Después de dejar que mi exmarido recogiera a los niños por error - Capítulo 19

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—¿Hermano Su? ¿Hermano Su?

—¡Hermano Xiao Su!

Solo cuando la voz de Fang Xing volvió a resonar junto a sus oídos, Su Zhiqiu reaccionó bruscamente.

—¿Estás bien, hermano Su? ¿En qué estabas pensando?

Fang Xing examinó su rostro y le preguntó con una expresión de desconcierto y curiosidad.

Su Zhiqiu aflojó disimuladamente el puño, dejando al descubierto las marcas rojizas que acababa de hacerse al clavarse las uñas en la palma.

—Estoy bien.

Volvió a cerrar la mano para ocultarlas.

Sabía que su comportamiento podía parecer un poco extraño, pero no se atrevía a levantar la cabeza porque sentía que tenía los ojos enrojecidos.

Después de todo, no tenía sentido que se le llenaran los ojos de lágrimas al escuchar la historia de alguien con quien, en apariencia, apenas tenía relación.

Por suerte, Fang Xing no sospechó nada.

Intentando aligerar el ambiente, habló deliberadamente con un tono despreocupado:

—No pasa nada, todo eso ya quedó atrás. Al propio hermano Ling ni siquiera le importa. A veces hasta nos avisa que al día siguiente va a llover. ¡Es más preciso que el pronóstico del tiempo! ¡Jajajaja…!

¡Chirrido!

Su Zhiqiu apartó bruscamente la silla y se puso de pie.

Fang Xing se sobresaltó tanto que cerró la boca de inmediato y se quedó mirándolo aturdido.

—Me duele un poco el estómago. Voy al baño.

Después de dejar aquellas palabras, Su Zhiqiu salió apresuradamente del estudio.

Fang Xing se quedó contemplando su espalda con una expresión de absoluta confusión.

Solo después de un rato chasqueó la lengua y murmuró para sí mismo:

—El hermano Su es demasiado bondadoso. Hasta puede conmoverse así por las desgracias de otras personas.

Al recordar al otro protagonista de la historia que acababa de contar, Fang Xing no pudo evitar golpearse nuevamente el muslo mientras se lamentaba:

—¡¿Cómo pueden ser tan diferentes?! Uno es tan amable y el otro es tan… ¡Tch!

Fang Xing hizo un gesto de disgusto y, en sus pensamientos, volvió a maldecir cien veces al antiguo compañero de grupo de Ling Suihan.

Para evitar que Fang Xing comenzara a sospechar, Su Zhiqiu no tardó demasiado en regresar.

Simplemente fue al baño, se lavó la cara y pasó unos momentos frente al espejo intentando recuperar la compostura.

Poco después volvió al estudio.

Cuando entró, Fang Xing estaba inclinado sobre su puesto de trabajo, mirando el teléfono.

La actriz galardonada que había estado filmando con él aquella tarde también había llegado. Como en ese momento no le tocaba grabar ninguna escena, Fang Xing se había quedado allí, aburrido y sin nada que hacer.

Al escuchar los pasos detrás de él, volvió la cabeza y examinó a Su Zhiqiu.

Durante los últimos años, Su Zhiqiu quizá no había mejorado demasiado en otros aspectos, pero se había vuelto muy hábil para controlar sus emociones.

Después de todo, incluso en sus momentos de mayor desesperación, bastaba con que Tuantuan lo llamara «papá» para que tuviera que reprimir inmediatamente todo lo que sentía y acercarse a abrazarlo.

Al comprobar que su expresión había vuelto a la normalidad, Fang Xing también se tranquilizó.

No volvió a mencionar el tema anterior.

En cambio, levantó el teléfono y le pidió a Su Zhiqiu que lo ayudara a elegir ropa.

Ambos intercambiaron algunos comentarios sobre los estilos de vestir que les gustaban.

De pronto, Fang Xing recordó algo.

Abrió una conversación en su teléfono y, señalando unas fotografías, le preguntó:

—Hermano Su, ayúdame a ver qué te parecen estos dos abrigos.

Su Zhiqiu miró la pantalla.

En una de las imágenes aparecía una gabardina larga de color caqui, de doble botonadura y corte entallado.

Era un diseño bastante maduro y elegante.

El modelo llevaba alrededor del cuello una bufanda marrón de una tonalidad similar, creando un conjunto sencillo, pulcro y refinado.

