Después de que el holgazán se convirtiera en papá de unos pequeños prodigios - Capítulo 9

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Shen Qing no tuvo más remedio que volver a subir las escaleras con la cabeza gacha y el ánimo por los suelos.

Gu Huaiyu dijo:

—Puedes usar el ascensor.

Shen Qing:

—…¡Ah, cierto!

¡Llevaba todo ese rato subiendo y bajando por allí, y subir escaleras también consumía muchísima energía!

El principal problema era que el dueño original siempre había considerado el ascensor como algo de uso exclusivo del señor Gu. Incluso cuando Gu Huaiyu no estaba en casa, rara vez se atrevía a utilizarlo. Después de todo, había cámaras de vigilancia dentro.

Por eso, Shen Qing tampoco había adquirido la costumbre de usarlo.

Claro que había otra razón.

¡Todo era culpa de haber sido pobre!

¡Estaba tan poco acostumbrado a semejantes lujos que ni siquiera recordaba que ahora vivía en una casa con ascensor interior!

Sin vacilar, abandonó los dos escalones que ya había subido, regresó al primer piso y fue a tomar el ascensor.

Gu Huaiyu:

«…»

Cuando Shen Qing llegó arriba, Gu Huaiyu ya lo estaba esperando frente al ascensor.

Era evidente que el presidente Gu era una persona impaciente.

Y, a juzgar por su actitud hacia los miembros de la familia Gu, tampoco parecía tener demasiado buen carácter.

Al recordar que la empleada le había dicho que el presidente Gu había estado enfermo durante los últimos días, Shen Qing finalmente se acordó de mostrar algo de preocupación.

—Eh… ¿cómo se encuentra? ¿Está bien?

La pregunta fue de lo más oportuna.

La respuesta de Gu Huaiyu fue toser dos veces justo en ese momento.

Shen Qing:

«…»

Por suerte, aquella vez la tos no fue grave. Gu Huaiyu logró detenerla enseguida y luego le dijo:

—Te pedí que subieras porque quería decirte que vi todo lo que ocurrió hace un momento.

Shen Qing:

«…!!!»

Lo miró de reojo y se apresuró a explicar:

—Me preocupaba que Duoduo y Aozi se pusieran tristes al escuchar que otros decían que no tenían padres, así que actué por impulso…

Pero Gu Huaiyu levantó una mano.

—Lo hiciste bien.

Shen Qing se quedó atónito.

—…Ah.

¡¿Así que lo había llamado para felicitarlo?!

¡Pues podría haberlo dicho directamente! ¿Para qué obligarlo a subir y hacer que se preocupara tanto?

—No necesitas preocuparte demasiado por la familia Gu —dijo Gu Huaiyu después de recuperar el aliento—. Pusiste a Duoduo y a los demás por delante. Lo hiciste muy bien.

«…»

Shen Qing recibió formalmente aquella aprobación del señor Gu.

Entendía que Gu Huaiyu se lo decía para evitar que se sintiera incómodo.

Después de todo, la persona a la que acababa de enfrentarse era la hermana biológica de Gu Huaiyu, alguien unida a él por auténticos lazos de sangre.

Por muchos rumores que hubiera, ante los ojos de los demás seguían siendo familia.

A simple vista, no hacía falta decir quién era más cercano a quién. Cualquier otra persona habría tenido sus reservas.

Sobre todo teniendo en cuenta que él apenas pertenecía a una rama secundaria de la familia Shen.

¡Y aun así se había atrevido a enfrentarse directamente a la tercera señorita Gu!

Ahora que lo pensaba con calma, hasta el propio Shen Qing sentía que había sido…

¡Jodidamente valiente!

Pero, siendo justos, el cielo era testigo de que hacía un momento simplemente se había enfadado.

¡¿Con qué derecho un niño malcriado podía entrar en casa ajena y arrebatarle sus juguetes a otro niño?!

