Después de dejar que mi exmarido recogiera a los niños por error - Capítulo 26
Su Zhiqiu reprimió la sonrisa que amenazaba con aparecer en sus labios. Se aclaró la garganta y preguntó:
—¿Qué pasa? ¿Ocurrió algo?
La persona al otro lado de la línea ignoró su pregunta y se limitó a decir con despreocupación:
—¿Interrumpí tu descanso?
—Ah, no. Dormí bastante bien anoche. Ya no necesito descansar.
—¿Estás en casa? —preguntó Ling Suihan—. ¿O fuiste al estudio?
Aunque sabía que el otro no podía verlo, Su Zhiqiu negó con la cabeza.
—No. Estoy… afuera.
Al otro lado de la línea no hubo respuesta, pero Su Zhiqiu tuvo la extraña impresión de que Ling Suihan había asentido en algún lugar donde él no podía verlo.
Los segundos transcurrieron lentamente.
Ninguno de los dos decía nada.
De repente, Su Zhiqiu recordó que aquella era la primera llamada telefónica que intercambiaban desde su reencuentro.
También era la primera vez en cinco años que escuchaba la voz de Ling Suihan a través de un teléfono.
No sonaba exactamente igual que cuando lo escuchaba en persona.
Parecía un poco más ronca.
Se asemejaba mucho a la voz que recordaba de aquellos años.
Quizá por eso no quería colgar.
Su Zhiqiu se sintió frustrado consigo mismo por limitarse a responder las preguntas de manera tan rígida.
Por más que lo intentaba, no conseguía pensar en ningún tema interesante que permitiera prolongar la conversación.
Permanecieron así, con los teléfonos junto a los oídos, durante casi un minuto.
Su Zhiqiu pensó que la llamada estaba a punto de terminar.
Ya se había preparado para despedirse cuando Ling Suihan preguntó de repente:
—¿A qué saliste?
Su Zhiqiu miró a su alrededor.
Justo entonces, sus ojos se encontraron con los del hombre que aparecía en la enorme pantalla sobre su cabeza.
—Eh…
Por alguna razón, se sintió inexplicablemente avergonzado.
Era la misma vergüenza que experimentaría un estudiante sorprendido mientras contemplaba a escondidas la fotografía de la persona que le gustaba.
Aunque, a decir verdad, él ya había hecho exactamente eso.
Sin embargo, aquella vacilación tan poco habitual adquirió un significado completamente distinto para quien lo escuchaba al otro lado de la línea.
—¿No puedes decirlo? —preguntó Ling Suihan con indiferencia—. Entonces olvídalo.
Parecía dispuesto a colgar.
—¡Espera, espera!
Su Zhiqiu se apresuró a explicarse en voz baja:
—No es que no pueda decirlo. Es solo que… salí a comprar algunas cosas con mi familia.
—Ah.
Pero Ling Suihan no parecía dispuesto a dejarlo pasar.
—Entonces, ¿por qué tartamudeas?
Su tono sonaba un poco frío.
Su Zhiqiu sonrió y explicó:
—No esperaba que me llamaras. Me tomaste por sorpresa.
—Pues será mejor que te acostumbres.
Ling Suihan añadió de repente:
—Porque es posible que, de ahora en adelante, te llame bastante seguido.
Su Zhiqiu se quedó desconcertado.
Cuando reaccionó, respondió con sentimientos encontrados:
—Está bien.
Después de pensarlo, no pudo evitar preguntar:
—¿Por qué?
—¿Acaso un acreedor necesita una razón para cobrar sus deudas?
Ling Suihan replicó como si fuera lo más natural del mundo.
—No te molestas en informarme de lo que haces y, encima, ¿te parece fastidioso que te llame? ¿Y si vuelves a desaparecer sin decir una palabra? ¿A quién se supone que voy a buscar? No sería la primera vez que lo haces.
Su voz se volvió cada vez más sombría.
Las últimas palabras parecieron salir una por una de entre sus dientes apretados.
—¡No me parece fastidioso que me llames!
Su Zhiqiu no pudo evitar defenderse.
Sabía que estaba en desventaja y que jamás conseguiría ganar una discusión contra Ling Suihan.
Así que solo pudo responder con seriedad:
—Entendido. De ahora en adelante, te llamaré cuando tenga algo que contarte.
Solo entonces Ling Suihan dejó escapar un sonido de aprobación.
Su actitud tenía un aire bastante caprichoso, como si aquello fuera precisamente lo que Su Zhiqiu debería haber hecho desde el principio.
Temiendo que volviera a sacar a relucir el pasado, Su Zhiqiu cambió rápidamente de tema.
—Por cierto, ¿cómo conseguiste mi número?
Mientras hablaba, varias muchachas de unos diecinueve o veinte años pasaron frente a su automóvil, caminando del brazo.
Todas levantaron sus teléfonos para fotografiar la pantalla gigante.
Una de ellas habló con tanta fuerza que su voz llegó hasta Su Zhiqiu.
—¡Desde este ángulo también se ve guapísimo!
Su Zhiqiu miró instintivamente en aquella dirección.
El anuncio había llegado a su última escena.
El hombre que aparecía en la pantalla, con una bufanda alrededor del cuello, caminaba lentamente hacia el borde de la imagen.
El efecto era tan realista que parecía que en cualquier momento saldría de la pantalla.
Las muchachas suspiraron emocionadas.
Se escucharon exclamaciones como «¡Me muero!» y «¡Esposo, mátame de lo guapo que eres!».
El automóvil de Su Zhiqiu era barato y no tenía un aislamiento acústico demasiado bueno.
De vez en cuando, algunas palabras del exterior llegaban hasta sus oídos.
Cuando escuchó que lo llamaban «esposo», uno de sus párpados dio un pequeño salto.
Apartó la mirada.
Al otro lado de la línea, el verdadero protagonista de aquella pantalla hizo una pausa.
No respondió a su pregunta.
En cambio, preguntó:
—¿Dónde estás?
Su Zhiqiu comprendió que había escuchado a las muchachas.
Se apresuró a avanzar unos metros con el automóvil para alejarse de la multitud.
—En un cruce. Hay mucha gente. ¿Se escucha demasiado ruido?
Intentó hacerse el desentendido.
Pero Ling Suihan lo desenmascaró sin rodeos.
—Escuché que alguien a tu lado llamaba «esposo» a otra persona.
Su voz se enfrió gradualmente.
—Su Zhiqiu.
Otra vez lo llamaba por su nombre completo.
—¿Dónde demonios estás?
El párpado de Su Zhiqiu volvió a temblar.
Antes de que pudiera pensarlo, comenzó a tranquilizarlo:
—De verdad estoy en la calle. Eran unas muchachas que vieron a un… eh… hombre muy guapo. No me estaban llamando a mí. No tiene nada que ver conmigo.
Cuando Ling Suihan volvió a hablar, su tono no había mejorado demasiado.
Preguntó suavemente:
—¿Un hombre guapo? ¿A ti también te parece muy guapo?
—…
Por un momento, Su Zhiqiu no supo cómo responder.
Levantó los ojos para mirar la pantalla que tenía encima.
Sonrió involuntariamente.
Después respondió en voz baja:
—Sí. Me parece muy guapo. Es el hombre más guapo que he… visto en mi vida.
El teléfono quedó completamente en silencio.
Su Zhiqiu dejó de bromear.
Estaba a punto de decirle la verdad.
—En realidad, justo ahora estoy en Long…
Pero una risa baja lo interrumpió.
—Muy bien.
La voz de Ling Suihan era extremadamente baja.
Su tono, incluso suave.
Sin embargo, escucharlo producía un escalofrío.