—Es muy bonito.

Lo dijo con absoluta sinceridad.

Aquel estilo coincidía precisamente con sus gustos personales y también le sentaba muy bien.

Sin embargo, ese tipo de prendas exigía materiales y acabados de excelente calidad, así que el precio era fácil de imaginar.

Su Zhiqiu echó un vistazo a la marca que aparecía en la fotografía y arqueó ligeramente una ceja.

No podía permitírselo.

—Yo también creo que es muy bonito. Mi hermana lo vio hace un tiempo cuando fue a un desfile de moda y compró uno para mí y otro para el hermano Ling.

—El del hermano Ling es negro y el mío es de color caqui.

Su Zhiqiu se quedó inmóvil un instante.

Instintivamente, levantó la mirada hacia el nombre que aparecía en la parte superior de la conversación.

Tal como esperaba, el contacto estaba guardado como «Hermana Yue».

La fotografía de perfil mostraba un hermoso paisaje: un campo de lavanda en plena floración.

Seguramente era la cuenta de WeChat de la esposa de Ling Suihan.

Su Zhiqiu bajó los ojos y apartó lentamente la mirada.

Fang Xing no se dio cuenta de su reacción y continuó hablando sin parar:

—En realidad, me gusta más el abrigo negro que llevaba el hermano Ling hace un par de días. Además, es una prenda hecha a medida. ¡Solo él tiene uno en todo el país, porque es el embajador de la marca! Aunque alguien quisiera comprarlo, sería imposible. Qué lástima que yo no sea tan alto como él. No podría lucirlo igual.

Su Zhiqiu recordó aquel abrigo y preguntó con cierta incertidumbre:

—¿El que tenía los gemelos plateados en los puños?

—¡Sí, ese mismo! Hermano Su, te fijaste bastante bien.

Fang Xing no había dicho aquello con ninguna intención especial.

Sin embargo, Su Zhiqiu sintió que sus palabras tenían un significado muy distinto.

Se obligó a sonreír y no volvió a hablar.

Hasta que Fang Xing comenzó a quejarse:

—Hoy quería pedírselo prestado para ponérmelo un rato, pero resulta que lo mandó a lavar. Ya sé que es obsesivo con la limpieza, ¡pero tampoco hace falta lavar un abrigo después de usarlo una sola vez!

—¿Lo mandó a lavar?

Su Zhiqiu volvió la cabeza hacia él.

—Sí. Dijo que alguien se lo había ensuciado. Es exageradamente maniático con la limpieza.

—…

La imagen de aquel abrigo cubriéndole el cuerpo la noche anterior apareció en la mente de Su Zhiqiu.

De repente, sintió ganas de reírse.

Resultaba que Ling Suihan tenía razón.

Él siempre terminaba haciéndose ilusiones por su cuenta.

Incluso el simple hecho de que aquel hombre le hubiera puesto un abrigo sobre los hombros había bastado para que su corazón se saltara un latido.

Y, sin embargo, en cuanto regresó a casa, Ling Suihan se había apresurado a mandar a lavar aquella prenda sucia.

Seguramente le había molestado muchísimo.

Si no fuera porque todavía tenía que utilizar aquel abrigo para sus compromisos como embajador de la marca, conociendo su carácter, probablemente habría preferido tirarlo directamente a la basura.

Por eso Ling Suihan era realmente una buena persona.

A pesar de lo mucho que le desagradaba Su Zhiqiu, había dejado de lado su obsesión por la limpieza y le había prestado el abrigo.

Simplemente porque lo había visto pasar frío.

Su Zhiqiu sintió que ya era demasiado.

Parecía haber regresado a aquellos años en los que estaba enamorado de Ling Suihan en secreto, cuando cualquier pequeño gesto bastaba para llenarlo de esperanza o hundirlo en la incertidumbre.

Habían pasado tantos años y seguía siendo igual.

Nunca aprendía la lección.

A su lado, Fang Xing bloqueó el teléfono y, como si acabara de recordar algo, comentó:

—Aunque mi hermano dijo que no quería el suyo y que podía quedarme con los dos. Pero creo que el caqui no me queda bien. No tengo el porte necesario para lucirlo.

Su Zhiqiu murmuró un leve sonido de asentimiento.

