Después de que el holgazán se convirtiera en papá de unos pequeños prodigios - Capítulo 83
Gu Duo, con expresión seria, apartó a Mingbao. Este, que casi terminó cayendo sentado sobre él, frunció los labios y lo fulminó con la mirada, cuestionándole de qué lado estaba.
¿¡No habían quedado en que él se encargaría de hacerse el adorable mientras Gu Duo se encargaba de hablar!?
Gu Duo parpadeó sin cambiar su expresión fría:
Hacerse el adorable tampoco requería abrazar a nadie.
Mingbao:
—…
Siguió frunciendo los labios y mirándolo fijamente.
¡Todo feroz, pero de una manera adorable!
La escena hizo reír a Shen Qing.
Hacía un momento todavía había fingido sentirse un poco triste porque los niños no confiaban en él, pero ahora ya se había olvidado por completo y estuvo a punto de soltar una carcajada.
En realidad, comprendía a los pequeños.
No era que no confiaran en él.
Simplemente, Duoduo tenía la costumbre de resolver las cosas por sí mismo y solo recurría a los demás cuando realmente ya no podía hacer nada.
Durante una época de su infancia, Shen Qing también había sido así, por lo que podía comprenderlo bastante bien.
Aunque a menudo le decía a Duoduo que ahora ya tenía papás y no necesitaba cargar con todo él solo.
Y Duoduo también había dicho que confiaba en él.
Pero aquella clase de hábitos profundamente arraigados necesitaban mucho tiempo para cambiar poco a poco.
No había que apresurarse.
Y tampoco hacía falta hacerlo.
Precisamente por eso, Shen Qing no estaba enfadado en absoluto y estaba dispuesto a acompañarlos a ver a los cachorritos.
Ahora, mientras los pequeños lo hacían reír hasta casi doblarse, Shen Qing percibió algo.
Al levantar la cabeza, descubrió que Gu Huaiyu lo estaba mirando desde un lado.
Directamente.
El presidente Gu siempre era silencioso, pero su mirada era franca y ardiente.
Shen Qing se sintió inmediatamente un poco avergonzado. Contuvo su sonrisa y, por reflejo, se tocó la cara.
—…¿Qué miras? ¿Qué pasa?
—Nada.
La voz de Gu Huaiyu sonó ligeramente grave mientras decía con toda seriedad:
—Solo creo que ya debemos haber llegado.
Shen Qing:
—…
Solo entonces notó que el conductor había reducido muchísimo la velocidad.
El conductor tampoco sabía exactamente a qué entrada trasera de la escuela se referían los jóvenes señores. Desde que habían rodeado el recinto, había estado conduciendo a una velocidad extremadamente baja, esperando a que los niños le indicaran cuándo detenerse.
Aunque Gu Duo era inteligente, al final seguía siendo un niño y podía distraerse con facilidad.
Hacía un momento se había concentrado únicamente en impedir que Xu Weiming se abalanzara sobre papá pequeño y se había olvidado de mirar por dónde iban.
Ahora, al escuchar la voz de papá grande, miró inmediatamente por la ventanilla y dijo:
—Es aquí.
El vehículo se detuvo.
Shen Qing bajó con ellos para comprobarlo y después todos tuvieron que admitir que aquellos dos niños realmente tenían talento.
El lugar donde se escondían los perros era un pequeño agujero bajo un muro situado justo enfrente de la entrada trasera de la escuela.
En otras palabras…
El legendario agujero para perros.
La escuela de Gu Duo estaba ubicada en una zona tranquila y ocupaba un terreno enorme, por lo que rara vez había gente cerca de la entrada trasera.
Al otro lado del muro había una universidad con un campus todavía más grande. Probablemente tampoco pasaba demasiada gente por aquella zona.
El agujero donde se refugiaban los cachorros estaba cubierto de maleza.
Desde fuera ni siquiera parecía haber una abertura allí.
Con razón los niños habían dicho que los perros estaban muy bien escondidos.
Realmente lo estaban.
Shen Qing volvió a sentir curiosidad.
—Entonces, ¿cómo encontraron este lugar?
Mingbao respondió:
—Vine con Gu Duo aquí para que memorizara sus lecciones y lo vimos por casualidad.
La verdad era que Duoduo había vuelto a saltarse la clase de educación física para venir a la parte trasera de la escuela a estudiar.
Mingbao había escapado con él para acompañarlo.
Pero Mingbao no conseguía concentrarse en memorizar nada y tampoco podía quedarse quieto, así que empezó a pasear sin rumbo.
Entonces, a través de la entrada trasera de la escuela, vio a un cachorrito salir de aquel agujero del muro.
¡Peludo, torpe y adorable!
¡Conquistó el corazón de Mingbao al instante!
Desde aquel momento no pudo dejar de pensar en él y, después de clases, arrastró a Gu Duo para volver a verlo.
—¡Fue súper adorable cuando el cachorrito asomó la cabecita! —dijo Mingbao.
—Shh —le indicó Gu Duo—. Habla más bajo. No asustes a los cachorros.
—Oh, oh.
Mingbao también se dio cuenta de que estaba hablando demasiado fuerte y se tapó la boca.
Los dos niños se adelantaron para apartar la maleza mientras Shen Qing y los demás esperaban detrás, principalmente para no asustar a los cachorros.
Cuando finalmente los vieron, Mingbao volvió la cabeza hacia Shen Qing con los labios fruncidos y una expresión lastimera.
Gu Duo también se volvió.
Sin expresión, negó con la cabeza hacia papá pequeño.
La mamá perra todavía no había regresado.
Después de pensarlo, Shen Qing dijo:
—En ese caso, nos los llevaremos a casa para cuidarlos… Son demasiado pequeños. No podemos dejarlos aquí.
—¡Sí! ¡Tío Shen aceptó!
