Después de que el holgazán se convirtiera en papá de unos pequeños prodigios - Capítulo 89
Gracias a las bromas de Mingbao y a sus incansables esfuerzos por hacerse el adorable con su mamá, finalmente consiguió que le permitieran pasar la noche en casa de Gu Duo.
Mañana era fin de semana y no había clases, así que los tres pequeños jugaron hasta muy tarde…
Para ser exactos, Shen Qing estuvo jugando con Mingbao y Aozai hasta muy tarde, mientras que Duoduo se quedó a un lado observándolos. Los acompañó todo el tiempo, así que también terminó despierto hasta muy tarde.
Como últimamente Shen Qing también estaba aprendiendo piano, después de cenar llevó a Mingbao y Aozai a tocar.
La mamá de Mingbao siempre lo había obligado a estudiar piano.
Por eso, cuando el tío Shen estaba a punto de proponer que tocaran juntos «Estrellita, ¿dónde estás?», Mingbao ya había levantado las manos y empezó directamente con la «Marcha turca».
Shen Qing:
—…
Eh…
En realidad, la pieza que él llamaba «Estrellita» se titulaba completa «Variaciones sobre “Ah vous dirai-je, Maman”». ¡También tenía categoría y las secciones intermedias eran bastante difíciles!
—Mingbao, si tocas muy bien. Entonces, ¿por qué tú y tu mamá siempre discuten por tus prácticas de piano?
Mingbao se puso muy contento al recibir el elogio del tío Shen.
Pero después volvió a hacer un puchero, agraviado.
—Mamá siempre dice que Mingbao es flojo y que no practica bien el piano.
En otras palabras, Mingbao ya tocaba bastante bien y tenía mucho talento, pero como siempre le daba pereza practicar, conseguir que se sentara al piano era casi tan difícil como hacer que un buey viejo arara el campo.
Por eso él y su mamá discutían a menudo por las prácticas.
Shen Qing acarició para consolarlo los suaves rizos de su cabeza.
—Quizá tu mamá ve que tienes talento y no quiere que lo desperdicies.
Mingbao volvió a hacer un puchero, inflando sus pequeñas mejillas con expresión agraviada.
Pero eso no le impidió frotar su enorme cabecita contra la mano del tío Shen.
Sus rizos eran suaves y mullidos.
Shen Qing:
—…!
¡Su corazón estaba a punto de derretirse!
Mingbao era tan adorable… ¡Que su mamá fuera capaz de ponerse firme y obligarlo a estudiar también era impresionante!
Y justo cuando Mingbao estaba frotando enérgicamente su gran cabeza contra la palma del tío Shen, mientras se aferraba a su brazo con la intención de seguir relatándole la trágica historia de cómo lo obligaban a estudiar, Gu Duo, que estaba observándolos desde un lado, tosió de repente.
Fue una tos muy fuerte.
Y bastante repentina.
Mingbao:
—…
Shen Qing se volvió rápidamente al escucharla.
—Duoduo, ¿qué le pasa a tu garganta?
Su expresión era de preocupación.
Gu Duo:
—…
Apartó la mirada de ellos y volvió a concentrarse en el libro que sostenía.
Su expresión era seria y solemne.
—Nada.
Mingbao, por su parte, dejó de aferrarse al brazo de Shen Qing y tampoco siguió frotándose pegajosamente contra su palma.
Pero continuó haciendo un puchero.
—Pero Mingbao no entiende por qué tiene que tocar el piano todos los días…
Había dejado de ser pegajoso.
Pero eso no significaba que hubiera renunciado a quejarse.
Shen Qing sonrió al escucharlo.
Mingbao todavía era pequeño.
A esa edad, lo normal era que un niño tuviera dificultades para mantener la concentración. Pedirle que tocara el piano todos los días durante una hora y media, como un pequeño adulto, y que además permaneciera completamente concentrado durante todo ese tiempo…
Ni siquiera muchos adultos podían hacerlo.
Realmente era exigirle demasiado a un niño tan pequeño.
Pero cada padre tenía expectativas diferentes para sus hijos y también distintos métodos educativos.
Shen Qing no podía decir demasiado al respecto.
Sin embargo, de repente se le ocurrió algo.
Sus propios niños…
Parecía que, aparte de estudiar, no tenían demasiadas aficiones extracurriculares.
Mm.
En realidad, aquello de no tener otras aficiones se refería principalmente a Duoduo.
Aozai sí parecía tener muchísimos intereses.
Prácticamente cualquier cosa que le propusieran estaba dispuesto a probarla y rara vez se negaba.
Por ejemplo, ahora mismo, al ver a Mingbao tocar el piano, Aozai se arrodilló sobre el banco, levantó su pequeño trasero y, sin que nadie le enseñara ni lo guiara, empezó a presionar las teclas con sus cortos deditos.
Mingbao oyó las notas y enseguida fue a enseñarle.