Antes había visto videos de situaciones similares, con padres que, ignorando por completo los deseos de sus propios hijos, regalaban sus juguetes favoritos a los niños malcriados de algún familiar.

Solo verlo ya daba rabia.

Si Shen Qing no fuera el padre implicado, todavía podría dejarlo pasar.

¡Pero esta vez le había tocado desempeñar precisamente el papel de uno de los padres, así que aquello era absolutamente inaceptable!

…

Eso era todo.

En aquel momento, Shen Qing no había pensado demasiado.

Se había olvidado de lo complicada que era la familia Gu y tampoco había pensado en cosas como reparar su relación con los futuros y despiadados antagonistas…

De verdad.

No había considerado ninguna razón tan profunda.

…

Al llegar a ese punto de sus pensamientos, a Shen Qing le brotó un poco de sudor frío.

Hoy había acertado por pura casualidad y, sin querer, había conseguido ganarse el favor de la familia que le proporcionaba su sustento.

Pero, siendo realistas, con su cerebro y su temperamento…

Probablemente no sobreviviría ni dos capítulos en una novela de intrigas familiares.

Por eso su estrategia inicial era la correcta.

Quedarse tumbado, esperar tranquilamente el día en que el presidente Gu muriera y después desaparecer.

¡Eso era lo más adecuado para él!

Gu Huaiyu observó al joven frente a él, sin estar seguro de si lo había visto bien.

En apenas unos segundos, había distinguido en su rostro tres emociones distintas: indignación, arrepentimiento y algo parecido al alivio (?).

…

¿Qué estaba pensando esa persona?¹

Al recordar aquel sueño que poco a poco se volvía borroso, Gu Huaiyu había pensado inicialmente que el joven hacía cosas a espaldas suyas para lastimar a los niños.

Pero ahora ya no lo creía.

Shen Qing realmente estaba protegiendo a los dos pequeños.

Una razón importante por la que el estado de Gu Huaiyu había empeorado últimamente era que, desde que había acogido a sus dos sobrinos, no había dejado de preocuparse por cómo garantizarles un futuro.

Tenía que encontrar una forma de asegurarse de que dispusieran de suficiente dinero para vivir y estudiar antes de alcanzar la mayoría de edad y, una vez adultos, pudieran heredar legítimamente su fortuna.

Sin permitir que la familia Gu se la arrebatara.

Precisamente porque conocía demasiado bien los métodos que eran capaces de emplear los Gu, incluso para Gu Huaiyu aquello suponía una tarea enorme.

Le consumía una cantidad considerable de energía.

Y por eso su salud empeoraba cada vez más.

…

Era bastante interesante.

Estaba preparando el tablero para después de su propia muerte.

Y lo hacía quemando su propia vida.

Gu Huaiyu no sintió melancolía.

Volvió a mirar a Shen Qing.

Pero si existiera alguien que realmente quisiera y protegiera a los niños, todo aquello sería mucho más sencillo.

Siempre que esa persona tuviera buenas intenciones y fuera afectuosa.

Y, más importante aún, que tuviera sentido de la responsabilidad y pudiera soportar la presión de la familia Gu.

Ese Shen Qing…

Recordando la manera en que el joven había defendido los juguetes de los pequeños, Gu Huaiyu levantó ligeramente los ojos.

Decidió seguir observándolo.

Cambió directamente de tema y adoptó el tono que utilizaba al hablar de negocios.

—Señor Shen, ¿hay algo relacionado con su trabajo en lo que necesite mi ayuda?

Como artista, la situación de Shen Qing dentro de la industria del entretenimiento no parecía precisamente buena.

Aunque antes no le había prestado demasiada atención, el día en que el representante de Shen Qing había ido a la casa, Gu Huaiyu había podido darse cuenta por la actitud que aquel hombre y sus compañeros mostraban hacia el joven.

La industria del entretenimiento tenía aguas profundas.

A menudo, para destacar, hacía falta tener contactos y respaldo.

Gu Huaiyu ya le había dicho anteriormente a Shen Qing que, si necesitaba algo, podía acudir a él.

