Después de dejar que mi exmarido recogiera a los niños por error - Capítulo 35
Su Zhiqiu se dio la vuelta y entró en el dormitorio para preparar su ropa. Tenía que salir a recoger a Tuantuan.
Decidió atribuir aquella mala sensación a sus propios nervios. Después de todo, había estado a punto de aclarar con Ling Suihan aquel enorme malentendido.
Al pensar en eso, sus manos se detuvieron por un instante.
No sabía qué le habría ocurrido al hijo de Ling Suihan.
La última vez que había visto al pequeño, no se había fijado demasiado en él. Solo recordaba que era un niño bastante pequeño.
Ya habían entrado en el duodécimo mes del calendario lunar y hacía un frío terrible. Además, abundaban los virus de la gripe y toda clase de bacterias.
¿Se habría resfriado por el frío?
Tuantuan tampoco parecía encontrarse del todo bien aquel día.
Cuando Su Zhiqiu fue a recogerlo, escuchó que estornudaba dos veces seguidas.
Mientras se despedía de su madre con la mano, tomó al pequeño y le preguntó:
—¿Qué pasa, Tuantuan? ¿Te molesta la nariz?
Su Tuantuan se frotó la nariz y respondió obedientemente:
—No, papá.
Tenía miedo de que, si decía que no se sentía bien, papá no lo dejara salir a jugar.
Su Zhiqiu lo examinó de arriba abajo.
Aunque tenía la punta de la nariz un poco roja, parecía bastante animado, así que simplemente le puso otra prenda de abrigo.
El lugar que había elegido la mamá de Limón era un zoológico cubierto muy famoso.
El recinto era enorme, los animalitos eran adorables y muy sociables, y también había una zona de juegos infantiles.
Era un lugar muy popular entre los niños.
Su Zhiqiu condujo hasta la entrada del centro comercial.
Todavía no había tenido tiempo de consultar en el directorio en qué piso se encontraba el zoológico cuando la pequeña mano que sostenía se soltó de golpe.
Su Zhiqiu se sobresaltó y dio instintivamente un par de pasos tras él.
Al levantar la cabeza, vio que otro niño corría hacia ellos desde el lado contrario.
Los dos pequeños se abrazaron enseguida.
Se empujaban y tiraban el uno del otro, sin querer separarse.
Su Zhiqiu rara vez veía una expresión tan vivaz en el rostro de Tuantuan.
Sus ojos almendrados se curvaron de tanto sonreír y su expresión se volvió un poco boba.
Su Zhiqiu no pudo evitar conmoverse.
Aquel día había venido el papá de Limón.
Le explicó que las náuseas del embarazo de su esposa habían empeorado repentinamente y que le había resultado imposible acompañarlos.
Su Zhiqiu asintió instintivamente.
—Las náuseas del embarazo son realmente horribles. Es algo muy difícil de soportar. Cuando yo estaba…
A mitad de la frase, se encontró con la mirada del papá de Limón.
Su Zhiqiu recuperó inmediatamente la lucidez y cambió sus palabras:
—Cuando vi a la mamá de Tuantuan pasar por eso, también estaba así.
El papá de Limón era una persona muy agradable.
Tenía algunos años más que él y un sentido del humor bastante bueno.
Los dos pequeños ya estaban tan emocionados que no dejaban de saltar de un lado a otro.
Después de escuchar algunas de sus bromas, comenzaron a reír sin parar.
Al contemplar la felicidad que Su Tuantuan no conseguía ocultar, el ánimo de Su Zhiqiu mejoró considerablemente.
Apartó todas sus preocupaciones, guardó el teléfono en el bolsillo y se dedicó por completo a acompañar a los niños.
Últimamente había descuidado demasiado a Tuantuan.
El mayor era demasiado apegado y, además, tenía un carácter terrible.
Así que el pequeño había tenido que soportar las consecuencias.
Su Zhiqiu estaba decidido a compensárselo con creces aquel día.
El zoológico cubierto sabía muy bien cómo hacer negocios.
Incluso tenía un pequeño restaurante decorado completamente con motivos de animales.
Hasta los platillos formaban parte de menús temáticos.
Cuando entraron, el propio Su Zhiqiu no pudo evitar exclamar de admiración.
Ni hablar de los dos pequeños, que jamás habían visto algo semejante.
Limón era un poco más alto que Su Tuantuan.
Además, llevaba el cabello rizado en pequeños bucles que le daban un aspecto muy moderno.
Era un niño bastante guapo.
Miró a Su Tuantuan y, de repente, sacó un pañuelo de papel del bolsillo para limpiarle la comisura de los labios.
—Tío, Tuantuan estaba babeando.
Después de limpiarlo, levantó la cabeza y se lo comunicó seriamente a Su Zhiqiu.
Su Zhiqiu: «…»
Este pequeño glotón no tiene remedio.
Como la mamá de Limón había pagado las entradas, Su Zhiqiu invitó a todos a almorzar.
Después de divertirse tanto y conseguir lo que querían, Su Tuantuan y Limón también estaban cansados.
Los dos comían con enorme concentración, devorando la comida con entusiasmo.
Su Zhiqiu utilizó el teléfono para tomarles muchas fotografías.
Se llevó a la boca un poco de arroz moldeado con la forma de un pequeño panda y observó a Su Tuantuan, que comía felizmente.
No pudo contener la sonrisa.
El pequeño tenía las mejillas sonrosadas.
Sus grandes ojos parecían brillar de alegría y masticaba el arroz con las mejillas completamente infladas.
Era evidente que estaba de excelente humor.
Con su mirada de padre orgulloso, Su Zhiqiu sintió que iba a derretirse de ternura.
Limón terminó de comer un poco antes que Tuantuan.
En ese aspecto, parecía que Tuantuan tampoco había heredado sus costumbres.
A diferencia de Su Zhiqiu, que comía a una velocidad sorprendente, el pequeño se parecía más a cierta persona que parecía querer masticar diez veces cada bocado.
Después de comer, Su Tuantuan quiso ir al baño.
Mientras lo acompañaba, Su Zhiqiu vaciló un instante y finalmente sacó el teléfono del bolsillo.
Había evitado deliberadamente mirarlo durante toda la mañana.
No sabía si había recibido algún mensaje.
Especialmente de… aquella persona.
Su Zhiqiu se quedó de pie frente al cubículo.
Por alguna razón, se sentía un poco nervioso cuando desbloqueó cuidadosamente la pantalla.
La barra de notificaciones estaba completamente vacía.
No había ni un solo mensaje.
Ling Suihan no se había comunicado con él.
Aunque ya conocía la respuesta, Su Zhiqiu entró de todos modos en la conversación de «Princesita».
El último mensaje seguía siendo el que Ling Suihan le había enviado el día anterior para pedirle que bajara.
Deslizó distraídamente el pulgar por la pantalla.
Solo recuperó la atención cuando Tuantuan salió del baño y comenzó a lavarse las manos.
Su Zhiqiu apretó los labios.
Observó al pequeño frotándose cuidadosamente las manos.
Después se mordió el labio y finalmente escribió unas palabras.
Su: ¿Cómo está todo? ¿No pasó nada grave?
Transcurrieron dos minutos.
Princesita no respondió.
No sabía si no había visto el mensaje o si no le resultaba conveniente contestar porque estaba acompañado de su exesposa y su hijo.
