Después de que el holgazán se convirtiera en papá de unos pequeños prodigios - Capítulo 11

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Shen Qing propuso que fueran juntos a comer helado.

Gu Duo no se mostró en absoluto interesado.

El pequeño futuro antagonista todopoderoso que estaba sobre la cama, en cambio, se dio la vuelta, se sentó y dijo:

—Ya tas tan grande y todavía comes helado. ¿No te da vergüenza?

Gu Duo era el mayor, así que pensaba las cosas con más profundidad:

—¿Quieres engañarnos para sacarnos y luego abandonarnos?

Shen Qing:

«…»

Dios mío, ¡convencer a unos niños realmente agotaba muchísimo!

Pero a Shen Qing no le importó.

Siempre había sido despreocupado y de piel gruesa. Ahora, con la intención de aumentar la interacción entre ellos, recorrió en dos pasos la distancia hasta la cama de Aozi y le apretujó una vez las redondas mejillas al pequeño futuro antagonista todopoderoso.

Llevaba mucho tiempo queriendo hacerlo.

Aunque pretendía arreglar la situación y llevarse bien con aquellos pequeñines, Shen Qing tampoco pensaba comportarse de manera servil.

Después de todo, él personalmente nunca había lastimado a los niños, así que no sentía culpa.

Además, Shen Qing siempre había pensado que, por muy inteligentes y precoces que fueran, los niños seguían siendo niños. Y, precisamente por ser niños, necesitaban que alguien asumiera el papel de adulto y los guiara correctamente, no que los adultos se dejaran llevar de la nariz por ellos.

Objetivamente hablando, aquellos dos niños tenían lazos de sangre con Gu Huaiyu, eran los sobrinos que tanto le importaban al señor Gu y los jóvenes amos de aquella casa.

Pero, por muy descarado que sonara, ¡él también era su tío político!

Aunque su papel de tío político pareciera más bien un trabajo por el que cobraba…

¡Seguía siendo su tío político!

Parecía estar apretujando con fuerza las suaves y redondas mejillas de Gu Ao, pero en realidad Shen Qing fue muy delicado.

Gu Ao recuperó rápidamente el control de su propia cara. Su expresión pasó del desconcierto a la indignación y levantó sus dos manitas regordetas, parecidas a pequeños bollos, para frotarse una y otra vez el lugar que Shen Qing acababa de tocar.

De tanto frotarse, sus enormes ojos se llenaron de humedad. Evidentemente estaba conmocionado, asqueado y terriblemente conflictuado.

A un lado, Gu Duo también había intentado rescatar de inmediato la cara de su hermano menor. Sin embargo, al descubrir que Shen Qing solo le había dado un pequeño apretón, tuvo que detenerse y limitarse a mirarlo con una expresión todavía más sombría y extraña.

Shen Qing ya estaba acostumbrado y no le importaron las miradas de los dos pequeños.

Entonces reveló el verdadero propósito de su visita.

Metió la mano en el bolsillo, sacó un colgante y se volvió para mostrárselo a Gu Duo.

Era un colgante de jade en forma de ruyi.

El dueño original se lo había arrebatado a Gu Duo.

La penúltima vez que Aozi infringió una de las reglas domésticas impuestas por el dueño original, este quiso golpearlo. Para proteger a su hermano menor, Gu Duo le entregó voluntariamente aquel colgante de jade que tanto codiciaba.

…

La pieza podía valer entre diez y veinte mil.

En una familia rica como aquella no era gran cosa, pero el dueño original había sido pobre y nunca había visto demasiado mundo. Para él, diez o veinte mil seguían siendo una cantidad considerable.

Además, el dinero que recibía del señor Gu estaba destinado a los gastos domésticos y el dueño original no se atrevía a apropiárselo. Aquel colgante, en cambio, sí podía considerarse propiedad personal.

Así que lo aceptó sin pensarlo demasiado.

Incluso se puso de acuerdo con Gu Duo: si su tío preguntaba, el niño tendría que decir que se lo había regalado voluntariamente.

