Después de que el holgazán se convirtiera en papá de unos pequeños prodigios - Capítulo 6
Después de aquello, Shen Qing pasó tres días enteros acostado, recuperándose de la herida en la parte posterior de la cabeza.
No era que no quisiera moverse. Entre las secuelas de haber transmigrado dentro de la novela y el dolor de cabeza, durante esos tres días estuvo prácticamente sumido en un estado de somnolencia constante.
Parecía haber tenido muchos sueños, pero no lograba recordar qué había ocurrido en ellos.
O quizá ni siquiera había soñado.
Se la pasó durmiendo y apenas podía levantarse de la cama.
Y, evidentemente, no era el único que no podía levantarse.
En los escasos momentos en que estaba despierto, Shen Qing escuchó decir a los sirvientes que le llevaban la comida que el señor Gu también había enfermado.
Durante los últimos dos días no se había levantado de la cama y, al parecer, los médicos habían dicho que la situación no era muy alentadora.
La mujer que le llevaba la comida no paraba de suspirar, preocupada tanto por el señor Gu como por su propio futuro. Después de todo, allí pagaban bien y tenían bastante libertad. Nadie quería que le ocurriera algo al pilar de aquella casa.
La mujer suspiró tantas veces que hasta Shen Qing, acostado en la cama, empezó a sentir una pizca de culpa.
…Esta vez parecía que Gu Huaiyu había enfermado por culpa de la impresión que él le había causado.
…Después de todo, aquella noche, en cuanto Shen Qing lo llamó con voz dulce y melosa «esposo», el señor Gu comenzó a toser violentamente. Al final ni siquiera podía respirar bien, asustando tanto a Shen Qing que este corrió a buscar al médico.
Por suerte, en la casa ya se encontraba instalado un equipo médico que pudo atender al presidente Gu a tiempo.
De lo contrario, las consecuencias habrían sido inimaginables.
Era cierto que Shen Qing le había echado el ojo a su herencia, pero no dejaba de ser una persona común y corriente. Era incapaz de quedarse mirando tranquilamente cómo alguien moría frente a él.
Aunque, pensándolo bien…
¿Que él lo llamara «esposo» realmente podía causarle semejante impresión a Gu Huaiyu?
Como hombre heterosexual, Shen Qing también había bromeado a menudo con sus amigos heterosexuales.
Por supuesto, no llegaban al extremo de llamarse «esposo» entre ellos, pero sí bromeaban y se molestaban mutuamente.
Cuando se ponían a jugar, podían decir prácticamente cualquier cosa.
Shen Qing siempre lo había considerado algo completamente normal, así que llamar «esposo» a Gu Huaiyu le había salido con absoluta naturalidad y sin la menor carga psicológica.
Entonces, ¿por qué el presidente Gu había reaccionado así…?
Ay.
Ya lo había dicho: aquel hombre pensaba demasiado.
Se atormentaba mentalmente con demasiada facilidad.
O quizá…
¿Gu Huaiyu había reaccionado de aquella manera precisamente porque le gustaban los hombres?
…
Aunque, con el cuerpo en aquel estado, ¿qué diferencia había entre que le gustaran los hombres o las mujeres?
Alguien que solo podía desplazarse en silla de ruedas probablemente tampoco tenía funcionando el «CPU» de abajo.
¿Para qué hablar entonces de orientación sexual?¹
Pensándolo así, Shen Qing volvió a considerar que la recaída del presidente Gu probablemente no tenía demasiado que ver con él.
Quizá simplemente se había esforzado demasiado y su cuerpo ya no había podido soportarlo.
Había oído decir que Gu Huaiyu era un adicto al trabajo.
Incluso estando tan débil, siempre que tenía algo de energía continuaba ocupándose de asuntos laborales…
Como alguien que había trabajado bajo el régimen 996, que había hecho tantas horas extra que terminó desmayándose y finalmente murió tras caer por unas escaleras, Shen Qing creía poder comprender los sentimientos del presidente Gu.