Mingbao volvió a agitar sus bracitos y saltó de alegría.
Sin embargo, Gu Duo pensó en algo más.
—Si nos llevamos a los cachorritos y su mamá regresa para buscarlos, ¿qué hará cuando no los encuentre?
La infantil voz de Duoduo planteó aquella pregunta con una lógica impecable.
Shen Qing:
—…
Se quedó paralizado.
Por un momento, tampoco supo qué responder.
Cuando era pequeño había tenido contacto con perros callejeros.
Sabía que algunas madres muy desconfiadas cambiaban inmediatamente de lugar a sus cachorros cuando descubrían que los humanos habían encontrado el refugio.
Pero también había madres callejeras que llevaban voluntariamente a sus cachorros hasta los humanos para que estos los criaran.
Eso normalmente ocurría cuando la madre ya no tenía fuerzas suficientes para sacar adelante a sus crías…
En una situación como aquella, probablemente la mamá perra había decidido dejar a sus cachorros con Duoduo y Mingbao.
En cuanto a por qué se había marchado sola…
Probablemente ya no podía seguir cuidándolos.
Según la descripción de Duoduo y Mingbao, parecía una perra callejera con bastante experiencia.
Así que…
Quizá la mamá perra nunca regresaría.
Pero Shen Qing bajó la mirada.
Los ojos de Duoduo y Mingbao estaban llenos de confusión y preocupación.
Las palabras que estaban a punto de salir de su boca volvieron a quedarse dentro.
—Podemos venir a revisar de vez en cuando. Si descubrimos que la mamá regresó a buscarlos, también podemos llevarla a casa. ¿Qué les parece?
Gu Duo lo pensó.
El plan de papá pequeño le pareció bastante factible y tampoco parecía haber otra solución, así que asintió.
En cuanto Gu Duo estuvo de acuerdo, Mingbao no tuvo ninguna objeción y volvió a saltar gritando de alegría.
Gu Huaiyu, que también había bajado del vehículo, volvió a mirar a Shen Qing.
Después, Duoduo y Mingbao sacaron a los cachorros del agujero, uno cada uno.
Los pequeños perros también eran bastante cautelosos, pero ya estaban familiarizados con el olor de Duoduo y Mingbao, por lo que no rechazaron su presencia.
Cuando los niños extendieron las manos, los cachorros se acercaron a olfatear las puntas de sus dedos y después frotaron las cabecitas contra sus palmas.
Mingbao volvió a soltar una risa clara cuando uno de ellos se frotó contra él.
Ni siquiera le importó que fuera un perrito callejero sucio y quiso hundir directamente la cara en su pelaje.
Shen Qing tuvo que decirle que primero debían examinarlos, bañarlos y vacunarlos antes de poder acariciarlos a gusto.
Solo entonces Mingbao se contuvo.
Por suerte, habían salido acompañados de bastante gente.
Después llevaron a los cachorros a una clínica veterinaria cercana y dejaron allí a dos guardaespaldas esperando los resultados.
Shen Qing y el presidente Gu, mientras tanto, llevaron directamente a los niños a comer pizza.
Cuando terminaron de comer, los cachorros ya habían sido alimentados, examinados y vacunados.
Incluso habían recibido una limpieza y cuidados profesionales.
Desde que su madre se había marchado, los cachorros tampoco habían salido corriendo.
Se habían quedado acurrucados dentro del agujero.
Pero estaban tan sucios que casi habían dejado de parecer perros.
Ahora, completamente limpios, desprendían un suave aroma, y su pelaje había recuperado todo su volumen.
Parecían regordetes, esponjosos y un poco tontorrones.
¡Eran todavía más adorables!
Los cachorros ya habían aprendido a caminar, pero debido al cambio de entorno, los dos permanecían acurrucados juntos.
Casi no se movían ni hacían ruido.
Solo cuando Gu Duo y Mingbao se acercaron, sus cuerpecitos tensos se relajaron ligeramente.
Uno de ellos se puso de pie sobre sus cuatro cortas patitas.
No ladró.
Solo movió la nariz en dirección a Duoduo y Mingbao.
Cuando Duoduo extendió la mano, volvió a frotar la carita contra la palma del pequeño humano y emitió unos suaves sonidos, como si estuviera un poco agraviado.
Mingbao, por su parte, extendió un dedo y acarició la redonda espalda del cachorro.
Al sentirlo, el perrito giró la cabeza para perseguir la mano de Mingbao.
Mingbao volvió a reír a carcajadas.
Mientras tanto, el otro cachorro también se incorporó lentamente sobre sus cuatro patas.
Levantó sus pequeñas orejas y empezó a observar alrededor.
Mirándolo con atención, aquel cachorro incluso tenía los ojos de doble párpado.
Contemplaba su entorno con una mirada confundida.
No era tan vivaz como el otro.
Sus ojos de doble párpado parecían especialmente cautelosos, como si estuviera preparado para volver a hacerse un ovillo en cuanto ocurriera cualquier cosa.
Gu Duo lo vio y también le acarició la cabeza.
Al reconocer que era el pequeño humano que siempre los había tratado bien, el cachorro no volvió a encogerse.
En cambio, soltó un suave gemido infantil y volvió a quedarse quieto.
La escena era tan cálida y acogedora que reforzó una vez más la decisión de Shen Qing de quedarse con los perros.
Antes ya había considerado criar algún animal pequeño.
Y lo primero que había pensado era precisamente en un perro.
Después de todo, se decía que los perros eran amigos de los humanos y que los niños que crecían junto a ellos podían volverse más amables, compasivos, responsables y comprometidos.
Pero Shen Qing solo lo había considerado.
…
Si Duoduo y Aozai hubieran sido niños realmente difíciles de tratar, imposibles de acercar, o si ya hubieran empezado a mostrar rasgos de los futuros villanos que serían, quizá desde el principio habría tenido que adoptar una mascota para intentar atravesar sus defensas emocionales.