Antes de que Su Zhiqiu pudiera preguntarle qué tenía de bueno, Ling Suihan dijo con una sonrisa que casi podía escucharse a través del teléfono:
—Ven a buscarme.
—¿Qué? —Su Zhiqiu se quedó atónito—. ¿Ahora?
—Sí, ahora.
Ling Suihan incluso repitió la orden con una sonrisa:
—Ven a buscarme al número 117 de la calle Danxia.
Aunque estaba sonriendo, Su Zhiqiu sintió inexplicablemente un escalofrío que le recorrió la espalda.
Cuando reaccionó, se apresuró a rechazarlo con delicadeza.
—Ahora de verdad no puedo. No me es posible ir. ¿Puede ser más tarde? Te prometo que iré después.
Ling Suihan todavía no había respondido.
Sin embargo, Su Zhiqiu ya podía percibir en su silencio la amenaza de una tormenta inminente.
—Además, ¿no me diste el día libre? —continuó Su Zhiqiu, intentando que su voz sonara lo más sincera posible—. Llevo muchos días sin descansar. Hoy quiero pasar un buen rato con mi familia.
—Como quieras.
Clic.
Ling Suihan soltó aquellas dos palabras con impaciencia y colgó.
Enseguida se escuchó el tono de llamada finalizada.
Su Zhiqiu se quedó sentado en el automóvil, sosteniendo el teléfono y mirando al vacío.
Aquella llamada de Ling Suihan había llegado tan inesperadamente como había terminado.
Habían intercambiado unas cuantas frases sin demasiado sentido.
Y, aun después de colgar, Su Zhiqiu seguía sin comprender para qué lo había llamado.
Quizá simplemente había sido una inspección de su acreedor, preocupado por que volviera a escapar.
Su Zhiqiu dejó escapar un pequeño siseo y se presionó la sien, donde comenzaba a sentir un dolor punzante.
La dirección que Ling Suihan le había dado seguía resonando en sus oídos.
Al recordar aquellas dos últimas palabras tan frías, realmente comenzó a vacilar.
Pero desde que había llegado a Beicheng, todavía no había pasado suficiente tiempo con Su Tuantuan.
Siempre estaba ocupado con una cosa u otra.
Había terminado descuidando al niño.
El teléfono que todavía sostenía vibró de nuevo.
Su Zhiqiu levantó inmediatamente la pantalla.
Sin embargo, no era un mensaje de aquella persona.
Era la maestra del jardín de niños de Su Tuantuan.
Le informaba que ya había preparado el permiso de salida y que enseguida haría que Tuantuan recogiera su mochila.
También le envió un video del pequeño.
Tuantuan estaba guardando sus cosas en la mochila.
Aunque se movía con rapidez, acomodaba todo cuidadosamente.
Sus grandes ojos húmedos se habían entrecerrado de tanto sonreír.
Parecía extraordinariamente emocionado.
Al observarlo con atención, Su Zhiqiu descubrió que aquellos ojos, semejantes a pequeñas uvas silvestres, se parecían un poco a los del hombre que aparecía en la pantalla gigante.
Solo que unos eran infantiles y los otros, maduros.
Su Zhiqiu suspiró.
Sin la menor vacilación, abandonó a la «mamá del niño» y eligió a Su Tuantuan.
Temiendo que Tuantuan se impacientara mientras esperaba, lanzó una última mirada por la ventanilla y abandonó el lugar.
Aunque aquella llamada repentina de Ling Suihan había sido bastante desconcertante, parecía haberlo arrancado de golpe de la sensación de irrealidad que había experimentado poco antes.
El vacío de su corazón comenzó a llenarse lentamente.
Hasta que, por fin, sintió que volvía a pisar tierra firme.
No había sido un sueño.
Su Zhiqiu, has regresado.
Has vuelto a esta ciudad tan familiar.
Ese hombre deslumbrante de la pantalla gigante durmió anoche a tu lado.
Pasaste toda la noche con la cabeza apoyada sobre su brazo.
Y hace apenas un momento te llamó por teléfono.
Aunque… parece que la conversación no terminó demasiado bien.
Su Zhiqiu comenzó a repetirse lentamente aquellas palabras.
No era un sueño.
No era como aquellos sueños que tantas veces lo habían hecho abrir los ojos lleno de alegría, solo para descubrir que todo era falso y volver a dormirse con el corazón entristecido.
Aquello era real.
Era la realidad.
Prefería aquella realidad miserable y descolorida antes que regresar a los hermosos sueños que nunca se cumplían.
Después de pensarlo un momento, cuando estaba a punto de llegar al jardín de niños, recogió el teléfono y envió un mensaje al número que acababa de llamarlo.
«No te enojes. Esta noche iré más temprano».
El mensaje apareció como entregado.
Sin embargo, pasó bastante tiempo sin recibir respuesta.
No sabía si Ling Suihan no lo había visto o si, en un arranque de infantilismo, había decidido dejarlo deliberadamente sin contestar.
De todas formas, Su Zhiqiu pronto olvidó el asunto.
Su atención quedó completamente cautivada por Su Tuantuan, que llegó corriendo con sus pasitos cortos y subió al automóvil.
La maestra había acompañado al niño hasta la salida.
Cuando vio a Su Zhiqiu, sonrió y comentó:
—¡Tuantuan estaba contentísimo! En cuanto recibió el aviso, les contó a todos sus compañeros que iba a salir a pasear con su papá. ¡Llevaba muchísimo rato esperando! Incluso hizo llorar de envidia a uno de los niños que estaba a su lado.
Su Zhiqiu sintió una mezcla de diversión y tristeza.
No pudo evitar levantar la mano para acariciar el cabello suave de Su Tuantuan.
Tal como habían acordado, se dirigieron directamente al parque de diversiones infantil.
Su Tuantuan era completamente incapaz de resistirse a un lugar como aquel.
Apenas entraron, abrió la boca de par en par.
Sus ojos quedaron fijos en todo lo que lo rodeaba.
Emocionado, tomó a Su Zhiqiu de la mano y comenzó a correr hacia delante.
Al mismo tiempo, exclamó con una voz mucho más fuerte de lo habitual:
—¡Papá, este lugar es enorme! ¡Me encanta!
Su Zhiqiu lo observó comportarse como un pequeño campesino que acababa de visitar la ciudad por primera vez.
Se emocionaba por cualquier cosa que veía y se apresuraba a señalársela.
Cuanto más lo observaba, más incómodo se sentía Su Zhiqiu.
Wen Juefei y su madre tenían razón.
Por su obstinación en mantenerse escondido, había privado a Tuantuan de muchas experiencias durante cuatro años enteros.
Sentía que le había fallado.
Aunque él mismo tampoco había tenido una infancia fácil.
Cuando era pequeño, ni siquiera podía soñar con visitar un parque de diversiones.
Ya era bastante suerte que no tuviera que trabajar siendo niño.
Incluso había estado a punto de abandonar sus estudios porque su familia no podía pagarlos.
Mientras otros padres llevaban a sus hijos de excursión, los suyos dependían de que él ganara dinero para contribuir a los gastos familiares.
Por eso, en sus más de veinte años de vida, la única vez que había visitado un parque de diversiones había sido después de debutar, cuando fueron a grabar un programa.
Aunque en aquel entonces ya era un ídolo muy famoso, Su Zhiqiu había reaccionado exactamente igual que Tuantuan.
Todo le parecía nuevo y emocionante.
Ling Suihan, en cambio, no había mostrado demasiado interés.
Era evidente que aquellas atracciones habían dejado de resultarle novedosas hacía mucho tiempo.
En aquella época, Ling Suihan acababa de descubrir que Su Zhiqiu estaba enamorado de él en secreto.
