao Yujing?

Solo le quedaba soportar la vergüenza, con el rostro completamente rojo, y agarrarse al cinturón que todavía conservaba el calor corporal del hombre.

Resoplando y esforzándose como podía, consiguió trepar lentamente hasta salir de la trampa.

Al verlo tan desaliñado, Xie Wenyan incluso encontró divertida su apariencia y se burló:

—Pareces un cerdito.

Qiao Yujing: «…».

¡De la boca de un perro no podían salir palabras hermosas!

El pequeño ge’er estaba tan indignado que casi volvió a llorar.

Entre ofendido y furioso, preguntó:

—¿Puedo saber cómo se llama el joven señor?

—No necesitas saberlo. Regresa a casa y espera a que vaya a cobrar mi deuda.

Xie Wenyan volvió a ajustarse el cinturón y se dio la vuelta para marcharse.

Por supuesto, no tenía intención de acompañarlo hasta su casa.

Todavía tenía asuntos importantes que atender.

Si aquel pequeño ge’er conseguía regresar con vida, mucho mejor.

Si alguna bestia salvaje lo atacaba y moría por el camino, sería simplemente su destino.

Después de todo, no le faltaban piezas que utilizar en sus planes.

Aunque era una lástima desperdiciar aquellos ojos tan hermosos y aquella voz tan agradable.

Xie Wenyan se frotó ligeramente las yemas de los dedos, recordando la sensación de la piel del pequeño ge’er, que había rozado accidentalmente mientras lo rescataba.

Luego sacudió suavemente la cabeza.

A sus espaldas…

Qiao Yujing contempló su figura mientras se alejaba con aquella indiferencia despiadada.

Y, rojo de vergüenza y rabia, murmuró:

—¡Desgraciado!

Solo entonces se apresuró a correr montaña abajo.

…

Después de separarse del pequeño *ge’er…

No sabía si aquel encuentro le había traído buena suerte, pero el lobezno que llevaba tanto tiempo buscando apareció justo después de doblar un recodo del camino.

Tal como había previsto, el cachorro ya estaba muerto.

A juzgar por la rigidez del cadáver, debía de llevar unas seis horas sin vida.

Además, tenía marcas evidentes de los colmillos de un oso negro.

No cabía duda de que era el mismo lobezno que el oso había sacado de la guarida.

Una vez confirmada su identidad…

Xie Wenyan recogió el cadáver y se dirigió a toda velocidad hacia la aldea Liu, donde encontró la vivienda de aquella familia.

Y, para su conveniencia, debido al pésimo comportamiento de los Liu, estos no gozaban de buenas relaciones con los demás aldeanos.

Su casa estaba construida de manera aislada al pie de la montaña, sin vecinos alrededor.

Así, cuando llegara la manada de lobos, no habría peligro de que se equivocara de vivienda.

—La vida en este mundo es demasiado amarga. Familia Liu, permítanme ayudarlos a alcanzar cuanto antes la dicha del otro mundo.

Xie Wenyan murmuró aquellas palabras sin expresión alguna.

Después, con movimientos ágiles, le cortó la cabeza al lobezno muerto, le quitó la piel y preparó el cuerpo para que pareciera carne fresca de una presa recién despiezada por un cazador.

Luego colgó la carne de la rama de un árbol junto al camino.

También dejó allí una cesta de bambú llena de frutas silvestres y una bolsa de agua.

Dispuso todo de manera que pareciera que un cazador que pasaba por allí había tenido una necesidad urgente y había dejado sus pertenencias apresuradamente para ir a aliviarse.

Con lo mucho que a la familia Liu le gustaba aprovecharse de los demás, ¿cómo iba a dejar pasar semejante oportunidad de quedarse con algo ajeno?

Y, efectivamente…

Todo ocurrió como había previsto.

Xie Wenyan apenas llevaba unos instantes escondido cuando los miembros de la familia Liu regresaron de trabajar.

Al descubrir aquellos objetos frente a su casa, sus ojos se iluminaron inmediatamente.

