Después de que el holgazán se convirtiera en papá de unos pequeños prodigios - Capítulo 24
Había que admitir que, desde el momento en que Gu Ao abrió la boca para responder a la pregunta del director, Shen Qing tuvo un pésimo presentimiento.
Pero, como adulto responsable, maduro y razonable, tampoco podía ir por ahí tapándoles la boca a los niños, aunque el pequeño acabara de llamarlo «tía» delante de todo el mundo…
¡Ahhh!
Shen Qing lo admitía.
En casa, dentro de los círculos de la alta sociedad donde necesitaba aprovechar el prestigio de Gu Huaiyu, e incluso delante de personas como Gu Huai… podía presentarse sin ningún escrúpulo como la tía de los niños y la esposa de Gu Huaiyu.
Pero delante de completos desconocidos, personas de las que no sabía absolutamente nada…
¡No podía!
¡Después de todo, era un hombre heterosexual!
¡Todavía le quedaban ciertos límites psicológicos y algo de vergüenza!
Pedirle que reconociera públicamente que él, un hombre adulto, se había casado con otro hombre debido a un matrimonio concertado… ¿Cómo iba un hombre normal a aceptar con tanta naturalidad semejante argumento propio de una novela?
Aunque ahora mismo estuviera precisamente dentro de una novela.
…
Aun así, Shen Qing soportó la vergüenza.
Se limitaría a considerarlo palabras inocentes de un niño.
Confiaba en que el director no se lo creería o, por lo menos, no pensaría demasiado en ello.
Sí.
Él definitivamente no era la clase de padre que les tapaba la boca a los niños…
¡Ni hablar!
En cuanto vio que el pequeño Long Aotian estaba a punto de recitar hasta el número de teléfono de su tío, y sobre todo al enfrentarse a aquella mirada extraña, inescrutable y conmocionada que el director intentaba disimular desesperadamente, ¡a Shen Qing dejó de importarle que aquel niño fuera el villano que intentaría matarlo en el futuro!
—¡Ah!
Le tapó la boca al pequeño de un manotazo y, de paso, le estrujó un poco las mejillas regordetas bajo la palma.
Shen Qing sonrió incómodo al director antes de bajar la cabeza para explicarle al pequeño Long Aotian:
—El tío director no te estaba preguntando eso. Ya no hace falta que sigas recitando.
Al oírlo, el pequeño Long Aotian abrió mucho los ojos.
Sus pupilas redondas, negras y brillantes, estaban llenas de desconcierto y curiosidad.
—¿Entonces qué preguntaba?
Shen Qing siguió sonriendo.
—El tío director solo preguntaba por preguntar.
Al otro lado, el director, que por fin había reaccionado, asintió apresuradamente una y otra vez para confirmar sus palabras.
Él también sentía que había hecho una pregunta que no debía.
O, mejor dicho, aquel niño había respondido algo que él no debía haber escuchado…
¡Ahhh!
¡¿Qué derecho tenía él a escuchar el número de teléfono del jefe?!
No.
¡Ese ya ni siquiera era el punto importante!
—Ejem, así que resulta que usted es la pareja del señor Gu —dijo inconscientemente el director.
Nada más terminar, se arrepintió.
…
¿No había sonado como si conociera personalmente al señor Gu?
Se apresuró a añadir:
—Tuve la fortuna de ver al señor Gu una vez. Fue en una cumbre económica hace tres años. En aquel momento estábamos en el mismo auditorio.
Shen Qing cooperó asintiendo.
—Oh…
—Quiero decir que el señor Gu presentó un informe en representación de toda Huacheng, y por eso pude verlo. Pero yo estaba sentado en las últimas filas. El señor Gu no me conoce…
Shen Qing no entendía por qué estaba explicándole todo aquello, pero aun así volvió a asentir cortésmente.
—Oh, oh.
El director se emocionaba cada vez más.
—Lo que quiero decir es que… ¡es un honor conocerlos a usted y a los pequeños señores!
Shen Qing:
—…
Shen Qing ya ni siquiera sabía cómo responder.
Solo pudo decir:
—El honor también es nuestro.
—…
El propio director tampoco sabía por qué había dado tantas explicaciones.
Pero, en cualquier caso, acababa de confirmar que el señor Gu realmente vivía en su complejo residencial.
¡Y, más importante aún, los pequeños señores de la familia Gu habían venido a su academia a tomar clases!
El director se frotó inmediatamente las manos, emocionado.
—Hagamos una cosa. No cobraremos nada por las clases del pequeño señor. Puede venir a estudiar lo que quiera y cuando quiera. Después de todo, vivimos en el mismo complejo…
—No, no, no.
Shen Qing se apresuró a detenerlo.
¡¿Cómo iba a aceptar algo así?!
Además, era el jefe quien pagaba las clases.