Su relación atravesaba su momento más tenso e incómodo.
Los cinco integrantes del grupo habían ido juntos a grabar su programa de variedades.
Pero ellos dos se colocaban deliberadamente en extremos opuestos, dejando a los otros tres compañeros entre ambos.
Ninguno de sus compañeros se atrevía a intervenir.
Como si se hubieran puesto de acuerdo, todos recogieron sus palos para selfies y se marcharon corriendo.
Los dejaron solos.
Para Su Zhiqiu, que acababa de cumplir veinte años, aquel período también había sido extraordinariamente difícil.
Por primera vez, evitaba deliberadamente a Ling Suihan.
Bajó la cabeza y caminó solo en dirección contraria.
Hasta que se sentó en una torre de caída libre.
De repente, una mano apareció frente a sus ojos.
Bajo la oscuridad de la noche, aquella mano parecía especialmente blanca.
Se posó sobre la mano con la que estaba abrochándose el cinturón de seguridad.
Ambas quedaron superpuestas.
Una estaba cálida.
La otra, ligeramente fría.
Sin embargo, Su Zhiqiu reaccionó como si lo hubieran quemado.
Se estremeció de pies a cabeza y apartó bruscamente la mano.
Ling Suihan pareció quedarse desconcertado.
Después cruzó los brazos y preguntó con frialdad:
—¿Estás seguro de que quieres subir a esto?
—Sí.
Su Zhiqiu miró de reojo la cámara que los estaba grabando.
Comprendió que su reacción había sido demasiado exagerada.
Así que fingió que no había ocurrido nada.
—Parece divertido.
—Será mejor que no lo hagas. La sensación de ingravidez es muy intensa.
Por una vez, Ling Suihan estaba entrometiéndose en un asunto ajeno.
Su Zhiqiu no sabía si simplemente quería evitar una discusión frente a las cámaras o si de verdad estaba preocupado por él.
Pero, aun así, giró la cabeza para evitarlo.
Ya no mostraba la cercanía habitual.
En cambio, levantó un puño hacia la cámara y sonrió.
—No pasa nada. Voy a aceptar el desafío.
Ling Suihan lo observó durante un rato con los labios apretados.
De repente, caminó hasta el asiento que estaba a su lado y se sentó directamente.
Su Zhiqiu lo miró de reojo.
Vaciló un instante.
Pero no dijo nada.
Al percibir su mirada, Ling Suihan habló sin siquiera levantar los párpados.
—No te confundas. Solo me preocupa que te desmayes aquí estando solo y termines retrasando la grabación del programa.
Su Zhiqiu no se molestó en discutir con él como un niño de primaria.
Simplemente fingió no haberlo escuchado y giró la cabeza.
La máquina comenzó a elevarse lentamente.
Cuando alcanzaron casi dos metros de altura, Su Zhiqiu empezó a ponerse nervioso.
Para facilitar las grabaciones, la empresa había reservado el parque de diversiones durante la noche.
La enorme torre de caída libre estaba iluminada con luces de colores.
Sin embargo, de todos los asientos que formaban el círculo, solo dos estaban ocupados.
Vistos desde lejos, parecían dos personas solitarias que solo se tenían la una a la otra.
Su Zhiqiu observó cómo el camarógrafo que estaba en el suelo se volvía cada vez más pequeño.
Del carrusel cercano ya solo podía distinguir el círculo de luces que adornaba su techo.
La torre había alcanzado una altura considerable.
Parecía que en cualquier momento podía precipitarse violentamente hacia abajo.
El corazón le latía con fuerza.
Las palmas de sus manos comenzaron a sudar.
No sabía si era por los nervios o por la emoción de lo que estaba a punto de experimentar.
De repente, escuchó una voz a su lado.
—Su Zhiqiu.
Aquella voz familiar temblaba ligeramente.
Su Zhiqiu interrumpió sus pensamientos y miró instintivamente hacia él.
Bajo la oscuridad nocturna, la piel de Ling Suihan parecía todavía más blanca.
Incluso sus labios habían perdido el color.
Miraba rígidamente hacia delante.
—Lo siento. Yo…
No consiguió terminar la frase.
La torre había alcanzado finalmente su punto más alto.
Y entonces…
¡Se precipitó violentamente hacia abajo!
Su Zhiqiu no pudo evitar gritar a pleno pulmón.
Al mismo tiempo, experimentó una sensación de liberación indescriptible.
Era como si toda la angustia que había acumulado durante aquel mes desapareciera en un solo instante.
No sabía si se debía a la adrenalina que recorría su cuerpo o a aquellas palabras que acababa de escuchar.
«Su Zhiqiu, lo siento».
Su corazón latía a una velocidad vertiginosa.
Parecía un tambor golpeado sin descanso, a punto de salirle del pecho.
Su Zhiqiu sintió que todo su cuerpo flotaba.
Sin embargo, alguien volvió a sujetarlo firmemente.
Pensó que ya habían llegado al suelo.
Pero cuando abrió los ojos, descubrió que la sensación bajo su mano era diferente.
Aquella mano blanca y de dedos largos lo estaba sujetando con una fuerza extraordinaria.
Tan fuerte que los nudillos habían adquirido un tono blanquecino.
Las dos manos estaban cubiertas de sudor frío.
Era imposible distinguir cuál pertenecía a quién.
La torre comenzó a elevarse nuevamente.
Sus palmas empezaron a resbalar.
Justo cuando estaban a punto de separarse, Ling Suihan se inclinó un poco más hacia él, sin preocuparse por el peligro.
Volvió a sujetarle la mano con fuerza.
Entre el estruendo del viento, Su Zhiqiu escuchó que Ling Suihan murmuraba algo repetidamente.
Se acercó poco a poco para intentar distinguir sus palabras.
—No tengas miedo… No tengas miedo…
Al principio pensó que estaba intentando tranquilizarlo.
Estaba a punto de decirle que no tenía miedo.
Pero entonces descubrió que el rostro de Ling Suihan tenía un aspecto terrible.
Su Zhiqiu frunció el ceño.
Antes de que pudiera observarlo con detenimiento, la máquina volvió a caer violentamente.
La mano que lo sujetaba se cerró con una fuerza brutal.
Casi le aplastó los huesos.
Cuando volvieron a llegar al suelo, Su Zhiqiu se apresuró a mirar hacia un lado.
Lo que vio lo dejó horrorizado.
Incluso los labios de Ling Suihan estaban temblando.
Parecía que estaba a punto de asfixiarse.
Su Zhiqiu se asustó tanto que comenzó a hacer desesperadamente señales para que detuvieran la atracción.
Por suerte, ellos eran los únicos pasajeros.
El personal acudió inmediatamente y los ayudó a bajar.
En el instante en que sus pies tocaron el suelo, Ling Suihan se estremeció violentamente.
Sin embargo, seguía sin abrir los ojos.
Su Zhiqiu olvidó por completo las tensiones del último mes.
Lo abrazó de inmediato y lo llevó hasta un pequeño pabellón cercano.
Después le dio agua.
Mientras sostenía a Ling Suihan por los hombros, le acariciaba suavemente la espalda.
Ling Suihan permanecía apoyado contra su pecho, con el rostro completamente pálido.
Los mechones de cabello empapados en sudor frío se le pegaban a la frente.
Tenía los ojos cerrados.
Sus labios rojos estaban cubiertos de pequeñas heridas provocadas por sus propios dientes.
Había desaparecido por completo aquella arrogancia fría y orgullosa que solía caracterizarlo.
Parecía tan frágil y vulnerable que resultaba doloroso contemplarlo.
Cuando aquellas imágenes se emitieron años atrás, los admiradores de ambos protagonizaron una discusión tan intensa que prácticamente hicieron colapsar Weibo.
