Después de dejar que mi exmarido recogiera a los niños por error - Capítulo 81

  1. Home
  2. All novels
  3. Después de dejar que mi exmarido recogiera a los niños por error
  4. Capítulo 81
Prev
Next
Novel Info

Ling Suihan observó con cierta satisfacción la figura que, al otro lado del cristal, seguía el desarrollo del juego mientras aprovechaba para escribir mensajes a escondidas con el teléfono bajo la mesa.

Como era de esperarse de la persona que tanto ocupaba sus pensamientos, Su Zhiqiu siempre era considerado con él.

Sin embargo… prefería dejar pasar lo de los juegos de misterio.

Después de todo, antes de retirarse de la industria del entretenimiento, había ganado un premio de oro al mejor actor y protagonizado películas que habían recaudado miles de millones en taquilla.

La verdad era que aquellos guiones de juegos no le interesaban demasiado.

Podría considerarse una especie de estrés postraumático profesional.

«Si te gusta, puedes volver otro día», escribió Ling Suihan. «Pero no hace falta que me invites. Olvidé decirte que trabajo como actor en la industria del entretenimiento. Ya he leído suficientes guiones para toda una vida».

Esta vez, Su Zhiqiu no respondió inmediatamente.

Ling Suihan levantó la cabeza y vio que el grupo parecía estar atravesando un momento especialmente emocionante de la historia.

Era normal que no estuviera pendiente del teléfono.

Tampoco quería interrumpir el tiempo que Su Zhiqiu pasaba con sus amigos, así que bloqueó el teléfono y lo dejó a un lado.

Sin darse cuenta, aquella ligera sensación de soledad y celos que había experimentado antes ya se había disipado.

Al volver su atención a los alrededores, escuchó que varias personas hablaban del establecimiento de enfrente.

Prestó atención por un momento y descubrió que era el primer local de juegos de misterio de todo el condado de Gui.

Apenas había abierto el día anterior y ya estaba atrayendo a numerosos jóvenes.

Mientras escuchaba la conversación, Ling Suihan vio entrar a varios grupos.

Entre ellos había bastantes muchachos con el cabello teñido de colores extravagantes y los brazos cubiertos de tatuajes.

En realidad, desde el día en que llegó al condado de Gui, ya se había acostumbrado a encontrar jóvenes vestidos de aquella manera.

Por eso, cuando conoció a Su Zhiqiu y descubrió que su esposo solo tenía la costumbre de escaparse de las clases nocturnas de estudio y meterse en peleas, pero que su forma de vestir seguía siendo relativamente normal, sintió un enorme alivio.

Le aterraba imaginarse a Su Zhiqiu con aquel aspecto.

Probablemente sería una imagen que no conseguiría olvidar en toda su vida.

Poco después de que aquel grupo entrara, pareció producirse algún altercado en el establecimiento.

Alguien a su lado exclamó:

—¡Parece que van a pelearse en el local de enfrente!

Ling Suihan dejó inmediatamente su vaso y miró hacia allí.

Y, efectivamente, así era.

Un muchacho de cabello morado que parecía ser el líder de un grupo estaba de pie frente a la mesa de Su Zhiqiu, acompañado por varios jóvenes de ambos sexos.

No sabía qué estaban diciendo, pero sus expresiones eran claramente hostiles.

Casi al instante, Ling Suihan comprendió que aquellas personas habían ido específicamente a buscar a Su Zhiqiu.

Después de todo, tenía plena confianza en la capacidad para causar problemas de aquel «suegro» al que nunca había conocido.

Como era de esperarse, al segundo siguiente se escuchó un estrépito.

Una oleada de gritos surgió del establecimiento de enfrente.

El bar también se llenó inmediatamente de conversaciones agitadas.

Todos estiraban el cuello para mirar hacia el otro lado de la calle.

Solo Ling Suihan apartó bruscamente la silla y salió a grandes pasos.

Caminaba deprisa, aprovechando sus largas piernas.

A través del cristal había visto perfectamente cómo aquellos individuos volcaban la mesa de Su Zhiqiu y sus compañeros.

Los guiones, los accesorios del juego y los bocadillos habían terminado esparcidos por el suelo.

Incluso varios adornos de cerámica cercanos se habían hecho pedazos.

Cuando se aproximó al establecimiento, ya podía escuchar el alboroto del interior.

Algunos gritaban furiosos, otros intentaban detener la pelea y varias personas chillaban de miedo.

El corazón de Ling Suihan se tensó.

Se apresuró a acercarse a la ventana.

Sin embargo, al levantar la mirada, presenció una escena que jamás olvidaría.

En algún momento, Su Zhiqiu se había levantado de su asiento.

El muchacho de cabello morado lo sujetaba del cuello de la ropa y tiraba de él hacia adelante.

El suéter que acababan de comprar el día anterior estaba tan estirado que había perdido su forma, dejando al descubierto las clavículas blancas y delicadas del adolescente.