Su Zhiqiu volvió a guardar el teléfono.
—Papá.
Su Tuantuan tiró de pronto de su manga.
—Me gustó muchísimo ese mapache.
Su Zhiqiu lo miró y sonrió.
Durante todo el recorrido, Su Tuantuan no había dejado de hablarle de sus animales favoritos.
Se había tomado muy en serio la visita.
Incluso había leído todas las descripciones de los animales.
Y, como tenía una memoria excelente, conseguía repetirlas palabra por palabra.
Aunque Su Zhiqiu ya había escuchado aquellas explicaciones durante la mañana, no lo interrumpió cuando el pequeño volvió a hablar de ellas con entusiasmo.
A mitad de su explicación, Su Tuantuan pareció recordar algo.
Se abrazó al brazo de Su Zhiqiu y preguntó expectante:
—Papá, Limón dijo que esta noche habrá fuegos artificiales. Quiero ir a verlos. ¿Podemos?
Su Zhiqiu se quedó desconcertado un instante.
Después sonrió.
—Por supuesto.
Al ver que papá estaba tan dispuesto a concederle todo aquel día, Su Tuantuan se sintió feliz y un poco avergonzado.
Se inclinó y le dio un beso en el dorso de la mano.
Al sentir aquellos labios suaves sobre su piel, Su Zhiqiu se estremeció por reflejo.
Durante un instante, la figura de aquel pequeño tan hermoso se superpuso con la de otro hombre.
—¡Papá, hoy estoy muy, muy feliz!
Su Tuantuan no se dio cuenta de su reacción.
Simplemente insistió con su vocecita infantil:
—¡Superfeliz!
Su Zhiqiu sonrió.
—¿Porque pudiste salir a jugar con Limón?
Lo había preguntado sin pensarlo demasiado.
Sin embargo, Su Tuantuan negó con la cabeza.
Antes de que Su Zhiqiu pudiera reaccionar, el pequeño respondió con absoluta seriedad:
—No.
—¡Es porque papá por fin salió a jugar con Tuantuan! ¡Y va a estar conmigo todo el día! Aunque Tuantuan se quede dormido, cuando despierte todavía podrá ver a papá. ¡Es maravilloso!
Los pasos de Su Zhiqiu se detuvieron.
Se quedó completamente inmóvil, como si le hubieran brotado raíces de los pies.
—Vamos, papá.
Al ver que se había detenido repentinamente, Su Tuantuan volvió la cabeza y parpadeó con desconcierto.
Su Zhiqiu sintió que los ojos comenzaban a arderle.
Tuvo que parpadear con fuerza para aliviar aquella sensación.
Pero, incluso así, seguía sintiendo que las lágrimas se acumulaban en sus ojos.
De repente comprendió por qué Su Tuantuan le había preguntado por los fuegos artificiales.
Quizá no fuera únicamente porque quería verlos.
Tal vez también estaba intentando confirmar, con mucho cuidado, si papá volvería a marcharse por la noche.
Aquellos pensamientos sensibles y complicados de Su Tuantuan siempre quedaban completamente expuestos ante él.
Pero nunca le provocaban rechazo.
Solo una tristeza y una culpa interminables.
Se parecía muchísimo a cierta persona de cinco años atrás.
Si pudiera, también le gustaría darle a Su Tuantuan una familia completa, como la que tenían los demás niños.
Una familia en la que nunca faltaran el amor de un padre y el de una madre.
Pero no podía hacerlo.
—Sí, ya voy.
Finalmente, Su Zhiqiu permaneció inmóvil otros dos segundos para recuperar la compostura.
Después se acercó y tomó la pequeña mano de su hijo.
Su Tuantuan comenzó a saltar alegremente.
Quería contarle aquella buena noticia a Limón.
En cuanto regresaron al restaurante de animales, soltó su mano y echó a correr hacia su amigo.
Aunque a aquellas horas casi no quedaban clientes, Su Zhiqiu lo siguió y le pidió que no corriera.
Tuantuan obedeció y continuó caminando.
Sin embargo, apenas llegaron a la mesa, antes de que pudieran decir nada, Su Zhiqiu percibió que algo no estaba bien.
Cuando se habían marchado, Limón le había pedido a su padre una bebida de bambú con temática de panda.
Pero ya habían transcurrido casi diez minutos y la bebida seguía intacta.
El papá de Limón estaba agachado junto a la mesa.
Observaba al pequeño, que permanecía recostado sobre ella.
Al escuchar la voz de Tuantuan, volvió la cabeza.
Cuando vio a los dos, les hizo una seña apresurada.
—Papá de Tuantuan, ¿podría ayudarme a comprobar si Limón tiene la frente demasiado caliente?
Su Zhiqiu se sobresaltó.
Se acercó rápidamente y tocó la frente y la espalda de Limón.
—¡Está ardiendo!
Hasta las puntas de sus dedos temblaron ligeramente por el calor.
Retiró la mano y examinó al pequeño.
Entonces notó que tenía los labios un poco agrietados.
—Tiene fiebre. Y probablemente bastante alta.
Su Zhiqiu había criado solo a un niño durante cuatro años.
Tenía mucha experiencia con aquellas situaciones.
Por eso llegó a aquella conclusión con absoluta seguridad.
Al escucharlo, el papá de Limón frunció inmediatamente el ceño.
Se apresuró a levantar en brazos al pequeño, que estaba completamente decaído, y se dirigió hacia la salida.
Su Zhiqiu pagó la cuenta y corrió tras él.
—Espere, no se apresure. Afuera hace mucho viento. Los niños están sudados de tanto jugar y, si salen así, pueden enfriarse todavía más.
El papá de Limón evidentemente no tenía demasiada experiencia cuidando niños enfermos.
Se quedó desconcertado.
Después se quitó el abrigo para ponérselo a Limón.
Pero Su Zhiqiu lo detuvo.
—Traje un abrigo grueso para Tuantuan. Mejor póngale este.
Sacó la prenda del bolso que llevaba y envolvió cuidadosamente a Limón.
Su Tuantuan permanecía junto a ellos.
No dejaba de mirar a Limón, que tenía los ojos cerrados y descansaba sobre el hombro de su padre.
Sus grandes ojos estaban llenos de preocupación y miedo.
Al notar su expresión, Su Zhiqiu le acarició la cabeza.
Después dijo:
—Vine en automóvil. Los llevaré al hospital.
El papá de Limón se sintió un poco avergonzado.
Pero Su Zhiqiu le dio una palmada en el hombro.
—La fiebre de Limón está demasiado alta. No debemos perder más tiempo.
Al escuchar aquellas palabras, el hombre dejó de rechazar su ofrecimiento.
Su Zhiqiu avanzó rápidamente con sus largas piernas.
Para cuando terminó de encender el automóvil, el papá de Limón ya había subido con el pequeño.
Durante el trayecto, Su Zhiqiu observó por el espejo retrovisor que el hombre tenía la frente cubierta de sudor.
Sabía que estaba preocupado, así que intentó tranquilizarlo.
—No se preocupe tanto. Los niños tienen fiebre con bastante facilidad. Al igual que los adultos, a veces sudan cuando están enfermos. Lo importante es que lo revise un médico.
El papá de Limón respondió afirmativamente.
Su expresión mejoró un poco.