—¡Madre, mira qué es eso! ¡Carne! —exclamó emocionado el hermano menor de Liu.

—¡Vaya, pues es verdad! ¿Qué clase de carne será? ¿De quién será? ¿Por qué la habrán colgado frente a nuestra casa?

La anciana Liu también estaba encantada.

Sin embargo, como tenía más experiencia, todavía conservaba cierta cautela.

Aunque…

Aquella pequeña dosis de prudencia no podía competir con las ganas de buscarse problemas de su precioso hijo.

El hermano menor de Liu respondió despreocupadamente:

—¿Qué importa de qué animal sea? Hay una cesta y una bolsa de agua en el suelo. Seguro que pertenece a algún cazador que atrapó una presa y se marchó a hacer algo.

—¡Madre, llevo varios días sin comer carne! ¡Date prisa y metamos todo en casa! Si esperamos a que vuelva el dueño, ya no podremos quedárnoslo.

¿Qué importaba de dónde hubieran salido aquellas cosas?

¡Sería un idiota quien dejara pasar la oportunidad de obtener algo gratis!

La anciana Liu tampoco era una persona de convicciones firmes.

Al escuchar las palabras de su hijo, terminó cediendo.

Madre e hijo recogieron alegremente las cosas y las llevaron a escondidas al interior de la vivienda.

No se limitaron a llevarse la carne del lobezno.

También se apropiaron de la cesta de frutas silvestres y hasta de la vieja y deteriorada bolsa de agua.

Ni por un momento pensaron en lo desesperado y angustiado que podría sentirse el supuesto cazador cuando descubriera que sus pertenencias habían desaparecido.

Poco después…

Desde el interior de la casa se escuchó la voz de Liu, la tía mayor que acababa de ser repudiada.

—¡Ah, madre! ¿Hoy vamos a comer carne? ¿Y de dónde salieron tantas frutas silvestres?

—¡Así es! Nuestra familia Liu no es como aquella mezquina familia de tu esposo. Espera un momento, que tu madre te preparará una buena comida con carne. Esta noche come bastante para recuperar el buen aspecto. Así podré buscarte otro matrimonio, y te aseguro que será mucho mejor que el de los Xie.

—Madre, lo sé. Haré todo lo que me digas. Me aseguraré de conseguir otra dote matrimonial para nuestra familia.

—Eso es. Mi hija siempre ha sido muy filial…

Al escuchar aquella conmovedora escena de «amor maternal y devoción filial» que se desarrollaba en el patio de la familia Liu…

Xie Wenyan salió de su escondite y soltó una risita desdeñosa.

Luego se dirigió al río y utilizó el jabón perfumado que había preparado para lavarse minuciosamente y eliminar cualquier rastro del olor del lobezno que hubiera quedado impregnado en su cuerpo.

Después, corrió a toda velocidad hacia la ciudad.

Allí entró en una librería y compró un paquete de cien hojas del papel xuan más barato que encontró.

Solo entonces emprendió el regreso a la aldea Tongshu.

Si iba a representar un papel, debía hacerlo hasta el final.

¡Él, Xie Wenyan, no había subido a la montaña aquel día ni había visitado la aldea Liu!

¡Simplemente había ido a la ciudad!

Mientras caminaba de regreso…

Un adivino que tenía un puesto junto al camino lo llamó.

—Joven erudito, este anciano observa que tu semblante no es muy favorable. ¿Te gustaría que te leyera la fortuna?

El adivino tenía una expresión solemne y misteriosa, como si fuera un auténtico maestro de las artes esotéricas.

Sin embargo, al observarlo detenidamente, resultaba evidente que sus ojos no dejaban de dirigirse hacia la bolsa de dinero que Xie Wenyan llevaba en la cintura.

Era claramente un falso taoísta que se dedicaba a engañar a jóvenes como él, aparentemente inexpertos y demasiado tímidos para negarse.

No obstante, Xie Wenyan se acercó de todos modos.

Incluso colaboró mostrando una expresión preocupada.

—Anciano señor, ¿sus predicciones son precisas?