Parecían tan frágiles que bastaría con apretarlas ligeramente para romperlas.

El agresor mostraba una actitud extremadamente arrogante.

Con una mano sujetaba a Su Zhiqiu por el cuello de la ropa y, con la otra, le daba fuertes golpes en la cabeza con el dedo.

Lo hizo con tanta fuerza que el cuerpo de Su Zhiqiu se sacudió violentamente.

Había numerosas personas alrededor.

Entre ellas se encontraban jóvenes de ambos sexos con el cabello teñido de distintos colores, así como los compañeros de escuela de Su Zhiqiu.

Sin embargo, nadie se acercaba.

Todos permanecían a cierta distancia.

Solo el muchacho que Ling Suihan había conocido al mediodía pareció vacilar, como si quisiera decir algo.

Pero otro joven de cabello amarillo le lanzó una mirada amenazadora y retrocedió inmediatamente dos pasos.

En medio de aquel desastre, únicamente Su Zhiqiu y el muchacho de cabello morado permanecían frente a frente.

El segundo hablaba con expresión burlona.

Su Zhiqiu mantenía la cabeza baja, inmóvil.

De pronto, el muchacho de cabello morado escupió sobre Su Zhiqiu y le dirigió un insulto particularmente vulgar.

Ling Suihan, que hasta entonces había conseguido contenerse a duras penas, estalló de furia.

Mientras respiraba profundamente, tomó una pequeña silla metálica que había junto a la calle.

Estaba dispuesto a darle un buen golpe a aquel imbécil que parecía tener ganas de morir.

En los más de diez años que llevaba conociendo a Su Zhiqiu, la última persona que se había atrevido a agredirlo delante de él había sido aquel repugnante Lin Hu.

Ahora Lin Hu había perdido la disputa por la herencia familiar y su hermano mayor lo había enviado a algún rincón remoto.

Por supuesto, Ling Suihan también había contribuido considerablemente entre bastidores a arruinarlo.

¡Y ahora aparecía otro idiota buscando la muerte!

Le daba igual si aquello era un sueño o un viaje en el tiempo.

Ya no quería pensar en nada de eso.

Su único deseo era entrar y destrozar al muchacho de cabello morado, hacer que se arrepintiera durante el resto de su vida de lo que había hecho aquel día a Su Zhiqiu.

Sin embargo, después de avanzar unos pasos con la cabeza baja, vio que Su Zhiqiu finalmente se movía.

El adolescente tomó una servilleta y se limpió la chaqueta acolchada, como si lo ocurrido no tuviera nada que ver con él.

Aquel gesto extraordinariamente tranquilo hizo que Ling Suihan, que estaba a punto de estallar, se detuviera de pronto.

Apretó con fuerza la silla metálica.

Pasó bastante tiempo antes de que finalmente la dejara caer a un lado con un golpe sordo.

Se dirigió a un lugar apartado y sacó el teléfono.

Estaba a punto de marcar el 110, el número de emergencias de la policía, cuando descubrió que Su Zhiqiu le había enviado un mensaje cuatro minutos antes.

Lo abrió apresuradamente.

Era muy corto.

«Si ves algo ahorita no aparezcas, por favro».

Era evidente que lo había escrito a toda prisa, pues contenía errores, pero aun así se percibían claramente la urgencia y la desesperación de Su Zhiqiu.

Ling Suihan sintió que todas sus fuerzas lo abandonaban.

Se apoyó contra la pared, casi incapaz de soportar la idea de mirar lo que ocurría al otro lado de la calle.

Apretó los dientes con fuerza.

En sus ojos apareció un brillo peligroso, cargado de furia.

No sabía si debía alegrarse de haber visto aquel mensaje o enfurecerse por la petición que Su Zhiqiu le había hecho.

Unos segundos después, levantó el teléfono y marcó el número de todos modos.

Sin embargo, parecía que alguien ya había llamado a la policía.

Los agentes llegaron sorprendentemente rápido, apenas unos minutos después.

En cuanto apareció la patrulla en la esquina, muchos curiosos comenzaron a dispersarse por iniciativa propia.

No querían verse involucrados en problemas.

Ling Suihan, en cambio, avanzó contra la corriente de personas.

Se abrió paso hasta llegar a la parte más cercana al centro del alboroto, a escasa distancia del lugar donde todo había quedado destrozado.

Su Zhiqiu seguía con la cabeza baja.

Ni siquiera la levantó cuando el muchacho de cabello morado soltó su ropa al ver a los policías.

Mientras los agentes le hacían preguntas, permanecía mirando el suelo.

De vez en cuando asentía o respondía con alguna palabra.

No se mostraba especialmente colaborador.

Sin embargo, Ling Suihan también advirtió que los policías no parecían sorprendidos por aquella situación.

Ni siquiera mostraban demasiada reacción emocional.

No sabía si se debía a su experiencia profesional o a alguna otra razón.

Pronto obtuvo la respuesta.