Pero sus pequeños eran demasiado obedientes y bondadosos.
¡La situación no tenía nada que ver con aquello!
Además, Duoduo y Aozai ya eran lo bastante responsables.
Si encima les daba algo más que cuidar, ¡¿no acabarían agotados?!
Así que Shen Qing había dejado el asunto de lado.
…
Bueno, tampoco era exactamente que lo hubiera olvidado.
Simplemente lo había ido posponiendo hasta ahora.
No esperaba que al final sí terminarían teniendo mascotas.
Y mucho menos esperaba que Gu Duo, que ya empezaba a mostrar cierto lado frío y duro de su personalidad, fuera tan aficionado a los animales pequeños…
Había pensado que, si algún día tenían una mascota, sería Aozai quien más se entusiasmaría…
Eh.
Un momento.
¿Dónde estaba Aozai?
¿Dónde se había metido la pequeña y rechoncha figura de su Aozai?…
De repente descubrió que Aozai, que normalmente se lanzaba de cabeza hacia cualquier cosa, esta vez no estaba cerca.
Pensándolo bien, desde que había visto a los dos cachorritos, Aozai no se había acercado ni una sola vez.
Shen Qing recorrió el lugar con la mirada.
Finalmente vio a Aozai escondido junto a papá grande.
Tenía los ojos completamente redondos mientras observaba a los cachorros sobre la mesa.
Era incapaz de apartar la mirada.
Pero tampoco se atrevía a acercarse.
Tenía las dos manitas nerviosamente entrelazadas delante del cuerpo y se veía incluso un poco tímido.
Shen Qing:
—…¿?
Miró a Gu Huaiyu.
El presidente Gu, sentado en su silla de ruedas, tocó suavemente el hombro de Aozai con un largo dedo y lo tranquilizó en voz baja:
—Ve. Acércate a verlos.
El veterinario que estaba al lado tampoco entendía muy bien la situación.
—¿El pequeño les tiene miedo a los perros?
Shen Qing tenía exactamente la misma duda.
…
Aozai normalmente se reía feliz cada vez que veía animales pequeños.
Antes había jugado perfectamente con pingüinos y grullas.
¿Por qué de repente les tenía miedo a unos cachorritos?
Además…
¿Cómo era posible que el pequeño protagonista dominante pudiera tenerle miedo a alguna criatura?
—No. Aozai probablemente está…
Gu Huaiyu lo pensó, pero sorprendentemente tampoco encontró una palabra adecuada.
Al final solo dijo:
—Avergonzado.
El veterinario:
—…
Shen Qing:
—…¿?
Ahora que lo pensaba, aunque a Aozai le gustaban los animales pequeños, parecía que realmente nunca había tenido contacto tan cercano con cachorritos.
…
¿Así que estaba avergonzado?
Pero ¿por qué?
Volvió a mirar a Gu Huaiyu.
Este permaneció en silencio unos instantes antes de volver a abrir sus pálidos y finos labios.
—Además de sentirse avergonzado, cree que son demasiado frágiles, demasiado pequeños. Le gustan demasiado, así que no se atreve a tocarlos.
Shen Qing:
—…
Recordó que, cuando salían y encontraban perros grandes, Aozai se lanzaba directamente sobre ellos para acariciarlos por la fuerza.
Pero cuando se encontraba con animales más pequeños y frágiles, en cambio, no solía tocarlos…
Shen Qing creyó comprenderlo.
Aunque Aozai era un pequeño protagonista dominante y su personalidad debía caracterizarse principalmente por la arrogancia y el orgullo, eso no significaba que no pudiera gustarle lo adorable y delicado.
¡De hecho, a su Aozai le encantaba!
¡Probablemente era lo que más le gustaba!
Por eso se avergonzaba.
…
Solo que, como era un pequeño protagonista dominante, sabía que era poderoso, se consideraba noble por naturaleza y parecía haber nacido para mirar al mundo desde arriba.
Precisamente por eso, cuanto más le gustaba algo, menos se atrevía a acercarse.
Porque temía hacerle daño.
¿Esto… era la legendaria ternura oculta bajo una apariencia de hierro?
Después de analizarlo todo, Shen Qing volvió a mirar a Gu Huaiyu.
Tenía muchas ganas de preguntarle al magnate cómo sabía tanto.
Pero, pensándolo mejor, Aozai le tenía miedo a papá grande precisamente por aquella especie de supresión natural entre individuos del mismo tipo.
En el fondo, ambos eran exactamente la misma clase de persona.
Solo que Gu Huaiyu reprimía mucho más su naturaleza, por lo que no daba la impresión de ser uno de aquellos protagonistas dominantes.
Pero el presidente Gu de joven seguramente también había sido extremadamente orgulloso y distante.
…
¿Eso significaba que, cuando era pequeño, el presidente Gu tampoco se atrevía a tocar cachorritos porque le daba miedo lastimarlos?…
Shen Qing parpadeó sorprendido.
Luego, al ver el aspecto tímido de Aozai, decidió ocuparse primero de él.
Se acercó, tomó la pequeña mano del niño y lo llevó directamente hasta la mesa donde estaban los cachorros.
Aozai era demasiado bajito.
Incluso poniéndose de puntillas probablemente no conseguiría ver bien a los perros.
Así que Shen Qing se inclinó, levantó al pequeño y lo sentó directamente sobre la mesa, junto a ellos.
El regordete cachorro humano quedó sentado de repente al lado de los cachorros peludos y cruzó inmediatamente ambos bracitos sobre el pecho.
Aozai miró sorprendido y confundido a Shen Qing.
Luego miró al cachorro de doble párpado que tenía al lado.
