Después de que el holgazán se convirtiera en papá de unos pequeños prodigios - Capítulo 16

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Cuando Li Hong recibió la invitación y estaba a punto de llevársela al señor Gu, el pequeño Duoduo fue a buscarlo.

Le dijo que tenía muchas ganas de asistir a la fiesta de cumpleaños de su compañero, pero temía que su tío y su tía política no estuvieran de acuerdo, así que esperaba que Li Hong pudiera ayudarlo a convencerlos.

Li Hong había oído hablar de lo que el pequeño Duoduo había vivido anteriormente en la familia Gu.

Supuso que debía de ser porque, cada vez que alguien los invitaba a algún sitio, la familia Gu nunca llevaba ni a Duoduo ni al pequeño Ao. Por eso, Duoduo había terminado dando por sentado que los adultos no querían que los hermanos asistieran a ninguna fiesta…

A Li Hong le dolió un poco el corazón al ver a un niño así, de modo que lo consoló durante un buen rato y prácticamente le aseguró que el señor Gu jamás le impediría asistir a la fiesta de cumpleaños.

¡Su señor Gu no era una persona tan parcial y mezquina!

Pero, aun así, Duoduo seguía intranquilo.

Dijo que, aunque su tío no se opusiera, probablemente su tía política tampoco estaría de acuerdo.

Sin otra alternativa, Li Hong lo llevó al tercer piso con la intención de preguntarle personalmente al señor Gu si podían ir o no.

Por casualidad se encontró con Tian Yi, quien le dijo que la señora estaba justo en ese momento en el despacho del señor Gu. Li Hong pensó que aquello era perfecto: así podría preguntarles a los dos al mismo tiempo.

Sin embargo, probablemente porque Duoduo todavía no tenía mucha confianza con el señor Gu y no se atrevía a hablar demasiado con su tío, dijo que no se atrevía a entrar y le pidió a Li Hong que hiciera la pregunta por él.

Ahora, Li Hong estaba agachado frente a Gu Duo.

—Ya lo ha oído. La señora se preocupa mucho por usted.

La puerta del despacho del señor Gu no estaba cerrada. Si uno prestaba atención desde fuera, todavía podía oír a la señora hablando sin parar sobre cómo hacer que los pequeños se divirtieran durante la fiesta de cumpleaños.

Gu Duo:

—…

Gu Duo tampoco había esperado que Shen Qing realmente le permitiera asistir a la fiesta de cumpleaños de su compañero.

Después de todo, otros niños ya lo habían invitado anteriormente a sus cumpleaños, pero aquel hombre siempre se había negado directamente. Su excusa era que, después de clases, debía volver a casa a estudiar y no tenía tiempo para asistir a fiestas de cumpleaños.

Sin embargo, cuando regresaba a casa, ese mismo hombre tampoco le permitía estudiar…

Muchas veces, Gu Duo no entendía por qué aquel hombre los trataba así a él y a su hermano menor.

Esta vez, en realidad Gu Duo tampoco tenía demasiado interés en asistir al cumpleaños de Xu Weiming.

Ni siquiera era cercano a Xu Weiming.

Simplemente, cuando se enteró de la invitación, se le ocurrió de repente aprovechar la oportunidad para descubrir cómo reaccionaría aquel hombre al enterarse de que quería asistir a una fiesta de cumpleaños.

…Aunque ese día había comido helado y también el pequeño filete de ternera que aquel hombre había ordenado especialmente que le prepararan, Gu Duo seguía sin creer que hubiera cambiado.

Sabía que el hombre llamado Shen Qing los detestaba tanto a él como al pequeño Ao.

No le gustaba que estudiaran, no le gustaba que jugaran y tampoco le gustaba que tuvieran amigos ni vida social…

La actuación de aquel hombre realmente debía de ser pésima, porque nunca había conseguido ocultar el desprecio que sentía por ellos.

Por eso, Gu Duo había pensado aprovechar que su tío estaba en casa para comprobar cómo reaccionaría Shen Qing cuando supiera que quería asistir al cumpleaños de Xu Weiming.

¿Perdería el control y montaría en cólera en el acto?

Si lo hacía, sería perfecto.

Así podría aprovechar la oportunidad para que su tío viera su verdadera cara.

Aunque Gu Duo también sabía que aquel hombre no era tan estúpido. Probablemente solo buscaría otra excusa para impedirle ir, diciendo, por ejemplo, que necesitaba estudiar…

Pero Gu Duo jamás habría imaginado que Shen Qing no solo aceptaría personalmente.