Después le dijo a Su Zhiqiu, algo avergonzado:
—En realidad, esta mañana, mientras desayunaba, Limón ya se quejaba de dolor de cabeza. Su mamá y yo pensamos que sería mejor no traerlo. Si de verdad estaba enfermo, además podía contagiar a Tuantuan. Pero Limón insistió en venir. Dijo que Tuantuan llevaba muchísimo tiempo esperando este día y que no quería decepcionarlo.
Mientras hablaba, el papá de Limón miró a Su Tuantuan con una sonrisa.
Al escuchar su nombre, el pequeño volvió la cabeza con desconcierto.
El semáforo cambió a rojo.
Su Zhiqiu no alcanzó a cruzar y redujo lentamente la velocidad hasta detenerse frente al paso peatonal.
Sin embargo, las palabras del papá de Limón continuaban resonando en su mente.
Durante un instante, sintió una pequeña vacilación.
Una duda sobre su decisión de abandonar aquella ciudad dentro de veinte días.
Tuantuan había sido muy feliz durante aquellos días.
Podía percibirlo claramente.
Ya fuera porque tenía a toda su familia a su alrededor o porque había encontrado en el jardín de niños al mejor amigo de su corta vida.
Aunque Tuantuan todavía era pequeño, eso no significaba que no comprendiera nada.
Si de repente lo llevaba lejos de aquella ciudad y le decía que quizá nunca volvería a ver a Limón, seguramente se pondría triste.
Después de todo, Limón era el primer mejor amigo que había hecho.
Por supuesto, podía mentirle y decirle que debían marcharse por su trabajo.
No tendría que contarle que era por aquella «mamá» a la que tanto había esperado.
Pero, con solo imaginar aquella escena, Su Zhiqiu sintió una opresión en el pecho.
Recordó una pregunta que Wen Juefei le había hecho durante la llamada del día anterior.
¿De verdad eres capaz de renunciar a todo eso?
En aquel momento no había respondido.
Sin embargo, en su interior había pensado que no era para tanto.
Pero ahora, unas palabras pronunciadas sin ninguna intención especial por otra persona habían conseguido hacer tambalear su determinación.
Su Zhiqiu apretó el volante.
Aunque tenía la mente llena de pensamientos, no redujo demasiado la velocidad.
Condujo directamente hasta el hospital más cercano.
Limón seguía acurrucado en los brazos de su padre.
Tenía las mejillas ardiendo y su aspecto era bastante preocupante.
Los dos hombres no tuvieron tiempo de hablar demasiado.
Uno corrió hacia el interior del hospital con el niño en brazos.
El otro se quedó atrás para cerrar el automóvil y recoger sus cosas.
Tuantuan también siguió al papá de Limón con sus piernecitas cortas.
Tenía una expresión seria y nerviosa.
Aunque no comprendía exactamente lo que estaba ocurriendo, sabía que Limón se sentía muy mal.
Su Zhiqiu recogió sus pertenencias y salió un poco después.
Guardó distraídamente la cartera en el bolsillo.
No se llevó el bolso porque le parecía un estorbo.
El papá de Limón llevó al pequeño a urgencias.
Mientras tanto, Su Zhiqiu se encargó de registrarlo y, pese a las protestas del otro hombre, también pagó los gastos.
Solo cuando vio al papá de Limón entrar con su hijo en el consultorio, Su Zhiqiu consiguió relajarse.
Se dejó caer sobre uno de los bancos de la sala de espera.
Su Tuantuan seguía de pie junto a la puerta.
Estiraba el cuello, intentando mirar hacia el interior.
Su Zhiqiu levantó la mano para llamarlo.
—Tuantuan, deja de mirar. Ven aquí.
El pequeño se acercó de mala gana.
Cada pocos pasos volvía la cabeza hacia el consultorio.
—Ven con papá a lavarte la cara. Estás lleno de sudor. Si te da el viento así, puedes enfermarte.
Su Zhiqiu le limpió un poco el rostro mientras hablaba con preocupación.
Su Tuantuan levantó la cabeza y preguntó inocentemente:
—¿Como le pasó a Limón?
—Así es.
Su Zhiqiu suspiró.
Después decidió asustarlo un poquito para que tuviera cuidado.
—Últimamente hay muchos monstruos que se llaman bacterias. Les encanta atacar a los niños pequeños. Por eso tienes que protegerte muy bien.
Como todavía no tenía suficientes conocimientos del jardín de niños para defenderse de aquella explicación, Su Tuantuan se asustó de inmediato.
Tomó rápidamente la mano de su padre y se dirigió hacia el baño.
Mientras dejaba que papá le limpiara la cara, preguntó con preocupación:
—Papá, ¿cuándo se va a curar Limón?
Su Zhiqiu lo pensó un momento.
—Como máximo, en siete días. Dentro de siete días seguramente ya estará bien.
—¿De verdad?
Su Tuantuan levantó la cabeza con expresión incrédula.
—Pero Limón es muy torpe. En la clase no puede ganarle a nadie. Cuando otros niños le quitan sus cosas, ni siquiera se enoja. Siempre tengo que ayudarlo a recuperarlas. ¿De verdad podrá derrotar él solo a los monstruos de las bacterias?
Su Zhiqiu se quedó desconcertado.
No esperaba que Limón, que era media cabeza más alto que Tuantuan y tenía una apariencia tan moderna, fuera en realidad un niño tan dócil.
Pero, al recordar el buen carácter de sus padres, dejó de parecerle extraño.
Sonrió y le pellizcó suavemente las mejillas a Tuantuan.
—Por eso también tiene a las doctoras para ayudarlo. No te preocupes.
Al escucharlo, Su Tuantuan pareció tranquilizarse.
Asintió con mucha seriedad.
—Sí. Las doctoras son muy poderosas.
Con aquella garantía, su estado de ánimo mejoró considerablemente.
Incluso se ofreció a lavar el pequeño pañuelo de Limón, que se había ensuciado.
En ese tipo de cosas, Su Zhiqiu nunca lo detenía.
Le entregó el pañuelo.
Después observó cómo el pequeño lo frotaba con fuerza varias veces.
La verdad era que lo hacía bastante bien.
Su Zhiqiu se quedó tranquilo.
Sacó un par de pañuelos de papel para secarse las manos y miró a su alrededor.
No vio ningún bote de basura.
Recordaba haber visto uno junto a la esquina cuando llegaron.
Así que le pidió a Tuantuan que no se moviera y caminó hacia allí.
Después de tirar los papeles, Su Zhiqiu comenzó a pensar distraídamente si debería ir a buscar antes de tiempo el regalo de Año Nuevo que había comprado para Limón.
Quizá así podría consolar un poco al pobre pequeño.
En ese momento, escuchó una suave voz femenina.
—Ven, cariño. El ascensor está por aquí.
Su Zhiqiu estaba de espaldas a la esquina.
Al escuchar que alguien se acercaba, se volvió para dejar pasar, temiendo chocar con esa persona.
Efectivamente, dos segundos después apareció una mujer con un vestido largo, acompañada de un niño pequeño al que llevaba de la mano.
El niño tenía una cinta adhesiva blanca pegada en el dorso de la mano.
Evidentemente, acababan de administrarle una infusión.
Al ver que Su Zhiqiu les cedía el paso, la mujer le dedicó una sonrisa cortés.
—Gracias.
Su Zhiqiu asintió y se dispuso a marcharse.