¡Ahora estaba todavía más perdido!
Shen Qing:
—…Puedes intentar acariciarlo.
Aozai siguió abrazándose los brazos.
Parecía todavía más inocente que los dos cachorros que hacía un momento se habían acurrucado por miedo.
—El perrito está muy indefenso ahora. Quiere que lo abraces —lo animó Shen Qing.
—Aozai… Aozai…
Aozai tampoco sabía exactamente qué temía.
Pero simplemente no se atrevía a extender su pequeña mano.
¡Siempre le preocupaba acariciar demasiado fuerte al cachorro y romperlo!
Al final fue Duoduo quien tomó la mano de su hermano.
Con mucha suavidad, hizo que los pequeños dedos de Aozai acariciaran una vez la espalda del cachorro.
Y después otra.
Aozai estaba tan nervioso al principio que ni siquiera sintió demasiado.
Pero después de recibir varias caricias, el cachorro se sintió tan cómodo que mostró su suave vientre y se acercó voluntariamente a él.
Solo entonces Aozai comprendió finalmente que aquello no le haría daño.
El pequeño humano, redondo como una bolita, parpadeó.
Sus ojos negros como uvas estaban llenos de asombro.
Esta vez, Aozai finalmente acarició al cachorro por iniciativa propia.
El perrito, que hacía poco todavía estaba asustado, cooperó muchísimo.
Emitió unos pequeños sonidos de satisfacción e incluso abrazó con entusiasmo la mano de Aozai.
—¡Ah! —exclamó Aozai.
Inmediatamente volvió a reír a carcajadas.
Y empezó a acariciar al perro hasta olvidarse por completo de todo lo demás.
Ahora los tres niños rodeaban con curiosidad a los cachorros limpios y bonitos.
Shen Qing pensó que el siguiente paso era ponerles nombres.
A los pequeños ni siquiera se les había ocurrido que los perros necesitaban nombres.
Cuando Shen Qing lo mencionó, los tres levantaron la cabeza al mismo tiempo para mirarlo.
—¿Qué nombres les ponemos?
Mingbao dijo:
—¡Como tío Shen y tío Gu aceptaron quedárselos, que los tíos les pongan los nombres!
Gu Duo y Gu Ao no tenían ninguna objeción.
Gu Huaiyu declaró directamente que él no sabía poner nombres y dejó la tarea en manos de papá pequeño.
Shen Qing:
—…
¡Pero él también era pésimo poniendo nombres!
Levantó la cabeza y reflexionó durante unos segundos.
—Entonces se llamarán Ergou y Goudan.
Los cachorros y los niños:
—¿?
¿Así de improvisado?
Shen Qing asintió sin expresión.
—Los nombres humildes ayudan a crecer sanos.
—…
—Mmm…
Ante las miradas colectivamente atónitas de los niños, Shen Qing decidió tomárselo un poco más en serio.
Si iba a ponerles nombres, primero debía saber de qué raza eran.
Uno de los cachorros tenía el pelaje blanquecino y el otro amarillento.
Ninguno era siquiera tan largo como su antebrazo.
Tenían la cara puntiaguda, las orejas también puntiagudas y erguidas, y la cola fina y no demasiado larga.
Se parecían un poco a los chihuahuas, pero definitivamente no lo eran.
Después de todo, todavía eran cachorros y crecerían.
Shen Qing nunca había criado perros de manera sistemática y tampoco conocía demasiado las razas, así que decidió preguntarle al veterinario:
—Entonces, ¿qué raza son?
—Es evidente que son dos perros rurales chinos —respondió el veterinario.
—Oh.
Shen Qing volvió a asentir.
Y de repente le llegó la inspiración.
—¡Entonces se llamarán Tiantian y Yuanyuan!
El veterinario:
—…
Al final, el más vivaz recibió el nombre de Tiantian y el apodo de Goudan.
El cachorro más tímido, el de doble párpado, se llamó Yuanyuan y recibió el apodo de Ergou.
Shen Qing:
—…
En general, estaba bastante satisfecho con su capacidad para poner nombres.
Lo importante era que a los niños tampoco les preocupaban demasiado los nombres de los perros.
Mientras tuvieran nombres formales, les parecía suficiente.
Así que el asunto quedó decidido.
Ya casi estaba anocheciendo.
Shen Qing consideró que tampoco podían regresar demasiado tarde.
Después de confirmar algunos detalles sobre el cuidado de los perros con el veterinario, pagar una buena cantidad de dinero por una tarjeta de servicios VIP y comprar suficiente alimento para perros como para llenar un vehículo, encargando que lo llevaran a casa, llamó a los niños para que recogieran a los cachorros y regresaran.
Como la mamá de Mingbao no le permitía quedarse a dormir en casa del tío Shen y causarle molestias, por la noche tenía que regresar a su casa.
Cuando el conductor que había ido a buscarlo lo tomó de la mano, Mingbao volvió a abrir mucho los ojos, a punto de llorar.
Al final, Gu Duo tuvo que prometerle que esa noche le haría una videollamada para enseñarle a los cachorros.
Solo entonces aceptó irse a regañadientes.
Cuando Shen Qing y los demás regresaron a casa, el mayordomo ya había preparado un refugio para los perros.
Shen Qing se lo había pedido cuando llevaron a los cachorros a bañarse.
En principio quería instalarlos temporalmente en la sala de estar del primer piso.
Pero para entonces Aozai ya adoraba tanto a los cachorros que no quería separarse de ellos.
En cuanto escuchó que la pequeña casita de tela que había aparecido en la sala era el refugio de los perros, Aozai metió a los cachorros dentro…
Y después se metió él también.
Shen Qing:
—…
Se apresuró a mirar la jaula que habían preparado a un lado para evitar que los perros corrieran por toda la casa durante la noche.