¡Sino que incluso se ofrecería a llevarlos él mismo!

…¿Sería alguna clase de nueva conspiración?

Gu Duo lo pensó instintivamente, con un pesimismo impropio de un niño.

Sin embargo, al recordar la sonrisa luminosa y fresca que el hombre había mostrado aquella mañana, en ese instante Gu Duo volvió a pensar que… quizá esa persona no fuera tan mala como él creía.

…Después de todo, perfectamente podría haber hecho lo mismo que la última vez y rechazar la invitación con cualquier excusa…

Entre la sospecha y el deseo de creer, las emociones volvieron a reflejarse de manera contradictoria en el pequeño rostro de Gu Duo.

Aunque la complejidad de sus pensamientos superaba con creces la de otros niños de su edad, Gu Duo todavía no era demasiado bueno controlando sus expresiones.

Y, en ese momento, lo que predominaba en su rostro era la confusión y el desconcierto.

Quizá como una especie de mecanismo de autoprotección, siempre encogía instintivamente los hombros y bajaba la cabeza.

Ahora, debido a su desconcierto, tenía toda la espalda encorvada y su cuerpo delgado parecía haberse hecho un ovillo.

Gu Duo todavía podía oír a Shen Qing hablando en la habitación de su tío:

—No sé qué tan influyente sea la familia Xu. De todos modos, Duoduo y el pequeño Ao solo van a divertirse. No quiero que tengan que estar pendientes de las caras de nadie. ¿No le parece, jefe?

…

Durante los dos días siguientes, Shen Qing se dedicó de lleno a preparar todo lo necesario para que los niños asistieran a la fiesta de cumpleaños.

Después de todo, el señor Gu había dicho que para asistir a una fiesta había que preparar un regalo para el cumpleañero, pequeños obsequios para los demás niños, además de la ropa de Duoduo y el pequeño Ao, entre otras cosas.

Y de acuerdo con la carga de trabajo que Shen Qing se había impuesto a sí mismo —por el momento, una hora diaria cuidando a los pequeños y dos horas durante los días festivos—, el tiempo era bastante limitado.

¡Naturalmente tenía que aprovechar al máximo sus escasas horas de trabajo!

Lo que más lo tranquilizaba era que aquel día había conseguido salir del paso con el asunto del equipo médico a fuerza de bromas y evasivas.

Aquel día había hablado largo y tendido con el señor Gu sobre la fiesta de cumpleaños. Aunque, en su mayor parte, había sido Shen Qing quien hablaba sin parar mientras el jefe se limitaba a observarlo en silencio durante todo el tiempo, ¡hasta dejarle seca la garganta!

¡Pero desplegar toda su elocuencia también había servido de algo!

Cuando sintió que ya era suficiente, Shen Qing encontró una excusa y huyó. Gu Huaiyu tampoco volvió a preguntarle nada, y aparentemente no había descubierto el pequeño secreto entre «él» y el doctor Ling.

Durante esos dos días, Shen Qing también había observado discretamente la situación y comprobó que, efectivamente, todo el equipo médico de la casa había sido reemplazado.

Tampoco volvió a ver al doctor Ling.

Había estado cerca.

¡Pero la crisis estaba resuelta!

Así que, después de recuperarse durante dos días, Shen Qing decidió sacar hoy a los pequeños para comprar los regalos destinados a los niños que asistirían a la fiesta de cumpleaños.

El señor Gu ya había encargado al asistente Li que se ocupara de los regalos, pero Shen Qing pensaba que, puesto que eran obsequios que los pequeños entregarían a niños de su misma edad, sería mejor que ellos mismos los eligieran y prepararan personalmente.

Por mucho que los adultos pudieran despreciarse o competir entre ellos en secreto, él siempre esperaba que la amistad entre los niños pudiera mantenerse pura.

Naturalmente, podían escoger un regalo extremadamente caro y distinguido para el joven señorito Xu, el cumpleañero, y así quedar bien ante los demás.

Pero eso solo sería cosa de adultos presumiendo de dinero, no una muestra de amistad entre niños.

Además, Duoduo y el pequeño Ao prácticamente no habían salido de casa durante todas las vacaciones de invierno. Mantener a unos niños encerrados constantemente tampoco era bueno para ellos, así que, aprovechando que ese día el clima se había vuelto más cálido, Shen Qing los llevó directamente a un centro comercial.