Después de registrar lo sucedido, dos agentes comenzaron a dispersar a los curiosos, mientras otro se dirigía a hablar con los propietarios del establecimiento sobre los daños materiales.

Ling Suihan permaneció inmóvil.

Su oído, particularmente agudo, le permitía escuchar las palabras del último policía que seguía en el interior.

Frente a los agentes, el muchacho de cabello morado había perdido toda su arrogancia.

Mantenía la cabeza baja y mostraba una actitud extraordinariamente obediente.

Sin embargo, el policía no le hablaba precisamente con amabilidad.

—Ya te lo hemos dicho muchas veces, ¿verdad? Es cierto que el padre de Su Zhiqiu le debe dinero a tu familia, pero él es menor de edad. Aunque no te devuelva el dinero, no tiene ninguna responsabilidad legal por esa deuda. Además, por lo que sé, lleva mucho tiempo trabajando para pagarte. ¡Solo por haberlo agredido, si él decidiera denunciarte, podrían detenerte!

El muchacho asintió repetidamente y respondió con una sonrisa servil.

Sin embargo, cuando el agente se dio la vuelta, todavía murmuró en voz baja:

—Las deudas se pagan. Es lo justo.

El policía evidentemente lo escuchó.

Frunció el ceño y se volvió para decirle algo más.

Pero Su Zhiqiu, que hasta entonces había permanecido callado, intervino de pronto:

—Oficial Li, déjelo. Solo fue un malentendido.

El agente de apellido Li parecía conocer bastante bien a Su Zhiqiu.

Al escucharlo, dejó escapar un largo suspiro, negó con la cabeza y no añadió nada.

El muchacho de cabello morado soltó una risa fría.

Después de recibir permiso para marcharse, se dirigió inmediatamente a la salida sin mirar atrás.

Ni siquiera se disculpó.

Al pasar junto a Ling Suihan, levantó la cabeza por casualidad y se encontró con un par de ojos helados.

Como le ocurría a la mayoría de las personas, primero se quedó atónito ante su extraordinaria belleza.

Después recuperó la compostura y lo miró con hostilidad, murmurando algún insulto.

De haber seguido su temperamento habitual, Ling Suihan jamás lo habría dejado marcharse tan fácilmente.

Sin embargo, miró a Su Zhiqiu, que seguía hablando con el policía, y consiguió contenerse.

Observó en silencio cómo el muchacho subía a una motocicleta y se alejaba a toda velocidad.

Pero no importaba.

Ya lo había grabado en su memoria.

Ling Suihan presionó la lengua contra el interior de la mejilla y apartó la mirada con frialdad.

El oficial Li no se marchó inmediatamente.

Continuó hablando en voz baja con Su Zhiqiu.

Esta vez, su tono ya no era tan severo, sino que transmitía cierta impotencia.

Como hablaba demasiado bajo, Ling Suihan no conseguía escucharlo con claridad.

Aun así, captó algunas palabras sueltas.

«Las dos veces anteriores… denunciar… tienes que ser valiente…».

Aquellas palabras fragmentadas le hicieron recordar algo de golpe.

El día en que había llegado a aquel lugar, había descubierto varias heridas en el cuerpo de Su Zhiqiu.

Tenía moretones en el abdomen e incluso una vieja cicatriz de la rodilla se le había vuelto a abrir.

Eso significaba que aquel muchacho de cabello morado no llevaba uno o dos días acosándolo.

¿Sería posible que también hubiera sido él quien le provocó aquellas heridas tan graves la última vez?

Ling Suihan tuvo que reunir todas sus fuerzas y respirar profundamente para evitar que sus intenciones asesinas quedaran al descubierto delante de la policía.

Poco después, el oficial Li se acercó acompañado de Su Zhiqiu.

Al ver que el adolescente no tenía intención de reconocerlo, Ling Suihan fingió ser un transeúnte cualquiera.

Permaneció inmóvil donde estaba.

Los propietarios del establecimiento también se acercaron con los policías.

Lo primero que dijo el dueño fue:

—Señor policía, acabo de hacer las cuentas. Tiene que pagarme dos mil yuanes.

El oficial Li frunció el ceño.

—¿Qué dos mil yuanes? ¿A quién pretendes cobrarle?

El establecimiento pertenecía a una pareja.

Frente a los policías, la muchacha se sintió un poco avergonzada y tiró suavemente de la ropa de su novio.

—Déjalo, déjalo. Con que nos paguen una parte será suficiente.

—¿Cómo voy a dejarlo pasar?

El joven, por el contrario, parecía profundamente indignado.

Señaló a Su Zhiqiu y comenzó a insultarlo.

—¡No crean que porque soy de fuera no sé lo que pasa aquí! ¡El padre de este mocoso le debe dinero a un montón de personas de la zona y los acreedores lo persiguen por todas partes! ¡Él sabía perfectamente que tenía problemas y aun así vino a jugar a mi establecimiento! ¿No es evidente que vino a causarme problemas?