…
Menos mal que el mayordomo no le había dicho que aquello también era para los perros.
Mientras se metía en la casita, Aozai seguía murmurándoles cosas a los cachorros.
Ya era imposible saber en qué idioma hablaba.
Parecía que estuviera jugando a la casita.
Lo sorprendente era que los cachorros incluso cooperaban y de vez en cuando emitían un suave gemido.
Shen Qing:
—…
Dentro de la nueva casita para perros, Aozai estaba acostado boca abajo.
Como no cabía por completo, su pequeño trasero sobresalía por la entrada.
Shen Qing estuvo a punto de doblarse de risa otra vez.
Era demasiado gracioso.
Incluso sacó el teléfono y grabó un video.
Duoduo también se quedó observando durante un rato.
Después anunció que subiría a hacer primero la tarea.
Shen Qing lo detuvo.
—…¿No quieres jugar un rato más?
Gu Duo:
—…
Miró hacia la casita de los perros.
Se detuvo ligeramente.
Después negó con la cabeza con una expresión decidida.
Shen Qing:
—…
Por reflejo, le acarició la cabeza.
…
¡¿Qué clase de autocontrol sobrehumano tenía el joven señor Duoduo?!
Al final, como Aozai quería subir a estudiar con su hermano pero tampoco quería separarse de los cachorros, Shen Qing no tuvo más remedio que ordenar que trasladaran la casita de los perros al piso superior.
La instalaron en la habitación infantil.
Así, mientras Aozai no se metiera dentro del refugio, los dos hermanos podrían estudiar y acariciar a los perros al mismo tiempo.
Dos pájaros de un tiro.
De todas formas, después de la remodelación, la habitación infantil era prácticamente una suite formada por cuatro habitaciones.
Dedicar una de ellas exclusivamente a los cachorros tampoco afectaría nada.
Y, sobre todo, si no lo hacía, Shen Qing estaba convencido de que Aozai se despertaría a mitad de la noche y bajaría a buscar a los cachorros.
…
¡Ternura bajo una apariencia de hierro!
Así que mejor evitarse problemas.
A aquella hora, los cachorros ya habían comido y también tenían sueño.
Cada uno terminó acostado junto a uno de los niños, convertido en una pequeña bola peluda, sin moverse ni hacer ruido.
Y como los perros estaban a su lado, los niños se sentían más tranquilos.
Además, ambos mantenían la espalda todavía más recta.
No permitieron que acariciar a los perros interfiriera con sus estudios.
Shen Qing los observó durante un rato.
Incluso Aozai parecía estudiar con más seriedad que antes.
Últimamente tampoco era necesario que Shen Qing insistiera en que los niños se fueran a dormir.
Gu Duo le había prometido acostarse temprano.
Y si lo había prometido, lo hacía.
Así que, después de observarlos un rato y comprobar que ambos estaban instalados, Shen Qing regresó a su habitación y se dio una ducha.
Cuando volvió a salir, ya eran casi las nueve de la noche.
Al ver que el presidente Gu seguía trabajando, Shen Qing encendió la computadora en el estudio contiguo al dormitorio y jugó un rato.
En realidad, su sala de juegos llevaba bastante tiempo terminada.
Probablemente la habían remodelado poco antes de que Gu Huaiyu ingresara al hospital.
Ahora era una auténtica habitación de videojuegos, equipada con los escritorios y sillas gaming más avanzados del momento.
Pero Shen Qing tampoco sabía por qué.
Quizá simplemente se había acostumbrado a jugar en el estudio.
Rara vez iba a la habitación de videojuegos.
Normalmente se entretenía un poco en el estudio y, cuando terminaba, se iba directamente a dormir.
Antes siempre había sido así.
Pero ahora que el presidente Gu había regresado…
Ni siquiera conseguía concentrarse demasiado en jugar.
Inició sesión con su cuenta de nivel máximo, en la que había gastado una fortuna, y la dejó conectada sin hacer nada.
Después tomó un libro y empezó a leer.
Hasta que, pasadas las nueve, el presidente Gu terminó de trabajar y regresó a la habitación.
—¿Por qué todavía no duermes? —preguntó Gu Huaiyu.
Shen Qing lo miró.
—¿Por qué tienes la cara tan pálida?
Probablemente el presidente Gu se había esforzado demasiado durante todo aquel día.
Shen Qing volvió a sentir lástima por él y dejó rápidamente el libro para acercarse.
Gu Huaiyu se presionó el pecho.
Con el rostro pálido, dijo:
—No es nada. Solo estoy un poco cansado.
—Entonces duerme temprano.
—Bien —respondió Gu Huaiyu—. Voy a asearme.
—Bien, yo te ayudo.
Mientras hablaba, Shen Qing se dispuso a empujar su silla de ruedas.
Gu Huaiyu:
—…¿?
Levantó la cabeza por reflejo.
La penetrante mirada del presidente Gu cayó sobre él.
Shen Qing también se quedó desconcertado y parpadeó antes de explicarse:
—No es como si nunca te hubiera ayudado antes.
Gu Huaiyu también parpadeó.
—…¿Ayudarme con qué?
—A limpiarte el cuerpo. Tus heridas todavía no han sanado y no puedes bañarte.
Gu Huaiyu:
—…Cof.
Se presionó el pecho un poco más.
—No hace falta.
Shen Qing:
—¿…?
Cuando el presidente Gu estaba en el hospital, normalmente había cuidadores profesionales encargándose de él.
Pero las veces que Shen Qing se quedaba a dormir allí, también lo ayudaba ocasionalmente a limpiarse el cuerpo.
Gu Huaiyu no quería que hubiera demasiados extraños en casa molestando a los niños, así que ahora no tenían cuidadores.
Shen Qing pensaba que él podía ocuparse perfectamente.
No esperaba que lo rechazara.