Ahora Shen Qing quería devolvérselo a su verdadero dueño.

De hecho, tres días atrás, cuando Gu Duo salió corriendo y él fue tras él, también pretendía devolverle aquello.

Sabía que era algo que el padre de los dos niños les había dejado.

La historia de sus padres era una clásica tragedia romántica de familia adinerada.

La hija de una familia rica se enamoró de un joven pobre, pero su fría familia no permitió que estuvieran juntos. Incluso consideraban una vergüenza que su hija se hubiera enamorado de un hombre sin dinero.

Por eso, la joven renunció a la riqueza y al lujo para quedarse con él.

Más tarde, el joven murió inesperadamente.

Ella crió sola a sus dos hijos y, aun así, se negó con firmeza a regresar con la familia Gu o aceptar su ayuda.

Su amor podía considerarse conmovedor y digno de admiración, pero los dos niños, fruto de aquel amor, apenas conservaban recuerdos de su padre, que había muerto demasiado pronto.

A pesar de eso, Gu Duo siempre había cuidado con esmero el colgante de jade que su padre le dejó.

Pero probablemente jamás había imaginado que algún día tendría que entregarlo para protegerse.

Después de la muerte de su madre, él y su hermano sufrieron desprecio y malos tratos en la residencia principal de los Gu, pero nadie había codiciado aquel colgante.

La razón principal era que no les parecía lo bastante valioso.

Sus primos de la residencia principal solo se burlaban de él, diciendo que aquella cosa era de mala calidad.

Gu Duo nunca les prestó atención y continuó guardando el colgante como un tesoro.

Lo que jamás imaginó fue que, al llegar a casa de su tío pequeño, su tío político resultaría todavía peor que la esposa de su tío mayor.

Incluso quería algo tan «barato».

Gu Duo sabía que, por el momento, no podía proteger aquel objeto. Después de pensarlo durante mucho tiempo, terminó entregándole temporalmente el colgante.

Por supuesto, más adelante conseguiría recuperarlo.

Cuando fuera mayor.

Shen Qing conocía lo que ocurriría después.

Tras heredar más de cien millones, el dueño original naturalmente dejó de interesarse por aquel colgante. Antes siquiera de venderlo, lo tiró.

Y lo hizo deliberadamente delante de Gu Duo.

Lo arrojó por el desagüe.

Cuando Gu Duo creció y se convirtió en aquel hombre sombrío y despiadado, ordenó tatuar tres mil dibujos de aquel mismo colgante de jade por todo el rostro y el cuerpo del dueño original.

Después lo encerró en una alcantarilla y dejó que se pudriera allí…

Solo imaginarlo hizo que Shen Qing se estremeciera de asco.

Rápidamente puso el colgante de jade en las manos de Gu Duo.

El pequeño Gu Duo sostuvo la pieza y lo miró todavía más desconcertado.

En aquel momento, la confusión en los ojos del niño superaba con creces el rechazo. Ya no mostraba tanta hostilidad.

De pronto, Shen Qing sintió que Gu Duo realmente se parecía mucho a su tío.

Tanto físicamente como en sus expresiones.

Sobre todo cuando sospechaba de alguien y lo examinaba…

Shen Qing se apresuró a decir:

—¿No habíamos hecho las paces? A partir de ahora, tu tío ya no volverá a quitarles sus cosas. Toma, guárdalo bien.

Gu Duo cerró instintivamente la mano y apretó con fuerza el colgante dentro de su palma.

—¿Qué quieres exactamente?

Después de todo, todavía era pequeño y no poseía la astucia que tendría cuando se convirtiera en un gran antagonista.

Su actitud finalmente se había suavizado.

—Ya te lo dije. Quiero que me acompañen a comer helado —respondió Shen Qing con una sonrisa completamente inofensiva.

Gu Duo:

«…»

Comer helado.

Aquel trato no parecía implicar ninguna pérdida.

…

Sin importar qué estuviera tramando aquel hombre, si se le presentaba la oportunidad de recuperar el recuerdo de su padre, tenía que intentarlo.