Pero el otro nunca se lo había pedido.

Sin embargo, puesto que aquel día había presenciado personalmente la actitud del representante y los colegas de Shen Qing, como pareja legal del joven tampoco podía fingir que no había visto nada.

Él esperaba la muerte con serenidad.

Pero eso no significaba que permitiría que otros abusaran de su poder dentro de su propia casa.

Gu Huaiyu le dijo:

—Aunque no trabajo en la industria del entretenimiento, tampoco significa que no pueda intervenir en absoluto.

Sabía que probablemente el señor Shen también le tenía miedo y quizá no se atrevía a molestarlo.

Por eso Gu Huaiyu, excepcionalmente, habló de manera tan explícita.

Hasta él mismo se sorprendió de la paciencia y el buen carácter que tenía últimamente.

Realmente, cuando un hombre está cerca de la muerte, sus palabras se vuelven bondadosas.

Pero cuando Gu Huaiyu miró a Shen Qing, descubrió que el joven simplemente se quedó paralizado un instante antes de empezar a negar frenéticamente con la cabeza.

—No, no hace falta. No quiero salir a trabajar.

Gu Huaiyu:

«…»

Shen Qing continuó:

—Estoy muy bien así. ¡Ya no quiero volver a salir a trabajar!

«…»

Gu Huaiyu recordaba que el joven era muy ambicioso profesionalmente.

Después de reflexionar un momento, su expresión se volvió sombría.

—¿La familia Gu o la familia Shen te están presionando de alguna manera?

Shen Qing quedó desconcertado.

—¿Presionando? ¿Qué presión?

No había ninguna presión.

Él solo estaba esperando tranquilamente a que cien millones entraran en su cuenta.

…Ah.

¿Se refería a esa clase de presión?

Shen Qing recordó entonces que los Gu eran una familia aristocrática con cien años de historia y hasta tenían preceptos familiares. En principio, no permitían que alguien de la industria del entretenimiento entrara en la familia.

Aquella vez, la familia Gu necesitaba estabilizar su relación con los Shen mediante un matrimonio concertado. Además, quien iba a casarse era Gu Huaiyu, un hombre rebelde hasta los huesos y al que le quedaba poco tiempo de vida.

En comparación con que los Shen enviaran a alguien competente y hábil en las luchas de poder, naturalmente los Gu preferían que la persona enviada fuera cuanto más mediocre y común, mejor…

Gracias a una combinación de varios factores, el dueño original había logrado casarse con él.

Por suerte, Gu Huaiyu era solitario y apenas se relacionaba con la residencia principal de los Gu, por lo que después de entrar en la familia el dueño original tampoco había sufrido burlas por ser un «actor».

…Claro que la razón principal era que nadie lo tomaba en serio.

Después de todo, era tan poco conocido que prácticamente daba igual si pertenecía o no a la industria del entretenimiento.

Una vez comprendió lo que quería decir el presidente Gu, Shen Qing se apresuró a responder:

—Nadie me está presionando. Es solo que… estoy cansado. Ya no quiero esforzarme.¹

Su respuesta fue bastante superficial.

Porque desde el principio no tenía ninguna intención de abrirle su corazón a Gu Huaiyu.

También había supuesto que el indiferente presidente Gu dejaría de prestarle atención.

¡Después de todo, a Gu Huaiyu no le faltaba precisamente ese poquito de dinero necesario para mantenerlo!

Pero, para su sorpresa, Gu Huaiyu lo examinó de arriba abajo y, excepcionalmente hablador, dijo:

—Todavía eres muy joven. Estás justo en la edad de salir al mundo y hacer algo con tu vida. Si eliges la comodidad demasiado pronto, quizá cuando te arrepientas ya sea demasiado tarde.

Shen Qing:

«???»

Miró al moribundo sentado en la silla de ruedas, con el rostro pálido pero todavía joven y apuesto.

¡Quería decirle que él también tenía apenas veintiséis años!