Los policías lo interrumpieron inmediatamente.

—Quienes destrozaron tus pertenencias fueron otras personas. Él también es una víctima. Además, acabamos de revisar las cámaras de seguridad. No tocó ninguno de tus objetos en ningún momento. La ley no respalda lo que estás diciendo.

El joven, que llevaba el cabello recogido en una pequeña trenza, abrió mucho los ojos.

Miró a Su Zhiqiu con profundo desprecio.

—Señor policía, no hace falta que intente asustarme. Aunque no tenga que pagarlo todo, ¡por lo menos debería pagar la mitad! ¡Qué mala suerte la mía! Apenas llevo dos días con el negocio abierto y, por su culpa, ya me he metido en problemas con esa gente. Si vuelven a venir aquí, ¿cómo se supone que voy a seguir trabajando?

Después lanzó a Su Zhiqiu una mirada llena de odio.

—¡Y tú, no vuelvas a acercarte a este lugar! ¡Cada vez que te vea, te echaré! ¡Maldita sea, qué mala suerte traes!

—Cuida tu manera de hablar.

Ling Suihan ya no pudo seguir escuchando.

Aunque Su Zhiqiu llevaba un rato haciéndole señas discretas para que no interviniera, había llegado a su límite.

—¿Por qué no te desahogaste con el muchacho de cabello morado? —preguntó, dando un paso adelante y mirando fríamente al propietario—. ¿Por qué tienes que meterte con un niño? Si no te atreves a enfrentarte a esa gente, entonces cierra la boca y compórtate, en lugar de intentar extorsionar y amenazar a un menor de edad.

Al escuchar que alguien había puesto al descubierto sus verdaderas intenciones, el rostro del propietario se puso completamente rojo.

Su pecho subió y bajó violentamente varias veces.

Observó la imponente figura de Ling Suihan.

Solo después de un buen rato consiguió reunir el valor suficiente para insultarlo.

—¿Y a ti qué demonios te importa? ¿Quién diablos eres?

Ling Suihan ni siquiera tenía ganas de discutir con alguien de semejante categoría.

—Oficial Li, estuve todo el tiempo en el establecimiento de enfrente y presencié lo ocurrido. Puedo declarar como testigo.

El oficial Li suspiró y agitó la mano.

Después se dirigió al propietario con seriedad:

—Entiendo tus preocupaciones, pero Su Zhiqiu no tiene ninguna obligación de indemnizarte. Más tarde, mis compañeros volverán a contactar con los responsables para tomarles declaración. En ese momento también podrás presentarles tu reclamación por los daños.

Al ver que incluso la policía sostenía aquella postura, el propietario comprendió que continuar discutiendo no serviría de nada.

Consiguió contener su enojo a duras penas.

Sin embargo, todavía murmuró entre dientes:

—Maldito mocoso sin educación. ¿Por qué no te mataron a golpes?

—Hijo de…

Ni siquiera alcanzó a terminar el segundo insulto.

Ling Suihan se abalanzó sobre él y lo sujetó por el cuello.

—Atrévete a decir una sola palabra más.

Lo miró fijamente y pronunció cada palabra con una frialdad aterradora.

Varios policías se apresuraron a separarlos.

Sin embargo, alguien reaccionó incluso más rápido que ellos.

Su Zhiqiu.

El adolescente corrió hacia Ling Suihan casi al instante.

Le sujetó el brazo y lo sacudió desesperadamente, suplicándole una y otra vez en voz baja:

—No le pegues, por favor. De verdad…

Ling Suihan bajó la cabeza.

Sus ojos se encontraron con aquellos ojos negros y profundos.

En ellos descubrió una impotencia tan intensa que resultaba imposible describirla.

Sintió como si alguien le hubiera golpeado el corazón con un enorme martillo.

Un dolor sordo se extendió por su pecho.

No continuó.

Siguiendo la fuerza con la que los policías intentaban apartarlo, aflojó lentamente la mano.

El propietario también había comprendido que Ling Suihan no era alguien con quien pudiera meterse fácilmente.

Después de observar su costoso abrigo, terminó tragándose la humillación.

Los policías despejaron rápidamente el lugar.

El oficial Li preguntó a Su Zhiqiu si necesitaba que lo llevaran a casa.

El adolescente negó con la cabeza y le dio las gracias.

El oficial Li no insistió.

Levantó la mirada hacia Ling Suihan antes de darse la vuelta y marcharse.

Ling Suihan le dedicó una sonrisa.

En aquel instante, comprendió de pronto algo.

En el mundo real, en aquel mundo donde él todavía no formaba parte de su vida, ¿el Su Zhiqiu de dieciséis años también había tenido que enfrentarse a todo aquello?

¿Había soportado semejantes humillaciones completamente solo, con obstinación y sin ninguna posibilidad de defenderse?

Su Zhiqiu no le dirigió la palabra.

Simplemente bajó la cabeza y se dio la vuelta para recoger su mochila, que había terminado tirada en el suelo.