…Por supuesto, aunque serían los pequeños quienes escogerían personalmente los regalos para los demás niños, los adultos todavía podían decidir dónde comprarlos.

En el centro comercial más grande y famoso de Huacheng había, en el segundo piso, una juguetería que presumía de ser la más grande y lujosa de todo el país.

No solo era un establecimiento famoso en internet, sino que allí podían encontrarse toda clase de juguetes y figuras de colección de edición limitada de nivel internacional.

Ese era precisamente el lugar al que Shen Qing llevó a Gu Duo y Gu Ao.

Durante todo el trayecto, el pequeño Gu Ao no dejó de mirar fijamente a Shen Qing con recelo, como si temiera que fuera a venderlos.

Pero, en cuanto entraron en la juguetería, el pequeño quedó tan deslumbrado por la impresionante variedad de productos que se olvidó de todo lo demás.

Ese día llevaba una chaqueta acolchada de color amarillo claro. La prenda era suave y abultada, así que, cuando el niño corrió hacia las montañas de juguetes, parecía exactamente un rechoncho pato Call.

Comparado con Gu Ao, Gu Duo siempre se mostraba mucho más tranquilo.

Shen Qing tenía la impresión de que su hostilidad hacia él había disminuido un poco más.

Durante el trayecto en auto, Gu Duo había permanecido en silencio mientras sostenía la mano de su hermano menor, tranquilizándolo ante su actitud vigilante.

El pequeño Gu Duo no había dicho una sola palabra. Su expresión era serena y parecía estar observando con calma para descubrir qué pretendía hacer Shen Qing, pero, comparado con antes, se mostraba mucho más estable y tranquilo.

Si hubiera sido anteriormente, probablemente Gu Duo ni siquiera habría aceptado salir con él.

Shen Qing no sabía si el niño simplemente se había vuelto más maduro y capaz de observar la situación antes de actuar, o si realmente había empezado a confiar en él y por eso su agresividad había disminuido.

Aunque tampoco importaba demasiado.

Al mirar al delgado niño que, pese a llevar una chaqueta acolchada idéntica a la de Gu Ao, seguía pareciendo demasiado frágil, Shen Qing declaró espontáneamente, con gran generosidad:

—Ve a jugar. Si te gusta algo, tómalo.

¡De todos modos, todo se cargaría a la cuenta de su tío!

Pero Shen Qing tampoco olvidó el objetivo de aquel viaje y añadió:

—Recuerda que, además del regalo de cumpleaños para Xu Weiming, tienen que preparar otros treinta obsequios para repartir entre los demás niños. Escójanlos entre tú y el pequeño Ao.

Gu Duo siguió mirándolo en silencio, pero esta vez respondió asintiendo con la cabeza, como diciendo: Entendido.

Shen Qing:

—…

Eh.

¿Sería porque aquel día había pasado demasiado tiempo junto al jefe mientras bromeaba y daba rodeos para salir del apuro con Gu Huaiyu?

Después de soportar durante tanto tiempo la silenciosa mirada escrutadora del jefe, Shen Qing ahora sentía que la forma en que Gu Duo lo miraba se parecía muchísimo a la de su tío.

¡Cada vez más!

Era exactamente esa clase de mirada que parecía decir: No entiendo qué estás haciendo, así que seguiré observándote…

Shen Qing volvió a agacharse.

—Hace calor dentro del centro comercial. Duoduo, ¿quieres quitarte la chaqueta? El tío te la sostiene.

Gu Duo vaciló visiblemente.

Al final, asintió lentamente, bajó la cremallera, se quitó la chaqueta y se la entregó a Shen Qing.

—Gracias —dijo Gu Duo.

Aunque por fuera parecía muy serio y reservado, su voz seguía siendo suave e infantil.

Shen Qing sonrió.

—Pequeño Ao, si tú también tienes calor, dame tu chaqueta. Vayan a jugar y tengan cuidado.

—Está bien —respondió Gu Duo antes de ir a buscar a Gu Ao entre los juguetes.

Como estaban en plenas vacaciones de invierno, tanto el centro comercial como la juguetería estaban bastante concurridos. Sin embargo, para esa salida Shen Qing había llevado consigo al asistente Li y a la tía Zhang, además de pedir prestados varios guardaespaldas de Gu Huaiyu, todos los cuales vigilaban constantemente a los pequeños señores. Por lo tanto, no había que preocuparse de que los dos niños se perdieran.