¡Y antes de transmigrar, Shen Qing solo era un año menor!

¡¿Por qué lo educaba con ese tono?!

Además, ¿para qué esforzarse tanto?

¿Para terminar como él, trabajando hasta morir joven?

Y hablando de sufrir, ¡Shen Qing quizá hubiera pasado por tantas dificultades como él!

¡Todavía estaba por verse cuál de los dos tenía derecho a darle lecciones al otro!

Shen Qing se enfadó tanto que estuvo a punto de plantarse con las manos en la cintura y responderle.

Pero al pensar en la identidad de Gu Huaiyu…

Ejem.

No.

Al pensar que al señor Gu le quedaba tan poco tiempo de vida, debía de estar rebosante de negatividad.

Además, era la garantía de su futura buena vida…

Shen Qing decidió soportarlo.

Aguantar.

Pero no tragarse la indignación en silencio.

De inmediato se lanzó hacia Gu Huaiyu y, con gran agilidad, se acuclilló frente a su silla de ruedas.

Levantó la cabeza para mirarlo.

—Pero si yo sí tengo cosas que hacer.

Con los ojos claros y una voz limpia, Shen Qing continuó:

—Mi trabajo consiste en cuidar bien de los pequeños y cuidar bien de usted. ¿Acaso eso no es suficiente? ¿Está diciendo que soy demasiado inútil…?

—No quise decir eso.

Al ver que el joven irrumpía de repente en su campo de visión, los dedos de Gu Huaiyu, apoyados sobre la silla de ruedas, se curvaron ligeramente.

Por una rara vez, desvió la mirada.

—Además de tu familia, también deberías tener tu propia carrera. Solo así…

—¿Pero por qué? —lo interrumpió Shen Qing con una expresión completamente inocente—. ¡Ustedes son todo lo que tengo!

Gu Huaiyu:

«…»

Sus dedos ligeramente curvados se quedaron rígidos de manera imperceptible.

Gu Huaiyu bajó la mirada y contempló directamente al joven que lo observaba desde abajo.

Shen Qing siguió poniendo cara de inocencia.

Incluso parpadeó deliberadamente.

Y, sin miedo a la muerte, tomó la mano de Gu Huaiyu con expresión solemne.

—Mientras tenga a mi esposo, no le tengo miedo a nada. De todos modos, puedes mantenerme y también vas a protegerme bien, ¿verdad?

Gu Huaiyu:

«…»

Reprimió a la fuerza las ganas de toser y miró al joven que seguía obedientemente acuclillado frente a él.

Quería decir:

Pero yo no estaré aquí para siempre.

Sin embargo, al distinguir la sonrisa traviesa reflejada en aquellos ojos cristalinos, Gu Huaiyu apretó los labios y luego cerró lentamente los ojos.

Era mentira.

Había una clase de mentira en la que la otra persona sabía perfectamente que estaba mintiendo y, además, ni siquiera intentaba ocultarlo, dejándote claro que todo lo que decía era falso.

Ese Shen Qing…

Gu Huaiyu no llegó a enfadarse por aquello.

Solo le parecía inconcebible.

Y también sentía la extrañeza de descubrir que alguien se atrevía a bromear delante de él…

Hasta entonces, nadie se había atrevido a hacerlo.

Los dedos curvados se cerraron hasta formar un puño.

Gu Huaiyu abrió bruscamente los ojos.

—Shen. Qing.

Pronunció su nombre con voz grave.

La presión que emanaba de él era abrumadora y el tono contenía una clara advertencia.

Shen Qing tampoco había esperado que el gran jefe se enfadara por algo así.

Sintió que el corazón se le saltaba un latido y su cuerpo reaccionó antes que su cerebro.

Sin pensarlo dos veces, se levantó de un salto y se alejó de Gu Huaiyu todo lo posible.

—Jefe, ¡eso no se hace! Usted vino de la nada a darme una lección y ahora ¿ni siquiera me deja hacer una bromita?