Fang Xing dejó de hablar.

En cambio, se puso de pie y comenzó a observarlo de arriba abajo durante un buen rato, sin que Su Zhiqiu entendiera qué estaba haciendo.

Su Zhiqiu tampoco tenía ganas de seguir conversando.

Estaba a punto de levantarse para comprobar cómo avanzaba la grabación cuando Fang Xing soltó de repente una exclamación emocionada:

—¡Hermano Su! ¡Acabo de darme cuenta de que ese abrigo te quedaría increíble! Sobre todo el de color caqui. Tienes exactamente el porte adecuado para llevarlo. ¡Yo podría quedarme con el negro del hermano Ling!

Su Zhiqiu no entendió qué quería decir con aquello.

Sin embargo, Fang Xing tampoco dio más explicaciones.

Simplemente movió los ojos de un lado a otro, como si estuviera tramando algo.

Su Zhiqiu estaba a punto de preguntarle cuando alguien llamó a Fang Xing desde afuera.

El muchacho respondió y salió corriendo de inmediato, sin darle siquiera la oportunidad de hablar.

Su Zhiqiu bajó la mano y decidió olvidarse del asunto.

Después de todo, no era nada importante.

Para poder cumplir con el calendario de grabación de Fang Xing, no terminaron de trabajar hasta pasadas las diez de la noche.

Como de costumbre, Su Zhiqiu fue el último en marcharse.

Terminó las tareas pendientes, revisó nuevamente los equipos, las puertas y las ventanas, y solo entonces cerró con llave y salió del estudio.

Caminó instintivamente hacia el lugar donde solía estacionar su automóvil.

Sin embargo, al llegar, encontró el espacio vacío.

Solo entonces recordó que Su Zhifeng se había llevado el vehículo.

Ese día habían enviado a Su Zhifeng a hacer un encargo cerca del jardín de niños de Tuantuan.

Como Su Zhiqiu tenía que trabajar hasta tarde, le había pedido que pasara a recoger el automóvil para aprovechar y llevarse a Tuantuan a casa.

En circunstancias normales, podría haber regresado en metro.

Pero había olvidado que todavía tenía que ir al hospital para recibir el tratamiento intravenoso.

Su Zhiqiu volvió a vacilar.

En realidad, no tenía demasiadas ganas de ir.

El taxi tampoco era barato y, después de trabajar durante todo el día, estaba bastante cansado.

Sin embargo, recordó lo que Ling Suihan le había dicho aquella tarde.

Si no se presentaba en el hospital, llamarían a Ling Suihan y volvería a causarle molestias.

No podía seguir dándole problemas.

Además, Ling Suihan ya había pagado los tratamientos de los días siguientes.

Si no iba, todo aquel dinero se desperdiciaría.

Su Zhiqiu suspiró y, resignado, abrió la aplicación para pedir un automóvil.

A aquellas horas era realmente difícil conseguir uno, incluso encontrándose en una zona de oficinas bastante concurrida.

Mientras esperaba a que algún conductor aceptara su solicitud, echó un vistazo distraído a los vehículos estacionados alrededor.

En aquel edificio trabajaban muchas personas y los automóviles eran de toda clase.

Su Zhiqiu podía reconocer la mayoría de los modelos.

Excepto uno…

Su mirada se detuvo en un automóvil negro estacionado debajo de un árbol, al otro lado de la calle y ligeramente en diagonal.

Aquel vehículo tenía un aspecto bastante impresionante.

Toda la carrocería era negra, de un tono mate y aterciopelado que parecía absorber por completo la luz de las farolas.

Su diseño era frío, elegante y de líneas agresivas.

Las ventanillas estaban completamente cerradas, así que no podía distinguir si había alguien dentro.

Conocía aquel modelo.

En internet lo apodaban el matón de traje.

Ahora que lo veía en persona, tenía que admitir que el apodo le hacía justicia.

Su Zhiqiu lo admiró por última vez y apartó la mirada.

Ya no tenía ganas de seguir observando automóviles.

Se limitó a contemplar con frustración la aplicación de transporte, preguntándose por qué tenía tan mala suerte.

Finalmente, un conductor había aceptado su solicitud, pero todavía tenía que dejar a otro pasajero antes de recogerlo.

Su Zhiqiu suspiró y decidió buscar una estación de metro.