Sin embargo, la mujer miró hacia atrás y llamó en voz un poco más alta:
—Por aquí.
Su Zhiqiu también miró distraídamente en aquella dirección.
Estaba a punto de apartar la vista.
Pero, al segundo siguiente, cuando distinguió claramente aquella figura, se quedó completamente inmóvil.
Sintió como si hubiera caído en un abismo de hielo.
Una figura alta y esbelta apareció desde la esquina.
Llevaba una gorra de béisbol negra, una mascarilla y una discreta chaqueta acolchada del mismo color.
Aunque vestía de manera sencilla, tenía los hombros rectos, las piernas largas y una presencia extraordinaria.
Su Zhiqiu sabía que aquella chaqueta, pese a su apariencia corriente, costaba una cantidad cercana a las seis cifras.
También sabía que la mascarilla era del mismo modelo que él utilizaba.
Las había comprado por internet.
Cien unidades por 19,90 yuanes.
Y sabía que aquel hombre no había pensado ponerse esa gorra de béisbol.
La llevaba porque su gorra favorita se había estropeado y no había tenido más remedio que elegir aquella.
Porque había sido Su Zhiqiu quien había pisado accidentalmente la otra gorra la noche anterior.
Porque también había sido él quien compró las mascarillas.
Porque aquella chaqueta era la misma que había colgado personalmente en el perchero dos días atrás.
O, dicho de otro modo…
Porque aquel hombre era Ling Suihan.
Su Zhiqiu permaneció aturdido durante un buen rato.
Cuando finalmente reaccionó, se dio la vuelta casi por puro instinto.
Bajó la cabeza y comenzó a caminar apresuradamente en dirección contraria.
No sabía si Ling Suihan lo había visto.
Tampoco comprendía por qué había aparecido de repente en aquel hospital.
Solo tenía un pensamiento.
No podía encontrarse con Ling Suihan.
Pero parecía que el destino estaba decidido a llevarle la contraria.
Antes de que hubiera avanzado demasiado, escuchó una voz llamándolo desde atrás.
No era Ling Suihan.
Era aquella mujer.
La exesposa de Ling Suihan.
Su Zhiqiu ni siquiera distinguió lo que estaba diciendo.
Y tampoco tenía ánimos para prestarle atención.
Aquel encuentro inesperado lo había tomado completamente desprevenido.
No había hecho nada malo.
Sin embargo, se sentía como un perro derrotado que solo quería huir.
Todo se parecía demasiado a lo que había ocurrido aquel día en el centro comercial.
Solo que esta vez parecía no tener tanta suerte.
El pasillo del hospital era estrecho.
Además, estaba lleno de niños que habían acudido a recibir atención médica.
Su Zhiqiu no consiguió avanzar demasiado antes de que la mujer lo alcanzara.
Ella se colocó frente a él y sonrió.
—Nos volvemos a encontrar. De verdad parece que estamos destinados a cruzarnos.
Su Zhiqiu levantó la cabeza y la observó detenidamente.
Tenía unas cejas delicadamente arqueadas, ojos sonrientes, una mirada luminosa y dientes blancos.
Llevaba unos pendientes de jade verde.
Su apariencia era dulce y elegante.
Aunque Su Zhiqiu siempre se había sentido atraído por los hombres, no pudo evitar quedarse un instante cautivado por la delicadeza y la serenidad que irradiaba aquella mujer.
Era realmente hermosa.
Después de saludarlo, ella extendió la mano para entregarle algo.
—Volvió a dejar caer una de sus cosas.
Su Zhiqiu se quedó desconcertado.
Bajó la mirada y descubrió que sostenía su cartera negra, que se le había caído del bolsillo.
La recibió y murmuró:
—Gracias.
La mujer sonrió y negó suavemente con la cabeza.
Después se dio la vuelta para marcharse.
Su Zhiqiu escuchó que le decía en voz baja al pequeño:
—Cariño, no tires así de la cinta. Se va a despegar.
Su Zhiqiu apretó la cartera entre los dedos.
No se atrevía a mirar hacia atrás.
No sabía si, durante aquella breve pausa, Ling Suihan lo había reconocido.
Apretó todavía más la cartera.
Después bajó la cabeza y continuó caminando.
Pero alguien volvió a detenerlo.
Solo que esta vez no fue la mujer.
Fue una mano larga y elegante.
Aquellos dedos de nudillos bien definidos se cerraron alrededor de su brazo.
La presión aumentó ligeramente.
El calor atravesó la tela y llegó hasta su piel.
Estaba un poco caliente.
Su Zhiqiu se estremeció y levantó la cabeza.
Pero siguió sin volverse.
Hasta que la persona situada detrás de él pronunció lentamente su nombre.
—Su Zhiqiu.
Solo aquellas tres palabras bastaron para hacer añicos todas las esperanzas y fantasías que acababan de pasarle por la cabeza.
Su Zhiqiu se quedó rígido.
No sabía si debía darse la vuelta o apartar aquella mano y marcharse.
Pero antes de que pudiera decidirlo, sintió que le quitaban algo.
Ling Suihan había tomado su cartera.
Sin otra alternativa, Su Zhiqiu se volvió lentamente.
Mantuvo la cabeza baja y la mirada fija en el suelo.
Todavía le preocupaba que Ling Suihan pensara que lo había estado siguiendo.
O que malinterpretara la situación de alguna otra manera.
Sin embargo, toda la atención de Ling Suihan estaba concentrada en la cartera.
Abrió la cremallera.
Parecía estar buscando algo.
Al principio, Su Zhiqiu no comprendió qué quería encontrar.
Pero cuando Ling Suihan abrió uno de los compartimentos interiores, reaccionó de golpe.
Su Zhiqiu extendió la mano para recuperar la cartera.
Ling Suihan esquivó el movimiento sin dificultad.
Su mano se detuvo un instante.
Al segundo siguiente, sacó una pequeña fotografía.
En ella aparecía una persona vestida con una capa magnífica, de pie sobre un escenario, levantando una corona.
Era una figura tan deslumbrante que parecía irradiar luz.
Era él mismo.
Los dedos de Ling Suihan comenzaron a apretar lentamente la fotografía.
Después levantó la cabeza y miró a Su Zhiqiu.
Su Zhiqiu no quería encontrarse con sus ojos.
Pero, en medio de aquella situación inesperada, terminó viéndose obligado a sostenerle la mirada.
Las personas que transitaban por el pasillo iban y venían.
Unos grupos reemplazaban a otros.
De vez en cuando, alguien volvía la cabeza para observarlos con curiosidad.
Su Zhiqiu se distrajo de repente.
Sin ninguna razón particular, un pensamiento apareció en su mente.
¿Qué pensarán estas personas al ver a los tres parados aquí?
De cualquier manera que los miraran, probablemente a nadie se le ocurriría imaginar que él era el exnovio de aquel hombre alto que tenía enfrente.
La mujer pareció finalmente incapaz de seguir observando aquella situación.
Se acercó con cautela y le preguntó a Ling Suihan:
—Xiao Han, ¿lo conoces?
Ling Suihan no le respondió.
En cambio, Su Zhiqiu la miró.
También alcanzó a ver al pequeño que permanecía de pie, observándolos con desconcierto.
De repente, extendió la mano y le arrebató la fotografía a Ling Suihan.
La guardó nuevamente en la cartera.
