Dicen que soy un caprichoso, pero el villano no deja de mimarme - Capítulo 12
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- Capítulo 12 - Recuerda dejarme la puerta abierta esta noche
Durante toda una semana, salvo a la hora de comer, Jiang Yu pasó casi todo el tiempo tumbado sobre aquella suave y enorme cama.
Ese día, como de costumbre, estaba recostado jugando con su teléfono. Una sonrisa satisfecha apareció en sus labios al ver el aviso de que había superado otro nivel.
La vida que llevaba ahora era exactamente la que siempre había soñado.
Podía hacer lo que quisiera, cuando quisiera, y sin necesidad de salir de casa podía hacer prácticamente de todo: ejercitarse —había gimnasio y campo de golf—, disfrutar de buena comida —los chefs estaban siempre preparados—, ver películas —tenían cine privado— y muchas cosas más.
[Estoy completamente aturdido. ¿Dónde quedó el supuesto amor forzado? ¿Dónde quedó toda esa tragedia que nos prometieron?]
[Ya me cansé de decir que tengo envidia. Si pudiera vivir así, a mí tampoco me importaría que me encadenara.]
[¿Así viven los ricos? Me están entrando celos hasta en los ojos. Buaaa…]
[Hermanas, veámoslo desde otro ángulo. En realidad, al pequeño carne de cañón tampoco le quedan demasiados días buenos. Después de todo, los protagonistas todavía siguen ahí. Que el villano abandone la historia tarde o temprano es inevitable.]
[Exacto, exacto. Recuerdo que el siguiente punto importante de la trama es cuando al villano… lo…]
Jiang Yu contempló el comentario que se había cortado justo en la parte más importante y puso una expresión de sufrimiento.
No, hermanos y hermanas…
¡Terminen de hablar!
¿¡Dónde demonios se rompe mi muslo dorado!?
Justo cuando su rostro estaba lleno de decepción, en la pantalla del teléfono aparecieron de repente varias notificaciones.
Jiang Yu abrió los mensajes y descubrió que todos provenían de la misma persona.
Su mánager, el hermano Wang.
Hermano Wang: [Saltando de alegría]
Hermano Wang: [Conmovido hasta las lágrimas]
Hermano Wang: Xiao Jiang, tenemos trabajo.
Hermano Wang: Y esta vez es un encargo importante. Conoces Perfumes Muse, ¿verdad? Es una marca enorme. Su directora te pidió personalmente como imagen de su nuevo perfume.
Jiang Yu observó uno tras otro los mensajes.
En su rostro no apareció ni emoción ni alegría.
Una semana entera viviendo como un pescado salado lo había dejado completamente acostumbrado a aquella existencia.
Ahora que de repente le pedían salir a trabajar, todo su cuerpo y su alma querían negarse.
Jiang Yu recorrió con la mirada el lujoso dormitorio.
Más allá de la ventana se extendía el jardín trasero de la mansión, tan grande que no se alcanzaba a ver dónde terminaba.
¿De verdad necesitaba seguir trabajando viviendo así?
Jiang Yu admitía que se le había subido un poco a la cabeza.
Pero también tenía motivos para permitírselo.
(En ese preciso instante, su «capital», Qin You, estornudó inesperadamente durante una reunión en la empresa. Levantó una mano para indicar que hicieran una pausa y toda la sala quedó inmediatamente en silencio.)
Cuanto más lo pensaba Jiang Yu, más ganas tenía de rechazar valientemente aquel trabajo.
Pero justo cuando su dedo estaba a punto de tocar la pantalla, apareció de repente un mensaje en la parte superior del teléfono.
[Banco]: Estimado cliente: el pago correspondiente a su tarjeta de crédito del mes de junio es de 12 000 yuanes…
Jiang Yu saltó de la cama en un instante.
¿Qué dinero?
—Uno, diez, cien, mil, diez mil… ¿¡Doce mil yuanes de deuda!?
Cerró los ojos con fuerza.
Aquel mensaje era todavía más aterrador que descubrir que el saldo de su cuenta apenas tenía dos cifras después del punto decimal.
Jiang Yu se esforzó por rebuscar entre los recuerdos del dueño original del cuerpo.
Finalmente encontró, en un rincón de su memoria, el destino de aquel dinero.
Fantástico.
Resultaba que un mes atrás había sido el cumpleaños del protagonista gong, Gu Yuan.
Y para comprarle un regalo, el dueño original había llevado su tarjeta de crédito al límite.
Se acabó.
Ahora sí se le había venido el cielo encima.
Con ganas de llorar pero sin lágrimas, Jiang Yu regresó a la conversación con el hermano Wang.
Con las manos temblorosas, respondió con una sola palabra:
Bien.
El hermano Wang volvió a contestar al instante.
Hermano Wang: Xiao Jiang, ¿estás tan feliz que te quedaste sin palabras? Como tardaste tanto en responder, seguro estabas igual que yo, cantando y celebrando a gritos en casa, ¿verdad?