En el peor de los casos, tendría que caminar dos kilómetros después de bajarse.

—¡Hermano Su! ¡Hermano Su!

Apenas había dado un par de pasos cuando escuchó una voz familiar a sus espaldas.

Su Zhiqiu volvió la cabeza.

Fang Xing había bajado la ventanilla de un automóvil y le estaba haciendo señas con la mano.

El vehículo se detuvo lentamente junto a él.

—Hermano Su, ¿hoy no trajiste automóvil?

Fang Xing también parecía estar a punto de marcharse.

Incluso se había quitado el maquillaje.

—Mi hermano menor se lo llevó —respondió Su Zhiqiu con una sonrisa.

—Entonces, ¿dónde vives? ¡Yo te llevo! —se ofreció Fang Xing con entusiasmo—. No tengo prisa.

Su Zhiqiu agitó una mano.

—No voy a casa. Primero tengo que pasar por…

Se interrumpió a mitad de la frase.

De pronto, recordó lo que Fang Xing le había preguntado aquella mañana.

Si ahora le decía dónde vivía y a qué hospital iba, Fang Xing no era ningún tonto.

Seguramente terminaría deduciendo que la persona que había estado con Ling Suihan la noche anterior era él.

Después de todo, no podían existir tantas coincidencias.

Su Zhiqiu tenía la conciencia tranquila, pero no había ninguna necesidad de provocar malentendidos innecesarios.

Fang Xing seguía esperando su respuesta.

Su Zhiqiu respiró profundamente y comenzó a pensar a toda velocidad.

—A Xitangyuan, por favor. Gracias.

—¡Ah, perfecto! ¡Me queda de camino! Sube, hermano Su.

Fang Xing abrió la puerta para él con entusiasmo.

Su Zhiqiu no rechazó el ofrecimiento y subió al automóvil.

—¿Vives en ese complejo residencial, hermano Su? —preguntó Fang Xing con curiosidad—. Entonces vivimos bastante cerca. ¡Podríamos quedar para salir juntos algún día!

El lugar que Su Zhiqiu había mencionado era un complejo residencial cercano al hospital.

Desde allí solo tendría que cruzar un semáforo para llegar.

Por suerte, cuando todavía era aprendiz, había salido muchas veces con Ling Suihan a recorrer la ciudad.

Siempre que tenían tiempo libre, salían a divertirse y juntos habían recorrido prácticamente todo Beicheng.

Por eso, Su Zhiqiu todavía conocía bastante bien sus calles y edificios.

Ante las palabras de Fang Xing, simplemente sonrió sin responder.

El automóvil comenzó a avanzar lentamente.

Sentado junto a la ventanilla, Su Zhiqiu miró distraídamente hacia afuera.

No sabía si había sido una impresión suya, pero le pareció que aquel discreto automóvil negro se había movido un poco.

Probablemente acababa de terminar una maniobra para estacionarse.

La persona que conducía tenía bastante habilidad.

A pesar de lo estrecho y congestionado que estaba aquel tramo de la calle, había conseguido estacionar perfectamente de una sola maniobra.

Lo único extraño era que, por alguna razón, después de haber sacado el automóvil del estacionamiento, había vuelto a meterlo.

Su Zhiqiu se había llevado una impresión tan buena del vehículo que incluso sintió cierta admiración por su propietario.

Seguramente era una persona tan discreta y elegante como su automóvil.

Pensó aquello mientras contemplaba distraídamente el paisaje nocturno a través de la ventanilla.

Fang Xing también estaba cansado.

Al principio se esforzó por seguir conversando con él, pero, a medida que hablaba, la cabeza comenzó a vencérsele hacia un lado hasta que terminó quedándose dormido.

En eso sí se parecía bastante a Su Tuantuan.

Ahora que lo pensaba, Fang Xing apenas tenía dieciocho años.

Era varios años menor que Su Zhifeng.

En realidad, todavía era casi un niño.

Su Zhiqiu sonrió ligeramente.

Tomó una manta que estaba en el asiento trasero y se la acomodó encima.

Cuando llegaron a la entrada del complejo residencial, hizo una seña al conductor para impedir que hablara.

Después bajó del automóvil silenciosamente, sin despertar a Fang Xing.

El vehículo no tardó en alejarse.

Su Zhiqiu permaneció inmóvil durante unos instantes antes de cruzar la intersección y dirigirse al hospital.