A veces había trabajos que no podías simplemente decidir dejar de hacer.
Él no había sido más que un empleado de una gran empresa y, aun así, su puesto parecía incapaz de funcionar sin él.
El presidente Gu movía cientos de millones en cuestión de minutos y había incontables empleados que dependían de él para mantener a sus familias.
Con mayor razón no podía permitirse bajar la guardia.
Ante semejante situación, Shen Qing solo pudo suspirar profundamente.
Y después eligió, con todavía mayor determinación, seguir tumbado sin hacer nada.
Así era.
Después de experimentar una vez la vida y la muerte, ya había dejado de darle tanta importancia al dinero y a las propiedades.
Si trabajabas hasta morir, lo perdías todo.
También desaparecía todo el dinero que tanto te había costado ahorrar.
Entonces, ¿de qué servía?
Por eso, durante aquellos tres días, Shen Qing permaneció tumbado con absoluta tranquilidad.
Probablemente nunca en toda su vida había dormido de aquella manera: sin preocupaciones, sin pensar en las consecuencias ni en lo que podía ganar o perder y, sobre todo, sin poner una alarma.
Solo cuando terminó de recuperarse por completo, durmió todo lo que necesitaba y tanto la herida como el chichón de la parte posterior de su cabeza prácticamente desaparecieron, Shen Qing finalmente se levantó.
Encendió el teléfono del dueño original y una avalancha de mensajes apareció de inmediato.
El dueño original no era precisamente bueno socializando, pero había muchísimas personas enviándole mensajes.
De hecho, Shen Qing había apagado el teléfono precisamente porque no dejaba de sonar.
El dueño original era introvertido y tímido, así que antes tenía muy pocos amigos.
Fue después de casarse con Gu Huaiyu cuando, de repente, empezó a tener muchos más.
La mayoría eran personas que había conocido en la industria del entretenimiento.
Salvo aquellos artistas que habían debutado al mismo tiempo bajo la dirección de Miao Feiyu y que siempre habían despreciado al dueño original, prácticamente todos los demás que tenían alguna forma de relacionarse con él ya habían acudido a adularlo.
Personas que antes ni siquiera lo conocían de pronto comenzaron a tratarlo con entusiasmo.
Actores, modelos, streamers e incluso trabajadores de la industria parecían haber encontrado, de la noche a la mañana y por toda clase de razones, una manera de añadirlo a WeChat.
Y desde entonces le enviaban regularmente la cantidad justa de saludos y muestras de preocupación.
Era difícil acostumbrarse a tanta atención repentina.
El dueño original todavía se encontraba en una etapa en la que se sentía abrumado por semejante favor.
Pero, al mismo tiempo, disfrutaba muchísimo de aquellas atenciones.
Era una persona con un fuerte complejo de inferioridad.
Sin embargo, cuando de repente todo el mundo a tu alrededor comienza a preocuparse por ti, a elogiarte y adularte, con el paso del tiempo aquella inseguridad termina desapareciendo por sí sola.
Y esa sensación de ser el centro de todas las miradas también haría que el dueño original se volviera cada vez más engreído en el futuro y que sus deseos crecieran sin cesar.
Aunque sabía perfectamente que aquellas personas solo adulaban el poder y el dinero de la familia Gu, terminó perdiéndose entre todos aquellos halagos.
Eso fue precisamente lo que provocó que, más adelante, se volviera cada vez más codicioso y, después de la muerte de Gu Huaiyu, cada vez más desenfrenado.
Shen Qing pasó rápidamente por todos aquellos mensajes de WeChat repletos de calidez y preocupación.
Para ser sincero, aunque él mismo no tenía ningún complejo de inferioridad, tampoco creía poseer la fortaleza suficiente como para recibir tantos halagos sin terminar volviéndose engreído.
Así que decidió no leerlos detenidamente ni responder.
Entonces descubrió, para su sorpresa, que cuando todos los demás no hacían más que decir cosas aduladoras y vacías, encontrar de repente un mensaje cuyo tono no fuera tan cortés le producía incluso cierta emoción.