A su familia precisamente no le faltaba dinero…
Pero el director insistió:
—No, no, tiene que ser así. Soy un gran admirador del señor Gu. Cuando tenga oportunidad, solo tendría que pedirle que me dé un autógrafo…
Shen Qing:
—…¿?
¿Hasta los empresarios estaban empezando a comportarse como fanáticos de celebridades?
Naturalmente, lo del autógrafo no era más que una broma y una cortesía del director.
Si realmente se hablaba de la firma de Gu Huaiyu, una sola estampada al pie de un contrato podía representar cientos o miles de millones.
¿Quién se atrevería a pedirle un autógrafo como si nada?
Pero, puesto que el director estaba siendo cortés, Shen Qing respondió con la misma cortesía.
Al final, ambos acordaron que las clases de francés de Gu Duo se pagarían normalmente.
En cuanto a cualquier otra cosa que Duoduo quisiera estudiar más adelante, bastaría con avisarle al tío director de antemano. Él se encargaría de organizarle las clases y también le ofrecería un descuento.
Gu Duo, que había permanecido en silencio escuchando toda la conversación, no pudo evitar que sus ojos se iluminaran al oír aquello.
En realidad, no comprendía del todo lo que implicaba un descuento.
Y tampoco era eso lo que lo emocionaba.
Lo que lo emocionaba era haber comprendido que su tía parecía no oponerse en absoluto a que estudiara otras materias.
Después de intercambiar unas cuantas cortesías más, sonó el teléfono de Shen Qing.
Aprovechó la oportunidad para levantarse y despedirse con los niños.
Antes de marcharse, el pequeño Ao juntó las piernas con evidente urgencia y anunció que necesitaba ir al baño.
Todavía era pequeño y no podía aguantar demasiado, así que Shen Qing y Gu Duo se apresuraron a llevarlo al sanitario.
Naturalmente, el director los acompañó.
Sin embargo, al llegar a la entrada del baño, ya no podía seguirlos dentro, así que tuvo que quedarse esperando fuera.
En ese momento se acercó el asistente del director.
Llevaba años trabajando con él y, al ver que su jefe había dejado de lado el trabajo para dedicarse exclusivamente a atender a una sola familia, todavía tenía algunas dudas.
—Jefe, ¿esos dos niños son realmente los sobrinos del señor Gu? ¿Y ese señor Shen de verdad es la esposa del señor Gu? —preguntó el asistente, claramente escéptico.
Su academia había recibido a bastantes familias multimillonarias.
Y, por supuesto, el asistente sabía quién era Gu Huaiyu, un hombre que había aparecido durante años en las listas de Forbes.
Aunque después el señor Gu había desaparecido inexplicablemente de la vida pública y se decía que se había retirado tras bambalinas, manteniendo un perfil extremadamente bajo…
¿Cómo podían los familiares de una persona así venir a tomar clases a su academia?
Además, aquel señor Shen no tenía ningún aire de superioridad.
Parecía incluso sorprendentemente accesible, completamente distinto de las personas ricas con las que el asistente había tratado anteriormente…
Sin permitirle continuar, su jefe lo interrumpió de inmediato:
—Cállate. No digas tonterías.
Justo entonces se oyó movimiento dentro del baño y el sonido de una puerta abriéndose.
El director y su asistente guardaron silencio al instante.
Desde dentro llegó la voz clara y brillante del joven llamado Shen Qing:
—¡El pequeño Ao es increíble! ¡Aguantaste todo el camino sin mojarte los pantalones!
A continuación se oyó una vocecita suave, pero rebosante de orgullo:
—Je. ¡No es nada digno de mención!
—¡Ao nunca podría mojar los pantalone’! ¡Eso da mucha vergüenza!
Shen Qing se sorprendió al ver que ya sabía utilizar expresiones tan formales.
Pero, pensándolo bien, aquella clase de frase era prácticamente una de las muletillas de Long Aotian. Probablemente había venido configurado así de fábrica, por lo que dejó de sorprenderle.
—Pero la próxima vez que quieras ir al baño, tienes que avisarme antes, ¿sí? Si por casualidad, y digo solo por casualidad, te mojaras los pantalones, sería muy vergonzoso. Además, aguantar tanto es incómodo. Así que tienes que decírnoslo con tiempo, ¿entendido?
Shen Qing continuó guiándolo pacientemente:
—Como hoy te portaste muy bien, cuando volvamos a casa te premiaré con un pastelito de zanahoria.
—¿Zanagoria?
El pequeño Ao quería insistir en que él jamás podría mojarse los pantalones, pero su atención terminó siendo atraída inevitablemente por aquella «zanagoria».
Gu Ao volvió a confirmarlo:
—¿E’ zanagoria?
—Mm, mm.
Antes de que salieran, tía Zhang estaba preparando pastelitos de zanahoria, así que seguramente ya estarían listos cuando regresaran.