Pero Gu Huaiyu ya había apartado la mirada y controlaba la silla de ruedas hacia el interior.
—Puedo hacerlo solo.
Tampoco parecía dispuesto a explicarse.
—…No tienes que ser tan cortés conmigo.
Shen Qing lo siguió.
Realmente no entendía por qué, con la relación que tenían ahora, el presidente Gu todavía se comportaba con tanta distancia.
—No es como si nunca te hubiera limpiado antes. ¡Eres mi esposo! Es completamente normal que yo te ayude.
Gu Huaiyu:
—…
Dirigió una mirada al joven, que solo llevaba una camiseta sin mangas y pantalones cortos.
Al final, permitió que Shen Qing lo siguiera hasta el baño.
En verano, a Shen Qing tampoco le gustaba demasiado encender el aire acondicionado.
Principalmente porque la habitación era grande y estaba bien ventilada.
Con una camiseta sin mangas y pantalones cortos estaba perfectamente cómodo sin necesidad de aire acondicionado.
Últimamente ese era precisamente su pijama.
La camiseta blanca que llevaba era de diseño común, aunque no tenía nada de común en cuanto al precio.
Además, resaltaba todavía más la línea de su cintura.
Fuera del baño, Shen Qing no había sentido nada de calor.
Pero dentro la ventilación era peor y empezó a sentirse ligeramente sofocado.
Por supuesto, su esposo era más importante.
Después de todo, el presidente Gu trabajaba tanto por aquella familia.
Shen Qing ignoró directamente el calor y empezó a desabrocharle la camisa.
Gu Huaiyu:
—…
Después de quitarle la ropa, Shen Qing ya había tomado una toalla y la había humedecido con agua tibia.
Con movimientos bastante hábiles, empezó a limpiarle la espalda al presidente Gu.
La espalda de Gu Huaiyu se tensó.
Permaneció completamente inmóvil.
Como acababan de cambiarle los vendajes, tampoco era apropiado utilizar gel de baño.
En el baño flotaba un fresco aroma a fresa.
Era difícil saber si provenía de Shen Qing o si había quedado allí desde que el joven se había duchado antes.
Los movimientos de Shen Qing fueron inesperadamente eficientes.
Terminó rápidamente con la espalda y rodeó la silla para limpiarle la parte delantera del cuerpo.
Observando de cerca el perfil del joven, Gu Huaiyu dio dos ligeros golpecitos con las puntas de los dedos sobre el apoyabrazos de la silla.
—Antes dijiste que eras muy bueno cuidando a las personas porque llevabas mucho tiempo atendiendo a alguien… Así que no era a Shen Yuan.
Shen Qing, que ya le había confesado al presidente Gu que provenía de otro mundo, respondió:
—Claro que no. Antes ni siquiera conocía a Shen Yuan…
Al llegar a ese punto, levantó repentinamente la cabeza hacia el magnate y parpadeó.
—¡¿Así que ya entonces estabas celoso de Shen Yuan?!
Shen Qing ni siquiera recordaba exactamente cuándo había ocurrido aquello.
Solo recordaba que había sido poco después de mudarse al piso superior…
Ahora que lo pensaba, Duoduo también había contribuido a acercarlos aquella vez.
En cualquier caso, para entonces Duoduo ya había empezado a aceptarlo.
El pequeño, que carecía de sensación de seguridad, quería que él viviera junto a Gu Huaiyu y que no durmieran separados.
Así que Shen Qing se había mudado arriba.
Y la primera vez que entró en aquel baño fue precisamente para ayudar a Gu Huaiyu a secarse el cabello.
En aquel momento, el presidente Gu había comentado que Shen Qing sabía cuidar muy bien a la gente.
Shen Qing había improvisado una mentira y respondió que, en la familia Shen, llevaba mucho tiempo acostumbrado a atender a los demás.
Después el magnate había desviado el tema hacia Shen Yuan…
¡Así que resultaba que Gu Huaiyu había creído que la persona a la que Shen Qing atendía era Shen Yuan!
¡Y encima el magnate se había puesto celoso!
Ante el descubrimiento de Shen Qing, Gu Huaiyu no confirmó ni negó nada, como si aquello careciera de importancia.
Simplemente adoptó una expresión muy seria y de repente bajó la voz para preguntar:
—Entonces, la persona a la que cuidabas pertenecía a tu mundo original. ¿Quién era?
Shen Qing respondió:
—Eran… mi abuelo y mi abuela.
Gu Huaiyu:
—…
Una expresión de sorpresa apareció entre las cejas del presidente Gu y desapareció toda la ferocidad que había mostrado hacía un instante.
Los vínculos familiares siempre habían sido débiles dentro de la familia Gu.
Aquella respuesta parecía ser algo que jamás había imaginado.
Shen Qing no encontró nada extraño en ello.
Mientras seguía limpiándole el cuerpo, explicó:
—Mi abuela me crio desde pequeño. Cuando estaba en secundaria, mi abuelo enfermó y murió. Antes de eso, lo cuidé durante un tiempo. Después fue mi abuela… En sus últimos años también fui yo quien la cuidó.
—…
Además de sorpresa, apareció algo de culpa en la expresión de Gu Huaiyu.
Su nuez se movió.
—Lo siento.
—No pasa nada —dijo Shen Qing—. Mi abuela murió de vejez, en paz. Además, nunca te había contado nada de esto.
Gu Huaiyu permaneció ligeramente en silencio.
Después, de repente, llevó una mano al rostro del joven.
Al sentir las frías puntas de sus dedos acariciándole la mejilla, Shen Qing levantó la cabeza sorprendido.
Gu Huaiyu le preguntó:
—Tus abuelos eran muy importantes para ti.
—Sí. Ellos me criaron. En realidad, mi historia se parece un poco a la de Duoduo y los demás.