También fue a partir de aquel episodio que Ling Suihan se ganó definitivamente el apodo de «la florecita blanca de las novelas antiguas».
Pero, en aquel momento, Su Zhiqiu no pensaba en nada de eso.
Solo estaba preocupado por tranquilizarlo.
Cuando finalmente sintió que el cuerpo entre sus brazos comenzaba a relajarse, preguntó con una mezcla de enojo y ansiedad:
—¡Ling Suihan! ¡Si tienes miedo a las alturas, ¿por qué demonios te subiste a una torre de caída libre?!
Ling Suihan abrió los ojos.
Sus pestañas largas y espesas temblaron ligeramente.
Su Zhiqiu no sabía si estaban cubiertas de pequeñas lágrimas.
Aquellos ojos hermosos simplemente lo observaron en silencio.
Bajo aquella mirada, el enojo de Su Zhiqiu comenzó a desvanecerse.
Se sintió un poco incómodo y se levantó.
—Voy a comprarte algo para que te recuperes del susto.
Pero apenas se puso de pie, descubrió que la mano derecha de Ling Suihan seguía aferrada a la suya.
Parecía que ambas manos hubieran quedado pegadas.
Y fue precisamente en aquel instante cuando comprendió algo.
Aquello había sido un gesto de protección.
Recordó cómo Ling Suihan había intentado protegerlo con el brazo y sujetarle la mano desesperadamente mientras estaban en la torre.
Su Zhiqiu se quedó inmóvil un momento.
Ling Suihan no dijo nada.
Pero Su Zhiqiu volvió a sentarse.
Simplemente le pidió al camarógrafo que estaba cerca que les comprara una bebida caliente.
Por alguna razón, Ling Suihan seguía sin soltarle la mano.
Su Zhiqiu tampoco intentó separarla a la fuerza.
Solo colocó discretamente sus manos entrelazadas sobre el asiento, en un rincón de sombra donde la cámara no podía captarlas.
Cuando llegó la bebida, Su Zhiqiu le acercó la leche caliente.
Sin embargo, Ling Suihan ni siquiera extendió la mano.
Simplemente abrió la boca y atrapó la pajilla entre los labios, como si fuera lo más natural del mundo.
Un aroma dulce comenzó a extenderse por el aire.
Ambos intercambiaron una mirada.
Y los dos se quedaron desconcertados.
Ling Suihan reaccionó primero.
Extendió la mano y tomó el vaso.
Sus manos volvieron a superponerse fugazmente en el aire.
Después se separaron.
Había sido un movimiento insignificante.
Sin embargo, Su Zhiqiu sintió como si una pequeña chispa hubiera caído directamente sobre su corazón.
Y estallara allí con un suave crepitar.
—¿Qué querías decirme hace un momento?
Preguntó.
Ling Suihan no respondió.
Como si no hubiera escuchado la pregunta, giró la cabeza y contempló una enorme estructura que giraba lentamente a lo lejos.
Era la rueda de la fortuna.
La atracción más alta de todo el parque.
Su Zhiqiu tampoco insistió.
Simplemente siguió la dirección de su mirada.
Debajo de la mesa, sus manos se rozaron fugazmente bajo la brisa de aquella noche de verano.
Fue un contacto breve.
Tímido y secreto.
Una intimidad indefinida que ninguno de los dos se atrevía a nombrar.
—¡Papá! ¡Papá!
Su Tuantuan sacudió su mano y lo arrancó de sus recuerdos.
Su Zhiqiu volvió en sí.
—¿Qué pasa?
Bajó la cabeza para mirarlo.
Su Tuantuan se puso de puntillas y señaló una atracción roja y amarilla que había más adelante.
—¡Papá, Tuantuan quiere subir a esa! ¡Limón me dijo que es genial!
Su Zhiqiu lo llevó hasta allí.
Era una pequeña montaña rusa con temática de Angry Birds.
Tenía un aspecto bastante adorable.
Lo más importante era que su punto más alto apenas alcanzaba los cinco o seis metros.
Parecía muy segura.
Ambos llegaron a la entrada.
Sin embargo, un empleado los detuvo.
Su Tuantuan vio cómo el trabajador señalaba la tabla de estaturas que había a un lado.
Su pequeña boca se curvó hacia abajo.
Sus ojos se llenaron tanto de lágrimas que parecían dos huevos fritos.
Incluso soltó un pequeño hipo de nervios.
Por suerte, aquel era un parque de diversiones infantil.
Su Tuantuan alcanzaba por muy poco la estatura mínima requerida.
Así que pudo entrar.
Al ver cómo el pequeño pasaba instantáneamente de la tristeza a la felicidad, Su Zhiqiu no pudo evitar reír mientras lo seguía.
Quizá porque aquella expresión le había resultado demasiado familiar.
Se parecía muchísimo a la de cierta persona.
Mientras ayudaba a Tuantuan a abrocharse el cinturón de seguridad, Su Zhiqiu recordó de repente las palabras que Ling Suihan había pronunciado aquella noche en la torre de caída libre.
Al final, Ling Suihan había terminado aquella frase inconclusa.
Había dicho:
«Lo siento… Su Zhiqiu, ¿todavía podemos ser amigos?».
La campanilla de la atracción comenzó a sonar.
Acompañada por los divertidos efectos de sonido de Angry Birds, la montaña rusa se puso lentamente en marcha.
Para Su Zhiqiu, aquella altura era insignificante.
Podía incluso distraerse recordando el pasado.
En realidad, se alegraba de no haber escuchado claramente aquellas palabras mientras estaban en la torre de caída libre.
De lo contrario, temía que no hubiera podido contener las ganas de saltar de la atracción.
Jamás olvidaría aquel día.
Jamás olvidaría la expresión de Ling Suihan cuando lo sorprendió besando una fotografía suya.
Sorpresa.
Desconcierto.
Nerviosismo.
Y una pizca de incredulidad.
Su Zhiqiu sintió un zumbido en los oídos.
Cuando se encontró con aquellos ojos negros de Ling Suihan, se quedó tan aturdido que incluso olvidó esconder la fotografía que sostenía.
La imagen cayó suavemente al suelo.
Quedó expuesta frente a ambos.
Era una fotografía de Ling Suihan con una chaqueta de plumas blanca.
Llevaba una mochila a la espalda.
En la mano sostenía la comida que había comprado para Su Zhiqiu aquella noche.
Frío.
Distante.
Hermoso.
Orgulloso.
Poseía un atractivo irresistible para Su Zhiqiu.
Como si alguna fuerza del destino lo hubiera guiado, Ling Suihan se acercó de repente.
Apartó de un tirón la almohada que Su Zhiqiu estaba ocultando detrás de su cuerpo.
Antes de que pudiera detenerlo, un pequeño álbum de fotografías cayó de su interior.
Las imágenes se desparramaron sobre la cama.
Ling Suihan, radiante y lleno de confianza, durante la noche de su debut como integrante central del grupo.
Su sonrisa mientras recogía conchas en la playa.
Su rostro dormido bajo una gorra…
Había muchísimas.
Fototarjetas y artículos gratuitos de colección que en el mercado de reventa alcanzaban precios exorbitantes.
Su Zhiqiu los tenía todos.
No le faltaba ni uno.
Su rostro comenzó a palidecer lentamente.
Movió los labios.
Quería inventar alguna excusa para salir del paso.
Pero cuando miró el rostro de aquel muchacho, fue incapaz de pronunciar una sola palabra.
Aunque Ling Suihan había entrado repentinamente sin llamar a la puerta, también era culpa suya por haber olvidado cerrarla con llave.
Nunca había tenido intención de permitir que aquel joven descubriera sus sentimientos, que habían sobrepasado los límites de la amistad.
