Después de fingir mi muerte arrojándome al mar, el villano se volvió obsesivo - Capítulo 22

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  4. Capítulo 22 - Castigo
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La mirada de Song Lijun no tardó en fijarse en la manga de la camisa de Zhao Muqing, todavía empapada de vino tinto. Enseguida se quitó la chaqueta y se la puso sobre los hombros.

—No queda muy bien así, ¿verdad? Ponte esto.

Zhao Muqing originalmente quería decir que no importaba; después de todo, en cuanto regresara al estudio podría cambiarse de ropa. Pero Song Lijun se lo había ofrecido con buena intención, así que, naturalmente, no podía responder de esa manera.

—Gracias. Luego lavaré la chaqueta y te la devolveré.

—No hace falta. No me importa una chaqueta como esta.

Song Lijun volvió a mostrar aquella sonrisa amable y cortés que parecía tener perfectamente ensayada.

A Zhao Muqing le dio vergüenza seguir insistiendo y se limitó a asentir ligeramente.

Shen Guanzhi arrancó el auto. Zhao Muqing permaneció apoyado junto a la ventanilla, contemplando el paisaje urbano del exterior sin prestar demasiada atención a Song Lijun, que estaba sentado a su lado.

En teoría, si Zhao Muqing quería impedir que Shen Guanzhi y Song Lijun estrecharan su relación, debería haber evitado que este último subiera al auto.

Pero, pensándolo bien, quedarse sin batería en el teléfono era realmente problemático en la sociedad moderna. Ayudarlo una o dos veces tampoco tenía nada de malo.

Además, él estaba sentado allí y Shen Guanzhi tenía que conducir. Difícilmente podría pasar algo entre esos dos.

—Muqing.

Song Lijun le dio de repente unas suaves palmadas en el hombro.

—¿Puedo agregarte como amigo?

—Claro.

Zhao Muqing no tenía ningún motivo para negarse.

Song Lijun le pidió el teléfono y le explicó que podían encontrar su cuenta de WeChat buscando su número de teléfono. Cuando regresara y cargara el suyo, aceptaría la solicitud.

Zhao Muqing abrió la barra de búsqueda de WeChat y le entregó el teléfono.

Observó cómo Song Lijun comenzaba a introducir su número.

Apenas había escrito la mitad cuando Shen Guanzhi frenó bruscamente.

El teléfono estuvo a punto de salir volando de las manos de Song Lijun.

—¿Qué pasó? —preguntó Zhao Muqing instintivamente.

—Semáforo en rojo —respondió Shen Guanzhi con indiferencia.

¿Había frenado así por un semáforo en rojo?

Sentado en el auto de Shen Guanzhi, Zhao Muqing comenzó de repente a preocuparse por su propia seguridad.

—¿Estás bien?

Song Lijun extendió instintivamente una mano para sujetar a Zhao Muqing.

Este agitó rápidamente la mano para indicarle que no le había pasado nada.

Song Lijun terminó por fin de introducir el número. Zhao Muqing vio con sus propios ojos cómo pulsaba el botón para enviar la solicitud de amistad y después recuperó el teléfono.

Al mismo tiempo, el auto se detuvo frente al estudio.

Después de subir en el ascensor, Song Lijun se despidió primero de los otros dos, dejando únicamente a Shen Guanzhi y Zhao Muqing en el vestíbulo.

—Ven a mi oficina.

El tono de Shen Guanzhi no sonaba precisamente agradable.

Zhao Muqing no se atrevió a replicar y lo siguió obedientemente escaleras arriba.

Apenas entró en la oficina, Shen Guanzhi cerró la puerta con fuerza.

Antes de que Zhao Muqing pudiera reaccionar, Shen Guanzhi le arrancó prácticamente del cuerpo la chaqueta de Song Lijun y la arrojó directamente al bote de basura de la oficina.

Después tomó una camisa del perchero y se la puso a la fuerza entre los brazos.

—Cámbiate.

Su actitud intimidó tanto a Zhao Muqing que no se atrevió a decir una palabra.

Solo después de un buen rato consiguió reunir valor para preguntar débilmente:

—¿Aquí?

—¿Te molesta?

—¿Cómo me va a molestar? Me cambio, me cambio. Ahora mismo.

Zhao Muqing se quitó rápidamente la camisa manchada de vino y se puso la prenda limpia que Shen Guanzhi le había dado.

Este permaneció sentado frente a él, observándolo como si estuviera disfrutando de algún espectáculo, con la mirada recorriendo su cuerpo sin el menor disimulo.

Zhao Muqing no le dio demasiada importancia.

Acababa de abrocharse el último botón cuando Shen Guanzhi le hizo una seña.

—Ven aquí.

—Podemos hablarlo tranquilamente. No te enfades.

Zhao Muqing se acercó rápidamente.

—Yo no hice nada, ¿verdad? Él insistió en prestarme la chaqueta y también insistió en agregarme como amigo. Te juro por lo que quieras que no tengo ninguna intención de ponerte los cuernos.