Pero Aozai no sabía qué era una partitura ni entendía nada de do, re, mi.
Por mucho que Mingbao se lo explicara, no comprendía.
Se quedó un buen rato mirando fijamente al hermano Ming, que se esforzaba muchísimo por enseñarle, hasta que finalmente volvió a extender sus pequeñas garras…
y simplemente empezó a tocar al azar.
Mingbao:
—…
Pero a Mingbao parecía gustarle bastante escucharlo tocar así.
Después de un rato, exclamó sorprendido:
—¡Dios mío, Aozai es increíble! ¡Eso casi parece un acorde!
Al escuchar el elogio, Aozai sacó instintivamente su pequeño pecho.
Después agitó los deditos con todavía más energía.
¡Toca, toca, toca!
En realidad, tampoco era que Aozai estuviera tocando completamente al azar.
Su papá pequeño practicaba de vez en cuando y él siempre estaba cerca, mirando y escuchando.
Aunque no entendiera nada, ¡Aozai podía recordar qué teclas había presionado su papá pequeño y en qué orden!
Aunque se equivocara en alguna…
¡más o menos sonaba parecido!
Después de que el hermano Ming lo elogiara, Aozai se puso muy contento.
Decidió demostrar todavía más sus habilidades y empezó inmediatamente a tocar con sus dos pequeñas manos a la vez.
Mingbao estaba sentado justo a su lado.
Así que improvisó y empezó a acompañarlo.
Shen Qing sacó rápidamente el teléfono para grabar aquella escena.
Que sonara bien o mal era secundario…
¡Aunque, sorprendentemente, sonaba bastante bien!
Shen Qing sentía que, comparado con aquellos dos, él era quien menos talento tenía para el piano.
Al otro lado, Gu Duo, que hasta entonces había estado leyendo seriamente con un libro entre las manos, también dejó de leer y dirigió la mirada hacia el piano.
Observó a Aozai, medio arrodillado y medio tumbado sobre el instrumento, y a Xu Weiming sentado a su lado, ocupado como un pequeño profesor.
En el rostro habitualmente inexpresivo de Gu Duo, las comisuras de sus labios se curvaron inconscientemente.
Justo a mitad de la grabación, Shen Qing se acordó de él.
Giró la cámara.
Y también captó aquel pequeño cambio de expresión de Duoduo.
Shen Qing no mostró ninguna reacción.
Simplemente se acercó y tiró de él.
—Ven.
El piano de la familia siempre había estado en el salón del primer piso. Al parecer, era un instrumento de altísima gama, y solo contratar a alguien para afinarlo cada año costaba una fortuna.
Colocado allí…
aquel piano podía considerarse otro de los tesoros de la villa.
Duoduo normalmente estudiaba en su habitación.
Que hoy hubiera bajado el libro para leerlo allí dejaba bastante claro que quería participar.
Aunque personalmente no estuviera interesado, con la educación de Duoduo, si un amigo venía a quedarse a su casa, él lo acompañaría todo el tiempo.
Pero Shen Qing no quería dejarlo apartado.
—Tómalo como un descanso en medio de la lectura.
Tiró de Duoduo mientras murmuraba tonterías como:
—Un piano tan caro… sería un desperdicio no tocarlo.
Y así terminó llevando también a Gu Duo hasta el piano.
Cuando llegó su hermano, Aozai corrigió ligeramente su postura.
En un solo banco quedaron apretujados los tres pequeños.
Después ni siquiera hizo falta que Shen Qing organizara nada.
Los tres permanecieron sentados en fila.
Gu Duo en el centro, Aozai a uno de sus lados y Mingbao al otro.
—Muy bien, no se pongan nerviosos. Toquen cualquier cosa que quieran —dijo Shen Qing mientras sostenía el teléfono.
Duoduo no sabía tocar el piano.
Tampoco había pensado nunca en aprender.
Aunque ahora hubiera uno en casa y aunque muchos de sus compañeros de clase estudiaran piano y se presentaran a exámenes de nivel, Gu Duo nunca había mostrado el menor interés.
Ni siquiera había tocado las teclas.
Tampoco tenía la confianza ni la seguridad de Aozai para empezar a aporrearlas al azar.
Así que durante un buen rato no extendió las manos.
Mingbao, aunque odiaba practicar, evidentemente consideraba que tocar libremente con sus amigos sin ninguna restricción entraba en la categoría de juego.
Así que no solo no le molestó, sino que fue el primero en empezar de nuevo.
Precisamente estaba sentado frente a la zona grave del piano.
Era perfecta para una introducción.
Mingbao tocaba con seriedad.
En su delicado rostro ya no estaba aquella expresión adorable o lastimera que solía utilizar.
Solo había una leve sonrisa.
Cuando se ponía serio, parecía un amable pequeño príncipe elfo salido de un cuento de hadas.
Gu Duo permaneció a su lado observándolo tocar.