Sin embargo, las cosas no siempre salían como uno deseaba.
Ling Suihan permaneció observándolo en silencio durante mucho tiempo.
Parecía estar esperando una explicación.
Pero Su Zhiqiu finalmente no dijo nada.
Simplemente bajó la cabeza e intentó recoger la fotografía que había caído al suelo.
Apenas extendió la mano, una pierna se movió más rápido.
Alguien pisó la fotografía.
Su Zhiqiu reaccionó demasiado tarde.
El zapato de Ling Suihan también le rozó el dorso de la mano, raspándole la piel.
Permaneció agachado.
Después levantó lentamente la cabeza y se encontró con la mirada impenetrable de Ling Suihan.
—¿Qué significa esto?
Ling Suihan se negó a retirar el pie.
Su expresión era complicada.
—Su Zhiqiu, ¿por qué estabas… besando mi fotografía?
Su voz sonaba forzada.
Su Zhiqiu seguía sin poder hablar.
Solo retiró la mano y bajó la cabeza con torpeza, evitando encontrarse con sus ojos.
—¿Te gustan los hombres?
Finalmente, Ling Suihan consiguió formular aquella pregunta.
Pronunció lentamente cada palabra.
—¿Tú… estás enamorado de mí?
Le había costado muchísimo decirlo.
Era evidente que, para Ling Suihan, que entonces tenía dieciocho años, aquello resultaba difícil de expresar.
También le parecía casi inconcebible.
Su Zhiqiu quedó completamente desconcertado por aquella pregunta tan directa.
Después de una breve pausa, esta vez no guardó silencio.
Respondió con firmeza:
—Sí.
Quería hablar tranquilamente con Ling Suihan.
Explicárselo todo.
Sin embargo, cuando se levantó y se dispuso a acercarse, Ling Suihan pareció despertar de golpe.
Retrocedió bruscamente dos pasos.
Esquivó la mano de Su Zhiqiu.
La mano de Su Zhiqiu quedó suspendida torpemente en el aire.
El raspón del dorso era bastante visible.
Sin embargo, ninguno de los dos prestó atención a aquella herida.
Su Zhiqiu permaneció inmóvil durante un buen rato.
Finalmente, solo pudo retirar lentamente la mano.
—No tengas miedo.
Incluso seis o siete años después, Su Zhiqiu seguía recordando la sensación de tener la garganta seca y contraída.
Intentó tranquilizarlo.
—No voy a hacerte nada. Yo… yo tampoco quería que lo supieras. Lo siento. No tengas… no tengas miedo.
Al final, solo pudo repetir aquellas palabras vacías e impotentes.
Evidentemente, no sirvieron de consuelo para Ling Suihan.
El muchacho, que acababa de terminar sus exámenes de ingreso a la universidad, abrió la puerta y salió corriendo sin pronunciar una sola palabra.
Dejó a Su Zhiqiu solo frente a una habitación llena de fotografías desordenadas.
Su Zhiqiu cerró la puerta.
Después se agachó lentamente para recoger las imágenes del suelo.
Aquella fotografía que siempre había conservado con tanto cuidado tenía ahora una marcada huella de zapato.
Estaba tirada en el suelo, completamente sucia.
Contemplarla le produjo una tristeza inexplicable.
Su Zhiqiu se mordió los labios hasta hacerlos sangrar.
Recogió la fotografía.
Después tomó un pañuelo de papel y comenzó a limpiarla lentamente, con muchísimo cuidado.
Finalmente, guardó las imágenes una por una.
Aquella noche no bajó a cenar.
Solo Wen Juefei llamó a su puerta con expresión desconcertada y le entregó una caja de curitas.
—¿Qué les pasa a ti y a Ling Suihan? ¿Se pelearon? Ninguno de los dos bajó a cenar. Y encima, de repente me pidió que te trajera esto. Me habló de una manera horrible, lo dejó en mis manos y se marchó. ¡Qué maleducado!
Su Zhiqiu recibió la caja.
La apretó con tanta fuerza que casi parecía querer incrustarla en su palma.
Pasó mucho tiempo antes de que consiguiera responder en voz baja:
—No pasa nada.
Fue también a partir de aquella noche que ambos comenzaron, tácitamente, una guerra fría que duraría un mes.
Ling Suihan ni siquiera tuvo que pedirle que se alejara.
Su Zhiqiu tomó la iniciativa de evitarlo.
Si Ling Suihan estaba esperando el ascensor, él esperaba el siguiente.
Durante las comidas, se sentaba en otra mesa.
Incluso cuando terminaban de trabajar, evitaba regresar en el mismo automóvil.
Siempre que Ling Suihan estaba en la sala o en cualquier otro espacio común, Su Zhiqiu permanecía encerrado en su habitación.
Hacía todo lo posible por no aparecer frente a él.
No quería molestarlo.
Por eso, aquella pregunta en la torre de caída libre, «¿Estás seguro de que quieres subir a esto?», había sido la primera frase que intercambiaban en casi dos meses.
Cuando bajaron de la atracción, Su Zhiqiu pensó que Ling Suihan tenía algo importante que decirle.
Nunca imaginó que le preguntaría si todavía podían ser amigos.
Su Zhiqiu estaba seguro de que jamás olvidaría aquella mezcla de sentimientos.
También fue aquella noche, en el parque de diversiones bajo el cielo de verano, cuando experimentó por primera vez el sabor de un corazón roto.
No.
Ni siquiera podía considerarse una ruptura amorosa.
Porque aquel amor solo había existido en secreto dentro de su propio corazón.
Ling Suihan no estaba enamorado de él.
Si había dicho aquello, era simplemente porque no quería perder a su mejor amigo.
Aunque desde su debut el carácter caprichoso de Ling Suihan, propio de un joven señor de familia rica, siempre había sido motivo de críticas, Su Zhiqiu sabía que era alguien frío por fuera y cálido por dentro.
Valoraba profundamente sus relaciones.
De lo contrario, después de descubrir que alguien cercano sentía por él algo que sobrepasaba los límites de la amistad, lo habría rechazado o apartado de su lado.
Pero no había hecho ninguna de esas cosas.
Ni siquiera había mostrado repulsión.
En cambio, estaba preocupado por la posibilidad de perder a Su Zhiqiu como amigo.
Ling Suihan era heterosexual.
Y también era una buena persona.
Por eso, Su Zhiqiu no podía permitir que sus propios deseos arruinaran el futuro brillante y prometedor que aquel muchacho tenía por delante.
Él sabía lo difícil que era recorrer un camino diferente.
Así que asintió.
Mostró una sonrisa abierta y le dio una palmada en la espalda a Ling Suihan.
—¡Por supuesto! Pase lo que pase, prometimos ser hermanos para toda la vida. Mientras tú quieras, siempre seremos amigos.
Sin embargo, Ling Suihan no sonrió.
Apretó los labios.
Su expresión permaneció tranquila.
Parecía haber aceptado los sentimientos que Su Zhiqiu albergaba hacia él.
Pero, aun así, Su Zhiqiu percibió algo en la manera en que su espalda se tensó instantáneamente.
Hizo una pausa.
Después retiró discretamente la mano.
Y no volvió a tocar a Ling Suihan.
El viento resonaba junto a sus oídos.
Por un instante, Su Zhiqiu creyó haber regresado a siete años atrás.
A aquella torre de caída libre.
Sin embargo, cuando giró la cabeza para mirar a Su Tuantuan, los ojos fuertemente cerrados y el pequeño rostro pálido del niño lo devolvieron inmediatamente a la realidad.
La montaña rusa tomó una curva cerrada.
Después comenzó a subir lentamente hacia la última y más alta caída.