Nada más terminar, Shen Qing se cubrió la cabeza con una mano.

—Ah, tengo muchísima hambre. No, no puedo más, primero tengo que ir a comer algo. Si hay algo más, hablamos luego.

Tras soltar aquellas palabras, Shen Qing se marchó dando saltitos hasta desaparecer.

No quedaba ni rastro de la frágil y quebradiza figura que hacía un momento parecía agotarse después de subir apenas unos escalones.

«…»

Gu Huaiyu permaneció sentado en su silla de ruedas.

Sin que apenas se notara, su expresión pasó de la indignación y la conmoción iniciales a la sorpresa y, finalmente, a una incredulidad absoluta.

…Alguien que se atrevía a responderle, cubrirse la cabeza delante de él y salir corriendo alegando que tenía hambre…

De verdad…

Jamás había visto algo semejante.

Por primera vez desde que su enfermedad se había agravado, Gu Huaiyu sintió que la silla de ruedas bajo su cuerpo era un estorbo.

Si todavía pudiera caminar, probablemente habría ido directamente a atrapar al joven que se había escapado a saltitos y lo habría traído de vuelta…

—¡Cof, cof, cof!

No pudo contener una serie de toses.

Al oírlo, su asistente Li Hong corrió inmediatamente hacia él y le colocó un abrigo sobre los hombros.

—¡Presidente Gu! ¡Estuvo inconsciente tres días y acaba de despertar! ¡Regrese a descansar!

Luego empezó a murmurar:

—Y esa tercera señorita Gu también… No le preocupa en absoluto su salud. ¡Viene a visitarlo y lo único que quiere es pedirle dinero prestado!

Mientras Li Hong seguía hablando, su mirada captó la espalda de Shen Qing alejándose.

—Aunque sí que fue inesperado… El señor Shen se atrevió a hablarle así a la tercera señorita…

Li Hong no debía involucrarse en los asuntos familiares del presidente Gu, así que antes había permanecido en la zona de trabajo ocupándose de sus propias tareas.

Pero como personalmente no soportaba demasiado a la sanguijuela de Gu Huaixiang, había mantenido el oído atento a lo que ocurría fuera y alcanzó a escuchar vagamente la conversación entre el señor Shen y la familia de la tercera señorita Gu.

…Por supuesto, teniendo en cuenta que el presidente Gu no debía pasar frío, cuando él, como asistente, bajó para llevarle un abrigo a su jefe, también había escuchado accidentalmente la conversación entre el presidente Gu y el señor Shen.

…

Los hechos demostraban que el señor Shen no solo se atrevía a enfrentarse directamente a la tercera señorita.

¡Delante del presidente Gu tampoco mostraba ya la menor cobardía!

¡Miren cómo había enfadado al presidente Gu…!

¡Eso era lo que más sorprendía a Li Hong!

Examinó el apuesto rostro del presidente Gu.

Comparado con la palidez anterior, parecía tener algo más de color.

¡Su jefe tenía ambas mejillas enrojecidas de la rabia!

Li Hong sopesó la situación durante un buen rato.

Al final, no se atrevió a decir nada más.

.

Después de desaparecer de la vista de Gu Huaiyu, Shen Qing no tardó en olvidarse de aquella pequeña «fricción» con el gran jefe.

Era una persona despreocupada y no consideraba que una bromita como aquella tuviera nada de malo.

Ni siquiera aunque la otra persona fuera el temido Gu Huaiyu.

Sobre todo porque Shen Qing pensaba que el presidente Gu, pese a haber aceptado tranquilamente su propia muerte, todavía había acogido a dos niños y se ocupaba de ellos aun estando en fase terminal.

En ese sentido, al menos era diferente del resto de la familia Gu.

Con alguien como Gu Huaixiang, Shen Qing jamás bromearía.

Pero Gu Huaiyu…

No podía ser tan mezquino como para no soportar ni una sola broma, ¿verdad?

Había conseguido una segunda oportunidad de vivir.