En realidad, Shen Qing todavía no sabía cuidar niños.

Y tampoco tenía intención de encargarse personalmente de todo…

Por algo la vida de los ricos era mucho más sencilla. Con tanta gente rodeándolos y atendiéndolos, naturalmente no necesitaba hacer gran cosa él mismo.

Li Hong dijo:

—Señora, déjeme llevar la ropa del pequeño señor.

—Ah, no hace falta.

Aunque no tuviera que ocuparse personalmente de cada detalle, tampoco significaba que fuera incapaz de hacer cualquier cosa.

Shen Qing dobló un poco la chaqueta del niño. Sintiendo que prácticamente no pesaba nada, dijo:

—Ve a ayudar a Duoduo a escoger los regalos. Vigílalos bien.

Después se dirigió al otro lado para echar un vistazo a los juguetes y figuras de colección que había allí.

Los productos del lugar eran, efectivamente, lujosos y variados, y además había un empleado dedicado exclusivamente a explicarle cada uno de ellos.

Shen Qing nunca había tenido ni el tiempo ni el dinero necesarios para prestar atención a los juguetes, pero descubrió que aún conservaba cierta inocencia infantil. Al ver robots de alta tecnología y figuras exquisitamente elaboradas, también sentía deseos de tenerlos.

Antes, las dificultades de la vida le impedían entrar en lugares como aquel. Incluso si pasaba frente a uno, jamás se detenía a mirar.

Pero ahora…

Al contemplar un robot de juguete cuyo precio superaba los ocho mil yuanes, el primer pensamiento de Shen Qing fue:

Este precio está bastante bien.

…

¿?!

¡¡¡!!!

¿Qué demonios había hecho que de repente perdiera de tal manera la noción del dinero?

¡Apenas llevaba unos días en este mundo!

¿Era porque el café de la casa era demasiado bueno? ¿Porque no tenía que pagar por la ternera? ¿O porque aquellas propiedades valoradas en trescientos millones ya habían sido oficialmente transferidas a su nombre?…

—Si le gusta, puedo sacarlo para que lo vea más de cerca —dijo sonriendo el empleado que había estado explicándole los productos.

Shen Qing todavía no se recuperaba de la conmoción que le había causado el cambio en sus propios valores y agitó la mano instintivamente para indicar que no era necesario.

Justo entonces, oyó que alguien gritaba su nombre.

Y lo gritó a pleno pulmón.

—¡Shen Qing!

Shen Qing se volvió instintivamente y vio a un joven de poco más de veinte años acompañado de un niño de siete u ocho.

El joven, delgado y vestido con un suéter negro, se acercó inmediatamente en cuanto Shen Qing se dio la vuelta.

Llevaba el teléfono levantado en una mano y caminó directamente hacia él antes de darle unas palmadas en el hombro.

—¿Qué miras? ¿Ahora finges que no me conoces?

Después volvió a examinar a Shen Qing. Al ver la chaqueta infantil que sostenía entre los brazos, el joven soltó una risa.

—Je, je. Pensé que después de casarte con una familia rica tú también te habías convertido en un joven señor adinerado. ¿Qué pasa? ¿Saliste de compras para acompañar a los señoritos?

Shen Qing lo recordó.

Ese hombre era Hao Yi.

…¡Precisamente el que no había dejado de incitar al Shen Qing original a maltratar a los niños y al que Shen Qing había bloqueado inmediatamente después de transmigrar!

El dueño original del cuerpo tenía algunos amigos de dudosa reputación a los que había conocido en sociedad.

Al principio, aquellas personas habían creído erróneamente que era un joven señor de la familia Shen, por lo que lo adulaban y trataban de complacerlo. El Shen Qing original también había llegado a considerarlos sinceramente sus amigos.

Sin embargo, cuando descubrieron que él, perteneciente a una rama secundaria de la familia, no era más que un simple empleado y no tenía nada que ver con los auténticos jóvenes señores, aquellos supuestos amigos empezaron a despreciarlo cada vez más.

Lo menospreciaban, pero al mismo tiempo esperaban obtener algún beneficio gracias a su relación con Shen Yuan, el joven señor de la familia Shen. Y cuando descubrían que tampoco podían conseguir nada por ese lado, volvían a criticar y despreciar al dueño original.