Observaba su expresión, su postura y también la forma en que movía las manos.
Cuando Shen Qing consideró que había llegado el momento adecuado, hizo una señal a Aozai para que se uniera.
Aozai seguía tocando al azar.
Pero quizá realmente tuviera mucho talento.
Dentro de aquel caos había cierto orden y, milagrosamente, conseguía combinar sus notas con la melodía de Mingbao.
Finalmente, Shen Qing encontró un lugar donde apoyar el teléfono.
Después se colocó detrás de Duoduo, tomó personalmente las pequeñas manos del niño y lo guio para que tocara.
Gu Duo:
—…
Al principio, Gu Duo no estaba demasiado acostumbrado a que su papá pequeño le sujetara las manos para tocar.
Hasta su pequeña espalda se puso rígida.
Pero conforme sus dedos fueron entrando en contacto una y otra vez con las teclas, y escuchó cómo de aquel contacto nacían hermosas melodías, Gu Duo descubrió de repente que tocar el piano…
no estaba tan mal.
La sensación era bastante curiosa.
Poco a poco, Shen Qing fue soltándole las manos para dejar que presionara las teclas por sí mismo.
Y así, los tres pequeños interpretaron juntos una pieza sin nombre que, para alguien que realmente entendiera de música, quizá no fuera más que un montón de notas tocadas al azar.
La música resonó por todo el enorme salón.
Allí nadie iba a decir que los jóvenes señores tocaban mal.
Al contrario, los empleados que pasaban por allí se detenían para mirar un poco más, intercambiaban algunos comentarios y algunos incluso aplaudían con entusiasmo.
Cuanta más gente se reunía para observarlos, más serias se volvían las expresiones de los tres pequeños.
Además de Duoduo, que siempre mantenía el rostro serio, incluso Mingbao, completamente sumergido en la música, había perdido excepcionalmente su sonrisa.
Su expresión era concentrada y segura.
Y Aozai siempre se tomaba en serio cualquier cosa que estuviera haciendo.
Su rostro regordete también estaba tenso mientras escuchaba atentamente las notas de sus hermanos y pensaba cómo debía acompañarlos.
Shen Qing volvió a derretirse ante las expresiones tan solemnes de los tres.
Finalmente, cuando terminó la pieza, toda la villa se llenó de aplausos, risas y voces alegres.
—¡El joven señor mayor y el joven señor pequeño son increíbles! ¡Nunca han estudiado piano y ya pueden tocar así!
La tía Zhang mostraba una expresión de sorpresa y alegría.
Siempre había protegido mucho a los niños y ahora, al descubrir otro de sus puntos fuertes, naturalmente no escatimaba elogios.
—¡Mingbao también es increíble! Pequeño Mingbao, ¿con ese nivel todavía necesitas seguir estudiando? ¡Si a mí ya me pareces todo un profesional!
Otros empleados también expresaron su admiración con absoluta sinceridad.
Los adultos elogiaron tanto a los tres pequeños que prácticamente los elevaron hasta el cielo.
Aozai, en particular, acababa de desarrollar un verdadero interés por tocar el piano.
Cerró solemnemente su pequeño puño y declaró:
—¡Aozai en el futuro… también vendrá a tocar otra vez!
Después movió su pequeño cuerpo y volvió a arrodillarse sobre el banco con el trasero levantado.
Después de moverse de un lado para otro…
¡había descubierto que esa postura era la más cómoda!
Duoduo, a su lado, había estado atento todo el tiempo para proteger a su hermano pequeño por si se caía al cambiar de postura.
Sin embargo, cuando le preguntaron si él también quería aprender piano en el futuro, Gu Duo volvió a negar con la cabeza.
—¿Ah? ¿Por qué? ¿No te gusta? —preguntó Shen Qing, imitando la forma de hablar de Aozai.
Gu Duo ya se había levantado solemnemente y había vuelto a su libro.
Solo dejó una frase:
—No está mal.
Shen Qing:
—…
Últimamente, el papá grande de los niños hablaba bastante más que antes.
Pero Duoduo parecía volverse cada vez más reservado.
¡¿«No está mal» significaba que le gustaba o que no?!
Shen Qing comprendía que, para Gu Duo, probablemente nada fuera más importante que estudiar.
Era una idea que había echado raíces profundamente en él de manera casi imperceptible.
Como antes le había resultado muy difícil estudiar y constantemente se lo impedían, el pequeño Duoduo había llegado a sentir que aprender era algo extraordinariamente valioso.
Tenía que dominar idiomas extranjeros y obtener buenas calificaciones en todas las materias.
Solo así podría tomar las riendas de su propio destino en el futuro.
En cuanto a otras cosas…
Si no estaban relacionadas con su supervivencia, no eran cuestiones que un niño con la personalidad de Duoduo fuera a considerar demasiado.