La mochila ya estaba muy vieja.

En apenas dos días, la habían arrojado de un lado a otro tres veces.

Una de las correas estaba tan deteriorada que parecía a punto de romperse en cualquier momento.

Sin embargo, milagrosamente, cuando Su Zhiqiu se la colgó a la espalda, resistió sin romperse.

Ling Suihan levantó la cabeza y observó a las personas que permanecían al otro extremo.

Todos eran compañeros de escuela de Su Zhiqiu.

No sabía si estaban demasiado asustados o si simplemente no querían relacionarse con él.

Ninguno le dirigió una sola palabra.

El grupo permaneció en silencio mientras observaba cómo Su Zhiqiu cerraba la cremallera de su mochila, se la colgaba y caminaba hacia la salida.

La muchacha que habían conocido al mediodía había retrocedido en algún momento desde la primera fila hasta la última.

Su figura apenas podía distinguirse entre los demás.

Ling Suihan la miró.

Después observó al resto de los estudiantes.

No podía decir que le desagradaran, pero tampoco sentía demasiado afecto por ellos.

Podía comprender su comportamiento.

Sin embargo, eso no significaba que le doliera menos lo que Su Zhiqiu estaba sufriendo.

Después de todo, él nunca había sido una persona particularmente tolerante.

Había crecido en una familia privilegiada y disfrutado de una vida tranquila desde pequeño.

No necesitaba mostrarse excesivamente comprensivo con los demás.

Ling Suihan dejó de mirarlos.

Esperó hasta que la delgada figura de Su Zhiqiu desapareció lentamente al doblar la esquina.

Solo entonces salió a grandes pasos.

Después de subir al automóvil, Ling Suihan no se apresuró a alcanzar a Su Zhiqiu.

Giró el volante y comenzó a seguirlo lentamente, observando la figura cabizbaja que caminaba delante.

La noche había caído.

Las farolas de las calles, que no eran demasiado luminosas, proyectaban pequeños círculos de luz tenue sobre el suelo.

Aquella era una ciudad prácticamente sin vida nocturna.

Solo algunos vehículos circulaban de vez en cuando por las amplias calles.

No supo cuánto tiempo estuvieron avanzando así.

Finalmente, Su Zhiqiu se detuvo.

Se dio la vuelta y miró directamente hacia él a través del parabrisas.

Ling Suihan se quedó sorprendido.

No había esperado que Su Zhiqiu lo reconociera tan pronto.

Pisó el acelerador y detuvo el automóvil frente a él.

Bajó la ventanilla.

—¿Quieres subir?

Su Zhiqiu vaciló un momento.

Finalmente abrió la puerta y se sentó en el asiento del copiloto con la mochila todavía a la espalda.

Permanecieron así, en silencio.

El automóvil avanzó cien metros.

Después otros cien.

Y otros cien más, sin un destino concreto.

Cuando ya habían recorrido incontables tramos de cien metros, Ling Suihan finalmente rompió el silencio.

—¿Estás enojado?

Desde que había subido al automóvil, Su Zhiqiu no había pronunciado una sola palabra.

Se había limitado a contemplar el paisaje nocturno por la ventana, evitando su mirada.

Al escuchar la pregunta, levantó instintivamente la cabeza.

—¡No! Yo… yo pensé que tú estabas enojado.

—¿Yo? Sí, estoy muy enojado.

Solo cuando vio que Su Zhiqiu abría los ojos con angustia, continuó:

—Estoy enojado conmigo mismo porque no puedo ayudarte a resolver este problema definitivamente. Me enfurece ser tan inútil.

Su Zhiqiu se puso inmediatamente nervioso.

Enderezó la espalda y comenzó a explicarse apresuradamente:

—No es eso. Sé que querías ayudarme. Soy yo quien no quiere involucrarte. Además, si esa gente te ve, pensará que ahora tengo a alguien que me respalda. Entonces empezarán a molestarte y vendrán a exigirme dinero con todavía más insistencia…

Ling Suihan no lo dejó continuar.

Porque comprendía perfectamente todas aquellas razones.

Y aunque en el pasado no las hubiera comprendido, después de vivir aquellos cinco años de dolor desgarrador, ya las entendía.

—Lo sé.

Interrumpió a Su Zhiqiu y extendió la mano para tomar la del adolescente.

La apretó suavemente.

—Sé perfectamente lo que estás pensando.

Su Zhiqiu, que estaba a punto de perder el control de sus emociones, sintió de pronto una cálida presión alrededor de la mano.

Aquella mano era larga y cálida.

Lo sujetaba firmemente y consiguió tranquilizarlo casi al instante.

Era la primera vez que ambos tenían un contacto físico de aquella naturaleza.

No había ninguna intención sexual.

Solo era un gesto sencillo de consuelo y aliento.

Su Zhiqiu apretó los labios.

Entonces escuchó que la voz del hombre a su lado temblaba ligeramente por alguna razón.