[Hao Yi: Oye, ¿qué haces? ¿Por qué llevas días sin responder? ¿Estás jugando a desaparecer o haciéndote el muerto?]
[Hao Yi: ¿Cómo está últimamente ese marido que te cayó gratis? ¿Siguen ahí esos dos niños? ¿Cuándo vas a dejarme visitar esa villa tuya?]
Shen Qing:
«…»
¡Modo combate activado!
Aquel era el amigo de la infancia del dueño original.
Y también era alguien con unos valores bastante cuestionables, responsable en buena medida de haber llevado al dueño original por el mal camino.
Solo leer la forma en que hablaba ya resultaba irritante.
Shen Qing recordaba que el dueño original había comenzado a maltratar y manipular psicológicamente a los niños desde aquella época y que, más adelante, los abusos y persecuciones se habían vuelto todavía peores.
Y todo ello había sido instigado e incluso alentado por aquella persona.
De lo contrario, siendo el dueño original tan cobarde, por mucho que detestara a los niños, jamás se habría atrevido a incumplir su promesa y maltratarlos mientras Gu Huaiyu todavía estaba vivo.
Sin importar cuáles fueran las verdaderas intenciones de Hao Yi, cuanto antes rompiera relaciones con alguien así, mejor.
Shen Qing, con el modo combate completamente activado, respondió:
[Mi esposo está muy bien de salud últimamente y los niños son encantadores. Gracias por preocuparte.]
Enviar.
Bloquear.
Eliminar contacto.
Shen Qing dejó alegremente el teléfono a un lado y decidió arreglarse un poco.
Frente al espejo del baño de su dormitorio había un joven de labios rojos, dientes blancos y facciones atractivas y elegantes.
Su cabello negro había crecido un poco y caía suelto sobre las sienes y a ambos lados de las orejas, haciendo resaltar todavía más la piel clara y los rasgos delicados y perfectamente definidos de la persona reflejada.
Shen Qing le guiñó un ojo a su propio reflejo.
Estaba más que satisfecho con su apariencia.
El personaje de Shen Qing en Nuevo Mundo había generado bastante controversia.
Además de que su crueldad había contribuido a crear a los dos futuros antagonistas, el hecho de que hubiera aceptado casarse en lugar de otro por amor también había dado muchísimo de qué hablar.
Según la configuración de la historia, Shen Qing solo pertenecía a una rama secundaria de la familia Shen y, en esencia, trabajaba para ellos.
Sin embargo, inexplicablemente, había conseguido llamar la atención del joven amo Shen Yuan.
No solo se conocían bien, sino que Shen Yuan incluso le había dado la oportunidad de debutar en la industria del entretenimiento.
Aquello, de por sí, resultaba extraño.
En realidad, «Shen Qing» era introvertido y obstinado.
Si Shen Yuan no hubiera tomado la iniciativa de acercarse a él cuando eran jóvenes, Shen Qing jamás se habría atrevido a aproximarse al joven amo.
Y si Shen Yuan no lo hubiera ayudado directa o indirectamente en varias ocasiones, ofreciéndole cierta calidez, aquel Shen Qing egoísta y de mentalidad estrecha tampoco se habría enamorado de él hasta el extremo de casarse en su lugar por amor.
Por supuesto, Shen Yuan, como protagonista shou, siempre había sido presentado como un amor platónico inalcanzable y adorado por todos.
No era extraño que el dueño original se enamorara de él.
Pero que Shen Yuan tomara la iniciativa de acercarse a alguien como Shen Qing para hacerse su amigo…
Eso ya resultaba un poco difícil de justificar.
Después de todo, en la familia Shen trabajaban muchos chicos y chicas de una edad similar a la de Shen Qing.
Y entre aquellas personas también había muchas dispuestas a aceptar una alianza matrimonial con la familia Gu a cambio de beneficios…
Gu Huaiyu estaba a punto de morir, sí.