Y del mismo modo que antes nunca lo había obligado a relajarse, Shen Qing tampoco iba a forzarlo ahora a aprender ningún instrumento.
Sin embargo, debido a la mejoría en la salud del papá grande de los niños, el futuro de su familia también cambiaría.
Antes, Shen Qing solo había planeado criar a los dos niños con suficiente dinero.
Quizá asistirían a una universidad bastante normal, conseguirían un trabajo que les gustara y, mientras vivieran bien y no se volvieran oscuros, Shen Qing consideraría que había cumplido su misión en esta vida.
Pero ahora…
Como Gu Huaiyu no iba a morir, lo más probable era que su familia mantuviera aquel nivel de vida en el futuro.
Las personas con quienes Duoduo y Aozai tendrían contacto pertenecerían cada vez más a la élite y a la alta sociedad de Huacheng.
Incluso la mayoría de sus compañeros probablemente serían como Mingbao, niños que recibían una educación de élite.
Entonces surgía una cuestión.
En una educación de élite normal…
¿no se suponía que había que dominar alguna habilidad refinada?
La mamá de Mingbao lo obligaba a practicar piano todos los días, pero ni siquiera era para que aprobara exámenes de nivel o acumulara puntos adicionales para ingresar a mejores escuelas en el futuro.
Era porque tocar el piano era una de las habilidades prácticamente imprescindibles entre los niños de muchas familias distinguidas.
…
Al pensar en eso, Shen Qing se estremeció.
Pero no porque sintiera de repente la urgencia de que sus propios niños empezaran inmediatamente a estudiar piano para subirse a la ola de la educación de la alta sociedad.
Todo lo contrario.
¡Shen Qing se alegraba de que Duoduo no tuviera intención de acercarse a cosas como el piano!
Porque, en cuanto tocar el piano entrara en la lista de cosas que «debía dominar», con la personalidad de Duoduo…
¡¿No acabaría practicando día y noche?!
Al pensar en eso, Shen Qing cerró de golpe la tapa del piano.
—Ya no tocamos.
Los tres pequeños lo miraron desconcertados.
Según la experiencia de Mingbao, aunque no fuera una práctica larga, los adultos siempre terminaban diciendo que tocara otra pieza.
Y otra más.
Pero ahora ellos solo habían tocado una…
Mingbao no entendía nada.
Gu Duo, por su parte, mostró una rara incomodidad.
¿Había enfadado a su papá pequeño al decir que no le gustaba tocar el piano?…
Después de todo, sabía que más de la mitad de sus compañeros de clase eran obligados por sus familias a estudiarlo.
Parecía que…
no aprender piano hacía quedar mal a los padres.
Al pensar de repente en aquello, Gu Duo bajó la mirada hacia la tapa cerrada del piano.
Si su papá pequeño también necesitaba que él aprendiera…
—¿Quién dice que tengamos que tocar el piano?
La voz clara de Shen Qing resonó de repente.
Bajo las miradas de los tres pequeños, Shen Qing se puso las manos en la cintura con una expresión completamente natural.
—¡Para hacer cualquier cosa, primero tiene que interesarnos! ¡Si no nos gusta, no lo hacemos! Así que… ¡ya llegó la hora de ver dibujos animados!
Gu Duo:
—…
Miró la hora.
Y realmente era así.
Había llegado el horario que tenían reservado todos los viernes para ver televisión.
…
De repente se arrepintió un poco de haber pensado tanto.
Su papá pequeño siempre había sido diferente de la mayoría de los padres.
Pensar de aquella manera casi parecía un insulto hacia él.
—…¡Siiiií!
Al otro lado, en cuanto escuchó que iban a ver dibujos animados, Mingbao empezó a saltar en el mismo lugar.
Casi quería lanzarse a abrazar la pierna de Shen Qing.
¡Estaba demasiado feliz!
Normalmente, Mingbao tenía que practicar una hora o una hora y media antes de que le permitieran ver un solo episodio de dibujos animados.
Pero en casa del tío Shen…
¡Increíblemente!
¡Podía ver dibujos animados directamente!
…
El tío Shen no solo practicaba con él y hacía que tocar el piano dejara de ser aburrido.
Incluso después de tocar le permitía ver dibujos animados…
¡Mingbao realmente no sufría absolutamente nada allí!
Una vez más, tuvo unas ganas irresistibles de decirle a Gu Duo:
¡Tu papá es demasiado bueno, demasiado perfecto!
Pero por mucho que le gustara el tío Shen, bastó una mirada de Gu Duo para que Xu Weiming no se atreviera a excederse.
Sus movimientos se volvieron inmediatamente setenta u ochenta por ciento más reservados.
Al final solo se acercó tímidamente a Shen Qing y dijo con toda educación:
—Entonces, tío Shen, ¡nosotros subiremos primero!
Aozai, que no había entendido nada de lo que estaba ocurriendo, escuchó que iban a subir a ver televisión y ya había saltado automáticamente al suelo con un «tap».