—Su Zhiqiu, precisamente porque comprendo demasiado bien lo que estás pensando es que…

Es que me duele tanto.

Eres tan sensato y considerado. ¿Por qué tienes que pasar por todo esto?

¿Por qué tienes que soportar que personas tan despreciables te insulten en la cara y te expulsen de los lugares como si fueras alguien indeseable?

Mientras sucedía todo aquello, parecías completamente insensible.

Como una marioneta a la que le hubieran arrancado el alma durante unos instantes.

Como si, al dejar vagar tus pensamientos, pudieras evitar sentir aquella humillación y aquella vergüenza tan profundas.

Eres una persona tan digna y, sin embargo, siempre te ves obligado a soportar situaciones que te arrebatan esa dignidad.

Cada vez que Ling Suihan recordaba a Su Zhiqiu en aquel establecimiento, con la cabeza baja, soportando golpes, insultos y burlas sin pronunciar una sola palabra, sentía deseos de reducir el local entero a escombros.

—No vayas a malinterpretarme. Normalmente no soy tan cobarde. Cuando algunas personas se pasan de la raya, tampoco me dejo intimidar fácilmente.

Aunque Ling Suihan no había dicho nada, Su Zhiqiu pudo adivinar lo que pensaba por su expresión.

—Hoy no le respondí porque su situación es un poco especial.

Por alguna razón, temía muchísimo dejar una mala impresión en Ling Suihan.

Por eso comenzó a explicarse con toda seriedad.

—Su papá y el mío eran amigos desde pequeños. Crecieron juntos y tenían una relación muy estrecha. Cuando mi abuela se enfermó, fue su papá quien la cargó a la espalda en plena noche para llevarla al hospital. Incluso pagó los gastos de hospitalización. Él y yo también jugábamos juntos cuando éramos niños. Pero después mi papá le estafó muchísimo dinero a su familia y huyó.

—Su familia tampoco tenía mucho dinero. Perder tanto de golpe hizo que su papá se enfermara de la preocupación. Terminó hospitalizado y tardó mucho tiempo en recuperarse.

—Pero yo fui a visitarlo y utilicé todos los ahorros que tenía entonces para pagarle los gastos médicos.

Su Zhiqiu lo contó prácticamente sin detenerse a respirar.

Hablaba tan deprisa y con tanta urgencia que parecía temer que, si se demoraba un poco, Ling Suihan terminaría considerándolo un cobarde o un ingrato.

Todavía quería explicarse mejor.

Sin embargo, el automóvil frenó repentinamente y se detuvo junto a la calle.

—¿Qué…?

Antes de que pudiera terminar la pregunta, Ling Suihan se quitó el cinturón de seguridad, se volvió hacia él y lo abrazó.

Todas las palabras que Su Zhiqiu todavía quería pronunciar quedaron ahogadas en aquel abrazo cálido y amplio.

Un tenue aroma a gel de baño llenó su nariz.

Era el gel que había en el hotel.

También había otro aroma mezclado, uno que no conseguía identificar, pero que olía extraordinariamente bien.

Por alguna razón, apenas se encontró dentro de aquel abrazo, Su Zhiqiu se relajó por completo.

Aquel hombre era alguien a quien apenas conocía desde hacía dos o tres días.

Sin embargo, tenía una capacidad inexplicable para hacerlo sentir seguro.

Como si ya se hubieran conocido antes.

Ling Suihan no sabía qué estaba pensando Su Zhiqiu.

En realidad, ya no tenía fuerzas para pensar.

Simplemente había detenido el automóvil siguiendo un impulso y, movido por una compasión imposible de contener, había abrazado al pequeño adolescente que tenía delante.

Su esposo, aquel hombre que parecía capaz de hacerlo todo, el jefe Su que había conseguido labrarse una carrera exitosa siendo todavía tan joven…

En aquel momento no era más que un muchacho de dieciséis años que apenas le llegaba al cuello.

¿Cuánto tendría que sufrir para convertirse en aquel hombre?

La indiferencia de sus compañeros parecía no afectarlo en absoluto.

Pero seguramente no había conseguido aprender a ignorarla en uno o dos días.

¿Cuántas veces habría tenido que sentirse decepcionado?

O quizá, desde el principio, había mantenido deliberadamente cierta distancia con sus compañeros, permaneciendo al margen del grupo para no causarles problemas.

Exactamente como había hecho durante aquellos cinco años, cuando decidió marcharse sin decir nada.

¿Cómo puedes ser tan bueno, Su Zhiqiu?

¿Cómo puedes ser tan obediente y no guardar ningún resentimiento?

En cierto instante, Ling Suihan creyó comprender por qué Su Zhiqiu no había querido llevarlo de regreso a aquel lugar.

¿Qué sentido tenía volver a una ciudad que solo le traía recuerdos de humillación e impotencia?

Incluso lo que él mismo estaba haciendo ahora no era más que una forma de taparse los oídos para no escuchar la verdad.

