Dicen que soy un caprichoso, pero el villano no deja de mimarme - Capítulo 11
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- Capítulo 11 - Yo te invito a ver el espectáculo y tú me das fruta
Qin You arqueó ligeramente una ceja al escucharlo.
Las expresiones del hombre y la mujer que momentos antes se regocijaban en secreto cambiaron sutilmente.
En cambio, Qin Hu y Su Yan montaron en cólera.
—Mocoso, ¿qué quieres decir con eso? ¿Estás diciendo que nos pusieron los cuernos?
—Yo nunca dije eso. Fueron ustedes quienes lo dijeron.
Jiang Yu se tapó la boca, fingiendo sorpresa.
—¡Eso es exactamente lo que quisiste decir! ¡Mocoso insolente, como sigas así, te voy a arrancar la boca! —Su Yan tenía el rostro completamente rojo de rabia.
[¿Qué? ¿Ya se puso roja de la furia?]
[Estos dos son estúpidos y encima se enfurecen cuando alguien lo señala. Con solo mirar a sus hijos ilegítimos y usar un poquito el cerebro sabrían que no son suyos. Dos personas con párpados simples tuvieron un hijo con doble párpado, y dos personas con sangre tipo O tuvieron un hijo con sangre tipo AB.]
[No puede ser. ¿De verdad son tan estúpidos? (se lleva una mano a la frente)]
Jiang Yu también se quedó sin palabras al leer los comentarios, aunque exteriormente no mostró nada.
—Tranquilos. En toda mi vida solo he tenido una virtud: me gusta decir la verdad.
Señaló a Qin Hu, luego a la mujer y al joven que estaban junto a él.
—Empecemos contigo. Tú tienes párpados simples y la mujer que está a tu lado también, pero tu hijo tiene doble párpado.
Qin Hu se quedó atónito y miró instintivamente a la mujer que amaba y a su preciado hijo.
Él tenía párpados simples.
La mujer también.
Pero su querido hijo realmente tenía unos marcados párpados dobles.
Al sentir la mirada de Qin Hu, la frente de la mujer comenzó a cubrirse de sudor frío.
—Cariño, no es lo que piensas. No dejes que ese mocoso te engañe.
—¡Cállate!
El pecho de Qin Hu subía y bajaba violentamente, y su voz retumbó como un trueno.
Su Yan contempló el rostro ensombrecido de su exmarido y, de repente, una terrible premonición surgió en su interior.
Giró la cabeza hacia el culpable de todo aquello.
—Ahora te toca a ti. En la computadora del estudio de A-You vi los informes médicos de toda tu familia —comentó Jiang Yu despreocupadamente mientras jugaba con los dedos de Qin You.
La mano que Qin You mantenía alrededor de su cintura se detuvo.
¿Cómo era que él no sabía que en su estudio estaban los informes médicos de esas tres personas?
—¿Y-Y qué? —Su Yan fingió tranquilidad desde el sofá de enfrente, aunque por dentro ya estaba entrando en pánico.
Imposible.
¡Absolutamente imposible!
—Me parece que los tipos de sangre de ustedes dos no pueden producir el suyo.
Jiang Yu le dedicó una ligera sonrisa.
¡¡¡Boom!!!
Su Yan sintió como si un trueno acabara de estallar directamente dentro de su cabeza.
Con las manos temblorosas, se volvió hacia el hombre que estaba a su lado.
—Recuerdo que yo soy tipo O y tú también eres tipo O. Xiao Qi es…
—Cariño, no caigas en su trampa. Xiao Qi es nuestro hijo —respondió el hombre con ansiedad.
—¡Todavía intentas engañarme! Recuerdo que Xiao Qi se hizo un examen médico hace unos días. ¡Todavía tengo el informe en mi teléfono! Déjame ver… ¡Aquí está! ¡Es tipo AB!
Su Yan abrió apresuradamente la galería del teléfono y encontró la fotografía que había guardado unos días atrás.
En la parte inferior aparecía claramente el sello del hospital.
Y en el informe figuraba, negro sobre blanco, que su hijo más amado y preciado tenía sangre tipo AB.
Pero era imposible que una pareja en la que ambos eran tipo O tuviera un hijo tipo AB.
—¡¿Cómo te atreviste a engañarme?!
Furiosa hasta el extremo, Su Yan levantó una mano para abofetearlo.
Sin embargo, su fuerza no podía compararse con la de los dos hombres.
Su Qi fue el primero en sujetarle la muñeca y la apartó violentamente.
Ahora que su mayor secreto había quedado al descubierto, ya no tenía intención de seguir interpretando el papel del hijo obediente.
Sabía perfectamente que, por muy bien que se comportara a partir de ese momento, aquella mujer ya no volvería a darle dinero.
Su Yan cayó directamente al suelo.
Las costosas joyas que llevaba chocaron con fuerza contra el piso y su cabello quedó completamente desordenado.