Estaba listo para partir.
En la habitación infantil había un televisor grande.
Normalmente los niños veían allí sus programas.
Shen Qing sonrió y acarició los suaves rizos de corderito de Mingbao.
—Vayan.
Después añadió:
—Duoduo, tú también tienes que mirar con ellos. Hoy es viernes. Es el día que acordamos que verías dibujos animados.
—Lo sé.
Gu Duo ya había cerrado su libro y se había puesto de pie.
Con el libro bajo un pequeño brazo, tomó a Aozai de la mano con la otra y, como un pequeño adulto, condujo a su hermano hacia las escaleras.
De paso, llamó a Xu Weiming para que los siguiera.
Su papá pequeño decía que ver dibujos animados ocasionalmente ayudaba a desarrollar la inteligencia y enriquecía la imaginación.
Gu Duo lo había probado seriamente.
Hasta ahora todavía no había descubierto ningún efecto particularmente evidente.
Sin embargo, desde que empezó a ver dibujos animados regularmente, cuando Xu Weiming conversaba con otros niños en la escuela, Gu Duo ya podía entender aproximadamente de qué estaban hablando.
Aunque no hubiera visto el episodio específico que Xu Weiming y los demás comentaban, al menos sabía a qué se referían.
Para Gu Duo, que cada vez estaba más acostumbrado a intentar tener bajo control toda la información posible, ver dibujos animados una o dos veces por semana también había terminado convirtiéndose en una «asignatura obligatoria».
Los tres pequeños regresaron al piso superior.
Shen Qing hizo que lavaran fruta y se la llevaran.
Además, prepararon jugo y la leche que necesitaban los niños.
Después de eso, Shen Qing ya no tenía nada que hacer.
Cuando acababa de empezar a acostumbrar a Duoduo a ver dibujos animados una o dos veces por semana, Shen Qing todavía se sentaba a verlos con ellos.
Más tarde descubrió que las cosas que veían los niños eran realmente un poquitiiiiito aburridas…
Bueno.
Era culpa suya por no conservar su espíritu infantil.
En resumen, apenas resistió unos cuantos días.
Después, Duoduo y Aozai empezaron a verlos solos.
Por suerte, Aozai nunca era exigente.
Si le decían que viera dibujos animados, los veía. Aunque no entendiera nada, podía reírse con ellos.
Y si no le permitían verlos, tampoco montaba ningún berrinche. Él mismo encontraba algo con qué entretenerse y seguía tan contento.
Shen Qing solía pensar que aquella habilidad del niño también era bastante increíble.
En cualquier caso, sabía acompañar perfectamente a su hermano.
Y ahora que Mingbao estaba allí, todavía había menos motivos para preocuparse de que Duoduo y los demás se aburrieran viendo dibujos animados.
Shen Qing terminó gloriosamente su jornada laboral.
Y comenzó su vida de videojuegos.
Más tarde, de repente recordó algo.
Si tocar el piano era prácticamente una asignatura obligatoria dentro de la educación de élite…
¿El presidente Gu sabría tocarlo?…
Por la noche, Shen Qing le hizo aquella pregunta.
—¿Quieres escucharme tocar el piano? —preguntó Gu Huaiyu.
Los ojos de Shen Qing se iluminaron.
—¿De verdad sabes tocar?
Gu Huaiyu inclinó ligeramente la cabeza, desconcertado.
—Si no, ¿para qué crees que está el piano de la casa?
—Mm…
Shen Qing:
—…¿Quizá es simplemente un adorno para presumir?
Gu Huaiyu:
—…
Después de pensarlo seriamente, el presidente Gu incluso asintió.
—Esa posibilidad también existe.
Shen Qing:
—…
Gu Huaiyu ya estaba sonriendo.
—Vamos. Veamos.
Todavía estaba sentado en su silla de ruedas.
Así que inmediatamente la puso en movimiento y salió de la habitación.
Naturalmente, Shen Qing lo siguió.
Shen Qing no sabía si el presidente Gu tocaba el piano principalmente porque ninguno de los empleados de la casa lo había visto hacerlo.
Antes de que él empezara a aprender, el piano del salón realmente no era más que un adorno.
Los dos regresaron al primer piso.
En aquella casa seguían sin dejar personal innecesario durante la noche. Los empleados encargados de la limpieza y de otras tareas durante el día iban y venían de sus propios hogares, así que hacía tiempo que habían terminado su jornada.
Por eso, en todo el salón del primer piso solo estaban ellos dos.
Por suerte, tampoco era demasiado tarde.
Los niños probablemente todavía no dormían, y la tía Zhang y los demás empleados que sí vivían allí tampoco se acostaban tan temprano.
Aun así, para no molestar a nadie, Shen Qing eligió de las partituras una pieza relativamente tranquila.
—¿Sabes tocar esta?
Gu Huaiyu solo miró el título.