—Disculpe.
Le dedicó a la mujer una sonrisa educada.
Después se dio la vuelta para marcharse.
Su expresión parecía tranquila.
Incluso su sonrisa era perfectamente apropiada.
Pero solo él sabía que estaba a punto de derrumbarse.
Sin embargo, apenas se volvió, una pequeña figura apareció caminando lentamente frente a él.
Su Tuantuan llevaba todavía el pañuelo en la mano.
Caminaba con la cabeza baja, murmurando algo para sí mismo.
Y, mientras avanzaba distraídamente, terminó chocando de frente contra unas piernas largas y firmes.
Su Tuantuan perdió el equilibrio.
Estuvo a punto de caer sentado al suelo.
Por suerte, la persona que tenía enfrente extendió rápidamente un brazo y lo sostuvo.
El pequeño se había golpeado un poco la cabeza.
No pudo evitar levantar una manita para frotársela.
Después abrió mucho los ojos y contempló al hombre desconocido.
—Perdón, tío.
Aunque estaba un poco asustado, se disculpó muy obedientemente con Ling Suihan.
Ling Suihan simplemente lo soltó.
Bajó la cabeza y lo observó.
Su mirada recorrió lentamente aquellos grandes y hermosos ojos.
Pero no dijo nada.
La atención del hombre parecía estar completamente concentrada en otra persona que se encontraba a un lado.
Entreabrió los labios, como si estuviera a punto de hablar.
Sin embargo, al segundo siguiente, una vocecita infantil lo interrumpió.
—¡Papá!
Después de buscar por todas partes, Tuantuan finalmente había encontrado a Su Zhiqiu.
El pequeño echó a correr felizmente con sus piernecitas cortas.
Se abrazó con fuerza a una de las piernas de Su Zhiqiu.
Después carraspeó con orgullo, intentando disimular lo mucho que quería presumir.
—Papá, Tuantuan ya lavó el pañuelo. ¡Y también lo exprimió para quitarle el agua!
Al terminar, levantó la cabeza.
Parpadeó con sus grandes ojos negros y brillantes.
Esperaba que papá lo felicitara.
Pero Su Zhiqiu simplemente lo miró con el rostro pálido.
Pasó un buen rato antes de que consiguiera esbozar una sonrisa de aprobación.
—Muy bien, Tuantuan. Vamos primero.
Pronunció aquella frase con tantas pausas que casi parecía incapaz de terminarla.
Su Tuantuan se quedó desconcertado.
Miró a su alrededor.
Solo entonces percibió que algo no estaba bien.
Se acercó tímidamente a Su Zhiqiu y murmuró:
—Papá…
Al ver aquellos ojos almendrados llenos de miedo, Su Zhiqiu salió de golpe de su estado de conmoción.
No se atrevió a volver la cabeza para mirar la expresión de Ling Suihan.
Simplemente se agachó, levantó a Tuantuan en brazos y, sin pronunciar una sola palabra, desapareció rápidamente por el pasillo.
No se atrevía a mirar hacia atrás.
Tenía miedo de ver la expresión de Ling Suihan.
Miedo de que Ling Suihan lo siguiera para detenerlo.
Y también miedo de que…
Ling Suihan no lo siguiera.
Su Zhiqiu era incapaz de describir con palabras lo que estaba sintiendo.
Lo único que podía hacer era continuar caminando con Tuantuan en brazos.
Ni siquiera sabía adónde iba.
Tampoco sabía en qué dirección estaba avanzando.
Simplemente movía las piernas sin rumbo.
No importaba adónde llegara.
Mientras pudiera alejarse de aquel lugar.
Mientras pudiera desaparecer de la vista de Ling Suihan.
Su Zhiqiu ni siquiera se atrevía a recordar el instante en que Ling Suihan y Su Tuantuan se habían mirado a los ojos.
En aquel momento, había sentido que el corazón le estallaba.
Un zumbido ensordecedor le llenó los oídos.
Las piernas casi dejaron de sostenerlo.
Estuvo a punto de desmayarse.
Quiso decir algo para impedir que aquello ocurriera, pero fue incapaz de emitir un solo sonido.
Por suerte, había conseguido conservar un poco la compostura.
Al menos no había dejado que su expresión lo delatara demasiado.
De lo contrario, Ling Suihan habría tenido todavía más motivos para sospechar.
Su Zhiqiu continuó caminando mecánicamente.
Ni siquiera sabía cuánto tiempo había pasado.
Hasta que Su Tuantuan le dio un beso suave.
Su Zhiqiu se estremeció y se detuvo.
Solo entonces descubrió que había llegado hasta el automóvil.
Soltó un largo suspiro.
Bajó al pequeño de sus brazos, abrió la puerta y entró con él.
Quizá fuera porque se encontraba en un espacio privado y familiar.
O quizá porque tenía a su pequeño junto a él.
Pero Su Zhiqiu sintió que comenzaba a recuperarse.
Subió todas las ventanillas.
Después enterró el rostro entre las manos y se lo frotó con fuerza un par de veces.
Consiguió recuperar un poco el ánimo.
—Papá.
Tuantuan, que estaba apoyado contra él, lo miraba con preocupación.
Su Zhiqiu respondió suavemente.
Temía haberlo asustado.
Estaba a punto de decirle algo cuando el pequeño preguntó de repente:
—Papá, ¿no te gustan el tío y la tía de hace un rato?
Su Zhiqiu abrió mucho los ojos.
Miró al niño que tenía enfrente.
Su Tuantuan todavía sostenía el pañuelo.
Al ver una fina capa de sudor sobre la frente de Su Zhiqiu, levantó la mano y se la limpió cuidadosamente.
—La otra vez, cuando encontramos a ese tío y esa tía en el centro comercial, papá también se puso así.
Su Tuantuan bajó el pañuelo.
Apoyó las manitas sobre las piernas de Su Zhiqiu y lo observó sin apartar los ojos.
Su pequeño rostro estaba lleno de preocupación.
—Papá, ¿ellos te hicieron algo malo?
Mientras hablaba, Su Tuantuan arrugó la nariz.
Su expresión se volvió un poco feroz.
Su Zhiqiu no esperaba que todavía recordara aquel encuentro anterior.
Al ver que lo había malinterpretado, lo abrazó rápidamente y lo sentó sobre sus piernas.
Solo entonces respondió:
—No.
—¿Entonces qué pasó?
Su Tuantuan frunció las cejas con desconcierto.
Era evidente que no conseguía comprenderlo.
Su mundo todavía era demasiado pequeño.
Tan pequeño que solo podía imaginar que alguien había maltratado a papá.
No comprendía las complicaciones del mundo de los adultos.
Su Zhiqiu abrió la boca.
Pero descubrió que tampoco sabía cómo explicárselo.
O, mejor dicho, no podía explicárselo.
Después de pensar durante un buen rato, y al ver que Tuantuan seguía esperando una respuesta, terminó diciendo:
—Papá simplemente no esperaba encontrárselos. Me sorprendí un poco.
—Papá, ¿ese tío guapo es tu buen amigo?
Su Tuantuan reflexionó un instante antes de preguntar.
—…
Su Zhiqiu se quedó sin palabras.
Guardó silencio.
Y antes de que pudiera encontrar una respuesta, alguien golpeó dos veces la ventanilla desde afuera.
Toc, toc.