De engañarse a sí mismo.

Extendió los brazos y estrechó un poco más a la persona que tenía entre ellos.

Con una mano, comenzó a acariciar suavemente la espalda excesivamente delgada de Su Zhiqiu.

Podía sentir sus huesos bajo la palma.

Lo consolaba como si estuviera tranquilizando a un niño que había sufrido una injusticia.

Poco a poco, comenzó a notar algo extraño sobre su hombro.

Apartó ligeramente el cuerpo para comprobar qué sucedía.

Sin embargo, la persona que tenía entre sus brazos se lo impidió.

Su Zhiqiu lo abrazaba con tanta fuerza que, más que sujetarlo, parecía estar estrangulándolo.

Ling Suihan casi no podía respirar.

Se quedó desconcertado durante un instante.

Después comprendió lo que ocurría.

Su Zhiqiu estaba llorando.

En realidad, aquello era algo extraordinariamente raro.

Su Zhiqiu no era una persona que llorara con facilidad.

Al menos, en los más de diez años que Ling Suihan llevaba conociéndolo, podía contar con los dedos de una mano las veces que lo había visto llorar.

En cierta ocasión, después de beber demasiado, Su Zhiqiu había comentado despreocupadamente que quizá había llorado tanto de niño que había agotado todas sus lágrimas.

Por eso, cuando creció, por muy triste que estuviera, ya no conseguía llorar.

Ahora Ling Suihan pensó que quizá así era como lloraba Su Zhiqiu cuando era pequeño.

Antes de conocerlo, ¿también habría llorado en silencio y completamente solo de aquella manera?

Las pocas veces que Ling Suihan lo había visto llorar, siempre había derramado lágrimas silenciosas.

No recordaba haberlo visto perder el control de manera histérica ni romper en sollozos desgarradores.

Era exactamente como había escrito en la carta de despedida de un programa de variedades después de su debut:

Al final, uno tiene que aprender a tragarse sus propias lágrimas.

Ling Suihan sabía que Su Zhiqiu era una persona orgullosa.

No intentó apartarlo por la fuerza.

Simplemente volvió a levantar la mano y acarició suavemente aquella espalda delgada.

No sabía cuánto tiempo había transcurrido.

Fue tanto que Ling Suihan comenzó a sentir que el hombro estaba a punto de dislocársele.

Especialmente la zona donde había sufrido una antigua lesión, que empezaba a dolerle ligeramente.

Aunque también podía deberse al clima.

Levantó la cabeza y observó el cielo a través de la ventanilla.

Incluso de noche podía distinguir las nubes espesas que cubrían el firmamento.

Parecía que al día siguiente no haría buen tiempo.

—Su Zhiqiu, creo que mañana podría nevar.

Habló de pronto.

Su Zhiqiu se sobresaltó.

Solo entonces Ling Suihan descubrió que el adolescente se había quedado dormido sobre su hombro.

Inmediatamente se arrepintió de haberlo despertado.

Debería haberlo dejado dormir un poco más.

Bastaba con observar las profundas ojeras que Su Zhiqiu no conseguía ocultar para comprender que no descansaba demasiado bien.

Sin embargo, el muchacho parecía haber recuperado ya la compostura.

Exhaló suavemente, levantó la cabeza y siguió la dirección de su mirada.

Observó el cielo durante un rato, pero no descubrió nada especial.

Aquello despertó su curiosidad.

—¿Cómo lo sabes? ¿Lo dijeron en el pronóstico del tiempo? En el condado de Gui casi nunca nieva. Creo que desde pequeño solo he visto nevar una o dos veces.

Ling Suihan se encogió de hombros.

No intentó ocultárselo.

—Tengo lesiones antiguas en la muñeca y el hombro. Me duelen cuando va a llover o nevar.

Su Zhiqiu comprendió inmediatamente.

Lo miró con cierta vergüenza.

—Entonces, hace un momento… ¿No te lastimé el hombro?

Ling Suihan negó con la cabeza.

—No pasa nada. Son lesiones de hace muchos años.

Su Zhiqiu se rascó la cabeza.

—¿Cómo te lastimaste?

—Fue durante un accidente de trabajo.

Ling Suihan lo dijo como si no tuviera importancia.

—¿Tu trabajo es tan peligroso?

Su Zhiqiu abrió mucho los ojos, sorprendido.

—Tampoco es para tanto. Fue un accidente.

Ling Suihan observó sus ojos redondos.

En aquel momento se parecía un poco a un gato sorprendido.

—Ah, ya veo.

Su Zhiqiu asintió y apartó la mirada.

Ambos volvieron a quedarse callados.

Un silencio tenue se extendió por el reducido interior del automóvil.

Pasó bastante tiempo antes de que Ling Suihan finalmente se atreviera a formular la pregunta que llevaba tanto rato guardándose.

—El día que te conocí, ¿las heridas que tenías también te las hizo ese muchacho?

Su Zhiqiu se quedó inmóvil un instante.