—Está bien.

Gu Duo respondió con tal solemnidad que parecía un antiguo emperador enfrentándose a un ministro traidor que pretendía usurpar el trono y aceptando redactar el edicto para entregarle la corona.

Shen Qing no tenía intención de burlarse de un niño, pero al verlo tan serio y solemne casi se echó a reír.

Y, junto con las ganas de reír, sintió también un poco de tristeza.

Por lo que había averiguado indirectamente a través de los sirvientes, siempre que el dueño original estaba en casa, Gu Duo y Gu Ao rara vez salían de su habitación.

Y esta vez, según le habían contado, mientras él durmió durante tres días, los dos niños pasaron esos mismos tres días encerrados allí.

…

Aunque sabían que estaba herido y recuperándose, y que probablemente no saldría a buscarles problemas, Gu Duo y Gu Ao seguían sin abandonar la habitación.

Tenían miedo de encontrárselo accidentalmente e infringir alguna de sus reglas domésticas…

¿Cómo no iba a dolerle el corazón al saberlo?

¿Qué niño no necesitaba salir todos los días a jugar, tomar el sol y divertirse con otros niños?

Aquellos dos hermanos no solo habían perdido el derecho a hacer todo eso.

Ahora ni siquiera se atrevían a caminar libremente por la sala de su propia casa…

Aunque su habitación era en realidad una pequeña suite de más de ciento cincuenta metros cuadrados, más grande que cualquier vivienda en la que Shen Qing hubiera vivido anteriormente…

¡Pero eran niños!

¡Niños pequeños!

¿Qué niño no era inquieto y travieso?

¡No podían tenerlos encerrados de aquella manera!

Shen Qing reafirmó su determinación de salir a comer helado.

Aunque en realidad tampoco era que él tuviera unas ganas terribles de comerlo.

…

¡Definitivamente no era porque de repente se le hubiera antojado un helado!

Una vez que Gu Duo aceptó, pasó inmediatamente a la acción.

Tenía una capacidad de ejecución extraordinaria.

Le hizo una seña a Aozi, y el pequeño regordete, que siempre obedecía a su hermano y que hasta ese momento había estado mirando fijamente a Shen Qing con sus enormes ojos, saltó ágilmente de la cama.

La adorable escena hizo que la tristeza que Shen Qing sentía por ellos disminuyera de inmediato.

—Para salir tienen que ponerse ropa abrigada… ¿Dónde tienen su ropa?

Al ver que Shen Qing parecía querer ayudarlos a vestirse, Gu Duo lo rechazó indirectamente y sin vacilar:

—Llamaré a la abuela Zhang para que nos ayude.

Shen Qing aceptó de inmediato.

Los dos niños utilizaron el teléfono de la habitación para llamar a la señora Zhang.

Mientras Shen Qing permanecía junto a la cama, de pronto reparó en que lo que Gu Ao había estado mirando boca abajo era un libro ilustrado infantil.

El libro era grueso y estaba abierto sobre la cama. Solo contenía dibujos, sin texto. Los colores eran brillantes y llamativos, y en las páginas aparecían un pequeño zorro de rostro fino y puntiagudo y un conejo blanco y regordete.

Aquello sorprendió un poco a Shen Qing.

Por lo que recordaba de la novela original, aquellos dos niños eran genios extraordinarios.

A los tres años ya dominaban la lectura; a los cuatro podían componer versos y, antes de cumplir diez, ambos dominaban cuatro idiomas.

Jamás se interesaban por cosas que no sirvieran para aprender.

Pero Shen Qing recordó enseguida que precisamente la razón por la que aquellos dos niños eran tan distintos de los demás, esforzándose desesperadamente por aprender y mejorar por iniciativa propia, era que el dueño original siempre se había opuesto a que estudiaran.

Por supuesto, el dueño original no sabía en qué clase de figuras capaces de sacudir el mundo se convertirían en el futuro.