Shen Qing no pensaba desperdiciarla llevando una existencia apagada y deprimente.

¡Para él, conservar la salud y estar de buen humor era mucho más importante!

Y el primer paso para estar de buen humor consistía en comer cuando tocaba, beber cuando apetecía y no dejar que las tonterías le ocuparan la cabeza.

Regresó a la sala, bebió el café que un sirviente le preparó de nuevo y lo acompañó con algunos frutos secos y un sándwich de aguacate.

Eso contó como merienda.

Aunque todavía tenía un asunto pendiente con Gu Duo y Gu Ao, cuando se había marchado Aozi había dicho que tenía sueño, así que probablemente los dos niños estaban durmiendo.

Shen Qing tampoco tenía prisa por ir a ofrecerles una sonrisa para recibir a cambio su indiferencia.

Después decidió dar una vuelta por la villa a modo de ejercicio.

Y entonces descubrió que aquello era, literalmente, hacer ejercicio.

¡Más que una villa, aquello debería llamarse castillo!

¡Con razón aquel programa sobre la vida cotidiana insistía tanto en alquilar su villa para grabar!

Ya tenía tres pisos, pero además la superficie interior era tan enorme que se podía andar en bicicleta dentro.

¡Dar una vuelta completa llevaba más de media hora!

¿Esta era la villa que heredaría en el futuro?

¿Este era el imperio que el presidente Gu había conquistado para él?

…

Pero lo verdaderamente increíble llegó después.

Tras recorrer la villa, Li Hong, el asistente de Gu Huaiyu, encontró a Shen Qing y le dijo que el presidente Gu quería verlo.

—El presidente Gu lo está esperando ahora mismo en su habitación.

Shen Qing:

—¿El presidente Gu me está buscando?

El asistente tampoco explicó para qué.

Shen Qing regresó hasta su habitación y, al llegar, vio al hombre sentado con la espalda erguida en su silla de ruedas, detenido frente a la puerta abierta de su dormitorio.

Miraba algo dentro.

…

Incluso desde lejos, Shen Qing pudo ver que sobre la pálida y apuesta mejilla del hombre se reflejaba un tenue resplandor rosado…

De repente recordó el color predominante de su habitación.

—¡Ejem, ejem!

Shen Qing tosió con fuerza y aceleró el paso.

—Presidente Gu, ¿qué hace aquí?…

Al oírlo, Gu Huaiyu giró lentamente la cabeza.

Su rostro pálido carecía completamente de color y su expresión permanecía inmóvil.

Sin embargo, en sus ojos había un poco más de escrutinio.

Frío como la escarcha y la nieve.

Hasta daba un poco de miedo.

Shen Qing llegó frente a él y trató de ignorar aquella mirada evaluadora.

Sonrió.

—Presidente Gu, si ya vino, ¿por qué se queda en la puerta? Entre y siéntese.

Mientras hablaba, intentó rodearlo para colocarse detrás y empujar su silla de ruedas.

Así podría escapar de su mirada.

Pero Gu Huaiyu controló la silla y retrocedió.

Su elegancia innata hacía que aquel gesto no pareciera brusco.

Distante, pero sin resultar descortés.

El gran jefe simplemente levantó ligeramente una ceja.

—No es necesario.

Mientras hablaba, volvió a lanzar inconscientemente una mirada al dormitorio de Shen Qing.

—El gusto del señor Shen es realmente… extraordinario. Fuera de lo común.

Shen Qing:

«…»

También miró hacia el interior de su habitación.

Todavía era de día y la intensa luz del sol entraba desde afuera, iluminando el papel tapiz rosa y toda clase de adornos rosados.

El color se reflejaba incluso sobre la mitad del apuesto rostro del presidente Gu, que seguía desprendiendo un resplandor rosa.

…

Ejem.

La verdad era que la imagen tenía bastante gracia.

Pero ¿qué quería decir el presidente Gu con aquello?

Shen Qing se puso ligeramente alerta.