Lo miró, aparentemente sorprendido de que le hiciera aquella pregunta.

Se humedeció los labios con la lengua.

Abrió la boca y volvió a cerrarla.

Parecía querer decir algo, pero no encontraba las palabras.

Sin embargo, Ling Suihan ya había puesto el automóvil en marcha.

Conocía demasiado bien a Su Zhiqiu.

Conocía su expresión cuando estaba nervioso, las frases que repetía cuando se enfadaba y aquella sonrisa furtiva que aparecía en su rostro cuando estaba contento.

Lo conocía tan bien como Su Zhiqiu lo conocía a él.

Por eso, aunque el adolescente no pronunciara una sola palabra, Ling Suihan ya había comprendido la respuesta.

Giró el volante con una expresión tranquila.

Sin embargo, sus manos apretaban el volante con tanta fuerza que este emitió varios crujidos de protesta.

El automóvil se detuvo frente al establecimiento donde trabajaba Su Zhiqiu.

El muchacho ya había recuperado completamente la compostura.

No quedaba en su rostro el menor rastro de las lágrimas que había derramado hacía apenas un rato.

Era como si todo hubiera sido una ilusión de Ling Suihan.

Pero él sabía que no lo había sido.

Su Zhiqiu bajó del automóvil.

Ling Suihan no se marchó inmediatamente.

Estacionó bajo un árbol y sacó su teléfono, que ahora solo conservaba las funciones más básicas.

Aunque ya no contara con el prestigio de ser el joven heredero de la familia Ling, aquellas personas seguían sin merecer su consideración.

Quizá lo que podía hacer por Su Zhiqiu en aquel momento fuera apenas una gota de agua en el océano.

¿Y qué importaba?

Si tenía que presenciar todo aquel sufrimiento sin hacer absolutamente nada, sería como si le arrancaran un pedazo de carne.

La tenue luz del teléfono iluminó el rostro de Ling Suihan, proyectando sombras que ocultaban la profunda compasión de sus ojos.

Aquella noche, Su Zhiqiu no regresó con él al hotel.

Se fue a casa.

Ling Suihan lo comprendió perfectamente.

Pasar una noche fuera de casa era algo normal.

Pero si Su Zhiqiu permanecía dos o tres días seguidos sin regresar, su madre seguramente comenzaría a preocuparse.

No lo llevó hasta la puerta de su casa.

Simplemente detuvo el automóvil en el callejón.

Su Zhiqiu bajó y lo observó dar la vuelta para marcharse.

Ling Suihan ya había recorrido varias decenas de metros cuando recordó algo.

Así que dio marcha atrás y regresó.

Por alguna razón, Su Zhiqiu todavía permanecía en el mismo lugar.

Al verlo volver, se apresuró a acercarse a la ventanilla.

Ling Suihan la bajó.

Tomó una bolsa de papel del asiento trasero y se la entregó.

—Castañas asadas con azúcar. Estaban recién hechas cuando las compré, pero supongo que ya se enfriaron. Puedes comerlas como bocadillo si te da hambre.

Su Zhiqiu se quedó visiblemente desconcertado.

Pasó bastante tiempo antes de que finalmente extendiera la mano para recibir la bolsa.

Al tomarla, notó que pesaba un poco más de lo esperado.

Bajó la mirada.

Solo entonces descubrió que también había una botella de leche en el interior.

La leche sí estaba caliente.

Al sostenerla entre las manos, sintió una calidez muy agradable.

Fue entonces cuando comprendió que Ling Suihan se había dado cuenta de que solía pasar hambre por las noches.

Ling Suihan temía que la madre de Su Zhiqiu o Su Zhifeng salieran y lo descubrieran.

Después de todo, en aquella época ellos todavía no mantenían esa clase de relación.

No quería causarle problemas innecesarios.

Por eso no se quedó mucho tiempo.

Subió la ventanilla y se alejó.

A través del espejo retrovisor, vio que Su Zhiqiu seguía parado a la entrada del callejón.

Todavía agitaba la mano para despedirse.

Continuó haciéndolo hasta que el automóvil dobló la esquina y su figura desapareció por completo.

En cierto instante, Ling Suihan comprendió de pronto por qué Su Zhiqiu, que siempre había sido tan desconfiado con los desconocidos, había creído con tanta facilidad lo que él le había contado sobre su identidad.

Cuando alguien ha pasado demasiado tiempo en soledad, se aferra desesperadamente a la compañía que otra persona le ofrece, como un náufrago que encuentra un tronco flotando en el agua.

Que alguien finja no darle importancia a las cosas no significa que no le duelan.

Después de todo, ¿quién no querría tener a alguien dispuesto a ponerse de su lado?

Ling Suihan dejó escapar un suave suspiro.

Entonces recordó algo más.

Sacó el teléfono y le envió otro mensaje.

Ling Suihan: «No olvides ponerte el medicamento. También lo dejé en la bolsa».

Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first