Además, Gu Huaiyu seguía vivo, así que todavía no había concebido la perversa idea de volver locos a los dos niños para quedarse con toda la herencia.

Simplemente había descubierto que ambos poseían un talento y una perseverancia extraordinarios, y, debido a sus propios pensamientos retorcidos y oscuros, quiso impedirles aprender.

Probablemente se trataba de una especie de celos enfermizos.

Además, aunque había conseguido intimidar a los niños comportándose de manera autoritaria, también temía que, cuando crecieran y empezaran a comprender mejor las cosas, dejaran de obedecerlo o incluso se vengaran de él.

Por eso quería criarlos para que se convirtieran en unos inútiles.

En la práctica, salvo permitir que Gu Duo fuera a la escuela, les prohibía tocar cualquier otra cosa relacionada con el estudio.

Olvídense de cuatro idiomas.

Ni siquiera le gustaba que aprendieran caracteres chinos o aritmética.

Después de que Gu Huaiyu muriera, se volvió todavía más descarado.

Cada vez que descubría a los niños estudiando, montaba en cólera.

Temía que pudieran buscar conocimientos por su cuenta, así que tampoco les permitía acceder a internet. Solo les daba dispositivos electrónicos para jugar, cómics y libros ilustrados.

Como pensaba que Aozi, con tres años y medio, todavía no sabía leer, le había preparado algunos libros de dibujos de estilo alegre y colorido.

Pero aquella forma de reprimirlos despertaba una resistencia enorme en ambos niños.

Cuanto más intentaba impedirles estudiar, más formas encontraban ellos de hacerlo.

Incluso llegaron a dominar el arte de conectarse a internet a escondidas y estudiar por su cuenta.

Sin embargo, cada vez que el dueño original los descubría, los castigaba severamente y los obligaba a jugar o a mirar aquellas cosas que para ellos ya resultaban infantiles.

Si se negaban, no les permitía comer.

Así continuó aquel tira y afloja.

Con el tiempo, las consolas, los dispositivos electrónicos, los cómics y los libros ilustrados terminaron provocando un profundo rechazo en los dos niños.

Por eso Shen Qing tampoco había esperado ver a Aozi leyendo voluntariamente un libro ilustrado.

Entonces…

¿Eso significaba que todavía no había llegado demasiado tarde?

…

¡Aozi todavía no odiaba los libros ilustrados!

¡Los estaba mirando por voluntad propia!

Shen Qing se alegró de repente.

Sintió que su futuro todavía era bastante prometedor.

Además, no estaba contento porque, al igual que el dueño original, quisiera criar deliberadamente a aquellos dos niños para volverlos inútiles.

Todo lo contrario.

Sinceramente pensaba que los niños debían disfrutar de su infancia mientras fueran niños, crecer felices y, de esa forma, tener más posibilidades de ser felices cuando fueran adultos.

Para un adulto, poseer la capacidad de sentir felicidad era algo muy importante.

Shen Qing siempre se había opuesto a la educación excesivamente competitiva y exigente.

Porque él mismo había recorrido toda su vida obligándose constantemente a esforzarse.

Había pasado por innumerables exámenes y procesos de selección, había ido a la universidad, se había graduado, había empezado a trabajar…

Y finalmente había muerto por exceso de trabajo.

Ya sabía que obligarse a esforzarse demasiado no tenía demasiado sentido.

Claro que, en su caso, había crecido dependiendo únicamente de su abuela, en una familia pobre, y no había tenido más remedio que esforzarse para sobrevivir.

Pero aquellos dos pequeños antagonistas tenían una herencia que no podrían gastar ni en varias vidas.

¡Su tío pequeño ya se había esforzado suficiente por ellos!

¡Entonces para qué esforzarse tanto!

Por eso, como adulto con valores normales y sin malas intenciones, Shen Qing estaba muy satisfecho de ver que Aozi estaba mirando un libro infantil.

Recordó que las habitaciones de los niños debían ventilarse y desinfectarse con frecuencia para mantenerse secas y limpias, así que se inclinó instintivamente para ordenar un poco la cama deshecha de Gu Ao.