—¿Precisas o no? ¿Por qué no lo compruebas tú mismo, joven señor? ¿Quieres consultar mediante caracteres o sacar una varilla de la fortuna? Elige.

El adivino levantó el mentón con una expresión extraordinariamente arrogante.

Xie Wenyan no dijo nada.

Tomó el recipiente de las varillas y lo agitó despreocupadamente.

Una varilla de bambú cayó al suelo.

En uno de sus extremos aparecían claramente escritas unas palabras:

Fortuna pésima.

Al verla, el adivino adoptó una expresión preocupada y suspiró.

—¡Ay, joven erudito! Esta varilla no anuncia nada bueno. Es el peor augurio posible, una señal de que todo te saldrá mal. Con razón observé que tienes el entrecejo oscurecido. ¿Acaso tu familia ha sufrido alguna desgracia importante últimamente?

—Pero no te preocupes. Por tus rasgos, puedo ver que eres una persona destinada a recibir grandes bendiciones. Solo ocurre que tu destino contiene una calamidad. Si consigues superarla, disfrutarás de una vida próspera y sin contratiempos durante el resto de tus días.

—¿De verdad? Entonces, ¿cómo puedo evitar esa calamidad?

Xie Wenyan parecía muy preocupado.

El adivino quedó satisfecho con su reacción.

Acariciándose la barba, continuó fingiendo ser un gran maestro y comenzó a balancear la cabeza.

—Es difícil de explicar. Muy difícil…

En aquel momento, cualquier cliente que entendiera las indirectas debería sacar algo de plata.

Sin embargo, Xie Wenyan simplemente sonrió.

—¿Es difícil de explicar? Entonces no hace falta que lo haga. Pero, ya que sus predicciones son tan precisas, anciano señor, ¿ha previsto que hoy le ocurrirá una desgracia terrible?

—¿Qué?

El adivino lo miró desconcertado.

Xie Wenyan dio unos golpecitos sobre la mesa y sonrió significativamente.

—Hace unos días, aquel señor gordo vestido con ropas lujosas…

En cuanto a qué día había ocurrido aquello, no tenía la menor idea.

Tampoco sabía de qué señor gordo vestido con ropas lujosas estaba hablando.

En realidad, se lo estaba inventando todo.

Pero, entre los clientes adinerados a quienes aquellos adivinos engañaban en las calles de la capital, seguramente habría al menos ocho o diez señores que encajaran con aquella descripción.

Era inevitable que el hombre terminara relacionando sus palabras con alguno de ellos.

Y, efectivamente…

El adivino recordó inmediatamente a uno de los clientes a quienes había estafado recientemente cuando instaló su puesto en otra calle.

También recordó cómo lo había engañado y cuánto dinero había conseguido mediante aquella estafa.

Su rostro palideció al instante.

Grandes gotas de sudor comenzaron a deslizarse por su frente.

Y, bajando la voz, intentó congraciarse con él.

—Hermanito, podemos hablarlo. Todo se puede arreglar hablando. ¡Uno solo intenta ganarse la vida!

—…

Xie Wenyan no respondió.

Simplemente dirigió la mirada hacia la bolsa de dinero que el hombre llevaba en la cintura.

El adivino era un viejo zorro y comprendió inmediatamente lo que significaba aquella mirada.

Con gran dolor, sacó un tael de plata y se lo entregó para librarse del problema.

¡Hoy realmente había juzgado mal a aquel muchacho!

¡Había terminado encontrándose con un pequeño zorro tan astuto como él!

Xie Wenyan guardó la plata en su bolsa.

Solo entonces sonrió ligeramente y dijo:

—Anciano señor, hay algo en lo que no creo, por mucho que crea en otras cosas: el destino.

Después de decir aquello…

Xie Wenyan tomó una varilla en blanco del puesto del adivino, mojó un pincel en tinta y escribió personalmente su propio augurio.

[Fortuna suprema: el dragón oculto en las profundidades ascenderá a las alturas y alcanzará la gloria y la prosperidad.]

El adivino: «…».

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