¡Pero era famoso y, sobre todo, tenía dinero!
Entonces, ¿por qué al final tenía que ser precisamente Shen Qing quien se «sacrificara», se lanzara a sustituir a Shen Yuan en aquel matrimonio por amor y luego, debido a toda clase de resentimientos, terminara perjudicando a los niños de la familia Gu?
La premisa sonaba bastante poco razonable.
Según recordaba, muchos lectores habían acusado al autor de forzar la trama y establecer situaciones absurdas.
Cuando Shen Qing había leído la novela, no se había detenido demasiado a analizar si aquellos acontecimientos eran razonables.
Solo recordaba que el autor había enfatizado que todo aquello se debía a que «Shen Qing» era bastante atractivo.
Extraordinariamente atractivo.
Lo bastante como para obtener la aprobación del patriarca de la familia Shen.
Y lo bastante presentable como para que enviarlo a la familia Gu no perjudicara la imagen de los Shen.
Por eso no habían tenido inconveniente en elevar su posición y permitir que se casara en lugar de Shen Yuan.
Pero solo después de descubrir que el personaje tenía exactamente su mismo rostro, Shen Qing finalmente comprendió las buenas intenciones del autor.
Con alguien tan guapo como él, ¡era perfectamente comprensible que el protagonista shou no hubiera podido resistirse a acercarse por iniciativa propia!
También era comprensible que el patriarca de la familia Shen hubiera aceptado enviarlo.
¡Y todavía más comprensible que la familia Gu hubiera aceptado a un miembro de una rama secundaria cuyo estatus había sido elevado a la fuerza!
¡Todo se reducía a una cuestión de apariencia!
Shen Qing siempre había sabido que era guapo.
Cuando estudiaba, las cartas de amor que recibía podían llenar por completo el compartimento de su pupitre.
Pero para alguien pobre, estudiar era mucho más importante.
Shen Qing rara vez se miraba al espejo y nunca había prestado demasiada atención a su apariencia.
Sin embargo, ahora que podía imaginarse a sí mismo como el «Shen Qing» de la novela, sintió con absoluta claridad que la idea del autor era totalmente razonable y que la trama no estaba forzada en absoluto.
Cuánto deseaba poder regresar a su antiguo mundo, entrar en la sección de comentarios y defender al autor diciendo:
¡Ser guapo realmente lo explica todo!
Después de asearse, Shen Qing se cambió y se puso ropa cómoda de casa antes de abandonar su habitación.
…Todo aquel rosa del dormitorio seguía resultándole demasiado agresivo para la vista.
Necesitaba salir a descansar los ojos.
En cuanto salió y vio el pasillo y la pequeña sala decorados casi exclusivamente en blanco y negro, finalmente sintió que su corazón recuperaba la calma.
¡Adoraba el estilo europeo minimalista!
Al menos en ese aspecto, sus gustos coincidían con los de un magnate cuyo patrimonio ascendía a decenas de miles de millones.
Eso demostraba que tampoco era tan provinciano ni tenía tan poco mundo.
¡Sí!
—Señor consorte, ¿desea beber algo?
En cuanto Shen Qing apareció en la sala de estar del primer piso, uno de los sirvientes se acercó por iniciativa propia para preguntarle qué necesitaba.
Al principio, Shen Qing no se acostumbraba demasiado a términos como «sirvientes» o «señor consorte», pero había transmigrado dentro de una novela de familias adineradas de estilo clásico y todo el mundo utilizaba aquellas expresiones.
Pedirles que cambiaran la forma de dirigirse a él probablemente les resultaría todavía más extraño, así que terminó aceptándolo.
—…Un café y un vaso de leche. Sin azúcar, gracias.
El sirviente asintió y enseguida fue a prepararlos.
En teoría, como la herida de la cabeza de Shen Qing todavía no había terminado de sanar, no debería beber café.