Los niños de los asientos delanteros y traseros comenzaron a gritar, algunos de miedo y otros de emoción.
Incluso varios adultos que los acompañaban no pudieron evitar soltar un par de gritos.
Entre aquel estruendo, Su Tuantuan era el único que permanecía extraordinariamente silencioso.
Tenía los ojos fuertemente cerrados.
Los labios apretados.
Sus pequeñas manos sujetaban con fuerza la barra de seguridad.
Incluso se le marcaban las venas de los brazos.
Era evidente que estaba utilizando toda su fuerza.
Su Zhiqiu siempre había sido muy valiente.
Para él, subir a una montaña rusa infantil era prácticamente un juego.
Pero al ver a Su Tuantuan en aquel estado, se quedó desconcertado.
Solo entonces comprendió de repente lo que ocurría.
Su Tuantuan tenía miedo a las alturas.
La montaña rusa avanzaba con un ruido mecánico, clac, clac, clac, mientras alcanzaba lentamente el punto más alto.
Aunque tenía los ojos cerrados, Su Tuantuan podía percibir que algo terrible estaba a punto de ocurrir por las exclamaciones de las personas que lo rodeaban.
Su rostro se volvió todavía más pálido.
Sus pestañas largas y curvadas temblaban sin descanso.
Su Zhiqiu soltó inmediatamente la barra de seguridad.
Tomó una de las manos de Su Tuantuan y la envolvió firmemente entre las suyas.
La montaña rusa se precipitó desde lo más alto con un rugido.
El viento golpeó violentamente sus oídos.
Incluso les azotó el rostro con cierta fuerza.
Su Zhiqiu no había imaginado que una montaña rusa infantil tan corriente pudiera tener una caída final tan brusca.
Sin preocuparse por las limitaciones del cinturón de seguridad que lo sujetaba, rodeó instintivamente el pequeño cuerpo de Su Tuantuan con un brazo y lo atrajo hacia su pecho.
Después le cubrió los ojos.
Al verse envuelto en aquel abrazo cálido y familiar, el pequeño tembló durante unos instantes.
Finalmente, cuando la música de la atracción terminó, comenzó a recuperar lentamente la calma.
Los empleados se acercaron para levantar las barras de seguridad de los pasajeros, una por una.
Cuando llegaron hasta ellos, uno de los trabajadores incluso elogió a Su Tuantuan.
—¡Qué valiente eres, pequeño! No lloraste ni gritaste en todo el recorrido. ¡Es la primera vez que veo a un niño tan atrevido!
Su Zhiqiu:
—…
No reveló que Su Tuantuan había estado tan asustado que ni siquiera podía gritar.
Simplemente sonrió con cortesía y lo ayudó a bajar de la atracción.
Evidentemente, el empleado no había comprendido el malentendido.
Incluso los alcanzó cuando estaban a punto de marcharse para entregarles un pequeño regalo.
Pero Su Tuantuan no lo aceptó inmediatamente.
Primero levantó la cabeza y miró a Su Zhiqiu.
Solo cuando su papá asintió dándole permiso, respondió obedientemente:
—Gracias, hermana mayor.
Entonces recibió el obsequio.
Ambos comenzaron a abrirlo mientras caminaban.
Cuando llegaron a una banca, Tuantuan finalmente consiguió desenvolverlo por completo.
Sacó un pequeño adorno de Angry Birds.
Era un pájaro rojo que llevaba lentes de sol.
Tenía la cabeza levantada con arrogancia.
Sus pequeñas alas golpeaban el pecho que mantenía orgullosamente erguido.
Parecía prepotente y altanero.
Y, al mismo tiempo, extraordinariamente adorable.
A su lado había otro pajarito.
Tenía un cuerpo redondo y apenas alcanzaba la altura de un pulgar.
Sin embargo, su expresión era idéntica a la del pájaro grande.
Incluso parecía todavía más orgulloso.
—¡Guau!
Su Tuantuan observó el regalo con sorpresa.
Después llamó rápidamente a Su Zhiqiu.
—¡Papá, mira! ¡También viene su papá!
Al ver que el niño parecía haberse recuperado, Su Zhiqiu decidió no mencionar que había estado a punto de llorar de miedo.
Simplemente siguió su entusiasmo.
Miró el adorno y sonrió.
—¡Es verdad! El papá será para mí y el pequeñito para ti.
—¡Está bien!
Su Tuantuan no dejaba de contemplar a los dos pájaros, uno grande y otro pequeño.
Le gustaban tanto que no quería soltarlos.
Después de observarlos durante un rato, levantó repentinamente al más pequeño.
Alzó la cabeza y dijo con mucha seriedad:
—Papá, este pajarito se parece mucho a Tuantuan. Es genial.
Su Zhiqiu se quedó desconcertado.
Miró al pequeño pájaro, que tenía una expresión presumida.
Después observó el rostro orgulloso de Su Tuantuan.
Finalmente, no consiguió contener una carcajada.
—Sí, la verdad es que se parecen un poco. Los dos son igual de geniales.
Mientras intentaba reprimir la risa, consoló al niño con la soltura de alguien acostumbrado a hacerlo.
Sin embargo, después de escuchar aquellas palabras, el pequeño, que hasta entonces estaba tan emocionado, se quedó inmóvil.
De repente, bajó la cabeza.
Su Zhiqiu se inclinó rápidamente para observarlo.
Pero Su Tuantuan levantó sus pequeñas manos y se cubrió el rostro.
Cada vez que su papá intentaba mirarlo, giraba hacia un lado u otro para impedírselo.
—¿Qué pasa, Tuantuan?
Su Zhiqiu se quedó desconcertado.
Se agachó frente a la banca y le dio unas palmaditas en las piernecitas que todavía no alcanzaban el suelo.
—¿Tienes hambre? ¿O te entró algo en los ojos?
Su Tuantuan se limitó a negar con la cabeza.
Sus pequeñas orejas comenzaron a teñirse lentamente de rojo.
No estaba claro si era por enojo o vergüenza.
Su Zhiqiu dejó de insistir.
Simplemente inclinó la cabeza y lo observó en silencio, con una paciencia infinita.
Después de un buen rato, una vocecita apagada surgió finalmente de detrás de sus manos.
—Papá… mejor devolvámosle los pajaritos a la hermana mayor.
Su Zhiqiu comenzó a comprender vagamente lo que ocurría.
Pero no lo mencionó.
Simplemente preguntó con gentileza:
—¿Por qué? ¿No te gustan mucho?
Su Tuantuan respondió en voz baja:
—Porque en realidad tenía muchísimo miedo. Solo que no sé por qué no podía gritar. Yo… también tenía muchas ganas de llorar, pero los demás niños no estaban llorando y me dio vergüenza…
—Así que en realidad no soy un niño valiente.
Su Tuantuan seguía sujetando los dos pajaritos, uno grande y otro pequeño.
Sus enormes ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
—Engañé a la hermana mayor.
Después de decir aquello, el niño pareció haber agotado todas sus fuerzas.
Volvió a levantar las manos para cubrirse el rostro.
Por mucho que Su Zhiqiu intentó apartárselas, no consiguió hacerlo.
Solo podía distinguir pequeños cambios de expresión a través de los espacios entre sus dedos.
Su Zhiqiu suspiró con cierta impotencia.
Sabía que el pequeño había vuelto a caer en una de sus viejas costumbres.
—Tuantuan, baja las manos y escucha bien lo que papá va a decirte.
Después añadió:
—Papá cerrará los ojos. Así no podré verte.
Y, tal como estaba acostumbrado a hacer, cerró los ojos.
Se escuchó un pequeño movimiento.
Efectivamente, Su Tuantuan bajó las manos.