Después levantó una mano.
Una sucesión de notas fluidas y hermosas brotó inmediatamente de las teclas.
Shen Qing:
—…
La pieza que había elegido era tranquila.
¡Pero eso no significaba que fuera fácil!
Como era de esperar.
¡Los magnates eran buenos en absolutamente todo!
—Antes ni siquiera sabía que tocabas el piano —comentó Shen Qing.
Al terminar aquel pequeño pasaje, Gu Huaiyu, sentado frente al piano, bajó ligeramente la mirada.
Su expresión era solemne y serena.
Su porte elegante y distinguido parecía casi ajeno al mundo.
Al escuchar a Shen Qing, giró lentamente la cabeza.
Una leve sonrisa apareció en su rostro pálido.
—Tampoco me lo habías preguntado.
Shen Qing:
—…
Gu Huaiyu dijo con indiferencia:
—De todos modos, solo aprendí lo básico. No es nada especial.
Después levantó sus largos dedos y cerró lentamente la tapa del piano.
Era evidente que tampoco sentía un interés especial por tocar.
Shen Qing siguió preguntando aquello que despertaba su curiosidad:
—Entonces, ¿en familias grandes como la familia Gu todos los niños tienen que saber tocar el piano?
En sus recuerdos, Shen Yuan, el joven señor de la familia Shen, también sabía tocarlo.
Pero Gu Huaiyu respondió:
—No necesariamente. Depende principalmente de los gustos de los padres y de los propios niños.
Shen Qing:
—¿?
Gu Huaiyu continuó:
—Después de todo, puede haber padres que prefieran el violonchelo, el acordeón, el saxofón…
—Pff.
¡La respuesta del presidente Gu seguía siendo objetiva y exhaustiva!
¡Digna de admiración absoluta!
—Entonces, ¿tú aprendiste piano porque quisiste? ¿O alguien de la familia Gu adoraba especialmente el piano y te obligó a aprender?
Shen Qing simplemente había sentido curiosidad de repente.
Una persona como el presidente Gu…
Cuando aprendía piano de niño, ¿lo habían obligado sus padres?
¿O se había obligado él mismo?
—Podría decirse que fue voluntario —respondió Gu Huaiyu.
Sus dedos rozaron ligeramente la tapa del piano.
Después miró a Shen Qing.
—Mi madre era pianista.
Shen Qing:
—…Lo siento. No lo sabía.
Instintivamente enderezó la espalda.
Sabía que el presidente Gu tampoco había tenido una buena relación con su madre.
Pero Gu Huaiyu soltó una risa.
—¿Por qué te disculpas?
Extendió la mano, tomó la de Shen Qing y lo hizo sentarse junto a él en el banco del piano.
Después dijo lentamente:
—Es normal que no lo supieras. Ni siquiera yo descubrí a qué se dedicaba hasta después de aprender a tocar el piano.
Shen Qing:
—…¿Cómo es posible?
¿No era habitual que a los niños les preguntaran a qué se dedicaba su papá y a qué se dedicaba su mamá?
Aunque la madre de Gu Huaiyu hubiera dejado de tocar hacía mucho tiempo, seguía siendo pianista.
No podía ser que…
—…No me digas que ya tocabas el piano a los tres años. ¿Eras un pequeño Mozart? ¿Primero aprendiste a tocar y solo después descubriste a qué se dedicaba tu madre?
Gu Huaiyu volvió a reír.
Parecía sorprendido de que al joven siempre se le ocurrieran innumerables ideas extrañas.
No pudo evitar tomarle la mano.
—No fue así. Aprendí a tocar cuando tenía siete años.
Shen Qing:
—…Entonces, ¿cómo…?
—Cuando era pequeño, rara vez podía verla. Nunca me había preguntado si mi madre tenía algún trabajo y tampoco la había escuchado tocar el piano…
Su voz se detuvo.
Un momento después, Gu Huaiyu continuó con indiferencia:
—Aprendí piano en el internado.
—¿¿Un internado? ¿¿A los siete años??
Shen Qing enderezó instintivamente la espalda.
—¡Magnate, qué clase de infancia tuviste!
Al escuchar el tono sorprendido del joven, Gu Huaiyu volvió a reír.
—En aquella época estaba bastante de moda enviar a los niños al extranjero a internados. Para mí, poder irme también fue algo bueno.
Su tono seguía siendo indiferente.
—Mm.
Aquello…
parecía realmente cierto.
Quizá para Gu Huaiyu estudiar lejos de casa hubiera sido mejor que quedarse allí luchando con sus hermanos y hermanas.
…Al menos si los hermanos mayores de Gu Huaiyu tenían una personalidad parecida a la de los jóvenes de la generación actual de la familia Gu.
Pero irse al extranjero a un internado con solo siete años…
¿Un niño tan pequeño realmente podía soportarlo?