Sin embargo, los sirvientes se limitaban a ocuparse de sus propias tareas. No se atrevían a entrometerse y mucho menos a sobrepasar su posición para interferir en los asuntos del señor consorte.
Gu Huaiyu era de carácter frío, no le gustaban los ambientes bulliciosos y además era muy estricto con los demás.
Solo después de enfermar y retirarse de la vida pública se había mudado a aquella villa para vivir solo.
Como estaba próximo a morir, únicamente había contratado a unos pocos sirvientes para encargarse de sus necesidades más básicas.
Los sirvientes que trabajaban actualmente en la casa, incluido el mayordomo, habían sido contratados apresuradamente después de que Gu Duo y Gu Ao llegaran a vivir allí.
Llevaban menos de medio año juntos y ninguno tenía una relación particularmente cercana con el señor Gu.
Por eso nadie se atrevía a hablar de más ni a hacer sugerencias innecesarias.
Del mismo modo, los sirvientes de la villa tampoco tenían ninguna opinión especial sobre él, el señor consorte que había llegado después.
Todos trabajaban a cambio de un salario.
Siempre que algo estuviera dentro de sus responsabilidades, obedecían sin problemas.
Shen Qing hacía tiempo que se había dado cuenta de que en aquella casa gozaba de una libertad enorme.
Probablemente también era gracias a eso que el dueño original había podido maltratar descaradamente a los dos niños sin que nadie lo descubriera.
Solo tenía que despedir momentáneamente a los sirvientes o llevarse a los pequeños a algún lugar donde no hubiera nadie…
Eh.
Ahora que lo pensaba…
¿Dónde estaban aquellos dos pequeños futuros antagonistas durante los tres días que él había pasado durmiendo?
El sirviente no tardó en prepararle el café.
Pero Shen Qing ni siquiera alcanzó a darle un sorbo cuando escuchó ruido procedente de la zona de las escaleras.
Además del ascensor que utilizaba Gu Huaiyu, la villa tenía dos escaleras.
Una era amplia, imponente y recta.
La otra era una elegante escalera de caracol, aunque no resultaba demasiado práctica.
El ruido provenía precisamente de la escalera de caracol.
A Shen Qing le pareció escuchar a unos niños peleándose, así que se levantó rápidamente y caminó hacia allí.
En ese momento apareció el mayordomo.
Probablemente también sabía que algo estaba ocurriendo y le informó en voz baja:
—Esta mañana vino la tercera señorita Gu con sus hijos. Probablemente los jóvenes amos estén jugando juntos.
Shen Qing:
¿La… tercera señorita Gu?
¿Qué era eso?
Tuvo que rebuscar entre los recuerdos del dueño original para comprender que probablemente se refería a la tercera hermana mayor de Gu Huaiyu.
La familia Gu era una de las familias más ricas y poderosas.
Solo los hermanos y hermanas que compartían padre con Gu Huaiyu eran siete.
Sin embargo, los Gu también eran conocidos por ser una familia particularmente fría.
Por fuera parecían llevarse bien y todos vivían juntos como una gran familia, pero en realidad su interior estaba lleno de rencores y conflictos.
De lo contrario, Gu Huaiyu no habría terminado en su situación actual.
Y Gu Duo y Gu Ao tampoco se habrían quedado sin nadie dispuesto a cuidarlos.
Como la familia Gu era prácticamente el origen de los antagonistas de la novela, la obra original sí había descrito con bastante detalle toda la información relacionada con ellos.
Pero Shen Qing no había prestado demasiada atención cuando leyó aquella parte, así que no sabía mucho sobre los Gu.
Además, el dueño original apenas llevaba unos meses casado y todavía estaba muy lejos de tener una relación cercana con aquella familia…
Incluso a aquella «tercera señorita Gu» solo la había visto brevemente una vez.
Aparte de la impresión general de que los miembros de la familia Gu solían comportarse con superioridad, no recordaba nada especial sobre ella.
Entonces, desde aquella dirección, se escuchó el chillido estridente de un niño.
Muchos adultos corrieron hacia allí al oírlo.