Su Zhiqiu lo percibió por el sonido.
Sin abrir los ojos, comenzó a hablar lentamente.
—Primero dime algo. ¿Te has sentido mal desde que bajaste de la montaña rusa? ¿Mareado, con dificultad para respirar y las piernas débiles?
Su Tuantuan asintió sorprendido.
Después recordó que su papá no podía verlo y se apresuró a responder:
—¡Sí! ¿Cómo lo supiste, papá?
—Lo adiviné.
Su Zhiqiu sonrió ligeramente.
Después preguntó:
—¿Y por qué no se lo dijiste a papá?
Esta vez, Tuantuan tardó un momento en responder.
—Porque no quería perder contra Limón ni ser un cobarde.
—Limón dijo que esa atracción daba muchísimo miedo y que un llorón como yo seguramente terminaría llorando.
Su Tuantuan hablaba con las mejillas infladas de indignación y una voz llena de tristeza.
—Aposté con Limón que, si no lloraba, me regalaría aquel autito como regalo de Año Nuevo.
Mientras hablaba, su voz fue apagándose.
—Pero perdí. Al final sí soy un cobarde.
Su Zhiqiu no pudo evitar sonreír.
Seguía con los ojos cerrados cuando respondió:
—No es verdad. Papá cree que eres muy valiente.
Aunque no podía verlo, percibía perfectamente la mirada expectante de Su Tuantuan.
Así que dejó de hacerlo esperar y explicó con seriedad:
—Viste una montaña rusa tan alta y, aun así, no huiste antes de subir. Eso ya es algo increíble. Además, tuviste el valor de reconocer que estabas asustado y decidiste devolver el regalo por tu propia voluntad. ¡Eso te hace todavía más valiente! ¡Eres el niño más valiente que papá ha conocido!
—¿De verdad?
Su Tuantuan preguntó con cautela.
—¿Alguna vez te ha mentido papá?
Su Tuantuan lo pensó un momento.
Después negó con la cabeza.
Comenzó a sentirse un poco más contento.
—¿Ya puedo abrir los ojos? —preguntó Su Zhiqiu con una sonrisa al percibir el cambio.
Su Tuantuan estaba a punto de responder cuando vio que el teléfono de Su Zhiqiu, colocado sobre la banca, se iluminaba.
En la pantalla aparecieron varios caracteres.
El pequeño solo reconocía algunas palabras sencillas.
Las examinó cuidadosamente durante un buen rato.
Finalmente, descubrió que no se trataba de ninguno de sus contactos familiares.
No era su abuela.
Tampoco su tío menor.
Ni su padrino, el tío Wen.
No conocía a la persona que estaba llamando a su papá.
Era la primera vez que Su Tuantuan se encontraba con una situación semejante.
Se olvidó de responder.
Simplemente mantuvo los ojos fijos en la pantalla del teléfono.
Cuando vio que estaba a punto de apagarse, extendió instintivamente la mano.
La tocó varias veces hasta volver a encenderla.
Su Zhiqiu esperó durante un buen rato sin escuchar ninguna respuesta.
Finalmente, abrió los ojos por su cuenta.
Justo entonces vio a Su Tuantuan sentarse correctamente, como si acabara de terminar de mirar algo.
No le dio importancia.
Simplemente volvió a sentarse en la banca y pasó un buen rato más consolándolo.
—No eres un cobarde. Solo tienes un poco de miedo a las alturas.
Comenzó a explicarle el asunto.
Su Tuantuan olvidó inmediatamente a la misteriosa persona que había enviado un mensaje a su papá.
Preguntó con curiosidad:
—¿Qué significa tener miedo a las alturas?
—Significa que los lugares muy altos te asustan. Hay muchas personas que tienen miedo a las alturas.
Su Tuantuan lo pensó un momento.
—¿Y tú tienes, papá?
—¿Yo?
Su Zhiqiu le acarició la cabeza y sonrió.
—Papá no tiene.
Su Tuantuan hizo un pequeño puchero.
Después murmuró:
—¿Por qué papá no tiene miedo a las alturas y yo sí? Papá puede comer picante y yo no lo soporto. Papá nunca se queda dormido por las mañanas y yo nunca consigo levantarme…
El pequeño comenzó a contar las diferencias con los dedos.
Cuantas más enumeraba, más triste se ponía.
Finalmente, tiró del borde de la ropa de Su Zhiqiu.
Levantó sus ojos llenos de expectativa y preguntó:
—Papá, ¿acaso me encontraste abandonado en algún lugar? Limón dice que su mamá lo recibió de regalo cuando recargó el saldo de su teléfono.
Su Zhiqiu:
—…
Por un momento, no supo si debía corregir primero los conocimientos de biología completamente equivocados de aquellos dos niños o consolar a Su Tuantuan.
—Papá te garantiza un millón de veces que eres su hijo biológico.
Su Zhiqiu lo rodeó por los pequeños hombros, sin saber si reír o llorar.
—Limón también es hijo biológico de su mamá. Ella solo estaba bromeando. ¿Cómo pudieron creérselo?
Su Tuantuan pareció dejar escapar discretamente un suspiro de alivio.
—En cuanto a que no soportes el picante, tengas miedo a las alturas y te guste dormir hasta tarde…
Su Zhiqiu hizo una pausa.
Después, bajo la mirada expectante de Su Tuantuan, respondió suavemente:
—Es porque… tu mamá también es así.
Su Tuantuan casi nunca escuchaba a su papá mencionar a su mamá.
Se quedó inmóvil un instante.
Después abrió la boca de par en par.
—¿De verdad?
Saltó inmediatamente de la banca.
Con una mezcla de alegría y timidez en su pequeño rostro, preguntó:
—¿Mamá también tiene miedo al picante y a las alturas como Tuantuan? ¿Y también le gusta dormir hasta tarde?
Su Zhiqiu contempló aquella alegría imposible de ocultar.
No pudo evitar sonreír también.
—Así es. Además, Tuantuan se parece mucho a su mamá.
—Por eso no debes creer cualquier cosa que digan los demás.
Le pellizcó suavemente las mejillas regordetas y añadió con seriedad:
—Definitivamente eres mi hijo biológico.
Su Tuantuan se tocó instintivamente el rostro.
Después pareció recordar algo.
Miró a Su Zhiqiu de reojo, con cierta vacilación.
Su Zhiqiu se dio cuenta.
Decidió aprovechar la oportunidad para resolver todas las preocupaciones que el pequeño pudiera tener.
—Si quieres decir algo, dilo.
—Papá, ¿tú y mamá se divorciaron? ¿Mamá ya no nos quiere?
—…
Su Zhiqiu permaneció desconcertado durante unos instantes.
Después frunció el ceño.
—¿Quién te dijo eso?
—Un compañero de mi clase. Sus papás se divorciaron. Yo le dije que tampoco había visto nunca a mi mamá y él me dijo que eso significaba que se habían divorciado. Que tu papá no te lo había contado porque tenía miedo de que te pusieras triste.
Su Tuantuan todavía no distinguía demasiado bien entre «tú» y «yo».
Su explicación fue bastante confusa.
Sin embargo, Su Zhiqiu consiguió comprenderla.
Por primera vez, vaciló.
Antes de que Tuantuan cumpliera cuatro años, Su Zhiqiu nunca le había hablado de su mamá.
Solo cuando el propio niño mencionó el tema por primera vez, le explicó que su mamá estaba en un lugar muy lejano.
Después de aquello, Su Tuantuan no volvió a preguntar.
Pero últimamente, quizá porque había comenzado a asistir al jardín de niños y conocía a más pequeños de su edad, la palabra «mamá» aparecía cada vez con mayor frecuencia.