—…
Gu Huaiyu guardó silencio.
Simplemente lo contempló durante un largo rato.
Los dedos que recorrían su mejilla se movían con mucha suavidad, como si quisieran consolarlo.
Shen Qing sintió un poco de cosquillas y volvió a sonreír.
—Pero tampoco pasa nada. Todo eso ya quedó atrás.
Gu Huaiyu reflexionó un instante.
—Cuando Duoduo estaba preocupado por que la mamá perra regresara, dijiste que podían volver a revisar de vez en cuando y que, si ella regresaba a buscarlos, también la traerían a casa. En realidad, lo dijiste deliberadamente, ¿verdad?… Ya sabías que la mamá probablemente no volvería.
Hacia el final, el magnate prácticamente ya no estaba preguntando.
Lo afirmaba.
Shen Qing:
—…Bueno, tampoco podemos estar completamente seguros. ¿Y si simplemente se perdió?
Después de decirlo, guardó silencio.
Gu Huaiyu también.
Ambos sabían que era prácticamente imposible que simplemente se hubiera perdido.
Shen Qing volvió a decir:
—Quizá la mamá pensó que podía confiarles sus cachorros a Duoduo y a Mingbao y los dejó allí para irse por su cuenta… Ay, en fin. ¿Para qué darle tantas vueltas?
Gu Huaiyu respondió:
—Mm.
Shen Qing continuó:
—Solo creo que Duoduo y los demás todavía son demasiado pequeños. Si ni siquiera se han dado cuenta de que la mamá podría haber muerto, tampoco hace falta que sepan demasiado… Eh, cosas que no serviría de nada que supieran.
Además, la compasión en los ojos de Gu Duo había sido demasiado evidente.
Shen Qing no podía evitar sentir que aquellos dos cachorros se parecían a Duoduo y Aozai en el pasado.
Sin su madre.
Perdidos y desorientados.
Sin comprender nada de aquel mundo.
Solo capaces de acurrucarse juntos para darse calor.
Así que…
Después de haber experimentado ya una vez la pérdida de su madre, no había necesidad de obligar a Duoduo a enfrentarse otra vez a la crueldad de la vida.
Y además…
Shen Qing bajó nuevamente la mirada hacia los vendajes alrededor de la cintura del presidente Gu.
Se mordió inconscientemente el labio antes de continuar:
—En fin, ¿para qué pensar tanto?
Después volvió a incorporarse.
Ya había terminado de limpiarle la parte superior del cuerpo y recuperó su tono despreocupado.
—Magnate, ya puedes quitarte los pantalones.
Gu Huaiyu:
—…
Gu Huaiyu se puso de pie.
Pero no hizo lo que Shen Qing acababa de decir.
En cambio, extendió sus largos brazos y encerró al joven contra el lavabo.
—Eres muy sensible —dijo Gu Huaiyu de repente.
—¿Mm?
Shen Qing no entendió.
Pero Gu Huaiyu tampoco siguió hablando.
Observó cuidadosamente al joven.
Cuanto más convivía con él, más comprendía que Shen Qing era una persona de sentimientos delicados.
No era tan despreocupado como aparentaba normalmente.
Quizá simplemente no quería aferrarse al pasado.
Tampoco quería angustiarse por el futuro.
Por eso podía sonreír con tanta brillantez, sin dejar que nada ensuciara su ánimo.
…
Sensible.
De corazón delicado.
Y, al mismo tiempo, siempre capaz de encontrar una forma de seguir avanzando.
Luminoso.
Y capaz también de transmitir esa calidez a los demás.
Shen Qing.
—Te llamas Shen Qing.
De repente, Gu Huaiyu abrió ligeramente sus finos labios.
Con aquel rostro pálido y atractivo, pronunció esas palabras.
Shen Qing:
—¿Ah?
La forma en que el magnate lo examinaba ya lo había dejado completamente desconcertado.
Pero supuso que le estaba preguntando cómo se llamaba en su mundo original.
Así que asintió.
—Sí. Allí también me llamaba Shen Qing.
Gu Huaiyu volvió a guardar silencio.
Solo llevó una mano hasta su rostro.
—No es nada. Solo estaba pensando que eres muy adorable.
Su voz fue tranquila.
Y habló muy despacio.
Incluso al pronunciar la palabra «adorable».
Parecía que el magnate hablaba completamente en serio.
Realmente pensaba que era adorable.
Shen Qing:
—…Eso se llama ser guapo.
No pudo evitar corregirlo.
Entonces Gu Huaiyu sonrió.
Su voz ronca y profunda tenía una textura capaz de embriagar a cualquiera.
Incluso su rostro parecía haber recuperado algo de color y vitalidad en comparación con cuando acababa de regresar a la habitación.
Shen Qing:
—…
Seguro que era porque hacía demasiado calor en el baño.
De lo contrario, ¿por qué volvía a sentir aquella descarga eléctrica recorriéndole el coxis?
Contuvo el impulso de retorcerse y empujó un poco a Gu Huaiyu.
Deliberadamente añadió impaciencia a su voz:
—Entonces, magnate, ¿qué haces? ¡Quítate los pantalones de una vez! ¡Cuando terminemos tenemos que dormir temprano!
Gu Huaiyu:
—…
La mano que acariciaba su rostro se detuvo.
Seguía mirándolo fijamente.
Su mirada descendió lentamente.
Su respiración pareció volverse más profunda.
Al sentir el cálido aliento de Gu Huaiyu rozarlo, Shen Qing, que ya casi no tenía espacio para moverse ni ningún lugar al que escapar, también inhaló profundamente por reflejo.
Sus respiraciones se entrelazaron.
Gu Huaiyu pasó suavemente el pulgar por los labios del joven.
Pero Shen Qing soltó de repente un «ah» y adoptó una expresión de haberlo comprendido todo.