Shen Qing también aceleró el paso.
Desde cierta distancia vio a cuatro niños forcejeando por el mismo juguete.
Gu Ao y Gu Duo estaban de un lado.
Frente a ellos había un niño y una niña.
El grito había salido del pequeño Gu Ao.
Con tres años y medio todavía no pronunciaba todas las palabras con claridad, pero quizá porque estaba furioso, Shen Qing consiguió entender lo que gritaba:
—¡Eto e nuetro! ¿Po qué te lo tengo que da? ¡¿Po qué?!
El niño y la niña del otro lado eran más altos que Gu Duo y Gu Ao y parecían también mayores que ellos.
El niño, que parecía ser el mayor, sujetaba con todas sus fuerzas el juguete y se negaba a soltarlo.
—¡Me gusta, lo quiero y por eso es mío! ¿Qué pasa? ¡Dámelo!
La niña parecía tener un poco más de educación que él.
No tocó el juguete y habló con un tono bastante tranquilo y cortés:
—A mi hermano pequeño le gusta. ¡Déjenselo! Después mi mamá puede comprarles uno nuevo.
Shen Qing:
«…»
Mm.
Educada, sí.
Pero tampoco demasiado.
Mientras Shen Qing pensaba aquello, el pequeño Gu Ao respondió con arrogancia antes siquiera de que la otra terminara de hablar:
—¡¿Te atreves a quitarme algo que es mío, de Gu Ao?! ¡Sueña!
Shen Qing:
«…»
Como cabía esperar del futuro pequeño tirano.
Aunque solo tenía tres años y medio y su vocecita seguía siendo infantil, el tono de aquella frase ya era extraordinariamente dominante.
Fuera como fuera, que unos niños forcejearan encima de unas escaleras era peligroso.
Shen Qing no tuvo más remedio que arrastrar su cuerpo todavía débil y acelerar el paso.
Y, de paso, no pudo evitar pensar:
¡Esta maldita villa era enorme!
Antes de que consiguiera llegar, una mujer vestida con un elegante conjunto de negocios ya había aparecido en el rellano del segundo piso.
Al ver a los niños forcejeando, gritó de inmediato:
—¡¿Qué hacen jugando en las escaleras?! ¡¿Y si se caen?! ¡Gu Ming, Gu Jie! ¿Qué les dije antes de venir? ¡Los dos, suban aquí ahora mismo!
La mujer llevaba un maquillaje impecable que hacía difícil calcular su edad, pero desde luego no tenía una voz discreta.
Evidentemente, aquella era la tercera hermana de Gu Huaiyu.
Sus palabras también ejercían bastante autoridad sobre los niños.
Gu Jie y Gu Ming se miraron entre sí y dejaron de discutir.
Gu Huaixiang llevaba tacones de más de diez centímetros, así que bajar las escaleras no le resultaba demasiado cómodo y avanzaba con cierta lentitud.
El hombre que venía detrás de ella se adelantó y bajó primero para controlar la situación.
Era el esposo de Gu Huaixiang, un hombre que se había casado entrando en la familia Gu.
Mientras Shen Qing organizaba y resumía aquellos recuerdos, también llegó a las escaleras.
Desde arriba, Gu Huaixiang bajó con firmeza hasta situarse frente a los niños y preguntó por qué estaban peleando.
Los cuatro comenzaron a hablar al mismo tiempo.
Finalmente, los adultos lograron entender lo ocurrido.
Resultaba que en la habitación de los hermanos Gu Duo y Gu Ao había dos robots transformables y Gu Ming había querido quedarse con uno.
Al ver que los dos eran bastante parecidos, había decidido que quería uno de ellos.
A su juicio, como su madre tenía dinero, simplemente podía pagarles a Gu Duo y a Gu Ao por el juguete.
Sin embargo, ninguno de los hermanos estaba dispuesto a dárselo ni a vendérselo.
En realidad, Gu Ming era medio año menor que Gu Duo.