Entonces levantó aquel gran libro.

Al instante siguiente, Shen Qing se quedó inmóvil.

…

Debajo del enorme libro, justo en el límite con la manta abierta, sobresalía parcialmente una hoja de papel.

Estaba cubierta de letras extranjeras.

Algunas habían sido escritas con bolígrafo y mostraban trazos fluidos y firmes.

Otras estaban escritas a lápiz, torcidas y desiguales.

…

Shen Qing levantó la pequeña manta del niño.

Y descubrió algo más.

Sobre la cama de Gu Ao, debajo de la manta sin doblar, había muchas más hojas iguales.

A un lado descansaba también un lápiz de color verde brillante.

…

Era evidente.

Gu Ao estaba estudiando un idioma extranjero.

¡Y era un idioma que Shen Qing ni siquiera sabía si era francés o alguna otra lengua!

Obviamente, los dos niños estaban estudiando a escondidas.

Pero eran tan pequeños que, cuando él apareció de repente, ni siquiera supieron dónde esconder las cosas y simplemente las cubrieron todas con la manta.

…

Shen Qing había pensado que no habían hecho la cama porque eran demasiado pequeños para doblar las mantas.

Resultaba que la manta servía de escondite.

…

¡Con razón Gu Ao le había cerrado la puerta en la cara de repente!

El simple hecho de utilizar un libro ilustrado como distracción demostraba que aquello ya no era la inteligencia normal de un niño de tres años y medio.

Shen Qing recordó también lo que los sirvientes habían dicho.

Los dos jóvenes amos llevaban tres días sin bajar…

¿Acaso se habían pasado todo ese tiempo escondidos en la habitación estudiando?

En ese momento, los dos niños parecieron recordar algo de repente y regresaron rápidamente.

Al ver que Shen Qing ya había descubierto el secreto que habían escondido, la boca de Gu Ao formó una enorme «O».

De inmediato protestó con su vocecita infantil:

—¡¿Por qué tocaste nuestra mantita?!

Sabía que aquel tío no quería que él y su hermano aprendieran caracteres ni idiomas extranjeros.

Aunque no entendía por qué, por la expresión de su hermano, Gu Ao sabía que estaban en problemas.

…

Uhm.

En realidad sí quería ir a comer helado.

Pero su hermano no confiaba en aquel tío.

Aozi también lo entendía.

Por eso, desde hacía rato, había estado esforzándose muchísimo por contenerse y no mostrar ni una pizca de deseo ni de anhelo por el helado.

¡No podía hacer quedar mal a su hermano!

Pero ahora…

Probablemente ya no habría helado.

…

Quizá tampoco habría nada rico para cenar.

Aozi y su hermano solo podrían beber gachas y comer unos encurtidos…

Uuuh.

Aozi se metió instintivamente un dedo en la boca.

De pronto sintió su pancita completamente vacía.

A su lado, Gu Duo le agarró enseguida la mano para impedir que se chupara el dedo.

Después miró a Shen Qing con cautela.

—¿Qué quieres hacer?

Tras quedarse inmóvil durante un instante, Shen Qing se inclinó, reunió cuidadosamente todas aquellas hojas, las ordenó y volvió a dejarlas exactamente donde estaban.

Después actuó como si nada hubiera ocurrido.

—¿Por qué siguen aquí? Vayan a cambiarse. ¿No habíamos quedado en ir a comer helado?

Gu Duo:

«…»

Gu Ao:

«¿Ao? ¿Todavía podemos comer helado?»

Ante las expresiones completamente distintas de los dos hermanos, que sin embargo reflejaban la misma sorpresa, Shen Qing no pudo evitar sentir ternura y tristeza a la vez.

Al ver que Gu Duo volvía a mirarlo con aquella cautela llena de sospecha, Shen Qing decidió no andarse con rodeos y hablar con claridad:

—Después de acompañarme a comer helado, pueden volver y seguir estudiando.

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