—¿Tú también estás avergonzado?
Gu Huaiyu:
—…¿Avergonzado?
—Mm, mm.
Como el presidente Gu acababa de mencionar a los cachorros, Shen Qing recordó naturalmente lo ocurrido en la clínica veterinaria.
El magnate había explicado que Aozai no se atrevía a acercarse a acariciar a los perros porque estaba avergonzado.
¡Pero el presidente Gu también tenía esa ternura oculta bajo una apariencia de hierro!
Además, siendo alguien capaz de imponerse naturalmente sobre Aozai, ¡su caso solo podía ser todavía más grave!
…
Aozai podía mostrar una timidez sin precedentes porque le gustaban demasiado los animales pequeños y delicados.
Quizá el magnate también.
Aunque él no fuera un animalito pequeño y delicado.
Pero…
¡Al magnate le gustaba él!
Así que probablemente se había negado durante tanto tiempo a dejar que Shen Qing le limpiara el cuerpo porque estaba avergonzado.
Quizá simplemente porque lo quería y le daba vergüenza acercarse demasiado.
O quizá, debido a su orgullo, no quería mostrar un lado vulnerable frente a la persona que amaba.
Shen Qing, ahora indiscutiblemente la persona amada por el magnate, dijo:
—Me lo hubieras dicho antes. Seguramente puedes encargarte tú solo de las piernas, así que hazlo tú.
Mientras hablaba, realmente empezó a sentir demasiado calor.
Quería salir para refrescarse.
…
¡En verano había lugares donde el aire acondicionado sí era necesario!
Pero Shen Qing no consiguió marcharse.
Los brazos que lo encerraban a ambos lados seguían allí.
Shen Qing volvió a mirar a Gu Huaiyu sorprendido.
Bajo su mirada, Gu Huaiyu volvió a inhalar profundamente.
—Me preocupa que me veas, pero no porque esté avergonzado. Es porque temo asustarte.
Shen Qing:
—¿?
Recordó que el magnate había explicado otra razón por la que Aozai no se atrevía a tocar a los cachorros.
Sabía que él mismo era fuerte.
Por eso, frente a criaturas débiles y pequeñas, no se atrevía a acercarse, por miedo a hacerles daño.
Entonces…
¿De verdad él era un «animalito débil» delante del magnate?
Shen Qing preguntó:
—¿Qué tienes que podría asustarme?
Gu Huaiyu:
—…
Gu Huaiyu no respondió.
Apretó ligeramente los labios y se limitó a decir:
—Sal primero. Yo me encargo.
Mientras hablaba, levantó una mano y giró el cuerpo.
Terminó apoyándose contra el lavabo y dejó libre el paso para Shen Qing.
Shen Qing:
—…
¿Por qué sentía que había dejado la frase a medias?
¡¿Qué demonios era lo que podía asustarlo?!
Shen Qing no pudo evitar girarse para mirar a Gu Huaiyu.
Apoyado contra el lavabo, su cuerpo se veía delgado pero alto y esbelto.
Durante aquellos últimos meses, el magnate rara vez se había puesto de pie.
No porque no quisiera, sino porque su cuerpo seguía débil durante la recuperación.
Ahora tenía la parte superior del cuerpo ligeramente inclinada y tampoco mantenía las piernas completamente rectas.
Aun así, su figura seguía siendo alta y estilizada.
Visto de perfil, sus facciones parecían todavía más definidas y duras.
La expresión con la que bajaba ligeramente los ojos hacia el suelo incluso tenía algo de melancolía, especialmente combinada con la palidez de su rostro.
Shen Qing…
Por supuesto que no podía simplemente marcharse así.
—¡Está bien! ¡No importa qué tengas en las piernas, no me asustaré! ¡Deja de estar de pie y quítatelos de una vez! ¡No puedes permanecer tanto tiempo parado!
Mientras hablaba, volvió sobre sus pasos para ayudar a Gu Huaiyu a sentarse en la silla de ruedas.
Gu Huaiyu:
—…Cof.
Volvió a empezar a toser sin poder contenerse.
Ahora lo que más temía Shen Qing era verlo toser.
Cada vez que lo hacía, existía la posibilidad de que se le abrieran las heridas.
Así que dio inmediatamente otro paso hacia delante y rodeó la cintura del magnate con un brazo, intentando llevar él solo a Gu Huaiyu de vuelta a la silla de ruedas…
Pero quizá se acercó demasiado.
Los movimientos de Shen Qing se detuvieron.
La tos de Gu Huaiyu también se interrumpió.
Shen Qing:
—…Eh… eh…
Movió los ojos.
Miró hacia el espejo situado sobre el lavabo.
La postura en la que estaban él y el magnate…
Gu Huaiyu tenía las piernas largas y la cadera alta.
Para apoyarse sobre un lavabo que, para él, quedaba bastante bajo, naturalmente tenía que doblar las largas piernas y separarlas ligeramente para distribuir el peso y mantener el equilibrio.
Y Shen Qing, apresurado por sujetarlo, había terminado colocándose inconscientemente entre aquellas largas piernas.
Después, en cierto momento, mientras tosía, el cuerpo de Gu Huaiyu también se había inclinado hacia delante.
…
Shen Qing:
—…
Parpadeó frenéticamente frente al espejo.
…
¡Parecía que estaban bastante pegados!
Gu Huaiyu también se había quedado tan paralizado que incluso había olvidado seguir tosiendo.
Su voz grave y ronca sonó lentamente junto al oído de Shen Qing:
—…¿Ahora sabes qué es lo que podría asustarte?
Shen Qing:
—…
¿?
¡¡¡!!!
—…¡No, espera! ¡Magnate, ¿no se suponía que tú no podías hacerlo?!
Fue la pregunta que brotó directamente del alma de Shen Qing.