No fueron golpes demasiado fuertes.
Pero a Su Zhiqiu le parecieron golpes directos contra el corazón.
Sin ninguna razón particular, ni siquiera necesitó bajar la ventanilla para adivinar quién estaba afuera.
Su Tuantuan quiso abrir la puerta.
Pero, al ver que Su Zhiqiu permanecía inmóvil, vaciló y volvió a sentarse.
En el interior de Su Zhiqiu se desató una lucha desesperada.
Sabía que escapar no serviría de nada.
Sin embargo, tenía las manos y los pies como congelados.
No encontraba el valor necesario para moverse.
Al instante siguiente, la pantalla de su teléfono se iluminó.
Las palabras «Princesita» aparecieron en ella.
El celular vibraba insistentemente, recordándole que debía contestar.
Como si hubiera escuchado el sonido desde afuera, la persona volvió a golpear dos veces la ventanilla.
—Prin… cesita.
Su Tuantuan leyó aquellas palabras con cierta dificultad.
Últimamente había aprendido muchos caracteres.
Ya conseguía reconocer esos tres.
Además, le parecía recordar que la persona que había llamado a papá en el parque de diversiones tenía ese mismo nombre.
Levantó la cabeza con curiosidad.
Estaba a punto de hacerle otra pregunta a su padre.
Pero entonces vio que Su Zhiqiu lo sujetaba por los hombros.
Con una expresión extraordinariamente seria, le preguntó:
—Tuantuan, ¿quieres subir a acompañar a Limón mientras le ponen la infusión?
Al escuchar el nombre de Limón, toda la atención del pequeño se desvió inmediatamente.
Asintió sin vacilar.
Dejó de interesarse por la persona que esperaba afuera.
Al verlo, Su Zhiqiu soltó un suspiro de alivio.
Tomó a Su Tuantuan en brazos.
Apretó los dientes, desbloqueó las puertas y salió del automóvil.
La persona que esperaba afuera estaba de espaldas.
Tenía el teléfono junto a la oreja.
Evidentemente, estaba a punto de llamar otra vez.
Al escuchar el movimiento, Ling Suihan volvió la cabeza y los miró.
Bajo la visera de la gorra, que llevaba muy baja, se distinguían unos ojos hermosos y fríos.
Si uno se fijaba detenidamente, aquellos ojos se parecían muchísimo a los del niño que Su Zhiqiu llevaba en brazos.
Casi en un ochenta por ciento.
Su Zhiqiu tiró instintivamente de la mascarilla infantil que llevaba Su Tuantuan.
Después acomodó la cabeza del pequeño contra su hombro.
Su Tuantuan se recostó obedientemente.
Como si hubiera percibido las emociones complicadas de papá, no intentó resistirse.
Los dos hombres permanecieron frente a frente.
Aunque los separaba menos de medio metro, ambos sabían que entre ellos existía una distancia imposible de salvar.
Su Zhiqiu sostuvo silenciosamente la mirada del hombre.
Abrió los labios.
Pero durante un buen rato no consiguió pronunciar una sola palabra.
Ling Suihan tampoco habló.
Simplemente permaneció inmóvil, observándolo.
Era imposible distinguir alguna emoción en sus ojos.
No sabía cuánto tiempo transcurrió.
Finalmente, fue Su Zhiqiu quien rompió el silencio.
—¿Por qué estás esperando aquí?
Lo preguntó como si nada hubiera ocurrido.
Cinco años habían bastado para que desarrollara una extraordinaria habilidad para fingir que no entendía nada.
Incluso en aquel momento, su naturalidad parecía completamente auténtica.
Como si de verdad no hubiera sucedido absolutamente nada.
Pero aquella apariencia de tranquilidad fue destrozada sin piedad por Ling Suihan.
—Su Zhiqiu.
Ling Suihan lo interrumpió.
Después preguntó directamente:
—¿No tienes nada que decirme?
Ling Suihan lo observó en silencio.
Esperaba su respuesta.
Durante un instante, Su Zhiqiu estuvo a punto de contarle toda la verdad.
Pero, al segundo siguiente, vio la mirada que Ling Suihan dirigía hacia Su Tuantuan.
Era tan fría.
Tan desprovista de cualquier emoción.
Como si estuviera mirando un montón de basura abandonada junto al camino.
Su Zhiqiu sintió que alguien le había arrojado un cubo de agua helada sobre la cabeza.
El frío se extendió desde sus manos y pies hasta lo más profundo del corazón.
Solo entonces recordó que Ling Suihan había acudido aquel día al hospital para acompañar a su propio hijo.
Su Zhiqiu reprimió lentamente la agitación de su corazón.
Después le dijo en voz baja a Ling Suihan, que todavía esperaba una respuesta:
—Espérame un momento.
Ling Suihan lo miraba fijamente.
Como si quisiera atravesarle los ojos y descubrir todo lo que ocultaba en el corazón.
Su Zhiqiu estrechó un poco más a Su Tuantuan contra su pecho.
Después explicó suavemente:
—Primero voy a llevar al niño arriba.
Solo entonces Ling Suihan se dignó a dirigir otra mirada al pequeño que descansaba sobre su hombro.
No dijo que sí.
Tampoco dijo que no.
Simplemente permaneció allí, observándolos.
Su Zhiqiu sintió que aquella mirada lo estremecía.
Bajó ligeramente la cabeza y comenzó a caminar hacia la entrada del hospital.
Un paso.
Dos pasos.
Tres pasos.
Cuando llegó frente a Ling Suihan, no pudo evitar contarlos mentalmente.
Así que solo nos separan tres pasos.
Qué poca distancia.
Con aquel pensamiento, Su Zhiqiu bajó la cabeza y continuó avanzando.
La distancia entre ambos se redujo poco a poco.
Después se cruzaron.
Y comenzó a aumentar nuevamente.
Cuando Su Zhiqiu ya había avanzado unos diez pasos, escuchó de repente unos pasos detrás de él.
Ling Suihan lo llamó.
Su tono era tranquilo.
—No hace falta. Solo voy a hacerte una pregunta.
Su Zhiqiu se detuvo.
Los brazos con los que sostenía a Su Tuantuan comenzaron a temblar ligeramente, casi de manera imperceptible.
Al instante siguiente, Ling Suihan preguntó a sus espaldas, pronunciando cada palabra con claridad:
—¿Cuándo te llevaste la cartera?
Era una pregunta que parecía no tener relación con nada.
Como si no encajara en absoluto con la situación que estaban viviendo.
Pero Su Zhiqiu comprendía perfectamente lo que significaba.
Cuando abrió la boca, descubrió que tenía la garganta tan tensa que su voz incluso temblaba un poco.
—Hace algún tiempo.
Ling Suihan no respondió.
Su Zhiqiu sabía que estaba esperando una fecha más precisa.
—El día que me acompañaste al médico.
Su Zhiqiu dejó de intentar ocultarlo.
Respondió directamente:
—Cuando fuiste a comprar cosas a la farmacia.
Su Tuantuan se removió inquieto entre sus brazos.
Ninguno de los dos hombres le prestó atención.
Ling Suihan llevaba una mascarilla.
Además, la visera de su gorra estaba tan baja que resultaba imposible distinguir su expresión.
Por eso, Su Zhiqiu no podía saber si estaba feliz, triste o completamente furioso.
Transcurrió un largo rato.