Shen Qing intentó imaginarse a sí mismo a esa edad.
No estaba seguro de que, siendo tan pequeño y estudiando completamente solo lejos de casa, no hubiera extrañado su hogar.
Aunque, si se imaginaba a Duoduo…
De repente parecía un poco más comprensible.
De acuerdo.
Quizá cosas como la independencia y la autosuficiencia realmente tuvieran algo que ver con los genes.
Aun así, Shen Qing jamás soportaría enviar a Duoduo a un internado cuando todavía fuera tan pequeño.
Antes ya había sentido mucha curiosidad por saber exactamente qué había experimentado Gu Huaiyu para terminar en aquel estado tan frío y solitario.
La novela decía que el magnate había sufrido un accidente que había destrozado su cuerpo.
Al mismo tiempo, había experimentado numerosas traiciones y heridas emocionales.
Así que simplemente había renunciado a ponerse de pie y prácticamente se había quedado esperando la muerte.
Tenía su propio hospital privado y había formado un equipo médico para realizar investigaciones.
Pero jamás había buscado activamente un tratamiento para sí mismo.
Básicamente se limitaba a mantener sus signos vitales mientras esperaba morir.
Había perdido por completo la voluntad de vivir e incluso, en ocasiones, utilizaba el dolor de la enfermedad y la cercanía de la muerte para atormentarse.
Porque si simplemente hubiera perdido por completo las ganas de vivir, habría elegido morir cuanto antes.
Pero para Gu Huaiyu…
quizá morir hubiera sido mucho más fácil que seguir viviendo.
Y en aquella época, por alguna razón, no había elegido el camino fácil.
Así se había atormentado durante dos años.
Y dos años ya estaban acercándose al límite.
Si en sus últimos días no hubiera traído consigo a Duoduo y Aozai, obteniendo con ellos una responsabilidad y un amor adicionales, quizá el magnate realmente habría muerto.
Por eso Shen Qing llevaba mucho tiempo sintiendo curiosidad por saber qué había experimentado aquel hombre.
Sobre todo después de descubrir que Gu Huaiyu, en realidad, ni siquiera necesitaba depender de una silla de ruedas y aun así había pasado dos años sentado en una.
Su curiosidad había alcanzado directamente el máximo.
Con la fortaleza mental y la fuerza de voluntad de Gu Huaiyu, ¿cómo iban unas cuantas heridas insignificantes a conseguir que el magnate se abandonara hasta aquel extremo?
Además, el presidente Gu era una persona tan trabajadora y competitiva…
¡No podía ser que utilizara una silla de ruedas simplemente porque le daba pereza caminar!
Y Gu Huaiyu también le había dicho que, si la operación tenía éxito, le contaría todo lo que había vivido.
Pero en aquel momento Shen Qing jamás había imaginado que Gu Huaiyu sobreviviría.
Y probablemente ni el propio Gu Huaiyu estaba seguro de poder recuperarse.
Por eso ninguno de los dos había vuelto a mencionar el pasado.
Después de todo, tampoco parecía quedarles demasiado tiempo juntos.
¿Para qué dedicar tanta atención a cosas desagradables que ya habían ocurrido?
No tenía sentido.
Al menos así lo pensaba Shen Qing.
Y aunque ahora el futuro que compartiría con el magnate fuera mucho más largo, seguía pensando exactamente lo mismo.
Sentía curiosidad por el pasado del presidente Gu.
Pero no iba a investigarlo deliberadamente.
Siempre…
el presente, este preciso instante, era más importante.
Así que dejó de pensar en cualquier duda que pudiera tener.
Shen Qing simplemente se lanzó hacia él, abrió los brazos y le dio al magnate un enorme abrazo.
Debido a la postura de Gu Huaiyu y a la diferencia de altura, aquel abrazo parecía más bien que Shen Qing se hubiera lanzado directamente a sus brazos.
Pero…
qué importaba.
¡Quería abrazarlo y punto!
En cuanto el joven se lanzó hacia él, Gu Huaiyu le rodeó la cintura con los brazos.
—¿Qué pasa?
—Nada. Solo quería darte un abrazo lleno de amor.
Gu Huaiyu sonrió.
Parecía haber comprendido ya lo que pensaba el joven.
Levantó una mano y acarició suavemente la curva de su cintura.
Como sabía que permanecer agachado junto a su silla de ruedas terminaría cansándolo, simplemente tiró de él hacia arriba y volvió a sentarlo sobre sus piernas.
Su rostro pálido apenas mostraba expresión.
Pero su semblante era extraordinariamente relajado y tranquilo.
Como si simplemente estuvieran conversando sobre asuntos cotidianos, Gu Huaiyu miró a Shen Qing.
—¿Te estás compadeciendo de mí? En realidad, mi pasado tampoco fue tan terrible.
—No.