Era cierto que a él tampoco le gustaba el rosa.

¡Pero al menos era mejor que el rostro blanco como una pared de Gu Huaiyu!

¡Como mínimo daba alegría!

¿De verdad tenía que criticar sus gustos?

Así que Shen Qing respondió con educación y elegancia:

—No está mal. Mientras al presidente Gu le guste…

Gu Huaiyu:

«…»

Shen Qing añadió:

—Por cierto, presidente Gu, ¿quería algo de mí?

Poco después de que el dueño original se mudara allí, Gu Huaiyu había enfermado gravemente y había tenido que recibir tratamiento médico.

Shen Qing no lograba ordenar bien los recuerdos y no estaba seguro de si Gu Huaiyu había entrado alguna vez en la habitación del dueño original.

Pero, a juzgar por su reacción al ver los colores del dormitorio, probablemente era la primera vez que el presidente Gu se acercaba tanto a aquella habitación.

…

Entonces, ¿qué había hecho que Gu Huaiyu, quien rara vez bajaba del tercer piso, viniera expresamente hasta allí?

Gu Huaiyu tampoco parecía dispuesto a perder tiempo.

Mientras Shen Qing seguía desconcertado, tomó de encima de sus piernas una carpeta de papel kraft.

—Esto es para ti.

Shen Qing la recibió con cautela.

—¿Qué es?

—Algunas propiedades.

Shen Qing:

«¡?!»

Abrió la carpeta y descubrió que dentro había auténticos certificados de propiedad.

Varios.

Entonces…

¿Eran para él?

…

Ese «para ti» del presidente Gu…

¿Significaba realmente lo que Shen Qing creía que significaba?

El señor Gu parecía ser una persona a la que no le gustaban los rodeos.

Sin esperar siquiera a que Shen Qing preguntara, explicó directamente:

—Revísalos y comprueba si hay algún problema. Mañana haré que Li Hong se encargue de transferirlos a tu nombre.

Shen Qing:

«¡!»

Miró a Gu Huaiyu y sacó uno de los certificados de la carpeta.

Todavía incrédulo, preguntó:

—Jefe, ¿por qué de repente es tan generoso conmigo?

La expresión de Gu Huaiyu permaneció serena.

—¿No fuiste tú quien dijo… que solo querías quedarte tumbado? Estos lugares deberían bastarte para tumbarte.

Shen Qing:

«…»

Gu Huaiyu tosió un par de veces más.

Con los labios pálidos, continuó:

—No hay problema si no quieres trabajar y prefieres dedicarte por completo a acompañar a Duoduo y a los demás. Puesto que ya estamos casados, siempre me aseguraré de que tengas la vida resuelta.

—…Ah.

Shen Qing aceptó aquella explicación.

Parecía que el señor Gu era una persona bastante buena.

Sí, le gustaba darle lecciones.

Pero no obligaba a su pareja a hacer nada y, además, se tomaba en serio lo que él decía…

Sin embargo, mientras Shen Qing revisaba los certificados de propiedad, volvió a escuchar a Gu Huaiyu hablar entre respiraciones entrecortadas:

—Pero también te dije que, si necesitas algún recurso, puedes pedírmelo directamente. Si eso es lo que quieres, no tienes por qué tener reservas.

Shen Qing:

«…»

No, pero…

¡¿Qué demonios les hacía pensar a todos que él era realmente un ambicioso desesperado por hacerse famoso, pero demasiado avergonzado para pedir ayuda?!

¿El Shen Qing actual parecía una persona tan reservada?

Eso era lo que quería decir.

Pero entonces sacó al azar uno de los certificados de propiedad.

Vio la dirección impresa.

Y después vio que la superficie indicada tenía cuatro cifras.

Shen Qing:

«Buaaa, ¡mi esposo es maravilloso!»

Shen Qing tomó discretamente una decisión.

A partir de ahora, dijera lo que dijera el presidente Gu, intentaría no llevarle demasiado la contraria.

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