—Me prometiste que no habría una próxima vez.

Shen Guanzhi tomó la mano de Zhao Muqing y comenzó a acariciarla entre las suyas, como si jugueteara con algo que le pertenecía y apreciaba especialmente.

—Mantente alejado de él.

—Yo también quisiera, pero todos trabajamos en el mismo estudio. Es imposible no cruzarnos de vez en cuando. Te juro que nadie va a decir nada sobre ti, ¿está bien?

Zhao Muqing levantó cuatro dedos solemnemente, como si estuviera haciendo un juramento al cielo.

Shen Guanzhi llevó la palma de Zhao Muqing hasta su propia mejilla.

Entonces, sin previo aviso, le dio un suave mordisco en el dedo índice y dejó marcada la huella de sus dientes.

—Ese no es el problema.

Sus ojos se encontraron.

La mirada de Shen Guanzhi parecía querer envolverlo y mantenerlo completamente atrapado.

—Deja de fingir que no entiendes. No quiero seguir jugando contigo a que me atraes para luego alejarte.

Zhao Muqing no entendió ni una sola palabra.

Si no se trataba de ponerle los cuernos, ¿entonces de qué demonios estaba hablando?

Su mente dio vueltas a toda velocidad y no tardó en llegar a una conclusión bastante atrevida.

Quizá Shen Guanzhi ya hubiera empezado a sentir algo por Song Lijun.

Por eso le molestaba que él se acercara demasiado a Song Lijun.

Zhao Muqing tuvo ganas de frotarse las sienes.

Esta maldita relación predestinada sí que es difícil de cortar.

—Ya está, ¿no? Ya te lo juré.

Zhao Muqing se dio la vuelta e intentó salir de la oficina, pero Shen Guanzhi lo agarró de la mano y le dio un fuerte mordisco en el lóbulo de la oreja.

¡Duele!

Zhao Muqing no pudo evitar fruncir el ceño.

¿Así expresaba Shen Guanzhi su descontento?

Mordía a la gente indiscriminadamente como un perro rabioso de la calle.

—Recuerda lo que me prometiste.

Solo entonces Shen Guanzhi lo soltó de mala gana.

—No me obligues a recordártelo por tercera vez.

……

Cuando Zhao Muqing salió de la oficina, se encontró de frente con Song Lijun.

Instintivamente miró a su alrededor.

Había cerrado la puerta de la oficina al salir, así que Shen Guanzhi no podía verlos.

—Muqing.

Song Lijun lo saludó por iniciativa propia.

—¿Qué te pasó en la oreja?

Avergonzado, Zhao Muqing se apresuró a cubrirla con una mano.

—Nada. Me mordió un perro.

Song Lijun pareció darse cuenta de su incomodidad y no siguió preguntando.

Después de despedirse brevemente, continuó solo por el pasillo y terminó deteniéndose frente a la oficina de Shen Guanzhi.

Zhao Muqing no pudo evitar detenerse también.

No pretendía espiar. Simplemente permaneció en el pasillo, a cierta distancia de la oficina.

Esperó con bastante paciencia hasta que ambos aparecieron finalmente en la puerta.

Shen Guanzhi conservaba su expresión habitual.

Song Lijun, en cambio, sonreía tanto que tenía los ojos entrecerrados.

Zhao Muqing no alcanzaba a escuchar lo que decían, pero sí vio a Shen Guanzhi entregarle una pequeña y exquisita caja.

Song Lijun la recibió con evidente sorpresa y la guardó cuidadosamente, como si valorara mucho lo que contenía.

¿Ya hasta le está dando regalos?

Además, por el empaque, no parecía precisamente algo barato.

Zhao Muqing sintió de repente el impulso de acercarse y separar a los dos con sus propias manos.

¿Es que no saben que esta maldita relación suya está relacionada con la vida de una persona?

Zhao Muqing casi se derrumbó por dentro.

¡Mi vida también cuenta como una vida!

Completamente desanimado, retrocedió en silencio y pulsó el botón del ascensor.

Quizá los sentimientos de Shen Guanzhi todavía no fueran demasiado profundos. Aún podía intervenir.

Lo importante era impedir que Shen Guanzhi acudiera a la sesión fotográfica de Song Lijun.

Funcionara o no, tenía que intentarlo.

Zhao Muqing respiró profundamente.

……

Sin previo aviso, Li Shuqiao llamó por teléfono a Zhao Muqing mientras este todavía dormía y le pidió que fuera al estudio.

Después de recibir la llamada, Zhao Muqing no tuvo más remedio que obligarse a despertar. Se puso a toda prisa algo de ropa presentable y corrió hacia el ascensor.

El conductor ya lo esperaba abajo y el trayecto transcurrió sin retrasos.

Cuando llegó a la sala de reuniones, además de Li Shuqiao, Song Lijun también estaba allí.

Zhao Muqing buscó cualquier asiento y se sentó.

En cuanto estuvieron todos presentes, Li Shuqiao fue directamente al grano:

—Esta vez quiero que ustedes dos colaboren en una sesión para la portada de una revista.