Pero el pequeño Ao arrugó inmediatamente su carita regordeta.
—¡Pero a Ao no le gusta la zanagoria!
¡¡¡Eso no le parecía ningún premio!!!
—Sé que no te gusta. Pero, aunque sea zanahoria, esta no es como la que Ao come normalmente. Cuando la pruebes, seguro que te gustará.
—¿Ah?
Era evidente que no había entendido.
Una zanahoria era una zanahoria.
¿Cómo podía ser diferente?
—Espera y verás. Será una sorpresa.
Shen Qing respondió superficialmente y, de paso, le revolvió el cabello suave de su enorme cabecita.
No tenía ganas de explicarle demasiado.
¡Ya lo entendería cuando lo probara!
Terminó de lavarse las manos y cerró el grifo.
—Vamos. Volvamos a casa.
—Tía.
Sin embargo, el pequeño Ao permaneció inmóvil y se limitó a alzar su enorme cabeza para mirarlo.
—Ao todavía no se lavó las manitas.
—…
El pequeño Ao no se movió.
Shen Qing tampoco.
Se miraron fijamente.
Shen Qing dijo:
—Tú no necesitas lavártelas, ¿verdad?
—Why?
El pequeño Ao soltó directamente una palabra en inglés y continuó mirándolo con la cabeza inclinada, completamente desconcertado.
Shen Qing respondió:
—Porque yo ya me lavé las manos y tu hermano también. Así que tú no necesitas hacerlo.
—¿Ah? ¿Por qué?
—…
Shen Qing respiró hondo y apretó el puño.
Acababa de descubrir que, aunque el pequeño Ao no fuera uno de esos niños insoportables que gritaban y armaban escándalos, ¡tampoco era tan fácil cuidarlo!
Shen Qing respiró profundamente y se obligó a sonreír antes de explicarle con paciencia:
—Porque tu tía te abrió la puerta del baño y tu hermano te ayudó con los pantalones. ¡Tú ni siquiera usaste las manos!
—Why?
El pequeño Ao seguía sin entender.
—Pero tío dijo que después de hacer pipí hay que lavarse las manitas. ¡Hay que tener buenos hábitos!
—…
A Shen Qing ya no le quedó nada que decir.
Muy bien.
Lo que le había enseñado su tío también era correcto.
Los buenos hábitos debían cultivarse desde pequeños.
Pero…
¿Ese «tío» del que hablaba era Gu Huaiyu?
Shen Qing lo dudaba seriamente.
Principalmente porque, con el estado físico del señor Gu, era imposible que acompañara al pequeño Ao al baño.
Probablemente ni siquiera se le ocurriría enseñarle a un niño que debía lavarse las manos después de ir al sanitario… ¿verdad?
Por suerte, como aquel era un centro educativo infantil, había lavabos especialmente diseñados para niños de cinco o seis años.
Gu Duo se había lavado las manos allí él solo.
Ahora, al ver que Gu Ao también quería hacerlo, Gu Duo condujo a su hermano hasta el lavabo.
Aunque ya era bastante bajo, Gu Ao seguía sin alcanzar por muy poco.
Así que Gu Duo lo levantó directamente en brazos y lo sostuvo en alto para que pudiera lavarse.
Gu Ao entendió de inmediato lo que pretendía su hermano.
Ni siquiera necesitó que nadie le enseñara a usar el grifo con sensor.
Enseguida consiguió mojar sus pequeñas manos regordetas.
Shen Qing contempló desde un lado aquella escena de armonía fraternal y casi se emocionó.
¡Lo sabía!
Cuidar niños no daba ningún trabajo.
¡Era facilísimo!
¡Él solo tenía que encargarse de pasarles el papel para secarse las manos!
Una vez que terminaron, Shen Qing salió del baño con los dos niños.
El director y su asistente seguían esperándolos afuera.
Shen Qing volvió a despedirse del director, pero este insistió en acompañarlos personalmente junto con su asistente hasta el estacionamiento subterráneo.
Nada más salir del ascensor, vieron un Rolls-Royce de edición limitada estacionado allí.
Al verlos aparecer, el chofer se bajó rápidamente para abrirles la puerta y recibir a la señora y a los dos pequeños señores.
El asistente del director observó el Rolls-Royce, cuyo valor superaba al de toda la academia, y después los dos Land Rover que arrancaron detrás, evidentemente llenos de guardaespaldas.
Mientras los vehículos se alejaban, guardó silencio.
De repente sintió que su actitud de hacía un momento, dudando y haciendo toda clase de conjeturas…
había sido bastante ridícula.
…
¿Por qué demonios había menospreciado a su propio jefe y a la academia donde trabajaba?
¡Ellos realmente acababan de inscribir a uno de los pequeños señores de la familia Gu!
¡Así era!
¡¡¡Eran así de increíbles!!!