Qin Hu también quiso atacar, pero su preciado hijo lo empujó violentamente.
—¡Viejo, si no fuera porque tienes algo de dinero, ¿de verdad crees que mi madre estaría contigo?!
—¡Desgraciado! ¡¿Te atreves a empujarme?!
Qin Hu miró al hijo que había protegido durante dieciocho años y se puso rojo hasta el cuello de la furia.
—¿Y por qué no me atrevería? Ni siquiera eres mi padre.
Qin Chun soltó un resoplido frío.
Los seis comenzaron a pelearse y golpearse entre sí allí mismo.
Jiang Yu contemplaba encantado el espectáculo.
Mientras disfrutaba del drama, extendió una mano hacia la mesa de centro y tomó una granada grande y de un rojo intenso.
Sin ninguna ceremonia, la depositó directamente en la palma de Qin You.
Qin You miró la granada redonda que de pronto tenía en la mano y después bajó la mirada hacia Jiang Yu, que seguía cómodamente instalado en sus brazos disfrutando del espectáculo.
La pregunta en sus ojos era evidente.
Jiang Yu sintió su mirada y, sin mostrar el menor pudor, sonrió mientras palmeaba la mano con la que Qin You sostenía la fruta.
—Yo te invito a ver el espectáculo y tú me pelas la granada para que pueda comerla.
Qin You contempló aquellos ojos ligeramente curvados por la sonrisa.
Unos segundos después, dejó escapar una risita.
Y comenzó a pelar la granada.
Fue sacando las semillas una por una y llevándolas directamente hasta los labios de Jiang Yu.
El jugo rojo violáceo de la granada oscureció el tono rosado de sus labios.
Al final, ni Qin Hu ni Su Yan pudieron enfrentarse solos a dos personas.
Durante la pelea, Qin Hu se enfureció tanto que acabó desplomándose de espaldas en el suelo.
Su Yan, por su parte, directamente se desmayó de la rabia.
Al ver aquello, los otros cuatro ya no se atrevieron a permanecer allí.
Se dieron media vuelta y huyeron apresuradamente.
—Joven amo, ¿qué desea que hagamos con estas dos personas? —preguntó el mayordomo.
Al ver a su joven amo pelando personalmente una granada y alimentando a otra persona con sus propias manos, tuvo que hacer un enorme esfuerzo para reprimir su sorpresa y mantener una expresión tranquila.
—Échenlos fuera. No quiero que ensucien mi piso.
Qin You ni siquiera levantó la cabeza.
Sus manos continuaron pelando metódicamente la granada.
—Sí.
El mayordomo llamó a varios guardaespaldas y entre todos arrastraron directamente a los dos hacia el exterior.
La sala volvió a quedar en silencio.
Como ya no quedaba ningún espectáculo que ver, Jiang Yu saltó del regazo de Qin You.
Se puso de pie y se estiró largamente.
Con el movimiento, su camisa blanca de punto se levantó ligeramente, revelando su cintura clara y esbelta.
Al contemplar aquella escena, la mirada de Qin You parpadeó.
Dejó a un lado la granada que todavía no había terminado de pelar y levantó ligeramente la cabeza.
—¿Cómo sabías todo eso?
Era la pregunta que más deseaba hacer.
Qin You podía asegurar que Jiang Yu jamás había entrado en su estudio.
Y, por supuesto, tampoco existían allí los informes médicos de aquellas tres personas.
—Shh… Es un secreto.
Al escuchar la pregunta, Jiang Yu se volvió hacia él y colocó juguetonamente el índice frente a sus labios ligeramente curvados.
En ese momento parecía un pequeño zorro extraordinariamente astuto.
Después de decirlo, no le importó qué expresión pusiera Qin You ni lo que pudiera estar pensando.
Simplemente se dio media vuelta y regresó al piso de arriba.
Por fin había terminado de trabajar y no tenía nada que hacer.
Hoy pensaba disfrutar como se debía de una buena segunda ronda de sueño.
—¿Un secreto?
Qin You siguió con la mirada la figura de Jiang Yu mientras subía las escaleras y repitió suavemente aquellas palabras.
Unos minutos después, sentado a solas en la sala, las comisuras de sus labios se elevaron.
En ese momento se sentía como un explorador que acababa de descubrir un inmenso territorio repleto de tesoros.
Ahora solo tenía que ir descubriéndolos poco a poco hasta encontrar el más valioso de todos.
Durante aquel día de descanso de Jiang Yu, su popularidad alcanzó un nuevo máximo.
Al mismo tiempo, comenzó a llamar la atención de numerosas marcas.
En la sede central de Perfumes Muse, una mujer de aspecto competente y profesional, vestida con una camisa de estilo occidental, observaba atentamente el expediente de Jiang Yu.
En su rostro apareció una expresión decidida.
Parecía haber encontrado al artista que mejor encajaba con el nuevo perfume de su compañía.