Su Zhiqiu ya estaba pensando en regresar rápidamente al hospital con Tuantuan cuando Ling Suihan volvió a hablar.
—Devuélveme la fotografía que tienes en la cartera.
Su Zhiqiu se quedó desconcertado.
No esperaba aquella petición.
Pero antes de que pudiera preguntar por qué, Ling Suihan comenzó a acercarse paso a paso.
Solo repitió, pronunciando cada palabra por separado:
—Dámela.
Su Zhiqiu permaneció inmóvil.
Su Tuantuan, que hasta entonces había descansado obedientemente contra su pecho, también pareció percibir que el ambiente se había vuelto repentinamente tenso.
Levantó la cabeza y miró a Ling Suihan.
Entonces no pudo evitar exclamar:
—¡Eres tú, tío guapo!
Aquellas palabras sorprendieron a los dos hombres.
Su Zhiqiu volvió inmediatamente la cabeza para observar la expresión de Ling Suihan.
Después de un breve instante de desconcierto, la mirada que Ling Suihan dirigía hacia Su Tuantuan se volvió complicada.
Entrecerró los ojos y preguntó:
—¿Me conoces?
Su Zhiqiu sintió que su corazón quedaba suspendido en el aire.
Como si pudiera desplomarse violentamente en cualquier momento.
Sin darse cuenta, apretó los brazos alrededor de Su Tuantuan.
Lo sujetó con tanta fuerza que el pequeño no pudo evitar mirarlo.
—Yo…
Por alguna razón, Su Tuantuan se tragó las palabras que estaba a punto de pronunciar.
Miró a Su Zhiqiu.
Después sacudió repentinamente la cabeza.
Respondió con obediencia:
—No te conozco.
Ling Suihan volvió a mirar a Su Zhiqiu.
No era posible saber si le había creído o no.
Su Zhiqiu, por su parte, soltó un suspiro de alivio en su interior.
Gracias a la interrupción de Su Tuantuan, la tensión que acababa de acumularse pareció disiparse un poco.
Su Zhiqiu tenía la mente completamente revuelta.
Habló atropelladamente:
—Espérame aquí. Voy a llevarlo arriba y regreso enseguida. Espérame.
Sin embargo, cuando levantó la cabeza y sus ojos se encontraron con los de Ling Suihan, toda la sangre que le hervía en el cuerpo pareció enfriarse de golpe.
La mirada de Ling Suihan era tan complicada.
Tan desolada y vacía.
Que Su Zhiqiu olvidó inmediatamente todo lo que estaba a punto de decir.
El hombre avanzó con sus largas piernas.
Se acercó paso a paso.
Después levantó una mano en dirección a Su Tuantuan.
Su Zhiqiu abrazó al pequeño casi por reflejo.
Retrocedió un paso enorme.
La mano de Ling Suihan quedó suspendida en el aire.
A una distancia incómoda.
Antes de que Su Zhiqiu pudiera reaccionar, Ling Suihan extendió su largo brazo.
Sacó directamente un objeto plano del bolsillo de Su Zhiqiu.
Era su cartera.
Solo entonces Su Zhiqiu comprendió lo que había ocurrido.
Ah.
Así que no quería tocar a Tuantuan.
Solo quería quitarme la cartera.
Como si hubiera adivinado sus pensamientos, apareció un matiz de burla en los ojos con los que Ling Suihan lo observaba.
Su Zhiqiu lo miró con una ligera vergüenza.
Esperó a ver qué haría a continuación.
Al instante siguiente, Ling Suihan abrió la cartera.
Ignoró completamente las tarjetas.
Fue directamente al compartimento interior.
Sacó de allí una pequeña fotografía de una pulgada.
La fotografía se había conservado muy bien dentro de la cartera.
Sin embargo, después de cinco años, era inevitable que hubiera envejecido.
Cuando quedó expuesta a la luz del sol, pudo distinguirse que el reverso estaba ligeramente amarillento.
Ling Suihan sostuvo aquella fotografía.
La observó una y otra vez.
Con tanta concentración que Su Zhiqiu, aunque intentó hablar varias veces, no consiguió encontrar el momento adecuado para interrumpirlo.
Finalmente, cuando el sol ya había cambiado ligeramente de posición, Ling Suihan se movió.
Levantó la cabeza y miró a Su Zhiqiu.
Después pronunció una frase sin ninguna introducción.
—La mujer de hace un rato es mi prima.
—Y ese niño es mi sobrino.
Su Zhiqiu se quedó desconcertado.
Abrió mucho los ojos y miró al hombre que tenía enfrente.
Sin embargo, Ling Suihan no lo miró.
Simplemente dirigió la vista hacia Su Tuantuan, que permanecía entre sus brazos.
Entreabrió los labios.
—Lo que te dije entonces fue una mentira para salvar mi orgullo. Fui demasiado infantil.
Su Zhiqiu quiso decir algo.
Pero no consiguió emitir ni una sola sílaba.
Ling Suihan apartó la mirada de Su Tuantuan.
Volvió a mirar fijamente a Su Zhiqiu.
Su expresión incluso podía considerarse suplicante.
—Su Zhiqiu, lo siento.
Su Zhiqiu lo observó aturdido.
Pensó que debía de estar alucinando.
Porque en aquellos ojos había una súplica tan intensa que casi resultaba imposible distinguir cualquier otra emoción.
—Perdóname. No estoy casado. Y tampoco tengo hijos.
—Su Zhiqiu, entonces tú…
Murmuró aquellas palabras.
Su Zhiqiu se mordió el labio inferior con fuerza.
Tanto que casi pudo saborear la sangre en la boca.
Pero no lo soltó.
Ling Suihan no continuó hablando.
Simplemente lo observó en silencio.
La súplica de sus ojos era imposible de ocultar.
Le rogaba que pronunciara las palabras que deseaba escuchar.
Aunque supiera que solo serían una mentira.
Estaría dispuesto a aceptarlas con gusto.
Su Zhiqiu sabía lo que quería preguntarle.
¿Y tú?
Entonces, ¿qué hay de ti?
¿Tú también me mentiste para salvar tu orgullo?
¿Por alguna estúpida arrogancia?
Pero…
Ante el silencio absoluto de Su Zhiqiu, la débil luz que había en los ojos de Ling Suihan comenzó a apagarse lentamente.
Cada vez más.
Hasta que finalmente desapareció por completo en aquella oscuridad.
—Lo siento.
Su Zhiqiu se escuchó pronunciar aquellas palabras.
Su voz sonó rígida.
Durante un segundo, sintió que había regresado cinco años atrás.
A aquella noche en que abandonó Beicheng.
En aquel entonces, tenía el corazón lleno de odio.
La ira lo había consumido por completo.
Ni siquiera se había detenido a pensar si Ling Suihan se sentiría triste.
Pero ahora lo sabía.
Seguramente sí.
¿Acaso Ling Suihan también había tenido aquella mirada tan desolada el día de su partida?
¿Unos ojos completamente vacíos, sin el menor rastro de luz?
Detrás de ellos, los automóviles iban y venían.
Los bocinazos se mezclaban con las conversaciones y las risas de los transeúntes.
Aquellos sonidos parecían resonar junto a sus oídos.
Y, al mismo tiempo, parecían estar muy lejos.
Inmensamente lejos.
De repente, Ling Suihan se movió.