Pero aun así era más alto que él y también parecía más robusto que el pequeño Gu Ao, que todavía tenía las mejillas regordetas de un bebé.
En su casa estaba acostumbrado a hacer siempre lo que quería.
Con Gu Huaixiang respaldándolo, incluso en la residencia principal de los Gu había muchas personas que lo consentían.
El joven amo jamás se había encontrado con algo que quisiera y no pudiera obtener.
Gu Ming tampoco pensaba demasiado.
Como Gu Duo y Gu Ao se negaron a entregárselo, sencillamente intentó arrebatárselo y salir corriendo.
Pero Gu Ao era orgulloso y obstinado.
No soportaba que lo trataran injustamente.
¿Cómo iba a permitir que se lo quitara?
Un niño de su edad tampoco sabía utilizar otros métodos para protegerse, así que aquel pequeño de tres años y medio se lanzó de inmediato a pelear con un niño más alto y fuerte que él.
Gu Duo no permitiría que su hermano menor sufriera, así que también se unió a la pelea.
Y finalmente Gu Jie, que ya tenía siete años, intervino para proteger a su propio hermano.
—¡Tienen dos robots! ¿Por qué no pueden darme uno? ¡Qué tacaños!
Gu Ming también se sentía agraviado.
Ya no intentaba arrebatarles el robot, pero se secaba las lágrimas mientras se «quejaba» con su madre.
A su lado, Gu Duo dijo con un tono sombrío:
—¿Que alguien no quiera darte sus cosas significa que es tacaño? No tienes ninguna razón.
«…»
Gu Ming pensó que lo que decía tenía cierto sentido.
Pero no tenía intención de admitirlo.
Y tampoco se le ocurría cómo responder.
No podía soportar semejante agravio.
Su pequeño pecho se infló de indignación mientras las lágrimas caían una tras otra.
—¡Ni siquiera quería que me lo dieran gratis! ¡Ya dije que mi mamá les daría dinero!
Gu Duo mantuvo la expresión tranquila y respondió con absoluta racionalidad:
—Y yo ya dije que esto nos lo regaló nuestro tío pequeño. No podemos dárselo a nadie.
—¡Tú…!
—¡Gu Ming! ¡Ya basta! ¿No te da vergüenza?
Gu Huaixiang lo reprendió e impidió que continuara hablando.
—¡¿Cómo puedes quitarles las cosas a tus primos menores?!
Gu Duo volvió la mirada hacia Gu Huaixiang.
Cuando él y Gu Ao habían vivido en la residencia de los Gu, habían quedado respectivamente bajo el cuidado de su tío mayor y su segundo tío.
Aunque todos vivían dentro de la misma propiedad, apenas conocían a aquella tercera tía.
Durante los meses que habían vivido en la residencia principal de la familia Gu, ella casi nunca aparecía.
Sin embargo, a Gu Duo no le agradaban Gu Ming ni Gu Jie.
Ellos formaban parte del mismo grupo que los hijos de la familia de su tío mayor.
En realidad, a Gu Duo no le agradaba ninguno de los niños de la familia Gu que tenían aproximadamente su edad.
Tampoco era la primera vez que alguien intentaba quitarles sus juguetes a él y a Gu Ao.
Gu Duo parpadeó ligeramente.
Al ver que su tía estaba reprendiendo a Gu Ming, sintió cierta curiosidad por escuchar lo que diría a continuación.
…Quizá su tercera tía simplemente no supiera cómo solían comportarse Gu Ming y Gu Jie…
Aunque el pequeño Gu Ao todavía era muy joven, también comprendió vagamente lo que pensaba su hermano.
Levantó la cabeza y contempló con sus grandes ojos redondos a aquella mujer alta que había reprendido a Gu Ming.
Pensó:
La tercera tía sí que e una buena pesona.
Así que el pequeño Gu Ao también guardó silencio educadamente.
Solo que, por instinto, continuó abrazando con todas sus fuerzas el robot, que apenas era unos centímetros más bajo que él.