Jiang Yu contempló el mensaje apretando los dientes.
Respondió:
Mmm.
El hermano Wang volvió a contestar al instante.
Hermano Wang: Entonces queda decidido. Envíame tu ubicación y pasado mañana iré a recogerte.
Después de enviarle la ubicación, Jiang Yu se desplomó sobre la cama y cerró los ojos serenamente.
Estaba cansado.
Realmente cansado.
[Jajaja, el cambio de expresión del pequeño carne de cañón me está matando de risa.]
[Ya decía yo que era imposible que la trama siguiera tan tranquila. Miren, ya apareció el pozo.]
[Este episodio no lo había visto.]
[Claro que no, el de arriba. Porque en la novela tampoco existía este episodio.]
[¡Le robó a nuestro Yu Yu el contrato de embajador!]
[¿Qué? ¿Con cuál de tus ojos viste que Yu-bao se lo robó? ¡Se lo ganó por mérito propio!]
[¡Sí se lo robó! ¡Ese contrato claramente debería haber sido de Ye Yu!]
[¿Qué pasa, quieren pelear? ¡Vengan! ¡Después de tantos años discutiendo por internet, no le tengo miedo a nadie! (se remanga y se lanza)]
[Si quieren una opinión objetiva, viendo su actuación en el programa: en apariencia gana el pequeño carne de cañón, en presencia frente a la cámara gana el pequeño carne de cañón y, en habilidad, también gana el pequeño carne de cañón.]
[Exacto, exacto. Si dependiera de mí, también elegiría a Jiang Yu.]
[¡¡¡Gritemos una vez más: la pareja de villanos es la mejor para siempre!!!]
Jiang Yu acababa de terminar de consolarse a sí mismo cuando abrió los ojos y vio que los comentarios ya estaban peleándose frente a él.
Su ánimo, todavía herido por aquella deuda, mejoró inmediatamente un poco.
Se acomodó para disfrutar del espectáculo y comenzó a leer con enorme interés, asintiendo de vez en cuando.
Dos mañanas después, Qin You abrió los ojos puntualmente a la misma hora de siempre.
Justo cuando se preparaba para levantarse de la cama, la persona que normalmente debería seguir profundamente dormida a su lado también se incorporó, todavía medio aturdida.
—¿Qué hora es? —preguntó Jiang Yu con una voz ronca y ligeramente pegajosa por el sueño.
—Las siete. Si todavía tienes sueño, sigue durmiendo un rato.
Qin You miró la hora y respondió con calma.
—No puedo. Hoy tengo que ir a trabajar.
Jiang Yu negó con la cabeza, rechazando aquella maravillosa propuesta.
—¿Trabajar? ¿Tienes trabajo?
La voz de Qin You contenía una ligera duda.
Durante toda aquella semana, la persona frente a él no había hecho prácticamente otra cosa que comer, jugar y dormir.
Había llegado a pensar que no trabajaba.
—Claro que sí.
Jiang Yu asintió mientras poco a poco terminaba de despertar.
Al escucharlo, la expresión en los ojos de Qin You se volvió extraña.
Los dedos de su mano derecha, apoyada junto a su cuerpo, se rozaron ligeramente entre sí.
Una serie de pensamientos surgió inevitablemente en su mente.
Cuando se marchara…
¿Volvería?
¿Y si no quería volver?
¿Y si decidía no regresar?
Quizá debería simplemente retenerlo aquí.
Después de todo, esos últimos días se lo había pasado bastante feliz…
Mientras los pensamientos de Qin You se volvían cada vez más peligrosos, de repente sintió un peso sobre su hombro izquierdo.
Volvió en sí y levantó la mirada.
Solo entonces se dio cuenta de que Jiang Yu se había acercado sin que lo notara.
Una de sus manos descansaba sobre su hombro.
—Qin You, recuerda dejarme la puerta abierta esta noche.
¿Dejarle la puerta abierta?
¿Eso significaba que pensaba regresar?
El ánimo de Qin You, que acababa de hundirse hasta el fondo, volvió a elevarse con una sola frase.
—Envíame la ubicación. Cuando termines de trabajar, iré a recogerte.
Qin You lo miró con absoluta seriedad.
—Eso suena perfecto. Entonces esta noche esperaré a que vengas por mí.
Jiang Yu aceptó felizmente sin la menor vacilación.
—Mmm.
Fuera de las puertas de la mansión, una vieja camioneta que desentonaba completamente con todo el entorno se detuvo tambaleándose frente a la entrada.
El hermano Wang abrió la puerta, que chirrió ruidosamente, y saltó del vehículo.
Contempló la construcción frente a él con los ojos completamente abiertos.
—Dios santo… ¿Esto es un castillo?
Que lo perdonaran por poner aquella expresión de alguien que jamás había visto el mundo.
Porque, sinceramente…
Nunca había visto nada semejante.