Shen Qing respondió:
—Aunque hubiera sido terrible, ya pasó. Yo no tengo demasiadas habilidades, pero se me da bastante bien mirar hacia adelante… ¡Y no me refiero al dinero!
—…
Gu Huaiyu reflexionó.
Pensándolo bien, realmente era así.
Entonces asintió.
—Realmente eres así. Tienes mucha sabiduría.
Shen Qing:
—…
El elogio del magnate hizo que agitara directamente las piernas de felicidad.
—Tampoco diría que sea sabiduría. Simplemente se me da bien vivir al día.
Mientras decía eso, Shen Qing cooperó perfectamente con su filosofía de vivir al día y adoptó una postura de pescado salado completamente desplomado.
Gu Huaiyu, que recibió firmemente al joven y tuvo que ejercer fuerza con los brazos para sostenerlo horizontalmente:
—…
No pudo evitar volver a reír.
Shen Qing decía que el pasado ya había pasado y que no tenía sentido obsesionarse con él.
En eso, la opinión de Gu Huaiyu coincidía perfectamente con la suya.
Él tampoco se aferraba al pasado.
Y la razón por la que durante tanto tiempo había parecido completamente desinteresado por la vida, apagado y sin vitalidad, tampoco era porque hubiera sufrido algún trauma insoportable en el pasado.
De hecho, era exactamente lo contrario.
Quienes lo habían lastimado ya habían pagado el precio hacía mucho tiempo.
Quienes le habían fallado también habían probado las consecuencias.
Quienes no lo habían amado terminaron perdiendo su protección y arrepintiéndose profundamente.
No había nada que Gu Huaiyu deseara y no pudiera conseguir.
Todo aquello que establecía como objetivo acababa finalmente en sus manos.
La clase de arrepentimiento provocado por un deseo imposible de cumplir…
simplemente parecía algo que jamás le ocurriría a Gu Huaiyu.
Hubo una época en que también se había sumergido obsesivamente en la búsqueda de fama y riqueza.
Pero el problema era que, cuando consiguió toda la fama y riqueza que había deseado, también desaparecieron los objetivos que despertaban en él el deseo de poseerlos y de esforzarse desesperadamente por alcanzarlos.
Así que la razón por la que había perdido las ganas de vivir nunca había sido ninguna dificultad ni ningún fracaso.
Sino…
el aburrimiento.
Y una vida completamente carente de sentido.
Era aburrimiento puro y simple.
Porque ya poseía todo cuanto había deseado.
Y ya se había vengado suficientemente de todos aquellos de quienes quería vengarse.
Estaba aburrido.
No había ningún elemento interesante que sostuviera su vida.
Ni siquiera sabía qué significaba que algo fuera vivo, vibrante e interesante.
Cada día que abría los ojos no era más que una repetición de las responsabilidades y los acontecimientos del día anterior.
En aquellas circunstancias, cuando ocurrió el accidente…
cuando aquella persona le dijo que no era digno, que jamás debería haber vivido en este mundo…
y cuando, de paso, le diagnosticaron que sin una operación no le quedaba demasiado tiempo de vida…
Gu Huaiyu pensó de repente que aquello tampoco estaba mal.
No utilizaba deliberadamente la enfermedad para torturarse.
Simplemente sentía que el dolor le permitía percibir su propia existencia.
Innumerables veces había pensado que quizá debería marcharse así.
Pero como no sabía cuál era exactamente el significado de su nacimiento, quería vivir un día más.
Esperar un poco más.
Él, que siempre había sido seguro de sí mismo y orgulloso.
Él, que hacía cualquier cosa con facilidad y casi nunca encontraba obstáculos…
al menos tenía que descubrir si su existencia poseía algún significado.
Hasta que…
De repente, un día, un joven vestido de rosa apareció ante sus ojos, resplandeciente como el fuego.
De repente, un día, alguien empezó a hablarle perezosamente sobre vivir tumbado sin hacer nada, pero parecía poseer una juventud y una vitalidad inagotables, además de rectitud y sentido de la justicia, y llenó aquella casa de risas y alegría.
De repente, un día, empezó a esperar que alguien llamara a la fría puerta de su oficina…
y que fuera aquel joven quien asomara la cabeza.
Y también, de repente, un día…
él, que siempre había sido seguro y orgulloso, empezó a lamentar y odiar aquel cuerpo destinado a morir.
Porque finalmente tenía un tesoro que temía no poder obtener.
Y que, una vez obtenido…
quería conservar para siempre.
—Antes te dije que, si la operación tenía éxito, te contaría por qué siempre sentía que la vida no tenía ningún interés. Pero en realidad, nada de eso es importante.
Gu Huaiyu estrechó la cintura del joven.
Fijó la mirada en el apuesto rostro de la persona entre sus brazos y, después de hablar largamente, continuó con lentitud:
—En realidad, lo que más quería era esperar el momento adecuado para decirte…
»Que gracias a ti, nunca volví a sentir que la vida fuera aburrida.