Hasta que este registró su matrimonio con Gu Huaiyu.

Entonces todos aquellos amigos que antes lo habían menospreciado regresaron en tropel.

Aunque tampoco volvieron para adularlo ni congraciarse con él.

Todos conocían ya demasiado bien la personalidad del Shen Qing original y jamás habían creído que fuera capaz de llegar muy lejos.

El Hao Yi que tenía delante, por ejemplo, solía instigar al dueño original, bajo el pretexto de ser su amigo, para que consiguiera más dinero y mantuviera bajo control a Duoduo y a los demás pequeños.

Sabía perfectamente que el dueño original era débil e indeciso, así que constantemente lo manipulaba mediante insinuaciones.

Pero, en realidad, jamás había pensado ni por un instante en lo que sería mejor para él.

Sentía celos de que el dueño original no solo pudiera relacionarse estrechamente con el joven señor de la familia Shen, ¡sino que incluso hubiera conseguido entrar en la familia Gu!

Movido por aquellos celos, quería manipularlo psicológicamente para obtener beneficios a través de él, sin importarle en absoluto si terminaba destruyendo su vida.

Shen Qing había bloqueado directamente a Hao Yi e incluso había abandonado todos los grupos que compartían, lo que equivalía a romper por completo su relación.

Aquello había enfurecido muchísimo a Hao Yi.

Desde entonces no había dejado de pensar en alguna manera de vengarse de Shen Qing.

Sin embargo, tampoco se atrevía a presentarse en la residencia de la familia Gu, así que durante ese tiempo se había dedicado a difamar a Shen Qing y difundir rumores sobre él entre sus amigos en común.

Ahora, al ver a Shen Qing parado frente a un estante de juguetes, distraído y con una chaqueta infantil en brazos, Hao Yi sacó inmediatamente el teléfono e inició una videollamada en el grupo que compartían con sus antiguos amigos.

La cámara apuntaba directamente a Shen Qing.

—¡Vengan, vengan, miren a quién encontré! ¡Al joven señor Shen! No es por decirte nada, joven señor Shen, pero ya eres el padrastro de una familia rica. ¿Cómo es que ni siquiera puedes permitirte un juguete de… más de ocho mil yuanes?

En el grupo había más de diez personas, y siete u ocho aceptaron la videollamada.

Todos sentían curiosidad por saber qué pretendía Hao Yi, aunque algunos ya lo habían adivinado y comenzaron a reírse burlonamente.

Hao Yi quedó muy satisfecho.

Siguió grabando a Shen Qing mientras se mofaba de él:

—¡Vamos, miren todos al joven señor Shen! Hasta tiene que cargarles la ropa a los señoritos y servirlos. Ni siquiera se atreve a pedirle al empleado que saque un juguete para poder tocarlo. Dime, ¿de qué te sirvió entrar en una familia rica…? ¡Solo tú eres capaz de vivir así de miserablemente hagas lo que hagas!

Del teléfono llegaron todavía más risas burlonas.

Shen Qing no dijo nada.

Justo entonces, una persona vestida con el uniforme de la tienda, incapaz de seguir contemplando la escena, se acercó directamente a Hao Yi.

—Disculpe, señor. Por favor, no grabe.

—¿Qué pasa? ¿Ahora resulta que está prohibido grabar dentro del centro comercial?

Hao Yi fulminó al empleado con la mirada.

—¿Quién lo dice? ¡Apártate y deja de meterte donde no te llaman!

Sin embargo, aquel hombre vestido con uniforme profesional, que en realidad era el gerente de la tienda, no cedió en absoluto. Incluso se colocó delante de Shen Qing para bloquear la cámara.

—Disculpe. No es que esté prohibido grabar dentro del centro comercial. El problema es que la persona a la que está grabando es la esposa del propietario de nuestro centro comercial, por lo que esto afecta su derecho a la privacidad.

Hao Yi:

—…—  ¿¿¿???

Temiendo que Shen Qing pensara que se estaba entrometiendo innecesariamente, el gerente incluso se volvió para explicárselo:

—El señor Gu nos dio instrucciones expresas. Dijo que usted vendría a inspeccionar este lugar y que debíamos atenderlo apropiadamente y asegurarnos de que quedara satisfecho en todos los aspectos.

Con una actitud respetuosa y cortés, el gerente le preguntó a Shen Qing:

—Entonces, señora, ¿quiere que llamemos a la policía?

Hao Yi:

—…—

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