A decir verdad, Su Zhiqiu tampoco sabía cómo explicarle aquella situación.
Algún día, Su Tuantuan crecería.
Quizá comenzaría a comprender que era un poco diferente de los demás.
Porque había sido su papá quien lo había dado a luz.
Para ser exactos, había nacido de dos papás.
Pero, al menos por ahora, no podía permitir que el niño descubriera aquello.
Después de pensarlo, Su Zhiqiu decidió no dar demasiadas explicaciones.
Simplemente asintió.
Después añadió:
—Tu mamá no te abandonó. Solo tiene sus propios asuntos que atender. Pero también te quiere mucho.
Cuando lo vio asentir, la luz de los ojos de Su Tuantuan pareció apagarse un poco.
Sin embargo, enseguida volvió a brillar.
Señaló un puesto lleno de colores que había a un lado.
—¡Papá, hay algodón de azúcar!
Su Zhiqiu siguió la dirección de su mirada.
Y, efectivamente, allí había un puesto de algodón de azúcar.
Su Tuantuan dejó rápidamente de pensar en su mamá.
Corrió dando saltitos hacia su golosina favorita.
Su Zhiqiu lo siguió.
Observó cómo el pequeño hablaba con el vendedor como si nada hubiera ocurrido.
Sin embargo, en su corazón persistía una sensación amarga.
Desde muy pequeño, Su Tuantuan había sido un niño que guardaba demasiadas preocupaciones.
Era realmente inteligente.
Y también muy sensible.
Su Zhiqiu no sabía si de verdad quería comer algodón de azúcar o si simplemente había notado que él no deseaba seguir hablando de su «mamá».
Pero cuando vio al niño devorar satisfecho el algodón de azúcar rosa, decidió dejar de pensar en ello.
El resto de aquella tarde que pasaron juntos fue extraordinariamente agradable.
Después de descubrir que tenía miedo a las alturas, Su Tuantuan dejó de insistir en subir a las atracciones más intensas.
Sin embargo, seguía interesado en algunas que daban un poquito de miedo.
Especialmente los carritos chocones.
Tanto Su Zhiqiu como Su Tuantuan disfrutaron muchísimo de aquella atracción.
Tuvieron que subir siete veces antes de darse por satisfechos.
Su Tuantuan se divirtió como nunca.
Tenía las mejillas completamente sonrojadas.
El cabello se le había humedecido por el sudor.
Cuando subieron al carrusel, levantó los dedos formando una V frente a la cámara de Su Zhiqiu.
La noche comenzó a caer.
El carrusel encendió sus luces de colores, que parpadeaban creando una escena hermosa y encantadora.
En la fotografía, Su Tuantuan tenía un aspecto extraordinariamente adorable.
Su pequeño rostro era blanco y suave.
Las diminutas luces se reflejaban sobre su cuerpo.
Sus enormes ojos brillaban como si estuvieran llenos de pequeñas estrellas.
Su Zhiqiu sintió que todo su corazón se llenaba de ternura.
Recogió a Su Tuantuan, que ya comenzaba a quedarse dormido, y lo llevó hacia la salida.
El pequeño realmente estaba agotado.
Se acomodó contra su pecho y cerró lentamente los ojos.
Incluso mientras dormía, las comisuras de sus labios permanecían levantadas.
Parecía extraordinariamente feliz.
Su Zhiqiu pensó que dormiría durante todo el trayecto.
Sin embargo, apenas encendió el automóvil, Tuantuan se despertó sobresaltado.
Todavía medio dormido, preguntó:
—Papá, ¿ya llegamos a casa?
—Todavía no, cariño.
Su Zhiqiu volvió la cabeza.
—Sigue durmiendo. Papá te despertará cuando lleguemos.
Su Tuantuan murmuró algo.
Parecía que todavía no había terminado de despertarse.
Permaneció apoyado en su asiento de seguridad, mirando al vacío.
Su Zhiqiu sabía que necesitaba unos momentos para reaccionar.
Así que no le prestó demasiada atención y comenzó a conducir.
Había muchísimos automóviles en el estacionamiento.
Salir resultó bastante complicado.
Su Zhiqiu tuvo que concentrarse por completo para conseguir avanzar entre los vehículos.
Cuando finalmente logró salir y dejó escapar un suspiro de alivio, miró hacia atrás.
Solo entonces descubrió que Su Tuantuan no estaba dormido.
Tampoco estaba mirando al vacío.
En realidad, estaba observando algo en la ventanilla.
Su Zhiqiu lo pensó un momento.
Finalmente comprendió que el pequeño estaba contemplando su propio reflejo.
Estaba a punto de lamentarse de que la vanidad de Su Tuantuan empeoraba cada día cuando escuchó que el niño preguntaba de repente:
—Papá, ¿mamá es muy bonita?
Su Zhiqiu se quedó inmóvil.
No respondió.
Solo después de atravesar un cruce consiguió decir:
—Sí. Es muy bonita.
Su Tuantuan apartó la mirada de la ventanilla.
Dejó de contemplar su reflejo.
Justo cuando Su Zhiqiu estaba a punto de preguntarle por qué había sacado el tema de repente, el pequeño volvió a hablar.
—¿Qué tan bonita?
Su Tuantuan parecía extraordinariamente curioso.
Antes de que Su Zhiqiu pudiera responder, señaló de repente hacia el exterior.
—¿Es tan bonita como esa persona?
—¿Quién?
Su Zhiqiu continuó conduciendo.
—Tuantuan, no señales a las personas con el dedo. Es de mala educación.
Mientras hablaba, miró por la ventanilla.
Sin embargo, no vio a ningún transeúnte en particular.
Solo cuando atravesaron el semáforo y comenzaron a acercarse lentamente a aquel cruce tan familiar, Su Tuantuan volvió a señalar.
—Ese tío.
Recordó tardíamente que su papá le había prohibido señalar a las personas.
Así que bajó la mano.
—Ese tío tan grande.
Su Zhiqiu todavía estaba desconcertado.
Pero cuando giró la cabeza, sus ojos se encontraron directamente con los del hombre que aparecía en la pantalla gigante.
Instintivamente, apretó con fuerza el volante.
Solo cuando volvió a escuchar la voz de Tuantuan recuperó la compostura.
Al ver que su papá no respondía, el pequeño insistió:
—¿Mamá es tan bonita como ese tío?
Su Zhiqiu miró de reojo al hombre que aparecía sobre su cabeza.
Una mezcla indescriptible de emociones le llenó el corazón.
Finalmente, respondió con pocas palabras:
—Más o menos.
—¡Guau!
Su Tuantuan abrió los ojos de par en par.
—¿Mamá es tan bonita?
Su Zhiqiu pensó que aquella conversación había terminado.
Sin embargo, Su Tuantuan volvió a inclinarse hacia él y preguntó:
—Entonces, papá, ¿quién te parece más bonito? ¿Mamá o ese tío?
Su Zhiqiu se atragantó con su propia saliva.
Tosió un par de veces.
Después, bajo la mirada expectante del pequeño, respondió evasivamente:
—Tuantuan, no se pueden comparar de esa manera.
—¿Por qué no se pueden comparar?
Tuantuan no lo comprendía.
Su Zhiqiu suspiró.
Por un momento, no supo si reír o llorar.
¿Cómo iba a compararlos?
¡Si eran exactamente la misma persona!
¿Qué sentido tenía hacer semejante comparación?
Pero tampoco podía decirle que aquel hombre de la pantalla era precisamente su mamá, la misma que no soportaba el picante, tenía miedo a las alturas y adoraba dormir hasta tarde.
Después de un largo silencio, consiguió responder con dificultad:
—Los dos son muy bonitos.