No tenía ninguna intención de soltarlo.
Pero Gu Huaixiang pareció no advertir el brillo que había aparecido en los ojos de los dos niños.
Su rostro exquisitamente arreglado tampoco mostraba demasiada expresión.
Siempre había sido una persona muy estricta y en su casa su palabra era ley.
En cuanto hablaba, tanto Gu Ming como Gu Jie guardaban silencio y no se atrevían a replicar ni a resistirse.
Gu Huaixiang apartó con una mano un mechón de cabello de su frente.
Solo entonces sus labios perfectamente pintados de rojo volvieron a abrirse.
Sin embargo, no continuó reprendiendo a sus propios hijos.
En cambio, le dijo a Gu Duo:
—Duoduo, ¿hay algo que tú o Gu Ao quieran? Su tercera tía puede comprárselo.
—Después de todo, no es más que un juguete. No vale la pena que los hermanos y primos se lleven mal por algo así.
Mientras hablaba, se inclinó directamente con intención de tomar el robot que Gu Ao sostenía entre los brazos.
—Déjale este juguete al hermano Ming. Después se lo comentaré a su tío pequeño…
La voz de Gu Huaixiang se interrumpió.
Había pensado que, como Gu Ao solo tenía tres años y medio, no tendría demasiada fuerza.
Por eso había intentado simplemente quitarle el juguete.
Pero no esperaba que aquel pequeño fuera tan fuerte.
Al tirar, no solo fue incapaz de arrebatárselo, sino que el forcejeo incluso le lastimó una de sus cuidadas uñas postizas.
Aozi no era tonto.
En cuanto comprendió que aquella tercera tía no era una buena persona que hubiera venido a protegerlos a él y a su hermano, sino que también quería quitarles su juguete, se resistió con todas sus fuerzas.
—¡No quiero!
Después de gritar, él también rompió a llorar.
El dolor en el dedo empeoró todavía más el humor de Gu Huaixiang.
La sonrisa desapareció por completo de su rostro.
—¡¿Por qué lloras?! ¡Ni siquiera te he hecho nada!
Aozi lloró todavía más fuerte.
Era demasiado pequeño para expresar correctamente sus emociones y pensamientos, así que solo pudo sollozar:
—Ao… Aozi quiele ete… ¡quiele ete! No te lo doy… ¡no se lo doy al helmano Ming!
Gu Duo abrazó rápidamente a su hermano.
Con su pequeño cuerpo parecía querer envolver por completo tanto a Gu Ao como al robot.
Ya ni siquiera volvió a mirar a su tercera tía.
Simplemente bajó las pestañas en silencio.
Aunque sabía que probablemente tampoco conseguirían conservar aquel juguete.
Los adultos siempre decían:
«No es más que un juguete. Si a tu hermano pequeño le gusta, déjaselo».
«No es más que un helado. De verdad que no tienes remedio. ¿Cómo puedes ser tan posesivo con la comida desde tan pequeño? Si tu hermana quiere comerlo, ¿por qué no puedes dárselo?».
Así había sido siempre cuando vivían con su tío mayor y su segundo tío.
Una oscuridad semejante a una mancha de tinta se extendió por aquellos ojos infantiles que deberían haber sido claros y puros.
En la mirada del pequeño Gu Duo había una amargura y una resignación difíciles de describir.
Pero justo en ese momento, desde abajo llegó repentinamente una voz:
—Si los juguetes son de Duoduo y Aozi y ellos los quieren, entonces no tienen por qué dárselos a nadie. Lo siento.
Aquella voz clara y agradable hizo que todos los que estaban arriba se quedaran inmóviles y miraran hacia abajo al mismo tiempo.
Abajo, el apuesto Shen Qing les sonreía.
—Gu Ming, si quieres algo, tu tío político también puede comprártelo.
Pero mientras hablaba, su sonrisa desapareció.
Su expresión se volvió seria.
—Pero quitarles las cosas a tus primos está completamente prohibido.