Zhao Muqing estuvo a punto de escupir el agua que acababa de beber.

¿Qué clase de giro de la trama es este?

Él no recordaba haber leído algo así.

¿Quién demonios era él para participar en una sesión junto a Song Lijun?

—¿Por qué te sorprendes tanto? —Li Shuqiao había notado claramente su reacción—. Tu cara ni siquiera aparecerá en la foto.

Zhao Muqing:

—……

Ciertamente, no esperaba que pudiera hacerse algo así.

—Si ahora mismo te pusiera a aparecer en una portada junto a Song Lijun, nos insultarían hasta la muerte. Seguro que un montón de internautas acusarían al estudio de intentar imponerte a la fuerza —explicó Li Shuqiao—. Para conseguir el efecto que buscamos, solo vas a servir de acompañamiento. Considéralo una oportunidad para ganar experiencia y aprender algo de Song Lijun. No te preocupes, recibirás tu paga correspondiente.

Zhao Muqing respiró profundamente.

Parecía que aquel punto decisivo del destino estaba a punto de llegar.

—Está bien. No hay problema.

Song Lijun, que llevaba un buen rato sin hablar, volvió el rostro hacia Zhao Muqing y le dedicó una ligera sonrisa.

—Gracias por el esfuerzo, Muqing.

Durante los días previos a la sesión, Zhao Muqing permaneció con los nervios de punta.

Comprobaba constantemente la hora en el teléfono.

Media hora antes de entrar al estudio fotográfico, hizo todo lo posible por averiguar dónde se encontraba Shen Guanzhi. Finalmente, Li Shuqiao le dijo que estaba en su oficina.

Estaba demasiado cerca.

Podía bajar en cualquier momento.

Zhao Muqing intentó contactar con Jian Shigu para pedirle ayuda, pero evidentemente no estaba disponible.

Y precisamente en ese momento alguien comenzó a apresurarlo para que se preparara.

Sin otra alternativa, tuvo que entrar primero al vestidor para cambiarse.

No mucho después de su llegada, Song Lijun también entró en el estudio fotográfico.

Zhao Muqing terminó de maquillarse y esperó un rato fuera. Poco después, Song Lijun también terminó con el maquillaje y el estilismo.

Zhao Muqing se quedó mirándolo distraídamente.

No podía culpar a Shen Guanzhi por haberse enamorado a primera vista en la novela original.

Song Lijun, arreglado de aquella manera, resultaba incontables veces más deslumbrante que de costumbre.

—¿Podemos empezar? —preguntó Song Lijun mientras se arreglaba por última vez el cabello frente al espejo.

—Por supuesto. Por aquí, señor Song, señor Zhao.

El asistente condujo a ambos hasta las posiciones indicadas.

Una vez adoptaron las poses correspondientes, el fotógrafo pulsó el obturador.

Justo cuando estaban a punto de hacer una pausa a mitad de la sesión, antes de que Zhao Muqing pudiera siquiera levantarse, oyó unos pasos procedentes del exterior.

Levantó instintivamente la cabeza.

Para su desgracia, quien acababa de llegar era precisamente Shen Guanzhi.

Zhao Muqing entró en pánico y casi comenzó a sudar.

En el mismo instante en que Shen Guanzhi cruzó la puerta, Zhao Muqing abrazó inmediatamente a Song Lijun, que acababa de levantarse para marcharse.

Song Lijun, cuyos movimientos quedaron restringidos por el abrazo, se sobresaltó ante aquella acción completamente inesperada.

—¿Ocurre algo?

—N-No, nada. Solo… descansa un momento entre mis brazos.

Zhao Muqing giró el rostro de Song Lijun hacia él.

—Tú… eh… espera aquí. Voy y vuelvo enseguida.

Acto seguido, Zhao Muqing corrió hacia Shen Guanzhi.

Se colocó deliberadamente de manera que su cuerpo bloqueara el ángulo desde el que Shen Guanzhi podía ver a Song Lijun y, con extraordinaria rapidez, lo arrastró hasta el vestidor cercano.

Perfecto.

En un momento cerraría la puerta con llave.

De todos modos, la sesión terminaría pronto. En el peor de los casos, diría que había cerrado por costumbre y sin darse cuenta.

Sin embargo, antes de que Zhao Muqing pudiera abrir la boca para inventarse alguna excusa, Shen Guanzhi lo arrinconó contra la pared del vestidor.

Le sujetó ambas manos con fuerza.

Después hundió los dientes en un lado de su cuello, como si estuviera marcando a una presa.

—Zhao Muqing, rompiste tu promesa.

Las yemas de los dedos de Shen Guanzhi acariciaron suavemente la marca que acababa de dejar.

—No creas que voy a consentirte siempre. Dímelo tú mismo: ¿qué castigo quieres?

Zhao Muqing sostuvo su mirada.

Era la primera vez que veía una expresión tan intimidante en el rostro de Shen Guanzhi.

Un escalofrío le recorrió prácticamente toda la espalda.

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