Guardó distraídamente la cartera en el bolsillo de Su Zhiqiu.
Pero conservó la pequeña fotografía en la palma de la mano.
Su Zhiqiu lo miró a los ojos.
Quizá porque se conocían desde hacía demasiado tiempo, le bastó un instante para adivinar qué estaba a punto de hacer.
Y, efectivamente…
Los dedos de Ling Suihan comenzaron a cerrarse lentamente.
La fotografía, reseca por el paso del tiempo, quedó rápidamente arrugada dentro de su puño.
—¡Ling Suihan!
Su Zhiqiu se abalanzó hacia él casi por reflejo.
Quería arrebatarle la fotografía.
Pero ya era demasiado tarde.
Ling Suihan simplemente lo miró de reojo.
Después abrió la mano.
Sobre su palma alargada descansaba una pequeña bola de papel arrugado.
La fotografía era realmente diminuta.
Y el viento del invierno en Beicheng siempre era muy fuerte.
Su Zhiqiu extendió la mano para atraparla.
Pero olvidó que todavía sostenía a Su Tuantuan en brazos.
Durante aquel breve instante en que intentó cambiarlo de posición, la pequeña fotografía salió volando.
Fue arrastrada por una ráfaga de viento.
Hasta que finalmente desapareció de la vista de ambos.
Nunca volvieron a verla.
Ling Suihan retiró la mano.
Volvió a cerrarla en un puño.
Su voz tenía un matiz helado.
—Su Zhiqiu, ya tienes un hijo y todavía guardas mi fotografía en la cartera. Aunque a tu esposa no le dé asco, a mí sí.
Ante aquel ataque tan directo y despiadado, Su Zhiqiu no pronunció una sola palabra.
Simplemente permaneció inmóvil.
Miraba aturdido hacia la dirección en la que había desaparecido la pequeña bola de papel.
Era incapaz de describir lo que sentía.
—¡Ling Suihan!
Una voz femenina llegó desde detrás de ellos.
La mujer parecía estar un poco sin aliento.
Su Zhiqiu volvió la cabeza.
Vio acercarse a la exesposa de Ling Suihan.
No.
A su prima.
Detrás de ella venía su pequeño sobrino.
—¿Estás bien?
La mujer se acercó y recuperó el aliento.
Miró a Su Zhiqiu.
Después a Ling Suihan.
Su expresión era un poco ansiosa.
—Estoy bien.
Ling Suihan la miró y respondió con indiferencia.
—¿Entonces por qué saliste corriendo de repente? El pequeño te estuvo llamando y ni siquiera te detuviste.
La mujer lo reprendió suavemente.
Después volvió la cabeza hacia Su Zhiqiu.
Lo examinó con una expresión algo extraña.
Su Zhiqiu temió que descubriera algo.
Bajó la cabeza.
Sin decir una sola palabra más, se marchó con Su Tuantuan en brazos.
Ling Yue observó su espalda mientras se alejaba.
Frunció ligeramente el ceño.
De repente, pareció recordar algo.
Se cubrió la boca con una mano, sorprendida.
Estaba a punto de volverse para decirle algo a Ling Suihan cuando descubrió que su hermano ya no estaba allí.
—Mamá, el tío fue para allá.
El niño tiró de su mano y señaló en una dirección.
Ling Yue siguió su dedo con la mirada.
Descubrió que Ling Suihan estaba al otro lado de la calle.
Frente a un enorme bote de basura.
—¿Qué estás haciendo?
Ling Yue miró el agua sucia que había en el suelo.
Frunció el ceño y levantó al niño en brazos.
Al instante siguiente, se cubrió la boca con una mano.
Soltó una exclamación de sorpresa.
—¡Ling Suihan!
Pero Ling Suihan actuó como si no hubiera escuchado nada.
Extendió la mano.
No le importó que unas hojas de verduras pegadas al borde del bote de basura rozaran su costosa chaqueta.
Tampoco prestó atención a la suciedad que había junto a sus zapatos.
Buscó durante un buen rato.
Finalmente, consiguió sacar algo diminuto.
Ling Yue evitó cuidadosamente el agua negra del suelo y se acercó para mirar.
—¿Para qué recoges eso?
Ling Suihan no respondió.
Simplemente permaneció junto al bote de basura.
Contemplaba en silencio aquella pequeña bola de papel que sostenía en la mano.
Aunque no había pronunciado una sola palabra, Ling Yue percibió una tristeza inmensa que emanaba de él.
Una tristeza tan profunda que parecía tinta derramada en el agua.
Una tinta que jamás conseguiría disolverse.
—Tú…
Ling Yue apartó la mirada de su mano.
Después preguntó con cautela:
—La persona de hace un rato… Si no me equivoco, su rostro me resulta un poco familiar.
La primera vez que lo había visto, no había sentido nada especial.
Pero, después de encontrárselo varias veces, había comenzado a notar un parecido difícil de describir.
Además, su hermano había perdido completamente el control en público aquel día.
Y, durante todos aquellos años, semejante comportamiento solo parecía haber ocurrido por una persona.
—Era él, ¿verdad?
Ling Yue pronunció con expresión complicada aquel nombre que se había convertido en un tabú absoluto dentro de su familia.
—¿Su Zhiqiu?
Ling Suihan, que había permanecido completamente inmóvil, volvió repentinamente la cabeza.
Como si hubiera escuchado una palabra clave.
La miró.
Ling Yue ya estaba convencida de que no recibiría ninguna respuesta.
Pero entonces Ling Suihan habló.
Su voz era baja y ronca.
Parecía tan seca como el árbol de la calle que había perdido todas sus hojas.
—No.
Ling Yue se quedó desconcertada.
Estaba a punto de responder cuando el hombre negó nuevamente con la cabeza.
Repitió:
—Ese no era él.
Al ver que su estado no era bueno, Ling Yue se apresuró a acariciarle el hombro para tranquilizarlo.
—Está bien, está bien. No era él. Tu hermana se equivocó. Ven aquí primero, hazme caso.
Mientras hablaba, tiró suavemente de él.
Quería alejarlo del bote de basura.
Su hermano había sido extremadamente maniático con la limpieza desde pequeño.
Siempre había sido una persona que adoraba la pulcritud.
¿Cómo podía estar parado junto a un bote de basura?
Cuando recuperara la compostura, seguramente volvería a ponerse de mal humor por aquello.
Sin embargo, al instante siguiente, la mano de Ling Yue quedó suspendida en el aire.
Las nubes oscuras que habían cubierto el cielo durante todo un día y una noche finalmente se reunieron.
Pequeños copos de nieve comenzaron a caer lentamente.
La última nevada del año no había llegado demasiado tarde.
Y su frío penetraba hasta los huesos.
Un copo de nieve cayó sobre el rostro de Ling Suihan.
Se derritió y se convirtió en una gota de agua que descendió lentamente.
Resbaló hasta su cuello.
Dejó una pequeña marca húmeda sobre su piel.
Pero allí, sin que nadie supiera desde cuándo, ya había varias marcas semejantes.
Aquel gran famoso al que admiraban innumerables personas permanecía de pie junto a un bote de basura, en plena calle.
Con la cabeza baja y una expresión completamente desamparada.
Lloraba como el niño más indefenso del mundo.
Lleno de dolor.
Lleno de desesperación.
Y, sin embargo, en absoluto silencio.