Tal como esperaba, Ling Suihan ya había reservado la cita para él.

Incluso había reservado una habitación individual para cada noche.

Su Zhiqiu ni siquiera se atrevió a preguntar cuánto había costado.

La enfermera le colocó la aguja intravenosa con movimientos expertos y luego le preguntó:

—Todavía te quedan tres días de tratamiento. ¿Quieres que te coloquemos un catéter intravenoso permanente? Así no tendríamos que pincharte de nuevo todos los días.

Su Zhiqiu negó con la cabeza y rechazó la propuesta.

En el estudio tenía que moverse constantemente de un lado a otro, cargando equipos y aparatos.

Llevar un catéter sería incómodo.

Además, no sabría cómo explicárselo a Su Tuantuan.

Sin contar aquella noche, todavía le quedaban tres días de tratamiento.

Su Zhiqiu suspiró.

Tendría que regresar al hospital otras tres veces.

El olor omnipresente a desinfectante le llenaba la nariz.

Su estómago comenzó a dolerle nuevamente por puro reflejo.

Incluso sentía espasmos en las pantorrillas y tenía la conciencia un poco nublada.

La enfermera creyó que tenía miedo al dolor, así que intentó consolarlo:

—Tienes las palmas empapadas de sudor frío. ¿Tanto te duele? Mañana trae una bolsa de agua caliente. Te ayudará a sentirte mejor.

—Gracias.

Su Zhiqiu asintió cortésmente, sin darle ninguna explicación.

Cuando la enfermera se dio la vuelta para cerrar la puerta, Su Zhiqiu comprendió de repente por qué Ling Suihan había comprado una bolsa de agua caliente la noche anterior.

En aquel momento, él también había estado sudando muchísimo.

El sudor frío no dejaba de brotar de su cuerpo.

Era una reacción de miedo puramente fisiológica, algo de lo que ni siquiera él mismo se había dado cuenta.

Seguramente Ling Suihan lo había notado.

Por eso había salido a preguntarle al médico.

Y el médico debió de darle la misma recomendación que acababa de hacerle la enfermera.

Lamentablemente, había dejado la bolsa de agua caliente en su automóvil.

Su Zhiqiu no tuvo más remedio que soportar el sudor frío que le empapaba todo el cuerpo.

Se recostó en la cama del hospital, cerró fuertemente los ojos y se obligó a intentar dormir un poco.

Esta vez no podía marcharse a mitad del tratamiento intravenoso, como había hecho la noche anterior.

Porque no tenía adónde ir.

No tenía automóvil y tampoco podía regresar a casa.

Con el frío que hacía, no podía quedarse congelándose en plena calle.

Por primera vez desde que había abandonado Beicheng cinco años atrás, Su Zhiqiu experimentó una sensación de no tener hogar.

El teléfono que estaba junto a su almohada vibró dos veces.

Lo tomó y vio que era un mensaje de Fang Xing, avisándole que había llegado a casa.

Su Zhiqiu respondió con un emoticono.

Fang Xing volvió a enviarle algo, pero Su Zhiqiu ya no tenía ánimo para revisarlo.

Se sentía terriblemente mal.

Una irritación inexplicable recorría todo su cuerpo.

El hospital era un lugar que presenciaba innumerables nacimientos, enfermedades, envejecimientos y muertes todos los días.

Incluso si no hubiera ocurrido lo de cinco años atrás, Su Zhiqiu habría sentido un rechazo instintivo hacia aquel lugar.

Rodeado de aquel blanco deslumbrante, de pronto recordó un acontecimiento del pasado.

La primera vez que Ling Suihan se lesionó la mano derecha, en realidad también había sido por su culpa.

A veces, Su Zhiqiu pensaba que quizá todo había estado predestinado.

Ling Suihan había sacrificado una mano, pero, por una extraña coincidencia del destino, había conseguido salvar al hijo de ambos.

Aunque, en aquel entonces, ni siquiera el propio Su Zhiqiu, que cantaba y bailaba con todas sus fuerzas sobre el escenario, sabía que llevaba un bebé en el vientre.

Lo único que le parecía extraño era que, a pesar de estar comiendo menos, había aumentado unos cien gramos de peso.

Aquello lo había tenido desconcertado durante muchísimo tiempo.

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